DBSNL // Capítulo 145: Coronel Green
“Interponerme en su camino fue el mayor error de mi vida.”
En la cabaña de Hit, Cheelai disfruta de un té con la esposa del asesino y sus hijos, jugueteando con la pequeña niña.
Trunks y Hit discuten fuera, para no alarmarlos.
– “Lo que me cuentas es terrible…” – lamenta Hit. – “No solo ha regresado Mojito, sino que además trabaja con ese Garlick… y con Shiras…”
– “Tú te enfrentaste a él… ¿verdad?” – dice Trunks. – “Tú detuviste a Shiras.”
– “Interponerme en su camino fue el mayor error de mi vida.” – dice el asesino, agachando la cabeza, avergonzado por su pasado y preocupado por su futuro. – “No puedo ayudarte.”
– “¿Lo dices en serio?” – se sorprende el mestizo.
– “Es mejor que no os quedéis aquí mucho tiempo” – dice Hit, con prisas. – “Podéis descansar, pero después os pido que os marchéis.”
El asesino da la espalda al muchacho y se dirige hacia su cabaña.
– “¡Te necesitamos, Hit!” – insiste Trunks. – “Creo que nos lo debes.”
Hit se detiene.
– “No hagas eso.” – dice el asesino. – “No juegues esa carta.” – añade mientras observa su familia en su cabaña, riendo junto a Cheelai.
– “Lo siento mucho, Hit” – se disculpa el mestizo. – “Pero no puedo enfrentarme a Shiras sin tu ayuda.”
– “¡No lo entiendes!” – responde Hit, enfadado, regresando a donde se encuentra Trunks. – “Shiras no es un enemigo al que puedas enfrentarte.” – dice entre dientes. – “¿Crees que tendrás más suerte que Whis?”
– “Ya lo derrotasteis una vez.” – dice Trunks. – “Conoces sus habilidades.”
– “¡NO!” – responde el asesino. – “Si crees que mis habilidades y las suyas están en el mismo escalón, ya puedes dejar de soñar. ¡Tuvimos suerte! Me preparé durante años para enfrentarme a él… y solo le derrotamos porque tuvimos suerte.” – insiste. – “Ni te imaginas lo poderoso que es. ¡Es casi intocable!”
Trunks agacha la cabeza.
– “Logré dañar su armadura” – dice Trunks.
– “¿Qué?” – responde Hit, confuso.
– “Dices que es intocable, pero logré dañar su armadura con mi espada.” – explica el mestizo.
Hit parece algo sorprendido por la inesperada respuesta de Trunks, pero enseguida se reafirma en su decisión.
– “Mañana os quiero fuera de mi casa.” – dice el asesino, antes de dar la espalda a Trunks y regresar a la cabaña.
Por el camino, Hit se topa con Cheelai, a la que ignora. Ella se da cuenta de la cara de pocos amigos del asesino.
La patrullera se acerca a Trunks.
– “¿Qué ocurre?” – pregunta la brench.
– “No va a ayudarnos.” – responde Trunks.
Cheelai conforta a Trunks, acariciándole el brazo.
– “¿Y qué haremos ahora?” – pregunta la patrullera.
– “No lo sé…” – dice el mestizo.
En la Tierra, Brief ha informado a Yamcha y los demás sobre el hallazgo. El Coronel Green parece ser el modelo del Androide 16.
– “No tenía ni idea…” – se sorprende Lapis, al oír la noticia.
– “Yo no podía salir del laboratorio, así que él me contaba cosas del exterior” – sonríe Hatchan. – “Aunque trabajara para la Red Ribbon, parecía un buen hombre.”
En la Corporación Cápsula, Brief busca información en las bases de datos de la Red Ribbon que Trunks, Goten y Lapis recuperaron de los laboratorios del nuevo ejército de Silver.
– “Coronel Green…” – murmura mientras busca el nombre entre los archivos. – “Todo parece estar clasificado.” – lamenta.
En ese instante, el doctor tiene una idea.
– “Pino” – teclea en la computadora.
Varias docenas de archivos aparecen en pantalla.
– “Qué interesante…” – murmura el doctor, mientras lee toda la información que encuentra. – “El chico parece un héroe de guerra. ¡Muchas condecoraciones! Tan joven…” – investiga.
De repente, el doctor se queda petrificado, con los ojos como platos.
– “No… No es posible…” – murmura Brief.
En los archivos del soldado Pino, una fotografía ha llamado la atención del doctor. El pie de foto reza lo siguiente: “El Comandante Red hace entrega de la Medalla al Honor, a título póstumo, al soldado Pino. Recogen el galardón sus padres, el Doctor Gero y la Doctora Oli.”
En el planeta Rudeze, Garlick se acerca a Salabim, que se encuentra mirando el fuego.
– “Espero que no nos defraudéis.” – dice el demonio.
– “Estamos listos” – responde el brujo. – “Solo nos queda concretar ciertos asuntos.”
– “Me alegro” – sonríe Garlick.
– “Por cierto, señor…” – dice Salabim. – “¿Qué pretende hacer con Liquir?”
– “¿El kurama?” – responde el demonio. – “¿Crees que es un peligro?”
– “No lo clasificaría como peligro, no…” – dice el brujo. – “Pero su ejército podría ser un incordio si decidiera prestar ayuda a la Patrulla Galáctica.”
Garlick recapacita un instante y asiente.
– “Puede que tengas razón, brujo” – dice el demonio. – “Deberíamos mandar a algunos alborotadores para que lo mantengan distraído.”
Unas horas después, en la vieja Capital del Imperio, Liquir se encuentra sentado en el trono, pensando en todos los errores que ha cometido.
– “Me ha manipulado desde el primer momento…” – murmura, furioso, clavando sus garras en los reposabrazos. – “¿Significa eso que Cooler decía la verdad? ¿Traicioné a Sidra sin saberlo?” – se pregunta. – “¡Maldita sea!”
De repente, múltiples explosiones suenan a lo lejos.
– “¿Qué está pasando?” – se pregunta el kurama.
– “¡Nos atacan!” – grita un soldado litt. – “¡Es una invasión!”
El kurama corre a toda velocidad hasta el balcón. La ciudad, que había sido reconstruida desde su enfrentamiento con Cooler, se encuentra en llamas.
Mientras tanto, en el planeta Imegga, Ledgic y sus tropas siguen peleando contra los invasores. La ciudad arde. Don Kee se encierra en su cámara acorazada personal, en el sótano de su torre, y se acurruca entre sus montañas de dinero.
En el Planeta-Hospital Pital, refugio para los heridos del Sector Sur del Universo, los cuatro hermanos Pastafresca y su bestia siguen causando el caos. La seguridad del complejo no logra detener a los maleantes y uno desde la sala de mando del centro se envía una señal de auxilio al Cuartel General de la Patrulla Galáctica.

