ESPECIAL DBSNL /// Kamakiri // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte I: Pandemia

Kamakiri // Parte I: Pandemia

“He conseguido uno de esos libros que tanto le gustan.”


En un mundo remoto azotado por una terrible pandemia parasitaria, un doctor trabaja para encontrar una cura en el sótano de una cabaña de madera en la montaña. El lugar ha sido convertido en un improvisado laboratorio, adaptado de la mejor manera posible. Cortinas de plástico semitransparente dividen el habitáculo en distintas zonas, y una docena de mesas metálicas llenas de frascos de cristal y probetas selladas están repartidos por el sótano, conformando distintas estaciones de trabajo.

El doctor, vestido con una bata blanca y llevando una mascara aislante, trabaja en una cura para la enfermedad que azota el planeta.

Una tos aguda en el piso de arriba interrumpe al científico, que no duda en abandonar sus experimentos. El personaje camina hasta uno de los \”box\” formados con las cortinas y se quita la bata, avanza hasta el siguiente y se desnuda, y continúa hasta un tercero, en el rincón del sótano, donde hay una vieja ducha, y procede a lavarse con productos químicos desinfectantes y un áspero estropajo. Su piel está seca y quebradiza por el abuso de ese tipo de productos, y el poco cabello que le queda se cae a mechones.

En unos minutos, el doctor se ha cambiado de ropa, ahora vestido con ropa de calle, y ha subido a la vivienda, donde su hija pequeña se ha despertado y se ha sentado delante de la venta, desde donde contempla el paisaje exterior.

– “¿Ya te has despertado?” – pregunta el doctor. – “Es muy pronto. Aún puedes dormir un rato más, si quieres.”

– “Tengo hambre.” – responde la niña.

– “Está bien.” – sonríe su padre. – “Te prepararé el desayuno.”

El doctor abre una despensa casi vacía. Comida enlatada, alimentos conservados en tarros de cristal, sacos de cereales y legumbres. El hombre agarra un bote de mermelada y regresa a la cocina, pero el horror le invade al encontrar a la pequeña desfallecida en el suelo.

– “¡Cariño!” – grita mientras corre a socorrerla. 

El hombre abraza a su hija, que no responde.

– “¡Despierta!” – exclama, mientras la sacude intentando que reaccione. – “No me hagas esto…” – suplica. – “Tú también no…” – llora.

Cinco años después del terrible suceso, el médico, vestido con una bata negra y una máscara de gas, camina por las calles de una ciudad vacía con una bandolera colgada. Solo unos pocos se atreven a salir de sus casas, siempre ataviados con máscaras y equipamiento aislante.

El doctor camina por las calles de la metrópolis hasta un barrio de chabolas. En este lugar, mucha gente no lleva protección. Algunos se cubren la boca con pañuelos, pero es inútil. Su fatal destino es cuestión de tiempo.

El hombre se adentra en el barrio hasta encontrarse con un tipo esperando en una esquina. Un individuo vestido con un traje de repartidor y una mascarilla con doble filtro. El personaje tiene la tez color salmón, ojos rasgados, orejas puntiagudas y labios rosados, y carga con un carrito de reparto. 

– “Buenos días, Dr. Kamakiri” – saluda el misterioso individuo.

– “¿Qué tienes para mí, Monaka?” – pregunta el doctor.

– “He conseguido uno de esos libros que tanto le gustan.” – dice el repartidor, entregándole el documento. – “Viene de las ruinas del planeta Aknon.”

– “¿Es original?” – pregunta Kamakiri, que ojea rápidamente el documento.

– “El coleccionista que lo compró, lo pagó a ese precio.” – responde Monaka. – “Y no estará contento cuando se entere que su paquete se ha extraviado…”

Kamakiri guarda el libro en su mochila.

– “Gracias” – dice el doctor, que de otro compartimento de la misma bolsa saca cuatro viales de una sustancia azul celeste. – “Con esto tendréis para dos meses. He mejorado la fórmula.”

– “Quince días por vial…” – murmura el repartidor. – “Esto es todo lo que tenemos, ¿eh?”

– “Es todo lo que he logrado.” – responde el doctor.

– “Es mejor que nada.” – suspira Monaka. – “Gracias.” – añade guardando los viales. – “Espero poder tener algo nuevo para ti antes.”

– “Lo mismo digo.” – dice el doctor. – “Nos vemos en dos meses.”

Los dos individuos se separan. El repartidor debe seguir con su trabajo, y el doctor regresa a casa.

Horas más tarde, Kamakiri, en su laboratorio, realiza fotografías al libro comprado a través de un contenedor aislante de metacrilato con guantes, para poder estudiarlo mejor.

En el documento se narran las leyendas del planeta Aknon y una vieja civilización que recuerda a los antiguos egipcios de la Tierra. En el libro vienen descritos antiguos ritos mágicos en los que se sana a los enfermos y se resucita a los muertos.

El doctor sigue sacando fotografías cuando algo le llama la atención.

– “Otra vez estos símbolos…” – murmura Kamakiri. – “El ojo pintado y el pájaro… Los he visto antes.”

Kamakiri se acerca a su ordenador y recorre todos sus archivos hasta encontrar lo que busca. El ojo y el pájaro aparecen en otras obras de civilizaciones lejanas en el tiempo y el espacio.

El médico lee con atención los documentos, comparando los relatos y deteniéndose a tomar apuntes cuando lo cree necesario, pero no se deja llevar por la esperanza. Hasta ahora, todos los textos antiguos que ha encontrado han resultado no ser más que patrañas. 

Finalmente, tras horas de trabajo sin descanso, Kamakiri ha reunido toda la información que considera relevante, combinando todos los relatos para revelar un a hilo común entre ellos; Las historias narran la llegada de una Diosa alada que trajo prosperidad a esos planetas mediante poderes desconocidos. 

Los textos describen a una mujer tan bella que era capaz de doblegar ejércitos con una mirada. Ningún hombre era capaz de sobrevivir al mero roce de sus labios.

Esta mujer era adorada como una Reina en cada civilización que visitaba y alabada por la prosperidad que traía, pero pronto se convertía en una tirana que doblegaba la voluntad de los que estaban a su mando para que la complacieran con exigencias cada vez más exquisitas, esclavizando con chantajes al pueblo que antes la ensalzó hasta que estos no eran capaces de satisfacerla. Entonces, ella se marchaba y dejaba esa civilización al borde del colapso. 

Pero en Aknon, el relato tiene un final distinto. Un hombre se alzó de entre el sometido pueblo para enfrentarse a la Diosa opresora. La leyenda narra que el guerrero mató a la Diosa trece veces en un épico combate que duró cinco días, pero la muerte era extraña para esa mujer. La Diosa fue finalmente sellada con vida en un ataúd dorado en el interior de un gran templo que antes había sido alzado en su honor.

El doctor, sorprendido ante tal hallazgo, se sienta en su silla para intentar calmarse. Su mente le dice que es solo una leyenda, pero su corazón llora por una oportunidad de descubrir la fuente de ese poder. Una magia que podría traer de vuelta a su hija.

El hombre se acerca a dos sarcófagos de criogenización. A través del cristal de uno de ellos puede verse el helado rostro de la niña. El doctor acaricia a su hija a través del frío vidrio.

Tras dos largos meses de preparativos, Kamakiri está listo para emprender su viaje. Con su traje de aislamiento puesto, el doctor se dirige de nuevo a la ciudad, al encuentro con el repartidor, que ya le espera en el lugar de siempre.

– “Hola, Doctor Kamakiri” – saluda Monaka. – “Creo que…”

– “Tenemos que hablar” – le interrumpe el médico. – “¿Cuánto quieres por llevarme a Aknon?”

– “¿Qué?” – se extraña el repartidor. – “¿Aknon?”

– “Tengo que investigar un viejo templo.” – dice Kamakiri. – “Puede ser importante. Podría ser la respuesta a…”

– “Lo siento, doctor, pero…” – interviene Monaka, pero enseguida vuelve a ser interrumpido.

– “Tengo más viales.” – dice Kamakiri, algo agitado. – “Y si esto sale bien…”

– “No se trata de eso, doctor. Verá…” – intenta explicarse el repartidor.

– “¡¿Es que no quieres salvar a tu familia?!” – se enfada el doctor.

– “Mi esposa ha muerto.” – revela Monaka. 

Kamakiri se queda en silencio.

– “Lo siento, doctor.” – dice Monaka. – “Pero nuestros negocios terminan aquí.” – dice Monaka. – “Le deseo mucha suerte.”

– “¿Y si…?” – le agarra del brazo el médico. – “¿Y si hubiera una forma de traerla de vuelta?”

Monaka mira confuso al doctor.

– “¿De qué está hablando?” – le pregunta al científico.

– “Creo que…” – dice Kamakiri. – “Creo que en Aknon se oculta un poder con el que se puede resucitar a los muertos.”

El repartidor se queda sin palabras.

– “¿Lo dices en serio?” – le pregunta Monaka, incrédulo, pero esperanzado.

– “Necesito llegar a Aknon.” – insiste Kamakiri. – “Llévame allí y lo descubriremos.”

En unos minutos, los dos personajes han subido a la nave de reparto de Monaka.


El repartidor se agacha bajo el panel de comandos y con un destornillador abre una caja de cables.

– “¿Qué estás haciendo?” – pregunta el doctor.

– “Todas nuestras naves llevan una baliza rastreadora para seguir las entregas.” – dice Monaka. – “Si quieres ir a Aknon, vamos a tener que librarnos de esto.”

En unos minutos, Monaka y Kamakiri parten hacia el misterioso planeta en busca de una forma de resucitar a sus seres queridos.

DBSNL // Capítulo 148: Sonrisas y lágrimas

DBSNL // Capítulo 148: Sonrisas y lágrimas
“Hacía tiempo que no asistía a un espectáculo tan entretenido”


En la Atalaya de Kamisama, Ub sigue envuelto en oscuridad. En su interior, Kid Bu lucha por salir a la superficie. Mr. Bu se encuentra cada vez más débil. 

– “Nuestros amigos están en peligro…” – dice preocupado el muchacho de Isla Papaya. – “Tengo que ayudarles.”
– “No te dejes engañar por el brujo…” – le advierte Bu, arrodillado en el suelo. – “¡Quiere que te desconcentres para que mi parte malvada tome el control!”
– “Pero…” – duda Ub. – “Pan…”

Cerca de allí, Yumbo y Bra siguen peleando. 

– “¡No os saldréis con la vuestra!” – exclama la mestiza, que da varias volteretas hacia atrás para coger distancia con su enemigo. – “¡FINAL BUSTER!” – exclama al crear una esfera de ki en cada mano y unirlas para disparar a su enemigo.

Yumbo utiliza su oronda panza para hacer rebotar el ataque de nuevo hacia Bra, que logra esquivarlo en el último momento.

– “Maldito seas…” – murmura la saiyajín.

Sobre la Torre de Karín, Pan lanza un Masenko contra Comfrey, que lo desvía fácilmente con el dorso de su mano. El ataque estalla en el horizonte.

– “Este tipo es muy fuerte…” – murmura preocupada la mestiza. – “Voy a tener que cambiar de táctica.”

La mestiza desaparece y genera varias copias de sí misma que rodean al enemigo.

– “¿Dónde estará?” – se pregunta Comfrey, en tono sarcástico. – “¡Aquí!” – exclama repentinamente, lanzado un ataque de ki hacia su derecha, que impacta de lleno en la verdadera Pan, lanzándola contra el bastón mágico que une la Torre con la Atalaya.

Mientras tanto, Yajirobe desciende la Torre de Karín.

– “A mi edad ya no estoy para estos trotes…” – lamenta el viejo samurái. 

En la Tierra Sagrada, un adulto Upa atiende a Piccolo, que se encuentra inconsciente.

– “Algo terrible está pasando ahí arriba…” – murmura el indígena, alzando su mirada hacia el cielo, escuchando los golpes de la batalla, que retumban como truenos.

En el Palacio de Kamisama, Dende y Mr. Popo se encuentran agazapados tras el portal.

– “Tenemos que hacer algo…” – dice Dende, que sufre por sus amigos.
– “Lo más importante es su seguridad” – responde Popo. – “La Tierra necesita un Kamisama. Piense en las Dragon Balls.”
– “¿De qué sirve ser el Protector de la Tierra, si nunca puedo hacer nada?” – se pregunta el namekiano, frustrado.

En el planeta Snack, Gohan, Pino y el león siguen enfrentándose a hordas de payasos psicópatas. Muchos caen en el foso creado por el Androide 16, precipitándose al abismo de fuego, pero eso no frena a los demás, que siguen intentando cruzarlo mientras ríen y lloran a la vez.

– “Estoy harto…” – murmura Gohan, cansado de repeler a los enemigos de uno en uno. – “¡Pino, protege a nuestro amigo!”

El Androide 16 abraza al león y se envuelve en una barrera de energía verde.

Gohan cruza los brazos frente a su pecho, agarrándose los hombros, y empieza a acumular energía rápidamente.

Los enemigos aprovechan para acercarse a él, pero Gohan pronto estalla en una gigantesca explosión cuando extiende sus brazos hacia el cielo.

– “¡HAAAAAA!” – grita el Ultra Saiyaman.

La explosión arrasa el lugar, noqueando a todos los enemigos de los alrededores y varios edificios, creando un descampado en mitad de la ciudad.

Pino y el snack han permanecido a salvo, gracias al androide.

– “Impresionante, Son Gohan” – dice Pino.
– “Es una técnica de Piccolo” – sonríe el mestizo.

El león mira asombrado a los dos guerreros.

– “¿Cómo os llamáis?” – pregunta el snack.
– “Él es Pino y yo me llamo Son Gohan” – responde el mestizo.
– “Galbi.” – se presenta el león. – “Es un honor pelear a vuestro lado.”

De repente, una carcajada interrumpe la escena. 

– “No está nada mal” – dice una voz que desconocen.

El payaso Belmod desciende y toma tierra frente a ellos.

– “Hacía tiempo que no asistía a un espectáculo tan entretenido” – sonríe el enemigo.

En el planeta Popol, los tres saiyajín de la Patrulla pelean contra los misteriosos enemigos maquillados.

– “Son débiles, pero muy insistentes…” – refunfuña Tarble.

Broly, harto de pelear contra morralla, echa un vistazo a su alrededor, identificando a cada uno de sus contrincantes.

El saiyajín se envuelve en su aura magenta, sorprendiendo a sus compañeros.

– “¿Qué vas a hacer?” – se pregunta Tarble.
– “¿Broly?” – dice Kale.

De repente, el ki de Broly estalla, generando cientos de pequeñas esferas de ki que barren el territorio, impactando en cada uno de sus enemigos.

– “¡CUIDADO!” – exclama Tarble.

Tarble y Kale se transforman en Súper Saiyajín por miedo a sucumbir ante el ataque de su propio amigo.

Tras unos segundos de continuas explosiones, el terreno ha quedado arrasado, pero Kale y Tarble no han sido heridos. 

– “¡Impresionante!” – celebra la saiyajín.
– “¡Estás mejorando mucho, Broly!” – exclama Tarble. – “¡Cada vez controlas mejor tu poder!”

Broly esboza una tierna sonrisa en respuesta a sus compañeros.

En ese instante, una flecha de ki rojo impacta en el suelo, entre los tres saiyajín, y en un breve instante estalla, derribando a Kale y Tarble, pero sin causar ningún efecto en Broly.

Cerca de allí, sobre una colina, Helles sonríe mientras echa un vistazo al saiyajín, recorriendo su cuerpo de pies a cabeza con su lujuriosa mirada.

– “Eres un espécimen hermoso…” – dice la mujer.

En el planeta de Hit, el asesino y Trunks han empezado su entrenamiento con un pequeño combate. Hit quiere medir las habilidades del mestizo.

El asesino usa su habilidad temporal para sorprender al mestizo que, transformado en Súper Saiyajín 2, no logra conectar ni un solo golpe. 

– “Si no logras golpearme a mí, no esperes poder rozar a Shiras.” – dice Hit.
– “Lo conseguiré…” – murmura Trunks, que insiste en sus ataques, pero sin resultado.

De repente, Trunks recibe una paliza invisible que lo deja de rodillas y le hace perder su transformación.

– “Maldita sea…” – murmura el mestizo. – “Es como cuando peleé contra él…”
– “No podrás derrotarlo con métodos convencionales.” – dice Hit. – “Para enfrentarte a Shiras, tienes que jugar con sus reglas.”
– “¿A qué te refieres?” – pregunta Trunks, dolorido, poniéndose en pie.

Hit le ofrece la mano, que Trunks acepta.

En ese instante, Trunks siente como la realidad se resquebraja como un cristal. Todo el mundo a su alrededor se ha detenido. Un ave que sobrevolaba a nuestros amigos se encuentra quieto en el cielo. Silencio absoluto.

– “Increíble…” – piensa el mestizo.

De repente, todo vuelve a la normalidad, sorprendiendo a Trunks, que cae de rodillas, sintiendo terribles nauseas, que terminan por provocarle el vómito.

– “No es fácil acostumbrarse” – sonríe Hit.

En Pital, Ganos, transformado, agarra la cara del mayor de los Pastafresca y lo empuja hasta la pared del fondo, noqueándole.

Los dos hermanos menores se preparan para disparar a Ganos, pero un pitido les desorienta, haciendo que yerren sus disparos.

Obni, malherido, emite un silbido continuo y monótono que causa una alteración de las capacidades sensoriales de sus enemigos.

Ganos aprovecha el momento para saltar sobre ellos y dejarlos fuera de combate.

En Luud, Mutchy agarra con su látigo el pie de Sheela y la lanza contra Katopesla. Motto embiste al sacerdote, pero éste hace girar su látigo para levantar una nube de polvo y escabullirse.

Tras un breve momento de confusión, el látigo se enrolla en el cuello de Auta Motto y libera una descarga eléctrica que hace que el metalman se arrodille.

Katopesla, con su traje en modo \”Ultra\”, dispara un rayo zigzagueante contra Mutchy, pero éste lo esquiva. Sheela sorprende al sacerdote disparándole en la mano con su pistola, logrando desarmarle.

– “¡Ya es nuestro!” – exclama el toreristo. 

Pero el látigo parece moverse por voluntad propia y se enrolla e impulsa para impactar contra el casco de Katopesla antes de regresar a la mano de Mutchy.

– “No os será tan fácil, patrulleros.” – sonríe el sacerdote. – “¡La voluntad de nuestro Dios está conmigo!”

ESPECIAL DBSNL /// Futuro Imperfecto // Universo 5 / Parte VI: Huída desesperada

Futuro Imperfecto / Parte VI: Huída desesperada
“¡¿La máquina del tiempo?!”


Trunks ha aterrizado en el jardín de la Corporación Cápsula y entra apresuradamente en el taller, donde Bulma se encuentra trabajando en su ordenador.

– “¡Trunks!” – se asusta su madre al verle tan nervioso. – “¡¿Qué ha pasado?!”
– “¡Es terrible!” – responde el mestizo. – “Tenemos que irnos de aquí…”

Trunks busca entre los cajones del escritorio hasta encontrar la cápsula que buscaba.

– “¡Aquí está!” – exclama el muchacho.
– “¿Qué ocurre?” – insiste su madre.

El mestizo agarra a su madre del brazo y tira de ella, llevándola al jardín.

– “¡Trunks! ¡Me asustas!” – dice ella. – “¡Dime lo que pasa!”
– “¡No tenemos tiempo!” – replica Trunks.

El muchacho activa la cápsula y hace que se materialice la máquina del tiempo.

– “¡¿La máquina del tiempo?!” – dice Bulma.
– “No debería poder seguirnos.” – dice Trunks, mientras lanza su espada al interior de la máquina. – “Y con suerte, puede que Son Gohan, papá y los demás puedan ayudarnos… O al menos podremos advertirles.”

Bulma agarra a Trunks por el brazo, intentando calmarle y hacer que se centre.

– “¡Trunks!” – dice mientras tira de su chaqueta. – “Trunks… Escúchame, hijo…” – insiste. – “Dime de qué estamos huyendo.”

De repente, una voz interrumpe la escena.

– “De mí” – dice Freezer, que ha aparecido en el jardín junto a Mojito.
– “Ese es…” – se asusta Bulma.

Trunks se transforma en Súper Saiyajín y se coloca frente a su madre para protegerla.

– “Métete en la máquina y márchate” – dice Trunks.
– “Pero, Trunks…” – dice su madre, preocupada.
– “¡HAZLO!” – insiste el mestizo.

Bulma empieza a escalar la máquina.

Trunks se abalanza sobre Freezer, pero el tirano alza su mano y detiene al mestizo en el aire con su poder mental, para después lanzarle contra el edificio de la Corporación Cápsula, que se derrumba parcialmente sobre él.

Bulma se prepara para entrar en la máquina del tiempo, pero Freezer fija su mirada en ella.

– “No irás a ninguna parte.” – dice el tirano.

Trunks sale de los escombros y ve cómo Freezer apunta a Bulma con su dedo índice y lanza un rayo mortal que atraviesa el pecho de la mujer.

– “¡NOOOO!” – grita Trunks.

Bulma se precipita contra el suelo desde lo alto de la máquina del tiempo.

– “Jojojo” – ríe Freezer.

Trunks, agachada la cabeza para apartar la mirada de tan dolorosa escena. El mestizo aprieta sus puños con rabia mientras sus ojos se llenan de lágrimas que pronto se derraman por sus mejillas.

– “No… Mamá…” – llora el mestizo. – “Lo siento…”

Freezer se fija de nuevo en Trunks.

– “Ahora solo falta…” – dice el tirano.

En el interior de Trunks, algo se rompe. Freezer y Mojito pueden sentirlo. El poder del mestizo estalla. Su cabello se eriza aún más y su aura se vuelve violenta. Decenas de rayos de energía chasquean a su alrededor.

– “Pero, ¿qué demonios…?” – se sorprende el tirano.
– “¡TE MATARÉ, FREEZER!” – grita Trunks.

El mestizo extiende sus brazos hacia los lados y después apunta al demonio del frío. 

– “¡¡FINAL FLASH!!” – exclama Trunks al utilizar la técnica de su padre.

Freezer, que no esperaba un poder como ese, recibe el impacto directo del ataque y es empujado por él. El \”Final Flash\” provoca la destrucción de gran parte de la ciudad hasta que se eleva y se pierde en el espacio.

Mojito asiste a la escena sin perder su sonrisa habitual.

– “Muy interesante…” – murmura el ángel.

Trunks se acerca a su madre, a la que le queda solo un aliento de vida.

– “Mamá… mamá…” – repite el muchacho. – “Lo siento…”

Bulma alza su mano y acaricia el rostro de su hijo.

– “¿Eres tú, Vegeta?” – dice con una melancólica sonrisa antes de expirar.

Trunks solloza mientras abraza el cuerpo de su madre.

– “Lo siento… Lo siento” – repite el mestizo. – “Buscaré ayuda…”

En el espacio, Freezer logra apartarse de la trayectoria del ataque.

– “Ese maldito mono…” – refunfuña furioso.

Trunks se sube a la máquina del tiempo e introduce las coordenadas.

La nave se eleva lentamente y empieza a brillar.

De repente, Freezer reaparece en el jardín de la Corporación Cápsula.

– “Maldito seas…” – gruñe el tirano, que pronto se da cuenta de que la máquina está apunto de iniciar su viaje.

Freezer se apresura en lanzar un ataque de ki hacia Trunks, pero justo en el momento del impacto, la máquina del tiempo desaparece.

En el Universo 7, en la Corporación Cápsula, Bulma se encuentra tomando un refresco en el patio mientras mece la cuna de su hija cuando, de repente, de la nada aparece en el cielo la máquina del tiempo.

En el Universo 5, Freezer está frustrado y confuso con lo ocurrido.

– “Ha huido a otra línea temporal, señor Freezer” – le explica Mojito.
– “¿Hay algún modo de seguirle?” – pregunta Freezer.

Una pícara sonrisa se dibuja en el rostro del ángel.