DBSNL // Capítulo 154: Janemba

DBSNL // Capítulo 154: Janemba

“¿Es esto lo que querías?”


En la Atalaya de Kamisama, el nuevo Majin Bu desciende lentamente hasta posarse frente a Pan, Bra y Dende.

Piccolo, malherido, intenta arrastrarse hasta las chicas, pero no le quedan fuerzas.

– “No…” – lamenta el namekiano. – “Tengo que… tengo que hacer algo…” – murmura antes de perder el conocimiento.

Los ojos de Pan se inundan de lágrimas.

– “Ub…” – llora la mestiza.

Garlick sonríe.

– “¡ESO ES!” – grita el demonio. – “¡HAS RENACIDO COMO DEMONIO, NUTRIDO POR EL PODER DEL MAKAI!” – exclama, aún con el pequeño portal abierto. – “¡Y como tal, debo darte un nuevo nombre…!” – sonríe Garlick. – “¡ÁLZATE, JANEMBA!”

Mr. Popo corre hacia nuestros amigos y se interpone en el camino del monstruo.

– “¡MARCHAOS DE AQUÍ!” – exclama el servicial personaje.

– “Popo…” – murmura Dende, sorprendido ante la valentía de su compañero.

El portal cada vez aspira con más fuerza todo lo que hay a su alrededor, desmoronando el palacio.

Janemba abre su enorme boca, de la que emana un torrente de ki verdoso.

– “¡CUIDADO!” – exclama Bra.


Bra agarra a Dende y lo aparta del ataque. Pan intenta acercarse a Popo, pero es demasiado tarde, no hay tiempo y el ataque lo engulle. Pan logra esquivar la avalancha de ki en el último instante.

El ataque del demonio deja un gran agujero en el suelo de la Atalaya.

– “No… Señor Popo…” – llora Dende al darse cuenta de lo ocurrido.

– “Maldita sea…” – lamenta Bra.

– “Pagarés por esto…” – refunfuña Pan. – “¡OS JURO QUE PAGARÉIS POR ESTO!” – grita.


El portal de Garlick sigue engullendo partes de la Atalaya cada vez con más facilidad.

Mientras tanto, en la Capital del Oeste, Krilín siente una horrible sensación.

– “Esta presencia…” – murmura el terrícola. – “Me es terriblemente familiar…”

En el Dojo del bosque Fukkurou, Chaoz se encuentra mareado.

– “¿Qué significa esto?” – se pregunta.

En el planeta Snack, Son Gohan se ha transformado. Su cuerpo se encuentra cubierto de pelaje dorado y el contorno de sus ojos tiene un tono rojizo.

– “¿Es esto lo que querías?” – le dice a Belmod, que se encuentra en el suelo.

Gohan camina hacia su enemigo y éste gatea de espaldas, intentando alejarse de él.

– “¿Qué eres?” – le pregunta el payaso. – “¡¿Qué eres?!”

El mestizo se detiene.

– “Levántate.” – dice Gohan.

Belmod no responde. Ha quedado petrificado.

– “¡LEVÁNTATE!” – insiste Gohan.

El payaso se levanta y pronto recibe un puñetazo en el abdomen que le hace caer de rodillas.

– “Levántate.” – repite Gohan.

Belmod escupe sangre en el suelo. Su rostro refleja el horror que siente ante el poder de su enemigo.

– “¡AHORA!” – grita el mestizo.

Belmod vuelve a ponerse en pie y Gohan le propina un puñetazo en la cara, seguido de otro en la barriga.

El payaso no logra defenderse y Gohan sigue insistiendo con sus golpes, encadenando un puñetazo tras otro; desatado.

– “¡¿No es esto lo que querías?!” – le pregunta el enfurecido mestizo. – “¡¿No querías divertirte?!”

Los golpes retumban en la ciudad en runas.

Tras varios minutos, el payaso cae al suelo, moribundo. Su rostro ha quedado desfigurado y respira con dificultad.

El mestizo alza su mano hacia Belmod y prepara un ataque de ki.

– “Por favor…” – dice el payaso. – “Por… por favor…” – suplica.

Gohan no parece dispuesto a detenerse.

En ese instante, una voz interrumpe al mestizo.

– “¡SON GOHAN!” – exclama el Número 16.

Gohan mira de reojo al recién llegado.

– “Es suficiente.” – dice Pino. – “Has ganado.”

Tras recapacitar un instante, Gohan logra pensar con claridad y hace que la esfera de ki que había preparado se desvanezca y baja su mano.

Gohan suspira y regresa a su estado base.

El mestizo mira a su compañero.

– “Esta transformación…” – murmura Gohan. – “Es demasiado para mi mente. Tengo serios problemas para controlar mi naturaleza saiyajín.”

– “Con entrenamiento, seguro que puedes contro…” – dice Pino.

De repente, dos grandes serpientes de energía roja brotan del suelo y se enrollan en los cuerpos de Pino y de Gohan.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende el mestizo.

Belmod sonríe.

– “¡MORID!” – susurra el payaso.

Dos grandes explosiones arrasan el lugar. 

En el planeta Popol, Helles abre sus alas y proyecta con ellas un millar de rayos de ki.

Cell utiliza el Shunkanido para desaparecer y evitar el ataque, reapareciendo al instante detrás de la fugitiva.

Helles reacciona rápidamente dándose la vuelta y creando una gran corriente de aire con sus alas que repele a Cell.

– “Es rápida…” – piensa el insecto.

Cell apunta a la mujer con su mano derecha.

– “¡LIGHT ECHO!” – exclama el insecto.

Ella se cubre con sus alas. Cuando se disipa la polvareda, se revela que no ha sufrido ningún daño.

– “Y resistente…” – sonríe Cell.

Helles abre de nuevo sus alas y se abalanza sobre Cell, iniciando un intercambio de golpes feroz. Cell retrocede mientras estudia a su adversaria.

Broly, con dificultad, intenta ponerse en pie, pero sus fuerzas le fallan y cae al suelo enseguida.

Tarble y Kale se dan cuenta de que su amigo ha recuperado el conocimiento y corren a socorrerle.

– “¿Estás bien, Broly?” – pregunta Kale.

– “No puedo…” – dice Broly. – “No puedo moverme…”

– “Este tipo parece fuerte.” – intenta tranquilizarle Tarble. – “Puede que él consiga derrotar a esa mujer.”

Un puñetazo de Helles en la nariz de Cell lo hace retroceder, pero el insecto sonríe. Con un leve movimiento de su mano derecha, el insecto atrae una gran roca que se aproxima a gran velocidad hacia la espalda de la mujer.

Helles se da la vuelta y lanza una ráfaga de energía que hace estallar la roca.

– “¡Jajaja!” – Helles se burla de Cell. – “¿Creías que podías sorprenderme con…?”


Al darse la vuelta, un rayo mortal le atraviesa el corazón.

– “Has caído en un truco muy simple.” – dice Cell. – “Estoy muy decepcionado.”

Los ojos de Helles pierden su brillo y se precipita contra el suelo.

Cell observa con soberbia la caída.

En Luud, el falso dios se ha alzado y se fija en los patrulleros.

– “¡MÁTALOS A TODOS!” – grita Hoi.

El gigante propina un puñetazo a los agentes, pero estos logran esquivarlo.

Luud clava su mirada en Katopesla y le lanza un rayo con los ojos, pero Nasjorin se interpone en la trayectoria y repele el rayo con su espada.

– “Encargaos del predicador y sus feligreses.” – dice Nasjorin. – “El brujo y su criatura son asunto mío.”

Lejos de allí, Freezer, Liquir y Curd viajan a Gelbo. Shisami se ha quedado en la Capital y está al mando del Imperio.

– “¿Estás seguro de que encontraremos la caja de música en ese planeta?” – pregunta Liquir.

– “Ya la tendríamos si no hubierais atacado al señor Cooler.” – replica Curd.

– “¿Señor Cooler?” – dice Freezer, mirando de reojo a su soldado.

– “Lo siento, señor Freezer…” – se disculpa con miedo el brench. – “En aquel entonces era su hermano quien…”

– “Jujuju” – ríe Freezer. – “Relájate, Curd.” – dice el tirano.

Freezer observa detenidamente a Liquir.

– “Así que tú mataste a Cooler…” – dice el tirano.

– “Salabim nos manipuló.” – dice el kurama.

– “¿Esa es tu excusa?” – pregunta Freezer.

– “El brujo nos enfrentó.” – responde Liquir. – “Los hombres de Cooler atacaron mi planeta en busca del Fruto Sagrado.”

– “Ya conozco una versión de la historia…” – le interrumpe el demonio del frío. – “Aunque en esa ocasión acabaste convertido en felpudo.” – añade en tono burlón.

En ese instante, una pequeña nave aparece en el radar del vehículo Imperial.

– “Señor Freezer” – anuncia un soldado mediante un telecomunicador. – “Una nave desconocida está solicitando permiso para abordarnos.”

– “¿Qué tipo de nave?” – pregunta Freezer.

– “Parece tech-tech, señor” – responde el soldado.

ESPECIAL DBSNL /// El saiyajín olvidado // Universos 3 y 5 / Parte III: El Guardián

El saiyajín olvidado / Parte III: El Guardián

“Venimos a por el Fruto Sagrado.”



El cuerpo de Furog flota en el espacio.

En la nave de Turles, el saiyajín se sigue recuperando del combate con Ledgic, tumbado en su cama, envuelto en vendajes que Cacao revisa.

Rasin y Lakasei han puesto rumbo al misterioso planeta Kurama.

– “¿Esta vez está seguro?” – le pregunta Daiz a Almond.

– “No creo que se haya atrevido a mentir otra vez…” – dice el nuts. – “Aunque tampoco podemos preguntarle de nuevo…”

– “A lo mejor no tenías que matarlo.” – suspira el kabocha.

– “Demasiadas oportunidades le hemos dado.” – responde Almond.

Cacao sale del camarote de Turles.

– “¿Cómo está?” – pregunta Daiz.

– “Se recuperará.” – responde el ikonda.

Almond suspira aliviado.

– “Jamás había visto a un tipo capaz de plantar cara a Turles…” – dice el nuts.

– “El universo es vasto.” – dice Daiz, que de niño fue testigo de cómo las Fuerzas Especiales Ginyu arrasaron su planeta.

Tras varios días de viaje, Turles y sus hombres llegan a Kurama y aterrizan en la superficie del planeta.

Turles se ha recuperado de sus heridas, pero sigue llevando vendajes en su torso y antebrazos. 

– “¿Deberíamos informar a Cooler?” – pregunta Rasin, aún sentado en el asiento de piloto.

– “No.” – responde Turles. – “Preferiría hacerlo cuando tengamos algo más que una pista. Además, no podemos acusar a Don Kee sin pruebas. Lo negaría.”

– “De acuerdo.” – responde Lakasei, al lado de su hermano.

El saiyajín aún está afligido por su última batalla, algo que se vuelve evidente para todos cuando intenta ponerse una nueva armadura.

– “Puedes quedarte en la nave” – sugiere Daiz. – “Estamos en un planeta primitivo. No debería ser un problema para nosotros.”

– “¿Queréis dejarme al margen?” – sonríe Turles.

– “Es mejor que te recuperes.” – insiste Daiz. – “Si nos topamos de nuevo con tipo de Imegga, te necesitaremos en plenas condiciones.”

Turles suspira y decide no ponerse la armadura.

– “Está bien.” – responde el saiyajín. – “Dejaré esta misión en vuestras manos.”

– “Será pan comido.” – interviene Almond.

En unos minutos, los hombres de Turles llegan a la primera aldea kurama. El saiyajín se ha quedado descansando en la nave.

– “Venimos a por el Fruto Sagrado.” – anuncia Daiz. – “¿Sabéis algo?”

Los aldeanos rodean a los soldados.

– “Otra vez esto…” – suspira Almond.

– “¿Al menos entendéis nuestro idioma?” – pregunta Daiz a los nativos.

Uno de los aldeanos da un paso al frente.

– “Hablamos la lengua común” – dice el zorro. – “Pero no sabemos nada del fruto.”

Daiz sonríe.

– “No me lo trago.” – dice el kabocha. – “Vamos a tener que insistir.”

Daiz alza su mano y empuja con su ki al zorro, que se estrella contra una cabaña cercana.

Los guerreros kurama de la ladea se ponen en guardia, mientras los demás huyen.

El zorro que había sido empujado se levanta de entre los escombros y revela una segunda cola.

Los scouters de los soldados de Turles se activan los alertan del peligro.

– “¡¿Qué significa esto?!” – se sorprende Cacao.

– “¡Su fuerza de combate ha aumentado!” – exclama Almond.

– “Tiene 8.000…” – titubea Rasin. – “…8.000 unidades…”

Daiz examina a los demás kurama.

– “Los otros tienen casi 3.000…” – murmura el kabocha.

Daiz da un paso al frente.

– “Yo me encargo de éste.” – dice el kabocha. – “Los demás son vuestros.”

Turles, tumbado en su nave, siente el ki de sus soldados peleando con los kurama y sonríe.

– “Parece que van a divertirse…” – murmura el saiyajín.

Los hombres de Turles luchan contra los aldeanos. Cacao, gracias a las capacidades de su armadura ikondana, logra imponerse fácilmente a su enemigo. Almond aprovecha su superioridad física para dominar el combate. Rasin y Lakasei son los que más sufren, pero aprovechan su movilidad y su pequeño tamaño para sorprender a sus enemigos. 

Mientras tanto, Daiz se enzarza en un combate igualado contra el guerrero kurama. 

El nativo parece superar en velocidad al kabocha y le propina un fuerte puñetazo en el rostro a Daiz, y lo remata con una patada giratoria en el pecho que lo lanza contra una montaña cercana.

Creyéndose vencedor, el kurama mira de reojo a los otros soldados, dispuesto a atacarles, pero antes de que pueda actuar se da cuenta de que Daiz sigue con vida.

– “Los kabocha somos muy resistentes, zorrito” – sonríe el ensangrentado soldado. – “Aún no hemos terminado.”

Daiz abre su boca y emite un torrente de energía que sorprende al kurama y lo engulle.

En la nave, Turles sonríe.

– “Les ha sido más fácil de lo que esperaba…” – murmura el saiyajín.

De repente, una presencia alerta a Turles, que se incorpora en la cama.

– “¿Qué ha sido eso?” – se pregunta el saiyajín. – “Ese poder… ¿Quién puede ser?”

En un templo escarbado en la montaña, un kurama ataviado con ropajes similares a los de los Hakaishin, se encuentra en el portal, mirando al horizonte, con sus puños apretados por la rabia.

– “Tranquilo, Liquir” – dice una voz desde el interior del templo.

– “Esos tipos están masacrando a mi gente.” – responde el kurama.

– “Si revelas tu existencia, sabrán que algo se esconde aquí.” – insiste la voz, que resulta ser de Sidra.

El pequeño anciano sale de las sombras y se acerca a su pupilo.

– “La paciencia es una virtud que el Guardián del Fruto debe dominar.” – dice el antiguo Dios de la Destrucción.

Turles sale de su nave sin ponerse su armadura y fija su mirada en el horizonte.

– “Era por allí…” – murmura antes de partir en esa dirección.

Mientras tanto, Daiz ha logrado someter al kurama. El zorro se encuentra tumbado en el suelo y el kabocha tiene la suela de su bota sobre su cuello.

– “¿Dónde está el fruto?” – pregunta Daiz.

– “Jamás hablaremos.” – dice el zorro.

– “Pues moriréis.” – responde el kabocha.

De repente, un pitido del scouter alerta a Daiz.

– “¿Qué?” – se sorprende. – “¿Turles? ¿A dónde va?” – se pregunta al ver la energía de su líder en movimiento.

En el templo, Liquir ha sentido la presencia del saiyajín aproximándose.

– “Uno se acerca.” – dice el zorro.

Sidra suspira.

– “Te advertí de que esto pasaría…” – dice el anciano.

Liquir cruje sus puños, listo para pelear.

– “No se preocupe, maestro.” – dice el kurama. – “No dejaré que se acerquen al templo.”

El kurama se eleva lentamente y sale a toda velocidad al encuentro de Turles.

ESPECIAL DBSNL /// El saiyajín olvidado // Universos 3 y 5 / Parte II: Duelo

El saiyajín olvidado / Parte II: Duelo

“Os habéis entrometido en los negocios de Don Kee”



En el planeta Babarian, Zauyogi sale apresuradamente de la nave de Turles para alertar a sus compañeros, Razin y Lakasei, que siguen esperando en el tejado del aparato

– “¡Es una trampa!” – grita el extraterrestre. – “¡Los imeg…!”

En ese instante, una lanza atraviesa su torso y se inserta en el suelo, dejándolo ensartado.

Ledgic desciende a su lado. Razin y Lacasei se ponen en guardia.

El guardaespaldas de Don Kee mira a los dos soldados sin decir nada.

Razin y Lakasei se abalanzan sobre el enemigo, pero Ledgic esquiva al primero e intercepta al segundo sin dificultad, propinándole un rodillazo en el abdomen y con codazo en la espalda.

Razin intenta reaccionar, pero antes de que pueda hacerlo recibe un puñetazo en el rostro que lo lanza contra el suelo a varios metros de distancia.

Lakasei se levanta e intenta atacar a Ledgic por la espalda, pero el soldado de Imegga lo esquiva con una voltereta y le propina una patada en la nuca que lo lanza directo contra su hermano.

Ledgic dispara un ataque de ki contra los beenz para rematarlos, pero algo intercepta el ataque. Turles se ha interpuesto en su camino y ha golpeado la esfera de energía con el dorso de su puño.

De repente, una lluvia de fuego se precipita sobre Ledgic, que se ve obligado a retroceder. Es un ataque de Cacao.

Dos nuevos ataques de energía caen sobre el imegga, que se ve obligado a cubrirse para paliar el daño. Una gran explosión tiene lugar. Daiz y Almond se han unido al combate.

Los tres hombres de Turles descienden junto a su líder.

La polvareda se disipa lentamente y revela a Ledgic intacto.

Una media sonrisa se dibuja en el rostro del saiyajín.

– “Eres fuerte…” – dice Turles. – “¿Quién eres?”

Ledgic se sacude el polvo de su ropa con una inquietante calma.

– “Os habéis entrometido en los negocios de Don Kee” – dice el imegga.

– “¿Don Kee?” – se extraña el saiyajín, que conoce su trato con Cooler.

Ledgic desenfunda dos sables.

– “Ahora moriréis.” – sentencia el guerrero.

Los hombres de Turles se preparan para pelear, pero el saiyajín alza su mano.

– “Es mío.” – advierte a sus soldados mientras da un paso al frente. – “Me apetece hacer ejercicio.”

Ledgic y Turles se abalanzan el uno contra el otro a toda velocidad. 

El imegga intenta rebanar la cabeza del saiyajín con un espadazo, pero éste esquiva el golpe agachándose.

Turles intenta contraatacar con un puñetazo, pero en el último instante se ve obligado a cambiar de acción y detener un segundo espadazo de la otra arma del imegga que caía sobre él.

Ledgic intenta sorprender al saiyajín con una patada, pero Turles la detiene.

Los dos retroceden y sonríen. Hacía tiempo que no encontraban a un adversario de tan alto nivel.

Los hombres de Turles observan el duelo con interés.

– “Ese tipo es realmente fuerte…” – murmura Almond. – “¡Casi tanto como Turles!”

– “Ninguno está luchando en serio…” – dice Daiz. – “Esto va a ser interesante.”

El saiyajín alza su mano y dispara un poderoso ataque de ki contra Ledgic.

El imegga salta por los aires para esquivar el ataque, pero resulta que el saiyajín ya le espera en el cielo y le propuna un golpe en la espalda con sus manos unidas unidas formando un puño y lo lanza contra el suelo.

Ledgic, tras dar unas cuantas volteretas en el aire, frena su caída y se estabiliza antes de llegar al suelo, pero en ese instante se da cuenta de que una ráfaga de ki se precipita sobre él.

Turles está disparando a discreción sobre el imegga. 

Ledgic desvía y repele varios ataques con sus espadas, pero pronto sucumbe ante la insistente acometida del saiyajín.

Tras unos segundos, Turles detiene sus ataques y sonríe, creyéndose vencedor.

En ese instante, de la humareda brotan cinco misiles de ki rojo que sorprenden a Turles. El saiyajín se cubre para intentar protegerse de las explosiones. 

Almond se preocupa por su líder.

– “¡TURLES!” – exclama en soldado de Nuts.

Envuelto en la polvareda, el saiyajín, cuya armadura se ha roto parcialmente, dejando al descubierto su hombro y pectoral derechos, busca al enemigo entre las sombras.

Ledgic aparece a su espalda, espada en mano, también con la parte superior de su ropa destrozada, y propina un sablazo al saiyajín, que se da la vuelta rápidamente y detiene el ataque con su antebrazo. 

La espada de Ledgic se inserta en el guantelete de Turles y alcanza su piel. Una gota de sangre recorre el brazo del saiyajín. 

Los dos guerreros extienden su mano libre y disparan un poderoso ataque de ki. El ataque de Ledgic es de un color rojo intenso, y el de Turles emite un brillo morado. 

La explosión en cielo repele a los dos guerreros.

Turles cae de pie, pero durante un breve instante muestra signos de fatiga que alertan a sus hombres.

– “¡Turles!” – exclama Razin. – “¿Necesitas ayuda?”

– “No” – responde el saiyajín. – “Manteneos al margen.”

– “Claro que no necesita ayuda” – corrige Lakasei a su hermano. – “Esto no es nada para él.”

Daiz mira al saiyajín con preocupación.

– “No seas idiota, Turles…” – piensa el kabocha, que se da cuenta de que algo no va bien.

Turles se pone en guardia, listo para continuar.

La polvareda de la explosión ha caído frente a él como una cortina de humo, que con el tiempo se vuelve más y más fina, hasta que revela la silueta de Ledgic al otro lado.

El guerrero de Imegga se encuentra en perfecto estado, a pesar de tener la ropa rota, y se sacude el polvo con desdén. Ha perdido su espada.

– “No está mal para un saiyajín.” – dice Ledgic.

A Turles le llama la atención que su rival haya reconocido su raza.

– “Creía que ya no quedaba ninguno con vida.” – añade el enemigo.

– “Has tenido la mala suerte de toparte con el último.” – sonríe Turles.

Ledgic desaparece de la vista de Turles, avanzando hacia él a una velocidad supersónica, y propina un golpe en el pecho al saiyajín que hace estallar la armadura en mil pedazos.

Turles y sus hombres se quedan sin palabras. El saiyajín se queda sin aliento con el golpe.

Ledgic continúa su acometida con una tormenta de puñetazos y patadas que dejan al saiyajín tirado en el suelo, malherido. Ninguno de los presentes esperaba que el guerrero ocultara tan inmenso poder.

– “Se acabó el combate.” – dice el imegga. – “Esperaba más del último saiyajín.” – añade con desprecio. 

Ledgic alza su mano, listo para eliminar a Turles, pero el saiyajín intenta ponerse en pie.

– “El orgullo no siempre es bueno.” – dice Ledgic. – “Será menos doloroso si dejas de pelear. No te levantes.”

– “Los saiyajín… no nos rendimos…” – gruñe Turles.

– “Como quieras.” – sentencia el imegga, que concentra su ki en la mano.

De repente, los hombres de Turles cargan sobre Ledgic.

Cacao abre las compuertas de su armadura y emite un flash de luz que ciega al imegga, que es sorprendido al instante con una carga con el hombro de Daiz que lo repele, para después recibir el impacto directo de una esfera de ki morada creada por Lakasei.

Mientras tanto, Almond ha agarrado al malherido Turles y lo ha llevado a la nave, acompañado por Razin.

– “¿Qué hacéis?” – dice un molesto saiyajín.

– “Salvarte la vida.” – responde Almond.

Razin pone la nave en marcha.

Daiz, Cacao y Lakasei vuelan hacia ella mientras ésta ya se eleva y suben abordo.

– “¡Vámonos ya!” – exclama el kabocha.

– “¡Vamos! ¡Vamos!” – insiste Almond.

Razin teclea en el tablero de comandos, y Lakasei se une a él.

En un instante la nave desaparece en el cielo.

Ledgic se ha quedado en la superficie de Babarian contemplando en silencio la huida de su rival.

La nave imegga que le había traído aterriza cerca de él, que pronto sube a bordo.

– “¿Qué ha ocurrido, señor?” – dice un solado. – “¿Les perseguimos?”

– “¿Les habéis colocado el rastreador?” – pregunta Ledgic.

– “Por supuesto, señor.” – responde el soldado.

– “Bien.” – dice Ledgic. – “Volvamos a Imegga. Monitorizaremos sus movimientos y les arrebataremos el fruto cuando ya lo hayan encontrado.”

– “¿Y nuestro informador?” – pregunta el hombre de Don Kee. – “¿No deberíamos rescatarlo?”

– “Estará muerto en unas horas.” – dice Ledgic. – “Ya no podemos hacer nada por él.”

En la nave de Turles, el saiyajín se encuentra tumbado en su cama, seminconsciente. Cacao intenta aplicarle un ungüento sobre las heridas.

– “¿Qué haremos ahora?” – pregunta Lakasei.

– “Interrogaremos de nuevo a Furog.” – dice Daiz.

En la celda de la bodega, Almond cierra la puerta tras él. Furog lo mira aterrorizado.

– “Esta vez, nada de juegos” – dice el Nuts.

– “Hablaré… ¡Hablaré!” – dice el Patrullero.

– “De eso estoy seguro.” – dice Almond, antes de propinarle un puñetazo en la cara.

DBSNL // Capítulo 153: Un nuevo demonio

DBSNL // Capítulo 153: Un nuevo demonio

“No sé cómo has llegado a convertirte en esto, pero no voy a alimentar tu odio.”

Gotenks y Bu siguen peleando. El monstruo demuestra una violencia feroz. La fusión, transformada en Súper Saiyajín 2, está siendo avasallada.

– “¡Estoy harto!” – exclama Gotenks, retrocediendo y transformándose en Súper Saiyajín 3. – “¡¡HAAAAAA!!” – repele a Bu con una explosión de energía. 

Dende y las chicas observan el combate angustiados.

– “Puede que…” – piensa el namekiano. – “Puede que el Rey Enma pueda ayudarnos… Tiene que haber algún modo…”

Ahora, Gotenks supera a Bu y le propina una paliza.

– “¡¿No recordabas lo fuerte que somos?!” – se burla la fusión. – “¡Este es el verdadero poder de Gotenks!”

Pan, desesperada, clama a la fusión. 

– “¡GOTENKS! ¡NO LO MATES!” – suplica la muchacha.

Bra se acerca a su amiga, intentando reconfortarla.

– “Tranquila, Pan.” – dice Bra. – “Podríamos resucitarle con las Dragon Balls de Namek…”

– “No lo sé…” – le interrumpe Dende. – “Bu y Ub comparten una misma alma… Puede que, si mueren, jamás podamos recuperar la consciencia del muchacho.”

Gotenks ha oído a Pan.

– “Bien…” – murmura la fusión. – “Eso significa que tendré que centrarme en el combate cuerpo a cuerpo para debilitarlo.” – sonríe. – “Y después lo encerraré con el Mafuba.” – piensa.

Mientras tanto, Garlick ha propinado una paliza a Piccolo y ahora lo sostiene en el aire agarrándole del cuello.

– “Al final solo has sido una decepción, namekiano” – se burla el demonio.

– “No vas a salirte con la tuya, Garlick…” – dice Piccolo.

El demonio ignora la advertencia de su adversario cuando se da cuenta de que Bu está siendo superado por la fusión metamor.

– “¡PATADA DINAMITA! ¡SÚPER PUÑETAZO MILAGROSO! ¡PUÑO GIRATORIO ATRONADOR!” – exclama la fusión, propinando una tormenta de golpes a su enemigo.

Garlick parece desilusionado con el monstruo de Bibidí.

– “Esperaba más del famoso Majin Bu…” – suspira Garlick. – “Pero si el Rey Abraca le tenía en tan alta estima, es porque veía el potencial de su alma como demonio…”

Garlick lanza a Piccolo a un lado y junta las manos, creando una pequeña esfera de energía entre ellas que empieza a aumentar de tamaño lentamente, creando una fuerte corriente de aire que empieza a atraer los escombros de los alrededores.

– “¡JAJAJA!” – ríe el demonio.

Piccolo, muy débil, siente una extraña sensación en su cuerpo.

– “Eso es… es el Makai…” – piensa el namekiano.

Gotenks ha dejado a Majin Bu en un estado deplorable.

– “¡Buscad un recipiente!” – les dice a sus amigos. – “¡Daos prisa!”

En ese instante, los presentes se dan cuenta de la extraña corriente que ha inundado el lugar, y pronto ven el portal donde tiene origen.

– “¿Qué es eso?” – se extraña Pan.

– “Siento una energía terrible…” – dice Dende. – “Me revuelve el estómago…”

De repente, el humo rosado que brota del cuerpo del derrotado Majin Bu se torna morado y envuelve al muchacho en un torbellino.

– “¡CUIDADO, CHICOS!” – exclama Bra, señalando al enemigo.

Gotenks se percata de lo ocurrido y embiste a Bu con la intención de detener el misterioso proceso que está teniendo lugar, pero al intentar propinar un puñetazo a la silueta envuelta en humo, solo logra atravesar al monstruo.

Pero algo extraño ha pasado. Gotenks ha aparecido en un lugar desconocido.

La fusión echa un vistazo a su alrededor. Solo hay penumbra. El suelo es infértil y está repleto de rocas puntiagudas, llenas de recovecos y grietas.

– “¿Qué significa esto…?” – se pregunta Gotenks. – “¿Dónde estamos?”

En ese momento, centenares de criaturas demoníacas reptan fuera de sus agujeros y rodean al guerrero.

En la Atalaya, Dende, Pan y Bra han visto desaparecer a Gotenks ante sus ojos.

– “¡¿Dónde han ido?!” – se pregunta Pan.

– “No… No es posible…” – se asusta Dende.

Salabim, al sentir el Makai, recupera el conocimiento y se pone en pie mientras se frota el pecho, donde recibió el impacto.

– “Eso es…” – sonríe el brujo. – “Puedo sentir su presencia… ¡MAESTRO!” – clama. – “¡Danos un poco de tu poder!”

Garlick ríe satisfecho.

– “¡JAJAJA!” – disfruta el demonio. – “¡EL MAKAI CORRE POR TUS VENAS, MONSTRUO!”

El torbellino de humo que rodea a Bu se disipa repentinamente, revelando su nueva forma demoníaca.


Dibujado por Ipocrito

En el planeta Snack, tras la avalancha de explosiones que ha sufrido Gohan bajo el castillo de naipes de Belmod, el mestizo se encuentra de rodillas, magullado. Su traje de Ultra Saiyaman ha sufrido graves daños.

El payaso desciende y camina hacia Gohan.

– “No me creo que eso sea todo lo que tienes por ofrecer…” – dice Belmod. – “¡Llevo años sin divertirme! ¡NO ME DECEPCIONES!” – grita frustrado.

Gohan se pone en pie.

– “He conocido a tipos como tú.” – sonríe irónicamente el mestizo. – “Pero yo no soy así. Yo no lucho por placer. Solo lo hago cuando no tengo otra opción; para proteger a la gente que me importa.”

– “¡No me interesa!” – responde Belmod. – “¡DIVIÉRTEME!”

Gohan vuelve a su estado base.

– “No” – responde el mestizo.

– “¿Qué?” – se sorprende el payaso.

Belmod, frustrado, extiende sus manos hacia Gohan y materializa un círculo de energía en forma de flor.

– “¡LUCHA!” – grita Belmod, que proyecta un chorro de ki que impacta de lleno contra Gohan, lanzándole a varios metros de distancia.

El mestizo, malherido, se pone de nuevo en pie.

– “No quiero pelear contigo.” – dice Gohan. – “Puedo ver a través de tu maquillaje. Sé lo que buscas.”

Una lágrima se derrama por la mejilla del payaso, que aprieta sus puños con rabia.

– “¡PELEA!” – insiste Belmod.

– “No sé cómo has llegado a convertirte en esto, pero no voy a alimentar tu odio.” – dice Gohan. – “Buscas que la gente reaccione a tu rabia. En el fondo no te importa el espectáculo. Esto no te divierte.”

– “¡CLARO QUE ME DIVIERTE!” – responde el payaso. – “¡LO DISFRUTO!”

– “No es cierto…” – sonríe el mestizo. – “Pero esto te hace relevante, ¿no es así? Solo cuando provocas el caos llegas a sentir que existes.”

– “Cállate…” – refunfuña Belmod. – “¡Cállate! ¡CÁLLATE!”

El payaso se abalanza sobre Gohan y le propina un puñetazo en la cara.

– “¡TE MATARÉ!” – exclama Belmod, que continúa golpeando al mestizo.

– “Preferiría que no lo hicieras.” – sonríe forzosamente Gohan. – “Tengo una familia a la que les he prometido volver.”

– “¡PUES PELEA!” – grita desquiciado Belmod. – “¡PELEA O YO MISMO MATARÉ A TODA TU FAMILIA! ¡LO JURO!”

El payaso intenta golpear de nuevo al mestizo, pero Gohan detiene su puño.

En ese instante, el payaso se da cuenta de que el mestizo tiene una cola de mono que se contonea.

Los ojos de Gohan se tiñen de rojo y una explosión de ki barre el lugar, repeliendo a Belmod.

El payaso se queda sin palabras ante lo ocurrido. La luz emitida por el saiyajín le ciega.

Lejos de allí, Pino detecta el aumento de poder de Gohan.

– “Es fascinante…” – murmura el androide. – “Nunca había detectado un poder igual…”

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Galbi.

De su oreja empieza a brotar humo.

– “Excede las capacidades de mis sensores…” – añade asombrado.

En el planeta Popol, Helles asciende con sus alas abiertas.

– “¡REGOCIJAOS ANTE LA PRESENCIA DE LA VERDADERA BELLEZA!” – exclama la mujer.

Cell sonríe. El insecto siente el poder que emana de Helles. Es lo que él ha estado buscando. Cell aprieta sus puños y su energía empieza aumentar.

– “¡HAAAAAAAA!” – grita el insecto.

Una explosión de energía deja fascinados a los saiyajín presentes.

– “He estado entrenando” – murmura Cell. – “Veamos los resultados.” – sonríe.

En el planeta Luud, el aprendiz de los Kaioshin ha irrumpido en el templo.

– “¿Quién es?” – se pregunta Katopesla.

– “Phiiiu” – silba Motto.

– “Sí…” – murmura Sheela. – “Yo también espero que sea un aliado.”

El Cardenal Mutchy da un paso al frente y prepara su látigo.

– “¡¿CÓMO OSAS?!” – exclama el clérigo.

Mutchy propina un latigazo al perro humanoide, pero éste intercepta el látigo con su brazo. Una descarga le sacude, pero no parece causarle ningún daño.

El Cardenal retrocede asustado.

– “¿Cómo…? ¿Cómo es posible?” – titubea.

El aprendiz de Kaioshin tira del látigo, arrebatándoselo a Mutchy y lo lanza a un lado para después desintegrar el instrumento con un simple ataque de energía.

Dollatki busca a su maestro con la mirada y se da cuenta del miedo en el rostro de Hoi. 

En un abrir y cerrar de ojos, Nasjorin corre hacia la Espada Z, la agarra, libera a los patrulleros y desaparece.

– “¡¿Quién diablos es este tipo?!” – se sorprende Katopesla.

El aprendiz de Kaioshin ha saltado hacia el balcón donde se encuentra el Kashvar y se prepara para asestarle un espadazo.

En el último instante, Hoi repele el golpe con una barrera protectora, obligando a Nasjorin a retroceder y situarse sobre la cabeza de la estatua del falso dios Luud.

El kashvar parece asustado. Sabe que no puede ganar un enfrentamiento directo con el portador de la Espada Z.

Dolltaki intenta huir, pero es sorprendido por Sheela, que le agarra del brazo y se lo retuerce, obligándole a arrodillarse.

– “¡Quedas arrestado!” – dice la patrullera.

Los feligreses huyen despavoridos. Hoi se da cuenta de que su final se acerca.

– “¡NO ME DETENDRÉIS TAN FÁCILMENTE!” – grita desesperado.


El kashvar junta sus manos y recita un conjuro en una lengua antigua. 

En ese instante, la estatua de Luud empieza temblar y sus ojos brillan de color rojo.

Nasjorin se aleja de ella, descendiendo, y se pone en guardia.

Los patrulleros retroceden lentamente.

– “¿Qué está pasando?” – se pregunta Katopesla. – “¿No era todo esto una farsa?”

– “¡Phiiiiiu!” – pita Motto.

Luud se pone en pie, derrumbando parte del templo. El cascarón de piedra que envolvía al verdadero ídolo se desmorona. Hoi sonríe.

– “¡COSECHA, GRAN LUUD!” – grita el brujo. – “¡CUMPLE LA VOLUNTAD DE LOS KASHVAR!”

En Monmaas, Goku y Madas llegan a la entrada de una cueva, grande desde su perspectiva, pero una simple grieta en la pared para los gigantes.

– “Voy a entrar” – dice Goku, dando un paso al frente.

– “¿Estás seguro?” – le pregunta Madas. – “No sabemos lo que nos espera ahí dentro…”

– “Quédese aquí” – responde Goku, apretándose el cinturón con firmeza. – “Yo me encargaré.”

Madas asiente, satisfecho al ver la determinación de Goku, pero temiendo los peligros que le esperan en el interior de la cueva.