ESPECIAL DBSNL /// Sermones del predicador // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte I: El muñeco de Mule

Sermones del predicador / Parte I: El muñeco de Mule

“¡El Dios Luud lo exige a cambio de su favor!”

En el planeta Luud, en una mañana de oración, el predicador Dolltaki narra esta historia a sus feligreses:

– “Hace miles de años, en este mismo planeta, entonces llamado Equus, una larga guerra tuvo lugar.


El planeta estaba en continuo conflicto. Los habitantes estaban divididos en ducados, cada una con distintos ideales y motivaciones. Los cuerpos se amontonabas en las fronteras. Todos querían imponer su punto de vista a los demás, a los que tildaban de blasfemos.


Uno de los habitantes del planeta, Mule, un pequeño individuo de tez de color vino tinto y cuernos negros, comandaba las tropas de su territorio bajo el título de Duque. Su ejército era capaz de mantener su ducado bajo control, mas incapaz de imponerse a los territorios rivales y terminar la guerra.


El pequeño personaje se sentía impotente viendo como se derramaba la sangre de sus hermanos por todo Equus.


Un día, mientras Mule dormía, una extraño ser le visitó en sus sueños. Una presencia mágica hizo su aparición para hablarle. El misterioso personaje le otorgó un conocimiento hasta entonces inalcanzable para los habitantes de Equus y le prometió que con eso podría poner fin a la eterna guerra. 


Cuando despertó a la mañana siguiente, el Duque sabía lo que tenía que hacer. Ordenó a los mejores herreros y artesanos de su ducado que siguieran sus indicaciones para construir un gran armazón a partir de los minerales más preciados del planeta; entre ellos el precioso metal verde \”batetsu\”.


Ese armazón, tras meses de trabajo, terminó convirtiéndose en una máquina de guerra gigantesca con una cabina central a la que Mule podía acceder.


El Duque se sentó en la cabina, pero fue incapaz de mover al cíclope de metal.


Abatido tras el estrepitoso fracaso, Mule pasó días de penuria. Había usado todo el rico material de su territorio en esa armadura, creyendo que así podría traer la paz a su planeta. Ese ser que apareció en sus sueños se lo había prometido. ¿Había sido solo un sueño? El Duque se negaba a pensar eso. Para él fue real.


Los rumores sobre el muñeco de Mule, al que así llamaban con sorna sus enemigos, se extendieron por todo Equus. El Duque se convirtió rápidamente en el hazmerreír, y los enemigos ya afilaban sus cuchillos pensando en repartirse su territorio.


Una fatídica noche, meses después, Mule fue alertado por múltiples emisarios de que las fronteras de su tierra estaban siendo atacadas por sus enemigos.


El Duque, desesperado, corrió una última vez al taller y se subió a la máquina de guerra, esperando un milagro. Pero ésta no se movió.


Mule rompió a llorar, maldiciendo al cielo y a los Dioses.


Pero de repente, una voz sonó en su cabeza.


– “Debe tener fe, Duque” – dijo esa misteriosa ilusión.


Mule reconoció perfectamente esa voz. Era el mismo individuo que le habló en sus sueños.


– “¡Hice lo que me pediste!” – replicó el Duque. – “¡He construido la máquina! ¡¿Qué más quieres de mí?!”

– “Debe creer en mí.” – respondió la voz. – “Debe someterse a mí si quiere salvar a su pueblo.”


Mule se asustó ante tal petición, pero en el horizonte podía oír los gritos de sus hombres siendo masacrados.


– “¡Está bien!” – exclamó el Duque. – “¡Mi voluntad es vuestra!”

– “Bien.” – respondió la voz. – “Cree en mí y camina.”


De repente, un torbellino de energía imbuyó la máquina de guerra, que empezó a moverse automáticamente según las intenciones de Mule.


En el campo de batalla, la muerte avanzaba hacia el interior de la provincia. Los pequeños soldados autóctonos eran incapaces de contener a los invasores, que ya creían tocar la victoria con sus dedos.


Pero en ese instante, un gigante verde apareció ante ellos, dejando el lugar en silencio. 


– “¿Qué es esa cosa?” – se preguntaba uno.

– “Eso es…” – tartamudeó un soldado. – “¡Es el muñeco! ¡El muñeco de Mule!”


El hombre de metal golpeó el suelo con fuerza y se formó una gran fisura que engulló a gran parte del ejército enemigo.


Muchos soldados desertaron en ese mismo momento, pero aún eran muchos los que decidieron oponerse fútilmente a Mule. Sus golpes de espada y lanza eran incapaces de penetrar la armadura de \”batetsu\”.


El hombre de hierro repartía golpes a diestro y siniestro, levantando a decenas de soldados del suelo con cada aspaviento.


En unos pocos minutos, una guerra que parecía no tener fin había terminado. 


Los rumores empezaron a extenderse por Equus. El muñeco de Mule pasó de ser motivo de mofa a causar el terror entre sus enemigos, que no tardaron en deponer sus armas y aceptar la autoridad del Duque. 


La paz llegó así a Equus gracias a la fe de Mule.

Dolltaki observa a sus seguidores, que lo escuchan atentamente.

– “¡Y fe es lo que os pido!” – exclama el predicador. – “¡El Dios Luud lo exige a cambio de su favor! ¡Demostrad vuestra fe, tal y como hizo el Duque!”

La gente adora la figura gigantesca del Dios que adorna el altar mientras recitan oraciones en su honor.

– “Y eso fue solo el principio…” – continúa con una media sonrisa.

Desde el balcón interior, el brujo Hoi contempla satisfecho la escena.

DBSNL // Capítulo 156: Piccolo Daimaoh

DBSNL // Capítulo 156: Piccolo Daimaoh

“Eres repugnante…”

En la Tierra, un airado Piccolo clava su mirada en Garlick, que sonríe al sentir el tenebroso ki del namekiano.

– “Parece que tu fragmentada alma intenta resistir la transformación.” – dice el demonio del Makai. 

Kaiosama intenta observar la Tierra desde su planeta. La oscuridad del Reino de los Demonios ha llamado su atención, pero a la vez le impide ver con claridad.

– “Es terrible…” – murmura el Kaio del Norte. – “¿Qué está pasando allí?”

Dende corre hacia su amigo, dispuesto a intentar ayudarle a mantener el control.

La oscuridad avanza por el cuerpo del namekiano, que emite un grito ensordecedor que eriza el vello de todos los presentes. Un alarido lleno de rabia y dolor.

– “¡YAAAAAAHH!” – grita Piccolo.

El violento alarido ha detenido a Dende, que se cubre los oídos y cae de rodillas.

Garlick parece satisfecho.

– “La oscuridad te ha consumido” – murmura el diablo.

Garlick cierra su portal, deteniendo las fuertes corrientes de aire que sacudían la Atalaya.

El namekiano contempla sus manos y sonríe. Su ropa se repara mágicamente y se convierte en un gi azulado que luce el kanji \”Ma\” en el pecho. El demonio pronto estalla en una sonora y malévola carcajada.

– “¡JAJAJAJA!” – ríe Piccolo. – “Después de tanto tiempo… ¡HE VUELTO!” – exclama.

Dibujado por Ipocrito



Garlick se acerca a Piccolo y lo mira atentamente.

– “¿Quién eres tú?” – le pregunta el diablo. – “No eres el mismo namekiano.”

– “Soy Piccolo…” – responde orgulloso el namekiano. – “…Daimaoh.” – sonríe.

Dende contempla aterrado lo ocurrido.

– “No… Piccolo…” – murmura Kamisama.

Cerca de allí, Bra ha recogido a Pan antes de que cayera.

– “¿Estás bien?” – pregunta la hija de Vegeta a su amiga.

– “Tenemos que hacer algo…” – responde Pan, aturdida pero preocupada por sus amigos.

– “La energía de Piccolo ha cambiado.” – dice Bra, resignada. – “Es tan oscura como la de nuestros enemigos.”

– “Tío Piccolo…” – sufre Pan.

En la Atalaya, Dende se pone en pie y avanza hacia su compatriota.

– “¡PICCOLO!” – exclama el joven Kamisama. – “¡Recuerda quién eres!”

Piccolo ignora a su compatriota, pero Dende insiste.

– “¡Recuerda a Son Gohan!” – exclama el Dios.

Daimaoh clava su mirada airada en Dende.

– “¡FUERA DE MI VISTA!” – grita el namekiano, que con un violento gesto de su mano crea una gran explosión que empuja a Dende lejos de la Atalaya.

Kamisama, aturdido, se precipita a la superficie terrestre.

Garlick sonríe satisfecho.

– “¿Vas a unirte a nosotros?” – pregunta el diablo. – “Juntos sumiremos el universo en tinieblas.”

Piccolo parece recapacitar un instante.

– “Tengo una condición.” – responde el namekiano.

– “¿Qué quieres?” – pregunta Garlick.

– “Cuando esto acabe…” – sonríe Piccolo Daimaoh. – “La Tierra es mía.”

Garlick asiente.

– “Está bien…” – dice el pequeño diablo, que recupera su forma menuda.

El brujo se acerca a los demonios.

– “No podemos controlar esta llave” – dice el brujo.

– “Con un poco de suerte cosechará por su cuenta.” – responde Garlick.

Pan y Bra han ascendido de nuevo hasta la Atalaya, pero solo logran ver a Garlick, a Salabim y a Piccolo desaparecer.

– “¡Tío Piccolo!” – exclama Pan, en vano. – “Se han ido…” – llora mientras aprieta sus puños con rabia.

– “Pero él sigue aquí” – dice Bra, que ve a Janemba alzando su arma, dispuesto a atacar.

Pan intenta sentir el ki de Ub en su enemigo.

– “Tiene que estar ahí dentro…” – murmura Pan. – “¡Tiene que seguir ahí!”

– “¡Ahora es nuestro enemigo!” – replica Bra. – “Y es demasiado fuerte… Ni siquiera luchando juntas tenemos posibilidades.”

Pan tiene una idea.

– “Luchando juntas…” – murmura la mestiza.

– “¿Qué?” – se extraña Bra.

De repente, Janemba se prepara para abalanzarse sobre las chicas, pero un torrente de energía cae sobre él, deteniéndole y causando una gigantesca explosión que desintegra gran parte de lo que quedaba de la Atalaya.

Pan y Bra miran al cielo y ven a un viejo amigo de la familia.

– “¡TEN SHIN HAN!” – exclama Pan, contenta de ver al amigo de su abuelo, que acaba de realizar su Kiko-ho.

El guerrero de tres ojos sonríe a las muchachas un breve instante, pero enseguida se centra en su enemigo.

– “¡¿Dónde están los muchachos?! ¡¿Y Piccolo?!” – pregunta el terrícola.

– “Goten y Trunks han desaparecido.” – dice Pan. – “Y Piccolo…”

– “Ahora está con ellos.” – interviene Bra.

El rostro de Ten refleja el pesar que siente, pues ya sospechaba lo peor al haber sentido el cambio en el ki del namekiano. 

De repente, Janemba se materializa lentamente a la espalda de Ten Shin Han, como un puzzle tridimensional que se reconstruye.

– “¡CUIDADO!” – exclama Pan.

Janemba blande su espada, listo para ajusticiar al terrícola, pero en el último instante siente que algo se acerca por su espalda. 

Un Kienzan intentaba sorprenderle, pero él se da la vuelta y propina un espadazo al disco cortante, haciendo que se disipe.

Krilín también ha llegado.

Janemba alza su mano hacia el terrícola, dispuesto a matarle, pero una esfera de energía asciende por delante de su rostro llamando su atención, y pronto da un giro brusco e impacta en su nuca, aunque no le causa ningún daño. 

El autor del ataque es Yamcha, que ha utilizado la Shokidan. 

De repente, el demonio recibe una patada en el rostro que lo hace retroceder. Los androides 17 y 18 han aprovechado que su ki es indetectable para sorprender a Janemba. Los dos le lanzan un poderoso ataque de ki conjunto que impacta de lleno contra el diablo.

En la aldea de la Tierra Sagrada, Marron ha salvado a Dende de la caída y lo ha llevado con Upa y Yajirobe.

– “¿Qué ha pasado?” – pregunta Upa.

– “Dende necesita ayuda” – dice Marron, posando al namekiano en el suelo.

– “No se preocupe, Kamisama” – dice Yajirobe, sacando su última semilla.

– “Kami… Kamisama…” – se sorprende Upa, impactado por encontrarse ante el todopoderoso. 

Marron asciende hacia la Atalaya para ayudar a sus amigos.

Mientras tanto, Chaoz ha viajado a la Torre de Karín para pedirle semillas senzu al Duende. El felino le entrega todas las que tiene, pero son pocas; solo tres.

Cuando la polvareda se disipa, Janemba aparece intacto, pero furioso.

Frente al demonio, los terrícolas se reúnen para plantarle cara. Ten Shin Han, Chaoz, Yamcha, Krilín, Marron, Lázuli y Lapis se ponen en guardia. Bra y Pan se unen a ellos.

– “Sabéis que no podemos ganar, ¿verdad?” – dice Krilín, forzando una media sonrisa que resulta en una mueca nerviosa.

– “Lucharemos hasta el final.” – dice Ten Shin Han.

– “¿Dónde están Goku y Vegeta?” – pregunta Yamcha.

– “Muy lejos de aquí” – responde Marron. – “Entrenando.”

– “Estamos solos.” – dice Lapis.

Mientras tanto, en el planeta Popol, Helles extiende sus alas, que brillan con fuerza, y lanza un poderoso ataque cortante hacia Cell.

El insecto crea una gigantesca barrera de energía que lo protege de los impactos. En ella ha incluido a los tres saiyajín.

Cuando cesa el ataque de Helles, Cell se abalanza sobre su enemiga, pero ella esquiva el ataque de Cell y contraataca con un rápido giro que combina con un golpe de ala con el que secciona el brazo izquierdo del insecto.

Cell retrocede. Su rostro muestra un estado de pánico al ver que su extremidad ha sido cercenada.

Helles guiña un ojo y eso causa una gran explosión bajo los pies del insecto, que sale despedido por los aires.

La poderosa mujer se abalanza sobre su enemigo, que esquiva un nuevo golpe de ala de Helles y retrocede, disparando con su mano derecha una esfera de ki hacia su enemiga.

Helles alza el vuelo, pero el ataque de Cell la persigue, obligándola a esquivarlo en múltiples ocasiones.

La mujer, harta de huir, se detiene y se envuelve por sus bellas alas, protegiéndose del impacto.

Una gigantesca explosión ilumina el cielo.

Cuando se disipa la polvareda, Helles aparece intacta, pero para su sorpresa se encuentra rodeada de una docena de esferas de ki que levitan a su alrededor.

– “Es inútil” – sonríe ella, lista para cubrirse de nuevo.

Cell hace que las esferas se abalancen sobre su enemiga, desencadenando una tormenta de explosiones sucesivas.

Cuando las explosiones cesan, Helles abre sus alas y limpia el cielo del humo de la explosión. No ha sufrido ningún daño.

Cell parece cansado. Su brazo cercenado pierde sangre.

– “Maldita sea…” – lamenta el insecto.

Helles apunta a su enemigo con ambas manos y en ellas se genera una esfera de energía anaranjada.

– “¡DESAPARECE BAJO MI BELLO RESPLANDOR!” – exclama la mujer, que proyecta su poderoso ataque hacia Cell. 

El insecto prepara su respuesta; un Kamehameha con una sola mano.

– “Ka… Me… Ha… Me…” – se prepara. – “¡HAAAAAAAA!” – dispara Cell.

Los dos ataques chocan en el aire. El insecto pone todas sus fuerzas en contrarrestar la técnica de Helles, pero éstas pronto flaquean. El ataque de la mujer gana terreno rápidamente.

Kale, Tarble y Broly observan el duelo.

– “No lo conseguirá…” – murmura Tarble.

Broly observa al insecto luchando y sus ojos se tornan de color magenta.

De repente, los ojos de Cell se iluminan del mismo color que los del saiyajín.

– “Este poder…” – se da cuenta el insecto, que mira de reojo a Broly. – “¿Es suyo? ¡Es sobrecogedor!”

Helles frunce el ceño al sentir un cambio en la energía de su enemigo.

El aura de Cell estalla de color magenta.

– “¡HAAAAAAAA!” – grita Cell al infundir su Kamehameha con el exceso de poder que le embarga.

El ataque supera rápidamente al de su adversaria, que intenta cubrirse en el último instante para protegerse de su posible final.

Tras el titánico esfuerzo, Cell cae de rodillas.

Broly, agotado por forzar esa transmisión de poder en su delicado estado, pierde el conocimiento.

En el cielo, una vez más, Helles resulta haber sobrevivido, pero sus alas se han quemado, perdiendo gran parte de su bello plumaje, y la mujer se precipita contra el suelo.

Cell, sin fuerzas, fracasa al intentar ponerse de pie.

Helles se acerca al insecto y lo mira con desprecio. La mujer agarra el rostro de Cell y le obliga a mirarla.

– “No puedes matarme.” – dice ella, fanfarroneando a pesar de su estado.

Cell, como aparente último acto de rebeldía, escupe a la mujer, alcanzando su mejilla.

– “Eres repugnante…” – le dice Helles.

Una media sonrisa de Cell desconcierta a la mujer, que no tarda en darse cuenta de lo que sucede. Su cuerpo ha empezado a convertirse en piedra.

– “¡¿Qué significa esto?!” – exclama Helles, que intenta limpiarse el escupitajo, transfiriendo la transformación también a su mano. – “¡NO!”

– “La verdadera belleza es efímera” – dice Cell.

El insecto se pone en pie y regenera su brazo, revelando estar en plena forma.

– “Maldito… ¡ME HAS ENGAÑADO!” – gruñe mientras la transformación avanza por su cuerpo. – “¡TE MATARÉ!” – grita intentando atacar a su adversario, pero finalmente se convierte en una estatua de piedra.

Cell sonríe satisfecho y acerca su mano a la frente de Helles para golpearla con un dedo, como quien se libra de una molesta mosca, derribando la estatua de piedra, que estalla en un centenar de pedazos.