DBSNL // Capítulo 160: Derrota

DBSNL // Capítulo 160: Derrota

“Sin las Dragon Balls, no hay nada que podamos hacer.”

En la Atalaya de Kamisama, Janemba ríe a pleno pulmón.

– “¡JIJIJIJAJAJAJAJA!” –  suelta una carcajada.

El Kaio del Norte siente lo ocurrido desde su planeta.

– “Todo este dolor…” – murmura el Dios. – “Es terrible…”

Kaiosama intenta buscar a Goku con sus antenas.

– “Son Goku se encuentra lejos de mi alcance…” – lamenta el Dios. – “Puede que con Vegeta tenga más suerte…”

Los guerreros Z aprietan los puños con rabia.

– “No vas a salirte con la tuya…” – refunfuña Yamcha. – “¡NO TE LO PERMITIREMOS!”

Krilín, Yamcha, Lapis, Ten y Chaoz se abalanzan sobre el enemigo, pero éste desaparece convertido en un millar de pequeñas piezas.

– “¡¿DÓNDE ESTÁ?!” – exclama Ten.

Janemba se recompone detrás de Chaoz.

– “¡CUIDADO, CHAOZ!” – grita Ten Shin Han.

El pequeño guerrero se da la vuelta, pero el enemigo lo agarra del cuello. Chaoz intenta liberarse, pero no lo consigue.

– “¡SUÉLTALO!” – exclama Ten, que se abalanza sobre Janemba.

De repente, un crujido hace estremecer a todos los presentes. Chaoz ha dejado de pelear.

– “Chaoz…” – llora Ten, que se ha quedado inmóvil.

– “Maldito…” – gruñe Krilín.

Janemba suelta al pequeño luchador, que se precipita hacia la superficie terrestre, y se prepara para atacar a nuestros amigos, pero una barrera de energía aparece a su alrededor.

– “¡MARCHÁOS!” – grita Lapis, que intenta contener al enemigo.

Ten Shin Han, Krilín y Yamcha se miran dubitativos. No quieren huir.

– “¡LARGO!” – insiste el androide.

Janemba se acerca a la barrera y la araña con sus uñas.

– “¡Jijiji!” – ríe el demonio.

Yamcha agacha la cabeza, pensativo.

– “Dende ha muerto. Sin las Dragon Balls, no hay nada que podamos hacer.” – lamenta el terrícola. – “No vale la pena escapar. No llegaremos muy lejos.”

– “Lucharemos hasta el final.” – dice Krilín.

Janemba alza su arma y propina un espadazo cuyo poder destructivo atraviesa la barrera, obligando a Lapis a agacharse para esquivarlo. La barrera estalla como una pompa de jabón.

– “¡Aquí viene!” – dice el androide.

Janemba se abalanza sobre él y lo golpea en el abdomen. Múltiples partes mecánicas estallan por su espalda. Tuercas, placas y tornillos atraviesan su piel como metralla.

– “¡LAPIS!” – grita Krilín.

Yamcha y Ten Shin Han se abalanza sobre el diablo. Krilín asiste al androide.

– “¡COLMILLOS DE LOBO!” – grita Yamcha.

– “¡PUÑO AMETRALLADOR!” – exclama Ten.

Los dos luchadores propinan una tormenta de golpes conjunta al diablo, que ni se inmuta frente a ellos.

Ten y Yamcha retroceden, aterrados ante el poder del monstruo.

Janemba alza su mano hacia ellos, dispuesto a eliminarlos.

Yamcha se da cuenta y propina una patada en el costado de Ten, apartándole justo en el momento en que el diablo proyecta su ataque, que engulle al terrícola.

Ten Shin Han se queda inmóvil ante la terrible escena.

– “Yamcha…” – murmura el guerrero de tres ojos.

Janemba sonríe, pero de repente algo llama su atención. El demonio se disuelve en un millar de partes, dejando a los guerreros Z solos y confusos.

– “¡¿A dónde ha ido?!” – se pregunta Krilín.

– “Ha desaparecido…” – dice Ten. – “Ya no puedo sentir su energía…”

En Imegga, la Kaioshin del Oeste ha acabado ha matado a Napapa con su mirada desafía a los tres enemigos restantes. 

Ledgic se pone en pie, sorprendido ante la presencia de la Diosa.

– “¿Quién eres?” – pregunta el imegga.

– “Soy la Kaioshin del Oeste” – revela Narai.

Los tres enemigos dan un paso atrás.

– “¿Un Kaioshin?” – murmura Rubalt.

– “¿Qué hace un Dios aquí?” – se pregunta Murishim.

Ledgic mira a Narai desconfiado.

– “Creo que no sabéis hasta qué punto es terrible lo que estáis haciendo” – dice la Diosa. – “Así que os daré una oportunidad. ¡Entregaos!”

Los tres campeones del “Saikyo no Senshi” se miran entre ellos y después sonríen.

– “Diosa o no, no pareces una luchadora” – dice Murisam.

– “Solo has matado a Napapa porque le has atacado por la espalda.” – añade Murishim.

– “Vamos a darte una lección de modales, muchacha” – fanfarronea Rubalt.

Ledgic se pone en pie entre Narai y los luchadores.

– “¿Qué haces?” – pregunta la Diosa, algo confusa.

– “Una Diosa no debería ensuciarse las manos con ellos.” – dice Ledgic.

– “El universo está sumido en el caos.” – dice Narai. – “Ya es hora de que los Dioses nos ensuciemos las manos.”

Murisam es el primero en atacar, pero la Diosa extiende su mano hacia él y lo empuja con su poder telekinético, estrellándole contra un edificio.

Rubalt y Murishim se miran asustados ante el incomprensible poder que acaban de presenciar, y no tardan en echar a correr.

Ledgic da un paso dispuesto a perseguirlos, pero antes de que pueda reaccionar, la Diosa aparece frente a Rubalt y lo detiene con una patada en la nariz que lo deja fuera de combate.

Murishim sigue corriendo sin mirar atrás, pero la Diosa levanta una gigantesca roca con su poder mental y la lanza contra el luchador.

Ledgic observa la escena asombrado.

– “¿Qué está pasando?” – piensa el imegga. – “¿Qué puede provocar la intervención de los Dioses?”

– “Intentamos ayudar” – responde telepáticamente Narai, sorprendiendo al guerrero. – “Estamos luchando en la misma guerra.”

Muy lejos de allí, en el planeta Shikk, un pequeño grupo de habitantes se encuentra encerrado en la sala del trono del Rey. Los soldados se encuentran en primera línea apuntado al enorme portón de entrada con sus rifles de energía.

La puerta está recibiendo duros golpes y parece que la cerradura empieza a ceder.

– “¡Ya casi han entrado!” – advierte un soldado.

– “¡Preparados para disparar!” – ordena otro.

Pero de repente todo se queda en silencio, inquietando a todos los presentes.

Tras un breve instante, uno de los soldados se acerca a la puerta y escucha a través de ella.

– “No oigo nada…” – dice el hombre.

El Rey asiente y el soldado abre la puerta ligeramente para observar lo ocurrido.

Una decena de bandidos se encuentran inconscientes en el suelo y un solo hombre se yergue entre ellos. El personaje es alto y viste una elegante ropa roja con grandes hombreras; su cabello es blanco, largo y lacio, y su piel es rosada.

Antes de que el soldado pueda reaccionar, el misterioso personaje le mira y asiente antes de desaparecer.

El Rey, al no recibir respuesta de su hombre, se impacienta.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Su Majestad.

– “Se acabó…” – dice el soldado.

– “¿Cómo dices?” – insiste el Rey.

– “¡Se acabó!” – celebra el soldado. – “¡Nos han salvado!”

Los habitantes de Shikk se abrazan los unos a los otros con lágrimas en los ojos.

En el Cuartel General de la Patrulla Galáctica, Shiras se tapona su herida en el abdomen. Zamas y Champa se ponen en guardia.

– “Si seguimos trabajando juntos podremos ganarle” – dice Zamas.

Pero una media sonrisa del patrullero alerta a los Dioses. La herida brilla con luz morada y se cierra lentamente de dentro hacia fuera.

– “¿Qué ha sido eso?” – se pregunta Champa.

– “Hizo retroceder el tiempo…” – refunfuña el Dai Kaioshin.

Shiras ríe.

– “¡JAJAJA!” – exclama el patrullero.  – “Mojito me devolvió mis poderes cuando me liberó y ahora soy más fuerte que nunca.”

Zamas y Champa se abalanza sobre su contrincante, que detiene el ataque de los dos a la vez con su vara.

– “¡No podéis detenerme!” – exclama furioso el patrullero.

De repente, una tormenta de golpes invisibles sacude a los Dioses.

Champa y Zamas retroceden.

– “Si pudiera acercarme lo suficiente…” – refunfuña Champa. – “Solo necesito que baje la guardia un momento.”

– “Intentaré crearte una oportunidad.” – dice Zamas. – “No falles.”

El gotokoneko asiente.

Zamas utiliza su poder mental para controlar los escombros de la las instalaciones de la Patrulla Galáctica y los lanza contra Shiras. 

El patrullero parece que no se mueve, pero los escombros salen repelidos en todas direcciones.

De repente, Zamas se teletransporta detrás de Shiras, espada de ki en alto. 

En un abrir y cerrar de ojos, Zamas se da cuenta de que Shiras le ha agarrado el brazo y ha hecho que él mismo se ensarte el pecho con su espada. 

Champa aparece ahora detrás de Shiras y coloca la palma de la mano sobre la espalda del patrullero.

– “¡HAK…!” – exclama el Dios.

Pero el gotokoneko se da cuenta en ese instante de que Shiras le ha roto el brazo.

– “¡AAAAH!” – grita Champa.

Con un golpe de vara en la barbilla, Shiras acalla al felino, y con otro le rompe la nariz, dejándolo aturdido.

El legendario patrullero mira a los malheridos Dioses con desprecio.

– “Siempre habéis sido incapaces de proteger a los mortales a vuestro cuidado.” – dice Shiras. – “Pero no os preocupéis.” – sonríe mientras alza su vara, agarrada con sus dos manos, lista para dar el golpe de gracia al Hakaishin. – “Ahora nosotros nos encargaremos de ellos.”

En un instante, todo ha terminado y Shiras se ha marchado.

Los cuerpos de los dos Dioses flotan en el silencioso espacio.

Un último pensamiento cruza la mente de Zamas antes de perder la vida.

– “Lo siento…” – derrama una lágrima. – “Señor Beerus… Piccolo… Hemos fallado.”

En Gelbo, Freezer y Liquir caminan por la superficie del planeta, ahora árido y sin vida.

– “No queda nada.” – observa Liquir.

– “La oscuridad ha consumido el planeta.” – dice Freezer.

En ese instante, frente a ellos, una silueta horonda se presenta. Un personaje con aspecto de pez-gato bípedo, de tez azulada y con dos largos bigotes maxilares, se interpone en su camino.

– “Es él.” – dice el demonio del frío.

– “¿Es el brujo?” – pregunta el kurama.

– “Reconozco esta sensación.” – dice Freezer. – “La he sentido antes.”

– “¿Qué hacemos?” – pregunta Liquir.

– “Déjame hablar a mí.” – sonríe Freezer. – “La diplomacia siempre se me ha dado bien.”

El Emperador camina hacia el Kashvar.

– “Tú no deberías estar aquí…” – dice el brujo. – “No perteneces a este universo.”

– “Y, sin embargo, aquí estoy.” – responde Freezer.

– “No lograréis detenernos.” – sonríe el Kashvar. – “¡“El que vio” renacerá y…!”

– “Sí, sí…” – le interrumpe el tirano, hastiado. – “Ya me sé la historia.”

El Kashvar parece molesto con la falta de respeto del tirano.

– “He venido a negociar.” – dice Freezer.

– “¿Negociar?” – se sorprende el brujo.

Freezer alza su mano hacia el cielo. En su nave, la caja de música sale volando, rompiendo uno de los ojos de buey del aparato, y desciende hacia la superficie del planeta para posarse sobre la mano del tirano.

– “¡¿QUÉ ESTÁS HACIENDO?!” – exclama furioso Liquir.

Freezer sonríe.

– “Ignórale.” – le dice al Kashvar.

Liquir se abalanza sobre Freezer con intención de arrebatarle la caja, pero el demonio del frío detiene al kurama en el aire con su poder mental y lo empuja contra una montaña, que se derrumba sobre el zorro.

– “Cómo iba diciendo…” – continúa el tirano. – “Vengo a negociar.”

El brujo parece confuso, pero complacido.

– “¿Y qué quieres?” – pregunta el kashvar.

– “Un trozo del pastel.” – sonríe Freezer.

El kashvar asiente.

– “Tendrás lo que deseas.” – sentencia el brujo.

Freezer parece satisfecho.

– “Pues, ¿a qué esperamos?” – sonríe el tirano.

En Monmaas, Arak juega con Goku.

– “Tienes un poder fascinante, Son Goku…” – dice el brujo. – “Pero ahora es inútil. Tus amigos están muriendo y no puedes hacer nada.”

– “Cuando todo haya acabado usaremos las Dragon Balls.” – dice Goku.

– “Las Dragon Balls…” – repite Arak. – “Una fuente increíble de poder mágico.”

El brujo busca en su cinturón y revela la esfera de cuatro estrellas.

– “¡La Suu Shinchu!” – se sorprende Goku. – “¿Cómo es posible que la tengas?”

– “¿Azar? ¿Destino?” – responde el brujo. – “¿Quién sabe?”

– “Dámela” – exige el saiyajín.

– “¿La quieres?” – sonríe Arak.

Son Goku se abalanza sobre el kashvar y le arrebata la esfera fácilmente.

El brujo ríe en tono burlón.

Son Goku mira la Dragon Ball, pero ésta ha desaparecido y él vuelve a encontrarse en el centro de la sala.

– “¿Qué significa esto?” – se pregunta el saiyajín.

Arak sigue en el mismo lugar que antes, con la Suu Shinchu en la mano.

– “Habéis perdido, Son Goku” – sentencia el brujo.

En la Sala del Espíritu y el Tiempo, Bra y Pan están entrenando cuando de repente sienten una terrible presencia.

Las dos mestizas se dan la vuelta aterrorizadas para ser testigos de un extraño fenómeno; pieza a pieza, Janemba se reconstruye frente a ellas.

ESPECIAL DBSNL /// Los últimos // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte III: Secretos

Los últimos / Parte III: Secretos

“¿Y el otro es todavía más fuerte?”

Bonacala ha activado el \”Modo Ultra\” de su traje y está listo para zanjar el combate de una vez por todas.

Raditz se pone en guardia, preparado para enfrentarse al toreristo, pero preocupado por las habilidades con las que puede sorprenderle esta nueva versión de su armadura.

Cerca de allí, una nube de polvo se ha alzado tras el impacto del proyectil lanzado por los sautén sobre Vegeta. En la colina, los tres sautén siguen atentos al resultado del ataque.

– “¿Estado del objetivo?” – pregunta el cabecilla del grupo.

– “El impacto ha sido directo, Gryll” – responde el tirador.

– “Eso no es lo que he preguntado…” – insiste el líder sautén.

Nappa busca a los enemigos y logra identificarlos sobre la montaña.

– “¡Ahí están!” – exclama enfadado el saiyajín.

El grandullón reúne una gran cantidad de ki en su mano derecha y se prepara para lanzarlo como si fuera una pelota de béisbol.

– “¡ESTÁIS MUERTOS!” – grita mientras lanza el ataque con fuerza.

El ataque describe una gran parábola como si fuera un disparo de mortero directo sobre los enemigos, que enseguida abandonan sus posiciones e intentan huir saltando colina abajo. 

– “¡MOVEOS!” – advierte Gryll. – “¡RÁPIDO!”

El ataque de Nappa estalla sobre la loma, convirtiéndola en una árida llanura.

Los tres sautén se quedan tumbados en el suelo, con algunos magullados y con algunos huesos rotos por la caída y los escombros.

Gryll intenta levantarse, cuando se da cuenta de que frente a él se encuentra Vegeta, que no ha sufrido ningún rasguño.

– “Un pelotón de cinco sautén…” – murmura el saiyajín.

Vegeta dispara a los dos compañeros de Gryll y los desintegra a sangre fría.

– “Ahora tú y yo vamos a tener una pequeña charla.” – sonríe el Príncipe.

Mientras tanto, Bonacala se ha abalanzado sobre Raditz y le ha propinado un puñetazo en el abdomen que ha resquebrajado su armadura. El saiyajín ni siquiera ha sido capaz de ver a su enemigo aproximarse.

Bonacala propina un codazo en la nariz de Raditz, que sale propulsado a varios metros de distancia. 

El toreristo enseguida mira de reojo a los otros dos saiyajín. 

– “Tengo que acabar esto cuanto antes” – piensa Bonacala. – “Mis reservas de energía son limitadas.”

El toreristo salta por los aires y choca los puños frente a su pecho, imbuyéndolos con energía flamígera.

Raditz, que se estaba levantando, recibe la alerta de su scouter y retrocede rápidamente, evitando el golpe de Bonacala, que hace estallar el suelo contra el que impacta como si detonara una bomba.  

Nappa, harto de la incompetencia de su compañero, decide intervenir en el combate y embiste al toreristo por la espalda.

– “¡YA ERES MÍO!” – grita el grandullón.

Pero Bonacala da una pirueta en el aire y deja pasar de largo a Nappa para después dispararle un rayo zigzagueante que propina una terrible descarga eléctrica que inmoviliza al saiyajín.

Nappa, furioso, se esfuerza en sobreponerse a esa energía que recorre su cuerpo y finalmente logra zafarse de esa prisión eléctrica.

Bonacala retrocede asombrado.

– “Es la primera vez que veo a alguien liberarse…” – murmura el toreristo.

Nappa se da la vuelta y clava su airada mirada en Bonacala.

– “Se acabaron los juegos” – dice el saiyajín. – “Ahora yo me encargaré de ti.”

Raditz intenta intervenir.

– “¡Es mi combate, Nappa!” – protesta el hermano de Kakarotto.

– “¡Has perdido tu oportunidad!” – replica Nappa. – “¡Es mi turno!”

Bonacala se pone en guardia y analiza a sus enemigos.

– “¿Y el otro es todavía más fuerte?” – se pregunta mirando a Vegeta.

El Príncipe patea continuamente a Gryll, que se lamenta en el suelo.

– “¡Habla de una vez!” – exige Vegeta. – “¡Pronto me quedaré sin huesos que romperte!”

Mientras tanto, bajo los escombros del edificio central, el malherido caballero que observaba el ataque saiyajín desde su lujoso despacho se encuentra apresado entre cascotes, intentando alcanzar su bastón, al que casi puede rozar con la yema de los dedos.

– “Malditos…” – lamenta el toreristo. – “No dejaré que el Imperio se salga con la suya…”

En la superficie, Bonacala vuelve a imbuir sus puños de energía y se abalanza sobre Nappa, que se prepara para detener el golpe, pero en el último instante es sorprendido por un cambio de ritmo del toreristo que logra conectar su puñetazo en la mejilla del saiyajín.

Una gran explosión tiene lugar y Nappa sale disparado por los aires, dando varias vueltas de campana sorbe el suelo hasta que choca contra las ruinas de un edificio.

Raditz mira asombrado la situación, pues jamás había visto a alguien golpear de esa forma a su compañero.

Nappa sale de entre los escombros más furioso que nunca.

– “¡¡ESTOY HARTO DE ESTE IMBÉCIL Y SUS TRUCOS!!” – grita el saiyajín. 

Bonacala se sorprende una vez más del aguante de Nappa.

– “Ha encajado un puñetazo de mi traje en \”Modo Ultra\” y se levanta como si nada…” – se pregunta el toreristo. – “¿A qué clase de monstruos me estoy enfrentando?”

El saiyajín embiste a su enemigo.

– “¡VAS A MORIR!” – grita desquiciado. 

Bonacala choca sus puños de nuevo y los prende de nuevo antes de responder a Nappa de la misma forma.

Los dos se acerca el uno al otro como dos trenes de alta velocidad hacia un choque frontal inevitable.

– “A esta velocidad no puede maniobrar con facilidad” – piensa Bonacala. – “Si me anticipo a su golpe puedo terminar el combate.”

De forma repentina, Nappa abre su boca y proyecta un torrente de energía que sorprende a Bonacala.

El toreristo que no puede evitar recibir el impacto directo del ataque. Una gran explosión sacude la zona.

Cuando la polvareda se disipa, revela a Bonacala tumbado en el suelo, con parte de su traje chamuscado y medio casco roto.

Una gran sonrisa se dibuja en el rostro de Nappa.

Raditz no parece muy satisfecho por la aparente victoria de su compañero.

No muy lejos de allí, Vegeta se ha dejado al sautén hecho unos zorros. Parece que a Gryll solo le queda un soplo de vida.

– “¡¿Qué habéis venido a hacer aquí?!” – insiste el saiyajín. – “¡Habla de una vez!”

– “Supongo que lo mismo que vosotros…” – responde el sautén.

De repente, bajo los escombros del edificio central, el toreristo ha alcanzado su bastón y la esfera que adorna su pomo brilla intensamente.

– “No puede caer en manos del Imperio…” – murmura el malherido personaje.

En la luna que orbita alrededor del planeta Toreri, ahora en fase menguante, en un laboratorio subterráneo, los sistemas se sobrescriben; los trabajadores pierden el control de las instalaciones.

– “¡¿Qué está pasando?!” – pregunta un científico toreristo alarmado.

– “¡Los terminales no responden!” – responde otro.

En ese instante, se da cuenta de un anuncio en panel que le aterra.

– “El… el sector 0…” – titubea el toreristo. 

En una de las salas del complejo, una compuerta se abre, revelando un cáliz lleno de una sustancia viscosa morada colocado en el centro de una sala vacía.

Uno de los científicos se da cuenta de lo que ocurre y se apresura en ponerse un traje aislante.

– “¡La puerta del Comméson!” – exclama el toreristo, alertando a sus compañeros por su comunicador.

La sustancia morada empieza a reaccionar por sí sola, saliendo de su hibernación, y parece que aumente de tamaño lentamente.

El científico, pese a no haberse colocado el traje por completo, corre desesperado hacia la compuerta para intentar cerrarla.

El sujeto intenta usar el panel de comandos, pero no funciona, así que procede a cerrar la sala de forma manual. La compuerta pesa mucho, pero el toreristo pone todas sus fuerzas en ello.

El Commesón sigue despertando y de repente genera un tentáculo que agarra el brazo del científico.

– “¡AAAH!” – grita el torersito. – “¡AYUDA!” – exclama mientras sigue esforzándose en cerrar la puerta.

Varios trabajadores han acudido a su llamada, pero al ver el tentáculo de Commesón enseguida retroceden y echan a correr.

La sustancia viscosa avanza por el cuerpo del toreristo hasta consumirlo por completo, convirtiéndolo en parte de sí mismo. 

En unos instantes, el Commesón ya se extiende por los pasillos del complejo y atrapa a cualquiera a su paso. 

De repente, Vegeta, Nappa y Raditz reciben una señal de alerta en sus scouter y alzan la vista al cielo.

– “¿Qué demonios es eso?” – se pregunta Nappa.

– “Supera las 9000 unidades…” – dice Raditz. – “¡Y sigue en aumento!”

– “¡Eso no es posible!” – replica Nappa.

Los scouter de los tres saiyajín estallan de repente, dejándoles sin palabras.

El moribundo Gryll sonríe.

– “Parece que buscábamos en el lugar equivocado…” – dice el sautén.

Vegeta mira boquiabierto la media luna.

En la superficie del satélite, el Commesón se filtra entre las compuertas del laboratorio y conforma una silueta humanoide. 

ESPECIAL DBSNL /// Los últimos // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte II: Bonacala

Los últimos / Parte II: Bonacala

“Justo hoy tenía que aparecer el Imperio…”

En el centro del cráter en el que antes se alzaba la ciudad, Bonacala y los tres saiyajín miran fijamente cuando Vegeta estalla en una carcajada.

– “¡Jajaja! ¡No me hagas reír!” – dice el Príncipe. – “¿Crees que tienes una oportunidad contra nosotros?”

El toreristo mira de arriba a abajo a los tres guerreros. 

– “Saiyajín…” – murmura Bonacala.

Raditz da un paso al frente mientras hace crujir sus puños.

– “Deja que yo me encargue, Vegeta” – dice el saiyajín.

– “Está bien.” – responde el Príncipe.

– “¿Estás seguro, Raditz?” – se burla Nappa.

El hermano de Goku ignora a su compañero y activa su scouter para analizar al enemigo.

– “Su fuerza de combate es minúscula.” – piensa Raditz. – “Acabaré con esto de un solo golpe.”

El saiyajín alza su mano y apunta a Bonacala.

– “¡Hasta nunca, imbécil!” – exclama Raditz antes de disparar un potente ataque de energía.

Una gran explosión tiene lugar en el interior del cráter en el que están peleando.

Raditz luce una media sonrisa victoriosa.

– “¿Ya está?” – se pregunta Nappa. – “Vaya decepción.”

Vegeta se mantiene serio.

– “¡IDIOTA!” – exclama repentinamente el Príncipe. – “¡ESTÁ DETRÁS DE TI!” – advierte a Raditz.

El hermano de Kakarotto se da la vuelta rápidamente, pero es sorprendido por un rodillazo de Bonacala en la nariz que lo derriba y lo deja sentado en el suelo.

El saiyajín se limpia la sangre de la nariz, frustrado, mientras se pone en pie.

– “¿Cómo…?” – refunfuña Raditz. – “¿Cómo es posible…?”

Bonacala ahora luce un traje rojo y blanco con una letra \”S\” en la hebilla de su cinturón

– “Esto es solo una muestra de mi \”Modo Speed\”” – dice el toreristo.

Nappa también ha sido sorprendido por la velocidad del enemigo y vuelve a analizarlo con su scouter.

– “Pero… su fuerza de combate sigue siendo la misma…” – murmura el grandullón.

Vegeta no dice nada, pero pone toda su atención en el traje del guerrero toreristo.

. “¿Será eso?” – se pregunta el Príncipe. 

Raditz se pone en guardia, listo para luchar, pero Bonacala desaparece frente a sus ojos.

– “¡Es muy rápido!” – exclama Nappa.

Vegeta es el único capaz de seguir al enemigo con la mirada.

– “¡LO TIENES ENCIMA!” – advierte el Príncipe a su compañero.

Raditz mira al cielo y se encuentra con el toreristo, con su traje negro y amarillo, con una \”B\” en su hebilla. El guerrero tiene los brazos formando una cruz frente a su pecho.

. “¡HAAAAA!” – dispara un rayo zigzagueante amarillo.

Raditz retrocede de un salto y esquiva el ataque, que impacta contra el suelo e imbuye una área de unos pocos metros de diámetro con energía chispeante. Bonacala desciende en el centro.

El toreristo mira de reojo a Vegeta.

– “Él parece el más fuerte de los tres” – piensa Bonacala. – “Tengo que reservar energía suficiente para ese combate.”

Raditz aprieta su puño con rabia.

– “¡BASTA DE JUEGOS!” – exclama el enfurecido saiyajín.

El saiyajín se abalanza sobre Bonacala, pero al entrar en el área afectada por el ataque previo parece sufrir una descarga que lo deja aturdido durante un breve instante. Bonacala aprovecha el momento para embestir al saiyajín y propinarle una patada en el abdomen, lanzándole a varios metros de distancia. 

Nappa aprieta los dientes enfadado con su compañero.

– “Raditz nos está haciendo quedar como idiotas…” – gruñe el grandullón. – “¡Yo me encargaré del toreristo!” – añade mientras da un paso al frente.

– “No” – le detiene Vegeta.

– “Pero… Vegeta…” – insiste Nappa.

– “He dicho que no” – añade Vegeta mirando a su compañero de reojo. – “Este es combate es de Raditz.”

– “Está… está bien…” – se clama Nappa, retrocediendo.

Raditz se levanta una vez más y mira de reojo a sus dos compañeros.

– “Maldita sea…” – gruñe el hermano de Goku. – “Voy a quedar como un tonto delante de esos dos…” – lamenta. – “¡No lo permitiré!”

El guerrero embiste a Bonacala e intenta golpearle con una tormenta de puñetazos y patadas, pero el toreristo retrocede esquivando todos los ataques del saiyajín.

Vegeta observa el combate con atención, cuando el scouter le indica que hay alguien más en la zona.

El saiyajín mira en la dirección que le marca el scouter y se da cuenta de que hay dos individuos sautén reptando entre los escombros de la metrópolis.

Los dos reptilianos avanzan hacia el lugar en el que se encontraba el edificio central.

– “Justo hoy tenía que aparecer el Imperio…” – lamenta uno.

– “¡Deja de lamentarte!” – replica su compañero con un susurro. – “Aún podemos conseguirlo. Esos cabezahuecas están ocupados con el toreristo. Solo tenemos que tener cuidado y…”

De repente, una sombre aparece sobre ellos. Aterrados, los dos sautén alzan su mirada y se encuentran con Vegeta levitando sobre sus cabezas.

– “¿Ibais a alguna parte?” – les pregunta el saiyajín con una media sonrisa fanfarrona.

Raditz sigue inmerso en su frustrante pelea con Bonacala, que sigue evadiendo al saiyajín sin permitirle conectar ni un solo puñetazo.

El saiyajín no puede evitar pensar en todas las burlas que ha sufrido por parte de Nappa y las que seguirá teniendo que soportar después de este combate, y las continuas faltas de respeto de Vegeta.

– “Maldito…” – gruñe Raditz. – “¡MALDITO SEAS!” – exclama al intentar propinarle un fuerte puñetazo. 

El golpe conecta con el adversario, resquebrajando la visera de su casco y lanzándole contra el suelo.

Un pitido del scouter alerta a Nappa.

– “¿Qué demonios ha sido eso?” – se pregunta el grandullón.

Nappa intenta revisar su dispositivo, pero la lectura ya ha desaparecido.

– “¿Un error?” – se pregunta el saiyajín. – “Estos cacharros…”

Bonacala se recupera rápidamente y mira con recelo a Raditz.

Mientras tanto, Vegeta ya ha ejecutado a uno de los sautén y ahora coloca su bota sobre la garganta del segundo, que se encuentra malherido en el suelo.

– “¿Qué hacéis aquí?” – le pregunta. – “Respóndeme y no te haré sufrir.”

De repente, un misil cae sobre Vegeta y explota.

En una colina lejana, un sautén observa con unos binoculares, mientras otro sostiene un humeante lanzacohetes. Un tercero contempla la escena de brazos cruzados.

– “Blanco alcanzado” – anuncia el tirador.

La explosión alerta a Nappa, Raditz y Bonacala.

– “¿Qué ha sido eso?” – se pregunta el grandullón. – “¿Más enemigos?”

Bonacala, al ver que la situación se complica, decide ponerse serio. Apretando un botón de la hebilla de su cinturón, la \”B\” que lucía se convierte en una \”U\” y su traje se torna blanco y morado.

– “¡\”Modo Utra\” activado!” – exclama mientras luce una pose de combate estrafalaria. – “¡Este es vuestro fin, enemigos de la justicia!”

DBSNL // Capítulo 159: Muerte

DBSNL // Capítulo 159: Muerte

“Habéis venido a morir.”

En la Tierra, Janemba se prepara para continuar con su diversión. 

En la Torre de Karín, Dende ha curado a Yamcha y ahora intenta curar a la Número 18, que está tumbada en el suelo, pero su éxito es limitado. Marron sujeta la mano de su madre.

– “Creo que puedo mantenerla con vida, pero no curar sus heridas.” – dice el namekiano. – “Necesita ayuda más allá de mis habilidades.”

– “Llevadla a la Corporación Cápsula.” – dice Yamcha.

Marron se pone en pie. 

– “Dende puede llevarla a la Capital del Oeste.” – dice la muchacha. – “Yo me quedo. ¡Quiero pelear!”

Yamcha agacha la cabeza, preocupado.

– “Necesito que me hagas un favor.” – dice el guerrero.

– “¿Un favor?” – se sorprende Marron.

– “Recoge a Suno y a Baicha y llévalos a la Corporación Cápsula.” – dice Yamcha. – “Puar y Hatchan debería estar en casa. Avisa también a Lunch, a Mai, al Maestro Roshi y a los demás.”

En ese instante, Marron se da cuenta de la gravedad de la situación.

– “Usad una de las naves de Bulma.” – continúa Yamcha. – “Preparaos para abandonar la Tierra.”

– “Pero…” – intenta hablar la hija de Krilín.

– “No sabemos si las chicas lograrán salir de la Sala.” – explica Yamcha. – “Sin Goten y Trunks, y con Piccolo y Ub como enemigos… Solo cabe esperar un milagro. Si Goku o Vegeta no aparecen, estamos perdidos.”

Marron se seca los ojos vidriosos y asiente. Dende y la muchacha se preparan para partir.

Karín llama una nube Kinton para ellos.

– “Así podréis cuidar de ella” – dice el felino.

– “Gracias, Duende Karín.” – dice Dende.

– “Es un honor, Kamisama” – responde el gato.

Los tres personajes parten hacia la Capital del Oeste. Yamcha asciende de nuevo hacia la batalla.

En el Cuartel General de la Patrulla Galáctica, Champa y Zamas se encuentran cara a cara con Shiras.

– “Se acabó” – dice Champa. – “Tu revuelta termina ahora.”

– “No podemos permitir que campes a tus anchas.” – dice Zamas. – “Hemos venido a detenerte.”

– “Habéis venido a morir.” – responde Shiras.

Zamas prepara sus espadas de ki, pero antes de poder moverse, Shiras ha aparecido delante de él y le ha propinado un golpe con su vara en la nariz.

Champa se abalanza sobre Shiras y le apunta con su mano.

– “¡HAK…!” – exclama el Dios de la destrucción.

Pero algo golpea a Champa en su abdomen, lanzándole hacia el espacio exterior, atravesando una de las paredes del Cuartel.

Zamas se ha recuperado del golpe recibido y ahora se abalanza sobre Shiras e intenta propinarle un espadazo, pero el legendario patrullero detiene el golpe con su vara.

– “¿Creéis que podéis detenerme?” – sonríe burlonamente Shiras. – “Acabaré con vosotros, ¡como hice con el ángel!”

Shiras propina una patada en el pecho a Zamas, empujándole contra la pared de la sala.

Champa dispara una gran esfera de energía morada que sorprende a Shiras. El ataque hace estallar el puesto de mando del Cuartel General.

Zamas sale propulsado hacia el espacio, pero recupera el equilibrio tras dar unas cuantas volteretas.

Champa busca con su mirada a Shiras entre los escombros.

– “¿Dónde estás…?” – se pregunta el Dios.

De repente, Shiras aparece detrás de él y lo sujeta por el cuello con su vara, estrangulándole.

Champa intenta liberarse del agarre, pero no tiene éxito.

– “Es una pena que no seas Beerus…” – le susurra el patrullero. – “Habría disfrutado acabando con su miserable vida.”

Zamas y Champa cruzan sus miradas. El Hakaishin asiente.

El Dai Kaioshin se abalanza sobre Champa y Shiras, espada en alto.

Shiras se esconde detrás del Hakaishin.

– “¡JAJA!” – ríe el antiguo patrullero. – “¡¿Vas a atacarme?!”

Zamas no se detiene.

De repente, una gota de sangre recorre la comisura de los labios de Shiras. Zamas ha atravesado a Champa con su espada de energía y ha alcanzado al patrullero.

Shiras suelta al Hakaishin y retrocede taponando la herida sangrante de su abdomen, sorprendido de que el Dios se haya atrevido a ensartar a atacar a su compañero.

– “Maldito seas…” – refunfuña Shiras.

Zamas enseguida socorre a Champa y le cura usando su poder de sanación.

– “Gracias.” – dice Champa.

– “Lo siento” – dice Zamas.

Shiras parece sorprendido y confuso por la actitud de los Dioses.

– “Vosotros…” – murmura el patrullero. – “Sois distintos a los Dioses que os precedieron…”

Los Dioses se ponen en guardia. Con Shiras herido, sienten que pueden ganar este combate.

En Sadala, Shimorekka se abalanza sobre Turles con sus garras electrificadas, pero el saiyajín le detiene agarrándole los antebrazos.

Shimorekka intenta librarse propinando una doble patada en la cara Turles, pero al golpear una de sus partes mecánicas no le hace ningún daño. El saiyajín responde con un cabezazo en la frente del enemigo que lo deja aturdido.

El villano retrocede y, frustrado, prepara un nuevo ataque de energía eléctrica. Sus manos brillan intensamente y no tarda en apuntar a Turles y lanzarle una poderosa descarga.

El saiyajín recibe el impacto de lleno. La electricidad recorre su cuerpo, que se retuerce al sufrir múltiples cortocircuitos. Su ojo rojo biónico se ilumina intensamente.

Tras la gran descarga, Shimorekka se detiene para recuperar el aliento. En su rostro luce una media sonrisa, pues se cree vencedor.

El cuerpo humeante de Turles se mantiene en pie, pero parece aturdido.

En su visor robótico, una barra de energía muestra que sus capacidades se encuentran por encima del cuatrocientos por ciento.

– “No está mal.” – sonríe el saiyajín, sorprendiendo a su enemigo.

Turles alza su mano y dispara un ataque de energía morada a Shimorekka, resultando en un poderoso torrente de ki que desintegra a su adversario y crea un gigantesco surco por a su paso hasta perderse en el horizonte y alzarse lentamente hacia el espacio.

Leek y los saiyajín presentes se quedan asombrados ante el poder de su extraño compatriota.

Mientras tanto, en Imegga, Ledgic sigue rodeado por sus adversarios.

– “¿Os consideráis campeones de Artes Marciales y os unís a una banda de maleantes?” – dice el guerrero imegga.

– “Uno tiene que comer” – dice Napapa golpeándose la panza.

Murichim embiste a Ledgic por la espalda, pero el guardaespaldas de Don Kee se revuelve rápidamente y detiene el golpe que el monje intentaba propinarle.

– “Cobardes” – murmura Ledgic.

El imegga propina una patada a Murichim en el abdomen y lo hace retroceder.

Murisam aprovecha para abalanzarse sobre Ledgic e intentar conectar un puñetazo, pero el guardaespaldas retrocede mientras esquiva los persistentes intentos del boxeador, cada vez más cerca de conectar sus golpes.

Murichim embiste de nuevo y se une a Murisam para presionar a Ledgic.

– “No fanfarroneaban…” – piensa el imegga. – “Son hábiles.”

De repente, Rubalt cae sobre Ledgic intentando golpearle con una patada descendente con el talón, pero el guardaespaldas de Don Kee logra apartarse a tiempo. El impacto rompe el suelo. 

Rubalt persigue enseguida a Ledgic dando infinitas vueltas sobre sus manos, intentando golpear al imegga con sus piernas, que giran como las aspas de un molino.

Ledgic retrocede rápidamente, pero choca con la panza de Napapa, que enseguida lo atrapa en un abrazo mortal.

– “Ya eres mío.” – sonríe el guerrero porcino, que estruja el cuerpo del imegga.

– “¡AAAAH!” – grita Ledgic.

Los huesos del guerrero de Don Kee crujen. Pese a sus esfuerzos parece incapaz de liberarse.

Pero de repente, la fuerza de Napapa flaquea y Ledgic logra escapar, confuso ante el motivo de la debilidad de su enemigo.

Napapa cae al suelo con los ojos en blanco, con un corte vertical en su espalda, y revelando a un personaje que acaba de llegar al terreno de combate. Una mujer con ropajes elegantes morados y amarillos, peinada con una cresta blanca, con una espada de energía activada en su mano derecha; es la Kaioshin del Oeste.

Mientras tanto, muy lejos de allí, la nave de Freezer ha llegado a Gelbo.

– “Estamos listos para aterrizar” – le anuncia Curd al Emperador.

– “No” – responde Freezer. – “Manteneos en una órbita baja.”

– “Como ordene, señor.” – responde el soldado con una reverencia.

La nave se detiene sobre el planeta y abre su compuerta superior. Freezer y Liquir salen al exterior y contemplan el planeta.

– “¿Lo sientes?” – le pregunta el kurama al demonio del frío, al percibir una única energía fría y oscura.

– “Es un kashvar.” – dice Freezer. – “No hay duda.”

En una de las habitaciones de la nave, los dos tech-tech, el tsufur y el pequeño robot observan a los dos guerreros descender hacia la superficie del planeta.

En Konats, el templo se estremece. Garlick, Piccolo y Salabim, que contemplaban el Amenoukihashi , se percatan de que algo está pasando en el exterior, y es el namekiano quien decide echar un vistazo. 

Al salir del templo se da cuenta de que un hombre encapuchado, vestido una túnica azul oscuro ha acabado con los bandidos que guardaban el lugar.

El misterioso individuo detiene al ver al demonio Piccolo. Los dos se miran fijamente.

– “Interesante…” – murmura el forastero en una extraña lengua que Piccolo entiende. – “Tú también eres más de lo que pareces…”

– “¿Quién eres tú?” – le pregunta Piccolo.

Piccolo Daimaoh frunce el ceño, molesto.

– “Hablas namekiano…” – dice el Rey de los Demonios.

El encapuchado se quita la capa y la lanza a un lado, revelando su rostro verde. Viste pantalón morado y chaleco amarillo.

Piccolo se sorprende al ver a un paisano tan lejos de su hogar.

– “Soy un namekiano que trajo vergüenza a su linaje” – dice Slug. – “Igual que tú.”

En la Atalaya de Kamisama, Yamcha se reúne con Krilín, Ten Shin Han, Chaoz y Lapis.

– “¿Cómo está?” – pregunta Krilín, preocupado por su esposa.

– “Estará bien.” – responde Yamcha.

Ten Shin Han, Chaoz, Lapis, Kirlín y Yamcha se preparan para pelear de nuevo.

– “¿Cuál es la estrategia?” – pregunta el recién llegado. 

Pero antes de que su pregunta pueda tener respuesta, Janemba alza su mano al cielo mientras esboza una aterradora sonrisa.

– “¡Va a atacar!” – advierte Lapis.

Krilín reconoce el ataque de Majin Bu.

– “¡NO LO HAGAS!” – exclama el terrícola.

La mano de Janemba se ilumina de color fucsia y de su palma nacen millones de rayos de energía que ascienden hacia el cielo antes de precipitarse sobre la Tierra.

En la Capital de Oeste, Bulma y su madre trabajan en el jardín, cuando se percatad de que una gran cantidad de luces surcan el cielo.

– “¿Qué es eso?” – se pregunta Bulma.

En Villa Jingle, Suno prepara la comida mientras Baicha juega con Puar en el jardín.

– “¡Mira, tío Puar!” – exclama el chico, señalando al cielo. – “¡Fuegos artificiales!”

El Número 8 se encuentra recogiendo leña en el bosque, cerca de la casa. Al ver las luces en el cielo revive horrorizado la última vez que vio tal fenómeno.

El robot deja caer la leña al suelo y echa a correr.

– “¡SUNO!” – exclama Hatchan. – “¡BAICHA!”

En la nube Kinton, Marron se da cuenta de que dos rayos de se aproximan rápidamente hacia ellos.

En la cabaña de Lapis y Mai, la mujer trabaja arreglando una radio cuando escucha una bandada de pájaros alzarse. Curiosa, sale al exterior.

Cerca de allí, Ikose trabaja restaurando un viejo cobertizo, cuando se percata de que algo extraño ocurre sobre sus cabezas.

En el bosque Fukurou, los alumnos de la nueva escuela “Mu” también contemplan el extraño y bello fenómeno, desconocedores de su significado. Lunch está trabajando en el interior del dojo, ajena a todo.

En la Kame House, Roshi y Oolong miran unas chicas haciendo aerobic en la televisión, mientras Umigame lee una revista. 

En el Monte Paoz, Chichi tiende la ropa, mientras Gyuma intenta pescar en un rio cercano, cuando se dan cuenta de lo que ocurre en el cielo.

En Satán City, Satán mira la televisión, sentado en el sofá de su mansión junto a su perro. Videl entrena en su gimnasio particular para mantenerse en forma.

En un solo instante, en la Aldea de la Tierra Sagrada, la lluvia de estrellas ha causado estragos. Una decena de cuerpos sin vida yacen en el suelo. 

El techo de la Torre de Karín ha sido perforado por uno de los rayos.

En la Atalaya, Janemba cesa el ataque sin perder su terrible mueca de satisfacción.

Krilín, Yamcha, Ten, Chaoz y Lapis se quedan sin palabras. El horror inunda sus corazones.

– “No… no…” – repite Yamcha.

– “No puedo sentir ningún ki…” – dice Ten Shin Han.

– “¡¿De qué estáis hablando?!” – pregunta Lapis. – “¡¿QUÉ HA PASADO?!” – insiste, desesperado por conseguir una respuesta.

– “Los ha matado…” – dice Krilín, que aprieta sus puños con fuerza.

– “¡¿A quién?!” – pregunta Lapis.

– “A todos…” – responde Yamcha.

– “La Tierra…” – dice Chaoz. – “Ha matado a todo el mundo.”

Krilín, impotente ante la situación, sigue apretando sus puños hasta que una gota de sangre brota de la palma de sus manos y se escurre entre sus dedos.

– “Esto es… Esto es una pesadilla…” – titubea Krilín. – “Goku…” – llora el terrícola. – “¡POR FAVOR, VUELVE!” – clama al cielo. – “¡GOKU!”