DBZ – SAGA BU REWRITE / Capítulo 3: Entrenamiento en el Monte Paoz

DBZ – Saga Bu Rewrite / Capítulo 3: Entrenamiento en el Monte Paoz

Al día siguiente del incendio, sábado, las portadas de los periódicos celebran la hazaña de los héroes de Satán City, pero también se hacen eco de algo más; la pareja de moda: “¡El Ligue de la Justicia!” titula el Daily Orange acompañado de una fotografía de los dos justicieros abrazados; “Videl y el Gran Saiyaman… ¡¿JUNTOS?!” reza la entradilla. 

En la Mansión Satán, el Campeón, vestido con albornoz y zapatillas, se dirige al salón y se sienta en un enorme sillón rojo con sus iniciales bordadas en oro en el respaldo. Satán se acomoda, se enciende un enorme puro y agarra el periódico del día que su mayordomo le ha dejado preparado sobre la mesa.

El Campeón pronto salta de su asiento alarmado.

– “¡¿Qué significa esto?!” – se pregunta. – “¡¿Mi hija con un vigilante enmascarado?!”

Satán corre hacia el piso superior de su mansión; va tan acelerado que casi se tropieza al perder una zapatilla.

– “¡VIDEL!” – exclama el Campeón. – “¡¿Qué significa esto?!” – dice agitando el periódico en la mano mientras abre la puerta de la habitación de su hija.

Pero Videl no está. La cama está desecha y la ventana abierta.

Mientras tanto, en el Monte Paoz, Gohan ya ha desayunado. Una docena de platos sucios están amontonados sobre la mesa y el mestizo se deja caer deslizándose sobre la silla mientras resopla saciado. Viste un pantalón corto azul y una camiseta de tirantes blanca; la ropa con la que suele dormir.

– “¡Estaba riquísimo!” – exclama el mestizo.

– “¡Jeje!” – ríe Chichi. – “Verdaderamente eres hijo de tu padre.” – dice risueña.

Gohan se levanta con decisión.

– “Voy a darme una ducha y empezaré a estudiar para los exámenes de este trimestre.” – dice el chico.

Chichi está encantada con su hijo.

Pasa poco más de una hora y Gohan está trabajando en su habitación cuando oye un zumbido fuera. El viento se levanta al sonido de una turbina.

Gohan abre su ventana y ve el jet de la Corporación Cápsula aterrizando en el jardín.

Chichi recibe a Bulma y Trunks y los invita a un té. Bulma viste un pantalón cargo marrón, una camiseta blanca y una chaqueta vaquera. Trunks viste un pantalón corto verde y una camiseta de tirantes amarilla.

Trunks ya iba caminando disimuladamente hacia el interior de la casa, pensando en ir a ver a Gohan, pero el mestizo sale a su paso.

– “¡Hola, Son Gohan!” – exclama el niño. – “¡¿Vamos a jugar?!”

– “¡Hola!” – saluda Gohan a Trunks y a su madre.

– “¿Cómo va el instituto, Gohan?” – pregunta Bulma.

– “¡Genial!” – exclama Gohan. – “¡Y todo gracias a ti!”

– “He estado leyendo la prensa últimamente…” – añade con una pícara sonrisa.

– “¡Parece que les gusto!” – dice Gohan algo avergonzado.

– “El Gran Saiyaman es un éxito.” – dice Chichi. – “Ya podrían pagarle un sueldo…”

Bulma se da cuenta de que ninguno de los dos no sabe nada.

– “¿No has leído la prensa de hoy?” – pregunta ella.

– “No…” – dice Gohan, algo extrañado. – “¿Por qué?”

– “¡Nada, nada!” – responde Bulma. – “Ve a jugar con Trunks un rato, anda.”

Trunks, ilusionado, agarra de la mano a Gohan. 

– “¡Vamos! ¡Vamos!” – insiste el chico. – “¡Quiero pelear!”

– “¡Espera!” – dice Gohan. – “Si vamos a jugar a peleas, antes tengo que cambiarme…”

Gohan se viste con un gi morado con cinturón, muñequeras y calentadores naranjas.

– “¡Listo!” – exclama Gohan.

Chichi lava los platos mientras habla con Bulma cuando Gohan y Trunks salen de casa.

– “¿Qué te parece si calentamos un poco?” – sugiere Gohan.

– “¡Vale!” – exclama Trunks, animado.

Mientras los dos muchachos corren por el bosque, Bulma y Chichi siguen de cháchara.

– “¿Y qué te trae por aquí?” – pregunta Chichi.

– “He venido a por unas piezas a Satán City y se me ha ocurrido pasar a saludar” – dice Bulma. – “Trunks está entusiasmado con Gohan. ¡Lo admira!” – sonríe. 

– “Gohan también adora a Trunks.” – dice Chichi. – “Es como un hermano pequeño.”

– “Les irá bien pasar un rato juntos” – dice Bulma.

– “¿Qué tal está Vegeta?” – pregunta Chichi.

– “Tan cascarrabias como siempre.” – suspira Bulma. – “Aún no ha superado la muerte de Goku.”

– “Quién lo iba a decir…” – sonríe Chichi nostálgicamente. – “Vegeta…”

– “Desde su enfrentamiento con Cell no ha vuelto a pelear.” – explica Bulma. – “Casi ni entrena. Parece que no tenga ganas de hacer nada.”

– “Vaya…” – dice Chichi.

– “Pero hablemos de cosas más interesantes…” – dice Bulma, que no puede contener su risa mientras hurga en su bolso y saca un ejemplar enrollado del Daily Orange. – “¿Has visto el periódico de hoy?”

En el bosque, Gohan y Trunks ya dan por terminado el calentamiento y se ponen en guardia el uno frente al otro.

– “¿Estás listo, Trunks?” – dice Gohan.

– “¡Por supuesto!” – responde el hijo de Vegeta.

Los dos muchachos cargan contra su contrincante y se enzarzan en un intercambio de golpes.

Gohan deja que Trunks lleve la iniciativa y retrocede lentamente.

– “¡Muy bien!” – le anima el mestizo. – “¡Sigue así!”

Trunks cada vez pone más empeño en sus ataques. Se está esforzando, pero no logra hacer sudar a Gohan.

Finalmente, Trunks se detiene, algo frustrado.

– “¿Qué ocurre?” – le pregunta Gohan.

– “No peleas en serio.” – dice Trunks.

– “Bueno…” – responde Gohan. – “Lo suficiente…”

– “No me trates como a un niño.” – dice el hijo de Vegeta. – “Lucha de verdad. Quiero saber lo lejos que estoy.”

La determinación del muchacho sorprende a Gohan.

– “Está bien.” – asiente el mestizo, cuya mirada se torna seria.

Trunks se concentra y respira hondo. Se siente preparado.

El hijo de Vegeta se abalanza sobre Gohan, pero este desaparece ante sus ojos y aparece a su espalda para darle un empujón con el pie que lo estampa contra el suelo.

Trunks se queda aturdido un instante sin creerse lo que acaba de ocurrir. Ni siquiera lo ha visto. El joven sabía que Gohan le superaba, pero no esperaba tanta diferencia.

Trunks se pone en pie sin decir nada.

– “¿Estás bien?” – pregunta el hijo de Goku.

Trunks responde emocionado. 

– “¡SÍ!” – responde animado. – “¡Solo tengo que entrenar más!” – añade con una sonrisa que demuestra sus ganas.

Gohan sonríe satisfecho.

– “Está bien que tengas tantas ganas de hacerte fuerte” – dice el mestizo.

– “¡Algún día te superaré!” – insiste Trunks.

El mestizo vuelve a ponerse en guardia.

– “Ah, ¿sí?” – le provoca. 

– “No lo dudes” – responde el hijo de Vegeta, que se prepara para atacar.

Trunks ataca de nuevo y Gohan retrocede dando saltos. El chico lo persigue, pero Gohan evita cada golpe y finalmente se eleva.

Trunks se queda en el suelo, mirando a su compañero con indignación.

– “¡Eso no vale!” – dice el niño. – “Yo no sé volar…”

Gohan sonríe.

– “Pues tendré que enseñarte” – dice el mestizo.

Una enorme sonrisa se dibuja en el rostro de Trunks.

– “¡¿En serio?!” – celebra. – “¡¿Vas a enseñarme a volar?!”

Gohan asiente.

– “Pues claro.” – reafirma.  

De repente, un jet amarillo pasa volando cerca de allí en dirección a la casa de Chichi; un vehículo que Gohan reconoce.

– “¡¿Esa es…?!” – exclama el chico sorprendido y un poco asustado.

Gohan y Trunks corren de vuelta a casa y se encuentran con Videl y Chichi charlando en la puerta. Bulma observa desde el interior. El vehículo de la muchacha está aparcado detrás del de la Corporación. 

– “Así que tú eres la buscona de la foto…” – dice Chichi con los brazos en jarra, analizando detenidamente a la chica.

– “¡No soy una buscona!” – responde Videl.

Gohan interrumpe la discusión rápidamente.

– “¡Hola!” – saluda el mestizo. – “¿Cómo has sabido dónde vivo?” – pregunta.

– “Lo he buscado en los archivos de la escuela.” – responde Videl. – “Ventajas de colaborar con la policía.”

Chichi se cruza de brazos, molesta.

– “Ejem…” – se aclara la garganta con una falsa tos para reclamar atención. 

– “¡Ah!” – exclama Gohan. – “Lo siento.” – se disculpa inocentemente. – “Está es mi madre” – presenta a Chichi. – “Y esta es Videl, una compañera del instituto.” – hace lo mismo con su amiga. 

Trunks se acerca.

– “¿Es tu novia?” – pregunta el niño.

– “¡No me estás ayudando!” – protesta Gohan entre dientes.

Chichi, suspicaz, levanta una ceja.

– “¿Compañera del instituto?” – se sorprende Chichi, que solo la había visto en la portada periódico. 

– “Sí, vamos a la misma clase” – explica Gohan. – “¡Pero además es muy fuerte! Es hija del Míster Satán…”

Bulma sale de la casa y sonríe al oír el nombre del Campeón.

– “Pues seguro que es muy fuerte…” – dice en tono burlón.

– “Le he prometido que le enseñaría a volar.” – dice Gohan. – “Es algo muy útil para luchar contra el crimen…”

Bulma pasa por al lado de Gohan y le guiña un ojo.

– “Tienes buen gusto.” – susurra Bulma. – “¡Vámonos, Trunks!”

– “¡¿Qué?!” – protesta el niño. – “¡Yo también quiero aprender a volar!”

– “Otro día…” – insiste Bulma.

De repente, el comunicador de pulsera de Videl recibe una alerta.

– “¡Un vehículo a la fuga en la autopista A-9!” – informa un agente por radio.

Videl y Gohan se miran y asienten.

– “¡¿Puedo ir?!” – pregunta Trunks.

Bulma lo agarra de la oreja.

– “A casa…” – suspira la madre mientras tira de él.

– “¡Ay! ¡Ay!” – se queja el niño.

Videl se sube a su jet-flyer y Gohan activa su dispositivo de pulsera. Los dos parten juntos hacia el lugar de los hechos. 

Unos minutos más tarde, los héroes de Satán City han solucionado el problema.

En los calabozos de la comisaría de policía, un agente se come un donut mientras escucha las noticias en la radio y hace guardia sentado en su escritorio con los pies sobre la mesa.

– “El Gran Saiyaman y Videl vuelven a intervenir con éxito en un caso de atropello y fuga…” – anuncia el aparato.

Cerca de allí, los dos delincuentes detenidos el día anterior en la carretera 81 están sentados en los bancos de sus respectivas celdas.

– “Esos dos idiotas…” – refunfuña el delgaducho.

– “Malnacidos…” – gruñe el grandullón, cuyo orgullo fue herido al ser humillado por la muchacha.

De repente, los dos sienten una extraña presencia invisible.

Los dos maleantes se agarran la cabeza como si estuvieran sufriendo un terrible tormento.

– “¡GGGRRAAAAAHH!” – grita el grandullón, que se arrodilla y se dobla en el suelo.

– “¡AAAAAH!” – chilla su compañero. – “¡BASTAAAA!”

Sus cuerpos se retuercen violentamente. Sus manos se llenan de cabellos caídos.

El agente de policía que vigilaba los calabozos se levanta asustado y pide ayuda a sus compañeros, que pronto entran para asistirle.

– “¡Llamad a un médico!” – insiste el agente, mientras intenta abrir las celdas con la llave que cuelga de su cinturón.

El domingo llega al Monte Paoz. Ha salido el Sol y Gohan está listo. Bulma ya ha dejado a Trunks en la puerta de la residencia Son y se ha marchado de compras a la ciudad.

El chico llega preparado, luciendo un gi verde con botas de color ocre y muñequeras y cinturón naranjas.

– “¿Gi nuevo?” – pregunta Gohan.

– “¿Te gusta?” – responde Trunks, poniendo los brazos en jarra y girando su cabeza hacia un lado, mirando al infinito.

– “¡Estás muy guapo!” – dice Gohan. – “Es una pena que vaya a ensuciarse…”

– “Jeje” – ríe Trunks. – “No pasa nada. Si se ensucia o se rompe, mi madre me comprará otro.”

– “A veces se me olvida el dinero que tenéis…” – suspira Gohan.

– “¿Y tu chica?” – pregunta Trunks.

– “¡No es mi chica!” – responde rápidamente Gohan, avergonzado. – “Pero ahora que lo dices… Ya debería haber llegado…”

En la comisaría de Satán City, Videl ha acudido a una llamada de socorro. El edificio de la policía ha volado parcialmente por los aires. Un gran agujero ha abierto paso en la fachada.

– “¿Qué ha podido provocar tanta destrucción?” – se pregunta Videl. – “¿Una bomba?”

Varios agentes están siendo atendidos por los servicios médicos en las proximidades de la comisaría.

Ajenos a los hechos, Gohan y Trunks siguen esperando para empezar el entrenamiento. Los dos muchachos están tumbados bocarriba sobre la hierba, cerca de un lago, mirando las nubes pasar.

Trunks se incorpora, un poco molesto.

– “¡Esto es un rollo!” – protesta el chico.

– “No seas impaciente…” – responde Gohan, con los ojos cerrados. – “Tenemos que esperar a Videl para poder empezar las clases de vuelo. No quiero tener que explicar las cosas dos veces…”

Trunks se cruza de brazos, poco convencido.

– “Pues vaya…” – refunfuña. – “Yo he venido a entrenar…”

– “No vas a dejarme tranquilo, ¿eh?” – sonríe Gohan, abriendo un ojo y mirando a su amigo.

El niño se pone en pie de un salto.

– “¡Solo me callaré si me lo enseñas!” – dice Trunks con una pícara sonrisa.

– “¿Eh?” – responde un confuso Gohan.

– “¡Enséñame el Súper Saiyajín!” – insiste el hijo de Vegeta.

Gohan suspira y decide ponerse en pie.

– “Está bien…” – dice el mestizo. – “Pero solo una vez… Estate atento, ¿de acuerdo?”

Trunks asiente dos veces con decisión.

Gohan aprieta los puños y cierra los ojos un instante. Cuando los abre de nuevo, éstos son de color verde y una fuerte corriente de aire empuja a Trunks y sacude la zona. El cabello de Gohan se ha erizado y se ha vuelto dorado. El aura del Súper Saiyajín arde a su alrededor.

– “Qué alucinante…” – murmura Trunks, con los ojos como platos.

– “¿A que sí?” – fanfarronea Gohan.

Con un suspiro, el aura desaparece y Gohan vuelve a la normalidad.

– “¿Y yo puedo hacer eso?” – pregunta Trunks.

– “Claro… Con entrenamiento seguro que lo logras.” – dice Gohan. – “Pero tanto a tu padre como al mio les costó mucho… Yo fui el más joven en lograrlo, pero tampoco me fue fácil…”

Trunks aprieta sus puños y los dientes, que rechinan mientras intenta concentrar su energía.

– “¡No te precipites! Jeje…” – ríe Gohan. – “No es tan fácil. Aún te queda mucho por aprender… Además, hace falta un ataque de ira para…”

Pero de repente, el cabello de Trunks se eriza y se torna rubio. Sus ojos brillan de color verde y una llama dorada lo envuelve.

Gohan se queda boquiabierto.

Trunks parece un poco confuso y se mira las manos, después intenta verse la espalda. Se siente extraño y se da cuenta de la expresión en el rostro de su amigo.

– “¿Qué pasa?” – pregunta Trunks. – “¿Por qué me miras así?”

– “Tú… Eres… Eres un Súper Saiyajín…” – titubea Gohan.

– “¡¿EN SERIO?!” – exclama Trunks. – “¡VIVA! ¡VIVA!” – celebra dando brincos de alegría. – “¡SOY UN SÚPER SAIYAJÍN!”

Gohan sigue sin asimilar lo que tiene ante sus ojos.

– “Esto… Esto no está bien…” – balbucea el mestizo. – “Aún no deberías…”

En la Corporación Cápsula, Vegeta esta mirando la televisión, sentado en el sofá, cuando de repente siente la energía de su hijo y se incorpora repentinamente.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende el saiyajín. – “Ese… Ese es… ¡¿TRUNKS?!”

En la Atalaya de Kamisama, Piccolo observa la Tierra desde el borde de la plataforma. Una media sonrisa se dibuja en su rostro.

– “No está nada mal…” – murmura el namekiano.

Gohan se queda contemplando a su pequeño amigo con cierto orgullo.

– “Tan joven y ya es un Súper Saiyajín…” – murmura Gohan. – “Puede que éste nos supere a todos.” – sonríe.

Trunks sigue celebrando su logro. El pequeño salta y brinca por toda la zona, poniendo a prueba sus nuevas habilidades.

– “Oye, Trunks…” – le reclama Gohan. – “¿Quieres que luchemos?”

– “¡¿En serio?!” – dice Trunks emocionado.

– “Claro” – asiente Gohan.

– “¡Vale!” – exclama el chico.

Los dos mestizos se ponen en guarida.

– “Veamos de qué es capaz ahora que…” – piensa Gohan.

Pero su pensamiento es interrumpido por un ataque de Trunks, que se ha abalanzado sobre él a toda velocidad, intentando propinarle una patada. Gohan ha detenido el golpe, pero sin duda no esperaba esa agilidad por parte del chico. 

Trunks insiste en sus ataques y Gohan retrocede. Finalmente, un puñetazo de Trunks obliga a Gohan a cruzar los brazos frente a su pecho para protegerse. El impacto crea una corriente de aire que resquebraja el suelo y hace tambalear los árboles de los alrededores. 

– “Y es la primera vez que se transforma…” – piensa el mestizo. – “¡Increíble!”

Trunks parece que se ha despistado y mira al cielo por encima del hombro de Gohan. 

– “¿Esa no es tu amiga?” – pregunta el chico.

El jet de Videl cruza el cielo hacia el Monte Paoz.

– “Ya ha llegado…” – dice Gohan.

– “¡Voy a enseñarle el Súper Saiyajín!” – exclama el chico, ilusionado.

– “¡NI SE TE OCURRA!” – replica Gohan, rápidamente.

Trunks agacha la cabeza mientras retorna a su estado base, algo asustado por el grito de su amigo.

– “¿Por qué no?” – pregunta con timidez.

– “Pues…” – dice Gohan mientras piensa una excusa. – “¡Porque las chicas piensan que los Súper Saiyajín son unos gamberros!” – responde, acordándose de la reacción de su madre al verle teñido de rubio.

– “Ah, ¿sí?” – se extraña Trunks, no muy convencido.

– “Eso es” – asiente Gohan.

Trunks y Gohan corren de regreso a su casa.

– “Lo cierto es que no puedo dejar que Videl sepa que soy también el Guerrero Dorado…” – piensa el muchacho. – “Podría descubrir la verdad sobre quién derrotó a Cell y eso le rompería el corazón.”

Cuando llegan a casa, Videl espera apoyada en su jet.

– “¡Hola, Videl!” – saluda Gohan.

– “Siento llegar tarde” – se disculpa ella. – “Ha habido un atentado en la comisaría.”

– “¡¿Un atentado?!” – se preocupa Gohan.

– “Cuando he llegado ya era tarde. No había nada que hacer.” – responde la muchacha. – “La policía está investigando. Me mantendrán informada.”

Videl se da cuenta de que Chichi la mira con recelo desde la ventana.

– “Creo que a tu madre no le caigo bien…” – dice Videl.

– “Jeje…” – ríe Gohan incómodamente. – “Es que me tiene muy celoso…”

La muchacha se fija en el pequeño amigo que acompaña a Gohan.

– “¿Y él?” – pregunta Videl.

– “También quiere aprender a volar.” – dice Gohan. – “Os enseñaré a los dos.”

– “¿Tan pequeño?” – se sorprende la muchacha.

– “Oye, que soy un Súp…” responde Trunks, molesto, pero Gohan enseguida se abalanza sobre él y le tapa la boca.

– “¿Un qué…?” – pregunta Videl.

– “¡JAJAJA!” – ríe Gohan nervioso. – “¡Nada! ¡Nada!” – intenta desviar la atención. – “¡Cosas de niños…!”

Gohan, con las prisas, ha tapado la boca y la nariz de Trunks, que aletea nervioso.

– “Vamos a buscar un lugar tranquilo, ¿vale?” – dice Gohan. – “Por allí hay un claro que puede servir.” – señala hacia el bosque.

– “Está bien.” – dice Videl, mientras empieza a caminar.

Finalmente, Gohan suelta Trunks, que puede respirar de nuevo.

– “¡No me metas en líos!” – susurra Gohan.

– “Lo siento…” – se disculpa Trunks.

Videl se detiene y los mira de reojo.

– “¿Qué os traéis entre manos?” – pregunta ella.

– “¡Nada! ¡Nada!” – dicen los dos, agitando las manos.

La chica sigue caminando y los dos mestizos suspiran aliviados.

DBSNL // Capítulo 162: Duelo de asesinos

DBSNL // Capítulo 162: Duelo de asesinos

“Hoy en día no todo se basa en habilidad, viejo”

En la Sala del Espíritu y el Tiempo, Janemba se encuentra cara a cara con las chicas, que se ponen en guardia.

– “¡¿Cómo ha llegado hasta aquí?!” – pregunta Bra.

– “No parece que haya abierto uno de esos portales de los que hablaba mi tío…” – dice Pan. – “¿Puede viajar entre dimensiones?”

– “Maldita sea…” – refunfuña Bra. – “¿Qué habrá pasado ahí fuera?”

En el rostro de Pan se refleja su peor suposición.

Las dos mestizas se transforman en Súper Saiyajín.

– “Solo tenemos una opción” – dice Bra.

– “Lo siento, Ub… Mr. Bu…” – murmura Pan.

Janemba alza su mano y dibuja una línea de energía verde en el aire.

– “¡AHÍ VIENE!” – advierte Bra.

– “¡HAGÁMOSLO!” – exclama Pan.

La línea de energía se fragmenta y se convierte en un centenar de cristales de ki que son proyectados contra las muchachas.

Las chicas resultan ser una imagen residual.

A su izquierda, Janemba puede oír la voz de las muchachas

– “¡FUUUU…!” – exclaman ellas.

Janemba las localiza y propina un espadazo al aire, cuyo corte se extiende hasta alcanzarlas, pero son solo otro espejismo.

– “¡…SIÓN!” – dicen las voces, a la derecha del monstruo.

El diablo dispara una ola de ki hacia ellas, pero vuelve a ser engañado por la técnica de las chicas.

– “¡FUUUU…!” – repiten ellas.

Múltiples imágenes de las chicas realizando la danza rodean a Janemba, que dispara en todas direcciones, frustrado por sus continuos errores. 

Detrás de Janemba, a varios kilómetros de distancia, se puede oír el eco de las voces de las muchachas.

– “¡FUUUUSIÓN!” – exclaman ellas. – “¡HA!”

Una luz brillante ilumina la infinita sala blanca.

El demonio se da la vuelta y, en un instante, una figura ha aparecido frente a él. Una muchacha vestida con ropas metamor. Su cabello, negro en la parte superior y azul a los lados. 

Dibujado por Ipocrito

– “No soy ni Bra ni Pan” – anuncia la fusión. – “No necesito un nombre para eliminarte.” – añade antes de convertirse en Súper Saiyajín.

Janemba sonríe. Parece ilusionado de que un nuevo rival se presente ante él.

La fusión se abalanza sobre él y le sorprenden con un rodillazo en la cara, seguido de una patada dando una voltereta. 

Janemba retrocede y se prepara para contraatacar con un espadazo vertical, pero las chicas detienen la espada entre sus manos.

El demonio parece sorprendido ante la resistencia de las chicas y tira con fuerza de su espada para liberarla y atacar de nuevo, esta vez con una estocada.

La fusión se convierte en una imagen residual y cientos de copias danzan alrededor de Janemba, mofándose de él.

El demonio propina espadazos a distancia en todas direcciones, descuartizando inútilmente las copias de las muchachas.

De repente, Janemba se da cuenta de que una intensa luz brilla a su espalda.

– “Ka… Me…” – recita la fusión. – “Ha… Me…” – continúa, preparando su ataque.

Janemba se da la vuelta y se topa con la fusión a escasos centímetros de él, lista para lanzar su ataque.

– “¡HAAAAAAAAA!” – grita la guerrera.

El ataque a bocajarro engulle al demonio.

En el exterior, Ten Shin Han y Krilín han abandonado la Tierra Sagrada de Karín en busca de supervivientes. 

En unos minutos, Ten llega al Dojo del bosque Fukurou. Silencio absoluto. Cadáveres. El guerrero corre apresuradamente al interior del edificio. Al abrir la puerta, la escena que observa hace que se derrumbe, cayendo de rodillas al suelo.

Mientras tanto, Krilín vuela rápidamente hacia la Capital del Oeste, cuando se encuentra con Kinton volando en círculos sobre una arboleda.

– “No…” – murmura sobrecogido el terrícola. 

Krilín desciende y encuentra a Dende, Marron y Lázuli tumbados en el suelo.

– “¡MARRON!” – grita Krilín.

El humano se agacha y abrazar a su hija.

– “Marron…” – llora Krilín.

Mientras sostiene la muchacha, Krilín agarra la mano de Lázuli, que se encuentra tumbada en el suelo a su lado.

– “Lo siento…” – lamenta el terrícola. – “Os he fallado… Os he fallado…”

 Lázuli aprieta la mano de su pareja.

– “¡Lázuli!” – exclama Krilín, al ver que su mujer sigue con vida.

– “Krilín…” – fuerza una sonrisa la mujer. – “No pude hacer nada… Ella… Lo siento…”

Janemba no pudo atacar a Lázuli porque no tiene energía detectable, pero las heridas sufridas en el combate han seguido debilitándola.

Krilín coloca a su hija en el suelo y se acerca a su mujer, ahora sosteniéndole la mano entre las suyas.

– “Tranquila…” – dice mientras le aparta el cabello de su rostro. – “No hables… No gastes más energías…”

La androide parece que intenta susurrar algo, pero casi no tiene fuerzas.

Krilín, intentando oír lo que dice, acerca su rostro al de su esposa. Lázuli le sorprende con un beso en la mejilla.

La mano de la androide pierde su fuerza.

Krilín se aparta ligeramente para comprobar sus temores. Su mujer ha fallecido.

El terrícola acaricia su propia mejilla, donde Lázuli le ha besado. Las lágrimas recorren el rostro de Krilín.

En el planeta sin nombre en el que se escondía Hit, Koros y el asesino se encuentran cara a cara.

El sicario se abalanza sobre Hit, que retrocede mientras esquiva todos los ataques sin necesidad de sacar las manos de los bolsillos.

Koros pelea con una sonrisa. No parece que esté luchando en serio, y aún así logra seguir el ritmo del asesino.

Las gafas de Koros le aportan información constante sobre los movimientos de Hit. El aparato analiza los posibles movimientos de su rival, estudiando cada pequeña contracción muscular del asesino y llevando a cabo predicciones estadísticas. 

De repente, Koros se da la vuelta sin aparente motivo y propina un puñetazo a Hit en la nariz justo en el momento en que éste acababa de aparecer. 

El asesino retrocede confuso ante lo que acaba de suceder.

Koros sonríe satisfecho.

– “Hoy en día no todo se basa en habilidad, viejo” – dice el sicario, que presume señalando sus gafas. – “La tecnología nos ayuda a hacer mejor nuestro trabajo.”

– “Así que peleas haciendo trampas…” – dice Hit, con cierto desprecio.

– “¿Trampas?” – sonríe Koros. – “Somos asesinos. Dejamos el honor atrás al aceptar nuestro primer encargo.”

– “Soy consciente de mis errores.” – dice Hit.

Koros se quita su cazadora de piel y la lanza a un lado. El sicario hace crujir su cuello y sus puños.

– “Pero esto no es solo un trabajo” – dice el sicario. – “Matar al legendario Hit es un hito que me dará caché. Subirá el precio de mis honorarios.”

Hit aprieta un botón de su cinturón, librándose de su falda. El asesino parece tranquilo. Ninguna expresión se muestra en su rostro.

En el planeta Gelbo, Freezer y Liquir han regresado a la nave junto a Tapion. Reunidos con él, Curd, Kamo, Pinot, Merlot y el pequeño robot de M2. El guerrero konatsiano les ha contado todo lo que sabe sobre los Kashvar.

– “Esos bastardos se están expandiendo muy rápidamente.” – refunfuña Liquir. – “¡Van a conquistar el universo antes de despertar a su maestro!”

– “No seas idiota, Liquir” – replica Freezer. – “No tienen suficientes efectivos para retener sus conquistas.”

– “¿Qué?” – se extraña el kurama. – “Entonces, ¿qué pretenden?”

– “Ese ángel es inteligente.” – dice Freezer. – “Saben que la Patrulla Galáctica intentará responder a todas las llamadas de socorro. Su solidaridad será su fin. Cuanto más intenten abarcar, más se debilitarán, y finalmente la Patrulla será destruida. Un ataque certero al Cuartel General. Puede que a estas alturas ya haya ocurrido.”

Los presentes se miran los unos a los otros sorprendidos por las deducciones del tirano.

– “Así es como lo haría yo” – termina Freezer.

– “¿Y qué debemos hacer?” – pregunta Tapion. – “¡No podemos permitir que esos demonios se apoderen del universo!”

– “No, no podemos.” – responde Freezer. – “Al menos no dejaré que se apoderen de mi parte.” – sonríe el tirano.

En Konats, Slug ha logrado introducirse en la mente de Piccolo. El milenario namekiano camina entre las tinieblas del subconsciente del diablo.

De repente, dos siluetas de luz parpadeante se presentan ante él. Son Nail y Kamisama, que no logran hacerse completamente tangibles. 

Las dos siluetas le muestran el camino a Slug, indicándole la dirección en la que debe caminar. Él sigue el consejo de sus compatriotas y pronto se encuentra en un viejo recuerdo de Piccolo.

Un joven namekiano llora acurrucado en la meseta de Yunzabito junto a una nave.

De repente, Mr. Popo aparece ante el niño y le ofrece su mano. Pronto se encuentran en la Atalaya de Kamisama, entrenando hasta que su cuerpo se divide en dos.

En un doble flash simultáneo, Slug puede ver el nacimiento de las Dragon Balls y a Mutaito usando el Mafuba, encerrando a Daimaoh en una olla de arroz.

Los destellos continúan: un viejo Piccolo sentado en un trono volador, el namekiano rejuvenecido, un joven Son Goku, un huevo lanzando que se pierde en el horizonte.

Las visiones le causan un terrible malestar a Slug, que puede sentir el odio que reconcome al diablo.

De repente, Slug se encuentra sobre el tatami del 23º torneo de Artes Marciales. A un lado, el reencarnado Piccolo Daimaoh, y al otro, de nuevo, Son Goku.

Un nuevo destello revela a Piccolo y a Son Goku en guardia uno junto al otro, luchando contra un saiyajín de larga melena. 

La sensación de malestar que embargaba a Slug empieza a atenuarse lentamente.

En ese instante, un chico aparece y se acerca al namekiano. Es un pequeño y sonriente Son Gohan, vestido con el gi de su padre, pero adornado con el kanji “Ma”.

El suelo tiembla y Slug puede ver a un saiyajín grandullón lanzar un ataque hacia ellos, pero Piccolo se interpone en su trayectoria, protegiendo al niño.

En un instante, Slug se encuentra en Namek. El namekiano, nostálgico, se agacha para tocar la hierba azul de su hogar que no ha podido sentir desde hace milenios. 

Cerca de allí, Piccolo y un moribundo Nail se fusionan. Imágenes del Patriarca y Dende afectan al namekiano.

En un instante, en el cielo, Piccolo y Freezer están luchando.

Con un nuevo flash llegan visiones de Kamisama y Piccolo en la Atalaya, seguidas por sus combates contra los androides y contra Cell.

Después llegan imágenes de Goten, Trunks y la batalla de Gotenks contra Bu en una infinita sala blanca.  También imágenes del Planeta Sagrado, Zamas y los Kaioshin…

Finalmente, destellos de escenas felices con una pequeña Pan en brazos, la boda de Son Gohan y Videl…

En ese instante, en el exterior, Piccolo se libra del agarre de Slug.

– “¿Cómo te atreves a hurgar en mi mente…?” – refunfuña el diablo.

Slug sonríe. 

– “Tú no eres el Rey de los Demonios…” – dice el legendario guerrero, que se esfuerza para ponerse en pie. – “Solo eres ese niño asustado en la fría intemperie.”

Daimaoh enfurece al oír esas palabras.

– “Te mostraré el verdadero terror” – amenaza el diablo.

– “Estabas solo.” – dice Slug. – “Así que decidiste que eso es lo que querías para no tener que afrontar la realidad.”

– “¡CÁLLATE!” – exclama Piccolo.

Slug, sin fuerzas para seguir peleando ante un rival tan superior, hinca la rodilla.

– “Te ofrezco mi poder, Piccolo.” – dice el milenario namekiano. – “No puedo ganar este combate.”

Piccolo parece confuso ante la inesperada oferta.

Su compatriota insiste.

– “Si crees que esto es lo que debes hacer, adelante.” – dice Slug. – “¿Quieres mostrarme tu verdad? ¿Quieres que sienta lo que sientes? Usa mi poder.”

En el planeta Popol, Broly ha sido llevado a la nave de la Patrulla con la que los tres saiyajín llegaron al planeta. Kale acomoda a su agotado compañero. Tarble escribe las coordenadas de destino en la computadora, y pronto se da cuenta de que no recibe señal de la baliza del Cuartel General.

– “¿Qué habrá pasado?” – murmura el saiyajín, preocupado.

Cell, en el exterior de la nave, se prepara para realizar el Shunkanido.

– “Qué extraño…” – piensa el insecto. – “A esta distancia debería ser capaz de…”

De repente, una voz masculina alarma a Cell.

– “¿Tú has derrotado a Helles, criatura?” – pregunta el recién llegado.

Cell se da cuenta de que un individuo se ha manifestado frente a él. Alguien a quién el insecto no puede percibir. Shiras ha llegado a Popol.

Broly, que permanecía inconsciente, abre los ojos de forma repentina, agitado, y eso asusta a Kale.

– “¡¿Qué ocurre?!” – exclama la mujer.

Tarble mira por la ventana y se da cuenta de que un misterioso individuo ha aparecido.

– “¿Quién es?” – se pregunta el saiyajín.

Cell mira atentamente al recién llegado. No poder sentir su energía le provoca desconfianza.

– “¿Quién eres tú?” – pregunta el insecto.

– “He venido a buscar algo que nos pertenece.” – responde Shiras.

– “¿Nos?” – sonríe Cell. – “No trabajas solo…”

El insecto se fija en el logotipo de la Patrulla Galáctica en el pecho del individuo.

– “¿Un patrullero?” – piensa Cell.

Tarble y Kale salen de la nave. Shiras los mira fríamente.

– “Traedme al Amenonuhoko.” – dice Shiras.

Tarble y Kale, al oír al misterioso individuo utilizar ese peculiar término, enseguida sospechan de sus intenciones, y Cell se percata de eso.

Shiras camina y pasa junto a Cell, ignorándolo.

El insecto se da la vuelta rápidamente, intentando sorprender al enemigo por la espalda.

– “¡MAKANKOSAPPO!” – grita Cell al lanzar la perforante técnica de Piccolo.

Shiras se da la vuelta rápidamente y detiene el ataque con su mano desnuda.

– “No tengo tiempo para esto.” – suspira el legendario patrullero.

Tarble y Kale se transforman en Súper Saiyajín y se abalanzan sobre el enemigo, pero éste desaparece.

En un abrir y cerrar de ojos, Shiras aparece en el interior de la nave, junto a la cama de Broly, pero el lecho está vacío.

De repente, en el exterior, Cell y los saiyajín pueden ver a Shiras salir despedido, rompiendo la pared de la nave y dando varias vueltas de campana en el suelo antes de saltar y recuperar la compostura.

– “Parece que ese chico ha despertado” – sonríe Cell.

Broly sale de la nave. Sus pupilas brillan de color magenta y su aura es del mismo color.

Cell se queda asombrado ante el poder demostrado por el saiyajín, pese a no poder sentirlo.

Broly grita con fuerza y su musculatura aumenta. Sus ojos se quedan en blanco, su cabello se eriza y se tiñe de color rojo. Su aura estalla. Su poder se ha desatado.

DBZ – SAGA BU REWRITE / Capítulo 2: ¡Las aventuras del Gran Saiyaman!

DBZ – Saga Bu Rewrite / Capítulo 2: ¡Las aventuras del Gran Saiyaman!

Es un nuevo día en la rutina de Son Gohan. El joven muchacho está listo para ir al instituto. Su madre le despide en la puerta de casa.

– “¡Me marcho!” – se despide Gohan.

– “¡Cuidado con los aviones!” – dice Chichi.

– “Claro…” – sonríe el mestizo.

Gohan aprieta el botón rojo de su reloj y materializa el traje de Gran Saiyaman.

– “¡Hasta luego!” – exclama alzado el vuelo.

Chichi dice adiós con la mano mientras Gohan se aleja en el horizonte.

– “Hay que ver lo contento que está” – sonríe la orgullosa madre. – “Ayer pasó toda la tarde cambiando de traje. Creo que ir al instituto ha sido una buena idea, después de todo.”

En menos de 20 minutos, Son Gohan aterriza en la azotea del Instituto Orange Star.

– “¡Genial!” – dice el chico, mientras comprueba que nadie le vea y desactiva su traje. – “A partir de ahora podré dormir un rato más cada mañana.”

Gohan se dirige con normalidad a su taquilla cuando se topa con un compañero de clase.

– “¡Buenos días!” – le saluda el alumno. – “¡Llegas muy temprano!”

– “¡Buenos días!” – responde Gohan.

– “Oye, ¿ya lo sabes?” – pregunta el muchacho. – “¡Ayer apareció un nuevo héroe en la ciudad! Y no es el Guerrero Dorado…”

– “¿Otro nuevo?” – disimula el mestizo.

– “Al parecer tiene un aspecto ridículo, ¡pero es muy fuerte!” – cuenta el chico. – “Dicen que se hace llamar el Gran Mazapán.”

– “¡Es Gran Saiyaman!” – le corrige Gohan un poco molesto.

– “¡Ah! Vaya…” – responde su compañero. – “¿Y cómo lo sabes?”

– “¿Eh? Pues…” – intenta explicarlo Gohan. – “Hablé con alguien que lo vio…”

Las clases empiezan y el día transcurre con normalidad hasta que, en plena lección de filosofía, Videl recibe una alerta en su reloj de pulsera. 

– “¡Videl al habla!” – responde ella.

– “¡Ha habido un atraco en Randosel Town!” – exclama una voz por el intercomunicador. – “¡Los atracadores han huido por la carretera 81 en dirección a la montaña!”

Videl se levanta de su asiento y sale del aula corriendo.

– “¡Tengo que irme!” – se despide.

– “¡Buena suerte, Videl!” – exclama la profesora, que parece acostumbrada a la situación. – “¡Ten cuidado!”

Gohan no comprende lo que acaba de suceder.

– “¿Qué ocurre?” – le pregunta Gohan a Erasa.

– “Videl ha jurado defender la paz” – dice la muchacha. – “No olvides que es la hija de Míster Satán. ¡Es tan fuerte que la policía a veces le pide ayuda!”

– “¿Eh? ¿Ella?” – se sorprende Gohan.

– “¡No la subestimes!” – dice Shapner. – “Es mucho más fuerte que cualquiera de nosotros. ¡Casi tan fuerte como su padre!”

Son Gohan los escucha preocupado.

– “¿Tan fuerte como Satán?” – murmura el chico. – “Entonces puede tener problemas…” – piensa.

Gohan analiza la situación.

– “Si salgo corriendo, todos sospecharán…” – piensa el mestizo. – “Necesito una coartada…” 

De repente, el chico se pone en pie e interrumpe la clase.

– “¡PE… PERDÓN, SEÑORITA! ¡¿PUEDO IR AL LAVABO?!” – pregunta con una vehemencia que sorprende a sus compañeros.

Gohan sale del aula, corre a la azotea y acciona el dispositivo de Bulma.

– “¡TACHÁN!” – exclama vestido de Gran Saiyaman.

El mestizo echa a volar a toda velocidad… pero no tarda en detenerse.

– “¿Y dónde está la carretera 81…?” – se pregunta.

Gohan aterriza en un pequeño tejado y se sienta a esperar.

– “Maldita sea… Aún no conozco la ciudad…” – refunfuña. – “Tendría que haberle pedido a Bulma que me pusiera un GPS en el reloj…” – lamenta. – “Tendré que esperar y captar la energía de Videl…”

En la estrecha carretera 81, la policía pisa los talones a dos bandidos que huyen en un coche descapotable. El conductor un tipo delgado de pelo moreno rizado que viste pantalón militar y camiseta oscura.  Su acompañante es un hombre musculado de pelo corto que viste camiseta negra ceñida y pantalón marrón. Sus cuerpos están repletos de tatuajes, entre los que destaca un gran tigre de Bengala cuya cabeza asoma por el cuello de sus camisetas.

El grandullón prepara un lanzacohetes y apunta a uno de los coches patrulla que los persiguen.

– “¡Cárgatelos de una vez!” – le alienta su compañero.

El bandido aprieta el gatillo y hace saltar el vehículo policial por los aires, impidiendo que los demás puedan continuar la persecución.

Los maleantes ya celebran la victoria cuando se dan cuenta de que hay un obstáculo en su camino. Videl ha aterrizado con su jet en mitad de la carretera para frenarles el paso y espera de brazos cruzados.

Los delincuentes se ven obligados a detenerse.

– “¡Sal de ahí, niña!” – exclama el grandullón. – “No quieres meterte en líos, ¿verdad, guapa?”

Videl revela un par de esposas en su mano.

– “Tirad las armas y dejad que os detenga pacíficamente o los líos los tendréis vosotros.” – les advierte la muchacha.

El tipo ríe ante las amenazas de la que cree que es una simple chica.

– “¿Has oído eso?” – se burla con su compinche. – “¡Jajaja!”

Su compañero se fija en Videl y no tarda en reconocerla.

– “¡Espera!” – exclama sorprendido. – “¡Yo a esa la he visto en la tele! ¡Es la hija de Míster Satán!”

– “Así que es la hija del Campeón, ¿eh?” – sonríe su robusto socio. – “Parece bastante mona… ¿De verdad buscas pelea, muchacha?” – pregunta amenazante mientras hace crujir sus nudillos.

– “¡Ten cuidado!” – le advierte su compañero. – “¡Dicen que es bastante fuerte!”

El grandullón camina hacia Videl.

– “Nadie es más fuerte que yo” – dice el bandido. – “Ni siquiera el mismísimo Satán.” – fanfarronea. – “Voy a pasármelo bien contigo, chiquilla…”

El tipo se abalanza sobre Videl, pero ella le propina una patada en la barbilla que lo deja sentado en el suelo.

Mientras tanto, el Gran Saiyaman, que esperaba este momento, ha sentido el ki de su amiga.

– “¡Ahí está!” – exclama mientras sale volando a toda velocidad. – “¡Esa es Videl!”

El bandido se pone en pie de nuevo.

– “No está mal, niña…” – dice el tipo mientras se limpia una gota de sangre de su labio y escupe al suelo. 

El grandullón ataca de nuevo intentando propinar un puñetazo a hija del Campeón, pero Videl lo esquiva agachándose y contraataca con un \”uppercut\” que levanta al enemigo del suelo.

El Gran Saiyaman ya observa la escena desde el cielo.

– “¡Vaya! ¡Pues sí que es fuerte!” – se sorprende Gohan al ver a Videl en acción. – “Puede que sí sea más fuerte que su padre…”

Videl sigue propinando una paliza al delincuente cuando su compañero saca una pistola.

– “Niña estúpida…” – refunfuña mientras apunta a la hija de Satán.

Gohan aparece frente al tipejo en un abrir y cerrar de ojos y agarra su arma, estrujándola y haciéndola añicos.

– “¡AH!” – grita asustado el maleante. – “¡¿Y quién eres tú?!”

Videl, al escuchar el grito del bandido se da la vuelta y mira sorprendida al misterioso guerrero

El Gran Saiyaman sonríe. Es su oportunidad para brillar.

– “¡Yo soy el que no permite el mal! ¡El defensor del bien!” – recita mientras posa de varias formas distintas, cada cuál más estrafalaria que la otra. – “¡Soy el Gran Saiyaman!” – sentencia.

Tanto los bandidos como Videl se quedan sin palabras ante tan teatral presentación.

– “Me ha quedado bien…” – piensa Gohan. – “Ayer estuve practicando frente al espejo durante horas…”

– “Qué tipo tan ridículo…” – piensa Videl.

El Gran Saiyaman se pone serio.

– “No te resistas.” – advierte al criminal. – “¡Videl, ponle las esposas!”

La muchacha prepara los grilletes.

– “Sabe mi nombre…” – piensa ella. – “Pero podría haberlo oído en la tele…”

El bandido mira de reojo a su compañero, que se encuentra en el suelo en un estado deplorable.

– “Maldita sea…” – piensa el tipo. – “¡No me atraparán estos dos idiotas!”

El maleante tira una granada de humo al suelo y corre hasta su coche.

– “¡Hasta nunca, pringados!” – celebra mientras acelera y da la vuelta para escapar.

Gohan se eleva lentamente mientas observa al vehículo alejarse.

– “¿Crees que puedes huir de la justicia?” – sonríe el Gran Saiyaman. – “¡No escaparas!”

Videl contempla estupefacta al guerrero levitando.

– “¡Está flotando!” – exclama sorprendida. 

Gohan vuela tras el enemigo.

– “¡Está volando!” – exclama Videl. – “¡Y no es un truco!”

El Gran Saiyaman enseguida alcanza al fugitivo y se posa sobre el maletero.

– “¡¿Qué?!” – se asusta el criminal, que puede ver los pies del héroe a través del retrovisor. – “Pero… Pero, ¿cómo…?”

Gohan lo noquea con un coscorrón, detiene el coche y lleva al delincuente hasta Videl.

– “¿Qué hacemos con estos dos?” – pregunta el mestizo. – “¿Puedes encargarte tú de entregarlos a la policía?”

– “Déjalos aquí, llamaré por radio.” – dice Videl. 

El Gran Saiyaman deja al bandido junto a su socio.

– “Oye…” – dice Videl. – “Pareces muy fuerte… ¿No me puedes decir quién eres?”

– “¡No, no puedo!” – responde el enmascarado héroe. – “¡Jamás revelaré mi identidad secreta!”

El Gran Saiyaman se eleva de nuevo.

– “¡Buena suerte, compañera!” – se despide antes de salir volando.

Videl se queda mirando al héroe alejarse en el horizonte con una desconfiada mirada.

– “¿Acaso…  es eso posible?” – se pregunta la muchacha, que tiene claras sospechas sobre quién puede esconderse bajo el disfraz. 

Finalmente, la hija de Satán espera a la policía y los delincuentes son apresados y puestos bajo custodia.

Videl regresa al instituto y recibe una estruendosa ovación por parte de sus compañeros, que ya han oído las noticias. Entre ellos Son Gohan, que se encuentra en su asiento.

La chica disimula, pero el aplauso no va con ella. Además, en esta ocasión, siente que es más inmerecido que nunca. La muchacha regresa a su asiento con una suspicaz mirada fija en Gohan. 

Con el paso de los días, luchar contra el crimen se convierte en rutina. Videl recibe llamadas de auxilio de la policía y acude sin falta. Gohan se inventa una excusa para salir de clase y llega a los lugares antes que Videl, algo que frustra a la joven justiciera… pero cuando ella regresa al instituto, Gohan siempre está allí.

El joven muchacho no pretende eclipsar a su amiga, pero su talante teatral y sus habilidades sobrehumanas pronto acaparan portadas en la prensa escrita y ocupan los espacios de muchos medios de comunicación.

Un día, antes del alba, un rascacielos arde en la metrópolis.

Videl se preparaba para ir al instituto cuando ha visto el horror desde la ventada de su habitación en la lujosa Mansión Satán.

La muchacha corre hasta el lugar del incendio. La policía ya ha acordonado la zona y el cuerpo de bomberos trabaja para extinguir las llamas que devoran los diez últimos pisos.

El edifico es demasiado alto para usar mangueras, así que la tarea se encomienda a varios jets específicamente equipados para combatir el fuego con cañones de agua.

Videl se acerca a uno de los bomberos.

– “¡¿Cuál es la situación?!” – pregunta la muchacha, que tiene que gritar para sobreponerse al rugido continuo de las llamas.

– “¡La estructura ha sufrido muchos daños!” – responde el hombre. – “¡No aguantará mucho!”

– “¡¿Hay alguien dentro?!” – pregunta Videl.

– “¡El edificio debería estar vacío!” – explica el bombero. – “¡Son todo oficinas y aún no habían empezado a…!”

Un estruendo interrumpe la conversación. Una explosión en la antepenúltima planta aviva aún más el desastre.

– “¡El incendio se ha descontrolado!” – exclama por radio uno de los pilotos.

– “¡Tened cuidado!” – se preocupa su compañero en tierra. – “¡Mantened una distancia segura!”

El piloto recupera la posición y sigue disparando su hidrocañón.

– “Esto es un desastre…” – murmura el hombre. – “Pero al menos no había nadie…”

Pero de repente, en la azotea, entre el denso humo y las gigantescas llamas, el bombero identifica a un hombre trajeado intentando pedir ayuda mientras se ahoga con su propia tos.

– “¡AYUD…! *cof, cof*” – intenta gritar el hombre. – “¡POR FAVOR!”

– “¡ATENCIÓN!” – avisa el piloto por radio. – “¡HAY UN HOMBRE EN LA AZOTEA!” – exclama. – “¡REPITO! ¡HAY UN HOMBRE EN LA AZOTEA!”

En tierra todos se asustan al oír la noticia.

– “¡¿Qué hace allí?!” – se preguntan los presentes.

El piloto intenta aproximarse, pero el humo y las llamas le impiden situarse sobre el tejado. 

– “¡No puedo acercarme más!” – exclama el bombero. – “¡El fuego no me lo permite!”

Los hombres que contemplan el incendio desde la calle suponen lo peor y agachan la cabeza derrotados.

– “Maldita sea…” – lamentan. – “No podemos hacer nada…”

Videl mira al cielo en todas direcciones esperando ver al Gran Saiyaman, pero éste no ha aparecido.

La muchacha estudia la distancia entre la aeronave y la azotea.

– “¡Necesito subir ahí!” – exclama Videl.

El bombero coloca la mano sobre el hombro de la chica.

– “No hay nada que hacer…” – intenta consolarla. – “Es demasiado peligroso.”

Videl aparta la mano del hombre. Ella no se ha rendido.

– “¡He dicho que necesito subir!” – insiste ella. – “¡Llame a uno de esos jets! ¡Ahora!”

En unos instantes, Videl ya se encuentra en el vehículo que sobrevuela la zona en círculos. Ella puede comunicarse con los bomberos a través de unos cascos que le han facilitado.

– “¡Acercadme todo lo que podáis!” – ordena la hija de Satán.

El piloto cumple la petición de Videl y se aproxima la azotea del edificio.

– “¡No puedo acercarme más!” – advierte el bombero.

Entre el tejado y el jet hay más de diez metros de distancia.

Videl mira fijamente su objetivo. La mirada de determinación alarma al piloto.

– “Oye…” – dice el bombero. – “No pensarás…”

Pero antes de que el hombre pueda terminar la frase, Videl salta.

La muchacha logra llegar al edificio y da una voltereta para amortiguar la caída.

– “Buff…” – resopla Videl, aliviada.

El hombre de la azotea está sentado en el suelo, aturdido por el humo, pero consciente.

– “¡¿Se encuentra bien, caballero?!” – pregunta Videl.

– “Lo siento…” – dice el hombre. – “Mi mujer me echó de casa… Vine a dormir a la oficina… Puede que una colilla…”

– “¡Ahora no es el momento!” – le interrumpe Videl. – “¡Tenemos que salir de aquí!”

La muchacha coloca el brazo del caballero sobre sus hombros para ayudarle a caminar y juntos se dirigen hacia el borde de la azotea… pero una nueva explosión sacude el edifico. Parte del tejado cae sobre la planta inferior.

– “¡Se va a derrumbar!” – exclama el piloto por radio. – “¡Salid de ahí!”

Cada vez más humo negro brota de entre las fracturas formadas en la azotea. La tos embarga a Videl.

– “No quiero morir…” – llora el hombre, desesperado.

– “¡No le va a pasar nada!” – intenta calmarlo Videl. 

El jet se acerca todo lo que puede a la azotea, mucho más de lo que sería considerado seguro.

– “¡VAMOS!” – exclama el piloto.

El hombre entre en pánico. Al ver el jet tan cerca empuja a Videl y corre hacia el vehículo dispuesto a saltar… pero en el último instante una nueva explosión sorprende a todos y obliga al jet a apartarse para no ser engullido por las llamas. El hombre se precipita al vacío.

– “¡NO!” – grita Videl, que ve desaparecer al hombre ante sus ojos.

La muchacha corre preocupada hacia el borde del tejado, pero el suelo se desmorona bajo sus pies. Videl se hunde entre los escombros y el fuego. El miedo se apodera de la joven muchacha mientras cae. 

– “¡G… GOHAN!” – grita desesperada.

De repente, raudo y veloz, el Gran Saiyaman aparece en el cielo y se precipita en picado sobre el edificio para rescatar a Videl de las llamas. El héroe se adentra en el fuego y asciende un solo instante después con la muchacha en brazos. 

Los testigos y cuerpos de seguridad celebran la llegada del nuevo héroe de la Satán City.

Videl, que había cerrado sus ojos con fuerza para no ver el final que la esperaba, se atreve a abrirlos y ve el rostro enmascarado de su salvador.

El Gran Saiyaman vuela hasta una azotea cercana.

– “¿Estás bien, Videl?” – pregunta el héroe mientras aterriza y la posa en el suelo.

– “Sí… Gracias…” – responde ella tímidamente. 

Videl está agradecida a su héroe, pero a la vez avergonzada por su fracaso.

– “Ese hombre…” – dice ella, preocupada. – “Está…”

– “Lo puse a salvo” – responde el Gran Saiyaman.

La muchacha se alegra de oír eso, pero a la vez parece alicaída.

– “Es una suerte que aparecieras… Has vuelto a salvar el día…” – suspira Videl. – “Creo que esto se te da mucho mejor que a mí.”

El Gran Saiyaman no sabe qué responder.

Tras un incómodo silencio, el héroe prueba suerte.

– “Trabajamos con el mismo objetivo.” – dice el Gran Saiyaman. – “¡Protegemos la paz y la justicia!” – exclama poniendo los brazos en jarra y mirando al infinito.

Videl fuera una media sonrisa.

– “La ciudad está más segura contigo” – dice la muchacha. – “Yo no puedo hacer lo que tú haces.”

El Gran Saiyaman se sorprende al escuchar a su amiga tan abatida.

– “Yo hago esto porque me gusta ayudar a la gente…” – dice Gohan. – “Pero sé que no me va a pasar nada. Sé que no encontraré a nadie más fuerte que yo. Sé que sus armas no van a hacerme daño…” – continúa. – “Pero tú… Tú sabes lo que te puede ocurrir… y decides actuar de todas formas.”

Las palabras del héroe conmueven a Videl, que le mira sorprendida.

– “Luchas por los débiles. Por lo que es justo.” – dice serio el Gran Saiyaman. – “Eres mucho más valiente que yo.”

Videl, sonrojada, agacha la cabeza tímidamente.

– “Gracias… Son Gohan.” – dice la muchacha.

– “No hay nada que agradecer” – responde el mestizo instintivamente.

Una enorme sonrisa se dibuja en el rostro de la hija de Satán.

– “¡LO SABÍA!” – exclama Videl, apuntando con un dedo acusador al enmascarado.

El mestizo se da cuenta de su error y se queda petrificado. Le han descubierto.

– “¡¿C… Cómo… Cómo me has descubierto?!” – titubea Gohan aterrado. – “¡Pero si voy disfrazado!”

Videl sonríe con chulería.

– “La voz, tu forma de hablar, de moverte…” – responde ella. – “Te veo cada día en clase. ¿Creías de verdad que con un casco ibas a engañarme?”

Gohan intenta defenderse como puede.

– “¡¿O sea, que estabas fingiendo?!” – replica el mestizo.

– “¿Eh?” – se extraña ella.

– “Todo esto que has dicho… Era para que bajara la guardia, ¿verdad?” – pregunta el Gran Saiyaman.

Videl se sonroja de nuevo.

– “Pues… ¡Por supuesto!” – disimula ella. – “¡Formaba parte de mi plan!”

Gohan se rinde y suspira.

– “¿Y ahora qué?” – pregunta el chico.

Videl se queda pensando, sujetándose la barbilla.

– “¿Cómo haces eso de volar?” – pregunta ella. – “Porque está claro que no es un truco…”

Gohan parece sorprendido por la pregunta.

– “No, no es un truco…” – responde el saiyajín. – “Es una técnica…”

– “¿Una técnica?” – murmura Videl. – “Así que se puede aprender…”

– “¿Eh? Sí… Claro…” – dice el chico.

– “¡Pues decidido!” – exclama ella. – “Vas a enseñarme a volar.”

– “¡¿QUÉ?!” – se sobresalta Gohan. – “¡¿YO?! ¡¿POR QUÉ?!”

 Videl se cruza de brazos haciéndose la dura.

– “Pues porque si no lo haces le diré a todo el mundo que el Gran Saiyaman es en realidad Son Gohan.” – le amenaza.

– “¡No hagas eso!” – suplica el mestizo.

– “Entonces…” – sonríe ella.

– “Está bien…” – suspira Gohan encogiéndose de hombros. – “Te enseñaré a volar…”

El rostro de la muchacha se ilumina con ilusión.

– “¡Estupendo!” – celebra ella.

Gohan se siente derrotado.

– “En menudo lío me he metido…” – piensa el mestizo.

Videl se dirige a la puerta de la azotea.

– “¡Pues nos vemos en un rato en clase!” – le guiña un ojo.

Gohan se despide sin ánimos.

– “Sí… Hasta ahora…” – dice el chico.

Videl intenta abrir la puerta, pero resulta que está cerrada.

Gohan ya se estaba marchando, pero Videl lo reclama.

– “Oye, Gran Saiyaman…” – dice la muchacha con cierta verngüenza.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Gohan.

– “Pues… Está cerrada…” – responde ella.

– “Está bien…” – suspira el chico.

Gohan desciende y se acerca a Videl hasta colocarse a escasos centímetros de ella y la agarra por la cintura.

– “¿Qué haces…?” – dice ella, ruborizada, pero con cierta ternura.

– “¿No quieres que te baje?” – responde Gohan, inocentemente.

– “¿Eh…? Sí, claro…” – dice Videl, apartando la vista hacia un lado. 

Gohan y Videl se elevan. Videl queda impresionada al sentir que está levitando en el aire, pero al mirar hacia abajo tiene cierto miedo y se agarra al gi verde de Gohan.

Los dos descienden lentamente hasta la acera de la calle.

Gohan la suelta e intenta apartarse.

– “Nos vemos en clase” – sonríe el mestizo.

Videl sigue mirando al suelo.

– “¿Eh…? Sí…” – responde ella.

– “Videl…” – dice Gohan.

La muchacha se da cuenta de que sigue agarrada al Gran Saiyaman.

– “¡Ah!” – exclama ella, que de repente propina un guantazo inesperado al joven muchacho que le gira el casco noventa grados.

El mestizo, completamente desconcertado, se recoloca su disfraz.

– “¡¿PERO QUÉ MOSCA TE HA PICADO?!” – pregunta el chico.

Videl empieza a alejarse.

– “¡Tú sabrás!” – responde ella. – “¡Nos vemos en clase!” – se despide alzando la mano sin darse la vuelta.

Gohan se cruza de brazos mientras ve a la muchacha marcharse.

– “No hay quién la entienda…” – refunfuña el mestizo. 

De repente, una avalancha de periodistas dobla la esquina y corren hacia el Gran Saiyaman.

Gohan se asusta y alza el vuelo rápidamente, desapareciendo en el cielo entre flashes, mientras los reporteros gritan su nombre e insisten en hacerle preguntas.