DBSNL // Capítulo 168: El combate de Son Goku

DBSNL // Capítulo 168: El combate de Son Goku

“Esto no se ha acabado, saiyajín.”

En Monmaas, Piccolo Daimaoh, ahora rebosante de energía maligna, se pone en guardia. Son Goku, sin embargo, no hace lo mismo, y sigue firme y en calma.

– “¿Estás seguro, Piccolo?” – le pregunta el saiyajín.

– “¡TE MATARÉ!” – grita el namekiano.

Piccolo embiste a Goku dispuesto a darle un golpe con el canto de la mano, pero el saiyajín detiene el ataque del diablo con facilidad.

El namekiano insiste en su ofensiva propinando un puñetazo en la nariz al saiyajín, haciéndole retroceder.

Piccolo apunta con su mano a Goku y dispara un poderoso ataque de ki que impacta de lleno contra su enemigo y lo lanza contra la pared del fondo de la cueva, contra la que rebota antes de caer al suelo.

Son Goku se ha quedado inmóvil. El rostro de Arak se ilumina, viendo a su bando victorioso.

Piccolo esboza una pícara sonrisa.

– “¿Es que no piensas pelear en serio?” – protesta el namekiano.

Son Goku se levanta como si nada. La parte superior de su gi ha quedado echa unos zorros.

– “Estaba comprobando tu nueva fuerza.” – dice el saiyajín, arrancándose el gi roto y lanzándolo a un lado.

– “¿Satisfecho?” – pregunta Piccolo.

– “No está mal.” – dice Goku. – “Aunque también he podido comprobar otra cosa…” – añade esbozando una media sonrisa. – “Eres más de lo que dices ser…”

– “¿Y lo sabes por encajar un golpe?” – se frustra el namekiano.

Son Goku no responde. Sus ojos se iluminan de nuevo.

Piccolo se pone en guardia una vez más, y ahora el saiyajín sí se prepara para luchar.

Goku analiza de nuevo a sus cinco enemigos; Garlick, Shiras, Piccolo, Arak y Salabim. Los tres primeros están preparados para pelear, mientras los dos brujos siguen maquinando fechorías uno a cada lado del portal. Broly sigue apresado.

En un abrir y cerrar de ojos, Goku y Piccolo se abalanzan el uno contra el otro a toda velocidad y se inicia un intercambio de golpes demoledor. Con cada impacto tiembla toda la gruta.

En el exterior, Madas puede sentir la energía vital del planeta acudiendo a la llamada de su pupilo.

– “¿Qué está pasando ahí dentro?” – se pregunta el anciano, incapaz de poder ver en la oscuridad que nace de esa cueva.

Goku, ahora que pone empeño en la pelea, enseguida gana terreno a Piccolo, que no puede hacer nada ante el poder que el saiyajín es capaz de invocar. 

Garlick interviene e intenta sorprender a Goku por la espalda, pero el saiyajín se revuelve rápidamente y detiene el puñetazo del diablo, para después contraatacar con un empujón de ki que lanza a Garlick hasta el fondo de la habitación.

Ahora es Shiras quien intenta sorprender a Goku lanzándole una de sus mazas, pero el saiyajín esquiva el proyectil inclinándose levemente hacia atrás.

Goku embiste al patrullero, que se ve obligado a utilizar su técnica transtemporal para intentar contrarrestar la velocidad endiablada del saiyajín.

– “¡¿Cómo es posible?!” – se pregunta Shiras, que se esfuerza en esquivar los golpes de Goku. – “¡Casi supera mis capacidades!”

El saiyajín hace retroceder a Shiras, que se ve obligado a crear una decena de clones de tiempo para intentar detener a su adversario.

Los Shiras invisibles rodean a Goku y cargan contra él, pero el saiyajín emite un estallido de energía que los repele. 

De repente, una nueva energía alarma al saiyajín, que mira hacia el umbral entre planetas. Broly, con los ojos en blanco y una mueca de odio en su rostro, cruza el nebuloso portal y llega a Monmaas.

Goku se sorprende al ver al saiyajín en pie, pero enseguida entiende que algo no va bien. Puede sentir un turbulento flujo del ki oscuro en su interior.

– “¿Qué le habéis hecho?” – murmura Goku.

Arak y Salabim sonríen satisfechos.

– “¡COSECHA, MONSTRUO!” – exclaman Arak.

– “¡CUMPLE LA VOLUNTAD DE LOS KASHVAR!” – añade Salabim.

Broly emite un grito ensordecedor que hace temblar la cueva. Todos los animales del planeta Monmaas pueden sentir ese terrible poder que se ha desatado.

El saiyajín adopta su forma más destructiva.

Son Goku mira a su adversario con cierto pesar.

– “Ya sabes como terminará esto, Broly” – dice el saiyajín. – “Por favor, no lo hagas.”

Broly aprieta los dientes y grita de nuevo, emitiendo una fuerte corriente de aire que sacude la gruta.

El saiyajín embiste a Goku, que esquiva el puñetazo del enemigo y lo agarra para proyectarlo contra el suelo con una llave de judo.

– “¡Detente!” – exclama Goku.

Broly se envuelve en una esfera de energía que desintegra el suelo bajo sus pies; se da la vuelta en el aire y embiste de nuevo a su enemigo.

Goku lo esquiva grácilmente, saltando por encima de él.

Broly se gira rápidamente y dispara un poderoso ataque de ki, pero Goku lo repele con el canto de su mano.

La esfera de energía se estrella en la pared de la cueva, provocando una gran explosión que crea una apertura al exterior.

Broly se abalanza sobre Goku, dispuesto a darle un puñetazo, pero el terrícola detiene el golpe con la mano izquierda.

– “Lo siento, Broly” – dice Goku.

El terrícola toca el pecho de Broly con la yema de los dedos de su mano derecha estirada y de forma repentina cierra su puño y con un golpe de cadera potencia el golpeo a su adversario, propinándole un puñetazo que lo empuja hacia la pared de la cueva, atravesándola y perdiéndose en el cielo para luego caer en mitad del bosque de Monmaas.

Arak está aterrado. Garlick y Shiras contemplan asombrados un poder devastador que supera todos sus pronósticos. Piccolo se siente frustrado por no estar a la altura.

Pero Salabim sonríe.

– “Esto no se ha acabado, saiyajín.” – dice el brujo. – “Tú y yo sabemos el secreto del poder de vuestra raza.”

De repente, un grito de Broly en el horizonte se transforma en un grotesco rugido.

– “¡NO TE ATREVAS!” – exclama Goku.

El terrícola sale volando por el agujero del techo y corrobora sus peores temores. Un simio gigantesco de vello rojizo grita al cielo mientras se golpea el pecho violentamente.

Dibujado por Ipocrito

Mientras tanto, en un remoto planeta, Bra y Pan, cuyo tiempo de fusión se ha agotado, intentan despertar a Ub, que ha regresado después de un duro tormento. Pan se encuentra sentada en el suelo, con la cabeza del chico en su regazo. Bra está de pie a su lado.

El muchacho abre los ojos con dificultad.

– “¿Dónde estoy?” – pregunta Ub, aún débil.

– “Has vuelto con nosotras.” – sonríe Pan.

– “Nos has puesto contra las cuerdas…” – suspira Bra.

– “Lo siento mucho…” – dice el chico. – “Yo…” – añade mientras sus ojos se inundan de lágrimas.

– “No es culpa tuya.” – dice Pan. – “Ya ha pasado.”

De repente, un ruido cercano llama la atención de Bra, que al darse la vuelta se da cuenta de que los trozos de Janemba que estallaron con la liberación de Ub se han unido y ahora forman una masa viscosa morada que está cobrando forma.

– “Chicos…” – dice la mestiza, preocupada. – “Creo que esto no ha terminado…”

DBZ – SAGA BU REWRITE / Capítulo 8: Majin Bu

DBZ – Saga Bu Rewrite / Capítulo 8: Majin Bu

El monstruo salido del huevo mira a su alrededor con curiosidad.

Babidí y Dabra no saben qué pensar de la criatura. Ese no era el aspecto que esperaban que tuviera el temible Majin Bu.

– “¿Ese es el monstruo?” – pregunta el demonio.

– “No lo sé…” – responde el brujo. – “Solo el Kaioshin lo ha visto antes…”

El rostro desencajado del Dios confirma el despertar del monstruo. Shin está temblando de miedo.

– “¿Es él?” – pregunta Piccolo.

– “Sí…” – responde Shin. – “Nunca olvidaré esa cara…”

Babidí sonríe.

– “¡Parece que es él!” – exclama el brujo. – “¡Majin Bu!”

– “¿Con esa pinta de bonachón?” – sigue incrédulo Dabra.

Majin Bu empieza a hacer estiramientos sin perder la sonrisa bobalicona de su rostro.

Una gota de sudor frío recorre la frente del namekiano.

– “Puede parecer idiota… Pero su presencia es terrible…” – dice Piccolo.

En las montañas rocosas, Vegeta se abalanzaba sobre Gohan, pero el mestizo le pide que se detenga.

– “¡Espera, Vegeta!” – exclama Gohan, mirando al horizonte. – “¡Ha aparecido una energía muy poderosa! ¡¿Será Majin Bu!”

Vegeta se detiene y mira en la misma dirección.

– “¿Ese es Bu?” – se pregunta Vegeta, poco impresionado. – “¡JAJAJA!” – ríe. – “¡Sabía que sería una decepción! Ese Kaioshin se asusta con facilidad para ser un Dios… Creo que hemos superado todas las expectativas…”

– “No te precipites…” – responde Gohan. – “El ki que siento es algo fuera de lo común…”

– “¡CÁLLATE!” – insiste Vegeta, furioso. – “¡SI LO QUE BUSCAS ES ESCAQUEARTE, NO TE LO PERMITIRÉ!”

Mientras tanto, Babidí se acerca a su monstruo.

– “¡Hola, Bu! Soy Babidí, el hijo de tu creador, Bibidí.” – se presenta el brujo. – “¡Y te he liberado de tu encierro!”

El monstruo le mira con desconfianza.

– “¡Desde hoy, seré tu amo y señor!” – dice el brujo.

Bu lo ignora.

– “¡Escúchame!” – repite el brujo, algo desquiciado. – “¡Soy tu nuevo amo! ¡Tu dueño!”

De repente, el monstruo se sorprende con una mueca sacándole la lengua que hace que Babidí caiga al suelo de espaldas y casi eche el corazón por la boca del susto.

– “¡JAJAJAJA!” – ríe Bu.

Piccolo está confuso ante la extraña actitud del monstruo.

Dabra lo mira s Majin Bu con recelo.

– “Bah… No es más que un payaso.” – murmura el demonio.

El comentario llama la atención de Majin Bu.

El monstruo hace una pose de fortachón y se dirige a Dabra dando saltitos, celebrando cada uno de ellos.

– “¡Hop! ¡Hop! ¡Hop!” – repite él.

Majin Bu se coloca en pose de pugilista delante del demonio.

– “¿Quieres pelear conmigo?” – dice Dabra con retintín. – “¿Ya sabes dónde te metes?” – añade esbozando una chulesca media sonrisa. – “Ya sabía yo que eras solo un idiota.”

Piccolo frunce el ceño.

– “¿De verdad es un peligro?” – le pregunta el namekiano a Shin.

– “Que su apariencia no te confunda…” – dice el Kaioshin. – “Esa criatura es el mal encarnado.”

Bu emite vapor a presión por los orificios de su cabeza y de sus brazos. Su rostro revela de repente una sonrisa aterradora.

El monstruo aplasta la cabeza de Dabra con un aplauso, haciendo sangrar sus oídos, y lo remata con una matada que lanza al demonio a volar hasta estrellarse contra una montaña cercana que se derrumba inmediatamente sobre él.

Piccolo y el mismísimo Babidí se quedan boquiabiertos ante la demonstración del monstruo, que confirma los peores temores de Shin.

– “¡Magnífico, Bu!” – celebra el brujo. – “¡Eres fantástico!”

Piccolo no puede evitar temblar.

– “Su fuerza ha aumentado de una forma descomunal en un solo instante…” – dice el namekiano. – “Jamás había visto nada igual…”

Lejos de allí, Trunks volaba hacia las montañas rocosas cuando ha sentido el terrible ki de Majin Bu.

– “¿Qué demonios es eso?” – se pregunta el chico.

Tras un instante, el chico continúa su camino hacia las energías de su padre y de Gohan.

– “No tengo tiempo…” – piensa el mestizo.

En las montañas rocosas, el ki de Bu ha detenido de nuevo el combate entre los dos saiyajín.

– “Es… es una energía inmensa…” – titubea Gohan.

Vegeta no parece interesado.

– “A mí no me importa…” – gruñe el saiyajín. – “¡Aún no hemos terminado nuestro combate!”

– “¡Ya basta!” – dice Gohan. – “¡Lo hemos despertado nosotros! ¡Si no lo detenemos, mucha gente morirá! ¡También Bulma y Trunks!”

Vegeta frunce el ceño, furioso.

– “¡CÁLLATE DE UNA VEZ!” – grita el saiyajín. – “¡HE VENDIDO MI ALMA A BABIDÍ PARA VOLVER A SER DESPIADADO! ¡NO ME IMPORTA NADA NI NADIE!”

Gohan juzga a su adversario con una mirada severa.

– “Sigue repitiéndote eso, si así te sientes mejor…” – dice el mestizo.

Vegeta se enfada por la acusación de Gohan, pero pronto logra calmarse.

– “Está bien.” – se resigna el saiyajín. – “No podemos pelear si sigues pensando en ese monstruo… Acabaremos con él y luego reanudaremos nuestro combate.”

– “Vegeta…” – sonríe Gohan, aliviado.

El saiyajín mira sobre el hombro de Gohan.

– “¡¿QUÉ?!” – reacciona Vegeta con terror.

Gohan se da la vuelta rápidamente.

– “¡¿QUÉ OCURRE?!” – pregunta el mestizo.

De repente, Vegeta noquea al hijo de Goku con un golpe en la nuca, haciéndole perder su transformación y dejándole inconsciente en el suelo.

– “Tan inocente como tu padre…” – dice el saiyajín. – “Majin Bu ha despertado por mi culpa. Yo lo solucionaré.”

Vegeta mira a Gohan con una sonrisa melancólica.

– “Si todo sale mal, tú eres la mejor opción para salvar la Tierra.” – sentencia el saiyajín.

Vegeta aprieta sus puños con rabia.

– “Maldito seas, Kakarotto…” – gruñe el saiyajín. – “Siempre tienes razón.”

Mientras tanto, Babidí intenta darle órdenes a Majin Bu.

– “¡Salúdame!” – insiste el brujo. – “¡Soy tu amo! ¡Obedece!”

El monstruo responde sacándole la lengua de nuevo.

– “¡¿Es que no piensas acatar mis órdenes?!” – se frustra el brujo. – “Si no me obedeces, puedo usar el hechizo para encerrarte de nuevo…”

Bu responde a la amenaza y hace una reverencia a Babidí.

– “Bien, bien…” – dice el brujo, satisfecho. – “Así me gusta…”

Piccolo estudia a su enemigo.

– “Parece un bebé…” – dice el namekiano. – “Si derrotamos al brujo, creo podríamos detener al monstruo…”

– “¡Te equivocas!” – replica Shin. – “Babidí es el único capaz de detenerlo. Ni siquiera su padre fue capaz de controlar a Majin Bu… Estoy seguro de que Babidí se verá obligado a encerrarlo de nuevo en el huevo… en algún momento.” – explica el Dios, agachando la cabeza, derrotado. – “Tendremos que esperar hasta entonces.”

– “Millones de personas morirán…” – dice Piccolo.

– “Billones.” – responde Shin. – “Planetas enteros.” – sufre el Dios. – “¡Pero no tenemos otra opción! Tenía la esperanza de detener a Babidí antes de que despertara al monstruo… ¡Pero todo ha salido mal! ¡He fracasado! Tenía que haberle hecho caso… ¡No confié lo suficiente en los mortales! ¡Es todo culpa mía! Podríamos haberlo intentado de otra forma…”

– “¿Qué?” – se sorprende el namekiano. – “¿De qué está hablando?”

– “Ya no importa…” – se resigna el Dios. – “…porque vamos a morir.”

Un grito de Babidí interrumpe a nuestros amigos.

– “¡MÁTALOS, BU!” – ordena el brujo. – “¡Liquida a esos dos!”

– “¡BUUUU!” – celebra un entusiasmado monstruo.

Piccolo agarra al Kaioshin por el brazo.

– “¡¡VÁMONOS!!” – exclama el namekiano.

Piccolo sale volando, arrastrando a Shin con él.

Babidí observa nervioso a sus enemigos alejarse.

– “¡¿A QUÉ ESPERAS?!” – le grita a su monstruo. – “¡¡NO DEJES QUE ESCAPEN!!” 

Majin Bu coge impulso y sale volando tras Piccolo a toda velocidad, surcando el cielo como un proyectil. 

En unos segundos el monstruo ha adelantado a nuestros amigos y se detiene frente a ellos, cortándoles el paso.

– “In… increíble…” – tartamudea el namekiano.

Majin Bu machaca a Piccolo sobre la cabeza y lo manda al suelo, dejándolo inconsciente.

Shin intenta rechazar al monstruo con un Kiko-ha, pero casi no tiene efecto en Bu, que responde imitándole y remitiendo al Dios de nuevo a los pies de Babidí.

– “¡Muy bien!” – celebra el brujo.

Majin Bu persigue a Shin y tras dar una voltereta cae sobre él, sentándose sobre el malherido Dios.

– “¡AAAAAHHH!” – grita el Kaioshin.

Bu se pone en pie y le propina una patada a Shin en el abdomen. El Dios se retuerce de dolor.

Babidí se acerca a su enemigo y se mofa de él.

– “¡JAJAJA!” – ríe el brujo. – “¡¿Qué pasa, Kaioshin?! ¿No ibas a detenerme?”

Majin Bu apunta al Dios con su manopla derecha, pero Babidí le detiene.

– “¡Espera, Bu!” – dice el brujo. – “Quiero matarle yo mismo…” – sonríe.

– “¿No me lo puedo comer?” – pregunta Majin Bu.

– “¿Eh? ¿Comer?” – se extraña el mago.

De repente, una lanza atraviesa la panza del monstruo por la espalda.

– “¡¿UH?!” – reacciona confuso Majin Bu.

– “¡¡NOO!!” – exclama Babidí. – “¡MI MONSTRUO!”

Dabra ha sido quién ha atacado a Bu a traición.

– “Amo Babidí…” – dice un ensangrentado demonio. – “Majin Bu es un peligro… No podrá controlarlo eternamente… ¿Es que no se da cuenta?” 

– “¡CÁLLATE!” – responde el brujo. – “¡¿QUÉ LE HAS HECHO A MI QUERIDO BU?!”

Pero el monstruo, sin perder su bobalicona sonrisa, se arranca la lanza fácilmente y la deja caer al suelo. La herida de su barriga se cierra al instante, sorprendiendo a todos los presentes.

– “¡Tú serás mi merienda!” – dice el monstruo.

Dabra, asustado, se pone en guardia, listo para pelear.

Bu se inclina ligeramente hacia delante y apunta a su adversario con la antena de su cabeza.

– “¡CONVIÉRTETE EN GALLETA!” – exclama el monstruo.

Un rayo fucsia zigzagueante nace del apéndice de Bu y sorprende al demonio, transformándolo en una gigantesca galleta.

Bu la sujeta antes de que caiga al suelo y se la mete en la boca. El monstruo la mastica.

– “¡Riquísimo!” – sonríe el monstruo tras engullir a Dabra.

– “¡JAJAJA!” – ríe Babidí. – “¡Muy bien!” – celebra.

El brujo señala a Shin.

– “¡Ahora cómete a este!” – ordena Babidí. – “¡Cómete al Kaioshin!”

Bu se acerca de nuevo a Shin.

– “Te convertiré en algo rico…” – piensa Bu, rascándose la barbilla. – “¿Chocolate? ¿Helado?” – cavila. 

– “¡JAJAJA!” – se burla Babidí. – “¡Qué final tan humillante!”

Shin cierra los ojos, pues sabe que es su final.

– “Maldición…” – lamenta el Dios.

De repente, una gran explosión sorprende al brujo y a su monstruo. La nave de Babidí ha estallado en mil pedazos.

– “Mi… ¡¡MI NAVE!!” – exclama el hechicero.

Majin Vegeta aparece entre la humareda de la explosión.

– “¡¿VEGETA?!” – se sorprende el brujo, que con la emoción ya había olvidado el combate que estaba teniendo lugar en las montañas. – “¡¿Qué haces tú aquí?!”

Muy lejos de allí, Trunks detiene su viaje.

– “¡¿Qué?!” – exclama confuso. – “¡El ki de mi padre ha vuelto a cambiar de posición! ¡Ahora está con ese poder monstruoso que he sentido antes! Y no percibo la energía de Gohan… ¡¿QUÉ ESTÁ PASANDO!?” – sufre el chico. – “¡Tengo que averiguarlo!”

El pequeño Trunks decide variar su rumbo.

Majin Vegeta ignora a Babidí y se fija en el monstruo.

– “Así que esta bola de grasa con cara de tonto es Majin Bu…” – dice el saiyajín. – “Y supongo que has matado a Piccolo.” – añade al no sentir el ki del namekiano.

Majin Bu se agacha para decirle algo a su dueño.

– “¿Qué significa “sebo”?” – pregunta el monstruo.

– “¡Significa “grasa”! ¡Quiere decir estás gordo!” – dice Bu. – “¡Es un insulto!”

El monstruo emite vapor a presión a través de sus orificios, tal y como hizo antes de atacara a Dabar.

– “¡Estoy furioso!” – exclama Bu. – “¡TE MATARÉ!”

Babidí sonríe.

– “¡Mátale!” – dice el brujo. – “Total, no me hace caso…” 

Vegeta se pone en guardia.

– “No creas que te lo pondré fácil…” – dice el saiyajín. – “Te arrastraré conmigo al infierno.”

Shin se sorprende al oír a Vegeta.

– “Vegeta…” – piensa el Dios. – “¿Qué ha cambiado?”

El ki del saiyajín estalla.

– “¡YAAAAAAH!” – grita Vegeta, concentrando su energía antes de atacar.

Vegeta se abalanza sobre Bu y le propina una tremenda tormenta de puñetazos y patadas. El monstruo es un mero saco de boxeo para el saiyajín.

Piccolo recupera la consciencia y, malherido, logra levantarse.

– “¿Vegeta?” – murmura al ver el duelo que está teniendo lugar. – “Eso significa…” – se preocupa por su pupilo.

El saiyajín continúa castigando al monstruo ante la mirada atónita de Babidí.

– “Bu…” – murmura confuso el brujo. – “¡¿Qué está pasando?! ¡DEFIÉNDENTE!”

Finalmente, Vegeta remata a Bu con una fuerte patada que lo lanza contra el suelo a varios metros de distancia. El monstruo rebota varias veces antes de detenerse. 

Bu se levanta de un salto y los golpes impresos en su carne se desvanecen repentinamente como si el monstruo fuera un globo que se ha rehinchado.

Vegeta se coloca de perfil y apunta a Majin Bu con sus dedos índice, corazón y pulgar. El aura del saiyajín se torna esférica, acumulando todo su poder.

De repente, un haz de luz nace de Vegeta y atraviesa el abdomen del monstruo antes de que éste pueda reaccionar, dejando un gigantesco agujero en su horonda panza, abatiéndole y dejándolo tirado en el suelo.

– “Je” – sonríe Vegeta.

– “¡BUUUU!” – grita Babidí, alarmado.

– “¡¿Lo ha logrado?!” – se pregunta Piccolo.

El monstruo se levanta al instante, sorprendiendo a todos.

– “¡¿QUÉ?!” – exclama Vegeta.

La herida del monstruo se regenera al instante.

– “Esta vez… me ha dolido un poco…” – gruñe Bu.

– “¿Es que eres inmortal o qué?” – refunfuña el saiyajín.

– “¡Muy bien! ¡Muy bien!” – celebra Babidí. – “¡Ahora, MÁTALE!”

Un aura esférica fucsia envuelve al monstruo de repente. Bu cruza sus brazos frente a su pecho.

– “¿Sabes una cosa…?” – dice el monstruo.

– “Bu…” – se asusta Babidí. – “¿Qué vas a…?”

El poder devastador de Bu sorprende de nuevo a todos los presentes.

– “¡¡ME CAES FATAAAAAAAL!!” – grita el monstruo a pleno pulmón mientras desata una onda expansiva que arrasa con todo lo que encuentra a su paso.

Babidí alza sus manos enseguida.

– “¡B… BARRERA!” – grita el desesperado brujo mientras se envuelve en una burbuja mágica, intentando protegerse.

Vegeta intenta defenderse del ataque, pero pronto es engullido por la explosión.

Shin y Piccolo salen despedidos por los aires.

La zona se ha convertido en un gigantesco cráter vacío a los pies de Majin Bu. 

Babidí ha sobrevivido gracias a su magia. 

– “Por poco me mata…” – suspira el hechicero.

Más allá del límite del cráter, un malherido Vegeta se pone en pie. Su brazo izquierdo, ensangrentado, ha quedado inutilizado.

– “Imposible…” – refunfuña el saiyajín. – “Es demasiado fuerte… y además parece inmortal… Creo que no podré derrotar a este miserable…”

Babidí lo observa sorprendido.

– “¿Sigue vivo?” – dice el brujo. – “Admito que, si no se hubiese rebelado, habría sido un fantástico gladiador…”

Piccolo también se levanta entre los escombros. Su distancia con la explosión le ha permitido sobrevivir.

– “Ha faltado poco…” – murmura el namekiano, que enseguida se fija en el saiyajín. – “Parece que Vegeta sigue vivo…” – murmura. – “¡¿Y EL KAIOSHIN?!” – se pregunta, asustado, al ver que la zona en la que se encontraba ha sido devastada por el estallido. – “Maldita sea…”

Majin Bu flota hasta Vegeta y desciende frente a él.

– “Me aburres…” – le dice el monstruo.

Vegeta se prepara para seguir peleando.

– “¿Qué puedo hacer…?” – se pregunta el saiyajín. – “¿Cómo puedo derrotar a este monstruo?”

En ese instante, Majin Bu agarra una lorza de su barriga y la estira hasta separar un trozo de su propia carne del resto de su abdomen.

– “¿EH?” – murmura un confuso Vegeta.

Majin Bu estira la masa rosada hasta convertirla en una tira gelatinosa.

– “¿Qué va a hacer con eso?” – se pregunta el saiyajín.

El monstruo dispara un pequeño proyectil de energía con su boca a los pies de Vegeta, que obliga al saiyajín a saltar para esquivarlo.

Bu aprovecha el momento para lanzar su trozo de carne contra el desprevenido saiyajín. La masa rosada se enrolla alrededor de Vegeta y lo apresa.

– “¡Ju, ju, ju!” – ríe Bu.

Vegeta cae al suelo inmovilizado.

– “Maldita sea…” – sufre el saiyajín, cuyos intentos por liberarse son inútiles.

Bu se acerca a Vegeta y le propina una fuerte patada.

– “¡Toma!” – exclama el monstruo.

Majin Bu salta sobre Vegeta y cae sobre él con todo su peso, haciendo que el saiyajín escupa sangre por su boca.

– “¡AAAAAAH!” – grita Vegeta.

El monstruo Bu empieza a golpear el rostro del saiyajín sin descanso.

– “¡Toma! ¡Toma!” – celebra Bu con alegría cada uno de los golpes que propina.

De repente, como un rayo, alguien asesta una patada en la cara a Majin Bu, alejándolo de Vegeta.

Trunks, transformado en Súper Saiyajín, aterriza junto a su padre y se apresura en liberarlo.

– “¡PAPÁ!” – exclama Trunks, preocupado. – “¡¿ESTÁS BIEN?!”

Babidí parece confuso.

– “¿Quién es ese niñato?” – se pregunta el mago. – “¿De donde sale?” – pero pronto sonríe de nuevo. – “Tampoco importa… Bu los matará a todos.”

– “Es posible…” – dice una voz que sorprende al hechicero.

La voz es de Piccolo, que se encuentra detrás de Babidí. 

El brujo se da la vuelta enseguida.

– “¡¿TÚ?!” – exclama Babidí.

– “Aunque no podamos detener a Majin Bu…” – dice Piccolo. – “…podemos detenerte a ti.”

– “No seas estúpido…” – responde el brujo. – “Si muero, nadie podrá encerrar a Bu… ¡Vagará por el universo destruyéndolo todo a su paso!”

– “¿Y en qué se diferencia eso de tu plan?” – replica el namekiano.

Una gota de sudor frío recorre la frente del brujo.

– “¡¡B… BU!!” – grita Babidí desesperado. – “¡¡DATE PRISA!! ¡¡MATA…!!”

Pero antes de que el brujo pueda dar su orden, Piccolo lo parte en dos de un solo golpe.

Las dos mitades de Babidí se precipitan contra el suelo.

– “No… No puede ser…” – piensa el brujo. – “Estaba a punto de ser el Rey del Universo…”

Vegeta, ahora libre, ha visto la escena.

– “Trunks…” – dice el saiyajín. – “Cuida de tu madre.”

– “¿Eh?” – murmura el chico, confuso. – “¿Qué? ¿Por qué dices eso?”

– “Márchate. Vete lejos de aquí.” – dice Vegeta. – “Lucharé con el monstruo Bu a solas.”

– “¡¡NO!!” – replica el mestizo. – “¡Lucharé contigo! ¡Si peleas solo te matará! ¡Pero los dos juntos podemos hacerle frente!”

– “No…” – responde el saiyajín. – “Majin Bu no es un enemigo que podamos derrotar con métodos normales…”

– “¡No es cierto!” – insiste Trunks. – “¡Soy mucho más fuerte de lo que crees! ¡He estado entrenando con Gohan! ¡Puedo ayudarte!”

Vegeta se queda un instante en silencio.

– “Trunks… No te abrazo desde que eras un bebé…” – dice el saiyajín. – “Déjame hacerlo ahora.”

– “¿Eh?” – se sorprende el mestizo.

Vegeta acerca a su hijo hacia él y lo abraza.

– “Papá…” – piensa Trunks.

– “Cuídate mucho, hijo.” – se despide Vegeta, con una sonrisa.

– “¿Qué?” – mira el chico a su padre.

De repente, Vegeta noquea a su hijo con un certero golpe en la nuca, dejándolo inconsciente en el suelo.

Piccolo desciende junto al saiyajín.

– “¿Qué ha pasado, Vegeta?” – pregunta Piccolo. – “¿Dónde está Gohan?”

En ese momento, el monstruo Bu se levanta y hace unos pocos estiramientos antes de decidir continuar. 

– “¡¿Quién me ha pegado?!” – exclama el monstruo. – “¡¿Has sido tú?!” – le pregunta a Piccolo.

Vegeta da un paso al frente.

– “Coge a Trunks y vete. Aléjate todo lo que puedas.” – dice Vegeta. – “Por favor.”

Piccolo se sorprende ante la cortesía con la que el saiyajín ha formulado su petición, así que decide confiar en él.

– “De acuerdo…” – responde el namekiano, que enseguida agarra a Trunks y se lo coloca bajo el brazo.

Vegeta se envuelve de nuevo en el aura de Súper Saiyajín 2.

– “Quiero preguntarte algo…” – le dice el saiyajín a Piccolo. – “Si muero, ¿me encontraré con Kakarotto en el Más Allá?”

Piccolo recapacita un instante su respuesta.

– “No creo en las mentiras piadosas… así que te diré la verdad.” – murmura el namekiano. – “Eso es imposible. Has matado a muchos inocentes. Cuando mueras, tu cuerpo desaparecerá y tu alma irá al purgatorio, donde se purificará, lo olvidará todo, y se reencarnará.”

– “Vaya…” – sonríe melancólicamente Vegeta. – “Qué rabia…”

El saiyajín mira a su adversario de nuevo.

– “Está bien.” – sentencia Vegeta. – “Vete, Piccolo. Date prisa.”

– “Sí…” – responde el namekiano, que enseguida alza el vuelo.

Piccolo, con Trunks en brazos, se alejan rápidamente de la zona de combate.

Bu, malhumorado, alza su mano y apunta al fugitivo.

– “¡EH! ¡No escaparás!” – exclama el monstruo.

– “¡ESPERA, MONSTRUO!” – le interrumpe Vegeta. – “¡Ya te encargarás de ellos cuando me venzas! ¡¿De acuerdo, bola de grasa?!”

– “¡¿Me has vuelto a insultar?!” – gruñe Bu, que de nuevo emana vapor por sus orificios.

– “Creo que empiezo a comprender tus habilidades…” – sonríe el saiyajín.

Piccolo vuela hacia el norte a toda velocidad.

– “Vegeta…” – piensa el namekiano. – “Por primera vez luchas por los demás… aunque te cueste la vida.”

El aura del saiyajín estalla en una gran llama que pronto se retuerce y toma forma esférica. La energía que emana de Vegeta hace que una fuerte corriente de aire alce una gran polvareda.

– “¡Te destrozaré de tal manera que no podrás regenerarte!” – amenaza Vegeta al monstruo.

Majin Bu, por primera vez, parece asustado.

Una sonrisa melancólica se dibuja en el rostro de Vegeta.

– “Adiós, Bulma… Trunks…” – piensa el saiyajín. – “Adiós, Kakarotto.”

Vegeta estalla, liberando toda la energía que había concentrado; poniendo incluso su energía vital en el ataque.

– “¡¡¡YAAAAAAAAAA!!!” – grita el saiyajín a pleno pulmón; un grito desgarrador.

– “¡AAAAH!” – se asusta Bu, que es engullido por la explosión.

Una gigantesca explosión ilumina la Tierra. El contraste de luz hace pensar que ha anochecido en el resto del planeta. La onda expansiva se transmite por el aire a todos los confines del mundo.

En la Corporación Cápsula, Bulma se encuentra trabajando en su taller cuando oye el estruendo del exterior provocado por el viento huracanado que ha alcanzado la Capital del Oeste. El corazón le da un vuelco.

– “¡¿Qué…?! Tengo un mal presentimiento…” – murmura preocupada. – “¡¿Vegeta?!”

En la Kame House, Krilín se encuentra mirando preocupado al horizonte, pues ha seguido los acontecimientos atentamente.

En el interior de la casa, Roshi y Oolong miran la televisión mientras la Número 18 juega con una niña pequeña rubia con coletas.

De repente, un vendaval sacude la isla, obligando a Krilín a cubrirse, y rompe los cristales de la casa, sorprendiendo a todos los presentes y asustando a la niña, a la que la androide enseguida protege. 

En Satán City, Satán se ha quedado sin palabras ante la revelación de su hija.

– “Ese… ese chico… él es…” – titubea el Campeón.

De repente, el viento sacude la ciudad y sorprende a todos sus habitantes. 

La onda expansiva también alcanza el Monte Paoz, sorprendiendo a Chichi, abriendo la puerta de su casa con la corriente.

En la Capital del Norte, Yamcha y Puar no tardan en sufrir el vendaval en plena calle.

Al este de la cordillera de montañas rocosas, Ten Shin Han y Chaoz, que estaban entrenando hasta que han sentido el ki de los saiyajín en acción, ahora también son alcanzados por los efectos de la explosión.

– “¿Qué significa todo esto…?” – se pregunta Ten.

Lo mismo ocurre en la Torre de Karín, donde Yajirobe y Karín tiene que sujetarse a la barandilla para no caer al suelo.

Dende observa la Tierra desde la Atalaya.

– “Vegeta se ha sacrificado… por todos…” – murmura el namekiano, sorprendido.

ESPECIAL DBSNL /// La Bella Durmiente // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte I: Makyo

La Bella Durmiente / Parte I: Makyo

“Este es mi salvoconducto.”

En un planeta remoto y oscuro, cuyo cielo está cubierto por tinieblas y el suelo es de roca y arena rojiza, tres monjes caminan por el desierto.

El primero de ellos, el que lidera la expedición, es un humanoide de piel lila, orejas puntiagudas, y cabello largo, lacio y blanco, viste botas negras, pantalón azul y un gi rojo y naranja. Una cinta negra cubre su frente.

El segundo es una mujer de piel rosada y cabello largo de color fucsia con flequillo, viste un mono azul y botas del mismo color. En su cinturón lleva un kunai adornado con una cinta roja enrollada en el mango.

El tercero es un ser de gran envergadura y piel gris, alto como una montaña, que viste con pantalón azul, un gi verde oscuro en la parte superior, y un casco vikingo. Un gran sable cuelga de su cinturón rojo.

– “¿Falta mucho, Shula?” – pregunta el hombre gris.

– “Paciencia, Gola” – responde el monje al frente. – “Estamos cerca.”

– “Espero que valga la pena…” – suspira la mujer.

– “Se nos ha encomendado esta tarea” – insiste Shula. – “Debemos cumplirla.”

– “Este lugar me da mala espina…” – dice Gola.

– “Tan grande y tan cobarde…” – se burla Melee.

El comentario no es bien recibido por Gola, que gruñe a su compañera.

Shula interviene antes de que la discusión escale.

– “No perdáis el tiempo peleando entre vosotros.” – dice el monje. – “No malgastéis fuerzas.”

De repente, en el horizonte, Shula identifica un gigantesco templo rocambolesco construido con roca negra.

– “Es… es allí…” – dice el monje, sorprendido ante tan extraordinaria pero terrorífica vista.

– “El Templo Makyo…” – dice Melee.

– “Es real…” – añade Gola.

Los tres personajes se acercan a la ominosa estructura.

– “¿Quién pudo construir algo así?” – pregunta Melee.

– “Mi gente” – responde Shula. – “El pueblo de Ira-aru.”

– “Es impresionante…” – sigue fascinado Gola.

Los monjes se topan con la gigantesca puerta de entrada. Gola intenta empujar las puertas fútilmente.

– “¿Y qué hacemos ahora?” – pregunta Melee. – “¿Alguna idea?”

– “Se requiere magia.” – dice Shula. – “Puede que él nos habrá.”

– “¿Quién?” – pregunta Gola.

De repente, un personaje aparece a sus espaldas. Es un hombre de aspecto demoníaco, de tez celeste, ojos rojos y cabello puntiagudo morado; viste muy elegante, con pantalón blanco, chaqueta a juego con su pelo, y una pajarita roja. En su frente luce una \”W\” roja tatuada. Se apoya en un bastón blanco adornado con una pequeña mola de cristal en su pomo.

– “Bienvenidos al Templo Makyo” – les recibe el extraño huésped. – “Me llamo Kerubero y estoy a cargo de este santuario. ¿En qué puedo servirles?”

Gola y Melee se ponen en guardia, nerviosos, pero Shula los calma con un gesto y da un paso al frente.

– “Me llamo Shula” – dice el monje. – “Y ellos son Melee y Gola.” – presenta a sus compañeros. – “He venido aquí para reclamar un sirviente.

– “Me temo que eso no es posible, señor.” – responde Kerubero. – “No tiene las credenciales necesarias. Solo una bruja con el salvoconducto del Rey Enma puede acceder al templo.”

Shula busca bajo sus ropas y revela una gran gema tallada de color rojo sangre.

– “Este es mi salvoconducto.” – dice el monje.

– “Una Bella Durmiente…” – se sorprende Kerubero. – “¿Cómo es posible? Solo las brujas del Más Allá tienen permiso para usarlas en su iniciación.”

– “Muchas muertes han sido necesarias para alimentar esta piedra.” – explica Shula. – “No dejes que sean en vano…” – fanfarronea.

– “Finges agallas…” – responde Kerubero. – “Es una lástima quete ocultes tras tus marionetas, hechicero.” – dice calvando sus ojos en las pupilas de Shula.

A millones de kilómetros de distancia, observando a través de una bola de cristal, Babidí frunce el ceño.

– “Vaya…” – protesta el brujo. – “Creo que lo he subestimado…”

Una \”M\” negra oculta tras la cinta de Shula brilla intensamente de color rojo y hace arder la prenda, revelándose. Los ojos del monje se ponen en blanco y la voz de Babidí sale de su boca.

– “Déjame pasar” – dice el brujo. – “La piedra está lista. ¡Quiero mi demonio!”

Kerubero no responde y sigue desafiando al brujo con su mirada.

– “Ji, ji, ji…” – ríe el brujo. – “Eres un demonio… Tu corazón es oscuro… ¡¡Vas a obedecerme!!” – amenaza. – “¡¡PAPARAPPA!!” – conjura.

El brujo intenta penetrar en la mente de Kerubero, pero el tatuaje de su frente se ilumina y expulsa a Babidí.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende el brujo.

Kerubero sonríe.

– “Una magia más poderosa que la tuya me ata mi deber desde hace eones.” – revela el guardián.

– “Eso ya lo veremos…” – gruñe Babidí.

Gola desenfunda su espada y la levanta sobre su cabeza para luego propinar un espadazo a Kerubero, pero éste lo esquiva dando un simple paso a la izquierda.

Melee agarra su kunai, atado por una cinta a su dedo corazón, y salta por encima de la espada de su compañero para lanzar el cuchillo a su adversario, pero éste lo esquiva agachándose.

Melee usa la cuerda para reclamar el kunai y obliga a Kerubero a evitarlo de nuevo, saltando por los aires y dando una pirueta, escalando así hasta una gárgola de la fachada.

Shula se pone en guardia. Babidí le ha devuelto el control.

El monje usa su poder mental para hacer levitar una columna del templo, arrancándola de la estructura, y la lanza a su enemigo, pero Kerubero la detiene con la punta de su bastón. La columna estalla en mil pedazos.

El guardián desciende, y al aterrizar clava su bastón en el suelo, provocando una onda expansiva destructora que repele a los tres hombres de Babidí.

Kerubero mira desafiante a sus enemigos. La esfera de su bastón se ilumina durante unos segundos.

– “No podréis derrotarme.” – dice el guardián. – “Y ya he avisado a mi Señor.”

Shula, Gola y Melee se levantan de nuevo y se ponen en guardia.

– “Nadie puede detener a nuestro Amo” – dice Shula. – “No siquiera los Kaioshin.”

Kerubero frunce el ceño al oír esas palabras.

– “Si lo que decís es cierto… Lo mejor será que os mate.” – dice el guardián.

Los tres monjes se abalanzan sobre el guardián, que con su vara detiene los golpes de Shula, los espadazos de Gola y repele el kunai volador de Melee.

– “Es inútil.” – dice Kerubero. – “No lograréis pasar.”

De repente, el rostro del guardián se torna diabólico y en su mano derecha se forma una esfera de ki rojo.

– “¡Bombardeo sangriento!” – exclama al disparar a sus adversarios.

Cristales de ki son proyectados contra los hombres de Babidí, provocándoles un centenar de cortes profundos a cada uno.

– “Os lo he advertido.” – dice Kerubero, con voz de ultratumba.

La resistencia de los hombres de Babidí es extraordinaria y logran ponerse de nuevo en pie.

– “Admito que la magia de vuestro señor es fuerte…” – dice el guardián.

Gola gruñe mientras carga contra Kerubero.

– “¡GRRAAAAH!” – grita el grandullón.

El guardián se anticipa a Gola y le golpea con la punta de la vara en el abdomen, provocando que el monje estalle en mil pedazos.

Shula y Melee se quedan boquiabiertos ante el poder de su adversario.

La mujer lanza su kunai y lo enrolla en la vara de Kerubero.

– “¡AHORA!” – exclama ella, tirando con fuerza de la cinta y desarmando al demonio.

Shula ataca al guardián, pero éste detiene el derechazo del monje con su mano izquierda.

– “Puedo canalizar mi energía a través del bastón… pero la técnica es mía.” – sonríe Kerubero.

El guardián golpea el pectoral derecho de Shula con la yema de los dedos índice y corazón de la mano derecha. El hombro del monje estalla, cercenándole el brazo y dejándole moribundo en el suelo.

Melee retrocede asustada, pero Kerubero no está dispuesto a dejarla huir.

El guardián alza su mano y prepara un ataque de energía.

– “Empalador sangriento” – murmura Kerubero, mientras una estaca de energía brota de su mano y atraviesa a la mujer.

El rostro de Kerubero regresa a la normalidad. El guardián reclama su bastón, que vuela hasta su mano.

De repente, un rayo cae sobre el templo Makyo. Las puertas han sido abiertas.

– “¡¿Qué?!” – se sorprende el guardián.

El guardián se acerca al malherido Shula y busca en su gi, pero no encuentra la piedra roja.

– “Maldición…” – gruñe el demonio.

Babidí ha usado su magia para teletransportarse al planeta y se ha colado en el templo. Ha llegado a una gran sala con un pilar central en el que se apresura en colocar la Bella Durmiente, proporcionando energía al santuario.

– “¡QUIERO MI DEMONIO!” – exclama el brujo, contento al ver que el templo responde a su llamada.

Una extraña niebla inunda el lugar. Durante un breve instante, el brujo puede ver el Makai ante sus ojos. Un lugar lleno de odio, dolor y muerte.

Kerubero persigue al brujo hasta la sala y se adentra en la niebla, que empieza a desvanecerse, revelando una silueta en el centro de la sala.

Un ser de piel rosada, cuernos pequeños en la frente y ojos amarillos rasgados, vestido con un mono azul, botas y capa blancas.

– “No… No es posible… ¡¿Dabra?!” – tartamudea Kerubero. – “¿Cuánta energía tenía ese cristal…?”

Babidí celebra su deseo cumplido.

– “¡Bienvenido, demonio!” – dice el brujo.

El recién llegado mira a su alrededor con recelo y luego se fija en el brujo.

– “¿Quién eres tú?” – pregunta Dabra.

– “Soy tu Señor…” – responde el hechicero. – “Babidí.”

– “Un brujo…” – murmura Dabra. – “Ju, ju… ¿Es una broma?”

– “¿Cómo dices?” – se sorprende Babidí.

– “Soy Dabra, el Rey de los Demonios.” – se presenta el diablo. – “No me arrodillaré ante ti.”

– “Cuida tus palabras, Dabra…” – protesta Babidí. – “Debes tu existencia a mi Maestro…”

Esas palabras llaman la atención del demonio.

– “¿Tú? ¿Eres un…?” – responde Dabra.

Pero Kerubero interrumpe la conversación.

– “Bienvenido, señor Dabra” – dice el guardián.

– “Kerubero…” – sonríe Dabra. – “Han pasado miles de años…”

– “¿Cómo está su padre?” – pregunta el huésped.

– “Viejo.” – responde el Rey.

– “Me alegro de verle, señor…” – sonríe Kerubero. – “Pero debo pedirle que regrese a su hogar.”

Dabra se fija en la marca de la frente del guardián.

– “Veo que tienes un nuevo dueño…” – dice el Rey de los Demonios.

– “Es mas bien un trabajo.” – responde Kerubero.

Babidí aprovecha la oportunidad para meter cizaña.

– “¡Mátale, Dabra!” – dice el brujo. – “¡Quiere encerrarte de nuevo!”

Dabra mira con desprecio al hechicero.

– “Cállate.” – le responde.

Babidí aprieta sus puños.

– “Te arrepentirás de esto, demonio…” – protesta el hechicero.

Kerubero sonríe.

– “Por favor, señor Dabra…” – dice el guardián. – “Regrese a su reino.”

– “Un reino de dolor…” – sonríe Dabra. – “Es aburrido… Nadie muere durante mucho tiempo…  Creo que antes de regresar, daré una vuelta entre los mortales…”

Kerubero sonríe con ironía.

– “No puedo permitirlo, señor.” – dice el guardián, transformando su rostro de nuevo.

Dabra abre su mano derecha y materializa una espada.

– “Esto va a ser divertido…” – sonríe el diablo.

El Rey se abalanza sobre Kerubero e intenta propinarle un espadazo, pero el guardián lo detiene con su vara.

– “Muy bien…” – sonríe Dabra.

El Rey de los Demonios insiste con varios ataques rápidos con su arma, pero Kerubero los detiene todos.

Dabra aparta al guardián de una patada.

– “No decepcionas…” – le felicita el Rey. – “Tu forma de pelear sigue siendo elegante y eficiente…”

– “Se ha vuelto muy fuerte, señor.” – responde Kerubero.

– “He seguido tus consejos.” – responde Dabra con cierta nostalgia.

– “Eso me enorgullece…” – sonríe Kerubero. – “Siento tener que matarle.”

– “No te preocupes.” – responde el Rey. – “Eso no va a ocurrir.”

Kerubero alza su mano y dispara un \”Bombardeo sangriento\” a Dabra, que resulta ser un espejismo.

– “¡Estoy aquí!” – exclama el demonio, que aparece detrás del guardián y le escupe una llamarada.

El guardián también resulta ser un espejismo.

Las llamas incendian la sala. Babidí tiene que refugiarse en una burbuja mágica que él mismo invoca.

Kerubero sorprende a Dabra por la espalda y le golpea con la punta de su bastón, repeliéndole y estrellándole contra el suelo.

– “¡AH!” – sufre el brujo.

El Rey cae en las llamas de rodillas y vomita sangre. Sus órganos internos han quedado hechos papilla.

– “Ah… ah…” – intenta respirar el diablo.

Kerubero desciende frente al Rey de los Demonios.

– “Lo siento, Dabra.” – dice el guardián. – “Aún no has superado a tu viejo maestro.”

El Rey de los Demonios se siente impotente. La ira le embarga.

Una sonrisa se dibuja en el rostro de Babidí.

– “Acepta mi poder…” – habla telepáticamente con Dabra. – “Acéptalo y nada podrá detenerte…”

De repente, una “M” negra se dibuja en la frente de Dabra. Su herida ha dejado de doler.

El demonio se levanta. Kerubero retrocede con recelo.

– “No… señor Dabra…” – sufre el guardián al ver que su viejo pupilo ha sucumbido.

Dabra agarra del cuello a Kerubero.

– “No perderé ante un viejo mayordomo.” – dice Dabra.

– “El Rey Abraca estará muy decepcionado…” – susurra Kerubero.

– “¡Yo soy el Rey ahora!” – replica el demonio.

Dabra lanza a Kerubero al fondo de la sala.

Babidí entra en escena.

– “Muy bien, Dabra… Muy bien…” – le felicita el brujo. – “¡Mátalo!”

– “A sus órdenes, amo Babidí.” – responde el demonio.

Dabra invoca una bola de fuego y hace arder al guardián del templo.

Babidí y Dabra salen del templo en llamas. El brujo guarda la Bella Durmiente en su túnica.

– “Vamos a lograr grandes cosas juntos, Dabra…” – sonríe Babidí.

– “Por supuesto, señor” – responde el demonio.

De repente, un moribundo Shula agarra la túnica del brujo.

– “Amo… Amo Babidí…” – dice el monje de Ira-aru. – “Por favor… ayúdeme…”

El brujo da una patada a Shula para que le suelte.

– “Ya no me sirves de nada…” – protesta el hechicero. – “¿Para qué te quiero?”

Dabra se acerca al monje y lo mira con desprecio.

– “Por favor…” – suplica Shula.

El demonio escupe al monje y éste se convierte en una estatua de piedra.

– “¡Buen trabajo!” – celebra Babidí. – “Con tu ayuda, lograré mis objetivos en un periquete.”

– “Le ayudaré en todo lo que pueda, señor.” – responde Dabra.

En unos instantes, el brujo y su demonio han desaparecido.

Un moribundo Kerubero, con su cuerpo quemado, se arrastra por el suelo hasta llegar hasta la estatua de Shula.

El demonio pone todas sus fuerzas en replicar la marca de su frente en la de Shula, sobre la \”M\” de Babidí.

– “Serás el testimonio de mi voluntad…” – dice el demonio. – “Te transmito mi juramento…” – añade antes de exhalar su último aliento.

DBSNL // Capítulo 167: Una tenue luz

DBSNL // Capítulo 167: Una tenue luz

“Eres mi mejor versión.”

En el escondite del kashvar Arak, Son Goku sospecha sobre la extraña ilusión en la que se encuentra atrapado. Frente a él, el brujo sigue sonriente y jugando con la Dragon Ball de cuatro estrellas en su mano.

– “Esto no es Monmaas…” – murmura el saiyajín. – “Pero no nos hemos movido… ¡¿Acaso…?!” 

En la cueva, Arak está solo en la misma sala. No hay rastro de Goku. El brujo ha dibujado un extraño portal con símbolos antiguos en la pared de su cueva y coloca la mano en el centro del umbral, haciéndolo brillar.

De repente, un grito empieza a oírse en la cueva cada vez con más fuerza.

– “¿Eh?” – se sorprende el kashvar.

La voz cada vez se oye con más volumen hasta que la realidad se rompe como un cristal, revelando a Son Goku en el centro de la sala.

– “¡¿Tan pronto?!” – se asusta Arak.

El grito de Son Goku cesa y el saiyajín clava su airada mirada en el malcarado hechicero.

– “Se acabaron los trucos, brujo” – dice Goku. 

– “No cantes victoria…” – refunfuña Arak.

El umbral dibujado en la pared se ha convertido en portal mágico de niebla que conecta la cueva con otro punto a través del universo; es el templo Yahirodono.

Garlick, Shiras y Piccolo Daimaoh cruzan el umbral.

Entre la neblina, Son Goku puede ver una gran estructura en el centro del templo, a Broly aprisionado frente a ella, y a Salabim observando desde una distancia segura.

Son Goku estudia a sus tres enemigos, entre los que identifica enseguida a su amigo namekiano.

– “Piccolo…” – murmura el saiyajín, entristecido al ver a su amigo con un rostro al que se enfrentó hace tantos años. – “¿Qué ha pasado?”

– “Son Goku…” – sonríe el demonio. – “Hoy es el día en que podré vengarme al fin.”

Garlick da un paso al frente.

– “No estamos aquí por vendettas personales.” – le recuerda el diablo a su compañero. – “Necesitamos tu energía, Son Goku.”

El saiyajín mira muy serio a su oponente y tras un lento parpadeo sus ojos se iluminan de color celeste.

– “Venid a por ella.” – dice Goku.

Garlick chilla y su cuerpo se transforma, adoptando su forma musculosa. Él y Shiras se abalanzan sobre el saiyajín.

El cuerpo de Goku se envuelve en la característica aura Genki.

Garlick lleva la delantera y se dispone propinar un puñetazo al saiyajín en la cara, pero Goku lo esquiva simplemente inclinando su cabeza hacia un lado, mientras contraataca con un sencillo puñetazo en el costado del demonio.

Garlick cae de rodillas al suelo, sorprendido por el devastador poder de su adversario.

Shiras salta por encima del diablo, volando directo hacia Son Goku, que se prepara para detener el golpe del patrullero, pero éste utiliza sus habilidades transtemporal para corregir la trayectoria de su puñetazo y alcanzar al saiyajín en la cara.

Goku da un paso atrás, pero enseguida vuelve a clavar sus ojos celestes en el patrullero, sin el menor signo de dolor.

Shiras siente un escalofrío al cruzar su mirada con la del saiyajín y retrocede instintivamente.

Garlick se levanta, y él y Shiras se ponen en guardia, ahora preocupados por las habilidades demostradas por su adversario.

Piccolo sonríe. Él es el único que había sido testigo previamente del verdadero poder de Son Goku.

El endemoniado namekiano hace crujir sus puños y su cuello.

Goku le mira detenidamente, ignorando a los otros dos individuos.

– “¿Por qué, Piccolo?” – le pregunta el saiyajín, ignorando a los demás.

– “Poder… Venganza…” – responde el namekiano. – “¿Necesito más?”

– “Tú no eres así.” – dice Goku. – “Ya no.”

– “¿Con quién crees que estás hablando?” – sonríe su viejo amigo. – “¡Yo soy Piccolo Daimaoh! ¡Rey de los Demonios!”

– “¿Qué debo decirle a Son Gohan?” – pregunta Goku.

Las palabras del saiyajín se clavan en Piccolo como cuchillos.

– “¡¡NO ME IMPORTA!!” – replica el namekiano. – “¡¡LUCHA CONMIGO, SON GOKU!!”

Garlick y Shiras se sorprenden al ver al namekiano movido por la ira.

– “Parece que fue una buena decisión reclutarlo…” – piensa Garlick.

Piccolo se envuelve en su nueva aura demoníaca de color rojo con relámpagos negros que chasquean a su alrededor.

Son Goku frunce el ceño al sentir ese oscuro ki.

Mientras tanto, en un planeta desconocido, Janemba sufre un terrible tormento.

– “¿Qué ocurre?” – se pregunta la fusión metamor. – “¿Es Ub? ¿Está luchando?”

De repente, en el interior del monstruo, Ub se encuentra frente Mr. Bu. El suelo invisible tiembla violentamente. Los dos están en vueltos en una brillante barrera de energía. Las tinieblas chochan contra la pantalla, intentando penetrar en la burbuja.

– “Señor Bu…” – dice Ub. – “¿Qué está pasando?”

– “Estoy muy contento de haberte conocido, Ub” – dice Bu. – “Ha sido toda una aventura.”

– “¿Qué significa eso?” – pregunta el muchacho.

Mr. Bu coloca su manopla sobre el hombro del chico.

– “Cuida del señor Satán y de su familia por mí.” – dice Mr. Bu. – “Yo ya no podré ayudarte.”

– “S… señor Bu…” – titubea Ub, con lágrimas en los ojos.

– “Eres mi mejor versión.” – se despide su compañero.

El cuerpo de Bu se desvanece, dejando a Ub solo.

La barrera se torna rosada y brilla con más intensidad.

Dos tenues voces masculinas que el chico desconoce pero que le resultan extrañamente familiares pueden oírse como susurros en la oscuridad.

– “Un muchacho muy peculiar, ¿no le parece?” – dice una de ellas.

– “Tiene buenos amigos.” – responde la otra, cuyo timbre de voz recuerda mucho al de Mr. Bu, pese a no ser la misma voz. – “Estará bien.”

La barrera estalla, empujando la oscuridad lejos del chico.

De repente, en el exterior, el cuerpo de Janemba se resquebraja y estalla en miles de trozos, revelando a Ub, descalzo y vestido con los pantalones blancos de Isla Papaya, que se desploma en el suelo, inconsciente.

– “¡UB!” – exclaman las chicas fusionadas, que pronto acuden a socorrerle. 

Mientras tanto, en la Tierra, Ten Shin Han, Mai y Baicha ya han llegado a la Corporación Cápsula en el vehículo del difunto Yamcha, donde son recibidos por Krilín y Brief.

– “Me alegro de veros” – dice Brief.

– “Es un alivio que estéis bien.” – suspira Krilín.

Baicha, que aún no es capaz de comprender completamente la situación, no tarda en empezar a juguetear Tama, el gato de la familia Brief, al que persigue por el jardín.

Ten Shin Han agacha la cabeza.

– “Creo que no queda nadie más.” – dice Ten. – “No hemos encontrado ningún rastro de vida en todo nuestro viaje.”

– “Es terrible…” – añade Mai. – “Solo hay horror y destrucción.”

– “Maldita sea…” – gruñe Krilín, que aprieta los puños frustrado.

En ese instante, una presencia en el cielo llama la atención de nuestros amigos. Uranai Baba ha aparecido de la nada, montada en su bola de cristal.