ESPECIAL DBSNL /// Terror // Universo 7 / Parte I: Imegga

Terror / Parter I: Imegga
“No puedo permanecer en este planeta…”
En el planeta Imegga, en un mercado callejero, un personaje encapuchado ha comprado una manzana con una moneda de plata.
El personaje camina entre las empobrecidas calles, abarrotadas de gente, de los barrios bajos de la metrópolis. Los mercaderes gritan ofreciendo sus mercancías. Carne, fruta y todo tipo de alimentos en dudoso estado se encuentran expuestos en varios puestos de comida.
La gran torre del señor Don Kee puede verse por encima de los demás edificios, siempre recordando a los habitantes de la ciudad quién está por encima de ellos y quién manda.
Una patrulla formada por cinco soldados irrumpe en el mercado, causando un alboroto. La gente se aparta para dar paso a los hombres del Gobernador, que parecen estar buscando a alguien.
Finalmente, los soldados se detienen en un puesto de venta de fruta.
– “¿En qué puedo ayudarles?” – dice temeroso el mercader.
El líder de la patrulla, un individuo de tez morena, calvo y con barba pelirroja, sin mediar palabra, propina una patada a las cajas de género del puesto, echando a perder toda la mercancía, que rueda por el suelo.
El personaje encapuchado observa desde la distancia.
El mercader, un individuo de piel celeste, de mediana edad, pero con claros problemas de salud, se agacha a recoger la fruta, mientras los soldados se ríen.
– “¿Dónde está nuestro dinero, Futopa?” – le pregunta el soldado.
– “Lo siento, Capitán Gale” – responde el mercader. – “No he podido reunirlo…” – se disculpa mientras sigue recogiendo su mercancía.
– “¡Excusas!” – exclama el soldado. – “¿Es así como agradeces mi protección?”
El Capitán Gale propina una patada al mercader en el costado, dejándole en el suelo, acurricado.
– “Sois basura…” – le espeta Gale.
La hija del mercader corre a socorrer a su padre.
– “¡Basta!” – dice la muchacha, de piel celeste y cabello naranja. – “Por favor, no hagáis daño a mi padre… Está enfermo.”
Gale sonríe al ver a la bella chica.
– “¿Qué tenemos aquí?” – dice en tono fanfarrón, acercándose a la joven. – “¿Cómo te llamas, preciosa?”
La chica ignora al Capitán, y éste la agarra del brazo.
– “¿Qué te parece si discutimos las deudas del viejo tú y yo a solas?” – dice el soldado.
En ese instante, el Capitán Gale siente que alguien le llama la atención tocándole el hombro.
Gale se da la vuelta, pero enseguida recibe un golpe que lo lanza contra un puesto de venta cercano.
El personaje encapuchado ha intervenido.
Los cuatro soldados restantes apuntan con sus armas al misterioso individuo, pero éste se encarga de todos con pasmosa facilidad.
La gente corre despavorida hacia sus casas, temiendo tanto al forastero como a la segura reprimenda de Don Kee.
La muchacha intenta levantar a su padre, aterrada ante lo ocurrido.
El encapuchado la mira y le lanza una pequeña bolsa de monedas.
– “Espero que esto os ayude.” – dice el personaje.
La chica no responde.
Cuando el encapuchado se da la vuelta, la joven susurra un débil y tímido “gracias”.
El misterioso personaje desaparece rápidamente, saltando sobre los tejados de los edificios colindantes.
En unos minutos, Don Kee ha sido informado de lo ocurrido. En su despacho el Gobernador se levanta de la silla y se acerca al balcón para observar su ciudad. Su guardaespaldas se encuentra de pie, a su lado, en completo silencio.
– “No puedo tolerar una insubordinación así.” – dice el estrafalario personaje. – “¿Puedes echar un vistazo, Ledgic?”
– “Por supuesto.” – responde el guerrero.
Mientras tanto, el personaje encapuchado ya se está en las afueras de la metrópolis, dentro de una cueva en la que se encuentra una extraña nave de tecnología muy antigua.
El encapuchado entra en la nave y teclea unas coordenadas.
– “No puedo permanecer en este planeta…” – suspira apenando.
En ese instante, el individuo siente una extraña presencia a su espalda.
– “¿Quién eres?” – pregunta sin darse la vuelta.
– “Esperaba un poco más de respeto por parte de un inushi” – sonríe el recién llegado.
El encapuchado se sorprende al ver que alguien le ha reconocido y se quita la capucha mientras se da la vuelta.
– “¿Y por qué debería mostrar resp…?” – dice el inushi.
Pero al ver a su acompañante se queda sin palabras.
– “Eres… usted es… es un…” – titubea el guerrero perruno. – “Un Kaioshin.”
– “Cerca.” – sonríe Zamas. – “Soy el Dai Kaioshin.”
El inushi se arrodilla ante el ser celestial.
– “Lo siento, señor…” – dice el cánido. – “Le suplico que perdone mi insolencia…”
– “Tranquilo, Nasjorin.” – dice Zamas.
– “¿Sabe mi nombre?” – se sorprende el inushi. – “¿A qué debo tal honor?”
– “Están pasando cosas terribles.” – explica el Dai Kaioshin. – “Y necesitamos toda la ayuda posible.”
– “¿Mi ayuda?” – dice Nasjorin. – “¿El Dai Kaioshin ha visitado el mundo de los mortales para solicitar mi ayuda?”
Zamas suspira.
– “Sé que esto no es fácil de comprender…” – explica el Dios. – “Pero en otro universo ocupabas mi puesto.”
– “¡¿Yo?!” – no sale de su asombro el inushi. – “¡¿Un Dios?!” – pero enseguida se da cuenta de que algo no cuadra. – “Espere… ¿Otro universo?”
– “Hay mucho que debes aprender.” – sonríe Zamas.
En el mercado de la ciudad, Ledgic observa el lugar de los hechos. Dos soldados le acompañan. La calle se encuentra desierta. La gente se ha encerrado en sus casas. Solo algún curioso osa mirar por la venta a la mano derecha del Gobernador; una imagen poco habitual.
Los cuerpos de los soldados aún siguen en el suelo. Nadie los ha recogido.
Un soldado se acerca a Ledgic.
– “Un informador nos ha dicho que fue obra de un solo hombre.” – dice el soldado.
Ledgic se acerca al cuerpo del Capitán Gale y lo observa detenidamente. El guerrero se fija en un pelo extraño sobre el cuerpo del soldado.
Ledgic lo agarra y lo examina detenidamente y después lo huele.
– “¿Ha encontrado algo, señor?” – pregunta un soldado.

El guerrero ignora a su hombre y se mete el pelo en la boca para después masticarlo.
– “No es imegga…” – murmura Ledgic. – “Es…”
De repente, Ledgic siente una extraña presencia. Sin mediar palabra, el guerrero se eleva rápidamente y alza su mirada al cielo.
– “¿Qué demonios…?” – se pregunta el guerrero.
En la torre de Don Kee, el Gobernador observa aterrado la misma escena.
Una nave ha entrado en la atmósfera del planeta y de ella salen varias docenas de personajes vestidos con monos naranjas con el símbolo de la Patrulla Galáctica.

DBSNL // Capítulo 132: Ikigai

DBSNL // Capítulo 132: Ikigai
“Vuestra resistencia es inútil.”

En el hogar de Jiren, Vegeta y el guerrero llegan a una gran sala en el interior del templo. En un pequeño altar, un pergamino enrollado se encuentra exhibido.
– “Este pergamino ha sido conservado por mi gente durante milenios.” – dice Jiren. – “En él se revelan las claves para dominar un poder prohibido; El Ikigai.”
Vegeta escucha atentamente.
– “¿Es así como lograste tu fuerza?” – pregunta el saiyajín.
– “Mi viejo maestro intentó dominar los secretos del Ikigai durante siglos, pero nunca lo logró.” – narra Jiren. – “Solo después de que Madas me encontrara y me diera un propósito, fui capaz de soportar la carga que esta técnica requiere.”
– “Una técnica que aumenta tu poder e impone un gran castigo al usuario…” – murmura Vegeta, algo escéptico. – “¿Cómo el Kaioken?”
– “¿Kaioken?” – piensa Jiren. – “¿Te refieres a la técnica que utilizasteis tú y Son Goku durante el torneo?”
– “Sí.” – dice Vegeta. – “Es la técnica del Kaio del Norte.”
– “La carga del Ikigai no se ejerce sobre el cuerpo.” – responde Jiren. – “Son tu mente y tu espíritu los que sufren las consecuencias.”
– “¿A qué te refieres?” – pregunta el saiyajín.
– “Esta técnica tiene un fuerte componte espiritual.” – explica Jiren. – “Ser capaz de controlarlo depende sobretodo de tu fuerza de voluntad” – le advierte. – “Debes tener claras tus metas.”
– “Bien…” – sonríe Vegeta. – “Estoy listo.”
– “Esa decisión no te corresponde.” – responde el haiirotoko.
Vegeta se sorprende ante las palabras de Jiren.
– “¿Qué quieres decir?” – pregunta el saiyajín.
– “La tradición exige que quien pretenda aprender los secretos del Ikigai debe estar dispuesto enfrentarse a los monjes del templo para demostrar su valía.” – explica el haiirotoko.
– “Creía que este lugar estaba abandonado…” – dice Vegeta.
– “Aún queda un monje con vida.” – responde Jiren.
El haiirotoko se quita su capa y la lanza a un lado, revelando unos austeros pantalones de saco atados con una cuerda a modo de cinturón.
– “¿Estás listo para afrontar la prueba, Vegeta?” – le pregunta Jiren.
Una gota de sudor recorre la frente del saiyajín que, a pesar de conocer el poder de su adversario, no está dispuesto a abandonar.
Vegeta se transforma en Súper Saiyajín Blue. El saiyajín acepta el reto.
En la Tierra, Gohan y Piccolo están dispuestos a enfrentarse a Maji-Kayo mientras Goten prepara el “Bankoku Bikkuri Sho” de Roshi.
Maji-Kayo convierte su brazo derecho en una gran hacha y su brazo izquierdo en un enorme martillo.
– “Vuestra resistencia es inútil.” – dice el extraterrestre. – “Cuando haya acabado con vosotros, buscaré la fuente de energía que me habéis arrebatado.”
Son Gohan y Piccolo se abalanzan sobre el enemigo, que responde de la misma forma. 
Gohan toma la iniciativa y adelanta al namekiano.
– “¡TAIYO-KEN!” – sorprende Gohan al alienígena con la técnica cegadora de la escuela Grulla.
La luz sorprende a Maji-Kayo, que durante un breve instante parece desconcertado.
Los brazos de Piccolo surgen de detrás de Gohan, por ambos lados, y se enrollan alrededor del extraterrestre, intentando restringir sus movimientos, pero Maji-Kayo reduce su tamaño y salta por los aires, libre del agarre del namekiano.
Gohan va tras el enemigo, que enseguida transforma sus brazos en dos grandes mazas con las que intenta aplastar al mestizo.
– “¡GOHAN!” – exclama Piccolo, preocupado.
– “¡MUERE!” – grita Maji-Kayo.
Las dos mazas se aproximan a gran velocidad, pero una gran explosión de energía ocurre justo antes de que impacten contra el saiyajín.
Son Gohan se ha transformado en Súper Saiyajín 3 y ha detenido el ataque. 
– “¡HA!” – exclama Gohan, generando una fuerte corriente de energía que aparta las mazas.
En un parpadeo aparece frente a Maji-Kayo y le propina un puñetazo en la mejilla, provocando que pierda parte de su masa viscosa. Antes de que el enemigo pueda reaccionar, Gohan continúa con una tormenta de patadas en el abdomen y lo remata con una voltereta terminada en un golpe vertical descendente con el tacón de su bota que manda al villano directo al suelo.
Piccolo sonríe al contemplar el poder de Gohan.
Son Goten, que sigue preparando su técnica, también esboza una media sonrisa.
En la azotea, los espectadores celebran.
– “¡Así se hace, cariño!” – celebra Videl.
– “¡Muy bien, papá!” – exclama Pan.
La herida de Ub sigue curándose.
– “Bien…” – sonríe el chico. – “Parece que al final todo saldrá bien.”
Katopesla sigue preocupado.
– “No puede ser tan fácil…” – murmura el justiciero.
Gohan desciende lentamente y se coloca junto a Piccolo.
– “No puedo aguantar mucho tiempo así” – dice Gohan. – “Tenemos que acabar con él cuanto antes.”
– “Bulma pronto tendrá el dispositivo listo.” – dice el namekiano. 
Gohan mira a su hermano.
– “¡Date prisa, Goten!” – dice Gohan.
De repente, al disiparse la polvareda causada por la caída de Maji-Kayo, Piccolo se da cuenta de que el cráter está vacío.
– “¡No está!” – exclama el namekiano.
– “¿Ha huido?” – se pregunta Gohan.
Pan se eleva y observa los alrededores.
– “No veo nada…” – dice la mestiza.
Videl enseguida se comunica con la Corporación Cápsula.
– “¡¿Veis algo en el radar, chicos?!” – pregunta la Great Saiyaman 2.
En la Corporación Cápsula, Trunks, que estaba trabajando en el dispositivo electromagnético, recibe la llamada y echa un vistazo al mapa.
– “Negativo.” – dice el mestizo. – “¿Le habéis perdido?”
– “Parece que se ha escondido bajo tierra.” – dice Videl.
– “Viendo la velocidad a la que se ha movido antes, podría estar en cualquier parte…” – murmura Trunks.
– “Estad atentos.” – dice Gohan. – “Podría intentar apoderarse del generador de la Corporación.”
– “Estamos alerta.” – dice Trunks. – “Bra está haciendo guardia. Si aparece, lo sabremos.”
En la Atalaya de Kamisama, Dende observa la Tierra, atento a los acontecimientos. A su lado, Ten Shin Han está concentrado, intentando seguir el combate mediante el ki de sus amigos.
– “¿Han dejado de luchar?” – pregunta Ten. – “¿Qué está ocurriendo?”
– “El enemigo se ha escondido…” – responde Dende. – “Tengo un mal presentimiento.”
En el interior del palacio, en una habitación, Lázuli se encuentra descansando en la cama y Krilín espera sentado a su lado que recupere el conocimiento. En otra sala, Lapis, Mai, Puar y Suno juegan a cartas, esperando a que todo termine.
En la zona trasera del palacio, Yamcha y el Número 8 juguetean con Baicha para distraer al chico.
En Monmaas, Son Goku medita en la rama de un árbol, acompañado por Madas.
– “Tienes que dejar que la energía fluya a través de tu cuerpo.” – dice el anciano. – “Esa energía tiene que formar parte de ti y tú debes ser parte de ella. No es un préstamo. Debéis ser uno.”
– “No sé si lo entiendo…” – dice Goku.
Madas suspira.
– “Voy a hacerte una demostración.” – dice el anciano. – “Ponte en pie.”
Son Goku se levanta.
– “¿Qué hago?” – pregunta el saiyajín.
– “Atácame.” – dice Madas.
– “¿Eh?” – dice Goku, confuso. – “¿Que le ataque?”
– “Sin miedo.” – sonríe el anciano. – “Atácame.”
Goku se pone en guardia, sin mucha fe en Madas.
– “Está bien…” – dice Goku. – “¡Allá voy!”
El saiyajín intenta propinar un puñetazo a Madas, pero éste detiene su puño fácilmente con una sola mano. Son Goku se queda asombrado.
Madas contraataca golpeando a Goku en el abdomen con la palma de su mano, y el saiyajín sale repelido hasta chocar contra el tronco del árbol e incrustarse en él.
– “Increíble…” – murmura Goku, dolorido. – “Se ha vuelto muy fuerte…”
– “No es cierto.” – responde Madas. – “Esta fuerza no es mía.”
Son Goku intenta dar un paso al frente y cae de rodillas.
– “Creo que empiezo a entenderlo…” – dice Goku.
– “¡Estupendo!” – exclama Madas. – “Pues volvamos a intentarlo.”
De repente, en la Corporación Cápsula, la señal de Maji-Kayo reaparece en el mapa.
– “¡¿Dónde está?!” – se pregunta Trunks, intentando identificar la posición en la que ha aparecido. – “¡¿Dos localizaciones?!”
– “¡¿Le tienes?!” – pregunta Gohan.
– “Hay una señal…” – responde el hijo de Bulma. – “¡Ha aparecido cerca de la Torre de Karín!” – exclama.
– “¡¿Ha detectado a Lázuli?!” – se sorprende Gohan. 
– “La Atalaya debería ser un lugar seguro…” – dice Piccolo.
– “Es extraño… Se aleja de la Atalaya… ¿Qué hay al norte?” – se pregunta Trunks.
En ese instante, Bulma, que está escuchando la conversación, se acerca al mapa y le echa un vistazo.
– “Las montañas Tsumisumbri” – dice Bulma.
– “No puede ser…” – se asusta Trunks.
– “¡EL LABORATORIO DE WHEELO!” – exclama Piccolo. – “¡Va a por el reactor del laboratorio!”
Son Gohan, frustrado al sentir que les han vuelto a tomar el pelo, se prepara para emprender el vuelo.
– “Maldición…” – lamenta el mestizo.
– “¡Vamos!” – exclama Piccolo.
Son Goten, también molesto, deja de preparar su técnica.
– “Todo esto para nada…” – murmura el mestizo.
De repente, un afilado tentáculo brota del suelo y ensarta a Goten en el hombro, cerca del corazón, saliendo por su omoplato, implantando el horror en todos los presentes.

ESPECIAL DBSNL /// Daimaoh // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte II: Las Dragon Balls

Daimaoh // Parte II: Las Dragon Balls
“Empecemos cuanto antes.”


El demonio reptiliano desciende frente a los aterrorizados aprendices de artes marciales. 
Kame, Tsuru y otros dos luchadores experimentados se ponen en guardia, mientras los demás recogen al malherido Tora e intentan ponerse a salvo.
– “No iréis a ninguna parte” – sonríe el demonio alado. 
Con una velocidad sobrehumana se escurre entre los cuatro luchadores y atraviesa con su garra el pecho del moribundo Tora.
– “¡MALDITO SEAS!” – grita Kame.
El demonio dibuja en su rostro una mueca terrorífica.
– “Esto es lo que le pasa a todo aquel que se opone al Rey de los Demonios; Piccolo.”
Uno de los cuatro luchadores, furioso ante la visión de su compañero asesinado, embiste al demonio.
– “¡HAAAAA!” – grita el artista marcial.
– “¡ESPERA, KUMA!” – le advierte el joven Tortuga.
El luchador agarra al demonio por la cintura y lo empuja, demostrando una gran fuerza física.
– “Muy bien…” – se burla el diablo. – “No está nada mal para un humano.”
El demonio agarra al guerrero por la cintura y lo levanta boca abajo sobre su cabeza, para un instante después estamparle contra el suelo y partirle el cuello.
Kame y Tsuru se quedan boquiabiertos ante la brutalidad del enemigo.
– “¡CORRED!” – advierte Kame a sus compañeros.
Tsuru alza su dedo índice y concentra su ki en él.
– “¡DODONPA!” – exclama el luchador, que lanza su concentrado ataque contra el enemigo.
El demonio lo esquiva fácilmente, inclinándose a un lado para dejar pasar de largo el ataque.
– “Muy lento” – se burla el ser reptiliano.
– “Mi… mi técnica…” – titubea el joven Grulla, humillado por el enemigo.
Un luchador ataca al demonio con una tormenta de golpes. El guerrero tiene los dedos agrupados como si sus manos fueran aguijones e intenta asestar un golpe en algún punto vital del enemigo, pero sin éxito. El diablo esquiva todos los ataques con facilidad.
De repente, el demonio agarra por el cuello al luchador y lo estruja hasta partírselo.
– “¡SASORI!” – lamenta Kame. – “Maldición…”
El demonio deja caer el cadáver del luchador al suelo.
– “Solo quedáis dos…” – dice con desprecio.
El joven Kame se prepara para realizar su mejor técnica.
– “Ka… Me…” – recita. – “Ha… Me…”
El diablo no parece preocupado.
– “¡HAAAAAAA!” – dispara el luchador.
El reptiliano demonio extiende su mano y detiene el Kamehameha, que estalla sin causarle ningún daño.
– “¿Eso es todo?” – se burla el enemigo.
Kame sonríe, desconcertando al demonio, que enseguida se da cuenta de que ha perdido de vista al otro guerrero.
Al no encontrarlo, decide levantar su vista al cielo. Ahí está Tsuru, levitando sobre el enemigo y con sus manos formando un cuadrado en el que enmarca al demonio.
– “¡AHORA VERÁS!” – exclama Tsuru. – “¡KIKO-HO!”
Un torrente de ki cae sobre el enemigo. El pánico se apodera del demonio, que nada puede hacer para defenderse de tal ataque.
Una gran explosión de luz ilumina el lugar. 
Cuando Kame recupera la visión, se da cuenta de que en el suelo se ha formado un gran agujero cuadrangular del que no se puede ver el fondo.
– “Impresionante…” – murmura el aprendiz. – “No sabía que Tsuru se había vuelto tan fuerte…”
Tras el titánico esfuerzo, Tsuru se desmaya y cae al suelo. Kame enseguida corre a atenderle. 
– “¿Estás bien?” – le pregunta Kame. – “Has puesto mucha energía en esa técnica.”
– “¿Está muerto?” – pregunta Tsuru.
– “Creo que sí…” – responde su compañero.
Muy lejos de allí, Piccolo Daimaoh, que se encuentra masacrando un batallón de soldados que ha osado oponerse a su conquista, siente una extraña presencia.
– “Alguien ha matado a mi hijo Bongo…” – murmura sorprendido el demonio.
Furioso, Piccolo abandona el lugar y se dirige hacia Fukkuro.
En la Atalaya de Kamisama, Dios observa la Tierra con semblante preocupado.
– “Esos humanos son fuertes…” – murmura Kamisama. – “Pero no creo que sean capaces de detener a Piccolo.”
Mr. Popo interrumpe el pensamiento del Dios.
– “He reunido las piedras que me pidió, señor.” – dice Popo. – “Y he construido la figura que me encomendó.” – añade, mostrando un dragón chino hecho de barro en una urna de cristal. – “¿Le gusta? No sabía muy bien como lo quería, así que he improvisado un poco…”
– “Gracias, Popo. Es perfecto.” – sonríe Kamisama. – “Empecemos cuanto antes.”
El ayudante de Kamisama coloca las siete rocas esféricas en el suelo de la Atalaya, rodeando al dragón, y después se aparta.
Kamisama extiende sus manos hacia las piedras y empieza a recitar un extraño conjuro en una lengua antigua y desconocida incluso para Mr. Popo. Su poder es transferido a a la urna de cristal que guarda al dragón y de ahí se reparte a las siete rocas, que brillan intensamente y cristalizan, adquiriendo un color anaranjado. Un patrón de estrellas aparece en cada una de ellas; de una a siete.
De repente, las siete esferas empiezan a girar mientras se elevan hacia el cielo, y tras un estallido de energía salen proyectadas hacia puntos opuestos, desapareciendo en el horizonte.
El namekiano cae de rodillas, cansado.
– “¿Está bien, Kamisama?” – pregunta Popo, que se acerca para socorrer a su señor.
– “Estoy bien…” – responde el Dios. – “Guarda el Dragón en un lugar seguro, por favor.”
Mr. Popo recoge la escultura de barro y se la lleva al interior del palacio.
Kamisama, agarrado a su bastón, intenta ponerse en pie.
– “Yo no puedo intervenir…” – piensa el namekiano. – “Pero espero que las Dragon Balls traigan esperanza a la Tierra en un momento tan oscuro como éste.”
Mientras tanto, en la Tierra, en el bosque Fukkuro, Tsuru y Kame se recuperan de su combate.
– “No sabía que te habías vuelto tan fuerte…” – dice Kame.
– “¿Celoso?” – se burla Tsuru.
– “Un poco…” – responde su compañero. – “Tienes una habilidad fascinante pare crear técnicas destructivas.”
– “El objetivo de un luchador es derrotar a sus enemigos.” – dice Tsuru.
– “En eso discrepamos.” – responde Kame. – “Un luchador debe proteger, no destruir. Ese es el verdadero objetivo de las Artes Marciales.”
Tsuru esboza una sonrisa burlona.
– “Siempre has sido un ingenuo.” – responde el joven Grulla.
– “Puede ser…” – sonríe Kame.
En ese instante, alguien desciende del cielo frente a ellos, llamando su atención.
Los dos luchadores observan con horror al recién llegado.
– “No… No es posible…” – titubea el joven Tortuga.
– “Es él…” – murmura Tsuru. – “Piccolo Daimaoh…”

HOY NO HAY CAPÍTULO

Esta semana he estado muy ocupado, así que no he logrado tener nada listo para hoy.

El Especial DBSNL \”Planeta maldito\” ha terminado, pero aún nos queda cerrar \”Cold Chronicles\”, que posiblemente regrese el próximo viernes.

El domingo tendremos el segundo capítulo del Especial \”Daimaoh\”, donde veremos a Kame y Tsuru en acción.

Y el miércoles vuelve DBSNL como siempre, con la batalla contra Maji-Kayo y mucho más.

Disculpad las molestias 😦