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ESPECIAL DBSNL /// Hopeless Future // Universo 3 / Parte I: Paz relativa
Hopeless Future / Parte I: Paz relativa
“Habéis llegado tarde…”
En un mundo sin guerreros Z, donde Trunks fue asesinado por Cell cuando éste le robó la máquina del tiempo, la Tierra disfruta de un aparente periodo de paz.
En la Corporación Cápsula, Bulma trabaja un proyecto de energía renovable para la ciudad. Una fotografía del pequeño Trunks con sus abuelos adorna su escritorio.
– “Seguiré trabajando, hijo” – sonríe Bulma con nostalgia. – “Mantendremos la paz que trajiste a este mundo.”
Mientras tanto, en la Kame House, ahora situada en otra isla del archipiélago Sur, Roshi descansa en el sofá, mientras Oolong y Umigame juegan a cartas en el salón. En el televisor emiten una telenovela.
De repente, el canal de televisión interrumpe su programación para dar una noticia de última hora. Un reportero retransmite desde la calle principal un pequeño pueblo; detrás de él, la policía tiene acordonada la zona y los servicios sanitarios están trabajando.
– “¡Soy Jimmy Firecracker, desde Ginger Town!” – anuncia el veterano reportero. – “Una nueva oleada de asesinatos ha tenido lugar, esta vez en esta tranquila ciudad.”
Umigame y Oolong prestan atención al televisor.
– “Todo parece indicar que ha sido un nuevo ataque organizado. Las víctimas tienen la misma herida punzante que hemos visto ya en tantas ocasiones, pero es la primera vez que esta macabra banda se atreve a atacar una zona urbana.” – explica el reportero. – “¿Quién está haciendo esto? ¿A qué clase de asesinos despiadados se enfrenta la policía? ¿Pueden ser androides?” – pregunta retóricamente.
A su espalda, dos extraños personajes ataviados con ropajes estrafalarios pero elegantes caminan entre los cadáveres. Uno es alto, de tez rosada y cabello blanco, largo y lacio. Su compañero es de estatura baja, tez azulada y luce un peinado en forma de cresta, también de color blanco.
El cámara se da cuenta y llama la atención del reportero.
Jimmy Firecracker se dirige hacia ellos, seguido por el cámara, en busca de respuestas.
– “¡Ustedes!” – exclama el reportero. – “¡Señores!”
El más alto de los dos se da cuenta de la presencia de los dos periodistas y pone su mano sobre su acompañante. Los dos desaparecen en un abrir y cerrar de ojos.
Los periodistas parecen desconcertados.
Oolong y Umigame se miran asustados.
– “¿Quiénes eran esos?” – pregunta el cerdo.
– “Que tipos tan extraños…” – dice la tortuga.
De repente, tres golpes en la puerta sobresaltan a los dos personajes y despiertan al Duende Tortuga.
– “¿Qué pasa?” – pregunta adormilado el anciano. – “¿Qué ha sido eso?”
Los golpes se repiten.
– “¡Ya voy!” – responde Roshi. – “¿Quién puede ser?” – se pregunta.
El anciano camina hasta la puerta y la abre, revelando a los dos personajes que habían aparecido en las noticias.
– “¡¡AAAAHHH!!” – gritan asustados Umigame y Oolong.
Roshi, que desconoce la identidad de los sujetos, saluda amablemente.
– “¿En qué puedo ayudarles, caballeros?” – pregunta el anciano.
– “Hola” – sonríe amablemente el pequeño de los dos forasteros. – “Usted es el Maestro Mutenroshi, ¿verdad?”
– “Así es.” – responde el Duende.
– “Es un placer” – sonríe el pequeño.
– “¿Puedo saber sus nombres?” – pregunta Roshi.
– “Él es Kibito” – responde el individuo, presentando a su compañero. – “Y a mí puede llamarme Shin.”
– “¿Y a qué debo su visita, señor Shin?” – insiste el viejo Tortuga.
– “Soy el Kaioshin del Este.”– revela el personaje. – “Y nos gustaría hablar con usted.”
Roshi se queda helado al escuchar al forastero.
– “¿Un…? ¿Un Kaioshin?” – titubea el anciano.
En una nave enterrada en mitad del desierto, el brujo Babidí inserta la energía recolectada por sus hombres en el huevo que encierra a Majin Bu.
La aguja que indica la energía total del monstruo se sacude ligeramente, pero a duras penas se puede notar el cambio.
– “Maldita sea…” – refunfuña el brujo. – “¡Así no acabaremos nunca!” – protesta.
A su lado, el demonio Dabra lo escolta.
– “Paciencia, señor” – dice el Rey de los Demonios. – “Majin Bu renacerá a su debido tiempo.”
– “¡Llevamos años recogiendo energía y no hemos logrado casi nada!” – exclama el brujo. – “¡Los humanos no sirven!”
– “¿Deberíamos ir a otro planeta?” – pregunta Dabra.
– “No podemos…” – lamenta Babidí. – “Si desenterramos la nave, llamaremos la atención de los Dioses…”
– “Yo puedo encargarme de los Kaioshin.” – dice Dabra.
– “No son ellos quienes me preocupan…” – responde Babidí. – “No quisiera que alertaran al Hakaishin.”
Babidí suspira desanimado.
– “Tendremos que seguir así, al menos por ahora.” – acepta el brujo. – “Que Kirano y Mokekko salgan a por más energía.”
– “Sí, señor” – responde Dabra.
En la Kame House, Shin y Kibito se encuentran sentados en el sofá con Roshi, a quien han explicado la situación. Están buscando guerreros.
– “Habéis llegado tarde…” – murmura Roshi, apenado. – “La Tierra ya no cuenta con los grandes guerreros que la protegieron en su día.”
– “Es una pena oír eso.” – dice Shin. – “Nos habrían sido de ayuda. Puedo verlo en sus recuerdos.”
Kibito se encuentra incómodo en el asiento, como si estuviera sentado sobre algo que le molesta, y no duda en buscar bajo su trasero, encontrando una revista del viejo Roshi.
– “¡Eso no es mío!” – se excusa el Duende Tortuga. – “Es de Oolong… Siempre deja sus cosas por ahí…”
– “Puedo leer la mente…” – murmura Shin, algo avergonzado.
Roshi agarra la revista y la lanza a un lado.
– “Yo os acompañaría encantado, pero creo que no os sería de mucha ayuda.” – dice el Duende. – “Lo lamento.”
– “Nosotros también” – dice Shin. – “Tendremos que encargarnos de este asunto nosotros mismos.”
Mientras tanto, los hombres de Babidí ya se encuentran recorriendo el bosque Fukurou hacia Yahhoi, su próximo objetivo, donde esperan poder reunir una gran cantidad energía para su Amo.
De repente, el medidor de kiris que lleva Kirano alerta de la presencia de un ki importante.
– “¡La aguja se ha movido!” – exclama Kirano.
– “¿Será una aldea?” – pregunta Mokekko.
– “Es posible.” – responde su compañero. – “¡Es por aquí!”
Los dos personajes cambian su rumbo y se adentran en el bosque.
Lejos de allí, Kibito y Shin se han marchado de la Kame House y ahora sobrevuelan el mar.
– “Un fracaso” – murmura Kibito.
– “Es una pena” – dice Shin. – “Lo que he visto en la mente del anciano… era esperanzador.”
En el bosque Fukurou, Kirano y Mokekko se han detenido al encontrar una vieja cabaña rodeada por un pequeño huerto.
– “¿Es aquí?” – pregunta Mokekko, confuso. – “¿Estás seguro?”
– “Eso indica el medidor” – responde Kirano, poco convencido.
De repente la puerta de la cabaña se abre, revelando a un anciano Duende Grulla, vestido con una camiseta interior blanca y un pantalón negro, con calentadores amarillos, zapatillas y luciendo unas gafas de sol.
– “¿Quién anda ahí?” – pregunta el viejo Tsuru.
Los hombres de Babidí se miran entre ellos, confusos. Kirano apunta con su indicador al anciano.
– “Parece que es él…” – le dice a su compañero.
Tsuru se molesta al ver que los dos individuos están chafando sus coles.
– “¿Quiénes sois vosotros?” – pregunta el anciano. – “¿Por qué estáis pisando mi huerto?”
Mokekko blande la urna de recolección de energía que llevaba colgada de su cinturón.
– “¡A por él!” – exclama el grandullón, que se abalanza sobre Tsuru.
– “¡Ya es nuestro!” – celebra Kirano.
Shin y Kibito perciben que algo está ocurriendo más allá del horizonte.
– “¡¿Lo sientes, Kibito?!” – pregunta Shin.
– “Alguien está peleando.” – responde el ayudante del Kaioshin.
– “¡Vamos a echar un vistazo!” – exclama el Dios.
ESPECIAL DBSNL /// Kamakiri // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte IV: Master Puppeteer
Kamakiri / Parte IV: Master Puppeteer
“Llevo años esperando.”
Cinco años después de lo ocurrido en el laboratorio de Kamakiri esa terrible noche de tormenta, una nave de la Patrulla Galáctica aterriza en un páramo perdido en la montaña del planeta Konchu, azotado por la pandemia.
Tres patrulleros descienden de la nave. La líder del escuadrón es una mujer de aspecto felino y tez lila llamada Hop. La escolta una patrullera con aspecto de conejo blanco humanoide; Sorrel. Un tercer patrullero les compaña; un tipo de tez bronceada, maquillado y con aire presumido, llamado Jirasen. Los tres llevan máscaras antigás.
– “Así que es aquí…” – suspira Hop.
– “La situación es peor de lo que esperábamos.” – dice Sorrel, mirando su ordenador de muñeca. – “Los niveles de contagio exceden todas las previsiones.”
– “Debemos tener mucho cuidado.” – dice la líder de escuadrón. – “Si nos infectamos, perderemos la autorización para abandonar el planeta.”
– “Ni siquiera sabemos si ese tipo sigue vivo…” – suspira Jirasen.
– “Nuestra misión es comprobarlo y apresarlo si la respuesta es afirmativa.” – dice Hop.
Los tres agentes se dirigen a una cabaña cercana.
– “¿Qué es eso?” – se pregunta Sorrel, al ver una lona cubriendo un gran aparato.
– “Comprobémoslo.” – dice Hop.
La mujer felina tira de la gran tela y revela un vehículo de reparto espacial.
– “¿Qué hace esto aquí?” – se pregunta Hop.
Sorrel comprueba la base de datos del ordenador, introduciendo el código de identificación del vehículo.
– “Un vehículo de reparto robado.” – revela la coneja. – “Su conductor desapareció hace más de cinco años.”
– “Maldición…” – dice Hop. – “Esto podría ser grave…”
– “¿Por qué es tan importante un vehículo robado?” – refunfuña Jirasen.
– “Los vehículos de transporte de mercancías son de los pocos autorizados para entrar y salir de este planeta.” – dice Hop. – “Esto podría significar que el virus se ha extendido fuera de la zona de cuarentena…”
– “No culpo a nadie que quiera huir…” – suspirar Jirasen. – “Este sitio está condenado.”
Sorrel sigue estudiando los archivos de su ordenador.
– “Si ese Doctor Kamakiri está detrás de todo esto, debemos tener cuidado.” – dice la coneja. – “Trabajaba en el Centro de Estudios Biológicos de la Patrulla Galáctica. Si sigue vivo, estará preparado para nuestra llegada.”
– “¿Trabajaba para nosotros?” – se extraña Jirasen.
– “¿Es que no te has leído el informe de misión?” – protesta Hop.
– “Se abrió una investigación cuando ocurrió esta catástrofe, pero no llegó muy lejos.” – dice Sorrel. – “Órdenes de arriba.”
– “¿Y qué ha reanimado el interés del Cuartel General?” – pregunta Jirasen.
– “Creo que saben más de lo que nos cuentan.” – dice Hop.
Los tres desenfundan sus pistolas. Hop es quien empuja la puerta de la cabaña del con cuidado, que está abierta y se abre lentamente.
– “¿Doctor Kamakiri?” – dice Hop. – “¿Está ahí?”
La puerta revela al doctor sentado en su sofá, vestido con su gabardina negra y su máscara, abrazado por su mujer y su hija.
– “¿Doctor?” – repite Hop, aterrada ante la macabra escena.
La mujer y la hija del doctor miran a la patrullera con sus ojos en blanco.
– “¿Qué demonios…?” – se sobrecoge y perturba Hop, que se queda petrificada.
Jirasen y Sorrel entran en la casa y apuntan al doctor.
– “¿Qué…? ¿Qué significa esto?” – titubea Sorrel.
Kamakiri parece tranquilo, sigue sentado en el sofá con su mirada fija en el suelo.
– “Habéis tardado mucho…” – dice el doctor. – “Llevo años esperando.”
Los patrulleros luchan contra la terrible escena que tienen ante sus ojos y siguen apuntando a Kamakiri.
– “Está detenido, doctor.” – dice Hop. – “Levante las manos.”
El doctor llora oculto tras su máscara.
– “He fracasado…” – dice Kamakiri. – “He intentado traerlas de vuela… Pero he fallado…”
– “Lo que ocurrió en este lugar…” – dice Hop. – “No fue culpa suya.”
– “Sí que lo es.” – dice el doctor. – “Yo traje la muerte a Konchu.”
– “¿Es eso una confesión?” – pregunta la patrullera
– “La Patrulla Galáctica me pidió que investigara la forma de convertir un virus espacial en arma biológica.” – dice Kamakiri. – “Inyectando el virus en un parásito autóctono aumentamos su infectividad. Se transmitía a un ritmo nunca visto y por cualquier vía de contacto.” – explica. – “Pero, un día… tuvimos un accidente en el laboratorio…”
– “El agente se liberó…” – dice Sorrel.
– “No.” – dice Kamakiri. – “Lo contuvimos.”
– “¿Entonces?” – pregunta la patrullera, confusa.
– “Alguien saboteó los sistemas de seguridad del complejo.” – dice Kamakiri. – “Todo falló.”
Los patrulleros se miran entre ellos, sorprendidos ante la acusación del doctor.
– “¿Está diciendo que la Patrulla Galáctica liberó el agente infeccioso?” – pregunta Hop.
– “No lo sé.” – dice Kamakiri. – “Pero fue alguien con acceso a nuestros sistemas.”
– “Te protegeremos.” – dice Hop. – “Investigaremos…”
– “No.” – le interrumpe el doctor. – “Estáis condenados.”
– “¿Qué?” – se extraña la patrullera.
– “Algo me dice que uno de vosotros tiene unas órdenes distintas a los demás…” – dice Kamakiri.
Jirsen, sin mediar palabra, dispara a Hop en la nuca. Sorrel intenta reaccionar, dándose la vuelta, pero recibe un certero disparo en el rostro.
El patrullero traidor apunta de nuevo a Kamakiri.
– “Así que tú eres el asesino…” – dice el doctor.
– “Estaban condenadas desde que aceptaron la misión.” – responde el patrullero. – “Y ahora te toca a ti.”
Kamakiri mueve sus dedos disimuladamente. Los cadáveres de Sorrel y Hop se ponen en pie detrás de Jirsen.
Antes de que el patrullero pueda reaccionar, sus fallecidas compañeras se abalanzan sobre él y le propinan una terrible paliza.
Kamakiri detiene a sus marionetas y se levanta para acercarse al moribundo patrullero a quien le arrebata su ordenador de pulsera.
– “Dime la contraseña.” – le dice el doctor a Jirsen mientras pisa su brazo roto.
– “Doro… Dorobochi…” – susurra el malherido patrullero.
Kamakiri introduce el código en el ordenador, que enseguida inicia una llamada a un receptor desconocido.
Con un movimiento de los dedos del doctor, Sorrel y Hop rematan al patrullero, cuyo cuerpo se transforma en una extraña criatura de tez grisácea, ojos verdes y una gran boca de tiburón.
La llamada es recibida, pero nadie responde.
– “Sé que me oyes.” – dice Kamakiri. – “He modificado el patógeno. Lo he rebautizado “Kodoku”. Ahora es inocuo, pero tiene otras peculiaridades mucho más interesantes. No sé quién eres, pero sé que quieres lo que tengo y que pagarías por ello.”
Tras un largo e incómodo silencio, alguien responde.
– “¿Qué quieres?” – pregunta el misterioso individuo al otro lado de la llamada.
– “He estado leyendo viejas historias…” – dice Kamakiri. – “¿Has oído hablar de las Dragon Balls?”
Al otro lado del Universo, en la cueva más profunda de un planeta árido y rocoso, una computadora atiende la llamada.
– “Veré qué puedo hacer…” – responde el ordenador.
DBSNL // Capítulo 150: Hombre de fe
El murmullo crece entre los presentes.
A su espalda, en el horizonte, varias naves antiguas toman tierra, mientras otra sobrevuelan la zona. Los soldados de Freezer descienden a la zona de guerra, liderados por Shisami, dispuestos a acabar con los pocos bandidos que quedan y con todo aquel que oponga resistencia.
Los soldados litt miran a Liquir esperando órdenes.
El kurama, tras dudar un instante, niega con la cabeza, haciendo que sus hombres bajan las armas.
Liquir acompaña a Freezer hacia el palacio.

