DBZ – SAGA BU REWRITE / Capítulo 5: El brujo Babidí

DBZ – Saga Bu Rewrite / Capítulo 5: El brujo Babidí

Yamu y Spopovich cruzan el océano a toda velocidad, satisfechos con su trabajo.

– “Con esto Majin Bu podrá resucitar…” – dice Yamu. – “¡Y el señor Babidí estará muy contento!” – celebra.

Shin y Piccolo persiguen a Yamu y Spopovich desde una distancia segura.

– “Me alegro de que hayas decidido seguirme” – sonríe el forastero. – “Necesitaré vuestra ayuda para vencer.”

– “¿Vencer a quién?” – pregunta Piccolo.

– “Esos dos tipos están siendo utilizados…” – explica Shin. – “…por un brujo maléfico” – revela.

– “¿Un brujo?” – se sorprende el namekiano.

– “Hace mucho tiempo, cuando los terrícolas apenas habían empezado caminar erguidos, en un lugar muy lejano del universo había un malvado brujo llamado Bibidí.” – explica Shin. – “Un día, Bibidí creó un monstruo espantoso: Majin Bu; un ser terriblemente poderoso. El monstruo no tiene conciencia ni sentimientos, y lo único que hace es destruir y asesinar… Es una abominación únicamente creada para sembrar el terror entre los seres vivos. En solo cinco años llevó la muerte y la desolación a centenares de planetas…”

– “¿Y quién eres tú?” – pregunta Piccolo, que sospecha del origen divino del individuo – “Acaso… ¿eres el Gran Kaio?”

Shin sonríe.

– “Te equivocas…” – dice el Dios. – “Soy un Kaioshin.”

– “¡¿UN KAIOSHIN?!” – se sorprende Piccolo. 

No muy lejos de allí, Kibito y Gohan los siguen.

– “Entiendo…” – murmura el mestizo, que ha oído la misma historia narrada por Kibito.

– “Por encima de los cuatro Kaios se encuentra el Gran Kaio, y por encima de él están los Kaioshin.” – explica Kibito. – “Cuando Bu fue creado había cinco Kaioshin; cualquiera de ellos capaz de tumbar a alguien como Freezer de un solo puñetazo… Y Majin Bu mató a cuatro de ellos. Solo el Kaioshin del Este sobrevivió.”

– “Ese Bu parece un monstruo terrible…” – dice Gohan.

– “Lo es.” – afirma Kibito. – “Ni siquiera Bibidí podía dominar al fiero monstruo. Un día, el brujo encerró a su monstruo para poder descansar… Pero Shin estaba esperando esa oportunidad y mató a Bibidí antes de que este lograra liberar de nuevo a Majin Bu … Y ocultó el huevo que lo encerraba en este planeta, pues no quiso arriesgarse a destruirlo y despertarlo por accidente; además, Bibidí era el único capaz de despertar al monstruo…

Shin y Piccolo continúan volando.

– “¡Pero hace poco descubrí algo terrible!” – dice el Kaioshin. – “¡El malvado Bibidí tenía un hijo! Y es tan terrible como su padre… ¡Es el brujo Babidí!” – revela.

– “Así que tenemos que evitar que el monstruo resucite…” – dice Piccolo.

– “Así es.” – confirma Shin. – “Y debemos derrotar a Babidí.”

Kibito y Gohan siguen su camino.

– “¿El brujo es fuerte?” – pregunta Gohan.

– “Su magia es poderosa.” – responde Kibito. – “El brujo es capaz de penetrar en la mente de la gente con un corazón oscuro y manipularlos, como ha hecho con esos dos terrícolas.”

– “¿Y por qué atacaron la Mansión Satán? ¿Y qué es lo que me han hecho?” – pegunta Gohan. – “Sentí que mi fuerza se escapaba de mi cuerpo…”

– “Parece que para despertar a Majin Bu necesitan una gran cantidad de energía…” – dice el ayudante de Shin. – “La fama de ese humano al que llaman Satán debe haber atraído la atención de esos tipos… Nosotros llevábamos un tiempo siguiéndolos, esperando que revelaran lo localización de la guarida del brujo.”

Gohan y Kibito alcanzan finalmente a Shin y Piccolo.

– “¡Hola, Piccolo!” – saluda el mestizo. – “Me alegro de verte.”

– “Hola, Son Gohan.” – dice el namekiano. – “Veo que vuelves a estar en plena forma.”

Gohan sonríe.

– “Gracias, Kibito” – dice Piccolo.

De repente, Shin se da cuenta de que Yamu y Spopovich están descendiendo.

– “¡Van a aterrizar!” – exclama Shin. – “¡Borrad vuestro rastro de energía y seguidme!”

Los cuatro guerreros descienden sobre una montaña escarpada. 

– “Ya habíamos revisado este lugar…” – piensa Kibito. 

Los dos monstruosos bandidos se acercan a una puerta que brota en mitad de una zona donde se aprecia que la tierra ha sido removida.

– “Maldición…” – murmura Kibito. – “Han escondido la nave bajo tierra. ¡Por eso no la encontrábamos!”

– “Puede que Babidí sepa que estamos aquí…” – dice Shin, preocupado. – “Si no, no se habría esforzado en esconder la nave…”

La compuerta se abre y un personaje sale de ella. Es un individuo de aspecto extraterrestre, cráneo alargado, delgado, de una estatura similar a Yamu, embutido en un mono negro con armadura blanca. 

– “¡Ha salido alguien!” – dice Gohan. – “¿Es Babidí?”

– “No, no es él” – responde Kibito.

Yamo y Spopovich muestran la urna al misterioso individuo, que asiente y entra de nuevo en la nave.

– “¡Ataquemos ahora!” – sugiere Piccolo. – “¡Antes de que resuciten a Majin Bu con la energía que le han robado a Gohan!”

– “No os preocupéis” – le calma Shin. – “Cuando quieran resucitar a Bu lo harán en el exterior, para que no destroce la nave.”

– “Será mejor esperar y ver qué traman.” – dice Kibito. – “Atacaremos en el momento oportuno.”

De repente, la compuerta vuelve a abrirse, y el individuo extraterrestre vuelve a aparecer, esta vez acompañado por dos nuevos personajes.

El primero es un pequeño individuo de piel amarilla arrugada y ojos grandes y saltones, vestido con una túnica naranja y un cinturón adornado con una gran “M”. El que lo escolta es un tipo alto de tez rosada y pupilas rasgadas, dos pequeños cuernos en la frente y orejas puntiagudas, vestido con un mono azulado y una gran capa blanca de cuello alto, con botas y cinturón del mismo color. 

– “¡Es Dabra!” – exclama asustado Kibito. – “¡Babidí ha conseguido poner de su parte al mismísimo Rey del Makai!”

– “¿Dabra?” – pregunta Gohan. – “¿Ese es el tipo alto? ¿Es fuerte?”

– “Naturalmente…” – dice Shin. – “Es el Rey de la Dimensión Demoníaca.” – explica. – “Puede que vosotros seáis fuertes de esta dimensión, pero en el Mundo de los Demonios, Dabra es el más fuerte.”

– “Y el otro es Babidí…” – dice Kibito.

– “¿Tan poderoso es el brujo que ha logrado doblegar a alguien tan terrible como ese Dabra?” – pregunta Piccolo.

– “Sus hechizos pueden ser terribles.” – explica Kibito. – “Utiliza la oscuridad que habita en lo más recóndito del corazón de los individuos para dominar su voluntad. Con alguien tan malvado como Dabra, seguro que no le ha sido difícil.”

Shin parece preocupado. Una gota de sudor recorre su frente.

– “Creo que he cometido un error de cálculo…” – lamenta el Dios. – “No esperaba encontrar a Dabra aquí… Esto puede ser muy peligroso…”

Mientras tanto, Yamu ha entregado la urna al brujo.

– “Vaya, vaya… Cuanta energía…” – dice el brujo con voz estridente. – “Habéis hecho un buen trabajo. Pronto podremos resucitar al monstruo Bu…”

– “¡Gracias, señor!” – dice Yamu.

– “Ha sido fácil gracias al poder que nos dio…” – dice Spopovich.

– “¡Je!” – sonríe el brujo. – “Ahora ya no os necesito…”

Con su mirada, el brujo maldice a Spopovich, cuyo cuerpo empieza a hincharse de forma macabra hasta estallar en pedazos. Partes del bandido quedan esparcidas por el terreno, alrededor de una gran mancha de sangre.

Nuestros amigos observan lo ocurrido desde la montaña y se quedan perplejos ante la maldad del brujo.

Yamu, aterrado ante lo que le ha ocurrido a su socio, intenta escapar volando de su evidente y terrible destino.

Babidí sonríe.

– “¿Quieres encargarte tú, Pui-pui?” – le dice a su súbdito.

– “Por supuesto, Amo.” – dice el extraterrestre.

Pui-pui alza su brazo y se ayuda con su otra mano para apuntar al fugitivo antes de disparar y hacerlo estallar en el aire.

– “Buena puntería, jeje” – celebra Babidí.

Gohan mira aterrado el humo en el cielo.

– “Han… Han matado a sus aliados…” – titubea el mestizo.

Babidí mira de reojo a su escolta, el Rey Demonio.

– “Bien, Dabra…” – dice el brujo. – “Tal y como había planeado, esos dos idiotas nos han traído unas cuantas presas… y al mismísimo Kaioshin del Este.”

– “Creen que están bien escondidos… pero son cinco.” – dice Dabra, con retintín. – “No podemos usar la energía del Dios y su ayudante, pero los otros pueden ser muy útiles.”

– “Jiji” – ríe Babidí. – “¡Estupendo!” – celebra. – “No esperaba poder resucitar a Majin Bu tan pronto…”

– “Su plan ha sido excelente.” – dice Dabra.

– “Lo mejor será que atraigamos a esos tipos a la nave…” – dice Babidí. – “Mata a Kibito, seguro que eso será incentivo suficiente.”

– “Sí, Amo.” – responde el demonio.

– “Ah, y una cosa más…” – dice el brujo. – “No mates al Kaioshin. Él mató a mi padre y quiero reservarme el placer de asesinarle con mis propias manos.”

– “De acuerdo, señor Babidí.” – dice Dabra. – “Le dejaré con vida.”

Pui-pui da un paso al frente.

– “¿Y qué hago yo, señor?” – pregunta el extraterrestre.

– “Dabra puede hacerlo solo” – dice el brujo. – “Tú entra en la nave. Dejaré que te encargues del primer nivel.”

– “¡Será un honor!” – responde Pui-pui.

Babidí y el súbdito entran en la nave. Dabra se queda fuera. Nuestros amigos siguen observando desde la montaña.

– “¿Qué hacen ahora?” – se pregunta Gohan.

El demonio sonríe de forma terrorífica.

– “Allá voy” – murmura Dabra.

De repente, el diablo sale volando a toda velocidad hacia nuestros amigos.

– “¡Nos han descubierto!” – exclama Piccolo.

El diablo aparece frente a Kibito y extiende su mano a escasos centímetros de su rostro. El terror embarga a todos los presentes.

El diablo dispara y desintegra al ayudante de Shin.

– “¡¡KIBITO!!” – grita Shin, desolado.

– “¡MALDITA SEA!” – exclama Gohan, furioso.

Dabra retrocede y escupe a Piccolo.

– “¡Que no os toque su saliva!” – advierte Shin.

El escupitajo sorprende al namekiano, que intenta cubrirse y recibe el impacto en su antebrazo izquierdo.

El namekiano se da cuenta que su extremidad se está transformando en piedra. La mutación se extiende por su brazo.

– “¡¿QUÉ?!” – se asusta Piccolo.

El namekiano alza su mano derecha.

– “¡YAAAAH!” – grita al cercenarse el brazo izquierdo, que cae al suelo y se fragmente en un centenar trozos.

Dabra regresa a la nave rápidamente.

– “¡JAJAJA!” – ríe el demonio. – “¡¡IDIOTAS!! ¡¡NADIE PUEDE ENFRENTARSE AL GRAN BABIDÍ!!”

Gohan y Shin miran al demonio alejarse y entrar en la nave.

– “¿Estás bien, Piccolo?” – pregunta Gohan.

– “Ha estado cerca…” – sonríe el namekiano. – “¡GRRAAH!” – gruñe al regenerar su brazo.

El namekiano abre y cierra su nueva mano varias veces, poniendo a prueba su recién recuperada extremidad.

– “La próxima vez, agradecería una advertencia previa…” – le dice a Shin.

– “Lo siento… No esperaba que nos atacara de repente…” – se disculpa el Dios.

Gohan hace crujir sus nudillos.

– “Parece que ya nos toca pelear…” – dice el mestizo.

– “¡Esperad!” – advierte Shin. – “¡Seguro que es una trampa! ¡No podemos seguirle sin un plan!”

– “Ya tenemos un plan.” – dice Piccolo. – “Matar a Dabra y al brujo antes de que resucite Majin Bu.” – añade mientras se quita la capa y el turbante.

– “No subestiméis al enemigo…” – dice Shin, preocupado.

Una voz interrumpe al Dios.

– “No nos subestimes a nosotros.” – dice Vegeta, que acaba de llegar, vestido con su conjunto saiyajín azul oscuro, con guantes y botas blancas.

– “¡¿Vegeta?!” – se sorprende Gohan al verle. – “¿Qué haces tú aquí?”

– “He sentido tu energía y me ha entrado la curiosidad.” – responde el saiyajín.

– “¿Así que quieres unirte a nosotros?” – pregunta Piccolo, con una sonrisa burlona.

– “Toda ayuda es bienvenida.” – dice Shin.

Vegeta ignora al Dios.

– “Vosotros dos…” – les dice a Gohan y Piccolo. – “Habéis estado lentos.”

El namekiano se pone serio.

– “Lo has visto todo…” – dice Piccolo.

– “Por supuesto.” – responde Vegeta.

Shin se enfada con el saiyajín.

– “¡¿Y no has hecho nada?!” – protesta Shin.

– “Tu amigo era débil, por eso está muerto.” – dice Vegeta.

– “¿Qué?” – se sorprende Shin ante la actitud hostil del saiyajín.

– “Nosotros no cometeremos ese error.” – dice el Vegeta.

– “Os estáis confiando…” – advierte el Dios.

Gohan da un paso al frente.

– “Creo que podemos ganar.” – dice el mestizo. – “Ese Dabra parece terrible… pero no creo que sea más fuerte que Cell.”

– “¿Lo dices en serio, Son Gohan?” – se sorprende Shin.

– “Parece que nuestra mejor opción, de momento, es seguirles el juego.” – dice Piccolo.

Vegeta esboza una pícara media sonrisa.

– “Os sigo” – dice el saiyajín.

Gohan, Piccolo y Vegeta alzan el vuelo y se dirigen a la nave.

Shin se queda asombrado ante la decisión de los tres guerreros.

– “Espero que tengan razón…” – murmura antes de seguirles.

Mientras tanto, en la Torre Sagrada de Karín, Videl se toma una semilla senzu y recupera sus fuerzas.

– “¿Qué ha pasado?” – dice Videl, que no sabe dónde está. – “¡Estoy curada!” – exclama sorprendida.

– “Me alegro de que estés bien.” – dice el Duende Karín

– “Un gato que habla…” – murmura Videl, confusa. – “Puede que aún no me haya recuperado del todo…” – dice comprobando si tiene fiebre.

– “Soy muy real” – sonríe Karín.

Cerca de allí, Trunks camina hasta la barandilla de la torre, con su mirada fija en el horizonte, hacia el Sur.

Yajoribe se acerca al muchacho.

– “Estarán bien.” – dice el samurái. – “¡Gohan es el hombre más fuerte del mundo! Y Piccolo está con él.”

El felino interviene.

– “Y Vegeta tampoco se queda atrás” – dice Karin.

– “¿Mi padre?” – se sorprende Trunks. – “¿Él también está con Gohan?”

En la nave del brujo, al entrar en la zona exterior, nuestros amigos se topan con una compuerta circular en el suelo que da lugar a un pozo oscuro.

– “¡Tiene que ser por aquí!” – dice Gohan, que salta al vacío sin dudarlo, seguido por Piccolo y Vegeta.

Desde otra sala, el brujo les observa a través de su bola de cristal.

– “¡Ahí están!” – celebra Bibidí. – “Pobres ilusos…”

– “Vaya…” – murmura Dabra. – “Parece que ese tipo ha sobrevivido a mi escupitajo…”

Los tres guerreros alcanzan el primer nivel. Es una sala circular. Una compuerta en el suelo del centro de la sala permanece cerrada. Una puerta lateral se encuentra frente a ellos.

– “Qué lugar tan raro…” – murmura Gohan. – “La sala está vacía…”

– “Ahí hay una puerta” – dice Piccolo.

Shin llega a la sala y la compuerta del techo por la que han entrado se cierra tras el Kaioshin.

– “¡Se ha cerrado!” – exclama Gohan.

– “No podremos salir hasta que hayamos derrotado a Babidí…” – dice Shin, preocupado.

– “Yo saldré de aquí cuando quiera, aunque tenga que destrozar la nave” – advierte Vegeta.

– “¡Ni se te ocurra!” – exclama el Dios. – “¡Si el monstruo Bu recibiera un impacto fuerte, podría despertar! Aunque no esté al máximo de sus capacidades, tiene poder suficiente para destruir la Tierra en un instante…”

Babidí les observa.

– “Ya están todos…” – sonríe el brujo. – “¡Adelante, Pui-pui! ¡Sácales toda la energía!”

– “A sus órdenes, señor” – responde el extraterrestre.

La puerta lateral de la sala se abre y revela al súbdito de Babidí. 

– “El Amo Babidí está en el último nivel.” – anuncia Pui-pui. – “Sin embargo, esta nave está construida de tal manera que, si no me derrotáis a mí, no podéis continuar.” – explica. – “Así que, en definitiva, ha llegado vuestro final.”

Piccolo sonríe con actitud chulesca.

– “Lo dudo.” – dice el namekiano.

Mientras tanto, Babidí ha llevado la urna de energía hasta el huevo de Bu, que reposa sobre una base artificial que luce un medidor parecido al que usó Yamu. El brujo inyecta el aguijón en un orificio del cascarón y el indicador sube rápidamente hasta la mitad de su capacidad.

– “¡INCREÍBLE!” – se sorprende el burjo. – “¡¡Cuánta energía!! ¡Con una sola dosis ya le hemos proporcionado la mitad de la que necesita!”

– “¡¿Cómo dice?!” – se sorprende el diablo.

– “¿A cuánta gente han tenido que asaltar?” – se pregunta Babidí. – “Puede que matarlos haya sido un error… No esperaba que fueran tan competentes…”

– “No importa…” – dice Dabra. – “Con la energía de esos tres es posible que podamos despertar a Majin Bu hoy mismo…”

– “Tienes razón…” – dice el brujo. – “Es posible que Pui-pui ya haya terminado con ellos… Vayamos a ver.”

Mientras tanto, en el nivel 1, los tres guerreros deciden quien de ellos va a pelear primero.

– “¿Quieres encargarte tú, Piccolo?” – dice Vegeta en tono burlón. – “Parece lo suficientemente débil para ti…”

– “Yo he estado entrenando, Vegeta” – responde el namekiano. – “Puede que te lleves una sorpresa.”

– “¡¿Vais a luchar de uno en uno?!” – protesta Shin.

– “No te preocupes.” – dice Gohan. – “Piccolo puede con él.”

Pui-pui ríe al ver la propuesta de sus adversarios.

– “¡JAJAJA! El Amo Babidí ha dicho que teníais mucha energía, pero parece que solo sois tres idiotas…” – dice el extraterrestre.

– “Creo que tu Amo es el único tonto.” – dice Vegeta. – “Pagará no haberse informado bien antes de venir a este planeta.

– “No os burléis de vuestro enemigo…” – sufre Shin. – “Babidí se ha rodeado de los guerreros más fuertes del universo…”

– “Lo siento, pero esta vez tengo que darle la razón a Vegeta.” – sonríe Piccolo. – “El guerrero más fuerte del universo está en la Tierra.”

– “¿El más fuerte del Universo?” – se burla Pui-pui. – “¿Acaso eres tú? ¡Jajaja!”

– “No” – responde Piccolo. – “Pero para derrotarte a ti, yo seré más que suficiente.”

– “Estáis condenados…” – insiste Pui-Pui. – “Esta habitación absorberá la energía que emitan vuestras heridas… ¡y con ella renacerá Majin Bu! ¡Solo sois un sacrificio!”

Piccolo sonríe confiado.

– “Así que, si no nos herís, no podéis robarnos la energía…” – reflexiona el namekiano. – “Eso nos facilita mucho las cosas.”

– “Voy a borrarte esa estúpida sonrisa de la cara…” – lo amenaza Pui-pui.

– “Inténtalo” – responde el namekiano.

El extraterrestre se abalanza sobre Piccolo, dispuesto a propinarle una patada, pero el namekiano alarga su brazo y sorprende a su adversario agarrándole una pierna; después acorta su extremidad, atrayendo a su enemigo, y le propina un puñetazo en la nariz que lo lanza al fondo de la sala hasta estrellarlo contra la pared.

– “¿Eh…? – murmura un sorprendido Babidí.

– “Impresionante…” – piensa Shin, asombrado por el poder de Piccolo.

Pui-pui intenta levantarse, pero antes de poder hacerlo se da cuenta de que el namekiano se encuentra detrás de él. El extraterrestre decide darse la vuelta rápidamente e intentar sorprender a su enemigo con un puñetazo, pero Piccolo detiene su puño y contraataca con un rodillazo en el abdomen, seguido de un revés que lanza al extraterrestre contra el suelo.

Babidí se impacienta.

– “¡¿De qué planeta es Pui-pui?!” – le pregunta el brujo a Dabra. – “¡¿Qué lugar podría darle ventaja?!”

– “El planeta Zoon” – dice Dabra.

– “¡Está bien!” – dice el brujo, que extiende sus manos hacia la bola de cristal. – “¡PAPARAPPA!” – exclama.

De repente, nuestros amigos se encuentran en un planeta extraño. El lugar es desértico y repleto de pequeñas mesetas. El centro de la sala ha sido teletransportado con ellos.

– “¡¿Qué ha pasado?!” – se pregunta Gohan. – “¡¿Dónde estamos?!”

– “Esto es obra de Babidí…” – dice Shin. – “Seguro que este lugar es beneficioso para nuestro contrincante…”

Pui-pui, que ha perdido varios dientes y se encuentra en un estado deplorable, celebra su victoria. 

– “¡AHORA TE MATARÉ!” – exclama. – “¡MI PLANETA TIENE UNA GRAVEDAD DIEZ VECES SUPERIOR A LA DE LA TIERRA! ¡JAJAJA!”

Gohan y Vegeta agachan la cabeza, sintiendo vergüenza ajena. Shin no lo entiende.

– “Eres patético” – sentencia Piccolo.

El namekiano, con un rápido movimiento, aparece frente al extraterrestre y le atraviesa el pecho con su mano en forma de garra.

Babidí y Shin se quedan boquiabiertos.

El cuerpo inerte del zoon cae al suelo.

– “Uno menos” – dice Piccolo.

La compuerta del suelo se abre.

– “¡Ya podemos continuar!” – exclama Gohan.

– “Esperemos que el próximo sea más fuerte…” – dice Vegeta.

– “¡Vamos, Piccolo!” – le apresura el mestizo.

Shin mira perplejo a sus tres acompañantes. 

– “Es increíble…” – murmura Shin. – “No sabía que existieran luchadores tan fuertes…”

Los tres guerreros llegan a la siguiente sala, que resulta igual que la anterior. Shin los sigue.

En el sótano de la nave, Babidí parece preocupado.

– “¡¿Cómo es posible que en la Tierra haya hombres tan fuertes?!” – exclama frustrado.

– “Cuando investigamos el planeta hace 300 años esto era impensable…” – dice Dabra. – “Pero no se preocupe, señor. Aún tienen que descender tres niveles… Y si ocurriera lo imposible, aún tendrían que enfrentarse a mí.” – añade con una terrorífica sonrisa.

DBSNL // Capítulo 164: Cura de humildad

DBSNL // Capítulo 164: Cura de humildad

“¿Estás dispuesto a morir por eso?”

En el Planeta Sagrado, la fusión metamor de las chicas se ha transformado en Súper Saiyajín 2 y se pone en guardia.

– “Debemos tener mucho cuidado…” – piensa la fusión. – “No podemos malgastar energía. Nuestros golpes tienen que ser precisos; sin errores.”

Janemba se abalanza sobre ellas espada en alto, pero la fusión esquiva hábilmente el espadazo horizontal, saltando por encima del enemigo, buscando su espalda.

El demonio se da la vuelta rápidamente, pero es sorprendido por un rodillazo en la nariz, seguido por otros dos rodillazos y una patada en la barbilla mientras las chicas dan una pirueta hacia atrás.

Janemba retrocede y frunce el ceño. El diablo se pone en guardia con su espada lista.

Las chicas extienden su mano derecha hacia un lado y ésta se ilumina, proyectando un haz de luz que recuerda a la espada de Vegetto, pero éste pronto se vuelve flácido, doblándose hacia el suelo, desconcertando al demonio.

La fusión sonríe y chasquea el látigo de ki antes de abalanzarse sobre el enemigo.

Janemba alza su espada, pero la súper guerrera mestiza atrapa el brazo izquierdo del demonio con su látigo. La guerrera tira del arma, lo que provoca que el diablo abra la guardia a la vez que propulsa a la fusión hacia él. Las chicas sorprenden al enemigo con una patada en el abdomen.

La guerrera usa de nuevo su látigo y lo enrolla en la espada del enemigo y logra la arrebatársela antes de conectar un puñetazo directo en su mejilla que lo lanza contra el suelo.

En el interior de Janemba, Ub, envuelto en oscuridad, puede siente el ki de la fusión.

– “¿Pan?” – se pregunta el chico. – “¿Bra?” – murmura confuso. – “¿Son ellas? ¿Contra quién luchan?”

De repente, entre las tinieblas, unos ojos rojos le asustan. Tal presencia hace que Ub caiga de rodillas al suelo desolado.

– “¿Están luchando contra mí?” – se pregunta el muchacho, perturbado por tal revelación.

En la Tierra, Ten Shin Han se ha detenido en su camino a Villa Jingle. Ha encontrado una de las energías que perseguía en la cabaña del Número 17.

Al aterrizar, Ten se encuentra con Mai sentada en el portal, llorando.

– “Mai…” – murmura el terrícola. – “Me alegro de que estés bien.”

– “Algo cayó del cielo…” – dice la mujer.

– “Lo sé.” – dice Ten.

– “El muchacho me apartó a tiempo.” – dice Mai. – “Me ha salvado la vida…” – llora.

Ten agacha la cabeza, apenado.

Mai intenta recomponerse y mira a Ten.

– “Lapis…” – murmura la mujer, ya suponiendo la terrible respuesta.

Ten niega con la cabeza.

La mujer se cubre la cara con sus manos y estalla de nuevo en un sonoro sollozo.

Ten se acerca a ella e intenta consolarla torpemente, poniendo la mano sobre su hombro.

Mientras tanto, Krilín intenta sentir el ki de algún superviviente.

– “Tiene que haber alguien…” – suplica el humano.

De repente, un ki aparece de la nada.

– “¡Una energía!” – exclama Krilín. – “¿Dónde…?” – murmura mientras se concentra. – “¡La Capital del Oeste! ¡¿Será Bulma?!”

Krilín sale volando a toda velocidad.

Al Norte, Ten y Mai han caminado hasta Villa Jingle. Las casas se encuentran derruidas, como si una lluvia de meteoritos hubiera caído sobre el pueblo.

Ten puede sentir una energía y corre hacia ella, seguido por Mai.

– “Noto un ki muy débil cerca de aquí” – dice el guerrero de tres ojos.

Los dos personajes se acercan a la casa de Suno, pero antes de llegar se topan con Hatchan, arrodillado en el suelo, con sus codos en la nieve.

– “El Número 8…” – murmura Mai, apenada.

El terrícola se acerca al androide, que tiene un gran agujero en su espalda provocado por el ataque de Bu.

– “Descansa” – murmura Ten, cerrando los ojos un instante a modo de plegaria.

Ten continúa su camino y se prepara para entrar en la casa. Se dispone a abrir la puerta pese al miedo por la escena que se puede encontrar.

– “Ahora vuelvo” – le dice a Mai, antes de dar el paso.

Mai asiente y se queda esperando fuera, pero pronto un ruido proveniente del Número 8 llama su atención.

– “¡¿Qué?!” – se asusta ella.

– “¡¿Hay alguien?!” – dice una voz de niño entre lágrimas. – “¿Mamá? ¡Socorro!”

Mai se apresura e intenta mover al Número 8, sin éxito, y grita pidiendo la ayuda de Ten, que sale corriendo de la casa y para echar una mano.

Al mover a Hatchan, éste resulta estar protegiendo al hijo de Yamcha.

– “¡Baicha!” – exclama Mai.

– “Tú no eres mi mamá…” – dice el chico, asustado.

– “No pasa nada, pequeño” – intenta calmarle Mai. – “Soy Mai y él es Ten Shin Han. Somos amigos de tus padres. ¿No te acuerdas de nosotros?”

Baicha se limpia las lágrimas torpemente. Parece desconfiado, pero asiente tímidamente.

– “¿Qué te parece si vienes con nosotros a dar una vuelta?” – le pregunta Mai.

– “¿Dónde están mi papá y mi mamá?” – insiste Baicha.

Mai mira a Ten Shin Han, que cierra los ojos como respuesta.

– “Han tenido que ausentarse un tiempo…” – responde Mai, con la voz entrecortada – “¿Qué te parece si los esperamos juntos?” – fuerza una sonrisa.

En el planeta de Hit, Koros se siente ninguneado por el asesino.

– “No voy a perder contra ti…” – refunfuña el sicario. – “¡No perderé contra ti!”

– “He cambiado.” – dice Hit. – “Ya no soy un asesino. Te aconsejo que busques algo por lo que luchar; algo que proteger. Aún estás a tiempo.”

– “¡Soy un sicario!” – exclama Koros. – “¡Lucho por dinero! ¡Por gloria!”

– “¿Y estás dispuesto a morir por eso?” – responde Hit.

La pregunta sorprende a Koros.

– “Si no estás dispuesto a morir por algo, no vale la pena que luches por ello.” – continúa Hit. – “Por eso no podrás vencerme. Yo estoy dispuesto a morir por mi causa, pero tú no.”

Koros agacha la cabeza, frustrado, pero dubitativo.

– “Márchate” – le dice Hit. – “Puedes rehacer tu vida. Tu destino no está escrito.”

Hit da la espalda al asesino, dando por zanjada la disputa.

Una media sonrisa forzada se dibuja en el rostro de Koros.

– “Lo está desde el momento en que acepté este trabajo.” – dice el sicario. – “Eres hombre muerto, Hit. Si no mueres a mis manos, ese Shiras nos matará a los dos.”

Hit se detiene al escuchar un nombre que le provoca pesadillas.

– “Shiras…” – repite Hit, perplejo.

El sicario se abalanza sobre Hit.

– “¡TENGO QUE MATARTE!” – grita un desquiciado Koros, dispuesto a asestar un golpe mortal a su enemigo.

De repente, Trunks aparece transformado en Súper Saiyajín y propina una patada en el rostro del sicario que lo lanza contra una arboleda.

Trunks se prepara para pelear.

– “Has bajado la guardia, Hit” – sonríe el mestizo.

– “Trunks…” – se sorprende el asesino al ver al muchacho.

Koros se pone en pie.

– “¿Quién diablos eres tú?” – pregunta furioso el sicario.

Trunks ignora a Koros y mira de reojo a Hit.

– “¿Quieres que me encargue yo?” – pregunta el mestizo.

– “No.” – responde Hit. – “Esto es asunto mío.”

Hit da un paso al frente. Trunks se aparta.

– “Esta es tu última oportunidad.” – advierte Hit a Koros. – “Abandona este planeta.”

Koros aprieta sus puños con rabia.

– “No…” – refunfuña de nuevo el sicario. – “No voy a perder…”

– “No lo hagas.” – dice Hit. – “Esto no tiene que acabar así.”

Koros se abalanza sobre Hit, pero en un abrir y cerrar de ojos, Hit propina un certero puñetazo en el pecho del enemigo, sobre su corazón.

El sicario se detiene. Se ha quedado de pie, inmóvil. Su mirada y la de Hit se cruzan un breve instante antes de que el primero se desplome en el suelo.

Hit se arrodilla junto a Koros y coloca la mano sobre el corazón del sicario, cuyo latido es débil y arrítmico.

– “Tú lo has querido…” – murmura el asesino, entristecido por haber tenido que matar a su adversario.

– “Sí…” – fuerza una media sonrisa Koros. – “Así es…”

Hit y Trunks parecen confusos al escuchar esas palabras.

Koros coloca su mano sobre la de Hit.

– “Shiras o tú…” – dice el sicario, con una débil voz. – “He elegido…” – añade con su último aliento.

En Popol, Broly y Shiras siguen enzarzados en su duelo personal bajo la atenta mirada de Cell, Kale y Tarble.

Broly embiste a Shiras, pero éste esquiva todos los ataques del saiyajín gracias a sus habilidades transtemporales.

El saiyajín persiste en sus intentos, pero Shiras parece haber encontrado la forma de contrarrestar el inmenso poder del saiyajín. Después de cada error de Broly, él contraataca usando sus mazas para castigar al saiyajín.

– “Ese tipo es muy rápido…” – se sorprende Tarble.

– “No” – dice Cell. – “No es cuestión de velocidad…”

– “¿Qué?” – se extraña el saiyajín.

– “Es como si se teletransportara…” – dice Cell. – “Pero es extraño… Es distinto…”

Broly empieza a perder ímpetu tras perseguir inútilmente a su enemigo.

Shiras sonríe.

– “Eres muy fuerte.” – dice el legendario patrullero. – “Pero solo eres una abominación. Una herramienta de los Kashvar.”

Broly embiste de nuevo con todas sus fuerzas; enfurecido.

Los puños de Shiras se iluminan con una energía electrizante de color morado.

– “Se acabó tu tiempo” – sonríe el patrullero.

Broly golpea a Shiras, pero éste desaparece y reaparece a su espalda.

Shiras junta sus manos formando una pistola con sus dedos índice y corazón extendidos y dispara su técnica hacia el saiyajín.

– “¡BROLY!” – exclama Kale, intentando alertar a su amigo.

Broly se da la vuelta, pero ya es tarde y recibe el impacto directo.

La energía eléctrica envuelve al saiyajín y lo deja inmóvil.

– “¡¿Qué ha pasado?!” – se pregunta Tarble.

Shiras sonríe.

– “Tranquilos” – dice el patrullero. – “Sigue vivo.”

– “¡¿Qué le has hecho?!” – insiste Kale.

– “Está encerrado en una burbuja atemporal.” – explica Shiras.

Cell aprieta sus puños hasta que sangran; humillado ante la sola presencia de tal enemigo. 

Shiras coloca su mano sobre el orbe que envuelve a Broly.

– “Nos esperan en otro lugar.” – se despide el patrullero.

Tarble y Kale miran a Cell.

– “¡Haz algo!” – exclama Tarble.

– “¡Ayuda a Broly!” – insiste Kale.

Cell no osa moverse. Shiras y Broly desaparecen.

DBZ – SAGA BU REWRITE / Capítulo 4: Una nueva lección

DBZ – Sagas Bu Rewrite / Capítulo 4: Una nueva lección

En una claro del Monte Paoz, Son Gohan se dispone a impartir la primera clase de vuelo a Videl y Trunks.

– “Volar no es especialmente difícil…” – explica el mestizo. – “Es cuestión de controlar el ki. El tema de la velocidad es más complicado, pero ya hablaremos de eso luego.”

– “¿Controlar el ki?” – pregunta Videl. – “¿A qué te refieres con eso de \”el ki\”?”

– “El ki es la energía que tenemos en nuestro interior.” – aclara Gohan.

– “¿Energía? No sé si lo entiendo…” – murmura Videl, un poco confusa.

Trunks interviene.

– “Es esto” – dice mientras extiende su mano hacia una roca.

El niño dispara un ataque de energía y hace estallar la piedra en mil pedazos, dejando un cráter en el suelo.

Videl se queda boquiabierta.

– “Eso… Eso tiene que ser un truco…” – titubea Videl.

– “Jeje… Aquí no hay ningún tipo de artificio…” – sonríe Gohan.

– “¡Pues yo no sé hacer magia!” – exclama Videl, frustrada.

– “No es magia… Es energía…” – insiste Gohan.

– “¿Y si no tengo \”ki\” de ese no puedo volar?” – pregunta ella, inquieta.

– “No te preocupes” – la tranquiliza Gohan. – “¡Todos tenemos energía! Lo difícil es controlarla.”

Gohan se cruza de brazos, pensando cuál debe ser el primer paso de la muchacha.

– “Trunks, lo siento, pero tendrás que esperar un poco…” – dice el mestizo. – “Primero tengo que enseñarle a Videl a controlar la energía.”

– “Pues vaya…” – replica Trunks mientras patea una piedra con desgana.

– “Ten paciencia, hombre…” – sonríe Gohan.

Gohan y Videl se preparan para practicar, los dos sentados en el suelo con las piernas cruzadas, el uno frente al otro.

– “Coloca las manos así” – dice Gohan, mientras pone sus dos manos juntas formando una esfera.

Videl le imita.

– “Y ahora tienes que concentrarte.” – explica Gohan. – “Tienes que focalizar tu energía entre las manos.”

– “Focalizar mi energía…” – murmura Videl.

La muchacha pone todo su empeño en ello.

– “Grrrrr…” – gruñe Videl.

– “No te tenses” – dice Gohan. – “Esto no es cuestión de fuerza. Relaja tu cuerpo y deja que la energía fluya.”

Gohan genera una esfera de energía entre sus manos.

– “¿Lo ves?” – dice el mestizo. – “Así.”

Videl queda asombrada ante la habilidad de Gohan.

– “Vaya…” – murmura ella. – “Es increíble…”

– “Tú también puedes hacerlo.” – sonríe el mestizo. – “Es cuestión de práctica.”

Mientras tanto, Trunks corretea persiguiendo lagartijas.

Unos minutos más tarde, Chichi anuncia la hora de comer. Los chicos no han podido entrenar mucho tiempo, porque Videl ha llegado tarde, pero no es bueno ejercitarse con el estómago vacío. 

Gohan, Videl y Trunks se sientan a la mesa y Chichi les sirve la comida.

– “Muchas gracias por invitarme a comer.” – dice la educada muchacha. – “Sois muy amables.”

– “No íbamos a comer mientras nos miras…” – responde Chichi, un poco antipática.

Videl prueba el estofado.

– “¡Está buenísimo!” – exclama la hija de Satán. – “¡Usted cocina mejor que nuestro cocinero!”

– “Es estofado de culebra” – responde Chichi.

Videl se detiene y mira el plato con cierto recelo, ahora que sabe lo que está comiendo.

– “¿Has dicho “nuestro cocinero”?” – se extraña Chichi. – “¿Tenéis un restaurante?”

– “No…” – explica Videl. – “Tenemos un cocinero en casa, para nosotros.”

– “¡¿Cocinero particular?!” – exclama la madre de Gohan. – “¡Entonces seréis muy ricos, ¿no?!” – añade. – “¿Cuántos baños tenéis en casa? ¿10? ¿20?”

– “Pues… Creo que unos 40…” – responde Videl.

– “¡¡Sois muy ricos!!” – exclama sorprendida.

– “No tanto…” – murmura bajito Trunks, un poco celoso.

– “Y bueno, parejita…” – Chichi cambia el tono completamente, siendo exageradamente amable. – “¿Cuándo pensáis casaros?”

Gohan se atraganta con la comida y empieza a toser. Trunks tiene que socorrerle con golpes en la espalda.

Un rato después, ya están entrenando de nuevo. Videl y Gohan dedican toda la tarde al control de la energía, y ella finalmente logra generar una minúscula esfera de ki entre sus manos.

– “¡Eso es!” – celebra Gohan. – “Se nota que has hecho artes marciales, Videl. ¡Aprendes muy rápido!”

– “Jeje” – responde risueña. – “Gracias.”

Videl se pone en pie de un salto, ilusionada.

– “¡¿Crees que ya puedo volar?!” – pregunta con energía.

– “No quieras correr demasiado… Aún no.” – responde el mestizo. – “Tienes que controlar mejor la energía… ¡Pero vas por buen camino!”

La muchacha aún no esta satisfecha con su progreso.

– “A partir de ahora vendré cada día después de clase” – dice Videl.

– “¡¿Qué?!” – se sorprende Gohan. – “¡Pero si vas muy bien! Con que vengas los fines de semana…”

– “¿Es que molesto?” – pregunta ella al sentirse rechazada.

– “No, no… No es eso…” – rectifica Gohan.

– “Pues nos vemos mañana” – sonríe ella, que ha conseguido lo que quería.

La chica se dirige a su jet, pero Gohan la detiene.

– “Por cierto, Videl…” – dice el mestizo. – “Creo que deberías cortarte el cabello.”

– “Ah, ¿sí?” – se sonroja ella. – “¿Crees que me quedaría mejor?” – pregunta coqueta.

– “No, pero para pelear es lo más práctico.” – explica Gohan. – “Podría taparte los ojos en mitad de un combate o tu adversario podría agarrarte de la coleta…”

Videl se avergüenza al ver que Gohan solo pensaba en las artes marciales.

– “¡NO ME DIGAS LO QUE TENGO QUE HACER!” – exclama ella, furiosa. – “¡LLEVARÉ EL CABELLO COMO ME DE LA GANA!”

Trunks se acerca a Gohan al oír los gritos. La muchacha se sube a su jet y da un portazo.

– “¿Por qué se ha enfadado?” – pregunta el hijo de Vegeta.

– “No lo sé…” – suspira Gohan.

Al día siguiente, en clase, Videl se presenta con el cabello corto. Todos la miran extrañados mientras sube las escaleras del anfiteatro.

Gohan ya está sentado y ella pasa por detrás de su asiento. 

– “Videl… Te has…” – dice el mestizo.

– “Cállate” – responde tajante.

El hijo de Goku observa a la muchacha sentarse en su sitio y sacar los libros.

– “De verdad que no la entiendo…” – piensa Gohan.

En la Corporación Cápsula, Trunks prepara una mochila en su habitación. Vegeta pasa junto a la puerta y se detiene al ver al chico.

Vegeta entra en la habitación.

– “¿A dónde vas?” – pregunta el saiyajín.

– “Voy a casa de Gohan.” – dice Trunks. – “Va a enseñarme a volar.” – añade sin alzar la mirada de la mochila que continúa preparando.

El saiyajín no responde.

– “¡Hasta luego!” – se despide Trunks, que sale corriendo de la habitación.

Su madre le espera fuera, con el jet preparado.

El Sol se pone en el Monte Paoz, Gohan, Videl y Trunks han estado entrenando toda la tarde. 

La muchacha ha logrado levitar unos centímetros.

– “¡Muy bien, Videl!” – celebra Gohan. – “¡Has logrado levitar en muy poco tiempo! ¡Eres fantástica!”

Videl desciende.

– “¿Tú crees?” – dice coqueta.

Mientras tanto, Trunks sobrevuela la zona de un lado para otro con total soltura e interrumpe a la pareja.

– “¡Mírame, Gohan!” – exclama el chico. – “¡Estoy volando!”

Los ánimos de Videl se desmoronan.

– “No te desanimes…” – dice Gohan. – “Trunks ya tenía un buen control de su energía… ¡Pero levitar ya es un gran paso! Ahora solo es cuestión de práctica…”

– “Pues seguiremos practicando cada día.” – responde Videl.

Al día siguiente, en la Corporación Cápsula, Trunks se prepara de nuevo para ir al Monte Paoz.

– “¡Hasta luego!” – se despide.

El chico se cruza con su padre en el pasillo, que lo mira marcharse.

En el Monte Paoz, al final de la tarde, Videl ya logrado elevarse bastante. Trunks hace piruetas en el aire.

Videl, cansada, se sienta en el suelo.

– “Aún me falta mucho para poder volar como él…” – suspira la hija de Satán.

– “Lo conseguirás” – dice Gohan.

La muchacha sonríe.

– “Oye… Nadie sabe que vengo aquí a entrenar. Es un secreto.” – explica Videl. – “Llevo unos días evitando a mi padre, porque desde que vio nuestra foto en el periódico está insoportable.”

– “Vaya…” – sonríe algo avergonzado Gohan. – “Parece que la fotografía ha provocado bastante revuelo…”

– “Me quiere mucho” – dice ella. – “Se pondría como una fiera si supiera que me paso las tardes en casa de un chico.”

– “No quisiera tener problemas con el Campeón…” – dice Gohan, fingiendo temer a Satán.

Videl sonríe.

– “De momento estás a salvo.” – dice ella

– “Jeje” – ríe Gohan.

La hija de Satán se pone en pie, lista para continuar.

– “Oye… ¿Quién te enseñó artes marciales?” – pregunta Videl. – “¿Tu padre?”

– “Sí, mi padre y sus amigos.” – responde el mestizo.

– “Tu padre era Son Goku, ¿verdad?” – pregunta ella.

– “¡¿Cómo lo sabes?!” – se sorprende Gohan.

– “Al verte pelear me puse a investigar… El nombre \”Son\” no es muy común.” – sonríe Videl de forma pícara. – “Parece que tu padre ganó el Torneo Mundial de Artes Marciales en una ocasión y fue finalista otras dos veces.”

– “Así es…” – confirma el mestizo.

– “Es casualidad que nos hayamos encontrado.” – sonríe Videl. – “Los dos somos hijos de campeones.”

– “Sí… Supongo que sí…” – sonríe Gohan.

Los días transcurren con normalidad; clases por la mañana, entrenamientos por la tarde, y algunas interrupciones para defender el bien y la justicia en Satán City. 

En menos de diez días Videl ya vuela con soltura. Es una chica extraordinaria.

Un día más, Trunks se prepara para marcharse a casa de Gohan, pero cuando corría hacia el jet, Vegeta lo ha agarrado de la mochila.

– “¿Quieres…? ¿Quieres entrenar conmigo?” – pregunta el saiyajín, con una timidez inusual en Vegeta.

Trunks, sin dudarlo, acepta emocionado.

En la Sala de Gravedad Aumentada, pero a solo 1G, Vegeta y Trunks se enzarzan en un pequeño combate, pero el padre no parece muy impresionado. El primero viste el mono azul saiyajín, sin armadura, y el segundo lleva su gi verde.

– “¿A qué esperas?” – dice Vegeta. – “¡Muéstramelo!”

Trunks retrocede, sorprendido por la petición de su padre.

– “¿Cómo lo sabes?” – pregunta Trunks.

– “Un poder como ese puede sentirse desde cualquier distancia” – dice Vegeta.

El niño sonríe, presumido.

– “Está bien” – dice Trunks. – “Espero que la sala aguante…”

– “Espabila…” – se impacienta Vegeta.

Trunks aprieta los puños, sus dientes rechinan.

– “¡HAAAAA!” – grita mientras su aura estalla y se transforma en Súper Saiyajín.

Vegeta no está impresionado.

El saiyajín se transforma con una facilidad que contrasta con el esfuerzo de su hijo y se pone en guardia.

– “Atácame con todas tus fuerzas” – dice Vegeta.

– “¿En serio?” – responde Trunks, con un poco de miedo.

Vegeta no responde.

Trunks se pone en guardia. Una gota de sudor recorre su frente.

– “¡YAAAAH!” – embiste el chico, dispuesto a propinarle un golpe a su padre.

Vegeta detiene el puñetazo con una mano y contraataca con un derechazo en la cara de Trunks, que lo lanza al fondo de la sala.

El mestizo se golpea con la pared y cae al suelo.

– “¡¿PERO QUÉ HACES?!” – se queja Trunks, con lágrimas en los ojos, mientras se incorpora y se frota el hinchado moflete.

– “Entrenarte” – responde fríamente Vegeta.

– “¡PERO NO VALE PEGAR DE VERDAD!” – protesta el chico. – “¡ME HAS HECHO DAÑO!”

– “No seas llorica.” – responde el saiyajín.

– “¡No quiero entrenar más contigo!” – replica Trunks. – “¡Gohan no me pega!”

– “¡Gohan es un blando! ¡Como su padre!” – exclama Vegeta.

– “¡PUES ES MÁS FUERTE QUE TÚ!” – grita Trunks, furioso.

Vegeta se queda en silencio. Trunks se da cuenta de que ha herido el orgullo de su padre y no se atreve a decir nada más.

El saiyajín vuelve a su estado base.

– “Hemos terminado.” – sentencia Vegeta, que enseguida abandona la sala.

Videl ya ha aprendido a volar, así que ahora solo visita a Gohan los fines de semana para mejorar su técnica. Entre semana entrena por las tardes en el gimnasio de la Mansión Satán. 

Un día, de repente, mientras la muchacha entrenaba, una explosión sacude la mansión. 

Videl, preocupada por los trabajadores, corre escaleras arriba, y al llegar al recibidor se encuentra con dos tipos de apariencia extraña, descamisados, sin cabello ni vello, con una musculatura exagerada y con las venas marcadas bajo la piel. Uno de ellos es alto y robusto, y viste un pantalón marrón; su compañero es más delgado y de menor estatura, luce pantalón de camuflaje y en su mano derecha carga con una extraña urna blancas terminada en un punzón. Los dos lucen una “M” negra dibujada en la frente. 

El grandullón tiene agarrado al mayordomo de la familia Satán por el cuello.

– “¡¿Dónde está el Campeón?!” – pregunta inquisitivo mientras aprieta el pescuezo del pobre hombre.

Videl da un paso al frente.

– “Mi padre no está en casa.” – dice la muchacha. – “¡Ahora, suéltalo!”

El tipo lanza al mayordomo a un lado y se fija en Videl.

– “Tú…” – gruñe el monstruoso hombre. – “Tengo cuentas pendientes contigo, muchachita…”

Videl se fija en el tatuaje del tigre que lleva el hombre en su pecho que sube por su cuello hasta casi la mandíbula.

– “¿Eh?… Vosotros sois…” – se sorprende ella al ver al bandido de la carretera 81 tan cambiado. – “Sois esos tipos…”

El hombre choca sus puños y camina hacia Videl, pero su compañero interviene.

– “No olvides nuestra misión, Spopovich.” – dice su socio. – “Hemos venido a por Satán.”

– “No seas así, Yamu. El Campeón no está…” – dice el gigantón. – “Ella servirá.” – añade con una macabra sonrisa.

Videl se pone en guardia.

– “¿Es que no recordáis como acabasteis la última vez?” – se burla ella.

El tipo delgado ríe.

– “Pronto verás que las cosas han cambiado mucho desde ese día…” – dice el bandido.

Spopovich se abalanza sobre Videl e intenta propinarle un puñetazo, pero la muchacha se agacha para esquivar el ataque y contraataca saltando y golpeando al bandido en la barbilla, derribándole de espaldas al suelo.

– “Justo como lo recordaba” – sonríe ella. 

El criminal se levanta furioso y sin dudar carga de nuevo contra la hija de Satán. Videl y el monstruoso criminal se enzarzan en un intercambio de golpes que parece igualado, pero pronto Videl logra sobreponerse a su contrincante con una técnica superior. Un rodillazo en la nariz sorprende a Spopovich y lo desconcierta, momento que Videl aprovecha para propinar una patada al maleante que lo lanza contra un muro, atravesándolo.

– “Uno menos…” – sonríe Videl.

Yamu sigue de brazos cruzados, sin reaccionar ante la derrota de su compañero.

Spopovich enseguida se pone de nuevo en pie, con la nariz rota y sangrando, pero con una macabra sonrisa impresa en su rostro.

Videl se sorprende al ver a su adversario dispuesto a continuar.

– “Qué tipo tan resistente…” – piensa ella. 

Spopovich carca contra Videl, pero la chica lo esquiva saltando por encima de él. El grandullón enseguida se da la vuelta y la persigue. Videl detiene todos los golpes y retrocede hasta salir al jardín, cuando finalmente decide usar su nueva habilidad para elevarse sobre el enemigo.

Videl observa a los dos tipos, aprovechando la ventaja obtenida.

– “Son muy extraños…” – dice mientras intenta recuperar el aliento. – “Este tipo no era tan fuerte hace tan solo unas semanas… ¿Qué le ha pasado?”

De repente, Spopovich se eleva por encima de Videl, dejando a la hija de Satán boquiabierta.

– “¡¿Cómo es posible?!” – se asusta la muchacha al ver a su enemigo volando.

El bandido apunta a Videl con la mano y emite un empujón de energía que lanza a la chica contra el suelo a toda velocidad.

Aturdida y magullada, Videl intenta levantarse, pero antes de lograrlo Spopovich aterriza frente a ella y le propina una fuerte patada que la lanza contra el muro de la mansión.

Yamu se acerca a Spopovich.

– “Ya es suficiente” – le dice a su compañero. – “A este paso la matarás.”

– “¿Y qué más da?” – responde Spopovich con una macabra sonrisa. – “Con Satán seguro que tenemos más que suficiente.”

Videl, que siente como se han roto varias de sus costillas, se pone en pie de nuevo.

– “No hemos terminado…” – dice ella. – “No esperarás que me rinda… ¿verdad?”

Spopovich corre hacia ella, pero Videl le sorprende saltando y propinándole una brutal patada en la cara con todas sus fuerzas. 

El grandullón se ha quedado quieto en el sitio. Su cabeza ha dado un giro de 180 grados.

La mismísima Videl se sorprende ante lo que acaba de ocurrir. Ha matado a su contrincante.

Pero Spopovich se agarra la cabeza y se la coloca de nuevo en su sitio, dejando a Videl aterrada.

El bandido agarra a Videl del pelo y le propina un rodillazo en la cara que le hace saltar varios dientes.

Spopovich lanza a la muchacha contra el suelo y alza su pie sobre su cabeza, listo para darle el golpe de gracia.

De repente, algo golpea a bandido y lo lanza contra el muro del jardín, que estalla en mil pedazos.

Son Gohan, vestido de Gran Saiyaman, ha llegado transformado en Súper Saiyajín.

Yamu se sorprende al ver el poder del héroe y saca un extraño medidor con un diseño similar al de su urna y lo dirige a Gohan. La aguja del aparato da gira sin control.

– “¡Impresionante!” – exclama Yamu.

Spopovich sale de entre los escombros, furioso.

Gohan se quita el casco y lo lanza a un lado, con su mirada desafiante fija en el gradullón.

En la Atalaya de Kamisama, Piccolo y Dende observan la Tierra.

– “¿Qué está pasando?” – se pregunta Dende. – “¿Quiénes son esos tipos?”

– “No lo sé…” – dice Piccolo. – “Pero tengo un mal presentimiento…”

El pequeño Trunks llega al lugar, un poco cansado, transformado también en Súper Saiyajín.”

– “Lo siento, Gohan.” – dice el hijo de Vegeta. – “Vuelas demasiado rápido para mí.”

Gohan sigue fijo en sus adversarios.

– “Llévate a Videl a la Torre de Karín” – dice el mestizo. – “Necesita judías mágicas.”

– “Sí” – asiente Trunks, que intenta colocar el brazo de Videl sobre sus hombros.

La muchacha, malherida y quejosa, abre los ojos.

– “¿Gohan?” – murmura al a su amigo frente a ella. – “¿Eres tú?”

La silueta del Gran Saiyaman brilla con luz propia. Videl se da cuenta en ese instante de que Gohan es también el Guerrero Dorado.

El mestizo se da la vuelta y fuerza una sonrisa para Videl.

– “Pronto estarás bien.” – le dice con el pulgar en alto. – “Yo me encargaré de esto.”

Videl asiente.

– “Confío en ti.” – susurra con un hilo de voz.

Trunks y Videl se elevan y se ponen en camino.

Desde la azotea de un edificio cercano, dos extraños individuos contemplan la escena. Uno de ellos es de baja estatura, piel lila y ojos rasgados, con rasgos infantiles, un poco andróginos, con cabello blanco en forma de cresta, y vestido con ropajes extraños pero elegantes de color verde azulado. Su acompañante es alto y tiene la piel rosada y arrugada, con cabello blanco largo y liso; viste ropa del mismo corte, pero de color rojo.

– “Es fuerte…” – dice el tipo alto. – “¿Deberíamos actuar?” – pregunta.

– “Aún no.” – repsonde su compañero.

En ese instante, alguien más llega a la azotea. Es Piccolo.

– “¿Quiénes sois vosotros?” – pregunta el namekiano.

– “Hola, Piccolo” – saluda el pequeño forastero. – “Me alegra de hayas decidido venir.”

– “¿Qué?” – se sorprende el namekiano al ver que el misterioso individuo conoce su nombre. – “¿Quién es? ¿Cómo sabe quién soy?” – piensa.

– “Pronto responderé a tus preguntas” – responde el forastero, que ha leído su mente. – “Pero ahora debo pedirte que tengas paciencia.”

Piccolo se queda perplejo. No siente ningún tipo de energía proveniente de esos dos individuos y eso le inquieta.

En el jardín de la Mansión Satán, la mirada de Gohan se torna seria. Yamu y Spopovich están frente a él, y el pequeño prepara la urna.

– “Bastardos…” – gruñe Gohan. – “No os perdonaré… ¡¿Me oís?! ¡NO OS PERDONARÉ!” 

Gohan grita y su poder estalla, su cabello se eriza aún más y rayos de energía chasquean a su alrededor, tal y como hizo contra Cell. Su capa roja sale volando.

– “Me las pagaréis.” – dice el mestizo.

En la Corporación Cápsula, Vegeta se levanta del sofá de un salto. 

– “¡¿Qué?!” – murmura el saiyajín, que aprieta sus puños con rabia al sentir la energía del mestizo. – “Ese poder… Maldito sea…” – gruñe.

En la azotea, los individuos se quedan pasmados ante la energía del mestizo.

– “Su poder no decepciona…” – murmura Kibito. 

– “No será fácil.” – dice Shin. – “Pero, por favor, Piccolo, pase lo que pase, no intervengas.”

El namekiano está molesto, pero siente una extraña sensación cuando mira al pequeño forastero que le compele a colaborar.

Trunks carga con Videl y ya sobrevuelan el mar en dirección a la Tierra Sagrada.

– “Gohan…” – murmura Videl. – “Esos tipos…”

– “Tranquila. No te preocupes por él.” – dice Trunks. – “Seguro que estará bien. ¡No hay nadie más fuerte que él! ¡Derrotó a Cell!”

Una tierna sonrisa se dibuja en el rostro de Videl. 

– “Lo sabía…” – piensa ella, esperanzada e incluso orgullosa. – “Tenía que ser él…”

En Satán City, Yamu y Spopovich se abalanzan sobre Gohan, que se prepara para acabar con ellos… pero antes de que el mestizo pueda reaccionar, el pequeño forastero extiende sus manos y con su poder mental inmoviliza al saiyajín.

Piccolo da un paso al frente, listo para actuar, preocupado por su amigo, pero Kibito le mira de reojo y niega en silencio. 

El namekiano se detiene, muy a su pesar.

Spopovich agarra a Gohan y Yamu clava el aguijón de su urna en el costado del muchacho.

– “¡Sujétale fuerte, Spopovich!” – exclama Yamu. 

Gohan siente que sus fuerzas se desvanecen rápidamente.

Piccolo se ve obligado a contemplar la escena impotente.

– “Confía en nosotros, Piccolo” – dice el extraño de piel rosada.

Los dos bandidos sueltan a Gohan, que cae al suelo inconsciente.

– “¡Vámonos!” – exclama Yamu. – “¡Ya tenemos suficiente!”

Yamu y Spopovich alzan el vuelo a toda velocidad y desaparecen en el horizonte.

El pequeño extraño baja las manos se eleva lentamente.

– “Voy a seguir a esos dos.” – anuncia. – “Espero que me acompañes, Piccolo. Necesitaré ayuda.”

– “¿Y Gohan?” – pregunta el namekiano.

– “Kibito se encargará de él.” – responde el forastero. – “Pronto volverá a estar en plena forma. Estoy seguro de que después querrá unirse a nosotros.”

Piccolo mira de reojo a Kibito y asiente.

El pequeño extraño sonríe.

– “Bien.” – dice. – “Vámonos.”

El forastero y Piccolo salen volando tras los dos bandidos. 

Kibito desciende hasta Gohan y se agacha para colocar su mano derecha sobre la espalda del chico con la intención de reestablecer su energía.

– “¡Increíble!” – se sorprende Kibito. – “Aún no había revelado toda su energía… ¡Su fuerza es casi ilimitada! Jamás imaginé que un simple mortal pudiera albergar un poder así…”

De repente, Gohan recupera la consciencia.

– “¡¿Qué ha pasado?!” – pregunta el mestizo.

Kibito se levanta y Gohan también.

– “¿Quién eres?” – pregunta el mestizo.

– “Ven conmigo.” – dice el extraño. – “Te lo explicaré por el camino. Debemos alcanzar a Shin y a Piccolo.”

– “¿Piccolo?” – repite Gohan.

Kibito sale volando y Gohan decide perseguirlo. 

Justo en ese momento, Mr. Satán ha llegado a su casa en limusina tras rodar un anuncio. Se oyen sirenas de policía aproximándose. 

– “¡¿Qué ha pasado aquí?!” – se pregunta asustado al ver su mansión en ruinas. – “¡¿DÓNDE ESTÁ VIDEL?!” – exclama preocupado. – “¡VIDEL!” – grita mientras entra en su casa.

En la casa no queda nadie. Solo el mayordomo, que sigue inconsciente.

– “¡¿Quién ha hecho esto?!” – dice Satán, que agarra al hombre por la solapa. – “¡Despierta! ¡Háblame! ¡¿Dónde está mi Videl?!”

De reojo, el Campeón se fija en el casco del Gran Saiyaman en el suelo.

– “Sabía que ese tipo traería problemas…” – gruñe Satán.