DBZ – SAGA BU REWRITE / Capítulo 9: La pesadilla regresa

DBZ – Saga Bu Rewrite / Capítulo 9: La pesadilla regresa

Piccolo vuela en dirección a la Atalaya de Kamisama sin mirar atrás, pese a preguntarse si Vegeta habrá logrado detener definitivamente al monstruo Bu.

– “Debo poner al chico a salvo…” – piensa el namekiano.

En el centro del kilométrico cráter que ha dejado la explosión, Vegeta ha agotado toda su energía y su cuerpo se ha convertido en ceniza que se lleva el viento.

En la Atalaya de Kamisama, Dende observa atentamente lo ocurrido. La zona de la explosión ha quedado completamente arrasada.

– “Vegeta…” – murmura el namekiano. – “Lo has conseguido…”

Pero de repente, los minúsculos fragmentos gelatinosos del monstruo, que están esparcidos por todo el terreno, empiezan a moverse.

– “¡¿QUÉ?!” – se asusta Kamisama.

Los pequeños trozos del monstruo cobran forma, transformándose en un millar de diminutos Majin Bu.

– “¡Buu! ¡Buu!” – canturrean todos a la vez.

– “No… no es… ¡No es posible!” – titubea un horrorizado Dende.

Los trozos del monstruo se reagrupan, mezclándose unos con otros y conformando una gran masa rosada que empieza a tomar forma antropomórfica.

– “¿Qué ocurre, Kamisama?” – se preocupa Mr. Popo, intentando asistir a Dios.

– “¡Ese monstruo sigue vivo!” – exclama Dende.

Bu se ha regenerado por completo.

– “¡BUUUUUU!” – celebra el monstruo.

Majin Bu bailotea por la zona, feliz como una perdiz.

Piccolo ha percibido la presencia del monstruo y acelera su vuelo.

– “Maldita sea…” – murmura el namekiano. – “¡Esto es terrible!”

En el cráter, de repente, el monstruo se da cuenta de que Babidí no está.

– “¿Eh?” – se rasca la cabeza el monstruo.

Bu vuela de un lado para otro, sobrevolando la zona, mirando debajo de cada piedra, hasta que confirma que su señor ha muerto.

– “¡Je, je, je! ¡JA, JA, JA!” – ríe contento.

El monstruo Bu es libre.

A varios kilómetros de distancia, en un río, el Kaioshin sale a la superficie, malherido y casi sin fuerzas, y se agarra a una roca de la orilla. 

– “No siento a Vegeta… tampoco a Gohan…” – piensa Shin. – “Por favor… alguien tiene que seguir vivo…”

En las montañas rocosas, Ten Shin Han y Chaoz avanzan a pie.

– “¡Estamos cerca!” – dice Ten. – “¡Es débil, pero puedo sentir su energía!”

– “¡Es allí!” – indica Chaoz. – “¡Ya le veo!”

Gohan se encuentra inconsciente en el suelo.

– “¡Son Gohan!” – exclama Ten.

Los dos guerreros se apresuran en socorrer al chico.

Mientras tanto, en la Atalaya de Kamisama, Piccolo ya ha llegado al palacio y ha acostado a Trunks en un dormitorio. Ahora él y Dende pasean por la Atalaya mientras cavilan. 

– “Aún tardará en despertar.” – dice Piccolo.

– “Su padre ha muerto… Pobre muchacho.” – dice Dende. – “¿Y Gohan? ¿Él también…?” – añade preocupado.

– “No lo sé…” – agacha la cabeza Piccolo. – “Pero no siento su energía…”

– “¿Qué haremos ahora?” – se pregunta Kamisama.

– “Tendremos que esperar…” – sugiere el namekiano. – “Aún no sabemos cómo actuará Majin Bu ahora que no tiene a Babidí para darle órdenes…”

Mientras tanto, Majin Bu vuela alegremente sobre el mar, dando piruetas en el aire, celebrando su recién conseguida independencia.

De repente, se da cuenta de que hay una ciudad bajo sus pies; es la Capital del Sur.

El rostro del monstruo se ilumina y él desciende lentamente.

– “Tengo hambre…” – sonríe Majin Bu.

El monstruo alza sus manos y las habitantes de la ciudad empieza a levitar.

– “¡AAAAH!” – grita la gente asustada y confusa. – “¡¿QUÉ ESTÁ PASANDO?!”

– “¿En qué podría convertiros…?” – piensa Bu. – “¡Ya lo sé!” – exclama. – “¡¡Convertíos en caramelos!!”

Bu proyecta un rayo zigzagueante rosado de energía mágica con su antena, y éste se transmite de un humano a otro, convirtiéndolos a todos en dulces.

El monstruo aspira con fuerza y atrae a los caramelos hasta su boca, llenándola hasta rebosar, con sus mejillas hinchadas como un hámster.

El monstruo mastica los crujientes dulces, triturándolos, y después los engulle.

– “¡Deliciosos!” – celebra Bu.

Bu inspira profundamente, llenando sus pulmones de aire, y luego sopla con todas sus fuerzas, destruyendo toda la Capital de un soplido, conviertiendo la zona en un páramo llano y yermo.

– “¡Qué divertido!” – ríe Bu. – “¡Ji, ji, ji!”

En la Atalaya, Piccolo y Dende observan la escena aterrados.

– “Maldición…” – sufre Piccolo. – “Puede que haya cometido un error…”

En la Capital del Oeste, Bulma ve en el televisor del taller los sucesos de Satán City, cubiertos a pie de calle por el reportero Jimmy Firecracker. Las noticias muestran imágenes captadas por una cámara de seguridad en las que ella puede identificar a Vegeta, Gohan y Piccolo junto a un extraño cuarto individuo.

– “¿Qué ha pasado…?” – sufre ella, al ver a su marido atacar la metrópolis.

De repente, la emisión es interrumpida para contar un nuevo y terrible suceso; el ataque a la Capital del Sur.

Bulma no aguanta la incertidumbre y coge el radar de las Dragon Balls de un cajón de su mesa de trabajo y agarra su chaqueta morada de la Corporación Cápsula antes de salir de la habitación.

En Satán City, Videl y Satán, rodeados por la policía y otros viandantes, pueden ver las noticias en los televisores de un escaparate. Un helicóptero muestra imágenes aéreas de la devastada Capital del Sur.

– “¡Es terrible!” – cuchichea la gente. – “¡Qué desastre! ¿Qué puede haber causado esto? ¿Un ataque terrorista?”

– “Son Gohan…” – murmura Videl, preocupada. – “Por favor… Ten mucho cuidado…”

En las montañas rocosas, Chaoz y Ten Shin Han intentan mantener con vida a Gohan, ofreciéndole agua de una cantimplora, pero el mestizo casi no tiene fuerzas. Los dos guerreros han sentido las energías de la ciudad desaparecer.

– “Debemos llevarle a la Atalaya…” – sugiere Ten. – “Algo terrible está sucediendo.”

Chaoz rebusca en su cinturón.

– “¡A mí me queda una senzu!” – exclama Chaoz.

Mientras tanto, un joven guardabosques camina por una arboleda, escopeta en mano, cuando se topa con un individuo inconsciente en el suelo, bocabajo, vestido con ropajes extraños empapados, cerca de la orilla del río.

– “¿Está bien, amigo?” – pregunta el individuo. – “¡Oiga!” – insiste.

El joven se agacha y da la vuelta al forastero, para darse cuente enseguida de que su aspecto no es terrícola.

– “Pero, ¿quién eres tú?” – murmura guardabosques.

En la Atalaya de Kamisama, Piccolo y Dende siguen observando con horror a Majin Bu hacer de las suyas, cuando de repente aparece el avión de Bulma, que aterriza apresuradamente.

– “Bulma…” – murmura el namekiano, que se da cuenta de que va a tener que dar explicaciones.

La mujer sale de su avión y se acerca a Piccolo.

– “¡¿Dónde está Trunks?!” – pregunta ella, nerviosa. – “¡¿Y Vegeta?!”

El namekiano agacha la cabeza, apenado.

– “Trunks está bien. Está descansando en el palacio.” – dice el namekiano. – “Pero Vegeta…”

De repente, un nuevo avión aterriza en la Atalaya; es el vehículo de Yamcha. Chichi, Gyuma, Yamcha, Puar, Oolong, Roshi, Krilín y la Número 18, con la pequeña Marron en brazos, se apean.

Chichi camina decidida hasta Piccolo y le increpa. El namekiano retrocede un poco asustado.

– “¡TÚ!” – le dice Chichi al namekiano apuntándole con un dedo acusador. – “¡¿Dónde está mi Gohan?!”

Krilín da un paso al frente.

– “¿Qué ha pasado, Piccolo?” – pregunta el terrícola, con miedo a la respuesta.

Piccolo agacha la cabeza de nuevo.

– “Vegeta y Gohan… han muerto” – revela el namekiano.

Todos los presentes se quedan impactados por las palabras de Piccolo. Chichi se desmaya y tiene que ser atendida por Gyuma. Bulma se tapa la boca acongojada.

– “Vegeta… No… No puede ser…” – llora la viuda.

Piccolo continúa.

– “Un monstruo antiguo y malvado ha despertado.” – dice el namekiano. – “Y ahora vaga por la Tierra.”

Mr. Popo sale del palacio y interrumpe a Piccolo.

– “Siento interrumpir…” – dice el ayudante de Kamisama. – “Pero el chico ya se ha despertado.”

Mientras tanto, Gohan se ha comido la semilla y se pone en pie.

– “¿Estás bien, muchacho?” – pregunta Ten.

– “Sí…” – dice el mestizo. – “Muchas gracias.”

– “¿Qué ha pasado?” – pregunta Chaoz.

– “Hemos sentido tu energía y la de Vegeta…” – dice Ten. – “Y luego ha aparecido otro poder terrible…”

– “Es una historia larga.” – dice Gohan. – “Pero no hay tiempo.” – dice mientras se aleja unos pasos, con su mirada fija en el horizonte.

– “¿Qué pretendes hacer?” – dice Ten. – “No irás a…”

– “No siento la energía de Vegeta, pero sí siento la del monstruo” – dice Gohan. – “Eso significa que soy el único capaz de detenerlo…”

– “Pude sentir vuestra energía mientras peleabais, Gohan.” – dice Ten. – “Si Vegeta ha fracasado…”

– “Ahora soy más fuerte.” – dice el mestizo. – “Puede que…”

– “No lo hagas…” – dice Chaoz. 

Gohan aprieta sus puños con rabia.

– “No puedo quedarme de brazos cruzados…” – gruñe Gohan. – “Mi padre no tiraría la toalla…”

– “Tu padre sabía cuando pelear.” – dice Ten. – “Si mueres en vano, la Tierra estará condenada.”

Muy lejos de allí, en la cabaña del guardabosques, Shin abre los ojos tumbado en una cama de madera, vistiendo solo el mono interior de su ropa sagrada. 

– “¿Qué…?” – se pregunta el Dios. – “¿Dónde estoy?”

Shin intenta echar un vistazo a su alrededor. Una alfombra de piel de oso cubre el suelo. Una fotografía del guardabosques con su mujer y su hijo se encuentra en la mesita de noche. El anfitrión se se encuentra sentado en una mesa, cerca de la entrada. La escopeta está apoyada en la pared, junto a la puerta.

– “Te encontré cerca del río.” – dice el guarda forestal. – “Estabas inconsciente.”

El Dios ve a un joven de ojos azules, con pelo negro lacio con corte a media melena y raya en medio. Viste un pantalón cargo marrón y una camiseta térmica negra. Está sentado en una mesa junto a la entrada.

– “Me has ayudado…” – murmura Shin, aún débil. – “Gracias…”

– “¿De dónde vienes?” – pregunta el joven. – “No pareces de por aquí.”

– “No…” – dice Shin. – “Soy del Este…”

– “¿De qué planeta, exactamente?” – sonríe el guardabosques.

– “¡¿Qué?!” – se sorprende el Kaioshin al ver la calma con la que el forastero ha realizado la pregunta.

Shin se fija en el joven y se sorprende al percibir algo extraño.

– “Tú…” – dice el Dios. – “No eres… humano…”

– “Interesante…” – murmura el guardabosques ante la deducción de su invitado. – “Voy a empezar presentándome yo.” – dice el joven. – “Soy el Número 17, pero aquí me conocen como Lapis.” – dice ofreciéndole la mano.

El Dios sonríe al sentir las buenas intenciones de su huésped.

– “Shin” – sonríe el Dios, aceptando el apretón de manos. – “Kaioshin del Este.”

Mientras tanto, Majin Bu ha llegado a la Capital del Norte y corretea por sus calles, arrollando todos los vehículos con los que se encuentra a su paso. La gente huye despavorida.

– “¡YUJUUUU!” – disfruta el monstruo.

De repente, un policía dispara al monstruo, pero las balas rebotan en su barriga sin causarle ningún daño.

– “¿Eh?” – se detiene Bu, confuso.

El policía retrocede lentamente al ver que el monstruo le ha visto.

– “¿Quieres jugar?” – sonríe Bu.

El agente suelta el arma y echa a correr, pero Bu agarra la pistola del suelo.

– “Se ha dejado esto…” – piensa el monstruo.

Bu le lanza el arma y ésta se incrusta en la cabeza del policía, matándole.

– “¡Oh!” – se sorprende Bu. – “Que delicados son…”

Una muchacha que lo ha visto todo se encuentra agachada detrás de un coche, aterrada.

La chica intenta huir a gatas, pero pronto se topa con Majin Bu frente a ella.

– “Por favor… No me mates…” – suplica la muchacha. – “Por favor…”

Bu intenta poner su mejor sonrisa.

– “¿Crees que soy guapo?” – le pregunta el monstruo.

– “¿Eh?” – responde la confusa muchacha.

– “¿Soy guapo?” – insiste Bu.

– “Guapo… eh… ¡Sí! ¡SÍ!” – exclama ella. – “¡MUY GUAPO!”

– “Entonces… ¡Dame un beso!” – dice Bu, alargando sus labios como si fueran una trompeta.

– “¡YAAAAAAHHHH!” – grita ella, asqueada y asustada.

– “Me has mentido…” – dice un ofendido Majin Bu.

En ese instante, Bu ve un anuncio de colonia en una pared en el que aparece un hombre apuesto.

– “¿A las terrícolas os gustan así?” – se pregunta el monstruo, rascándose la barbilla. – “Está bien…”

Bu moldea su rostro con las manos como si fuera de arcilla y replica la cara del modelo.

– “¿Mejor ahora?” – sonríe el monstruo. – “¡Dame un besito!” – insiste alargando de nuevo sus labios.

– “¡¡YAAAAH!! ¡NOO!” – grita ella.

– “Eres una chica muy caprichosa…” – gruñe Bu, enfadado. – “¡Pues conviértete en azucarillo!”

El rayo mágico de la antena de Bu transforma a la muchacha en el dulce mencionado. Bu se lo come sin dudar.

– “Bueno…” – suspira el monstruo, apenado, mientras echa un vistazo a su alrededor. – “Parece que nadie quiere jugar conmigo…”

En unos instantes, Bu hace estallar la ciudad por completo.

En la Atalaya, Piccolo, Dende, Yamcha, Krilín con su hija en brazos, Roshi y Chichi siguen pendientes de lo que ocurre en la Tierra. Los demás han entrado en el palacio. 

Nuestros amigos perciben la repentina muerte de miles de personas.

– “Maldición…” – lamenta el namekiano.

– “La Capital del Norte…” – sufre Dende. – “Ha desaparecido…”

– “¡Podemos usar las Dragon Balls!” – sugiere Chichi. 

– “Es inútil resucitarlos ahora” – responde Krilín. – “Primero hay que detener a ese monstruo. No pueden resucitar dos veces.”

En el interior del Palacio, Bulma consuela a su hijo, que acaba de conocer la muerte de Vegeta.

– “¡¿Por qué no ha huido?!” – protesta Trunks, entre sollozos.

– “Lo hizo por nosotros…” – dice Bulma. – “Ha luchado por ti, por mí y por la Tierra…”

– “Pero no ha servido de nada…” – llora Trunks. – “¡Es un idiota!”

La Número 18, que se encuentra apoyada en la pared de la sala contigua, donde los demás están sentados esperando noticias, decide intervenir.

– “Tu padre es la persona más orgullosa a la que me he enfrentado.” – dice la androide. – “Nunca imaginé que Vegeta fuera capaz de dar su vida por alguien… pero lo ha hecho por ti. Sé agradecido. Haz que no sea en vano.”

La Número 18 abandona la sala y sale del palacio. El pequeño Trunks se queda conmocionado ante tan duras pero sinceras palabras y se seca los ojos con su antebrazo. Bulma sonríe con melancolía al ver que las palabras de la androide han tenido un efecto positivo en el chico.

Mientras tanto, el monstruo Bu sigue volando alrededor de la Tierra.

– “Me está entrando sueño…” – bosteza el monstruo.

Bu aterriza en mitad de un rancho.

– “¡¿Quién es ese?!” – se pregunta el ganadero. – “¡¿Ha llegado volando…?!”

El monstruo echa un vistazo a su alrededor.

– “Voy a construir una casa aquí y me echaré una siesta…” – dice Bu.

Majin Bu alza sus manos y hace volar al ganadero y a todo su ganado.

– “¡Convertíos en arcilla!” – exclama Bu, usando su magia para transmutarlos. 

La arcilla se concentra en una gran masa que flota en el cielo.

Bu limpia y allana la zona de un soplido y deja caer la arcilla al suelo.

– “¡Manos a la obra!” – sonríe Bu.

El monstruo empieza a moldear su nuevo hogar con calma y con cariño. Parece que se lo esté pasando bien construyendo su casa.

– “¡TACHÁN!” – celebra al terminar. – “¡Je, je, je!”

La casa tiene forma de gusano extraterrestre, con una apertura frontal circular y dos laterales, y consta de múltiples ventanas pequeñas con la misma forma a lo largo de la estructura.

El monstruo revisa que todo haya quedado a su gusto.

– “Aquí la mesa para comer…” – canturrea mientras pasea por el comedor. – “Aquí el baño…” – dice tumbado en la bañera. – “Aquí el lavabo…” – se sienta en la taza. – “Me lavaré los dientes…” – procede. – “¡Y aquí la cama!” – dice al tumbarse. 

Bu se duerme enseguida, pero se despierta al instante.

– “¡Habré dormido unos cinco segundos!” – celebra. – “Bien, bien…”

El monstruo sale de su casa y se pone con los brazos en jarra.

– “¡Ya he descansado!” – sonríe. – “¡A jugar! ¡A jugar!” – exclama antes de salir volando.

En la Atalaya, Yamcha se acerca a Piccolo.

– “A lo mejor sí que es una buena idea reunir las Dragon Balls ahora…” – dice el terrícola. – “Majin Bu podría destruir alguna por accidente en uno de sus ataques…”

– “Estaríamos perdidos…” – murmura Roshi.

– “Yo me encargaré” – dice Krilín, poniendo a Marron en el suelo. – “Las reuniré lo más rápido que pueda y las traeré aquí.”

– “No es seguro…” – dice Piccolo. – “Majin Bu podría sentir tu energía matarte… o seguirte hasta aquí y eliminarnos a todos… Yo solo he tenido suerte.”

– “Por eso me encargaré yo.” – interviene la Número 18.

– “18…” – se sorprende Krilín. – “¿Estás segura?”

– “Soy la mejor opción.” – dice la androide.

– “Pero…” – se preocupa su marido.

– “Ella tiene razón.” – la apoya Piccolo. – “Majin Bu seguro que no puede detectarla.”

Bulma y Trunks salen del palacio.

– “¿Tienes el radar de las Dragon Balls?” – le pregunta la Número 18 a Bulma.

– “Aquí está…” – dice ella, sacándoselo del bolsillo. – “Lo cogí cuando salí de casa, supuse que lo necesitaríamos.”

La androide coge el radar y lo activa.

– “Ten mucho cuidado…” – sufre Krilín.

La Número 18 sonríe y se agacha para hacer una carantoña a su hija.

– “Y si te encuentras con Bu… tienes que esconderte.” – dice su marido. – “Puede ser muy rápido y fuerte, pero no puede percibir tu presencia. Aprovéchalo parra darle esquinazo.”

– “¿Es que olvidas con quién estás tratando?” – fanfarronea la androide. – “Hace unos años era de mí de quién huíais.”

Yamcha se incomoda ante tal recuerdo.

La Número 18 camina hasta el borde de la Atalaya, en el que se encuentra Piccolo.

– “Mucha suerte.” – dice el namekiano.

– “Si algo va mal… Protégelos.” – susurra la androide.

El namekiano asiente.

La Número 18 se lanza al vacío y pronto emprende el vuelo, guiada por el radar.

Mientras tanto, Trunks se ha acercado a Piccolo y le tira de la capa.

El namekiano se da la vuelta y mira al pequeño mestizo, que luce una mirada de determinación sorprendente para su edad.

– “Entréname.” – dice el hijo de Vegeta.

– “¿Qué?” – se sorprende el namekiano junto a todos los presentes.

– “Tú entrenaste a Gohan, ¿no?” – dice Trunks. – “Pues entréname a mí. Quiero luchar.”

– “Trunks…” – sufre su madre.

Chichi coloca su mano sobre el hombro de Bulma.

– “Crecen muy rápido…” – dice ella, que puede ver en Trunks la misma determinación que tenía Gohan a su edad.

El namekiano sonríe.

– “Entrenar conmigo no será fácil…” – dice Piccolo. – “¿Estás dispuesto a sufrir?”

Trunks asiente.

– “Quiero hacerme más fuerte.” – insiste el mestizo. – “Más que papá y que Gohan.”

– “Bien.” – esboza una pícara sonrisa el namekiano.

Piccolo mira a Mr. Popo.

– “¡Señor Popo!” – le dice el namekiano. – “Prepare la Sala del Espíritu y el Tiempo.”

En la caseta del bosque, Shin descansa en la cama y el Número 17 prepara un guiso de conejo mientras mira de reojo a su invitado.

– “Un Dios… un monstruo milenario…” – suspira el androide. – “Apuesto a que Son Goku y sus amigos tienen algo que ver en todo esto…” – sonríe.

En las montañas rocosas, Gohan, Ten y Chaoz ocultan su ki.

– “¿Qué podemos hacer? Tener que ocular nuestra energía para sobrevivir es frustrante…” – gruñe Gohan. – “¿Cómo podemos detener a ese monstruo si no somos capaces de vencerlo?”

Ten Shin Han tiene una idea.

– “Creo que hay una forma…” – dice el terrícola.

– “No estarás pensando en…” – se asusta Chaoz.

– “La técnica que ya detuvo al diablo en una ocasión.” – dice Ten Shin Han. – “El Mafuba.”

 

En la Capital Central, en el Palacio Real, el Rey del Mundo está reunido con sus consejeros. Juntos revisan imágenes de lo sucedido en la Satán City, en la Capital del Sur y en la Capital del Norte. En algunas de ellas, grabadas por ciudadanos asustados, se identifica al Monstruo Bu. 

– “¡Debemos actuar!” – exclama un General. – “¡Deme la orden y enviaremos al ejército!”

– “Esto no es algo que podamos solucionar con métodos convencionales… ¡Estaríamos enviando a nuestros hombres a morir!” – replica un hombre del Rey.

– “¡¿Y qué sugieres?!” – protesta el militar.

– “Recurramos de nuevo al héroe que salvó la Tierra hace siete años…” – sugiere el consejero.

El Rey del Mundo está distraído, con su mirada fija en el joven muchacho que aparece en la grabación de seguridad de Satán City.

– “Su Majestad…” – le saca del trance uno de los consejeros.

– “¿Sí?” – pregunta el Rey, un poco aturdido.

– “Necesitamos su autorización…” – le dicen.

– “Está bien…” – suspira el Rey. – “Llamémosle.”

En Satán City, suena el busca de Mr. Satán.

DBSNL // Capítulo 168: El combate de Son Goku

DBSNL // Capítulo 168: El combate de Son Goku

“Esto no se ha acabado, saiyajín.”

En Monmaas, Piccolo Daimaoh, ahora rebosante de energía maligna, se pone en guardia. Son Goku, sin embargo, no hace lo mismo, y sigue firme y en calma.

– “¿Estás seguro, Piccolo?” – le pregunta el saiyajín.

– “¡TE MATARÉ!” – grita el namekiano.

Piccolo embiste a Goku dispuesto a darle un golpe con el canto de la mano, pero el saiyajín detiene el ataque del diablo con facilidad.

El namekiano insiste en su ofensiva propinando un puñetazo en la nariz al saiyajín, haciéndole retroceder.

Piccolo apunta con su mano a Goku y dispara un poderoso ataque de ki que impacta de lleno contra su enemigo y lo lanza contra la pared del fondo de la cueva, contra la que rebota antes de caer al suelo.

Son Goku se ha quedado inmóvil. El rostro de Arak se ilumina, viendo a su bando victorioso.

Piccolo esboza una pícara sonrisa.

– “¿Es que no piensas pelear en serio?” – protesta el namekiano.

Son Goku se levanta como si nada. La parte superior de su gi ha quedado echa unos zorros.

– “Estaba comprobando tu nueva fuerza.” – dice el saiyajín, arrancándose el gi roto y lanzándolo a un lado.

– “¿Satisfecho?” – pregunta Piccolo.

– “No está mal.” – dice Goku. – “Aunque también he podido comprobar otra cosa…” – añade esbozando una media sonrisa. – “Eres más de lo que dices ser…”

– “¿Y lo sabes por encajar un golpe?” – se frustra el namekiano.

Son Goku no responde. Sus ojos se iluminan de nuevo.

Piccolo se pone en guardia una vez más, y ahora el saiyajín sí se prepara para luchar.

Goku analiza de nuevo a sus cinco enemigos; Garlick, Shiras, Piccolo, Arak y Salabim. Los tres primeros están preparados para pelear, mientras los dos brujos siguen maquinando fechorías uno a cada lado del portal. Broly sigue apresado.

En un abrir y cerrar de ojos, Goku y Piccolo se abalanzan el uno contra el otro a toda velocidad y se inicia un intercambio de golpes demoledor. Con cada impacto tiembla toda la gruta.

En el exterior, Madas puede sentir la energía vital del planeta acudiendo a la llamada de su pupilo.

– “¿Qué está pasando ahí dentro?” – se pregunta el anciano, incapaz de poder ver en la oscuridad que nace de esa cueva.

Goku, ahora que pone empeño en la pelea, enseguida gana terreno a Piccolo, que no puede hacer nada ante el poder que el saiyajín es capaz de invocar. 

Garlick interviene e intenta sorprender a Goku por la espalda, pero el saiyajín se revuelve rápidamente y detiene el puñetazo del diablo, para después contraatacar con un empujón de ki que lanza a Garlick hasta el fondo de la habitación.

Ahora es Shiras quien intenta sorprender a Goku lanzándole una de sus mazas, pero el saiyajín esquiva el proyectil inclinándose levemente hacia atrás.

Goku embiste al patrullero, que se ve obligado a utilizar su técnica transtemporal para intentar contrarrestar la velocidad endiablada del saiyajín.

– “¡¿Cómo es posible?!” – se pregunta Shiras, que se esfuerza en esquivar los golpes de Goku. – “¡Casi supera mis capacidades!”

El saiyajín hace retroceder a Shiras, que se ve obligado a crear una decena de clones de tiempo para intentar detener a su adversario.

Los Shiras invisibles rodean a Goku y cargan contra él, pero el saiyajín emite un estallido de energía que los repele. 

De repente, una nueva energía alarma al saiyajín, que mira hacia el umbral entre planetas. Broly, con los ojos en blanco y una mueca de odio en su rostro, cruza el nebuloso portal y llega a Monmaas.

Goku se sorprende al ver al saiyajín en pie, pero enseguida entiende que algo no va bien. Puede sentir un turbulento flujo del ki oscuro en su interior.

– “¿Qué le habéis hecho?” – murmura Goku.

Arak y Salabim sonríen satisfechos.

– “¡COSECHA, MONSTRUO!” – exclaman Arak.

– “¡CUMPLE LA VOLUNTAD DE LOS KASHVAR!” – añade Salabim.

Broly emite un grito ensordecedor que hace temblar la cueva. Todos los animales del planeta Monmaas pueden sentir ese terrible poder que se ha desatado.

El saiyajín adopta su forma más destructiva.

Son Goku mira a su adversario con cierto pesar.

– “Ya sabes como terminará esto, Broly” – dice el saiyajín. – “Por favor, no lo hagas.”

Broly aprieta los dientes y grita de nuevo, emitiendo una fuerte corriente de aire que sacude la gruta.

El saiyajín embiste a Goku, que esquiva el puñetazo del enemigo y lo agarra para proyectarlo contra el suelo con una llave de judo.

– “¡Detente!” – exclama Goku.

Broly se envuelve en una esfera de energía que desintegra el suelo bajo sus pies; se da la vuelta en el aire y embiste de nuevo a su enemigo.

Goku lo esquiva grácilmente, saltando por encima de él.

Broly se gira rápidamente y dispara un poderoso ataque de ki, pero Goku lo repele con el canto de su mano.

La esfera de energía se estrella en la pared de la cueva, provocando una gran explosión que crea una apertura al exterior.

Broly se abalanza sobre Goku, dispuesto a darle un puñetazo, pero el terrícola detiene el golpe con la mano izquierda.

– “Lo siento, Broly” – dice Goku.

El terrícola toca el pecho de Broly con la yema de los dedos de su mano derecha estirada y de forma repentina cierra su puño y con un golpe de cadera potencia el golpeo a su adversario, propinándole un puñetazo que lo empuja hacia la pared de la cueva, atravesándola y perdiéndose en el cielo para luego caer en mitad del bosque de Monmaas.

Arak está aterrado. Garlick y Shiras contemplan asombrados un poder devastador que supera todos sus pronósticos. Piccolo se siente frustrado por no estar a la altura.

Pero Salabim sonríe.

– “Esto no se ha acabado, saiyajín.” – dice el brujo. – “Tú y yo sabemos el secreto del poder de vuestra raza.”

De repente, un grito de Broly en el horizonte se transforma en un grotesco rugido.

– “¡NO TE ATREVAS!” – exclama Goku.

El terrícola sale volando por el agujero del techo y corrobora sus peores temores. Un simio gigantesco de vello rojizo grita al cielo mientras se golpea el pecho violentamente.

Dibujado por Ipocrito

Mientras tanto, en un remoto planeta, Bra y Pan, cuyo tiempo de fusión se ha agotado, intentan despertar a Ub, que ha regresado después de un duro tormento. Pan se encuentra sentada en el suelo, con la cabeza del chico en su regazo. Bra está de pie a su lado.

El muchacho abre los ojos con dificultad.

– “¿Dónde estoy?” – pregunta Ub, aún débil.

– “Has vuelto con nosotras.” – sonríe Pan.

– “Nos has puesto contra las cuerdas…” – suspira Bra.

– “Lo siento mucho…” – dice el chico. – “Yo…” – añade mientras sus ojos se inundan de lágrimas.

– “No es culpa tuya.” – dice Pan. – “Ya ha pasado.”

De repente, un ruido cercano llama la atención de Bra, que al darse la vuelta se da cuenta de que los trozos de Janemba que estallaron con la liberación de Ub se han unido y ahora forman una masa viscosa morada que está cobrando forma.

– “Chicos…” – dice la mestiza, preocupada. – “Creo que esto no ha terminado…”

DBZ – SAGA BU REWRITE / Capítulo 8: Majin Bu

DBZ – Saga Bu Rewrite / Capítulo 8: Majin Bu

El monstruo salido del huevo mira a su alrededor con curiosidad.

Babidí y Dabra no saben qué pensar de la criatura. Ese no era el aspecto que esperaban que tuviera el temible Majin Bu.

– “¿Ese es el monstruo?” – pregunta el demonio.

– “No lo sé…” – responde el brujo. – “Solo el Kaioshin lo ha visto antes…”

El rostro desencajado del Dios confirma el despertar del monstruo. Shin está temblando de miedo.

– “¿Es él?” – pregunta Piccolo.

– “Sí…” – responde Shin. – “Nunca olvidaré esa cara…”

Babidí sonríe.

– “¡Parece que es él!” – exclama el brujo. – “¡Majin Bu!”

– “¿Con esa pinta de bonachón?” – sigue incrédulo Dabra.

Majin Bu empieza a hacer estiramientos sin perder la sonrisa bobalicona de su rostro.

Una gota de sudor frío recorre la frente del namekiano.

– “Puede parecer idiota… Pero su presencia es terrible…” – dice Piccolo.

En las montañas rocosas, Vegeta se abalanzaba sobre Gohan, pero el mestizo le pide que se detenga.

– “¡Espera, Vegeta!” – exclama Gohan, mirando al horizonte. – “¡Ha aparecido una energía muy poderosa! ¡¿Será Majin Bu!”

Vegeta se detiene y mira en la misma dirección.

– “¿Ese es Bu?” – se pregunta Vegeta, poco impresionado. – “¡JAJAJA!” – ríe. – “¡Sabía que sería una decepción! Ese Kaioshin se asusta con facilidad para ser un Dios… Creo que hemos superado todas las expectativas…”

– “No te precipites…” – responde Gohan. – “El ki que siento es algo fuera de lo común…”

– “¡CÁLLATE!” – insiste Vegeta, furioso. – “¡SI LO QUE BUSCAS ES ESCAQUEARTE, NO TE LO PERMITIRÉ!”

Mientras tanto, Babidí se acerca a su monstruo.

– “¡Hola, Bu! Soy Babidí, el hijo de tu creador, Bibidí.” – se presenta el brujo. – “¡Y te he liberado de tu encierro!”

El monstruo le mira con desconfianza.

– “¡Desde hoy, seré tu amo y señor!” – dice el brujo.

Bu lo ignora.

– “¡Escúchame!” – repite el brujo, algo desquiciado. – “¡Soy tu nuevo amo! ¡Tu dueño!”

De repente, el monstruo se sorprende con una mueca sacándole la lengua que hace que Babidí caiga al suelo de espaldas y casi eche el corazón por la boca del susto.

– “¡JAJAJAJA!” – ríe Bu.

Piccolo está confuso ante la extraña actitud del monstruo.

Dabra lo mira s Majin Bu con recelo.

– “Bah… No es más que un payaso.” – murmura el demonio.

El comentario llama la atención de Majin Bu.

El monstruo hace una pose de fortachón y se dirige a Dabra dando saltitos, celebrando cada uno de ellos.

– “¡Hop! ¡Hop! ¡Hop!” – repite él.

Majin Bu se coloca en pose de pugilista delante del demonio.

– “¿Quieres pelear conmigo?” – dice Dabra con retintín. – “¿Ya sabes dónde te metes?” – añade esbozando una chulesca media sonrisa. – “Ya sabía yo que eras solo un idiota.”

Piccolo frunce el ceño.

– “¿De verdad es un peligro?” – le pregunta el namekiano a Shin.

– “Que su apariencia no te confunda…” – dice el Kaioshin. – “Esa criatura es el mal encarnado.”

Bu emite vapor a presión por los orificios de su cabeza y de sus brazos. Su rostro revela de repente una sonrisa aterradora.

El monstruo aplasta la cabeza de Dabra con un aplauso, haciendo sangrar sus oídos, y lo remata con una matada que lanza al demonio a volar hasta estrellarse contra una montaña cercana que se derrumba inmediatamente sobre él.

Piccolo y el mismísimo Babidí se quedan boquiabiertos ante la demonstración del monstruo, que confirma los peores temores de Shin.

– “¡Magnífico, Bu!” – celebra el brujo. – “¡Eres fantástico!”

Piccolo no puede evitar temblar.

– “Su fuerza ha aumentado de una forma descomunal en un solo instante…” – dice el namekiano. – “Jamás había visto nada igual…”

Lejos de allí, Trunks volaba hacia las montañas rocosas cuando ha sentido el terrible ki de Majin Bu.

– “¿Qué demonios es eso?” – se pregunta el chico.

Tras un instante, el chico continúa su camino hacia las energías de su padre y de Gohan.

– “No tengo tiempo…” – piensa el mestizo.

En las montañas rocosas, el ki de Bu ha detenido de nuevo el combate entre los dos saiyajín.

– “Es… es una energía inmensa…” – titubea Gohan.

Vegeta no parece interesado.

– “A mí no me importa…” – gruñe el saiyajín. – “¡Aún no hemos terminado nuestro combate!”

– “¡Ya basta!” – dice Gohan. – “¡Lo hemos despertado nosotros! ¡Si no lo detenemos, mucha gente morirá! ¡También Bulma y Trunks!”

Vegeta frunce el ceño, furioso.

– “¡CÁLLATE DE UNA VEZ!” – grita el saiyajín. – “¡HE VENDIDO MI ALMA A BABIDÍ PARA VOLVER A SER DESPIADADO! ¡NO ME IMPORTA NADA NI NADIE!”

Gohan juzga a su adversario con una mirada severa.

– “Sigue repitiéndote eso, si así te sientes mejor…” – dice el mestizo.

Vegeta se enfada por la acusación de Gohan, pero pronto logra calmarse.

– “Está bien.” – se resigna el saiyajín. – “No podemos pelear si sigues pensando en ese monstruo… Acabaremos con él y luego reanudaremos nuestro combate.”

– “Vegeta…” – sonríe Gohan, aliviado.

El saiyajín mira sobre el hombro de Gohan.

– “¡¿QUÉ?!” – reacciona Vegeta con terror.

Gohan se da la vuelta rápidamente.

– “¡¿QUÉ OCURRE?!” – pregunta el mestizo.

De repente, Vegeta noquea al hijo de Goku con un golpe en la nuca, haciéndole perder su transformación y dejándole inconsciente en el suelo.

– “Tan inocente como tu padre…” – dice el saiyajín. – “Majin Bu ha despertado por mi culpa. Yo lo solucionaré.”

Vegeta mira a Gohan con una sonrisa melancólica.

– “Si todo sale mal, tú eres la mejor opción para salvar la Tierra.” – sentencia el saiyajín.

Vegeta aprieta sus puños con rabia.

– “Maldito seas, Kakarotto…” – gruñe el saiyajín. – “Siempre tienes razón.”

Mientras tanto, Babidí intenta darle órdenes a Majin Bu.

– “¡Salúdame!” – insiste el brujo. – “¡Soy tu amo! ¡Obedece!”

El monstruo responde sacándole la lengua de nuevo.

– “¡¿Es que no piensas acatar mis órdenes?!” – se frustra el brujo. – “Si no me obedeces, puedo usar el hechizo para encerrarte de nuevo…”

Bu responde a la amenaza y hace una reverencia a Babidí.

– “Bien, bien…” – dice el brujo, satisfecho. – “Así me gusta…”

Piccolo estudia a su enemigo.

– “Parece un bebé…” – dice el namekiano. – “Si derrotamos al brujo, creo podríamos detener al monstruo…”

– “¡Te equivocas!” – replica Shin. – “Babidí es el único capaz de detenerlo. Ni siquiera su padre fue capaz de controlar a Majin Bu… Estoy seguro de que Babidí se verá obligado a encerrarlo de nuevo en el huevo… en algún momento.” – explica el Dios, agachando la cabeza, derrotado. – “Tendremos que esperar hasta entonces.”

– “Millones de personas morirán…” – dice Piccolo.

– “Billones.” – responde Shin. – “Planetas enteros.” – sufre el Dios. – “¡Pero no tenemos otra opción! Tenía la esperanza de detener a Babidí antes de que despertara al monstruo… ¡Pero todo ha salido mal! ¡He fracasado! Tenía que haberle hecho caso… ¡No confié lo suficiente en los mortales! ¡Es todo culpa mía! Podríamos haberlo intentado de otra forma…”

– “¿Qué?” – se sorprende el namekiano. – “¿De qué está hablando?”

– “Ya no importa…” – se resigna el Dios. – “…porque vamos a morir.”

Un grito de Babidí interrumpe a nuestros amigos.

– “¡MÁTALOS, BU!” – ordena el brujo. – “¡Liquida a esos dos!”

– “¡BUUUU!” – celebra un entusiasmado monstruo.

Piccolo agarra al Kaioshin por el brazo.

– “¡¡VÁMONOS!!” – exclama el namekiano.

Piccolo sale volando, arrastrando a Shin con él.

Babidí observa nervioso a sus enemigos alejarse.

– “¡¿A QUÉ ESPERAS?!” – le grita a su monstruo. – “¡¡NO DEJES QUE ESCAPEN!!” 

Majin Bu coge impulso y sale volando tras Piccolo a toda velocidad, surcando el cielo como un proyectil. 

En unos segundos el monstruo ha adelantado a nuestros amigos y se detiene frente a ellos, cortándoles el paso.

– “In… increíble…” – tartamudea el namekiano.

Majin Bu machaca a Piccolo sobre la cabeza y lo manda al suelo, dejándolo inconsciente.

Shin intenta rechazar al monstruo con un Kiko-ha, pero casi no tiene efecto en Bu, que responde imitándole y remitiendo al Dios de nuevo a los pies de Babidí.

– “¡Muy bien!” – celebra el brujo.

Majin Bu persigue a Shin y tras dar una voltereta cae sobre él, sentándose sobre el malherido Dios.

– “¡AAAAAHHH!” – grita el Kaioshin.

Bu se pone en pie y le propina una patada a Shin en el abdomen. El Dios se retuerce de dolor.

Babidí se acerca a su enemigo y se mofa de él.

– “¡JAJAJA!” – ríe el brujo. – “¡¿Qué pasa, Kaioshin?! ¿No ibas a detenerme?”

Majin Bu apunta al Dios con su manopla derecha, pero Babidí le detiene.

– “¡Espera, Bu!” – dice el brujo. – “Quiero matarle yo mismo…” – sonríe.

– “¿No me lo puedo comer?” – pregunta Majin Bu.

– “¿Eh? ¿Comer?” – se extraña el mago.

De repente, una lanza atraviesa la panza del monstruo por la espalda.

– “¡¿UH?!” – reacciona confuso Majin Bu.

– “¡¡NOO!!” – exclama Babidí. – “¡MI MONSTRUO!”

Dabra ha sido quién ha atacado a Bu a traición.

– “Amo Babidí…” – dice un ensangrentado demonio. – “Majin Bu es un peligro… No podrá controlarlo eternamente… ¿Es que no se da cuenta?” 

– “¡CÁLLATE!” – responde el brujo. – “¡¿QUÉ LE HAS HECHO A MI QUERIDO BU?!”

Pero el monstruo, sin perder su bobalicona sonrisa, se arranca la lanza fácilmente y la deja caer al suelo. La herida de su barriga se cierra al instante, sorprendiendo a todos los presentes.

– “¡Tú serás mi merienda!” – dice el monstruo.

Dabra, asustado, se pone en guardia, listo para pelear.

Bu se inclina ligeramente hacia delante y apunta a su adversario con la antena de su cabeza.

– “¡CONVIÉRTETE EN GALLETA!” – exclama el monstruo.

Un rayo fucsia zigzagueante nace del apéndice de Bu y sorprende al demonio, transformándolo en una gigantesca galleta.

Bu la sujeta antes de que caiga al suelo y se la mete en la boca. El monstruo la mastica.

– “¡Riquísimo!” – sonríe el monstruo tras engullir a Dabra.

– “¡JAJAJA!” – ríe Babidí. – “¡Muy bien!” – celebra.

El brujo señala a Shin.

– “¡Ahora cómete a este!” – ordena Babidí. – “¡Cómete al Kaioshin!”

Bu se acerca de nuevo a Shin.

– “Te convertiré en algo rico…” – piensa Bu, rascándose la barbilla. – “¿Chocolate? ¿Helado?” – cavila. 

– “¡JAJAJA!” – se burla Babidí. – “¡Qué final tan humillante!”

Shin cierra los ojos, pues sabe que es su final.

– “Maldición…” – lamenta el Dios.

De repente, una gran explosión sorprende al brujo y a su monstruo. La nave de Babidí ha estallado en mil pedazos.

– “Mi… ¡¡MI NAVE!!” – exclama el hechicero.

Majin Vegeta aparece entre la humareda de la explosión.

– “¡¿VEGETA?!” – se sorprende el brujo, que con la emoción ya había olvidado el combate que estaba teniendo lugar en las montañas. – “¡¿Qué haces tú aquí?!”

Muy lejos de allí, Trunks detiene su viaje.

– “¡¿Qué?!” – exclama confuso. – “¡El ki de mi padre ha vuelto a cambiar de posición! ¡Ahora está con ese poder monstruoso que he sentido antes! Y no percibo la energía de Gohan… ¡¿QUÉ ESTÁ PASANDO!?” – sufre el chico. – “¡Tengo que averiguarlo!”

El pequeño Trunks decide variar su rumbo.

Majin Vegeta ignora a Babidí y se fija en el monstruo.

– “Así que esta bola de grasa con cara de tonto es Majin Bu…” – dice el saiyajín. – “Y supongo que has matado a Piccolo.” – añade al no sentir el ki del namekiano.

Majin Bu se agacha para decirle algo a su dueño.

– “¿Qué significa “sebo”?” – pregunta el monstruo.

– “¡Significa “grasa”! ¡Quiere decir estás gordo!” – dice Bu. – “¡Es un insulto!”

El monstruo emite vapor a presión a través de sus orificios, tal y como hizo antes de atacara a Dabar.

– “¡Estoy furioso!” – exclama Bu. – “¡TE MATARÉ!”

Babidí sonríe.

– “¡Mátale!” – dice el brujo. – “Total, no me hace caso…” 

Vegeta se pone en guardia.

– “No creas que te lo pondré fácil…” – dice el saiyajín. – “Te arrastraré conmigo al infierno.”

Shin se sorprende al oír a Vegeta.

– “Vegeta…” – piensa el Dios. – “¿Qué ha cambiado?”

El ki del saiyajín estalla.

– “¡YAAAAAAH!” – grita Vegeta, concentrando su energía antes de atacar.

Vegeta se abalanza sobre Bu y le propina una tremenda tormenta de puñetazos y patadas. El monstruo es un mero saco de boxeo para el saiyajín.

Piccolo recupera la consciencia y, malherido, logra levantarse.

– “¿Vegeta?” – murmura al ver el duelo que está teniendo lugar. – “Eso significa…” – se preocupa por su pupilo.

El saiyajín continúa castigando al monstruo ante la mirada atónita de Babidí.

– “Bu…” – murmura confuso el brujo. – “¡¿Qué está pasando?! ¡DEFIÉNDENTE!”

Finalmente, Vegeta remata a Bu con una fuerte patada que lo lanza contra el suelo a varios metros de distancia. El monstruo rebota varias veces antes de detenerse. 

Bu se levanta de un salto y los golpes impresos en su carne se desvanecen repentinamente como si el monstruo fuera un globo que se ha rehinchado.

Vegeta se coloca de perfil y apunta a Majin Bu con sus dedos índice, corazón y pulgar. El aura del saiyajín se torna esférica, acumulando todo su poder.

De repente, un haz de luz nace de Vegeta y atraviesa el abdomen del monstruo antes de que éste pueda reaccionar, dejando un gigantesco agujero en su horonda panza, abatiéndole y dejándolo tirado en el suelo.

– “Je” – sonríe Vegeta.

– “¡BUUUU!” – grita Babidí, alarmado.

– “¡¿Lo ha logrado?!” – se pregunta Piccolo.

El monstruo se levanta al instante, sorprendiendo a todos.

– “¡¿QUÉ?!” – exclama Vegeta.

La herida del monstruo se regenera al instante.

– “Esta vez… me ha dolido un poco…” – gruñe Bu.

– “¿Es que eres inmortal o qué?” – refunfuña el saiyajín.

– “¡Muy bien! ¡Muy bien!” – celebra Babidí. – “¡Ahora, MÁTALE!”

Un aura esférica fucsia envuelve al monstruo de repente. Bu cruza sus brazos frente a su pecho.

– “¿Sabes una cosa…?” – dice el monstruo.

– “Bu…” – se asusta Babidí. – “¿Qué vas a…?”

El poder devastador de Bu sorprende de nuevo a todos los presentes.

– “¡¡ME CAES FATAAAAAAAL!!” – grita el monstruo a pleno pulmón mientras desata una onda expansiva que arrasa con todo lo que encuentra a su paso.

Babidí alza sus manos enseguida.

– “¡B… BARRERA!” – grita el desesperado brujo mientras se envuelve en una burbuja mágica, intentando protegerse.

Vegeta intenta defenderse del ataque, pero pronto es engullido por la explosión.

Shin y Piccolo salen despedidos por los aires.

La zona se ha convertido en un gigantesco cráter vacío a los pies de Majin Bu. 

Babidí ha sobrevivido gracias a su magia. 

– “Por poco me mata…” – suspira el hechicero.

Más allá del límite del cráter, un malherido Vegeta se pone en pie. Su brazo izquierdo, ensangrentado, ha quedado inutilizado.

– “Imposible…” – refunfuña el saiyajín. – “Es demasiado fuerte… y además parece inmortal… Creo que no podré derrotar a este miserable…”

Babidí lo observa sorprendido.

– “¿Sigue vivo?” – dice el brujo. – “Admito que, si no se hubiese rebelado, habría sido un fantástico gladiador…”

Piccolo también se levanta entre los escombros. Su distancia con la explosión le ha permitido sobrevivir.

– “Ha faltado poco…” – murmura el namekiano, que enseguida se fija en el saiyajín. – “Parece que Vegeta sigue vivo…” – murmura. – “¡¿Y EL KAIOSHIN?!” – se pregunta, asustado, al ver que la zona en la que se encontraba ha sido devastada por el estallido. – “Maldita sea…”

Majin Bu flota hasta Vegeta y desciende frente a él.

– “Me aburres…” – le dice el monstruo.

Vegeta se prepara para seguir peleando.

– “¿Qué puedo hacer…?” – se pregunta el saiyajín. – “¿Cómo puedo derrotar a este monstruo?”

En ese instante, Majin Bu agarra una lorza de su barriga y la estira hasta separar un trozo de su propia carne del resto de su abdomen.

– “¿EH?” – murmura un confuso Vegeta.

Majin Bu estira la masa rosada hasta convertirla en una tira gelatinosa.

– “¿Qué va a hacer con eso?” – se pregunta el saiyajín.

El monstruo dispara un pequeño proyectil de energía con su boca a los pies de Vegeta, que obliga al saiyajín a saltar para esquivarlo.

Bu aprovecha el momento para lanzar su trozo de carne contra el desprevenido saiyajín. La masa rosada se enrolla alrededor de Vegeta y lo apresa.

– “¡Ju, ju, ju!” – ríe Bu.

Vegeta cae al suelo inmovilizado.

– “Maldita sea…” – sufre el saiyajín, cuyos intentos por liberarse son inútiles.

Bu se acerca a Vegeta y le propina una fuerte patada.

– “¡Toma!” – exclama el monstruo.

Majin Bu salta sobre Vegeta y cae sobre él con todo su peso, haciendo que el saiyajín escupa sangre por su boca.

– “¡AAAAAAH!” – grita Vegeta.

El monstruo Bu empieza a golpear el rostro del saiyajín sin descanso.

– “¡Toma! ¡Toma!” – celebra Bu con alegría cada uno de los golpes que propina.

De repente, como un rayo, alguien asesta una patada en la cara a Majin Bu, alejándolo de Vegeta.

Trunks, transformado en Súper Saiyajín, aterriza junto a su padre y se apresura en liberarlo.

– “¡PAPÁ!” – exclama Trunks, preocupado. – “¡¿ESTÁS BIEN?!”

Babidí parece confuso.

– “¿Quién es ese niñato?” – se pregunta el mago. – “¿De donde sale?” – pero pronto sonríe de nuevo. – “Tampoco importa… Bu los matará a todos.”

– “Es posible…” – dice una voz que sorprende al hechicero.

La voz es de Piccolo, que se encuentra detrás de Babidí. 

El brujo se da la vuelta enseguida.

– “¡¿TÚ?!” – exclama Babidí.

– “Aunque no podamos detener a Majin Bu…” – dice Piccolo. – “…podemos detenerte a ti.”

– “No seas estúpido…” – responde el brujo. – “Si muero, nadie podrá encerrar a Bu… ¡Vagará por el universo destruyéndolo todo a su paso!”

– “¿Y en qué se diferencia eso de tu plan?” – replica el namekiano.

Una gota de sudor frío recorre la frente del brujo.

– “¡¡B… BU!!” – grita Babidí desesperado. – “¡¡DATE PRISA!! ¡¡MATA…!!”

Pero antes de que el brujo pueda dar su orden, Piccolo lo parte en dos de un solo golpe.

Las dos mitades de Babidí se precipitan contra el suelo.

– “No… No puede ser…” – piensa el brujo. – “Estaba a punto de ser el Rey del Universo…”

Vegeta, ahora libre, ha visto la escena.

– “Trunks…” – dice el saiyajín. – “Cuida de tu madre.”

– “¿Eh?” – murmura el chico, confuso. – “¿Qué? ¿Por qué dices eso?”

– “Márchate. Vete lejos de aquí.” – dice Vegeta. – “Lucharé con el monstruo Bu a solas.”

– “¡¡NO!!” – replica el mestizo. – “¡Lucharé contigo! ¡Si peleas solo te matará! ¡Pero los dos juntos podemos hacerle frente!”

– “No…” – responde el saiyajín. – “Majin Bu no es un enemigo que podamos derrotar con métodos normales…”

– “¡No es cierto!” – insiste Trunks. – “¡Soy mucho más fuerte de lo que crees! ¡He estado entrenando con Gohan! ¡Puedo ayudarte!”

Vegeta se queda un instante en silencio.

– “Trunks… No te abrazo desde que eras un bebé…” – dice el saiyajín. – “Déjame hacerlo ahora.”

– “¿Eh?” – se sorprende el mestizo.

Vegeta acerca a su hijo hacia él y lo abraza.

– “Papá…” – piensa Trunks.

– “Cuídate mucho, hijo.” – se despide Vegeta, con una sonrisa.

– “¿Qué?” – mira el chico a su padre.

De repente, Vegeta noquea a su hijo con un certero golpe en la nuca, dejándolo inconsciente en el suelo.

Piccolo desciende junto al saiyajín.

– “¿Qué ha pasado, Vegeta?” – pregunta Piccolo. – “¿Dónde está Gohan?”

En ese momento, el monstruo Bu se levanta y hace unos pocos estiramientos antes de decidir continuar. 

– “¡¿Quién me ha pegado?!” – exclama el monstruo. – “¡¿Has sido tú?!” – le pregunta a Piccolo.

Vegeta da un paso al frente.

– “Coge a Trunks y vete. Aléjate todo lo que puedas.” – dice Vegeta. – “Por favor.”

Piccolo se sorprende ante la cortesía con la que el saiyajín ha formulado su petición, así que decide confiar en él.

– “De acuerdo…” – responde el namekiano, que enseguida agarra a Trunks y se lo coloca bajo el brazo.

Vegeta se envuelve de nuevo en el aura de Súper Saiyajín 2.

– “Quiero preguntarte algo…” – le dice el saiyajín a Piccolo. – “Si muero, ¿me encontraré con Kakarotto en el Más Allá?”

Piccolo recapacita un instante su respuesta.

– “No creo en las mentiras piadosas… así que te diré la verdad.” – murmura el namekiano. – “Eso es imposible. Has matado a muchos inocentes. Cuando mueras, tu cuerpo desaparecerá y tu alma irá al purgatorio, donde se purificará, lo olvidará todo, y se reencarnará.”

– “Vaya…” – sonríe melancólicamente Vegeta. – “Qué rabia…”

El saiyajín mira a su adversario de nuevo.

– “Está bien.” – sentencia Vegeta. – “Vete, Piccolo. Date prisa.”

– “Sí…” – responde el namekiano, que enseguida alza el vuelo.

Piccolo, con Trunks en brazos, se alejan rápidamente de la zona de combate.

Bu, malhumorado, alza su mano y apunta al fugitivo.

– “¡EH! ¡No escaparás!” – exclama el monstruo.

– “¡ESPERA, MONSTRUO!” – le interrumpe Vegeta. – “¡Ya te encargarás de ellos cuando me venzas! ¡¿De acuerdo, bola de grasa?!”

– “¡¿Me has vuelto a insultar?!” – gruñe Bu, que de nuevo emana vapor por sus orificios.

– “Creo que empiezo a comprender tus habilidades…” – sonríe el saiyajín.

Piccolo vuela hacia el norte a toda velocidad.

– “Vegeta…” – piensa el namekiano. – “Por primera vez luchas por los demás… aunque te cueste la vida.”

El aura del saiyajín estalla en una gran llama que pronto se retuerce y toma forma esférica. La energía que emana de Vegeta hace que una fuerte corriente de aire alce una gran polvareda.

– “¡Te destrozaré de tal manera que no podrás regenerarte!” – amenaza Vegeta al monstruo.

Majin Bu, por primera vez, parece asustado.

Una sonrisa melancólica se dibuja en el rostro de Vegeta.

– “Adiós, Bulma… Trunks…” – piensa el saiyajín. – “Adiós, Kakarotto.”

Vegeta estalla, liberando toda la energía que había concentrado; poniendo incluso su energía vital en el ataque.

– “¡¡¡YAAAAAAAAAA!!!” – grita el saiyajín a pleno pulmón; un grito desgarrador.

– “¡AAAAH!” – se asusta Bu, que es engullido por la explosión.

Una gigantesca explosión ilumina la Tierra. El contraste de luz hace pensar que ha anochecido en el resto del planeta. La onda expansiva se transmite por el aire a todos los confines del mundo.

En la Corporación Cápsula, Bulma se encuentra trabajando en su taller cuando oye el estruendo del exterior provocado por el viento huracanado que ha alcanzado la Capital del Oeste. El corazón le da un vuelco.

– “¡¿Qué…?! Tengo un mal presentimiento…” – murmura preocupada. – “¡¿Vegeta?!”

En la Kame House, Krilín se encuentra mirando preocupado al horizonte, pues ha seguido los acontecimientos atentamente.

En el interior de la casa, Roshi y Oolong miran la televisión mientras la Número 18 juega con una niña pequeña rubia con coletas.

De repente, un vendaval sacude la isla, obligando a Krilín a cubrirse, y rompe los cristales de la casa, sorprendiendo a todos los presentes y asustando a la niña, a la que la androide enseguida protege. 

En Satán City, Satán se ha quedado sin palabras ante la revelación de su hija.

– “Ese… ese chico… él es…” – titubea el Campeón.

De repente, el viento sacude la ciudad y sorprende a todos sus habitantes. 

La onda expansiva también alcanza el Monte Paoz, sorprendiendo a Chichi, abriendo la puerta de su casa con la corriente.

En la Capital del Norte, Yamcha y Puar no tardan en sufrir el vendaval en plena calle.

Al este de la cordillera de montañas rocosas, Ten Shin Han y Chaoz, que estaban entrenando hasta que han sentido el ki de los saiyajín en acción, ahora también son alcanzados por los efectos de la explosión.

– “¿Qué significa todo esto…?” – se pregunta Ten.

Lo mismo ocurre en la Torre de Karín, donde Yajirobe y Karín tiene que sujetarse a la barandilla para no caer al suelo.

Dende observa la Tierra desde la Atalaya.

– “Vegeta se ha sacrificado… por todos…” – murmura el namekiano, sorprendido.