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| Historia y dibujo de Ipocrito |
DBSNL // Capítulo 172: El guerrero en penumbra
“Mi poder es el de alguien que ha encontrado su verdadero camino.”
En el remoto planeta, Ub se ha dado cuenta de que su poder ha disminuido mucho desde que su alma se ha separado de la de Majin Bu.
– “Tranquilo, Ub” – dice Pan. – “Te protegeremos.”
– “Maldición…” – murmura Ub, frustrado.
– “Nosotras nos encargaremos del monstruo.” – añade Bra.
Janemba se pone en pie y camina torpemente hacia nuestros amigos.
– “¡Ahí viene!” – anuncia Pan.
El monstruo cada vez camina más rápido y sin frenos, dispuesto a arrollar a los chicos.
Bra y Pan se preparan.
– “¡MASENKO!” – exclama la hija de Gohan.
– “¡BIG BANG ATTACK!” – dispara Bra.
Los dos ataques impactan en el monstruo, pero salen desviados; no le causan ningún daño.
– “¡MALDICIÓN!” – exclaman los tres.
Pan agarra a Ub del brazo y se aparta hacia un lado, Bra vuela hacia el otro. El demonio pasa de largo.
Los tres chicos se reúnen en el aire, mientras el monstruo sigue corriendo hasta darse cuenta de que sus enemigos le han evitado.
– “¿Qué hacemos ahora?” – pregunta Pan.
– “Solo podremos ganar si nos fusionamos de nuevo…” – dice Bra
– “No podemos repetir la fusión hasta dentro de un buen rato…” – lamenta su amiga.
– “¿Y qué se supone que debemos hacer hasta entonces?” – replica la hija de Vegeta.
El monstruo se ha detenido y busca a los chicos hasta que los encuentra en el cielo.
Janemba ríe mientras lo celebra con palmadas.
Ub mira al demonio que fue parte de él.
– “Qué tipo tan raro…” – refunfuña el terrícola.
De repente, el demonio estornuda y genera una esfera de energía verde que sale disparada desde su boca hacia nuestros amigos. El monstruo cae sentado en el suelo.
Ub mira rápidamente a sus amigas y decide apartarlas una a cada lado con empujones de ki.
– “¡UB!” – exclama Pan.
– “Idiota…” – refunfuña Bra.
El chico cierra los ojos. Sabe que no puede escapar.
– “Lo siento.” – murmura apenado.
Pero en el último instante, un individuo aparece de la nada sobre el muchacho y cae sobre él, arrastrándolo por accidente hasta el suelo y evitando así el ataque.
Los dos se levantan magullados.
– “Gracias…” – dice Ub.
– “¿Eh? ¿Qué?” – dice un confuso individuo, joven, vestido con ropas de Kaioshin. – “¿Dónde estoy?”
Ub y las chicas se miran confusos.
– “¿De dónde sale este tipo?” – se pregunta Bra.
– “¿Es un Kaioshin?” – dice Pan. – “¿Lo conoces, Ub?”
– “Ni idea…” – responde el muchacho.
Mientras tanto, en Namek, Vegeta ha llegado a la aldea, que ha sido devastada.
– “He llegado tarde…” – piensa el saiyajín.
Frente a él se encuentran cuatro personajes; Shiras, Garlick, Piccolo y Moro. El patrullero tiene inmovilizado al Patriarca.
Moro deja caer una gran piedra esférica al suelo.
– “Vegeta…” – dice el Garlick. – “¿Cómo has llegado hasta aquí?”
– “He sentido una magia poderosa aparecer de la nada y luego desvanecerse.” – dice Moro. – “Ha tenido ayuda.”
Vegeta ignora a los dos demonios y se fija en Piccolo.
– “¿Has vendido tu alma?” – pregunta el saiyajín.
– “Éste es el verdadero Piccolo Daimaoh.” – responde el namekiano.
– “El Piccolo que conozco no es un cobarde.” – replica Vegeta.
Moro da un paso al frente.
– “¿Has venido a detenerme?” – pregunta el viejo brujo.
Vegeta se fija en Moro. A su alrededor, en el suelo, se encuentran siete grandes piedras esféricas; las Dragon Balls de Namek.
El saiyajín frunce el ceño, que contrasta con la sonrisa del demonio.
– “Han sido solo un aperitivo” – dice Moro. – “Las de la Tierra serán el plato principal.”
El brujo mira de reojo a Shiras.
– “Ya puedes matarle.” – ordena el brujo.
Moori cruza su mirada con la de Piccolo.
– “Nail…” – murmura el anciano.
Shiras rompe el cuello el anciano.
Piccolo se lleva la mano a la cabeza, como si de repente un dolor punzante se instalara en su sien.
Garlick mira de reojo y con desconfianza al namekiano.
– “Hmm…” – gruñe el demonio.
Piccolo se da cuenta de las dudas del demonio y da un paso al frente sin dudar.
– “Yo me encargaré del saiyajín” – dice el namekiano.
Pero Moro extiende su brazo y detiene a su subordinado.
– “No.” – dice el brujo. – “He pasado mucho tiempo encerrado. Quiero hacer un poco de ejercicio.”
Vegeta esboza una media sonrisa.
– “Esto me ahorrará tiempo.” – presume fanfarrón.
El brujo se quita la capa, revelando una figura demacrada y encorvada. Un pantalón bombacho morado, una pechera metálica gris, ambos con adornos de pelaje marrón, y un cinturón con el sello del Amenoukihashi. Sus antebrazos están vendados.
El cuerpo de Vegeta se envuelve en el aura azul del Súper Saiyajín Blue, pero esta se disipa al instante.
Moro sonríe.
– “Eso no va a funcionar en mi presencia.” – dice el brujo.
Vegeta no borra la sonrisa de su rostro.
El aura azul le envuelve de nuevo, pero ésta se torna roja de repente, sorprendiendo a todos los presentes.
– “Ese ki…” – murmura Moro, que frunce el ceño.
La violenta aura del saiyajín adopta un color magenta, como si fuera una gran llama. Sus pupilas se tornan grises y su cabello rosado.
Moro mira atentamente a su adversario.
– “¿Qué poder es este?” – se pregunta el brujo. – “¿Qué clase de ki celestial puede revelarse en mi presencia?”
– “Mi poder es el de alguien que ha encontrado su verdadero camino.” – responde Vegeta. – “Intenté olvidar mi pasado, pero eso es imposible.” – continúa el saiyajín. – “He aceptado mis errores. Jamás podré borrarlos. Creí que mi sino era ser el mejor y superar a Son Goku, pero me equivocaba. En la Tierra descubrí mi verdadero deber.” – añade. – “Mi corazón estaba lleno de oscuridad, pero entre los humanos encontró un hogar que lo llenó de luz.”
– “Un guerrero en penumbra…” – murmura Moro.
Vegeta se señala con su pulgar derecho.
– “Esto es el Ikigai.” – dice el saiyajín. – “El poder del verdadero propósito.”
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| Dibujado por Ipocrito |
DBZ – Saga Bu Rewrite / Capítulo 11: Creaciones perversas
En la casa de barro de Majin Bu, un helicóptero del Ejército Real ha aterrizado; Mr. Satán observa el lugar con los brazos en jarra, con su capa al viento, escoltado por dos soldados.
– “Así que esta es casa del monstruo…” – dice el Campeón.
Los soldados, claramente asustados, asienten.
– “Está bien…” – dice Satán. – “Dejad el futuro de la Tierra en manos del Campeón. ¡Pronto regresará la paz!”
Satán se quita su capa blanca y deja que se lleve el viento.
– “Ha llegado tu fin, monstruo.” – dice el Campeón.
Uno de los soldados, emocionado ante la actuación de Satán, da un paso al frente.
– “¡¿LO HAS OÍDO, MONSTRUO?!” – grita el soldado con todas sus fuerzas. – “¡¡EL CAMPEÓN VA A DERROTARTE!!”
– “¡SSSHHHHH!” – le interrumpe Satán, haciendo aspavientos. – “¡Que te va a oír!”
Los dos soldados se miran confusos.
– “No tenéis ni idea de lo que hacéis… Me estorbáis… ¡Dejadme el monstruo a mí!” – dice Satán, recuperando la compostura.
– “¡Sí, señor!” – exclaman los hombres del Rey.
Los soldados regresan al helicóptero y se preparan para marcharse.
– “¡Tampoco es me abandonéis!” – protesta Satán.
– “Pero usted ha dicho…” – responde uno de los soldados.
– “¡Esperadme aquí!” – insiste el Campeón. – “¡Y no os vayáis sin mí!”
Los hombres esperan en el helicóptero. El Campeón agarra un arbusto y se lo pone frente a su rostro para camuflarse. Agachado, avanza hacia la casita de barro.
– “Esto está muy tranquilo” – piensa Satán. – “Parece que no está en casa…”
El Campeón llega hasta la estructura alienígena y mira por sus ventanas cuidadosamente.
– “No está…” – murmura el Campeón. – “¡JAJAJAJA!” – estalla en una sonora carcajada. – “¡¡DEBE HABER OÍDO QUE VENÍA A POR ÉL Y HA HUÍDO!!” – celebra. – “Es una pena… Tendremos que dejar nuestro enfrentamiento para otro día…”
De repente, el crujido de una rama a su espalda asusta a Satán, que enseguida se pone de rodillas.
– “¡POR FAVOR, NO ME MATE!” – suplica Satán. – “¡Era solo una broma! ¡UNA BROMA!”
El ruido resulta haber sido provocado por los dos soldados, que ahora se miran el uno al otro sin saber qué pensar.
– “Ejem…” – se levanta Satán y se sacude el polvo. – Esto era una táctica para cogerle desprevenido… ¡¿Cómo se os ocurre acercaros a mí en esta situación?! ¡Podría haberos matado! ¡Os dije que os quedarais en el helicóptero!”
– “Verá… Es que tenemos nueva información sobre el paradero de Majin Bu…” – responde uno de los militares.
– “¿Eh?” – se vuelve blanco Satán. – “¿Ah, sí?
En la antigua base en ruinas de la Red Ribbon, los androides 17 y 18 se preparan para enfrentarse a Majin Bu.
– “¿Listo, 17?” – pregunta la Número 18.
– “Cuando quieras, hermana” – responde Lapis.
Los dos androides embisten a Bu. Mientras avanzan, los dos se colocan en fila, con 17 al frente, ocultando a su hermana.
Bu está preparado para luchar, pero el Número 17 salta, revelando a la Número 18, que ha preparado un ataque de ki con el que sorprende a Bu.
Una gran explosión sacude el lugar. El monstruo ha sido deformado por el ataque, pero pronto recupera su forma original. Una gran polvareda se ha alzado.
Los androides 17 y 18 le rodean, correteando a su alrededor. Majin Bu no puede sentir sus energías e intenta seguirlos con la vista, pero los androides le pierden cada vez que se adentran en la nube de polvo.
De repente, los gemelos embisten juntos al monstruo y le propinan una tormenta de puñetazos y patadas que convierten a Bu en un saco de boxeo.
Los androides saltan a la vez y propinan una patada conjunta en el rostro de Bu, lanzándolo a cientos de metros de distancia. El monstruo rueda por el suelo hasta adentrarse en el bosque colindante, derribando los árboles que encuentra a su paso.
En la Atalaya, Dende es el único capaz de ver lo que ocurre. Krilín y Yamcha sufren a su lado.
Shin observa la escena desde la distancia.
– “Lapis tenía razón… ¡Bu no puede percibir sus movimientos!” – exclama el Dios. – “Pero… ¿pueden ganar?” – se preocupa.
La silueta de Majin Bu sale del bosque y parece que no haya sufrido ningún rasguño.
Los androides se ponen en guardia.
– “Esto me da muy mala espina…” – murmura Lapis.
– “Ya te dije que parece inmortal.” – dice la Número 18.
La mirada de Majin Bu se vuelve airada. Humo a presión brota de los orificios de su cuerpo
– “Me habéis hecho enfadar…” – gruñe el monstruo. – “¡OS MATARÉ!”
Bu embiste a toda velocidad y propina un cabezazo al Número 17, rompiéndole la nariz y provocando que salga disparado, vueltas de campana por el suelo.
La Número 18 ni siquiera ha sido capaz de ver a Bu pasar a su lado. El monstruo se ha movido a una velocidad endiablada.
Bu alarga su brazo y lo enrolla alrededor del cuello de la Número 18.
– “¡AH!” – emite un grito sordo la androide.
El monstruo la zarandea de un lado al otro, estampándola contra el suelo en múltiples ocasiones.
Mientras tanto, en la Sala del Espíritu y el Tiempo, Trunks duerme plácidamente en la cama. Piccolo lo observa apoyado de pie en el marco de la puerta.
– “El destino de la Tierra, de nuevo en manos de un crío…” – piensa el namekiano.
En el bosque, Majin Bu empuja a la androide 18 a través del bosque con su brazo alargado, haciéndole chocar con decenas de árboles, hasta cansarse y lanzarla por los aires.
Bu se prepara para rematar a la mujer con una esfera de energía, pero antes de que pueda hacerlo, el Número 17 intenta sorprenderle lanzándole dos esferas de ki amarillo que impactan de lleno contra el monstruo.
Al disiparse la humareda, Bu sigue en pie.
El monstruo clava su furiosa mirada en Lapis y esboza una terrorífica sonrisa que asusta al androide.
El monstruo se inclina hacia delante y apunta al androide con su antena.
– “¡CONVIÉRTETE EN CHOCOLATINA!” – grita Bu, iluminando su apéndice.
Pero antes de que pueda disparar, un Kienzan corta al monstruo por la mitad.
La Número 18 ha usado la técnica de su marido para sorprender al monstruo.
El Número 17 sonríe al ver a Bu partido en dos.
De repente, antes que la parte superior de Bu caiga al suelo, varios tentáculos rosados nacen de las partes cercenadas y se entrelazan entre sí, aproximándolas de nuevo y reuniéndolas, reconstituyendo así a Majin Bu.
Los androides se quedan atónitos ante la increíble capacidad regenerativa del monstruo.
– “Sois muy molestos…” – gruñe de repente. – “¡NO ME CAÉIS BIEN!”
Tanto el Número 17 como la Número 18 apuntan al monstruo y le lanzan una ráfaga continua de ataques de ki que generan un centenar de explosiones.
– “¡YAAAAAAH!” – gritan los androides.
Un gran estallido morado nace del interior de la gran nube de polvo y genera una onda expansiva que lo barre todo a su paso, convirtiendo el bosque en desierto y empujando a los androides.
Shin se agacha detrás de una roca e intenta resistir el vendaval que azota el terreno.
Videl, que seguía corriendo a través del bosque, alejándose del combate, también es alcanzada por la onda expansiva y cae al suelo.
En la Atalaya, Dende teme lo peor, y Krilín puede verlo en su rostro.
– “Dende… ¿Qué ha pasado?” – pregunta el terrícola.
Kamisama no responde; sigue atento a lo que ocurre con preocupación.
La polvareda se disipa y revela a Majin Bu, con sus brazos extendidos hacia el cielo.
– “Je, je…” – ríe el monstruo.
La Número 18, malherida y semienterrada, intenta levantarse.
– “Maldito seas…” – gruñe la androide.
Bu se fija en la mujer.
– “Qué pesada…” – refunfuña el monstruo, inflando sus mofletes como un niño contrariado.
Majin Bu camina haca la Número 18.
– “¿En qué puedo convertirte?” – cavila Bu. – “¿Chocolatina o helado?”
– “Vete al infierno…” – responde la androide, que dispara un ataque de ki contra el rostro de su adversario, desintegrándole la cabeza.
Bu no tarda en regenerarse.
– “Pues te mataré directamente.” – protesta Bu, que apunta a la Número 18 con su manopla.
En la Atalaya, Dende cierra los ojos. No quiere ver lo que está apunto de ocurrir.
De repente, un helicóptero militar cruza el cielo, levantando una fuerte ventisca, sorprendiendo a todos los presentes.
Un hombre salta al vacío y activa un paracaídas naranja con el rostro de Satán y el texto “Campeón”.
Majin Bu mira el espectáculo confuso.
– “¿Quién es ese?” – se pregunta.
Satán desciende con estilo y toma tierra.
– “¡MONSTRUO!” – exclama señalando a Majin Bu. – “¡HA LLEGADO TU…!”
El paracaídas cubre a Satán, interrumpiendo su discurso.
– “Maldita sea…” – protesta el Campeón, luchando con la gran lona naranja.
La Número 18 mira incrédula al recién llegado.
– “Pero, ¿quién es ese idiota?” – se pregunta ella.
El helicóptero abandona la zona.
Dende observa lo ocurrido desde la Atalaya.
– “Es increíble…” – murmura el namekiano.
– “¡¿Qué ha pasado?!” – pregunta Krilín. – “¡¿Cómo está la Número 18?!”
– “Está bien…” – dice Dende. – “Gracias a Satán…”
– “¡¿SATÁN?!” – se sorprenden Krilín y Yamcha.
Satán sigue peleándose con su paracaídas hasta que finalmente logra liberarse.
– “¡JA!” – exclama con chulería. – “¡AHORA VERÁS LO… que….!” – pierde ímpetu al darse cuenta de la sombra que le cubre.
Majin Bu ha caminado hasta él y ahora le mira con atención a escasos centímetros de distancia.
– “¿En qué golosina quieres que te convierta?” – le pregunta Bu.
– “¿Eh…?” – se asusta Satán.
– “Para comerte, ¿prefieres un caramelo o una galleta?” – insiste el monstruo.
– “¡NO, NO!” – exclama Satán. – “¡No me coma! Espere un momento… ¡Le he traído algo…!”
El Número 17 sale de entre los escombros.
– “¿Qué hace ese tipo?” – se pregunta el androie. – “Bu le va a matar…”
Shin observa la escena desde lejos.
– “Un humano…” – dice el Kaioshin. – “¿Qué demonios…?”
Satán saca una caja de bombones de su gi.
– “¡Aquí tiene!” – le hace entrega del obsequio. – “¡Un regalo!”
– “¡Bombones!” – celebra Bu.
– “¡Son de los caros!” – dice Satán, abriendo la caja.
Bu agarra uno y lo olisquea un poco antes de comérselo.
– “Jeje…” – ríe para sus adentros Satán. – “Estos bombones están repletos de veneno…”
Shin, que puede leer los pensamientos den terrícola, parece sorprendido.
– “Este tipo… es un idiota…” – murmura el Dios.
Bu sonríe.
– “¡Están buenísimos!” – exclama antes de agarrar la caja y vaciarla en su boca.
Satán se queda sin palabras.
– “Me alegro de que le gusten…” – disimula el Campeón.
Bu parece dudar sobre qué hacer con Satán, y se cruza de brazos, dubitativo.
– “¡Ya lo he decidido! ¡Te convertiré en helado!” – exclama mientras su antena se inclina hacia delante.
– “¡NO! ¡ESPERE!” – suplica Satán, poniéndose de rodillas con las manos en el suelo. – “¡POR FAVOR!”
De repente, una energía aparece en la Tierra. Un poderoso ki surca el planeta a toda velocidad.
– “¡¿QUÉ ES ESO?!” – se sorprende Dende.
– “¡¿GOKU?!” – se pregunta Yamcha.
– “¡ES SON GOHAN!” – exclama Krilín, al sentir el ki de su amigo.
En el interior del palacio, el grito de Krilín ha alertado a todos.
– “¡¿Son Gohan?!” – se emociona Chichi.
Gohan, transformado en Súper Saiyajín 2, llega al lugar por la espalda de Bu; sus pies derrapan sobre el árido terreno. Una luz azulada y un sonido característico alertan a Majin Bu, que se da la vuelta para ver de quién se trata.
– “¡Ka… Me… Ha… Me…!” – recita el mestizo sin demora.
Al girarse, Bu tiene que bajar la vista para poder ver a su contrincante, que se encuentra apunto de atacar.
– “¡¡HAAAAAA!!” – dispara Gohan a escasos centímetros de su adversario.
El ataque a bocajarro engulle al monstruo. El Kamehameha de Gohan se pierde en el horizonte, continuando su camino hasta abandonar el planeta.
Cuando la luz se disipa, Satán levanta la cabeza. La parte superior de su permanente ha sido chamuscada por el ataque de Gohan. No hay rastro físico de Bu.
– “¡Tú…!” – se sorprende el Campeón.
– “Lo siento, señor Satán.” – dice Gohan. – “¿Está usted bien?”
– “¡Eres tú!” – insiste el Campeón. – “¡Ese Gran Saiyaman!”
– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende el mestizo al ver que el padre de Videl conoce su verdadera identidad.
Shin y los androides se reúnen con Gohan y Satán.
– “¡Son Gohan!” – exclama el Dios. – “¡Estás vivo!”
– “¡Kaioshin!” – dice Gohan. – “¡Número 18! ¡Número 17!” – se sorprende al ver a los androides.
– “Todos te daban por muerto.” – dice la Número 18. – “Te están esperando en la Atalaya.”
– “Vegeta me noqueó” – responde Gohan. – “Pero Ten Shin Han y Chaoz me encontraron…” – explica. – “Pero, ¿qué hacéis vosotros aquí?”
– “Estaba buscando las Dragon Balls cuando tuve que salvar a tu amiguita.” – responde la androide.
– “¿Videl está bien?” – pregunta Gohan.
La Número 18 asiente.
– “Ya debería estar lejos de aquí.” – dice la androide. – “Ahora ella tiene el radar.”
Satán se preocupa al oír el nombre de su hija.
– “¡¿Qué?!” – exclama el Campeón. – “¡¿Mi Videl?!”
El Número 17 suspira aliviado.
– “Parece que otra vez has salvado el día, Son Gohan” – dice el androide.
Gohan se pone serio.
– “No…” – responde el mestizo. – “Majin Bu sigue vivo…”
– “¡¿Qué?!” – se sorprende los androides.
– “Puedo sentir su presencia.” – dice el mestizo.
– “Tiene razón…” – confirma Shin. – “Sigue vivo…”
– “¡¿Es que no hay forma de detenerlo?!” – pregunta 17.
Gohan se aleja de sus amigos y mira al cielo, donde una nube de humo se está concentrando.
– “Puede que haya una…” – responde el mestizo.
Shin frunce el ceño con preocupación al poder leer la mente de Gohan.
Satán se acerca a Gohan.
– “Oye, chico…” – dice el Campeón. – “Tú derrotaste a Cell… ¡Seguro que puedes vencer a este monstruo…! ¿Verdad?”
– “No lo sé.” – dice Gohan. – “Pero tengo que intentarlo.”
– “Sobre lo de Cell…” – dice Satán, con cierta timidez. – “Siento haber dicho que fui yo quien lo derrotó…”
– “No sé de qué me habla…” – sonríe Gohan. – “Usted es el Campeón.”
Satán respira aliviado.
– “Eres un buen muchacho…” – dice el Campeón. – “Puede que lo deje salir con Videl…” – piensa.
Gohan sonríe.
– “Yo me encargaré de Majin Bu.” – dice el mestizo. – “Regresad a la Atalaya.”
– “¿Piensas enfrentarte a él tú solo?” – pregunta la Número 18.
Gohan mira a su izquierda. Ten Shin Han y Chaoz aterrizan.
Mientras tanto, una nube de humo se ha formado en el suelo y ha tomado forma corpórea. Majin Bu ha regresado y se posa sobre el suelo.
El monstruo mira a su nuevo enemigo.
– “¡¿Quién eres tú?!” – protesta el monstruo. – “Te pareces a un tipo feo que también brillaba… pero ese ya está muerto.”
Gohan frunce el ceño.
– “Así que es cierto… Mató a Vegeta…” – dice el saiyajín.
– “Vegeta se sacrificó para intentar detenerle… pero fracasó.” – dice la Número 18.
– “¿De verdad hizo eso?” – se sorprende Gohan, que pronto esboza una media sonrisa melancólica. – “Vegeta…”
El Número 17 se impacienta.
– “Basta de cháchara…” – dice el androide. – “¿Qué piensas hacer?”
Gohan reaviva su aura de Súper Saiyajín 2.
– “Dejadlo en nuestras manos.” – dice el mestizo. – “Ya habéis hecho suficiente.”
Los androides se miran el uno al otro y sonríen.
– “Ni lo sueñes.” – dice el Número 17.
– “¿Eh?” – se sorprende Gohan
– “No eres el único que tiene asuntos pendientes con este tipo.” – dice la Número 18. – “¡Mira como me ha dejado la ropa!”
El pitido provocado por el vapor a presión saliendo de los orificios de Majin Bu alerta a nuestros amigos.
Gohan y los androides se ponen en guardia.
– “Cuando os dé la señal, necesito que os apartéis de Bu todo lo que podáis…” – advierte Gohan. – “…o podríais ser arrastrados por mi técnica.”
Los androides asienten.
Shin da un paso al frente, pero Satán lo agarra del brazo.
– “No sé quién eres, joven, pero es mejor dejar pelear al muchacho.” – dice el Campeón, que ignora la identidad del sujeto.
Gohan mira de reojo a Ten Shin Han y le hace una señal. El terrícola asiente.
El guerrero de tres ojos saca un termo de café de su gi y se lo entrega a Chaoz.
– “Prepárate.” – dice Ten.
– “¡Sí!” – responde Chaoz.
La mirada de Bu se torna terrorífica.
– “¡OS MATARÉ A TODOS! – grita furioso.