DBSNL // Capítulo 175: Sangre

DBSNL // Capítulo 175: Sangre 

“Este es el final de la era de los Dioses.”

Vegeta estudia atentamente a su adversario, intentando prever sin éxito las sorpresas que le guarda. 

Los antebrazos del brujo, ahora libres de vendajes, muestran numerosas cicatrices longitudinales de terrible aspecto.

Moro se cruza de brazos, con el interior de sus antebrazos opuestos el uno del otro, y clava sus uñas en ellos para después desgarrárselos de arriba abajo. Cinco grandes arañazos sangrientos resultan.

Vegeta no sabe como reaccionar ante tal macabra acción.

El brujo relaja sus brazos y la sangre los recorre hasta gotear profusamente sobre las briznas de hierba azul de Namek, que se pudren al instante. El efecto enseguida se extiende por toda la zona.

Vegeta nota que su respiración se torna más pesada, como si el aire se hubiera vuelto más denso. El saiyajín siente que está respirando muerte.

El brujo alza su mano, con la palma apuntando al cielo, y de repente se genera una gigantesca esfera de energía oscura.

El saiyajín se queda boquiabierto ante semejante poder.

– “¿Qué…? ¿Cómo…?” – titubea Vegeta.

Moro sonríe y lanza su ataque, que se mueve a una velocidad de vértigo.

– “¡MALDITA SEA!” – exclama el saiyajín, que casi no tiene tiempo de reaccionar.

Una gran explosión tiene lugar. Un estallido que modifica la silueta de Namek y lo terraforma. Un gran fragmento del planeta se desprende del resto.

Piccolo, Garlick y Shiras se quedan asombrados ante lo ocurrido.

– “Jamás había visto un poder así… Un mortal…” – dice el pequeño demonio.

– “Es superior a cualquier Dios que haya conocido…” – se sorprende Shiras.

Moro se acerca al inmenso cráter, que se inunda de lava proveniente del manto del planeta, y enseguida alza su mirada hacia el fragmento flotante.

En esa nueva luna, Vegeta sale de los escombros, ensangrentado. Su brazo izquierdo ha quedado inutilizado y a duras penas logra ponerse en pie. Ha perdido su transformación. 

– “Maldición…” – lamenta el saiyajín, que casi no puede respirar. – “La he fastidiado…”

De repente, cinco personajes aparecen a su lado. Son los cuatro Kaioshin y Nasjorin.

– “¡Kaioshin! ¿Qué hacéis aquí?” – se sorprende Vegeta.

– “No hemos podido llegar hasta que te has distanciado lo suficiente de su magia.” – responde Shin.

Kibito se acerca a Vegeta y coloca sus manos sobre él.

– “Repondré tus fuerzas” – dice el Kaioshin del Norte.

Moro sigue atento a lo que sucede desde Namek.

– “No puedo permitir eso” – sonríe el brujo.

Moro extiende sus manos hacia el asteroide y tira de él con fuerza mediante su poder mental, atrayendo la masa de roca de nuevo hacia Namek.

– “¡CUIDADO!” – advierte Vegeta.

El asteroide choca contra el planeta, creando una nueva explosión que alza una gran nube de ceniza que cubre Namek. 

Vegeta y los Dioses han logrado abandonar el asteroide a tiempo y ahora flotan en el cielo, sobrevolando el lugar del impacto. Kibito ayuda a Vegeta, con el brazo sano del saiyajín sobre sus hombros.

– “Ha estado cerca…” – suspira Wakari.

– “Deberíamos retirarnos y…” – sugiere Narai.

Pero la Diosa es interrumpida. Shiras, Piccolo y Garlick rodean a los Kaioshin.

– “Vaya, vaya…” – se burla el pequeño demonio. – “¿Qué hacéis vosotros aquí?”

Los Dioses se ponen en guardia.

Vegeta, pese a estar herido, se aparta de Kibito.

– “Retiraos, Kaioshin.” – dice el saiyajín. – “Yo todavía no he dicho mi última palabra.”

Vegeta se envuelve en el aura del Ikigai.

– “Vegeta…” – se preocupa Shin.

Moro se eleva lentamente desde la superficie y se une a sus secuaces, colocándose justo delante de Vegeta.

– “Estás acabado.” – dice el brujo.

Vegeta se abalanza contra Moro, pero el brujo le sorprende con un golpe en el abdomen que lo dobla de dolor, y acto seguido lo remata con un codazo en la espalda que lo lanza contra la superficie de Namek.

– “¡VEGETA!” – exclama Shin.

Los cuatro Dioses y Nasjorin atacan a los hombres de Moro. 

Wakari embiste a Garlick, pero el demonio lo esquiva y le sorprende agarrándole por la espalda, rodeándole el cuello con su musculoso brazo y estrangulándole.

Narai se abalanza sobre Shiras, pero antes de poder propinarle un puñetazo se da cuenta de que ha sido apuñalada con un trozo roto de la de vara del legendario patrullero.

Kibito intenta golpear a Piccolo, pero el namekiano detiene el puñetazo del Kaioshin del Norte y contraataca atravesándole el pecho con su mano en forma de garra.

Shin embiste a Moro, pero el brujo se anticipa y le agarra la cara. Los ojos del brujo y los del Kaioshin se cruzan.

– “Vuestro reinado ha terminado.” – dice Moro.

De repente, Nasjorin interviene e intenta cortarle el brazo al brujo con un espadazo, obligando a Moro a liberar a Shin y a retroceder.

Nasjorin ataca a Moro de nuevo, intentando conectar alguna de sus estocadas, pero el brujo esquiva todos los golpes. 

Shin se queda perplejo al verse rodeado de sus compañeros derrotados en manos de los secuaces de Moro.

En la superficie del planeta, Vegeta se encuentra incrustado en el rocoso suelo rodeado de lava, sin fuerzas, con su mirada puesta en el duelo entre el brujo y el inushi.

– “¿He perdido otra vez?” – se pregunta el saiyajín, cuyos ojos se llenan de lágrimas. – “¿He errado mi propósito?”

Nasjorin se detiene, frustrado por no poder golpear a su adversario.

– “Solo tengo que golpearlo una vez…” – piensa el inushi.

Moro sonríe.

– “¿Eso crees?” – le sorprende el brujo, que ha leído su mente. – “Confías mucho en el poder de esa espada…”

Nasjorin ataca de nuevo con todas sus fuerzas, pero Moro detiene el espadazo con su antebrazo. Una pequeña gota de sangre nace en el corte y recorre su piel.

– “El poder de los Dioses se torna inerte en mi presencia.” – dice el brujo. – “Incluso el del viejo Dai Kaioshin.” – añade. – “Detener a mis discípulos es una cosa, pero yo… soy distinto.” – se mofa.

Moro sorprende al aterrado inushi agarrándole del cuello.

– “Vas a morir como un perro” – sentencia el brujo mientras le aprieta el pescuezo.

Pero una media sonrisa desconcierta al brujo. 

Nasjorin extiende su mano y la coloca en el rostro de Moro.

– “¡LUZ DE INUGAMI!” – exclama el inushi.

La palma del guerrero se ilumina con luz blanca.

Los secuaces del brujo, que estaban apaleando a Shin, se detienen al ver brillar una luz tan intensa.

– “¡NO!” – se asusta Mojito, que reconoce el poder del guerrero.

Pero Moro sonríe, devolviéndole la sorpresa a Nasjorin.

La luz blanca de Inugami oscurece y se torna negra. El cuerpo del guerrero empieza a resquebrajarse. Moro le deja libre. La corrupción se extiende por el brazo del inushi hasta cubrir su cuerpo por completo.

– “Necesitaréis más que la luz tenue de viejos Dioses si queréis libraros de mí.” – se burla el hechicero.

Los ojos de Nasjorin se tornan negros. Finalmente, el inushi estalla en una explosión de oscuridad.

– “¡NASJORIN!” – grita Shin, que ve como desaparece la última oportunidad del universo.

El Kaioshin recibe un golpe por la espalda propinado por Garlick que lo lanza contra el suelo.

Moro y sus hombres descienden a su alrededor.

– “Este es el final de la era de los Dioses.” – sentencia Moro. – “Crearé un mundo nuevo, libre de vuestra tiranía.”

Una voz le interrumpe.

– “¡MORO!” – grita Vegeta.

El saiyajín, en un estado deplorable, se ha puesto en pie. El brujo sonríe.

– “¿Aún sigues con vida?” – se burla el hechicero.

Vegeta se envuelve una vez más en el aura del Ikigai, que arde como una llama hasta retorcerse y tornarse esférica.

– “¡VOY A ACABAR CONTIGO!” – dice el saiyajín, que en su mano derecha prepara una esfera de ki morado.

Moro usa su poder mental para atraer a Shin hasta su mano y agarrarlo por la nuca. El brujo pretende usarlo de escudo.

Shin, pese a estar malherido, intenta hablar.

– “Vegeta…” – dice el Dios. – “No dudes…”

– “Es un buen consejo. ¿Lo has oído, Vegeta?” – se burla el brujo. – “Pero la pregunta es, ¿puedes hacerlo? ¿Puedes matar al Kaioshin? Por matar a un Dios, tu alma podría terminar en el Makai…”

El saiyajín esboza una media sonrisa.

– “Pues nos veremos allí.” – responde Vegeta. – “¡¡FINAL SHINE!!” – grita al proyectar su ataque.

La decisión del saiyajín ha sorprendido a Moro. Sus secuaces saltan a un lado para apartarse de la trayectoria de la técnica de Vegeta. El brujo alza una barrera mágica, pero ésta enseguida se resquebraja y estalla. Shin sonríe. Moro y el Kaioshin del Este son engullidos por el “Final Shine” de Vegeta.

El ataque es tan devastador que provoca que Namek se deforme de nuevo, creando un surco que puede verse desde el espacio. El magma del planeta brota desde las grietas del suelo y se forman columnas de lava a presión. Todo el astro tiembla. El cielo se cubre rápidamente por nubes negras que desatan una tormenta eléctrica terrible.

Vegeta ha perdido su transformación y cae de rodillas. Su respiración es muy pesada. No le quedan fuerzas. Además, la atmosfera de Namek se ha vuelto extremadamente ligera; respirar es cada vez más difícil. 

Shiras sale de entre los escombros y se da cuenta del alcance del ataque.

– “Es increíble…” – murmura el viejo patrullero. – “Incluso usando mis habilidades, apenas he podido escapar…”

Piccolo también ha sobrevivido, pero ha perdido una pierna.

– “Maldito Vegeta…” – gruñe el namekiano, que enseguida regenera su extremidad.

Garlick es el próximo en dar señales de vida.

– “No…” – lamenta el demonio, que ha perdido su brazo derecho y parte de su torso, volviendo a su forma original. El demonio sangra por la boca. – “No puede ser…”

Los tres secuaces buscan a su líder, pero no hay rastro de Moro.

– “Ese miserable…” – gruñe Garlick.

Vegeta, arrodillado, mira fijamente al suelo. Su vista es borrosa.

De repente, el brujo aparece de entre la polvareda, ensangrentado y con marcha errática.

– “Maldito seas, Vegeta…” – gruñe Moro.

Garlick es el primero en ver al brujo.

– “¡Está vivo!” – celebra el moribundo demonio, que se esfuerza para levantarse.

Moro cae de rodillas frente a su súbdito.

– “¡¿SEÑOR?!” – se preocupa el demonio.

El brujo tapa la boca de Garlick con su mano y lo estampa contra el suelo.

– “¡¿MMMMH?!” – intenta gritar el confuso diablillo.

Una gota de sangre del brujo recorre su antebrazo hasta mezclarse con la de Garlick. El pequeño diablo intenta forcejear desesperadamente, mientras siente como su cuerpo se deteriora rápidamente.

– “Tu sacrificio dará lugar a un nuevo mundo.” – dice Moro. – “Regocíjate.”

Shiras, cerca de allí, lo ve todo, pero lejos de ayudar a Garlick, se fija en un pequeño objeto brillante en el suelo.

– “¿Qué es eso?” – piensa el patrullero.

Al acercarse identifica una esquirla cristalina de color verde.

El cuerpo de Garlick se consume, quedando demacrado en unos segundos.

Las heridas de Moro se han cerrado. El brujo se pone en pie con una sonrisa victoriosa en su rostro.

Vegeta oye unas pisadas aproximándose. Es el brujo, que se muestra ante él.

– “Ya no existen Dioses que puedan detenerme.” – dice Moro. – “Pronto me sentaré en el trono del “Dios del Todo” y liberaré el mundo de la tiranía divina a la que lo tenían sometido.”

Una risa desesperada de Vegeta sorprende al brujo.

– “Ja… jaja… jajaja… ¡JAJAJA…! *coff, coff*” – ríe el saiyajín hasta que es interrumpido por una tos violenta. – “No es a los Dioses a quien debes temer…”

Moro frunce el ceño.

– “Podría matarte ahora mismo…” – gruñe el brujo. – “Pero eso te daría una paz que no mereces.”

Moro alza su mano y un gran portal oscuro se abre sobre él.

– “Vagarás por el Makai, un lugar que tu alma jamás podrá abandonar.” – lo sentencia el hechicero.

Vegeta se siente impotente y frustrado… pero una extraña sensación llama su atención. Ha sentido algo a través del portal.

– “Terminemos con esto” – dice el saiyajín.

El portal empieza a aspirar todo lo que tiene a su alrededor, generando una fuerte corriente de aire que absorbe a Vegeta.

El umbral se cierra tras su paso.

Piccolo camina hacia Moro mientras mira a su alrededor con cierto pesar; el fin de Namek.

Finalmente, el namekiano y Shiras se acercan a Moro y se arrodillan frente a él.

Moro sonríe.

– “Ha llegado el momento de crear un universo libre.” – sentencia el brujo.

DBSNL // Capítulo 174: El hechicero

DBSNL // Capítulo 174: El hechicero

“¡Lucha como un guerrero!”

En el planeta remoto, Janemba se está regenerando. Madas ha quedado agotado tras el titánico esfuerzo de repeler el ataque enemigo. Ub intenta reconfortar al Kaioshin, mientas Pan y Bra siguen atentas al monstruo.

Las muchachas se miran y asienten.

– “¡Tenemos que intentarlo!” – sentencia Bra.

Las dos se envuelven el aura de Súper Saiyajín y se preparan para atacar.

– “Ka… Me… Ha… Me…” – se prepara Pan.

– “Garlick…” – hace lo mismo Bra.

– “¡HAAAA! ¡HOOO!” – gritan a la vez al proyectar sus ataques hacia el enemigo.

El ataque choca contra la gran panza del demonio, que absorbe el impacto mientras continúa regenerándose.

– “Maldita sea…” – lamenta Pan, que sigue poniendo todo su empeño en el Kamehameha.

– “¡No desistas!” – exclama Bra, que hace lo mismo con el Galick-Ho.

Los ataques se hunden en la barriga del monstruo y lo empujan ligeramente, pero su cabeza se sigue regenerando.

– “No lo conseguirán…” – suspira Ub, que ve como el monstruo ya casi ha recuperado su forma.

El chico de Isla Papaya mira con horror al demonio que antes formó parte de él y aprieta los dientes, dispuesto a pelear hasta el final.

Ub deja a Madas y aprieta sus puños con rabia.

– “¡¡YAAAAAAAAH!!” – grita a pleno pulmón mientras se envuelve en su aura incolora, que enseguida arde como una llama roja al usar la técnica del Kaio del Norte.

El ki del chico estalla y sorprende a las chicas, que le miran de reojo.

Ub avanza y se coloca entre sus amigas.

– “Ka… Me… Ha…. Me…” – se prepara Ub. – “¡HAAAAAAAA!!” – dispara. 

Su técnica se une al de sus amigas, reforzando la ofensiva… pero el impacto, pese a hacer retroceder al monstruo, no es suficiente para superarlo, pues ahora Ub solo dispone de su ki humano.

– “Ub…” – piensa Pan, al ver a su amigo sufriendo por ayudar.

– “Casi no tenía energía…” – piensa Bra. – “Tiene agallas…”

Ub siente que sus fuerzas flaquean.

– “Maestro Goku… Señor Bu… No me rendiré…”– piensa el chico. – “¡ESTO NO ME DETENDRÁ!”

En su mente aparecen imágenes de Son Goku…


– “¿Cree que estoy preparado?” – pregunta Ub. – “Yo no me siento listo para afrontar amenazas como las que usted me ha contado…”

– “Uno nunca está del todo preparado” – responde Goku. – “Y esa es parte de la emoción del combate.” – sonríe el saiyajín. – “La verdadera pregunta es si estás preparado para afrontar ese reto; y eso lo descubrirás cuando llegue el momento”.

… e imágenes de Mr. Bu…

Mr. Bu coloca su manopla sobre el hombro del chico.


– “Cuida del señor Satán y de su familia por mí.” – dice Mr. Bu. – “Yo ya no podré ayudarte.”

– “S… señor Bu…” – titubea Ub, con lágrimas en los ojos.

– “Eres mi mejor versión.” – se despide su compañero.

De repente, la mirada del chico cambia por completo y sus pupilas se difuminan. La determinación de Ub es inquebrantable.

– “¡¡HAAAAAAAAAA!!” – grita el chico. 

Su musculatura aumenta y su aura se aviva. Su Kamehameha recibe una descomunal inyección de poder. 

El ataque ahora logra hacer retroceder al monstruo, que no tarda en tropezarse y empezar a rodar por el suelo, empujado por la fuerza de los chicos.

– “¡UN POCO MÁS!” – exclama Bra.

Los tres imprimen un último esfuerzo en su acometida.

– “¡¡AHORAAAAA!!” – exclaman a la vez.

La onda de ki logra elevar a Janemba y empujarlo hacia el espacio exterior, perdiéndose en lo más profundo del espacio.

Madas se sorprende ante el poder de los chicos.

– “Increíble…” – dice el anciano. – “Tan jóvenes…”

Bra, Pan y Ub respiran cansados pero aliviados.

– “Lo hemos conseguido…” – dice Bra.

– “Se ha terminado…” – sonríe Pan, que mira a Ub de reojo, buscando una mirada cómplice de su amigo.

Ub, agotado y con el cuerpo temblando, sonríe y levanta el pulgar para su amiga, pero después se desploma repentinamente contra el suelo.

– “¡UB!” – sufre Pan, que corre a socorrerlo. – “¡¿Estás bien?! ¡UB!”

En Namek, Moro se prepara para un nuevo asalto. Los cascotes resultantes del derrumbe de la montaña levitan antes de ser proyectados contra Vegeta.

El saiyajín se pone de perfil, esquivando las primeras rocas y apunta al brujo con tres dedos. Su aura se torna esférica y pronto dispara un potente y veloz ataque de ki que avanza rápidamente hacia su enemigo, haciendo estallas las rocas con las que se cruza en su camino.

Moro hace que una columna de roca se alce rápidamente bajo sus pies y logra así esquivar el ataque, que choca contra la piedra desencadenando una gran explosión.

El brujo sobrevuela la bola de fuego cuando Vegeta se abalanza sobre él, intentando aprovechar la situación, pero una corriente de aire envuelve a Moro formando una esfera de vientos huracanados a su alrededor que desvía la acometida del saiyajín lo necesario para permitir al brujo esquivar el ataque. 

Vegeta se da la vuelta rápidamente y apunta a su adversario con la mano derecha.

– “¡BIG BANG ATTACK!” – dispara el saiyajín.

El ataque impacta contra la barrera de viento y la empuja hasta que ambos ceden, estallando en el aire.

Vegeta retrocede ligeramente, mientras Moro es proyectado hacia el mar.

Antes de que el brujo choque contra la superficie, una gran columna de agua se eleva para amortiguar su caída.

Moro se pone en pie sobre el agua.

Vegeta parece frustrado. Las habilidades del brujo no le permiten pelear con libertad. El saiyajín siente que su poder supera al de su enemigo, pero eso no es suficiente. Moro está jugando con él.

El saiyajín no puede pelear de forma habitual. Los elementos inertes que Moro utiliza no tienen ki y no pueden ser percibidos por Vegeta, haciéndole incapaz de prever los movimientos del brujo.

El agua envuelve a Moro y forma una gran sierpe que se abalanza contra el saiyajín.

Vegeta apunta a la cabeza de la bestia con dos dedos y la hace estallar, pero las partes resultantes se convierten rápidamente en siete nuevas cabezas que continúan su avance y sorprenden a Vegeta, engulléndolo y empujándole hacia el mar verde de Namek.

Bajo el agua, Vegeta tarda unos segundos en recuperar la estabilidad y su sentido de la orientación.

El saiyajín intenta salir a la superficie, pero una fuerte corriente le impide avanzar. Vegeta aprieta los puños y genera un estallido de energía roja que aparta toda el agua que le rodea, secando el mar durante un instante que aprovecha para volar hasta tierra firme.

Moro le espera con una media sonrisa en su rostro.

Vegeta está furioso. Su enemigo se está mofando de él.

– “¡Lucha como un guerrero!” – exclama el saiyajín, cansado.

Moro resopla con desprecio.

– “Pff…” – responde el brujo. – “No soy un guerrero.”

El saiyajín aprieta los dientes.

– “Voy a acabar contigo.” – gruñe Vegeta.

Moro sonríe de nuevo.

– “No, Vegeta.” – dice el brujo. – “Yo ganaré este combate. Y no solo eso… Voy a destruirte. Doblegaré tu orgullo. Haré que te rindas.”

– “Creo que no me conoces demasiado bien.” – sonríe Vegeta al oír al brujo.

De repente, un centenar de visiones sacuden a Vegeta. Su infancia en el planeta Vegeta, su pasado como soldado del Imperio, su combate en la Tierra, su enfrentamiento con las Fuerzas Ginyu y Freezer en Namek, su pelea contra Cell, su sacrificio ante Majin Bu, su combate contra Mirai Freezer, su participación en el torneo, su combate contra Zeno Zamas, Broly, su incursión en el Makai…

– “Te conozco perfectamente.” – replica Moro. – “Y por eso disfrutaré tanto ese momento.”

El brujo se quita las vendas de sus antebrazos, revelando un centenar de cicatrices longitudinales que los recorren.