DBSNL // Capítulo 176: Un nuevo paradigma

DBSNL // Capítulo 176: Un nuevo paradigma

“Quiero hablar con el ángel…”

En el Makai, Goten y Trunks están sentados en el suelo, ocultos en una cueva cuando escuchan a un grupo de demonios corriendo muy cerca.

– “¿Aún nos buscan?” – pregunta Trunks.

– “Creo que no…” – dice Goten. – “Parece que saben a dónde van…”

– “¿Deberíamos seguirles?” – sugiere el hijo de Vegeta.

En el misterioso planeta perdido en el universo, Pan, Bra y Madas asisten a Ub, que ha perdido el conocimiento y no responde a la llamada de sus compañeros.

– “¡Necesita ayuda!” – exclama Pan.

– “¿No puede ayudarle, Kaioshin?” – pregunta Bra. – “¿No puede llevarnos a casa?”

– “Lo siento…” – responde Madas. – “No puedo hacer nada… Ya no soy un Kaioshin… Y también he perdido mi magia…”

Pan abraza a su amigo.

– “Ub…” – llora la muchacha. – “Por favor, no te mueras…”

De repente, un personaje de gran envergadura aparece vestido con una túnica vieja; bajo ella se adivinan rasgos reptilianos.

– “¿Quiénes sois?” – pregunta el recién llegado.

Bra se pone en guardia, lista para proteger a sus amigos.

El personaje no parece impresionado, pero se fija en Madas.

– “Un… un Kaioshin…” – dice sorprendido el individuo.

– “Yo ya no…” – intenta explicar Madas.

El hombre no deja hablar al joven e hinca la rodilla en señal de respeto.

– “Maraikoh” – se presenta. – “A su servicio, señor.”

Las chicas no entienden lo que ocurre, pero respiran aliviadas al ver que no se trata de un nuevo enemigo.

– “Maraikoh…” – dice Madas. – “¿Serías tan amable de decirnos dónde estamos?”

El reptil parece confuso ante tal pregunta, pero responde con tal de complacer al Dios.

– “Ryusei” – responde Maraikoh.

– “¿Ryusei?” – se sorprende Madas. – “Creía que no quedaba nadie con vida…”

– “Quedamos pocos.” – responde el dragón. – “Y es gracias a los Dioses.”

Pan se impacienta.

– “¡¿Puedes ayudar a nuestro amigo?!” – suplica la hija de Gohan.

El dragón se acerca al muchacho y lo observa detenidamente.

– “Lo llevaremos a la aldea” – dice Maraikoh. – “Haremos todo lo posible.”

Mientras tanto, en la Tierra, en la Corporación Cápsula, Brief y Mai atienden a Uranai Baba, que aún no se ha recuperado del ataque. La han tumbado en el sofá del salón y le han colocado una toalla húmeda sobre la frente.

Baicha agotado tras un día intenso, descansa en la habitación de Bra.

Ten Shin Han y Krilín han salido al balcón para discutir sus posibilidades.

– “¿Qué ha sido eso?” – dice Ten.

– “No lo sé…” – responde Krilín.

– “He sentido como algo nos observaba desde el otro lado” – insiste Ten, nervioso.

– “Cuando los demonios aparecieron, sentí esa misma presencia.” – dice Krilín. – “Y por alguna razón me resulta extrañamente familiar…”

– “Chaoz… él dijo lo mismo.” – se sorprende Ten Shin Han.

– “Qué extraño…” – cavila Krilín.

– “¿Qué podemos hacer?” – se pregunta Ten.

– “Por ahora, solo esperar…” – agacha la cabeza Krilín. – “Confiemos en Goku y Vegeta.”

Ten, frustrado, aprieta sus puños con rabia.

– “Odio sentirme tan impotente…” – gruñe Ten.

De repente, en el cielo aparece la nave de la Patrulla Galáctica, que desciende y se prepara para aterrizar en el jardín.

Kriín y Ten se alegran de ver a alguien más con vida.

– “¡GOHAN!” – exclama Krillín al sentir el ki de su amigo.

El ruido a alertado a todos, que salen a recibir al mestizo.

La compuerta se abre y Gohan baja de la nave con lo que queda de Pino en brazos. Cell le acompaña.

Krilín se acerca a Pino y enseguida lo sujeta.

– “¿Qué ha pasado?” – pregunta el mestizo. – “¿Dónde está todo el mundo?”

– “Ya sabes la respuesta…” – murmura Cell.

Krilín agacha la cabeza.

– “Lo siento, Gohan…” – llora el terrícola. – “Te hemos fallado…”

Las palabras de Krilín confirman los peores temores del mestizo.

– “Videl… Pan…” – murmura Gohan, perplejo.

– “Lo siento…” – insiste Krilín. – “Solo quedamos nosotros.”

Gohan aprieta sus puños con rabia y sus ojos se llenan de lágrimas. El mestizo siente que lo ha perdido todo.

De repente, Gohan sale volando a toda velocidad, dejando a sus amigos preocupados por él. 

Mientras tanto, en el planeta Sadala, Turles ha ayudado a Leek y los saiyajín a defender el planeta.

Leek se acerca al ciborg para darle las gracias.

– “¿Quién eres, muchacho?” – pregunta el viejo líder saiyajín. – “¿Qué te ha pasado?”

– “Soy un saiyajín…” – dice Turles. – “Al menos, lo fui.”

– “Nunca se deja de ser saiyajín.” – le reconforta Leek.

– “Necesito una nave.” – insiste el ciborg.

– “Nos has salvado.” – dice Leek. – “Una nave es lo mínimo que podemos darte… Pero a cambio, quiero saber tu historia.”

– “Puede que no quieras prestármela si conoces mi pasado.” – advierte Turles.

– “No sé qué habrás hecho…” – dice el anciano. – “Pero viéndote puedo asegurar que nosotros te hemos fallado primero.”

Muy lejos de allí, en Luud, Katopesla, Sheela, Auta Motto, Obni y Ganos siguen insistiendo en contactar con el Cuartel General de la Patrulla, pero no tienen éxtio.

– “Me temo lo peor…” – sufre la agente imegga.

– “¿Qué se hace en estos casos?” – pregunta el novato toreristo. – “¿Hay algún protocolo?”

Ganos se cruza de brazos, pensativo.

– “Esto no debería ocurrir…” – refunfuña el patrullero. – “Pero seguro que hay algo en el manual.”

– “¡Phiiiiu!” – interrumpe con un silbido el metalman.

– “¿Qué?” – se sorprende Sheela. – “¿Por qué no deberíamos seguir el manual?”

– “Tiene razón…” – dice Obni. – “Podrían tendernos una trampa…”

– “¿Y qué se os ocurre?” – pregunta Ganos.

– “Maldita sea…” – refunfuña Sheela.

A Katopesla le sobresalta una idea.

– “¡Chicos!” – exclama el toreristo. – “Creo que sé a dónde ir…” – sonríe.

Mientras tanto, muy lejos de allí, en Konats, la vieja nave de la Corporación Cápsula aterriza.

La compuerta se abre. Hit y Trunks se apean.

– “¿Qué ha pasado aquí?” – murmura el asesino, al ver indicios de batalla por toda la zona.

– “¿Shiras?” – pregunta el hijo de Vegeta. – “¿Qué le ha traído hasta aquí?”

– “El templo…” – se preocupa Hit. – “¡Sígueme!” – exclama.

Hit alza el vuelo rápidamente y Trunks le persigue.

En un santiamén han llegado al templo Yahirodono, que se encuentra abierto. 

– “Maldición…” – dice Hit.

– “¿Y tu amigo?” – pregunta Trunks.

– “Me temo que estará muerto…” – responde el asesino.

De repente, una voz les sorprende.

– “Así es.” – dice un individuo que les esperaba escondido en el templo.

Trunks y Hit se ponen en guardia. El saiyajín enseguida reconoce al enemigo.

– “Meerus…” – gruñe Trunks, que desenvaina su espada.

– “¿Un patrullero?” – se sorprende Hit, al ver el uniforme del mercenario. – “¿Le conoces?” – le pregunta a su compañero.

Meerus parece tranquilo.

– “Relájate, Trunks.” – dice el expatrullero. – “No he venido a pelear.”

– “¡¿Y a qué has venido?!” – pregunta el mestizo, inquieto.

– “Solo quiero hablar” – responde el mercenario.

En las ruinas de Namek, Moro se dirige a sus súbditos.

– “Quiero hablar con el ángel…” – dice el brujo.

– “¿El ángel?” – dice Shiras, sorprendido ante la petición.

Moro clava su mirada en el patrullero, y éste es embargado por el miedo, así que no duda en abrir su mano ofreciéndole la esquirla de piedra Shintai.

– “Es suyo, señor” – dice Shiras.

– “Solo quiero hablar.” – dice Moro.

Shiras mira a Piccolo, sin tener claro lo que hacer, pero el namekiano solo le devuelve la mirada con desprecio.

– “Mi paciencia tiene un límite…” – le apresura el brujo.

Shiras, aterrado, decide insertar el cristal en su hombro derecho.

La consciencia del ángel enseguida toma el control parcial del cuerpo del legendario patrullero, haciéndose presente en su ojo izquierdo.

– “Me sorprende que hayas tardado tanto en darte cuenta, brujo.” – dice Mojito.

– “Dame una razón para no eliminarte” – responde Moro.

Una sonrisa ilumina el rostro de Shiras.

ESPECIAL DBSNL /// El que vio // Universos 1, 2, 3, 4, 5, 6 y 7 / Parte I: El brujo y su monstruo

El que vio // Parte I: El brujo y su monstruo

“Vuestros sacrificios liberarán este mundo.” 

Esta historia ocurrió hace mucho tiempo; antes de que el primer ángel naciera.

En el planeta Konats, un gigantesco monstruo con una larga cola destruye todo lo que encuentra a su paso. Su aliento de fuego inunda las calles de la ciudad, aniquilando a sus habitantes, que corren despavoridos buscando cobijo.

En el Planeta Sagrado, los Kaioshin observan lo ocurrido con sus ojos divinos.

– “¿Eso es una creación de los mortales?” – pregunta el Kaioshin del Norte.

– “Es una magia poderosa…” – murmura el Dai Kaioshin.

– “¿Deberíamos intervenir?” – se pregunta el Kaioshin del Este.

Mientras tanto, el Hakaishin Ramushi y su discípulo, el gotokoneko Kawa, también están atentos a lo que sucede.

– “¿Qué está pasando, maestro?” – pregunta Kawa.

En Konats, el monstruo al que llaman Hildegarn sigue sembrando el caos. Varios guerreros konatsianos intentan detenerle, pero sus espadas no son capaces de dañar ni lo más mínimo al demonio.

Un niño corre por las calles, huyendo de la muerte personificada, pero el monstruo se fija en él y proyecta su terrible aliento de fuego contra el chico, bañando la calle en llamas.

En un instante, Kawa aparece en la azotea de un edificio, a varios kilómetros de distancia, con el niño en brazos. Lo ha salvado. El chico se asusta aún más al ver al gotokoneko, que enseguida lo deja en el suelo.

– “Largo.” – le dice el aprendiz de Hakaishin, haciendo que el niño eche a correr.

Cerca de allí, el vigente Dios de la Destrucción observa al monstruo, que sigue avanzando por las calles de Konats.

Kawa se acerca al Hakaishin.

– “¿Qué debemos hacer, maestro?” – pregunta el gotokoneko.

– “Yo me encargaré de eliminar esta abominación.” – dice Ramushi. – “Tú investiga su origen.”

– “Sí, señor.” – responde Kawa.

El monstruo sigue incendiando la ciudad, pero de repente, Ramushi aparece frente a él, flotando a la altura de su rostro.

– “Se acabó, criatura.” – dice el elefante en tono severo, mientras apunta con la palma de su mano al enemigo. – “Hakai.” – sentencia.

Pero nada ocurre.

– “¿Qué?” – se sorprende Ramushi.

En ese instante, el monstruo propina un fuerte manotazo al Dios y lo estampa contra un edificio cercano.

– “¡¡¡GRRRAAAAAAAHHH!!!” – ruge Hildegarn, antes de proyectar una fuerte llamarada contra el Hakaishin.

Ramushi apunta con su mano a la llama, que se aproxima rápidamente.

– “¡Hakai!” – vuelve a probar suerte el Dios, con estéril resultado.

El fuego baña el edificio, que se derrite como una vela.

Lejos de allí, a una distancia segura, el Dai Kaioshin aparece acompañado por Ramushi.

– “Gracias, Dai Kaioshin.” – dice el Hakaishin

– “Un placer.” – sonríe el Dios.

Los cuatro Kaioshin cardinales se encuentran a su lado y observan el desastre.

– “Ese fuego parece extraño.” – dice el Kaioshin del Norte.

– “Si esa criatura es inmune al poder del Dios de la Destrucción, no sé que podemos hacer nosotros para detenerlo…” – murmura el Kaioshin del Sur.

El Dai Kaioshin y el Hakaishin se unen a ellos.

– “No podemos actuar sin un plan.” – dice Ramushi.

– “Debemos ser cautelosos.” – sugiere el Dai Kaioshin.

Los Kaioshin escuchan a sus superiores atentamente, pero de repente, el Kaioshin del Norte interrumpe alarmado.

– “¡Ha desaparecido!” – exclama el Dios.

– “¡¿Qué?!” – se sorprenden todos.

– “¡El monstruo ya no está!” – insiste el Kaioshin.

– “¿Cómo es posible?” – se pregunta el Dai Kaioshin.

Todos los Dioses buscan al monstruo en el horizonte, pero pronto se dan cuenta de que un extraño humo está cobrando forma a sus espaldas.

– “Pero, ¿qué demonios…?” – murmura el Hakaishin.

Hildegarn se materializa a partir del torbellino de humo e intenta golpear a los Dioses, que se ven obligados a dispersarse para esquivarlo. 

Mientras tanto, Kawa sigue el rastro de destrucción que ha dejado el monstruo hasta su posible origen, en las afueras de la ciudad, atravesando un gran bosque incinerado.

El gotokoneko encuentra un gran socavón en el suelo y se adentra en él. Al llegar a lo más profundo del abismo, el aprendiz de Hakaishin encuentra que éste conecta con una red de túneles.

– “¿Qué es todo esto?” – se pregunta Kawa.

Las paredes de la gruta se encuentran repletas de jeroglíficos antiguos que describen un mundo desconocido para el aprendiz de Dios.

En la ciudad, los Dioses se preparan para luchar. Los cuatro Kaioshin se colocan junto a sus superiores.

– “¡¿Qué hacemos, señor?!” – se preguntan los Kaioshin cardinales.

– “Dejádnoslo a nosotros.” – dice el Dai Kaioshin.

– “Buscad a mi aprendiz y ayudadle.” – ordena Ramushi.

Los cuatro Kaioshin asienten y enseguida se marchan, dejando al los dos Dioses supremos frente al monstruo.

– “Debemos ser precavidos, Ramushi.” – sugiere el Dai Kaioshin.

– “Debe tener un punto débil.” – dice el Hakaishin. – “Tenemos que averiguarlo.”

Mientras tanto, Kawa investiga la gruta y avanza por sus túneles hasta llegar a una gran sala con una extraña estructura central que consta de tres pilares. Las dos columnas laterales son más cortas que la columna central, cuya cima termina en un gran círculo, como el ojo de una aguja.

Kawa contempla la gran estructura, cuyo origen y función desconoce.

De repente, una voz le sorprende.

– “Bienvenido, joven Dios.” – dice una voz ronca.

Kawa se da la vuelta alarmado.

– “¿Quién eres?” – pregunta el aprendiz de Hakaishin.

Entre las sombras, Kawa puede ver a un personaje encapuchado, envuelto en una larga túnica negra.

– “Alguien que busca respuestas.” – responde el personaje.

– “Supongo que eres el responsable de todo esto…” – dice Kawa. – “¡Tú has creado ese monstruo!”

– “Solo soy un mortal.” – sonríe el misterioso personaje.

– “¡Estás jugando con fuerzas que no comprendes!” – exclama Kawa.

– “Las comprendo muy bien.” – responde el individuo.

– “¡¿Por qué lo has hecho?!” – insiste el aprendiz de Hakaishin.

– “Quería poner a prueba mis habilidades.” – responde el personaje.

– “Estás loco.” – dice Kawa.

– “¡¿Loco?!” – se ofende el individuo. – “¡Sé que hay un poder por encima de mí y de vosotros! ¡Alguien que ha decidido jugar con mi destino y el de todos los mortales! ¡Para él solo somos un terrario al que observar para entretenerse!”

– “¿Conoces la existencia del señor Zeno?” – se sorprende Kawa. – “¿Cómo es posible?”

– “Zeno…” – sonríe la sombra. – “No sabía su nombre…”

De repente, una luz aparece en el centro del gran ojo de la columna central.

– “¿Qué es eso?” – se pregunta Kawa.

– “Hildegarn está cosechando energía.” – dice la sombra. – “¡Gracias a él podré salir de este plano existencial y tocar la realidad con mis dedos! ¡Podré ver más allá!”

En la ciudad, Hildegarn destruye todo lo que encuentra a su paso, acabando con la vida de cientos de personas. El Dai Kaioshin y el Hakaishin intentan detenerle.

Ramushi se envuelve en ki morado y se agacha, colocando sus manos en el suelo como si fuera a empezar una carrera, y embiste a Hildegarn con todas sus fuerzas, pero el monstruo se convierte en humo y deja que el Dios pase a través de él.

– “Maldito…” – murmura el Hakaishin.

El humo se condensa de nuevo y ahora es el Dia Kaioshin quien intenta interceptarlo lanzándole un centenar de cascotes con su poder mental, pero el monstruo se vuelve intangible de nuevo.

– “Esto es muy frustrante…” – lamenta el Dios.

En la gruta, Kawa y la sombra continúan hablando.

– “No permitiré que lleves a cabo tu plan” – dice el aprendiz de Dios, poniéndose en guardia y envolviéndose en un aura morada.

Kawa se abalanza sobre el enemigo, dispuesto a propinarle un puñetazo, pero la sombra extiende su brazo y detiene el golpe del aprendiz, cuya aura de desvanece al instante.

El rostro de Kawa muestra una mezcla de sorpresa, confusión y miedo al ver que ese mortal ha podido detenerle.

De repente, el aprendiz de Hakaishin sale repelido al otro lado de la sala y se estrella contra la pared.

– “No deberías considerarme un enemigo.” – dice la sombra. – “Estás atrapado en este mundo como el resto de mortales.”

Kawa se pone en pie, magullado y con un corte sobre su ojo derecho.

– “Mi deber como futuro Hakaishin es mantener el orden en el universo.” – dice Kawa. – “Y eliminar a los agentes del caos como tú.”

– “Una voluntad fuerte.” – dice la sombra. – “Pero ya te habrás dado cuenta de que la mía también lo es.”

En la metrópolis, el Hakaishin apunta al enemigo con su trompa y sopla con fuerza, emitiendo un ruido ensordecedor que arrasa con todo a su paso, como si fuera un gran cañón de aire emitido por una trompeta.

El invisible ataque logra sorprender a Hildegarn, que parece quedar aturdido.

Al ver que el ataque ha tenido efecto, Ramushi sigue insistiendo en su ofensiva.

El Dai Kaioshin junta sus manos delante de su rostro y concentra su ki de color verde mientras recita una oración en la lengua de los Dioses.

Finalmente, el Dios separa sus manos, que brillan con intensidad.

– “Espero que esto funcione…” – piensa el Dios.

El Dai Kaioshin apunta al monstruo, emitiendo un rayo de energía que envuelve a Hildegarn tras el impacto. El Dios abre sus brazos hasta colocarlos en cruz, y eso hace que una oscura presencia salga del monstruo y viaje a través del rayo de energía hasta el Dai Kaioshin, introduciéndose en su cuerpo.

De repente, la figura de Hildegarn empieza a convertirse en piedra, transformándose en una inmensa estatua.

El Dai Kaioshin, agotado, desciende hasta el suelo y cae de rodillas. Ramushi enseguida se acerca a él.

– “Lo hemos logrado.” – suspira el Dai Kaioshin.

– “Eso parece.” – sonríe el Hakaishin. – “¿Cómo te encuentras?”

– “No podré retener su presencia eternamente.” – dice el Dios. – “Será mejor que nos demos prisa.”

Mientras tanto, en la gruta, Kawa y la sombra siguen cara a cara. De forma repentina, la luz de la estructura empieza a atenuarse.

– “Parece que has fracasado.” – sonríe Kawa.

En ese instante, los cuatro Kaioshin llegan al lugar y se colocan junto al aprendiz de Hakaishin.

– “¿Quién es ese tipo?” – pregunta uno de ellos.

– “¿Es el causante de todo esto?” – añade otro.

La sombra esboza una terrorífica sonrisa.

– “Justo lo que necesitaba.” – murmura el enemigo.

En ese momento, los cuatro Kaioshin y Kawa sienten que una fuerza poderosa es ejercida sobre ellos, como si la gravedad hubiera aumentado exageradamente, forzándoles a ponerse de rodillas.

– “¡¿Qué ocurre?!” – se pregunta sorprendido uno de los Dioses.

La sombra se acerca a ellos lentamente.

– “Vuestros sacrificios liberarán este mundo.” – dice la sombra.

De repente, un extraño fuego negro envuelve al primer Kaioshin, y con su muerte la luz de la columna brilla con más intensidad. Lo mismo ocurre con el segundo y el tercero, ante la aterrada mirada de sus compañeros. Con la muerte del cuarto Kaioshin, la luz estalla y se genera un portal en el interior del círculo de piedra.

– “Bien…” – sonríe satisfecha la sombra, que mira al aprendiz de Hakaishin. – “Has tenido suerte. Parece que no necesito tu sacrificio.”

Kawa alza su mirada y puede ver por primera vez el rostro del misterioso individuo encapuchado; un ser con aspecto de carnero, con pelaje azul, ojos rojos y cuernos curvados.

El individuo da la espalda al aprendiz de Hakaishin y se acerca al portal.

– “Ha llegado el momento.” – sonríe antes de cruzarlo.

Un instante después, el portal se apaga y Kawa queda libre de la fuerza que lo retenía.

El joven aprendiz de Hakaishin se queda de rodillas, en estado de shock, con su rostro desencajado. Jamás había imaginado la posibilidad de que pudiera existir alguien así; un mortal capaz de doblegar a los Dioses.