DBZ/S – SAGA BLACK REIMAGINED / Capítulo 9: Un guerrero de leyenda

DBZ/S – Saga Black Reimagined / Capítulo 9: Un guerrero de leyenda

En Namek, el planeta está en llamas. Terremotos sacuden el planeta, torres de lava brotan del suelo, el mar bravo ruge y una tormenta eléctrica cubre el cielo.

El Dios caído, en su forma original, aterriza sobre una colina de roca candente.

– “Permitiros las esferas fue un error.” – sentencia Black.

En la Tierra, Trunks y Bu han llegado a la Atalaya de Kamisama. Sus amigos les reciben con los brazos abiertos.

– “¡Trunks!” – lo abraza su madre.

Videl se acerca a Bu.

– “Señor Bu…” – dice Videl, apenada al ver que no está junto a su padre.

Gyuma se acerca a los guerreros.

– “¿Y el Maestro?” – pregunta el padre de Chichi, preocupado.

– “Aquí” – dice Bu, señalándose la panza.

– “¿Eh?” – se extrañan todos.

En el futuro, en la Atalaya, Gohan y los Kaioshin se han puesto al día.

– “Así que Majin Bu despertó…” – murmura Shin, asustado. – “Y lo derrotasteis…”

– “No fue nada fácil, pero lo logramos.” – dice Gohan.

– “¿Tú empuñaste la Espada Z?” – se sorprende Kibito. – “¿Un mortal?”

– “El Kaioshin de hace quince generaciones atrapado en ella me otorgó este poder…” – dice Gohan.

– “Pero las líneas temporales…” – se preocupa Shin. – “Ese podría ser el desencadenante…”

– “Preguntémosle al anciano.” – sugiere Gohan, con una pícara media sonrisa.

En el otro futuro, los Kaioshin hablan con Bulma y Trunks.

– “Bulma…” – dice Shin. – “Todo esto lo provocó tu máquina… No se puede jugar con la integridad del espacio-tiempo…”

– “¿Yo?” – se asusta la madre de Trunks.

– “Mi madre solo quería ayudar.” – la excusa el mestizo.

– “No lo dudo, Trunks.” – dice Shin. – “Pero eso no cambia el resultado.”

Trunks agacha la cabeza, mirando al suelo, con rabia.

– “Él es uno de los vuestros…” – protesta el mestizo. – “Lo vi con mis propios ojos…”

– “Un Kaioshin…” – murmura el Dios del Este. – “Eso no me lo esperaba…” – frunce el ceño.

De repente, el Dios esboza una media sonrisa.

– “Tengo una idea.” – dice el Dios. – “Creo que ha llegado el momento de usar la Espada Z.”

– “¡¿LA ESPADA LEGENDARIA DEL PLANETA SAGRADO?!” – se sorprende Kibito.

– “¿Eh?” – el mestizo no comprende nada.

– “Trunks ha demostrado tener un poder excepcional…” – dice Shin. – “Es, sin duda, mucho más fuerte que tú y que yo…”

– “Pero…” – duda Kibito. – “Él es un mortal…”

En el presente, en el planeta de los Kaioshin, Son Goku descansa en el suelo, vestido con su gi habitual que le ha fabricado Kibito. El mono azul de Vegeta también ha sido restaurado.

– “No está preparado…” – murmura el anciano, preocupado.

– “El primero en transformarse en Súper Saiyajín, pero incapaz de controlar el ozaru…” – fanfarronea Vegeta. – “Es que eres raro para todo, Kakarotto…” – sonríe.

– “¿Qué haremos ahora?” – pregunta Shin.

– “Yo derrotaré al Dios.” – dice Vegeta.

El anciano interviene.

– “No seas imprudente, Vegeta.” – dice el viejo Kaioshin, nervioso. – “¡No lo subestimes! ¡No subestimes el poder de ese monstruo!”

– “Kakarotto no dominará este poder a tiempo.” – replica Vegeta. – “Puede que jamás lo haga.”

Los Dioses se miran entre ellos con dudas.

– “Son Gohan ha muerto. Trunks es fuerte, pero por ahora, esto le supera.” – dice el saiyajín. – “Solo puedo encargarme yo.”

De repente, una terrible sensación inunda el lugar. Vegeta es el único que no se da cuenta.

– “¡¿EH?!” – se sorprenden los Dioses. 

– “¿Qué ocurre?” – pregunta el saiyajín.

– “Es terrible…” – dice Shin.

Los tres Dioses miran en a un mismo punto lejano en el cielo.

– “¡¿Me lo vais a decir o tengo que adivinarlo?!” – se impacienta Vegeta.

– “Namek…” – dice Kibito.

– “Ha sido…” – continúa Shin. – “…ha sido arrasado.”

– “¡¿QUÉ?!” – exclama Vegeta, sorprendido.

– “Ha sido él… no hay duda…” – dice el anciano. – “Ha castigado a los namekianos por usar las esferas sin cuidado…”

El anciano aprieta los puños, impotente.

– “¡Os lo advertí!” – exclama el viejo, enfadado. – “¡Os dije que usar las Dragon Balls de esa forma traería consecuencias!”

– “Venerable antepasado…” – se sorprende Shin ante la actitud derrotista del Dios.

– “Ahora ya es demasiado tarde…” – se resigna el viejo. – “Estamos perdidos…”

Shin aprieta los dientes con rabia.

– “¡ME VOY A NAMEK!” – exclama el Dios, de repente.

– “¿EH?” – se sorprenden todos.

– “¡Como único Kaioshin, esto ha sido culpa mía!” – dice el Dios del Este. – “¡Debo asumir las consecuencias!”

– “¡NO DIGAS IDIOTECES!” – exclama el anciano. – “¡NO PUEDES…!”

Shin extiende la mano a Vegeta. El anciano se queda sin palabras.

– “¡Te necesito, Vegeta!” – dice el Dios.

– “Te han crecido agallas…” – sonríe el saiyajín.

– “¡NO SEÁIS IMPRUDENTES!” – grita el viejo. – “¡ESTO ES UNA LOCURA!”

Vegeta parece que va a estrechar la mano de Shin, pero en el último instante se la aparta de un revés.

– “La muerte del último Kaioshin no pesará en mi conciencia.” – dice el saiyajín.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende Shin.

El anciano suspira aliviado.

– “Vaya…” – dice el Kaioshin de hace quince generaciones. – “¿Quién iba a pensar que el sensato sería Vegeta…”

– “¡Kibito!” – dice Vegeta. – “¿Puedes llevarme?”

Los Dioses se sorprenden.

Kibito frunce el ceño.

– “Porque yo soy prescindible, ¿no?” – dice el ayudante de Shin.

Vegeta sonríe, fanfarrón.

– “Exacto.” – responde el saiyajín.

– “¡VEGETA!” – exclama Shin.

El ayudante del Kaioshin sonríe.

– “Está bien.” – dice Kibito. – “Te llevaré a Namek.”

– “¡¿CÓMO DICES?!” – protesta Shin.

Kibito, sin perder su sonrisa, mira al Dios.

– “Proteger al Kaioshin del Este es mi misión.” – dice Kibito. – “Y también lo es cumplir sus deseos.”

– “Pero… yo no quiero que vayas…” – dice Shin.

– “Usted quiere proteger Namek y yo debo protegerle a usted” – dice su compañero. – “Llevando a Vegeta hasta allí cumplo ambos objetivos.”

– “Kibito…” – se preocupa Shin.

El ayudante del Kaioshin pone la mano en el hombro de Vegeta.

– “¿Estás seguro de que puedes lograrlo?” – pregunta Kibito.

– “Si seguimos de cháchara se va a escapar” – protesta Vegeta. – “Vámonos ya.”

– “¡VEGETA! ¡KIBITO!” – les recrimina el anciano. – “¡DETENEOS!”

Kibito alza su mano para despedirse y así los dos desaparecen.

– “Idiotas…” – gruñe el Ro Kaioshin. – “¡Son unos idiotas!”

En el futuro, Gohan, vestido con la ropa de los Kaioshin, sopla desesperadamente sus manos rojas.

– “No lo entiendo…” – dice el mestizo. – “¡¿Por qué no puedo sacar la espada?!”

La Espada Z está incrustada en su lugar, en la cima de una montaña del Planeta Sagrado.

– “¡La arranqué sin problemas cuando era mucho más débil!” – dice un incrédulo Gohan.

– “Quizá… quizá solo pueda arrancarse una vez…” – dice Shin.

– “O quizá ya no te considere digno…” – protesta Kibito. – “La espada ha recapacitado.”

– “Digno…” – repite Gohan. – “¡Puede ser eso!”

– “¿Qué?” – dicen los Dioses, confusos.

Gohan se cruza de brazos.

– “Yo no pertenezco a esta línea temporal.” – dice el mestizo. – “Así que esta espada no está destinada a mí…”

– “¿Tú crees?” – dice Shin, asombrado por las rápidas deducciones del mestizo. – “¿Y a quién está destinada?”

Gohan recapacita un instante y de repente tiene una idea.

– “¡AH!” – exclama el mestizo. – “¡¡PODRÍA SER…!!”

En el otro futuro, Trunks, vestido como los Dioses, intenta arrancar la Espada Z, transformado en Súper Saiyajín, pero no lo consigue.

– “Maldición…” – protesta el mestizo. – “No hay manera…”

– “Pensé que funcionaría…” – dice Shin.

– “Ya decía yo que un mortal jamás podrá arrancar la Espada Sagrada.” – le recuerda Kibito.

Trunks se sienta en el suelo, enfurruñado.

– “¿Y qué hacemos ahora?” – protesta el mestizo.

El Dios del Este se cruza de brazos, cavilando.

– “Eso nos deja sin alternativas…” – murmura el Dios. – “Con espada o sin ella, Trunks sigue siendo nuestra mejor baza…”

– “No dudo de sus habilidades…” – dice Kibito, poco convencido. – “Pero un humano…”

– “A lo mejor deberíamos pedir consejo a guerreros más expertos.” – sonríe Shin. – “Alguien que pueda ayudarle a alcanzar su máximo potencial.”

– “¿Guerreros expertos?” – repite Trunks, un poco desconcertado.

En el presente, en Namek, Vegeta y Kibito llegan al planeta. El lugar ha sido arrasado por Black.

– “Qué visión tan terrible…” – murmura Kibito, acongojado.

Una voz les sobresalta.

– “Un Kaioshin…” – dice Black con la voz de Goku.

Vegeta y Kibito se dan la vuelta para encontrarse con la versión oscura de su compañero.

– “No…” – rectifica Black. – “No eres un Dios… solo uno de sus peleles.” – se burla.

Kibito aprieta los dientes, enfadado pero asustado.

– “Miserable…” – protesta el ayudante de Kaioshin.

– “Será mejor que te vayas, Kibito.” – le interrumpe Vegeta.

– “¿Eh?” – sale de su trance Kibito. – “Sí, de acuerdo…” – recapacita. 

Black alza su mano y apunta a nuestro amigo.

– “No tan rápido” – sonríe el enemigo.

Black dispara, pero el ataque sale repelido hacia el horizonte, donde cae para estallar y hacer que todo el planeta se estremezca. Vegeta se ha interpuesto en la trayectoria y ha repelido el ataque con el canto de su mano, transformado en Súper Saiyajín 2.

– “Los Kaioshin tienen trabajo.” – dice Vegeta. – “No pueden perder el tiempo con gente como tú. Ya deberías saberlo.”

Kibito desaparece con la teletransportación kai-kai.

Black aprieta los dientes, frustrado, pero pronto sonríe de nuevo.

– “Parece que te han contado mi historia…” – dice el Goku oscuro.

– “Un Dios con ansias de destrucción…” – responde Vegeta.

Black niega con la cabeza. El comentario de Vegeta le ha hecho gracia.

– “Tsk…” – niega el Dios con desprecio, sin perder la sonrisa. – “Primero me encargaré de ti… Espero que los Kaioshin presten atención, porque pronto llegará su turno.” – dice mirando al cielo.

En el Planeta Sagrado, el viejo Dios, Shin y el recién llegado Kibito siente como la mirada aterradora de Black se clava en sus almas a través de la esfera del anciano. Una gota de sudor frío recorre la sien del Ro Kaioshin.

Vegeta sonríe.

– “Esta vez será distinto” – dice el saiyajín, que menea su cola.

– “¿Eh?” – se fija Black en el nuevo apéndice del guerrero.

El saiyajín aprieta sus puños con fuerza y aprieta los dientes.

– “Grrrr…” – gruñe Vegeta. – “¡GRRRR…!” – cada vez más fuerte.

El aura de Súper Saiyajín se torna esférica y cada vez más luminosa.

En la mente del Príncipe, la visión de la luna llena.

– “¡¡GRRRRAAAAAAAAHHH!!!” – grita a pleno pulmón.

El grito desgarrador se convierte en el rugido del ozaru.

La energía contenida en la esfera de luz estalla, sacudiendo Namek. Black tiene que cerrar ligeramente los ojos para no quedar cegado.

Tras el estallido, el planeta vuelve a la calma y Black puede ver al guerrero que tiene enfrente.

El cabello de Vegeta es parecido al del Súper Saiyajín 3, pero cubre parcialmente sus hombros. Sus ojos son verdes y están rodeados por ojeras del mismo color rojo que los ojos del ozaru. Sus colmillos han crecido ligeramente. La ropa del saiyajín sigue intacta.

Black observa con atención a su enemigo, con rostro inexpresivo.

Vegeta sonríe.

En el planeta de los Kaioshin, los Kibito y Shin celebran.

– “¡LO HA LOGRADO!” – exclama Shin. – “¡LA TRANSFORMACIÓN HA SIDO UN ÉXITO!”

El anciano sufre.

Black sonríe a modo de mofa.

– “¿Esto es todo?” – fanfarronea el Dios, que alza su mano apuntando al saiyajín. – “¡No me impresionas!”

Black dispara un poderoso ataque de ki morado que impacta en Vegeta y provoca una gran explosión.

Las celebraciones cesan en el Planeta Sagrado.

Cuando la humareda se disipa, revela que Vegeta no se ha movido y ha encajado el impacto directo. La parte superior de su uniforme se ha desintegrado, revelando el pelaje amarillo que cubre su cuerpo, pero él no ha sufrido ningún daño.

Black parece sorprendido por la resistencia de su adversario.

Shin y Kibito celebran de nuevo. 

Vegeta no ha perdido su media sonrisa fanfarrona.

– “Este es tu final, Dios de pacotilla…” – dice el saiyajín, que se apunta a sí mismo con el pulgar. – “…porque vas a enfrentarte al máximo exponente de la raza saiyajín… ¡El verdadero Súper Saiyajín de la leyenda! ¡El Rey Vegeta!”

DBSNL // Capítulo 197: Dos estrellas

DBSNL // Capítulo 197: Dos estrellas

“Mi padre me ha enseñado a pelear.”

En Dorakiya, Hit y Janemba han desaparecido. Trunks llora de rodillas la pérdida de su compañero y maestro. Shula sostiene el vial oscuro en la mano y Reitan lo observa.

– “Tenemos que transportarlo cuanto antes.” – dice el herajín.

– “Saldremos enseguida” – dice el ira-aru.

La nave de Shula se alza en el horizonte y desaparece.

– “Maldita sea…” – protesta el herajín.

En la nave, Bra pilota. Pan está sentada en el asiento del copiloto.

Madas se sienta, un poco mareado. Ub intenta consolarlo.

De repente, el terrícola siente algo extraño.

– “Janemba…” – dice Ub. – “No siento su presencia…”

– “¿Qué significa eso?” – pregunta Pan.

– “¡¿Habrá ganado Trunks?!” – se emociona Bra.

– “¿Damos la vuelta?” – sugiere la hija de Gohan.

– “Trunks os ha pedido que le dejéis pelear…” – interviene Madas. – “Si nos equivocamos y os ponéis en peligro, todo habrá sido en vano.”

Los tres jóvenes meditan un instante.

– “Está bien…” – dice Bra. – “Es el momento de regresar a la Tierra.”

Pan asiente.

– “Por cierto, Bra… ¿Cómo puedes estar manejando esta nave?” – pregunta Pan.

– “Es un sistema sencillo.” – dice la terrícola. – “Hecho para que cualquiera pueda llevarlo sin ser piloto. Vi pilotar a Shula y…”

– “Tu familia sois algo especial…” – sonríe Pan, mientras una gota de sudor recorre su frente, viéndose incapaz de algo así.

Trunks se pone en pie, apoyado en su espada.

– “¿Estás bien, muchacho?” – le pregunta Reitan.

El mestizo asiente.

Shula se acerca a él.

– “Me he quedado sin nave…” – dice el ira-aru. – “¿Podrías llevarme a cierto lugar?”

– “Por supuesto.” – responde Trunks, limpiándose las lágrimas. – “Al fin y al cabo, siento que ha sido culpa mía.”

Reitan se acerca al chico y le coloca la mano en el hombro.

– “Hit era un guerrero extraordinario.” – dice el herajín. – “Estoy orgulloso de haber peleado al lado de una leyenda.”

– “Era marido y padre.” – dice Trunks. – “Y se sacrificó por todos.”

– “Llévame y acabemos el trabajo.” – dice Shula.

Trunks asiente.

En el planeta donde se ocultan los resquicios de la Patrulla Galáctica, Strai prepara la comida en una tienda de campaña mientras Kick intenta ayudar.

Cerca de allí, Punch entrena con Ganos y Obni, enfrentándose al segundo bajo la supervisión del primero. Punch lleva la ofensiva con movimientos que recuerdan a los de su padre.

– “Te mueves muy bien, chico…” – le felicita Ganos.

– “Mi padre me ha enseñado a pelear.” – presume Punch.

– “Ya lo veo…” – dice Obni. – “Movimientos precisos, sin desperdiciar energías…”

Obni emite un silbido que distorsiona la precepción de Punch.

De repente, éste recibe un puñetazo en la cara y cae de espaldas.

– “Pero te falta experiencia.” – presume Obni.

Cheelai se acerca a los tres personajes.

– “No sabía que pelearas tan bien, Punch.” – le felicita la breench.

– “No es suficiente.” – protesta él, escupiendo a un lado.

– “Eres joven.” – sonríe Cheelai. – “Mejorarás.”

En Tritek, Gohan y Krilín han regresado a la nave. 

– “¡Tenemos la Dragon Ball, chicos!” – celebra Krilín.

– “¡Ha costado, pero estamos aquí!” – dice Gohan.

Al subir al vehículo, se encuentran a Mai consuela a un asustado Baicha. 

– “¿Qué ha pasado?” – pregunta Gohan.

Krilín siente una extraña presencia y se dirige al dormitorio.

Al entrar se encuentra a Ten Shin Han sentado en la cama, observando la Bella Durmiente aún en el suelo.

– “Ten…” – dice el terrícola. – “¿Qué ocurre? ¿Qué hace la piedra en el suelo?”

– “He sentido algo terrible…” – dice Ten. – “Al tocarla he visto el horror de Namek y de este planeta… y muchos otros.”

– “¿Horror?” – se asusta Krilín.

– “Muerte…” – añade Ten.

Gohan entra en la sala.

– “¡Tenemos la Dragon Ball!” – dice el mestizo, que se la lanza a Ten.

El terrícola la caza al vuelo.

– “Ya tenemos una…” – dice Ten.

Gohan ve la Bella Durmiente.

– “¿Y esto?” – dice inocente mientras se agacha a recoger el cristal.

Ten Shin Han y Krilín se ponen nerviosos.

– “¡ESPERA!” – exclama Ten. – “¡NO LO…!”

Gohan lo ha recogido sin problemas y juega con él, lanzándolo al aire y recogiéndolo con su mano derecha.

– “¿Qué ocurre, chicos?” – se extraña Gohan.

Los dos humanos se quedan de piedra, sorprendidos de que Gohan no haya sentido nada.

– “¿Eh?” – murmura Ten. – “Pero…”

Gohan se acerca a su mesita y coloca la Bella Dormiente en el cajón.

– “Tengo que decirle a Baicha que deje de tocar estas cosas…” – dice Gohan.

Krilín y Ten se miran confusos.

– “¡Pino! ¡Nos vamos!” – exclama al androide, que sigue en la cabina.”

Muy lejos de allí, una nave en forma de seta se adentra dentro de un campo de asteroides. Son los hermanos Para-para.

– “¿Seguro que es aquí?” – pregunta el pequeño.

– “Casi hemos llegado a las coordenadas que nos dio Meerus…” – dice el líder. – “Es por aquí.”

Un asteroide choca contra la nave, haciendo que todo se estremezca.

– “Yo no estoy tan seguro…” – desconfía el tercer hermano.

– “¡Silencio!” – protesta Bon-Para. – “¡Centraos!”

– “Sí, sí…” – intentan ser valientes.

De repente, el radar se apaga.

– “¿Qué le pasa a esto?” – refunfuña Son-Para, que aporrea el panel.

– “¡Lo vas a romper!” – protesta su hermano.

Las luces y los motores de la nave se apagan, quedando a la deriva.

– “¿Qué ocurre?” – se asustan los tres. – “¿Qué significa esto?”

Por la ventanilla no se ve nada. Oscuridad absoluta.

De repente, algo frente a ellos se mueve y deja pasar un pequeño rayo de luz. Es una gigantesca fragata espacial a la deriva que se dirige hacia ellos.

– “¡¡PREPARÁOS PARA EL IMPACTO!!” – exclama Bon-Para.

En Dorakiya, Trunks, Shula y Reitan han llegado a la nave del mestizo.

– “Creo que tú tampoco tienes nave…” – dice Shula.

La vieja nave de la Corporación Cápsula ha recibido graves daños por la lluvia de ki generada por Janemba.

Una voz aguda y estridente les sorprende.

– “Me ha parecido oír que necesitáis una nave…” – dice la voz.

Los tres guerreros se dan la vuelta y se encuentran al pequeño y arrugado Shamo, escoltado por su fiel guardián, el misterioso Lemin.

ESPECIAL DBSNL /// Boku no Patrolman // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte IV: Reclutas

Boku no Patrolman / Parte IV: Reclutas

 “¿Cómo os llamáis?”

Por megafonía, Calamis anuncia novedades.

– “Tenemos un invitado en el palco.” – dice el patrullero. – “El señor Freezer busca reclutar a un soldado para sus Fuerzas Especiales… y el mismísimo Capitán Ginyu evaluará a los aspirantes.”

Jaco se queda pasmado ante tal anuncio.

– “¡¿FREEZER?!” – exclama el aridzuko. – “¿Qué tiene que ver el Imperio con el examen?”

Ginyu, en el centro de la falsa ciudad que funciona como área de examen, espera sus oponentes.

– “Nadie se atreve, ¿eh?” – piensa el soldado. – “Era de esperar…”

Pero de repente, alguien aparece frente a él. Es el aspirante zoon.

– “Un zoon…” – murmura Ginyu. – “Qué interesante…”

El extiende su brazo hacia Ginyu y lo sujeta con la otra mano.

– “¡HA!” – exclama al disparar un proyectil de ki.

El disparo se dirige muy rápidamente hacia el objetivo, pero Ginyu lo desvía con un sencillo revés.

El zoon parece sorprendido.

– “Un ataque directo…” – dice Ginyu. – “Era potente, pero demasiado ingenuo. ¿Pretendes sorprender al Capitán de las Fuerzas Especiales con algo así?”

De repente, como un rayo azul, el butir ataca por la espalda al simiesco enemigo, propinándole una patada doble en la nuca y haciendo que Ginyu de un paso hacia delante.

El butir de una voltereta en el aire y aterriza junto al zoon.

– “Ya veo…” – sonríe Ginyu. – “Pero solo tengo un puesto en el equipo…”

– “¿Quién ha dicho que yo quiera unirme?” – sonríe el zoon.

– “¿Eh?” – se sorprende Ginyu.

Los dos aspirantes de la patrulla sonríen.

Calamis y Gicchin, en el puesto de mando, se miran de reojo y después miran a Freezer, que observa el combate en silencio.

Los otros participantes se han quedado petrificados. No se atreven a actuar y se dedican a observar el combate.

Ginyu observa detenidamente a los dos jóvenes.

– “Tenéis agallas…” – dice el Capitán. – “¿Cómo os llamáis?”

– “Pui-pui” – revela el zoon.

El butir presume de músculos.

– “¡Yo soy el huracán azul del planeta Butir!” – exclama el joven. – “¡Burter!”

Ginyu sonríe.

– “Me gusta tu actitud…” – le dice el Capitán a Burter. – “Pero te falta práctica… ¡TE ENSEÑARÉ CÓMO SE HACE!”

Pui-pui se pone en guardia, preocupado.

Ginyu, en lugar de atacar, presume en distintas y extravagantes poses de pelea.

– “¡¡SOY EL LÍDER DE LAS FUERZAS ESPECIALES IMPERIALES!!” – exclama el gorila. – “¡¡EL ETERNO CAPITÁN GINYU!!”

Todos los presentes se quedan en silencio.

Gicchin y Calamis miran a Freezer de reojo. Una gota de sudor frío recorre la frente del hijo del Emperador.

– “Si hacéis un comentario, os mato a todos.” – refunfuña Freezer.

Pui-pui no reacciona. Siente vergüenza ajena.

– “¿Qué demonios…?” – se pregunta el zoon.

El butir parece impresionado.

– “Es temible… Está a la altura de su leyenda… ¡Me atrevería a decir que la supera!” – piensa el joven Burter.

El gorila decide atacar. Sin previo aviso y con un movimiento veloz, se presenta frente al zoon y le propina un puñetazo que lo lanza contra un edificio cercano.

Ginyu dispara una onda de energía a Burter, pero éste usa su velocidad para evitar el impacto.

– “Eres rápido…” – piensa Ginyu.

De repente, un disparo directo sorprende al Capitán e impacta contra su abdomen; ha sido Pui-pui, que ya se ha repuesto del golpe.

– “Resistente…” – piensa Ginyu.

Burter embiste a Ginyu y le propina una patada en la mejilla. El Capitán agarra el pie del butir y lo estampa contra el suelo.

El zoon ataca y propina un puñetazo en la cara de Ginyu.

El Capitán está por encima del nivel de los muchachos y ni se esfuerza en defenderse.

Ginyu golpea al zoon en el abdomen y éste se retuerce de dolor.

– “Me pareces demasiado serio para mi equipo…” – dice el gorila.

– “No quiero formar parte de tu estúpido equipo…” – protesta Pui-pui, que escupe sangre al suelo.

Ginyu agarra la cabeza del zoon y le propuna un rodillazo en la nariz.

– “¡AAH!” – grita de dolor Pui-pui.

El Capitán agarra de nuevo la cabeza del zoon por detrás y lo estampa contra el suelo.

– “Faltarme al respeto a mí es faltar al respeto al señor Freezer…” – dice el simio. – “Y eso se paga caro.”

El gorila, sin soltar la cabeza de Pui-pui, la estampa repetidas veces contra el suelo.

Los golpes hacen temblar la falsa ciudad. Los presentes cierran los ojos para no ver tan salvaje tortura.

Jaco contempla la escena aterrado.

– “¿Por qué?” – se pregunta el aridzuko. – “¿Por qué se permite esto? ¿Qué están haciendo los organizadores? ¡¿Por qué no interviene el gran Gicchin?!”

Gicchin, en el puesto de control, cierra los ojos y respira hondo. Calamis tiene que mirar para otro lado.

Freezer ni se inmuta.

Los golpes continúan.

Burter, aún en el suelo, detrás de Ginyu, se plantea intentar sorprenderlo. El Capitán, sin dejar de golpear a Pui-pui, le habla.

– “Si quieres formar parte de mi escuadrón, aquí tienes mi primera orden…” – dice Ginyu. – “No hagas nada.”

Burter, asustado, traga saliva y no reacciona.

Jaco aprieta los puños con rabia.

– “Basta…” – refunfuña el aridzuko. – “Ya basta…”

Los golpes continúan.

– “¡¡YA BASTA!!” – exclama Jaco.

El aidzuko corre hacia Ginyu y Pui-pui, pero antes de poder hacerlo, Gicchin aparece en el centro del campo de entrenamiento y agarra la mano de Ginyu.

– “¿Eh?” – se sorprende el Capitán.

– “Ya es suficiente.” – dice Gicchin.

Freezer, al ver a Gicchin en el terreno de examen, mira a su lado, dónde este estaba antes.

– “Impresionante…” – piensa el tirano. – “Muy impresionante…”

Ginyu y Gicchin se miran a los ojos.

– “¿Te atreves a interferir?” – dice el Capitán.

– “El castigo que ha recibido es suficiente.” – dice Gicchin. – “No volverá a faltar a tu señor.”

– “¿Mi señor?” – frunce el ceño Ginyu. – “También es el tuyo…”

En el centro de mando, Berriblu y Kikono observan lo ocurrido.

– “Esto no es bueno…” – dice Kikono. – “No nos conviene enemistarnos con la Patrulla Galáctica…”

– “¿Tienes miedo, Kikono?” – se mofa Berriblu.

– “Son aliados queridos por el Rey Cold.” – dice el anfibio. – “Nos facilitan el trabajo…”

– “No he dicho que no tengas razón” – sonríe la mujer.

Ginyu y Gicchin están de pie, cara a cara, desafiantes.

Freezer da un paso al frente.

– “¡GINYU!” – exclama el tirano. – “¡RETÍRATE!”

Tanto Ginyu como Gicchin se sorprenden ante la petición del tirano.

– “Señor Freezer…” – murmura el Capitán.

Freezer da la espalda a todos.

– “Ha sido un placer visitar Aridzuka” – sonríe el demonio del frío antes de abandonar la sala.

Ginyu, sin dejar de mirar de reojo a su contrincante, le da la espalda.

– “Vamos, chico.” – le dice a Burter.

El Capitán emprende el vuelo para reunirse con su señor.

El butir se pone en pie y se queda un instante desconcertado, dudando, pero no tarda en agachar la cabeza y seguir a Ginyu.