DBZ/S – SAGA BLACK REIMAGINED / Capítulo 15: Clash

DBZ/S – Saga Black Reimagined / Capítulo 15: Clash

En el futuro, en la nave de Babidí, en el nivel más profundo, la bola del cristal del brujo se ilumina.

Dabra, que meditaba cerca de allí, es alertado por el resplandor del artefacto.

– “¿Eh?” – se extraña el demonio.

En una oscura habitación, el brujo está sentado en una pequeña cama circular, tapado con una manta, de espaldas a la puerta.

Dabra entra en el camarote.

– “Señor…” – dice el demonio. 

– “Jamás lo lograremos, Dabra…” – dice el brujo, apenado y sin ganas. – “Todo ha sido en vano… Hace falta demasiada energía… y este planeta está muerto…”

– “Hay alguien en la entrada…” – insiste Dabra.

– “Será otro dientes de sable…” – suspira el brujo.

– “No, Señor.” – dice el demonio. – “Tiene que verlo usted mismo.”

En la superficie, Gohan, Shin y Kibito espera frente a la puerta. El mestizo parece confiado, pero los Dioses tienen dudas. Despertar al temible Majin Bu les aterroriza.

– “¿Qué hacemos ahora?” – pregunta Shin.

– “Esperar.” – responde Gohan.

En el sótano, Babidí no se puede creer quién está en su puerta.

– “Es… es el Kaioshin del Este…” – titubea el brujo. – “Nos ha encontrado…”

– “¿Qué quiere que haga, Señor?” – pregunta Dabra. – “No podemos usar la energía de los Dioses… pero ese chico puede sernos útil… Percibo en él un poder muy por encima de los terrícolas que hemos visto hasta ahora…”

– “¿Muy por encima?” – pregunta el brujo, intranquilo.

– “Extraordinario para un humano…” – sonríe Dabra. – “Pero nada de lo que el Rey de los Demonios no se pueda encargar.”

El brujo sonríe.

– “Bien… bien…” – dice Babidí. – “Dejémosles pasar, pues…”

En la superficie, la compuerta se abre.

– “¡Ya era hora!” – sonríe Gohan, que con decisión entra en la nave.

Shin y Kibito se miran desconfiados antes de seguir al mestizo.

En el otro futuro, Mirai Trunks ha regresado a la Corporación Cápsula. Bulma, vestida con su mono de trabajo, prepara la Máquina del Tiempo para el nuevo viaje de su hijo. Shin y Kibito esperan en una esquina, sorprendidos y curiosos al ver tal aparato.

El mestizo ha contado a su madre el encuentro que tuvo con su versión contemporánea.

– “Me alegro de que esté bien.” – sonríe ella. – “Y también Son Gohan… y Goku…”

– “Están todos bien.” – reafirma el mestizo.

Bulma conecta una manguera de combustible al vehículo.

– “Pronto estará lista.” – dice Bulma, levantando el pulgar.

– “Gracias, mamá.” – responde el mestizo.

Bulma recuerda algo.

– “¡Casi se me olvida!” – exclama ella.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Trunks.

– “Tengo algo para ti.” – le guiña un ojo su madre.

En el presente, en la Atalaya de Kamisama, el cielo se ha teñido de morado con el poder de Zamas, cuyo ki se ha manifestado a su alrededor como si de una llama se tratara.

– “Mortales…” – refunfuña el mestizo. – “No entienden cuál es su lugar…”

Majin Bu y Trunks se preparan para lo peor.

– “Su poder es devastador…” – murmura el monstruo.

Una gota de sudor recorre la sien del mestizo.

– “Señor Kaioshin…” – le dice Trunks a Bu. – “¿Puede llevarse a los demás lejos de aquí?”

– “¿Eh?” – se extraña el Dios.

– “Tengo entendido que los Dioses pueden teletranspotarse a cualquier lugar del universo…” – dice Trunks. – “¿Puede hacerlo usted pese a estar en el cuerpo de Bu?”

Bulma, al oír a su hijo, se acerca a él, asustada y enfadada.

– “¡¡Trunks!!” – protesta ella. – “¡¿Qué estás diciendo?!”

El mestizo sonríe.

– “Hace un momento he podido sentir un futuro en el que no estabais vosotros…” – dice Trunks. – “No dejaré que eso ocurra de nuevo.”

– “¿El futuro?” – se extraña el Dai Kaioshin.

– “¡Kaioshin!” – exclama Trunks, apresurando al Dios. – “¡¿Puede hacerlo o no?!”

Bu sale de su trance y asiente.

– “Puedo hacerlo… Si algo tiene este cuerpo su adaptabilidad…” – dice el monstruo. – “Pero, Trunks… No puedes derrotar a Zamas tú solo…”

Trunks esboza una media sonrisa forzada.

El Dios se sorprende al entender la determinación del chico.

Trunks sale volando hacia el enemigo.

Bulma cae de rodillas mientras extiende la mano hacia su hijo.

– “¡¡TRUNKS!!” – grita la apenada madre.

Majin Bu vuela hacia ella y la agarra.

– “¡ACERCAOS TODOS!” – exclama Bu.

Trunks vuela hacia el Hakaishin.

– “Papá… Son Gohan…” – piensa el chico. – “Los dos lo habéis dado todo por este planeta… Ahora me toca a mí.”

Zamas mira a su enemigo acercarse a toda velocidad.

– “Insensato…” – gruñe el Dios, molesto.

Bu ha reunido a los demás en la Atalaya.

– “¡Nos marchamos!” – exclama el Kaioshin.

En el futuro, Son Gohan, Shin y Kibito esperan en el primer nivel de la nave del brujo.

– “¡Babidí!” – exclama Gohan. – “¡Saca ya a tus luchadores! ¡Pui-pui! ¡Yakkon! ¡O que venga Dabra directamente! ¡Quiero ayudarte a despertar a Majin Bu!”

El brujo y el demonio observan desde la bola de cristal.

– “¿Qué dice este tipo?” – suda Babidí. – “¿Cómo sabe todo esto?”

– “Yo me encargaré de él, Señor.” – dice Dabra. – “No se preocupe.” – añade, poniendo rumbo al ascensor.

Shin se acerca a Gohan con cierta preocupación.

– “Son Gohan…” – dice el Kaioshin. – “Estás seguro de que…”

– “Chico…” – añade Kibito. – “Subestimas al brujo…”

La compuerta de la sala circular se abre. El Rey de los Demonios aparece.

– “Je, je…” – sonríe Gohan.

– “Bienvenidos a la nave del Amo Babidí.” – saluda Dabra.

– “Es él…” – se asusta Shin.

– “Muchacho…” – dice el demonio. – “Parece que sabes mucho sobre nosotros…”

– “Es una larga historia… que ocurrió en otro mundo…” – se rasca la cabeza Gohan. – “Pero el asunto es que necesito hablar con un Dios que está encerrado dentro de Majin Bu… Así que estoy aquí para ayudaros a despertar a vuestro monstruo.”

– “¿Eh?” – dice un Dabra confundido.

El demonio mira de reojo a Shin y a Kibito, y ambos asienten.

– “¿Oye eso, mi Señor?” – pregunta Dabra.

– “Lo oigo…” – dice el brujo con telepatía. – “Pero no me fío de ese Dios de pacotilla… ¡Mató a mi padre!”

– “Está bien, Señor.” – sonríe el demonio. – “Le sacaré la verdad.”

Gohan frunce el ceño y su ki estalla, haciendo estremecer toda la nave entera.

– “¡¿QUÉ?!” – se asusta Dabra.

Babidí cae al suelo por el temblor.

– “¡¿QUÉ DEMONIOS ES ESO?!” – se pregunta el brujo.

Dabra aprieta los dientes, frustrado y furioso de tener frente a él a alguien más fuerte.

– “Maldito…” – gruñe el diablo.

De repente, sin que el demonio pueda reaccionar a sus movimientos, Gohan aparece delante de él y le golpea en el abdomen.

Dabra da un paso atrás, agarrándose la barriga, y se arrodilla de dolor.

– “No… ¿Cómo…?” – se pregunta el diablo. – “¿Cómo es posible?”

El demonio, humillado, tiene una idea perversa. Un pequeño carraspeo delata su intención.

Antes de poder hacer nada, Gohan le pisa la cabeza, incrustándola en el suelo de la nave.

– “Ni lo intentes…” – dice el mestizo. – “Conozco tus trucos.”

Babidí, que ya se ha puesto en pie, se queda de piedra al ver lo sucedido.

– “No… D… Dabra…” – titubea el mago.

Gohan habla de nuevo.

– “¡YA HE DERROTADO A TU MEJOR LUCHADOR!” – exclama el mestizo. – “¡HABLEMOS CARA A CARA! ¡QUIERO AYUDARTE A DESPERTAR A BU!”

El brujo, impotente, suspira resignado.

– “No tengo otra opción…” – dice Babidí. – “Paparappa…” – canta con desgana.

Gohan, Shin y Kibito aparecen en la superficie junto a Babidí, un inconsciente Dabra, y el huevo de Majin Bu.

– “Al fin…” – sonríe Gohan.

– “Babidí…” – frunce el ceño Shin.

– “Veamos…” – suspira el brujo. – “¿Qué queréis…?”

En el otro futuro, en la Corporación Cápsula, Bulma ha traído algo para Trunks.

– “Aquí tienes.” – sonríe ella.

– “¿Eh?” – se sorprende el mestizo. – “Esto es…”

Bulma le ha entregado al mestizo su vieja cazadora vaquera plegada y la espada.

– “Son tuyas… de mi hijo…” – dice ella.

– “Mamá…” – se emociona Trunks.

En ese instante, la Máquina del Tiempo hace un ruido extraño e interrumpe el momento. El tanque de combustible se ha vaciado.

Bulma sonríe mirando el vehículo.

Trunks salta a la cabina y mira el indicador.

– “Pero…” – se sorprende el chico.

– “Un viaje.” – sonríe Bulma, melancólica.

Trunks se pone serio y se enfunda su cazadora para luego ponerse la espada en la espalda y abrocharse la funda.

Bulma sonríe orgullosa.

– “Está todo en tus manos, hijo.” – piensa ella, recordando a su verdadero Trunks. 

En el presente, el joven Trunks carga contra Zamas.

El Dios apunta al mortal con la mano.

– “Desaparece con tu planeta, escoria.” – sentencia el Hakaishin.

Zamas dispara una esfera de energía del tamaño de su palma, pero que al avanzar unos metros se transforma en un gigantesco ataque que cubre el cielo terrestre.

– “¡¿EH?!” – se sorprende Trunks.

El mestizo aprieta los dientes y, lejos de detener su marcha, aumenta su velocidad hacia el ataque enemigo.

En el futuro, Son Gohan ha dejado que el brujo robe su energía con una urna y éste la inyecta en el huevo de Bu, que enseguida empieza a emitir un humo denso a presión por los orificios de la base en la que está posado.

– “¡Im…! ¡Impresionante!” – exclama Babidí. – “¡Otra más y despertará!”

– “¿Estás bien, Gohan?” – pregunta Shin.

– “Sí…” – dice el mestizo, taponando la herida en su costado. – “No es nada…”

Kibito se acerca al mestizo y posa sus manos sobre él, recuperando así su energía.

– “Yo me encargo de reponer tus fuerzas.” – dice el ayudante de Kaioshin.

En el presente, el joven Trunks alcanza el ataque del enemigo y lo empuja con ambas manos, intentando frenar su caída. Su esfuerzo es brutal. Sus muñequeras se desintegran.

– “Grrrr…” – gruñe el mestizo, usando el Kaio-josho. – 

En el otro futuro, Trunks se despide de su madre con un abrazo.

– “Mucha suerte, hijo.” – dice Bulma.

– “Adiós, mamá.” – responde él.

En el presente, Trunks sigue esforzándose para detener el ataque, logrando ralentizarlo.

– “No…” – gruñe el mestizo. – “¡No dejaré que destruyas la Tierra!”

– “Idiota…” – protesta el Dios. – “¡¿Por qué no aceptas tu destino y mueres de una vez?!”

El Hakaishin lanza una nueva esfera de ki que avanza rápidamente y cae sobre la anterior, duplicando así el tamaño de esta.

– “¡¿EH?!” – se asusta Trunks.

El ataque del enemigo, ahora del tamaño de la luna, avanza de nuevo, haciendo retroceder a nuestro valiente amigo.

En el futuro, Babidí ha inyectado a Bu la segunda urna de ki, y el humo denso aumenta.

– “¡¡VA A DESPERTAR!!” – exclama Babidí, feliz.

Kibito cura a Gohan. Una gota de sudor recorre la frente de Shin.

En el otro futuro, Trunks ha subido a la Máquina del Tiempo, que se cierra, lista para marchar. Shin y Kibito se despiden del mestizo asintiendo.

– “Buena suerte, Trunks.” – murmura Shin.

En el presente, el joven Trunks está siendo empujado sin remedio por el ataque enemigo.

– “No… ¡Aún no…!” – gruñe el mestizo. – “¡¡NO PUEDO PERMITIRLO!!”

Su aura se reaviva y se vuelve más violenta. Su musculatura aumente y la parte superior de su gi se desintegra.

– “¡¡PADRE!! ¡¡GOHAN!!” – exclama Trunks. – “¡¡MIRADME!! ¡¡NO PIENSO RENDIRME!!”

De repente, el mestizo sufre una jaqueca. Imágenes de un futuro que le es extraño se cuelan en su mente.

En el futuro, la Máquina del Tiempo se eleva y empieza a brillar cuando el mestizo sufre como su contraparte.

En el otro futuro, el huevo de Majin Bu se abre ante la atenta mirada de los asistentes.

En el presente, el ataque de Zamas se ralentiza de nuevo.

– “¿Eh?” – se sorprende el Hakaishin.

Los músculos de Trunks se desgarran a medida que él empuja.

– “¡¡GGRRRUAAAAAAAHH!!” – brama el mestizo, llevando su cuerpo más allá del límite con el Kaio-josho.

Asombrado por la determinación y el poder del chico, Zamas se limita a observar. El Dios puede sentir tres presencias distintas oponiéndose a él.

Los recuerdos de los dos Trunks futuros han dado fuerzas al mestizo, que siente como gracias a ellos ha podido llevar su técnica hasta este extremo.

De repente, el ataque morado brilla más intensamente… y finalmente estalla en el cielo.

DBSNL // Capítulo 204: Golpe sísmico

DBSNL // Capítulo 204: Golpe sísmico

“Si vais a intentar detenerme, hacedlo como herajín.”

En el planeta Kabocha, Trunks, visiblemente cansado, se acerca al malherido Lemin, que yace en el suelo con la espada de hierro katchin clavada en su abdomen.

– “Saiyajín…” – gruñe Lemin, mirando a su enemigo, casi sin fuerzas, ahogándose en su propia sangre.

– “Lo siento…” – dice Trunks. – “No me has dejado elección…”

– “Grr…” – gruñe de nuevo el tetsuhada. – “La Patrulla Galáctica siempre dispuesta a defender el universo…”

– “Esto no se trata de la Patrulla, Lemin…” – responde el mestizo. – “Hay mucho más en juego.”

– “Sea cual sea el conflicto, terminará…” – dice el lagarto. – “… y cuando eso ocurra, hay que estar en el mando ganador…”

– “No hay bando ganador…” – dice Trunks. – “Ese brujo quiere rehacer el universo a su imagen… He estado en el Makai… en su mundo… y créeme, no quieres eso.”

Lemin mira el cielo de Kabocha.

– “No he podido cumplir mi promesa al señor Shamo…” – dice el tetsuhada. – “No estaré para protegerlo…”

– “Parece que aprecias a tu señor…” – dice el mestizo.

– “Aprecio mi palabra.” – responde Lemin.

– “¿Aunque cumplirla implique asesinar inocentes?” – pregunta Trunks.

– “Inocentes…” – sonríe Lemin. – “Jamás he conocido a nadie a la altura de ese adjetivo…”

Trunks agacha la cabeza, pensativo. Lemin exhala su último aliento.

En ese instante, Shula aterriza al lado del mestizo.

– “¿Qué ha pasado aquí?” – se pregunta el ira-aru.

Mientras tanto, Elec y Reitan han visto el resplandor en el cielo del golpe que ha acabado con la vida del tetsuhada.

– “¿Qué ha sido eso?” – se pregunta Elec.

Reitan aprovecha la ocasión para saltar sobre el enemigo y propinarle un rodillazo en la barbilla, haciéndole retroceder.

– “Sucia rata…” – refunfuña Elec.

– “Por mis venas corre la misma sangre que por las tuyas, Retsu…” – dice Reitan. – “No lo olvides.”

Elec propina un puñetazo a Reitan, y el herajín se cubre con ambos brazos para detener el golpe, pero aún así sale repelido, aunque sin caerse, deslizándose sobre el suelo.

– “¿Osas usar ese nombre?” – gruñe Elec.

– “Elec, Maki, Oil…” – dice Reitan. – “Nombres de esclavo.”

– “Esclavo, ¿eh?” – sonríe irónicamente Elec. – “¿Crees que somos sirvientes de los Heeter?”

– “Retsu, Okure, Jidai…” – continúa Elec. – “Si vais a intentar detenerme, hacedlo como herajín.”

– “idiota…\” – gruñe Retsu, furioso. – “¡NOSOTROS SOMOS LOS VERDADEROS CABECILLAS DE LOS HEETER!” 

En el balcón de la nave cangrejo, Shosa Nádor escucha la conversación.

– “Debí suponerlo…” – murmura el lupino. – “Maldita sea… Esto se complica…”

Retsu embiste a Reitan, espada en alto, pero una patada en la cara del herajín lo desvía de su objetivo, haciendo que se estrelle contra el suelo y salga rebotado contra una pata de la nave.

– “Trunks…” – sonríe nuestro amigo herajín.

El mestizo, transformado en Súper Saiyajín, ha llegado para ayudar a su compañero.

– “Lo siento, pero tu amiga y Lemin me han retrasado…” – responde Trunks.

– “Lemin, ¿eh?” – dice Reitan. – “Ese Shamo…” – gruñe, enfadado.

– “Nos encargaremos de eso luego.” – responde Trunks.

Elec se pone en pie, furioso, y observa detenidamente al mestizo.

– “Cabello dorado… ojos verdes…” – murmura el herajín. – “Tú debes de ser el Súper Saiyajín de la Patrulla Galáctica…”

Trunks y Reitan se ponen en guardia y reavivan sus auras.

– “Luchemos juntos.” – dice Trunks.

Reitan sonríe al recordar las leyendas que se han transmitido verbalmente en su pueblo, de generación en generación, y asiente.

Dibujado por Beldum

En el balcón de la nave, Shosa se retira.

– “Esto no acabará bien…” – piensa el lupino.

En ese instante, Shula desciende frente a él.

– “Tienes razón.” – dice el ira-aru, que leyó su mente. – “No acabará nada bien.”

Mientras tanto, en Jung, Gohan, ahora transformado en Súper Saiyajín 3 completo, y el demonio se miran encuentran cara a cara.

– “Así que ocultabas todo este poder…” – murmura el diablo. – “Ya veo… No me extraña que derrotaras a mi hermano…”

– “Y contigo no tendré tanta piedad.” – responde Gohan.

El demonio sonríe.

– “Puedo sentir una rabia feroz en ebullición dentro de ti…” – dice el diablo. – “Qué interesante…”

– “La parte más primitiva de los saiyajín no es fácil de controlar.” – responde Gohan. – “Al transformarnos, nuestros viejos instintos intentan manifestarse.”

– “¿Y qué te impide darles rienda suelta?” – pregunta el demonio con retintín.

En un abrir y cerrar de ojos, Gohan aparece frente al enemigo y le propina un codazo en la cara.

– “Hablas mucho.” – dice el mestizo.

Gohan da una vuelta sobre sí mismo y propina una patada giratoria al diablo, haciéndole dar varias vueltas sobre sí mismo, como una peonza.

El enemigo se agarra a su martillo, apoyado en el suelo, para dejar de girar.

– “Bastardo…” – gruñe el demonio.

El diablo levanta un poco su arma y la estampa de nuevo contra el suelo, generando un muro de piedra azulada entre él y Gohan.

El demonio aprovecha el momento para recomponerse, limpiarse la sangre de su rostro y ponerse en guardia, martillo en mano.

El muro estalla en mil pedazos, Gohan lo ha destruido con un ataque de energía.

– “Cobarde…” – dice el mestizo.

El demonio aprieta los dientes, frustrado.

En la nave ovalada, Heeter ha sido atrapado por Krilín, que lo estampa contra una de las paredes del pasillo.

– “¡¿Dónde están los prisioneros?!” – pregunta el terrícola, agarrando al pirata de la solapa.

– “No lo sé…” – responde Heeter. – “Yo solo… ¡Yo ya no soy nadie!”

Krilín lo sacude de nuevo.

– “¡¿Dónde?!” – insiste nuestro amigo.

– “¡En el nivel dos!” – exclama Heeter, cerrando los ojos con fuerza, asustado. – “¡Ahí están los calabozos!”

Krilín deja al pirata sentado en el suelo y pone rumbo al nivel dos.

Heeter, furioso, recurre a la parte trasera de su cinturón y desenfunda una pistola que recuerda a un mosquetón pirata.

– “Desgraciado…” – gruñe Heeter. – “Me las pagarás…” – apunta a Krilín por la espalda.

El pirata aprieta el gatillo.

Un disparo de energía atraviesa a Krilín… que resulta ser una imagen residual.

El terrícola se encuentra de pie junto a Heeter.

– “Miserable…” – aprieta los dientes Krilín.

– “¡¿Qué?!” – se asusta el pirata. – “¡Yo…! ¡No…!” – intenta excusarse.

El terrícola arrebata el arma al enemigo y la estruja en su mano, destruyéndola. 

– “¡POR FAVOR!” – suplica Heeter. – “¡PIEDAD!”

Krilín propina un codazo sobre la cabeza del pirata y lo noquea.

– “Ahí te quedas.” – sentencia el terrícola, que se marcha rumbo a los calabozos.

Mientras tanto, Pino se encuentra junto a la destartalada nave de la Patrulla y ha dado píldoras senzu a Ten Shin Han y a Mai, que descansan en el suelo.

– “¿Eh?” – despierta Ten. – “¿Qué ha pasado?”

– “Os he dado cápsulas que había en el botiquín de la nave.” – explica Pino. – “No curarán vuestras heridas, pero os sentiréis mejor.”

– “Ay, ay…” – se queja Mai.

– “¿Y el enemigo?” – pregunta Ten.

– “Gohan se está encargando de él.” – dice Pino.

– “¡¿Y el niño?!” – se asusta la mujer. – “Huyó de la nave por la trampilla inferior…”

– “No lo sé…” – dice Pino. – “Parece que el enemigo desconoce su existencia, así que debería estar bien, siempre que haya evitado meterse en líos…”

Baicha corre por una mina, escurriéndose entre la batalla campal que ha tenido lugar entre esclavos y guardias, y metiéndose en una oscura gruta en la que no hay nadie.

De repente, frente a él, un hombre de roca se manifiesta, brotando del suelo, lo que aterra al chico, que aprieta la Dragon Ball de cinco estrellas contra su cuerpo.

En Kabocha, Trunks y Reitan embisten a Retsu, que detiene los dos puñetazos a la vez, uno con cada mano.

– “Acabare con vosotros…” – gruñe el enemigo.

Retsu tira de los brazos de nuestros amigos y hace que se estampen entre ellos. El herajín agarra a ambos por la cara y los estrella contra el suelo.

Las manos de Retsu empiezan a brillar de color verde, alarmando a nuestros amigos. Los dos patean a la vez la cara del enemigo, haciendo que se aparte de ellos y los ataques de ki impacten contra el suelo, provocando dos explosiones que levantan una gran polvareda.

Reitan y Trunks se levantan a la vez y cargan contra Retsu, propinándole un fuerte puñetazo combinado en el abdomen.

Elec encaja el golpe doblándose ligeramente, pero enseguida reacciona agarrando las cabezas de nuestros amigos y estrellándolas la una contra la otra, dejándolos aturdidos, y luego saltando para propinarles una doble patada que los lanza contra la nave cangrejo.

Mientras tanto, en el balcón, Shula ha inmovilizado a Shosa en el suelo, doblándole el brazo en su espalda con su extremidad metálica.

– “¡Suéltame!” – exige el lupino.

– “Lo siento, Nádor…” – dice Shula, que agarra el cráneo de Shosa con su mano. – “Voy a darme un garbeo por tu mente…”

– “¡¿Qué?!” – se asusta el lupino. – “¡No…! ¡NOO!”

De repente, los ojos de Shosa se ponen en blanco.

En Jung, Son Gohan propina una paliza al diablo que, desesperado, propina un martillazo al mestizo. 

Son Gohan detiene el golpe con una mano.

El demonio se sorprende al presenciar el poder de Gohan.

La mano del mestizo ejerce tal fuerza sobre la cabeza del martillo que ésta se fractura.

– “¡¿EH?!” – se asusta el demonio.

Gohan propina un puñetazo directo a la cara del enemigo que lo empuja hacia una montaña de oro azul cercana, en la que se estrella.

El mestizo embiste de nuevo, pero cuatro clones de roca nacen de la montaña y salen a su paso; Gohan acaba con ellos con suma facilidad.

Pero cuando vuelve a fijarse en el enemigo, algo ha cambiado. Su rostro ahora esboza una media sonrisa chulesca.

– “¿Hm?” – murmura el mestizo.

Un brazo de roca brota de la montaña, junto a la cabeza del demonio, portando la esfera del dragón, y se la da de comer.

– “¡¡NO!!” – exclama Gohan, que teme lo peor.

El diablo se traga la Dragon Ball y su poder estalla, haciendo temblar Jung.

El suelo se resquebraja y un terremoto sacude el planeta. La nave ovalada empieza a hundirse. Varias minas colapsan. Los soldados y los esclavos detienen su lucha para intentar escapar del desastre.

En la nave de la Patrulla, Pino, Ten Shin Han y Mai sienten el temblor. El guerrero de tres ojos sujeta a Mai para que no se caiga. Los tres se elevan.

Son Gohan levita unos centímetros para evitar los efectos del terremoto y mira con recelo el capullo de energía demoníaca que se ha formado alrededor del enemigo.

Especial DBSNL /// Boku no Patrolman // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte V: No Apto

Boku no Patrolman / Parte V: No Apto

“Recupérate, muchacho.” 

Tras lo sucedido en el examen de acceso a la Patrulla Galáctica, el examen se interrumpió. Los aspirantes fueron valorados por el jurado revisando las imágenes de la prueba y los resultados fueron publicados en un tablón de anuncios en la fachada de la sede.

Nerviosos, todos buscan su nombre en la lista.

– “¡Ahí estoy!” – celebra Mona. – “¡He aprobado!”

Otros muchos han pasado la prueba.

Jaco busca su nombre, pero no lo encuentra. El chico cae de rodillas, abatido. Su mundo se derrumba.

– “No… he fracasado…” – murmura el aridzuko. – “He suspendido…”

Mientras tanto, en el hospital, Pui-pui se está recuperando, pero sigue en coma.

Gicchin ha ido a visitarlo y deja un sobre con el logotipo de la Patrulla sobre la mesita.

– “Recupérate, muchacho.” – murmura el héroe.

Los años pasan. En el planeta Dardon, Jaco trabaja en un puesto administrativo dentro de la Patrulla Galáctica. Hoy es día de puertas abiertas y Jaco se dedica a registrar nuevos candidatos a las pruebas de acceso.

– “Rellene este formulario” – le entrega el aridzuko el documento a un beppan.

De repente, Pui-pui entra en el edificio vestido de Patrullero, con cara de pocos amigos, como es habitual. 

Jaco, que sigue con el papeleo, ve al zoon de reojo.

– “Ese es…” – se sorprende el aridzuko.

Ver a Pui-pui le trae recuerdos dolorosos, tanto por lo sucedido como por su suspenso.

– “Ha pasado mucho tiempo…” – murmura Jaco para sí mismo.

De repente, las alarmas suenan. El planeta está siendo atacado.

– “¡La alarma!” – exclama Jaco. – “¡TODO EL MUNDO A CUBIERTO! ¡DIRIGÍOS AL REFUGIO!” – dice el patrullero. – “¡POR AQUÍ! ¡VAMOS!” – dirige.

Pui-pui abandona el edifico rápidamente.

En medio de la metrópolis, una masa de barro con aspecto humanoide se enfrenta a los agentes locales.

El engendro ha salido de un banco intergaláctico y ha absorbido las bolsas de dinero con su viscoso cuerpo.

Los policías abren fuego contra el enemigo, pero las balas penetran en el enemigo sin causarle ningún daño; alguna incluso lo atraviesa.

– “¡JAJAJA!” – ríe el ser ameboideo. – “¡ESO NO FUNCIONARÁ CONTRA EL TEMIBLE PRUM!” – exclama.

El tipo agranda su brazo y con él golpea uno de los vehículos policiales, aplastándolo.

– “¡JAJAJA!” – ríe de nuevo.

De repente, una esfera de ki impacta en su pecho y estalla al instante, bañando de barro toda la zona.

– “¿Eh?” – se sorprende un agente.

Las bolsas de dinero caen al suelo.

– “¿Qué ha sido eso?” – pregunta otro, mirando al cielo.

Pui-pui ha llegado y ha disparado desde una azotea cercana.

– “¡ES LA PATRULLA GALÁCTICA!” – exclama la policía, que enseguida celebra su llegada.

Desde la sede de la Patrulla, Jaco observa en el televisor la retransmisión del atraco, y puede ver a todos los presentes celebrando una victoria que para él es agridulce.

Mientras tanto, lejos de la atención de todos, parte del barro se filtra dentro de la bolsa del dinero.

Esa misma noche, las maletas son trasladadas de forma urgente a otro banco, pues el del planeta Dardon debe ser reconstruido parcialmente y sus medidas de seguridad revisadas. 

La Patrulla Galáctica custodia el paquete. Cuatro agentes de campo, entre los que se encuentra Pui-pui, y un administrativo que se encarga de corroborar que el protocolo se está llevando a cabo; nuestro amigo Jaco.

Los agentes que acompañan a Pui-pui son un varón imegga, una muchacha bas y un tipo con aspecto de rana.

La nave de la Patrulla surca el espacio en silencio.

Jaco está sentado en una esquina, fingiendo que repasa un informe, pero mirando de reojo a los agentes. El anfibio tontea con la chica bas, el imegga pilota la nave, Pui-pui duerme en el asiento del copiloto.

– “Me gustaría poder sentirme uno de ellos…” – piensa Jaco, decepcionado.

De repente, saltan alarmas; un objeto extraño ha aparecido en el radar. 

– “¡Algo se acerca!” – exclama el piloto.

– “¿EH?” – se despierta Pui-pui.

– “¡Lo tenemos encima!” – se pone nervioso el piloto.

Una explosión sacude la nave y ésta se desvía de su trayectoria.

El piloto forcejea con los manos.

– “¡Casi no tengo control!” – exclama asustado. – “¡Tenemos que aterrizar!”

La nave se dirige a un planeta cercano y entra en su atmósfera, incendiándose, pero un sistema de seguridad se activa y apaga el incendio.

Finalmente, el vehículo se estrella en un desierto, incrustándose en la arena.

Los patrulleros salen de la nave como pueden, rescatando con ellos las bolsas de dinero… pero Jaco se queda atrás. La arena está entrando rápidamente en la nave y el aridzuko no puede salir.

De repente, una mano atraviesa la arena y agarra a Jaco del pescuezo.; Pui-pui saca al aridzuko de la nave antes de que ésta sea engullida por el desierto.

– “Ha estado cerca…” – suspira Jaco. – “Gracias…”

Pui-pui ignora a su compañero y se cruza de brazos, de pie.

– “Esto no me gusta…” – dice el zoon.

– “A mí tampoco…” – dice el imegga.

– “¿Qué nos ha golpeado?” – pregunta la bas. – “¿Un asteroide?”

– “No…” – dice el piloto. – “Era metálico…”

– “Esto es una trampa…” – dice Pui-pui.

– “¿Quién podría hace algo así?” – se pregunta la bas.

– “Conozco este modus operandi” – interrumpe Jaco.

Todos miran de reojo al administrativo.

– “¿Tú?” – dice el imegga con cierto retintín.

– “Salía en varios informes del Gran Gicchin” – dice Jaco. – “Me gusta leerlos.”

– “No te enrolles…” – dice la bas. – “¿Quién ha sido?”

– “No me cabe la menor duda. Ha sido…” – dice Jaco, cuando es interrumpido.

Una nave desciende frente a ellos y toma tierra.

La compuerta del vehículo se abre se extiende una pasarela; una figura desciende por ella a contraluz.

DBZ/S – SAGA BLACK REIMAGINED / Capítulo 14: Vidas ligadas

DBZ/S – Saga Black Reimagined / Capítulo 14: Vidas ligadas

En el futuro en el que se encuentra nuestro Son Gohan, él, Mirai Gohan, Mirai Goku y los Kaioshin debaten sus posibilidades en el Planeta Sagrado.

– “Sin poder arrancar la espada, el anciano no podrá resolvernos nuestras dudas…” – refunfuña nuestro mestizo.

– “Vaya…” – dice Shin. – “Me siento un lastre cuando ni tan solo soy capaz de reconocer a un antiguo Kaioshin…”

Gohan tiene una idea.

– “¡Eso es!” – exclama el mestizo. – “¡Un viejo Kaioshin!”

– “¿Eh?” – se extrañan todos.

– “¡Tenemos que volver a la Tierra!” – dice Gohan, agarrando el brazo de Kibito.

– “¿Cómo dices?” – se extraña el ayudante del Kaioshin del Este.

Gohan se acerca a Mirai Gohan y a Mirai Goku.

– “Papá… y mi otro yo…” – dice el mestizo. – “Siento tener que despedirme tan apresuradamente…”

Los dos sonríen orgullosos.

– “No te preocupes, hijo.” – dice Goku. – “Tienes una batalla por librar.”

– “Ha sido toda una lección y un orgullo conocer una versión tan fuerte de mi mismo.” – dice Mirai Gohan. – “Estoy feliz de que las cosas nos fueran bien en otro lugar.”

Gohan asiente.

– “Y te prometo que volverán a serlo.” – dice nuestro mestizo. – “Mamá os hecha de menos.”

Mirai Goku y Mirai Gohan asienten.

– “Sé fuerte, hijo.” – dice Goku. – “Confiamos en ti.”

– “Gracias, papá.” – responde Gohan.

El mestizo regresa junto a Kibito y pone la mano en su espalda. Shin hace lo mismo.

– “¡Dadle recuerdos a Piccolo de mi parte!” – se despide Gohan.

Mirai Goku y Mirai Gohan levantan el pulgar.

Nuestro Gohan y los Kaioshin desaparecen.

En el presente, en el planeta refugio de Goku, Shin y Kibito, el Kaioshin del Este habla con nuestro amigo.

– “Puedes sentir el ki divino…” – dice Shin.  – “Eso no debería ser posible…”

El ki de Zamas alerta a Son Goku.

– “¡Es él otra vez!” – exclame el saiyajín. – “¡Está en la Tierra!” 

Goku se coloca los dedos índice y corazón en la frente.

– “Bastardo…” – gruñe el saiyajín. – “¡Te las verás conmigo!” 

– “¡SON GOKU!” – grita Shin, con una voz seria como nunca antes. – “¡No te precipites! Si Vegeta no pudo derrotarlo, tú tampoco. No ahora. No con tu poder actual.” 

– “No pienso quedarme de brazos cruzados…” – protesta Goku. 

– “Yo tampoco…” – responde Shin. – “Pero eso no significa que debas sacrificarte inútilmente.” 

Goku sufre por sus amigos.

– “Puedes sentir el ki de un Dios.” – dice Shin. – “Tenemos que averiguar lo que eso significa…”

En la Atalaya de Kamisama, Mr. Bu y Zamas se miran fijamente a los ojos.

– “Zamas…” – dice Bu.

– “¿Eh?” – se sorprenden todos.

– “¿Lo conoces?” – pregunta Dende.

Bu sigue fijo en el enemigo.

– “Mi reputación me precede…” – sonríe fanfarrón el Dios caído.

– “Hakaishin…” – añade Bu.

– “Al fin te dignas a salir, Kaioshin…” – dice Zamas, clavando su chulesca mirada en el monstruo.

Todos se sorprenden al oír esas palabras.

– “¡¿Kaioshin?!” – exclaman al unísono.

Bu está intranquilo. Zamas sigue sonriente y fanfarrón.

– “Sentí un ki divino durante nuestro combate previo… pero tu aspecto horripilante me confundió.” – dice Black. – “¿Cómo has acabado así? El Dios entre Dioses…”

– “Es una larga historia…” – responde Bu. – “Pero este buen chico solo me ha prestado su cuerpo un rato para poder hablar contigo, así que debo ser breve…” – continúa. – “¿Qué haces aquí? ¿Qué quieres?”

– “Precisamente, esta vez he venido a hablar contigo.” – dice Zamas. – “El Kaioshin de hace quince generaciones me arrebató parte de mi poder y lo selló, ligándolo a su vida…” – explica. – “Ahora está muerto, pero parece ser que ha ocultado mi poder en otro lugar. Puede que lo haya ligado a otra vida, aunque no sé cómo…”

– “¿Y esperas que te ayude?” – dice Bu. – “¿Después de todo el mal que has causado y sabiendo el motivo por el que buscas recuperar tu poder?”

– “No tenía la esperanza de que comprendieras mis verdaderos motivos, así que no, no esperaba que lo hicieras por eso…” – sonríe el Hakaishin, fanfarrón. – “Esperaba que me ayudaras a cambio de dejar la Tierra para el final.”

Los presenten fruncen el ceño al oír al Dios. 

– “Bastardo…” – refunfuña Videl. – “Ni siquiera propone perdonarnos…”

Zamas continúa.

– “La destrucción no puede detenerse.” – dice el Dios. – “Todo debe ser borrado… y especialmente un lugar lleno de pecadores como éste… Pero podría dejar este lugar para el final. Eso os permitirá vivir unas horas más… Puede que incluso unos días.”

– “Eres un ser despreciable, Zamas.” – dice Bu. – “Tal y como contaban las historias.”

– “Lo preguntaré una vez más…” – dice el Dios. – “¿Dónde está mi poder?”

Dende aprieta su bastón, impotente.

– “Maldita sea…” – piensa el namekiano. – “El anciano Kaioshin resucitó gracias a las Dragon Balls después de dar su vida por Son Goku… ¿Fue así como transfirió el sello?” – se pregunta en silencio.

Zamas esboza una media sonrisa y Mr. Bu se percata de ello.

– “Interesante…” – murmura el Hakaishin.

El monstruo Bu, de repente, se da la vuelta y mira a Dende con horror.

– “¡¡IDIOTA!!” – exclama Bu. – “¡¡NO PIENSES EN ESO!! ¡PUEDE LEERTE LA MENTE!”

– “¡¿EH?!” – se extraña Kamisama, confuso.

Zamas ríe.

– “Ja… jaja… jajaja…” – ríe el Hakaishin. – “¡JAJAJAJAJA!” – estalla en una carcajada.

Mr. Bu clava su mirada preocupada de nuevo en el enemigo.

Black sigue riendo. 

– “Así que mi poder está vinculado a Son Goku…” – dice Zamas. – “Vaya… Eso será más fácil de lo que pensaba… Ese bastardo debe seguir vivo en alguna parte… Solo tengo que encontrarlo y matarlo…”

– “No te saldrás con la tuya.” – dice Bu.

– “No puedes detenerme, Dai Kaioshin.” – dice Black. – “Ni siquiera si conservaras tu propio cuerpo podrías plantarme cara.”

– “Verás…” – dice el Bu, forzándose a ser valiente. – “Parece que al dueño de este cuerpo no le caes bien… Y dice que has hecho daño a sus amigos…”

– “Je…” – sonríe Black, fanfarrón.

– “Está dispuesto a prestármelo un rato más…” – dice Bu. – “¡ASÍ QUE NO TE DEJARÉ ESCAPAR!”

Bu extiende su brazo hacia atrás, que se alarga como un chicle, y luego lo hace rotar hacia arriba y hacia delante, cayendo sobre Zamas como un martillo.

El Dios, lejos de sorprenderse, da un salto hacia atrás para esquivar el golpe, que se estrella contra el suelo de la Atalaya, destruyendo las baldosas.

Zamas mantiene su sonrisa.

– “Qué decepcionante…” – dice Black.

Bu parece satisfecho.

– “Je…” – sonríe el monstruo.

Eso desconcierta al Hakaishin.

– “¿Eh?” – murmura el Dios.

Una voz de adolescente sorprende a todos.

– “¡¡SÚPER…!!” – la voz de Trunks.

Una luz azul se filtra entre las baldosas de la Atalaya.

– “¡¡KA…ME…HA…ME…!!” – continúa el mestizo, mientras la luz azul se tiñe de un color rojo intenso que baña todo el lugar.

Las baldosas se elevan lentamente alrededor de Zamas, que frunce el ceño, contrariado.

– “¡¡HAAAAAAAAAAA!!” – grita Trunks con todas sus fuerzas.

La Número 18 se abalanza sobre su hija.

– “¡¡AL SUELO!!” – advierte la mujer.

Videl se cubre. Gyuma protege a Chichi y a Bulma. Popo y Dende se abrazan. Oolong se tira al suelo. Umigame se mete en su caparazón.

Un torrente de energía roja brota del suelo y engulle al enemigo. El Kamehameha se pierde en el cielo.

En el futuro donde se encuentra Mirai Trunks, el mestizo, Gohan, Goku, el Trunks de ese mundo y los Kaioshin debaten sus posibilidades.

– “¿Y qué podemos hacer ahora?” – dice Mirai Trunks. – “¿Y qué significaban esas visiones?”

– “Parece que tu mente y la de los otros Trunks se han conectado…” – dice Shin.

Recuerdos fugaces de una infancia con su padre hacen que el mestizo esboce una sonrisa.

– “¡Ah!” – exclama Trunks. – “¡Y el ki de Gohan! ¡Pude sentirlo!”

– “¿Qué?” – se extraña Kibito.

– “Era el de Son Gohan.” – dice el mestizo. – “Estoy seguro de eso… ¡Y estaba aquí mismo!”

– “Eso es extraño…” – cavila Goku, cruzándose de brazos.

– “Seguro que en su mundo está entrenando para enfrentarse a ese Kaioshin…” – dice Trunks. – “¡Tiene que ser eso!”

– “Puede que en su mundo le hayamos traído a él hasta aquí…” – dice Shin.

– “¡Seguro que sí!” – insiste Trunks. – “¡Él es el más fuerte!”

Una gota de sudor recorre la frente de Kibito.

– “Estos mortales son increíbles…” – piensa el ayudante de Kaioshin.

Trunks da un paso al frente.

– “Regresaré al pasado.” – dice el mestizo.

– “¿Eh?” – se sorprenden todos.

– “¡¿Al pasado?!” – exclama Kibito. – “¡Eso está prohibido!”

– “Eso es lo que nos ha metido en este embrollo, Trunks…” – dice Shin.

– “Son Gohan puede ayudarnos.” – dice Trunks. – “Viajaré al pasado para luchar a su lado. ¡Juntos haremos frente a ese monstruo!”

Shin y Kibito fruncen el ceño.

– “Eso no es posible.” – dice Shin. – “No podemos arriesgarnos a empeorar la situación.”

– “¿Qué?” – se extraña Trunks.

– “Vamos a tener que hallar otra forma.” – añade Kibito.

– “¿Estáis de broma?” – insiste el mestizo.

– “Lo siento.” – dice Shin. – “No podemos permitirlo.”

– “Pero… ¡Es la única manera!” – se desespera Trunks. – “¡Tenéis que dejarme marchar!”

– “No hasta que se aclare lo sucedido.” – dice Shin. – “No podemos precipitarnos.”

El mestizo aprieta sus puños con rabia.

– “Cobardes…” – gruñe el mestizo.

– “¿Hmm?” – se sorprende Shin de que un mortal hable de esa forma a los Dioses. 

– “¡SOIS UNOS COBARDES!” – exclama Trunks.

– “¿Cómo osas…?” – aprieta los dientes Kibito.

– “¿Eso hacéis cuando hay problemas?” – dice el mestizo. – “¿Os escondéis?”

Shin no puede evitar recordar al Dai Kaioshin dando su vida por él frente a Majin Bu y agacha la cabeza, avergonzado.

– “Trunks…” – murmura el Dios.

El mestizo da un paso al frente y Kibito responde de la misma forma, listo para confrontar al mortal como sea necesario.

Pero una mano en el hombro detiene a Trunks. El mestizo se da la vuelta. Es Son Goku, con una sonrisa que calma el espíritu de nuestro amigo, acompañado por Gohan y el otro Trunks.

Los tres adelantan a nuestro amigo y se ponen serios.

– “Dejad que el muchacho lo intente.” – dice Goku.

– “¿Cómo?” – se sorprende Kibito.

– “Ya ha salvado su mundo una vez.” – dice Gohan.

– “Pero…” – titubea el ayudante de Kaioshin.

– “El chico tiene un plan.” – insiste Goku. – “Creo que merece una oportunidad.”

Kibito aprieta los dientes, preocupado.

– “No podemos permitirlo…” – repite el ayudante.

Goku frunce el ceño y sus ojos brillan de color verde durante un breve instante.

Instintivamente, Kibito retrocede, acobardado.

– “Esto no es necesario.” – interviene Shin.

Kibito, sorprendido, mira al Dios.

– “Pero…” – duda Kibito.

– “El chico y sus amigos no nos han dado motivos para durar de ellos.” – ha recapacitado.

Shin camina hasta Trunks y le sonríe.

– “No nos decepciones, Trunks.” – dice Shin.

El mestizo, muy serio, asiente.

– “No lo haré.” – sentencia Trunks.

En el presente, la mitad de la Atalaya ha sido arrasada por el ataque de Trunks.

Algunos escombros han quedado en suspensión, gravitando alrededor de la mitad que sigue en pie.

Majin Bu ha envuelto a nuestros amigos en una barrera protectora para protegerlos de la onda expansiva.

Trunks, usando el Kaio-josho, asciende hasta llegar a Bu. Los dos tienen su mirada fija en el cielo.

– “Creo que le he dado…” – dice el mestizo.

– “Sí…” – dice Bu, con una gota de sudor en su sien. – “Esto le va a enfadar…”

Una llama morada en las alturas tiñe el cielo terrestre con su luz.

En el futuro en el que se encuentra el hijo de Goku, él y los Kaioshin han regresado a la Tierra y sobrevuelan una zona desértica.

– “¿Estás seguro de esto, Son Gohan?” – pregunta Shin.

– “No… Pero podría funcionar…” – dice el terrícola.

– “Despertar a ese monstruo…” – murmura Kibito. – “Me aterra solo de pensarlo…”

– “Tranquilos.” – dice Gohan. – “No es un mal tipo…” – sonríe. – “Y si la cosa sale mal, puedo derrotarlo sin problemas.”

– “Eres un muchacho fascinante…” – sonríe Shin.

– “Je, je…” – sonríe Gohan.

De repente, parece que el mestizo se percata de que han llegado al lugar que buscaban.

– “¡Oh! Es aquí.” – dice Gohan.

El mestizo desciende hasta el suelo y los Dioses le siguen.

En mitad del páramo, una puerta blanca espera. La entrada está adornada con una “M” negra.

– “Es el símbolo del brujo Bibidí…” – dice Shin. – “No cabe duda…”

– “Enterraron la nave…” – dice Kibito. – “Por eso jamás la encontramos…”

– “En mi mundo llegaron mucho antes…” – dice el mestizo.

– “Jugar con el tiempo es peligroso…” – dice Shin. – “Nunca sabes lo que puedes llegar a cambiar…”