ESPECIAL DBSNL /// El Saiyajín Dios // Universo 7 / Parte IV: Hatchiyack

El Saiyajín Dios / Parte IV: Hatchiyack
“¡No dejaré que hagas daño a Broly!”


Un ser de gran envergadura sale de su confinamiento. Las esferas verdes que forman parte de su cuerpo brillan intensamente.
Obni y Ganos han quedado aturdidos. Tarble y Kale se ponen en guardia.
– “¡¿Qué es eso?!” – exclama Tarble, nervioso ante la presencia del enemigo.
La voz de Raichi responde.
– “Mi Gran Obra” – dice el tsufur.
Broly clava su mirada en la creación de Raichi, que ni se inmuta ante al saiyajín.
De repente, Broly se abalanza sobre Hatchiyack dispuesto a propinarle un puñetazo, pero el androide lo detiene con una sola mano, dejando a todos asombrados. Sus gemas brillan de nuevo.
– “No es posible…” – murmura Tarble, aterrado.
Hatchiyack propina un gancho a la barbilla de Broly que desconcierta al saiyajín, y acto seguido continúa con una combinación de golpes brutales, todos dirigidos a la cabeza de Broly; swings, crochet y directos de derecha e izquierda; una tormenta de puñetazos ante la que el saiyajín es incapaz de reaccionar. Con cada golpe, las piedras de su cuerpo se iluminan.
Kale y Tarble sufren al ver a su amigo recibir esa paliza, pues es la primera vez que ven a alguien capaz de propinarle tal castigo. 
Finalmente, Broly es noqueado y cae de espaldas al suelo. Hatchiyack se detiene.
Kale, temblorosa, da un paso hacia su amigo.
– “No…” – dice la saiyajín. – “Broly no puede perder…”
– “Nunca había visto algo igual…” – murmura Tarble. – “Ni siquiera esos saiyajín terrícolas…”
Broly, con el rostro ensangrentado, se vuelve a poner en pie.
– “Los saiyajín sois especialmente testarudos…” – murmura Raichi.
Tarble prepara una esfera de ki azulado en su mano derecha.
– “¡RIOT JAVELIN!” – exclama saiyajín, disparando a Hatchiyack por la espalda.
El ataque estalla al impactar contra el androide, que ni se inmuta.
– “Maldita sea…” – lamenta el saiyajín. 
Hatchiyack mira de reojo a Tarble.
– “No os entrometáis” – dice Raichi.
El androide dispara una ráfaga de ki contra los saiyajín, pero Obni y Ganos se lanzan sobre ellos, evitando que sean alcanzados por el ataque, que impacta contra la pared del laboratorio y causa un pequeño derrumbe.
En la mente de Broly, los recuerdos de su infancia vuelven a aflorar. El pequeño saiyajín se encuentra llorando en silencio, sentado en la entrada de una gruta colapsada, mientras varios saiyajín ayudan a un ensangrentado Páragus a buscar a Kabasha entre los escombros.
Broly sujeta su cabeza con ambas manos mientras grita con todas sus fuerzas y emite un gran chorro de ki por su boca, directo contra Hatchiyack.
El ataque del saiyajín crea un gran surco en el planeta, formando una trinchera de varios kilómetros de distancia y cientos de metros de profundidad.
Al disiparse la polvareda, Hatchiyack, que sigue intacto, agarra a Broly por el cuello. El saiyajín sujeta el brazo del androide, intentando liberarse, pero las gemas del enemigo empiezan a brillar y el poder de Broly parece desaparecer lentamente, como si éstas estuvieran drenando su energía.
La voz de Raichi habla de nuevo.
– “Tu padre era un ingenuo” – dice el tsufur. – “Se agarraba a una fantasía, porque era demasiado débil para asumir la realidad. ¡Yo he creado vuestra historia! ¡La leyenda Súper Saiyajín nació en mi laboratorio!”
Tarble, malherido, sale de entre los escombros y se levanta.
El tsufur continúa su discurso.
– “Antes de mi intervención, solo erais una raza de monos salvajes.” – continúa el tsufur.
– “No es cierto…” – dice Tarble.
– “No tengo razones para mentir.” – responde Raichi.
– “¿Y por qué lo hiciste?” – pregunta el saiyajín.
– “Para comprobar los límites de mis capacidades.” – responde el tsufur. – “Puede que eso lo tengamos en común, al fin y al cabo. El deseo de saber hasta donde puedo llegar. Descubrir las barreras que nos limitan para poder superarlas y alcanzar el siguiente nivel. Quiero respuestas. Comprender un mundo que va más allá de lo que se nos muestra. Quiero ver.”
Hatchiyack ha absorbido el poder de Broly, que ha vuelto a su estado base y ha quedado inconsciente.
Tarble, a pesar de tan terrible situación, esboza una media sonrisa.
– “Todo en lo que he creído…” – dice el saiyajín. – “Todo se ha desmoronado en estos últimos meses. El universo ha resultado ser mucho más grande de lo que jamás había imaginado criándome en este planeta.”

Raichi escucha con atención al chico.
– “Los tsufur invadisteis el planeta Plant e intentasteis exterminarnos… Y ahora, de nuevo, atacáis nuestro hogar…” – dice Tarble.
– “Yo os traje hasta aquí…” – dice Raichi.
– “No me importa” – le interrumpe Tarble. – “Broly, Kale y yo, al igual que muchos otros saiyajín, hemos nacido y crecido en Vampa. Esta es nuestra casa.”
Hatchiyack suelta a Broly, que se desploma contra el suelo, y centra su atención en Tarble.
– “Puede que yo no sea tan fuerte como Broly.” – dice Tarble. – “No tengo el poder de un Dios, ni el de una leyenda. Mi padre es un guerrero saiyajín que abandonó Vegeta buscando un futuro mejor para su raza. ¡Protegeré ese futuro!”
Los ojos de Tarble brillan de color verde de forma intermitente y el chico se abalanza sobre Hatchiyack, dispuesto a propinarle un puñetazo, pero éste le intercepta con un puñetazo en el abdomen que le detiene bruscamente, haciéndole escupir sangre. Acto seguido, Hatchiyack propina un golpe con el dorso de su puño a al chico, lanzándole contra la pared de laboratorio.
Broly, en su estado base, aturdido y casi sin fuerzas, se abalanza sobre Hatchiyack y le agarra por la cintura, intentando derribarle, pero es incapaz de ni tan solo moverle. El androide propina un codazo en la cabeza del saiyajín y éste cae al suelo.
Mientras tanto, Ganos ha salido de los escombros y dispara a Hatchiyack con su pistola, pero los disparos salen desviados, sin causarle ningún daño.
Cerca de allí, Kale ayuda a Obni, que ha quedado atrapado.
Broly agarra el pie de Hatchiyack, en un desesperado intento de seguir oponiéndose al enemigo.
Raichi suspira, decepcionado.
– “Esperaba más de ti, Broly.” – dice el tsufur. – “Cuando tu padre recurrió a la sabiduría de mi laboratorio, parecías muy prometedor. Tu poder reaccionaba a este planeta de una forma peculiar.”
– “Grr…” – gruñe Broly.
– “Escapabas a su control.” – dice Raichi. – “Así que le proporcioné los medios necesarios para encadenarte a su voluntad… y a la mía. Tu interacción con las piedras shintai era un misterio que debía resolver.”
Hatchiyack coloca su pie sobre la cabeza de Broly y empieza a pisarla contra el suelo, aumentando su fuerza gradualmente.
En la mente de Broly, éste recuerda a su padre colocándole su diadema después de vestirle con las piezas doradas que le torturarían durante el resto de su vida.
– “Es por tu bien, hijo.” – le dice Páragus. – “Esto te ayudará a controlar tu poder.”
En el laboratorio, Ganos dispara al panel de comandos, intentando desconectar el sistema de forma desesperada.
– “No seáis ridículos.” – dice Raichi. – “Dejé de necesitar eso hace mucho tiempo.”
– “¡Tiene que haber un modo de pararlo!” – exclama Obni, que ha salido de los escombros.
– “Mi tecnología está muy lejos de vuestro entendimiento” – dice el tsufur.
Hatchiyack sigue apretando la cabeza de Broly, que se incrusta en el suelo.
– “El guerrero que tienes ante ti ha nacido de esas investigaciones.” – dice Raichi. – “Ya no te necesito.” – sentencia.

El gigantesco androide se prepara para dar el pisotón final al saiyajín, pero en ese instante, Kale embiste a Hatchiyack con todas sus fuerzas, empujándole ligeramente; lo suficiente para liberar a Broly.
– “¿Qué?” – se sorprenden todos.
Los ojos de Kale brillan intensamente de color verde y el cabello de su coleta ondea ligeramente. Un aura amarilla rodea su cuerpo.
– “¡No dejaré que hagas daño a Broly!” – dice la saiyajín.
En ese instante, un malherido Broly alza su mirada y ve a su madre, de pie frente a él.
– “¡Es solo un niño!” – dice el espejismo.
Kale se prepara para enfrentarse al enemigo.
– “Hemos estado tan cegados pensando en el Súper Saiyajín de la leyenda, que se nos ha olvidado lo que realmente nos hacía poderosos… ¡Nuestra fuerza conjunta!” –  exclama Kale. – “El Rey Vegeta y el señor Páragus cometieron el mismo error. Lo entendí cuando vi a esos dos terrícolas.”
Tarble, malherido, se levanta lentamente.
– “Kale…” – murmura el saiyajín.
– “El destino de nuestra raza no recae sobre Broly.” – dice Kale. – “¡Depende de todos nosotros!”
Hatchiyack analiza detenidamente a su contrincante.
– “Eres insignificante.” – dice Raichi.
Tarble camina tórpidamente hasta colocarse junto a Kale.
Al ver a sus dos amigos, Broly recuerda su infancia de nuevo. El chico se encuentra sentado en un rincón, magullado por los golpes recibidos por los duros castigos de su padre, cuando un niño se acerca a él. 
– “¡Hola!” – saluda el alegre muchacho. – “Tú eres Broly, ¿verdad?”
Broly no responde. El pequeño saiyajín no está acostumbrado a relacionarse con otros niños, porque todos le tienen miedo.
– “Me llamo Tarble” – saluda el chico. – “¡Nuestros padres son amigos! Supongo que eso hace que nosotros también lo seamos…”
En ese momento, una pequeña saiyajín se acerca a Tarble.
– “¿Qué haces, Tarble?” – pregunta la muchacha.
– “¡Te presento a mi amigo!” – sonríe el chico. – “Se llama Broly.
– “¡¿Broly?!” – se asusta Kale. – “Mis padres me han dicho que no debo jugar con él…” – susurra la saiyajín.
– “¡Eso es porque no le conocen como yo!” – exclama Tarble. 
– “¿Desde cuando sois amigos?” – pregunta Kale.
– “Bueno… verás…” – se avergüenza Tarble. – “Es que…”
Broly se levanta en silencio y se aleja de los dos.
En el laboratorio, los ojos de Tarble se iluminan y un aura dorada envuelve su cuerpo. 
Broly se levanta lentamente, a pesar de sus heridas, sorpendiendo a Raichi.
– “¿Aún le quedan fuerzas?” – se pregunta el científico.
En el recuerdo de Broly, Tarble agarra la mano de Broly, deteniendo su marcha.
– “¿Dónde vas?” – le pregunta el saiyajín. – “¡Ven con nosotros a jugar! ¡Vamos a ir a cazar odani cerca de las grutas Bah-bah!”
Broly intenta ignorar al chico, pero su otra mano es agarrada por Kale.
– “Puede ser divertido…” – dice ella, muy sonrojada. – “¡Vamos a jugar!”
Los dos chicos tiran de los brazos de Broly, obligándole a unirse a ellos. El chico, por primera vez, se siente parte de algo; querido, y una disimulada sonrisa se dibuja en su rostro.
Broly se ha levantado y se ha colocado entre Tarble y Kale, cuyas auras doradas estallan, prendiendo sus cabellos y tornándolos del mismo color.
El ki de los dos saiyajín envuelve a Broly como un torbellino, haciendo que su poder resurja y tornando sus pupilas de color rojo. Su aura rojiza le envuelve y tiñe ligeramente las auras de sus amigos.

DBSNL // Capítulo 122: Los Hermanos Para-para

DBSNL // Capítulo 122: Los Hermanos Para-para
“¡¡BON-PARA-PARA-PARA-BON-PA-PÁ!!”


Piccolo y Pan vuelan hacia la Atalaya de Kamisama. Ya pueden ver la Torre de Karín en el horizonte.
– “¡Tío Piccolo!” – dice Pan. – “Voy a pasar a saludar a Karín y Yajirobe. ¡Nos vemos luego!”
Piccolo asiente y ambos se separan.
En la Corporación Cápsula, Bra continúa entrenando sola en la Cámara de Gravedad.
Mientras tanto, en la Kame House, Goten y Marron se encuentran tomando un refresco, sentados en la arena de la playa, compartiendo un momento de complicidad.
Cerca de allí, Roshi y Oolong echan una siesta compartiendo la hamaca, protegiéndose el rostro del Sol con una de sus revistas.
En el planeta Ktal, Trunks y Cheelai siguen obligados a bailar junto al resto de asistentes a la fiesta.
– “¡¡BON-PARA-PARA-PARA-BON-PA-PÁ!!” – cantan los hermanos Para-para.
– “¡Esto es una tortura!” – lamenta Trunks.
Mientras tanto, Piccolo ya ha llegado a la Atalaya. 
– “Bienvenido, Piccolo” – saluda Kamisama.
– “Hola, Dende.” – responde Piccolo.

Mr. Popo se encuentra trabajando en los jardines, trasplantando una palmera desde una maceta a una de las jardineras de la Atalaya.
– “Hola, amigo Popo.” – saluda Piccolo.
Popo sonríe y saluda.
– “Parece que aún tenéis mucho por hacer” – dice Piccolo.
– “Los Kaioshin hicieron un trabajo excelente reconstruyendo la Atalaya” – sonríe Dende. – “Pero Popo es muy perfeccionista.”
– “Lo sé muy bien” – sonríe Piccolo.
En la Torre de Karín, Pan ha llegado y ha saludado a sus amigos.
– “¡Hola!” – exclama alegremente la muchacha.
Mientras tanto, en el planeta-ciudad, Trunks y Cheelai siguen bailando.
– “Estoy agotada…” – lamenta la patrullera.
De repente, el líder de la banda deja de bailar, mientras sus hermanos continúan controlando al público.
– “¡Señoras y señores!” – exclama Bon Para. – “¡Me complace anunciar que esta noche tenemos entre nosotros a unos invitados muy especiales! ¡Dos miembros de la Patrulla Galáctica!”
Los focos apuntan a Cheelai y Trunks.
– “¡Un fuerte aplauso!” – pide Bon Para.
Sus hermanos aplauden, haciendo que toda la gente del local haga lo mismo.
– “Nos han descubierto…” – murmura Trunks, que no puede moverse con libertad.
Bon Para baja del escenario y camina hasta nuestros amigos.
– “No nos gusta que los patrulleros se entrometan en nuestros asuntos” – sonríe Bon Para, antes de atizar un puñetazo en el rostro al mestizo y lanzarlo contra el suelo.
– “¡Trunks!” – exclama Cheelai.
El saiyajín se pone en pie, pero los dos hermanos que siguen en el escenario se han puesto a bailar de nuevo, forzándole a hacer lo mismo.
– “Maldición…” – lamenta Trunks.
– “¿Qué ocurre?” – se burla Bon Para. – “¿Estás cansado?”
Bon Para se acerca de nuevo a Trunks y le propina un puñetazo en el estómago, seguido de otro en la cara.
– “¡Déjale en paz!” – grita Cheelai.
El enemigo se fija en la muchacha.
– “Ya llegará tu turno” – sonríe Bon Para, antes de seguir golpeando a Trunks.
– “¡Cobarde!” – exclama la patrullera.
– “Está bien…” – responde Bon Para, que deja al saiyajín y se acerca a ella.
El grandullón golpea a Cheelai, derribándola.
– “Tu compañero encaja mejor los golpes” – se burla Bon Para.
– “¡No la toques!” – grita Trunks.
– “¡Jajaja!” – ríe Bon Para. – “No estás en situación de amenazar a nadie.”
Trunks observa a su alrededor, buscando alguna solución para escapar del embrujo de la música de los hermanos.
– “Si no estuviera rodeado de gente, podría romper los altavoces con un estallido de energía…” – piensa Trunks. – “Pero si lo hago ahora, muchos de los asistentes saldrán herida.”
Bon Para se acerca de nuevo a Cheelai y se prepara para asestarle otro puñetazo.
– “¡CHEELAI!” – grita Trunks.
Pero de repente, una granada PEM cae en el centro de la pista, provocando un impulso electromagnético que fríe el sistema eléctrico del local, dejando a los hermanos Para-para sin su terrible arma.
– “¡Estoy libre!” – exclama Trunks, que puede volver a moverse a voluntad.
La gente corre despavorida hacia la salida, mientras los hermanos Para buscan a su nuevo enemigo, sin éxito.
Trunks se acerca a Bon Para, dispuesto a vengarse; pero tres rápidos disparos aturden a los tres hermanos, que caen inconscientes al suelo.
– “¿Quién es?” – se pregunta Cheelai. – “¿Otro enemigo?”
El saiyajín alza su mirada hacia el techo del local, donde puede sentir una energía, y se pone en guardia.
En ese instante, un guerrero con una vieja armadura de la Patrulla Galáctica desciende de un salto, plantándose frente a Trunks y Cheelai.
– “¿Quién eres tú?” – le pregunta el mestizo.
– “¿Es que a los nuevos no os enseñan nada?” – se burla el misterioso individuo.
Cheelai observa con detenimiento al personaje, fijándose en el logotipo borrado de la Patrulla.
– “Eres… ¡¿Eres Meerus?! ¡¿El legendario patrullero?!” – se sorprende la muchacha.
En la Atalaya de Kamisama, Piccolo ha preguntado a Dende sobre la situación de las Dragon Balls de Namek.
– “Pronto estarán listas” – dice Dende. – “El señor Moori las está reuniendo.”
– “Me alegro” – sonríe Piccolo. – “Deberíamos resucitar a los fallecidos cuanto antes.”
– “¿Ocurre algo?” – pregunta Kamisama.
– “No…” – responde Piccolo. – “Es solo un mal presentimiento.”
En la Torre de Karín, el Duende le entrega un pequeño saco de semillas a Pan.
– “Espero que sean suficientes” – dice el felino.
– “Muchas gracias, señor Karín” – sonríe Pan.
– “¿Estás entrenando mucho?” – pregunta el Duende. – “Parece que cada día eres más fuerte.”
– “Sí” – responde Pan. – “Estoy aprendiendo mucho de papá y del tío Piccolo”.
– “¿Tú también entrenas con Piccolo?” – pregunta Yajirobe. – “Siempre me ha dado miedo ese tipo.”
De repente, Ub aparece en la torre con el Shunkanido.
– “Hola a todos” – saluda Ub.
– “¡Ub! ¡Hola!” – responde Pan.
– “¿Qué haces aquí?” – pregunta el muchacho.
– “He venido a buscar esto para mi padre” – dice enseñando el saco. – “Y ahora subiré a saludar a Dende.”
– “Bien” – responde Ub. – “Te acompaño.”
Mientras tanto, en Ktal, Meerus se ha presentado ante nuestros amigos y ahora reúne a los tres hermanos, arrastrando sus cuerpos inconscientes.
– “¿Se supone que es famoso?” – le pregunta Trunks a su compañera.
– “Es un antiguo patrullero” – responde Cheelai. – “Era el mejor hasta que cayó el Imperio de Freezer y se convirtió en un cazarrecompensas.”
– “Sin los incentivos del Imperio, el sueldo de la Patrulla Galáctica era bastante mediocre.” – interviene Meerus, que ha oído la conversación.
Trunks se pone serio.
– “Así que eras corrupto…” – dice el saiyajín. – “Eres uno de los que traicionó a Jaco.”
– “¿Jaco?” – se sorprende Meerus. – “¿Ese idiota idealista? Era un ingenuo.” – dice mientras atrapa a los tres malhechores en una red de energía, sin prestar demasiada atención a nuestros amigos.
El mestizo aprieta con rabia sus puños al oír a Meerus despreciar a su amigo.
– “Pero he oído que ha regresado, ¿no es así?” – dice Meerus. – “La Patrulla Galáctica vuelve a funcionar.”
– “Jaco ha…” – dice Cheelai. – “Ha fallecido.”
– “¿Otra vez?” – sonríe Meerus en tono burlón. – “Parece que no aprende.”
Trunks, furioso, se prepara para reprender a Meerus, pero Cheelai le detiene.
– “No vale la pena.” – dice la muchacha.
– “Eso es” – sonríe Meerus con prepotencia. – “No vale la pena.”
Trunks agacha la cabeza, frustrado, pero intenta calmarse. Cheelai le agarra del brazo e intenta apartarle gentilmente de Meerus.
– “Vámonos” – insiste la muchacha.
El mestizo acompaña a Cheelai, dispuesto a dejar pasar las provocaciones del cazarrecompensas.
– “Otro perdedor” – refunfuña Meerus.

En ese instante, Trunks, con sus ojos brillando de color verde, se da la vuelta y se abalanza sobre Meerus, propinándole un puñetazo en la cara que le lanza hasta el fondo de la sala.
El mestizo extiende su brazo derecho hacia un lado, con la mano abierta, y su espada, oculta en el exterior del edificio, automáticamente es atraída hasta él, que la agarra al vuelo.
El cazarrecompensas, que enseguida se pone en pie, desenfunda su pistola y dispara al mestizo, que repele los rayos con su espada mientras avanza.
Meerus aprieta un botón de su pistola que hace que ésta se enderece y emita un rayo de energía que la convierte en un sable de luz. 
Los dos guerreros chocan sus espadas. La mirada de Trunks está llena de ira.
– “No está mal” – se burla Meerus.
Cheelai corre hacia ellos.
– “¡BASTA!” – grita la muchacha. – “¡TRUNKS!”
Meerus intenta sorprender a Trunks dándole un cabezazo, pero el mestizo ni se inmuta, lo que deja al cazarrecompensas perplejo.
Trunks se transforma en Súper Saiyajín, empujando a Meerus y Cheelai con su energía, haciendo que la chica caiga al suelo y que Meerus atraviese la pared del local.
En ese instante, al escuchar el grito de Cheelai, Trunks recupera la razón y vuelve a su estado base.
– “¡Cheelai!” – dice mientras corre a socorrerla. – “¿Estás bien?” 
– “Sí…” – responde Cheelai, pese a estar claramente dolorida. – “Estoy bien…”
– “Lo siento. Lo siento mucho” – se disculpa Trunks.
– “Estoy bien, no pasa nada” – responde la muchacha.
Trunks busca a su enemigo con la mirada, pero Meerus ya se ha marchado, dejando atrás a los hermanos Para-para.

ESPECIAL DBSNL /// Shingeki no Saiyajín // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte VII: Dolor y rabia

Shingeki no Saiyajín / Parte VII: Dolor y rabia
“¡Es una trampa!”


Kinkarn camina hacia Yamoshi y Gokua, que se ponen en guardia, listos para enfrentarse al enemigo.
– “No podemos confiarnos.” – advierte el herajín. – “Este tipo es muy fuerte. Lo más sensato sería intentar resistir hasta que salga la luna llena.”
Yamoshi, descontrolado por la rabia que conlleva la transformación de Súper Saiyajín, no escucha a su compañero y ataca al tsufur.
– “¡NO! ¡ESPERA!” – exclama Gokua.
El saiyajín intenta propinar un puñetazo a Kinkarn, pero éste le agarra el brazo y contraataca con un golpe en su abdomen y después abre su puño para disparar un ataque de ki que empuja a Yamoshi hacia el cielo.
Gokua interviene, abalanzándose sobre el tsufur a toda velocidad y propinándole un cabezazo en la nariz que le hace retroceder un paso. Pero Kinkarn enseguida reacciona y propina una patada en el abdomen al herajín, que le deja sin fuerzas, y después golpea su espalda con ambos puños, estampando a Gokua contra el suelo.
Kinkarn se prepara para rematar a su adversario, pero Yamoshi aprovecha su descenso para ganar energía cinética y propina una patada en la cara al tsufur, alejándole de su amigo.
Gokua, dolorido, se pone en pie.
– “Es más fuerte de lo que esperaba…” – murmura el herajín.
Una gota de líquido oscuro gotea por la nariz del tsufur. Gokua se da cuenta.
– “Eso no es sangre…” – piensa el herajín. – “¡Un momento! Las cicatrices; ese líquido… ¡¿Acaso es…?!”
El tsufur apunta a nuestros amigos con sus manos y dispara un poderoso ataque de ki rojo que Yamoshi y Gokua se ven obligados a esquivar.
Kinkarn corre hacia Yamoshi a toda velocidad, le agarra la cara y lo estampa contra el suelo, arrastrándole mientras continúa corriendo hacia una montaña cercana.
Gokua persigue al tsufur, intentando ayudar a su amigo, pero Kinkarn se detiene de repente y lanza a Yamoshi contra el herajín, que se ve obligado a sujetarle.
Kinkarn dispara una ráfaga de ki y Gokua se da la vuelta, intentando proteger a su compañero, exponiendo su espalda al ataque.
Múltiples explosiones tienen lugar, alzando una gran nube de polvo y humo.
En una colina cercana, los saiyajín esperan la luna llena para atacar la ciudad, pero ahora parecen tener dudas al ver el poder del Súper Tsufur.
Zangya sufre al ver a su hijo y a Yamoshi enfrentarse al tsufur, pero intenta mantener la calma.
Cuando la polvareda se disipa, Gokua aparece tumbado en el suelo, bocabajo, con su espalda quemada por el ataque de Kinkarn. Yamoshi se encuentra a su lado, con heridas mucho más leves, gracias a la protección de su amigo.
En Vampa, Raichi observa el combate a través de la pantalla.
– “A este paso, no podré comprobar el poder completo del proyecto…” – murmura el científico. – “Aún falta un poco para la luna llena.”
Los dos guerreros intentan levantarse, pero a Gokua le fallan las fuerzas. Yamoshi se acerca a él e intenta ayudarle.
– “Ordena la retirada… y huye.” – dice el herajín. – “Si le atacamos, será una masacre. Es demasiado fuerte.”
– “Nosotros… luchamos…” – responde Yamoshi.
– “No lo entiendes…” – dice Gokua. – “Él no es un tsufur corriente. No creo que sienta dolor. Creo que lo han modificado para que sea capaz de contener este poder.”
Kinkarn no se mueve. Solo observa a nuestros amigos.
Zangya observa al tsufur y se da cuenta de su extraña actitud.
– “No les ataca…” – piensa la herajín. – “No parece que proteja la ciudad… ¡Los pone a prueba!”
Yamoshi ignora los consejos de su compañero y clava su mirada furiosa en Kinkarn.
– “No lo hagas…” – le pide Gokua, mientras se pone de nuevo en pie.
El Súper Tsufur sigue esperando impertérrito a que el saiyajín tome la iniciativa. 
De repente, una luz brilla en el cielo, sobre Kinkarn, y eso llama la atención de Yamoshi y Gokua.
Kinkarn se da cuenta de que algo ocurre y alza su mirada, buscando qué es lo que sus enemigos han visto.
A cientos de metros de altura, Zangya prepara una poderosa técnica. Con sus brazos en cruz, dos esferas de ki verde aumentan de tamaño en sus manos.
– “¡GALACTIC BUSTER!” – grita al juntar las manos y dispara un poderoso torrente de ki sobre el tsufur.
El ataque impacta de forma directa sobre Kinkarn, generando una gigantesca explosión.
Yamoshi y Gokua se sorprenden al ver que la herajín ha intervenido en el combate.
Zangya desciende rápidamente y se acerca a los dos guerreros.
– “¡Es una trampa!” – les advierte la herajín. – “¡Los tsufur os están analizando! ¡Tenemos que irnos!”
En Vampa, Raichi observa desde el punto de vista de Kinkarn, y el radar busca a sus tres enemigos a través de la polvareda levantada.
– “Parece que ya se han dado cuenta…” – sonríe el doctor. – “Puede que esto ponga las cosas más interesantes.”
El Súper Tsufur alza su dedo índice y dispara una minúscula partícula de energía que avanza rápidamente hasta incrustarse en la espalda de Zangya.
La herajín se queda en silencio. Yamoshi y Gokua observan a la herajín ser alcanzada. Durante un breve instante, el mundo se mueve a cámara lenta para nuestros amigos mientras Zangya cae al suelo de rodillas.
– “Mamá…” – titubea Gokua.
Yamoshi se queda petrificado ante lo sucedido. Gokua se acerca a ella para intentar socorrerla.
– “Mamá…” – llora el herajín. – “No…”
– “Lo siento…” – responde Zangya. – “Tenéis que sobrevivir…” – dice acariciando el rostro de su hijo, que tanto le recuerda a su hermano.
En ese instante, la herajín siente que algo no va bien; nota que algo le quema por dentro.
Zangya utiliza las pocas energías que le quedan para generar una barrera a su alrededor que empuja a Gokua y a Yamoshi.
De repente, una gran explosión de energía roja llena la barrera de Zangya, que un instante después estalla y crea una gran onda expansiva que arrasa el lugar. La turbulencia alcanza a los saiyajín que se encontraban observando el combate, que se ven obligados a ponerse a cubierto.
El páramo queda desierto. Kinkarn es el único que sigue en pie, sin inmutarse.
Raichi observa los acontecimientos.
Yamoshi surge de entre los escombros, magullado. A escasos metros, el saiyajín puede ver a su compañero, semienterrado, malherido e inconsciente.
El saiyajín, que ha vuelto a su estado base, se pone en pie. La sangre de sus heridas cubre su cuerpo y gotea en el suelo. Yamoshi aprieta con rabia sus puños. La ira le embarga.
Kinkarn le observa detenidamente. Raichi sonríe al ver que su experimento ha sobrevivido.
– “Eso es…” – murmura el científico tsufur.
Su mente es inundada por escenas de su infancia encerrado junto a Zangya y Gokua. Sus ojos se tornan de color verde, su cabello se eriza y brilla de color dorado. Rayos de energía chasquean a su alrededor, mientras el aura amarilla del Súper Saiyajín le envuelve.
En el cielo, una tenue luna llena empieza a revelarse. 
La cola del saiyajín reacciona a la luz de la luna. Su corazón late con fuerza y hace palpitar su pecho; suena como un tambor. Sus colmillos empiezan a crecer y sus ojos inyectan en sangre, tornándose rojos. Su cabello crece y todo su cuerpo empieza a cubrirse por un abundante pelaje dorado. Su masa muscular aumenta exponencialmente. El suelo se resquebraja bajo sus pies.
Finalmente, el saiyajín aumenta de tamaño hasta convertirse en un ozaru.
Raichi sonríe.
– “Muéstrame todo tu poder…” – murmura el tsufur.

Un furioso pero doloroso rugido de Yamoshi inunda el lugar. 

ESPECIAL DBSNL /// El Saiyajín Dios // Universo 7 / Parte III: Los pecados del padre

El Saiyajín Dios / Parte III: Los pecados del padre
“Es nuestro futuro, Kabasha.”


Raichi parece haber reconocido a Broly como el hijo de Páragus, llamando la atención del saiyajín.
– “¿Porqué conoces a Páragus y a Broly?” – le pregunta Tarble al tsufur.
Raichi ignora al saiyajín y solo se dirige a Broly.
– “Páragus recurrió a mí cuando tu poder escapó de su control.” – dice el tsufur. 
– “¡Páragus jamás pediría ayuda a un tsufur!” – exclama Tarble.
– “Parece que hay muchas cosas que desconocéis…” – sonríe Raichi. – “Dejad que os lo muestre.”
Raichi desaparece y el holograma muestra a un joven Páragus sentado en el suelo, apoyado en el panel de control del laboratorio, llorando.
– “No puedo…” – solloza Páragus. – “No puedo hacerlo…”
Todos los presentes se sorprenden al ver la escena; y sobretodo al ver una cara de su antiguo líder que desconocían.
Un holograma de Leek entra en el laboratorio.
– “Señor Páragus…” – dice el saiyajín, apenado. – “Lo siento mucho.”
– “No puedo hacer esto, Leek.” – responde Páragus. – “Sé que él es el saiyajín de la leyenda… Sé que el pueblo le necesita… Pero no sé si puedo hacerlo…”
– “Es su hijo, señor.” – dice Leek. – “Y es solo un niño. Ha sido un accidente. No controla su poder.”
– “Está muerta, Leek” – responde Páragus, con una airada mirada y con los ojos rojos por las lágrimas derramadas. – “Él la ha matado.”
Los presentes se quedan de piedra al ver lo ocurrido. El rostro de Broly parece descompuesto; en shock. En su mente, brevemente recuerda a una mujer abrazándole cuando él era solo un niño.
En ese instante, el saiyajín parece estar sufriendo una jaqueca y se sujeta la cabeza con sus manos.
– “Grrr…” – gruñe el saiyajín.
Tarble se acerca a él cautelosamente. 
– “Tranquilo, Broly” – dice el saiyajín. – “Cálmate. Ni siquiera sabemos si eso es cierto.”
El holograma desaparece y se convierte de nuevo en Raichi.
– “Tú la mataste, Broly” – sonríe el tsufur. – “Lo recuerdas, ¿verdad?”
La mente de Broly se llena de recuerdos dolorosos.
En una escena, un pequeño Broly ha estado entrenando con su padre y ahora se encuentra en el suelo, recobrando el aliento.
– “¡Tienes que esforzarte más!” – exclama Páragus. – “¡Tienes el poder para salvar a nuestra raza! ¡No puedes permitirte descansar!” – le grita su padre, propinándole una patada.
– “Tiene tres años, Páragus” – interviene su madre.
– “Y ya ha demostrado más fuerza que muchos guerreros” – dice el saiyajín.
– “Pero es un niño” – responde la madre, agachándose junto a Broly para ayudarle a levantarse. 
– “¡Es el saiyajín de la leyenda!” – grita Páragus. – “¡¿Es que no lo entiendes?!”
En otra escena, Broly se encuentra airado y peleando con varios guerreros saiyajín, que intentan sujetarle, hasta que Páragus interviene y agarra al chico por la cola, debilitándole.
– “¡Voy a tener que enseñarte disciplina!” – grita Páragus, estampándole contra el suelo. 
Broly está perdiendo el control. Tarble intenta reconfortarle, pero el saiyajín sigue inmerso en unas imágenes que invaden su mente sin control, como si una compuerta que ha permanecido cerrada durante años se hubiera abierto.
Otro momento cruza la mente del saiyajín. Sus padres están discutiendo, mientras Broly escucha agazapado tras una pared cercana.
– “Le presionas demasiado, Páragus.” – dice ella. – “No puedes exigirle tanto. Es solo un niño.”
– “Es nuestro futuro, Kabasha” – responde Páragus. – “Es el único que puede traer el resurgir de los saiyajín. ¡El va a liberar a nuestro pueblo!”
– “¡Ya basta!” – exclama ella. – “¡Nosotros somos libres! ¡Deja que el Rey Vegeta lidie con el Imperio! Ahora estamos lejos de todo eso. Vinimos aquí para empezar de cero, ¡pero tú no nos dejas!”
– “¡¿Yo soy el problema?!” – exclama Páragus, furioso.
– “¡Mucha de esta gente no ha visto nunca el planeta Vegeta!” – responde ella. – “¡Ni a Freezer!”
Páragus agacha la cabeza.
– “He oído rumores…” – dice Páragus.
– “¿Rumores?” – pregunta Kabasha.
– “Parece que el Planeta Vegeta ya no existe.” – responde Páragus.
– “¿Dónde lo has oído?” – dice la mujer. – “¿Cuándo?”
– “Hace tiempo, en el laboratorio.” – responde el saiyajín.
Kabasha se da cuenta de lo sucedido.
– “Me lo has ocultado…” – dice la saiyajín, apenada. – “Ahora lo entiendo todo… ¡Por eso te eres tan duro con Broly!”
– “¡Le necesitamos, Kabasha!” – dice Páragus. – “¡Estoy seguro de que Freezer ha tenido algo que ver! ¡Ese monstruo quiere exterminar a nuestra raza!”
– “¡BASTA!” – grita Kabasha. – “¡YA ES SUFICIENTE! No dejaré que tortures a nuestro hijo por una de tus fantasías.
– “¡¿Fantasías?!” – responde Páragus.
– “Todos nosotros te seguimos hasta aquí, hasta un remoto planeta perdido en el borde exterior, por muy inhabitable que pareciera, porque confiábamos en ti… Creíamos en tu visión. Confiábamos en la leyenda del Súper Saiyajín y en su retorno” – dice Kabasha. – “Pero empiezo a pensar que solo tenías envidia del Rey Vegeta.”
– “¿Cómo te atreves?” – dice Páragus, en tono desafiante, mientras se acerca a Kabasha.
– “Y ahora, te has obsesionado en que tu hijo sea mejor que el suyo.” – le dice la saiyajín. – “Aunque eso signifique torturar a Broly.”
Páragus propina un cabezazo a Kabasha, haciendo que sangre por la nariz, dejándola aturdida durante un instante.
Kabasha se frota la nariz y observa su mano ensangrentada.
– “¿He acertado?” – sonríe la saiyajín.
– “Ya basta, Kabasha.” – le advierte Páragus.
Kabasha se abalanza sobre Páragus, que esquiva el puñetazo de la saiyajín y le propina un golpe en el estómago, haciendo que la mujer caiga de rodillas al suelo.
– “No dejaré que ni tú ni nadie se entrometa en el destino de Broly” – le amenaza Páragus.
La saiyajín se pone en pie. Páragus le ofrece su mano, pero ella la rechaza.
– “¡No me toques!” – responde ella.
En ese momento, Broly no aguanta más y corre hacia su padre, saltando y propinándole un cabezazo en el costado, rompiéndole varias costillas y derribándole al instante.
– “Broly…” – murmura asustada su madre.
Páragus, se levanta dolorido y sujetándose el costado.
– “Maldito crío…” – refunfuña el saiyajín.

De repente, Páragus se da cuenta de la mirada enrabietada de su hijo. Sus pupilas brillan de color magenta y su cabello ondea ligeramente, pues parece que una tenue brisa envuelve al saiyajín.
Kabasha se acerca a su hijo.
– “Tranquilo, Broly…” – intenta calmarle. – “No pasa nada…”
Páragus se pone en pie.
– “Ahora te comportas como un guerrero…” – dice el saiyajín, esbozando media sonrisa que provoca a Broly. – “¡Muéstrame de que eres capaz!”
Broly aprieta sus puños con fuerza.
– “No la toques…” – gruñe el pequeño entre dientes. – “¡¡NO TOQUES A MI MAMÁ!!” – grita Broly.
Una gran explosión de ki magenta inunda la sala, empujando a Kabasha y a Páragus contra la pared de la gruta, que se desmorona sobre ellos.
Tarble agarra el brazo de Broly para intentar sacarle de su trance.
– “¡Broly!” – exclama su compañero. – “¡Tranquilo!”
De repente, el saiyajín empuja a su amigo, lanzándole contra la pared del laboratorio.
Los ojos de Broly brillan de color magenta y su cabellera adquiere ese mismo color.
Obni y Ganos retroceden aterrorizados.
– “Maldita sea…” – murmura Ganos. – “Tenemos problemas serios…”
Kale parece preocupada por el saiyajín.
Raichi sonríe al ver la furia de Broly.
– “Eso es…” – dice el tsufur. – “Eres un monstruo… ¡Acéptalo! ¡Solo traes muerte y destrucción!”
Broly grita con todas sus fuerzas, adquiriendo su forma musculosa y emitiendo una onda expansiva de ki que derriba a todos los presentes y hace temblar el laboratorio.
En ese instante, un cilindro sellado en el centro del laboratorio se abre, revelando una silueta tan grande como el propio Broly, con seis brillantes orbes similares a los que componían el mecanismo de control del saiyajín. 

– “Proyecto Hatchiyack” – anuncia un altavoz. – “Entrando en la fase final.”
El líquido que envuelve al gigantón es drenado rápidamente y el cilindro de cristal desaparece en el techo del laboratorio, liberando a la creación de Raichi.
Los presentes, aturdidos por el ataque de Broly, asisten al despertar de un nuevo enemigo.
– “¿Qué es eso?” – se pregunta Tarble.
El holograma del doctor se desvanece, pero su risa sigue sonando por todo el laboratorio.
– “Veamos de qué eres capaz, hijo de Páragus” – dice el tsufur.