El Campeón // Parte III: Dinamita
“Solo estoy aquí por su seguridad, señora.”
Mark despide a su hija, que se marcha a clase con la vecina y su pequeño amigo.
Mark se sienta en su sillón, bourbon en mano, y se prepara para echar una siesta.
El teléfono suena. Mark suspira. Lo ignora hasta que la llamada termina.
Mark cierra los ojos, tranquilo.
RING. Suena de nuevo el teléfono.
– “Maldita sea…” – refunfuña Mark. – “¿Qué te pasa ahora, Ger…?”
Pero al agarrar el móvil se da cuenta de que no es su agente; número oculto.
– “¿Dígame?” – responde Mark.
– “¡Hey!” – exclama la voz ronca de su jefe. – “Tengo un trabajo para ti.”
– “Señor, son las 8 de la mañana…” – responde Mark, extrañado.
– “Paga extra. Vístete bien y ven al club.” – responde rápidamente Cash, antes de colgar.
En poco más de media hora, Mark, vestido con pantalón negro, jersey beige, chaqueta de cuero negra y su fedora de la suerte, se encuentra acompañando a una bella mujer por las tiendas más caras de Orange City.
La mujer, de figura esbelta y cabellera lila rizada, viste un elegante vestido negro, tacones altos, gafas de sol, un collar de perlas y varias pulseras y anillos de oro y piedras preciosas.
Frente a un espejo se coloca encima varios bañadores sin sacarlos del perchero, intentando ver cuál le podría quedar mejor.
Mark, a su lado, le sujeta un exuberante abrigo de visón.
– “¿Qué te parece este?” – pregunta ella.
– “Solo estoy aquí por su seguridad, señora.” – responde Mark con cierto desinterés.
– “¿Señora?” – protesta ella. – “¿Cuántos años tienes? ¿Dos menos que yo?”
– “Es la mujer de mi jefe.” – responde él. – “Así que, señora me parece lo adecuado.”
Ella suspira.
– “Vaya…” – sonríe ella. – “Apuesto y educado.” – le guiña un ojo.
Mark agacha la cabeza, un poco incómodo.
Ella entra en el probador.
– “¿Por qué estás trabajando para mi marido?” – pregunta ella desde el otro lado de la cortina.
– “Es un buen trabajo.” – responde Mark.
– “¿Para Dynamite Mark?” – insiste ella con cierto retintín.
– “¿Es usted una aficionada a la lucha?” – pregunta Mark.
– “Algo así.” – responde ella.
Ella sale del probador, vestida con un bikini rosado que expone su tonificado cuerpo.
– “¿Qué me dices, Mark?” – pregunta ella con tono sensual. – “¿Qué tal me queda?” – añade haciendo algunas posturas de modelo de lencería.
Mark se sonroja ligeramente y aparta la mirada.
Ella sonríe satisfecha, como si ponerle nervioso hubiera sido su objetivo desde el principio.
La mujer se acerca a Mark y le agarra la barbilla delicadamente con la mano, guiando su cabeza para que la mire a los ojos.
– “Dime, Mark… ¿de verdad eres dinamita?” – le dice mientras se acerca lentamente a él.
Pero Mark le agarra la mano y se la aparta.
– “Basta.” – dice él, muy asertivo.
– “Tsk…” – protesta ella, soltándose y dándole la espalda. – “Qué aburrido…”
Mark se cruza de brazos, molesto.
Ella vuelve al probador.
Mark inspira profundamente y expira. Intentando recuperar la compostura. Es un trabajo.
Mientras tanto, en el colegio de Videl, en clase, un chico rubio de ojos marrones le quita el estuche a una niña rubia.
– “¡Devuélvemelo!” – grita ella.
El niño le lanza el estuche a un amigo y éste se lo pasa a otro mientras ríen.
– “¡Devuévemelooo!” – insiste la niña, con los ojos llorosos.
– “¡JAJAJA!” – ríen los críos.
De repente, el estuche desaparece un instante ante de que llegue a manos del primer niño.
– “¿Eh?” – se sorprende el chico.
Videl ha cazado el estuche al vuelo y se lo devuelve a su compañera.
– “Gracias.” – dice la chica con una sonrisa, secándose las lágrimas con el brazo.
El chico se acerca a Videl.
– “¿Por qué te metes en nuestro juego?” – pregunta el niño, con chulería.
Videl se pone con los brazos en jarra y la barbilla alta, cual super héroe.
– “Porque eso no está bien.” – anuncia ella, luciendo en su camiseta un dibujo de CleanGod.
El chico se acerca a Videl, amenazante.
– “¿Te crees mejor que nosotros?” – protesta el niño.
El chico es más alto que Videl, pero ella no se deja amedrentar.
– “Mi madre dice que tu padre es un perdedor.” – dice el chico.
El chico empuja a Videl, que cae de culo al suelo.
Los niños ríen.
– “¡Mi padre es el hombre más fuerte del mundo!” – replica ella.
Su amiga ayuda a Videl a levantarse.
– “¿Y por qué no hizo nada cuando los extraterrestres atacaron la Capital del Este?” – se burla el chico. – “¿Por qué no salvó a tu ma…?”
Antes de que pueda terminar la frase, Videl le propina un puñetazo en la cara y le hace saltar dos dientes de leche.
La niña se sienta sobre su compañero y le propina puñetazos en la cara mientras él grita asustado.
Los demás salen corriendo.
La maestra no tarda en intervenir, agarra el brazo de la niña para apartarla de su compañero, pero ella sigue dando pelea.
Una media hora después, Videl está sentada en el despacho del director del centro cuando entra Mark.
– “Buenos días.” – saluda el director. – “Adelante, siéntese.”
Mark mira a su hija con cierto pesar. Ella agacha la cabeza, avergonzada.
Cuando salen del despacho, Mark se agacha frente a Videl.
– “¿Por qué has hecho eso?” – pregunta el preocupado padre.
Ella no responde.
– “Sabes que no debes pelear con tus compañeros.” – dice Mark. – “Las artes marciales solo se usan para defenderse.”
– “Y en torneos.” – murmura ella.
– “Exacto, listilla.” – responde Mark. – “Eso es porque los dos participantes se han puesto de acuerdo.”
Videl se queda callada.
– “Prométeme que no volverás a hacerlo.” – dice Mark.
– “Dijo que eras un fracasado.” – responde ella.
Mark suspira.
– “No importa lo que la gente diga, Videl.” – insiste él. – “Tú no puedes…”
– “Dijo que eres débil porque no pudiste salvar a mamá.” – añade ella.
Silencio.
Para Mark, el tiempo se detiene durante unos segundos eternos.
El hombre se rompe en silencio, intentando no reflejar el dolor en su rostro y abraza a su hija con fuerza.
Esa noche, Mark deja a Videl mirar la televisión tanto como quiera para que se distraiga, y cuando cae rendida la lleva a la cama.
Mark se sienta a su lado. El teléfono suena. Número oculto.
Mark se pone en pie, pero Videl le agarra la mano.
– “Papá.” – dice ella.
– “Dime, cielo.” – responde él.
– “Quédate un rato conmigo.” – dice con voz tierna.
El padre mira el teléfono un instante, pero decide no responder.
– “Pero solo un ratito, ¿eh?” – dice Mark. – “Duérmete, que es tarde.”
Mark se tumba al lado de Videl. Ella sonríe y se acurruca junto a su padre.
Mark llega al trabajo. Piroshki está en la puerta.
– “Estas no son horas…” – dice el portero.
– “Lo sé…” – responde Mark. – “Un día jodido…”
Mark entra al local y busca a Cash para poder disculparse, pero no está en su reservado.
Mark se acerca a la barra, pero Pizza no está. Otra de las camareras está ocupando su puesto.
– “¿Hoy no trabaja Pizza?” – pregunta Mark.
La camarera responde levantando la barbilla, indicando a Mark lo que tiene que mirar.
Mark ve a Fulov Chash salir del backstage refunfuñando, claramente enfadado.
Mark se levanta sin decir nada y cruza el local hacia el backstage.
Al entrar a la zona privada, puede oír llorar a una mujer.
Mark entra en el despacho de Cash y se encuentra a Pizza sentada en un sofá, con un tirante del vestido roto, sujetándoselo avergonzada.
Los dos se quedan mirándose en silencio, como si ninguno esperara al otro.
Mark se da la vuelta y se marcha decidido.
– “¡MARK!” – grita ella. – “¡MARK, NO! ¡NO HA PASADO NADA! ¡MARK!”
Pero él no escucha a nadie.
Sale del backstage abriendo la puerta de golpe y cruza la pista de baile directo hacia el reservado de Cash.
– “¡Hey, Mark!” – lo saluda Cash.
Sin mediar palabra, Mark agarra a Cash de la solapa con su mano izquierda, haciendo que se ponga de pie sobre el sofá y le propina un derechazo que le rompe las gafas y la ceja, y un segundo derechazo que le abre el pómulo.
– “¡AAH!” – grita Cash asustado. – “¡¡AYUDA!!”
Mark lo agarra del traje con las dos manos y le propina un cabezazo que le rompe la nariz y lo lanza por encima del sofá, dejándolo tirado en el suelo.
Mark da la vuelta al sofá, directo hacia Cash. La sangre le hierve como nunca.
– “Cabrón…” – refunfuña Mark. – “Es una cría…”
– “¡NO… NO HA PASADO NADA!” – se excusa Cash. – “¡LO JURO!”
Mark no puede calmarse. Lo levanta de nuevo, agarrándolo de la chaqueta y le propina otro puñetazo.
Pizza sale corriendo del backstage y agarra el brazo de Mark.
– “¡MARK! ¡BASTA!” – insiste ella. – “¡POR FAVOR!”
Mark la mira con una rabia contenida que la hace encogerse instintivamente. Él se da cuenta, lo que frena su ira.
– “Nos vamos.” – le dice Mark
– “Pero…” – protesta ella.
Mark la agarra del brazo como si fuera una niña y tira de ella hacia la puerta.
Cash se incorpora, con la cara ensangrentada.
– “Bastardo…” – gruñe Fulov. – “¡VOY A HACER QUE TE MATEN!”
Piroshki ha entrado al local al oír el alboroto y está frente a la puerta, bloqueando el paso.
Mark se detiene frente a él.
– “Mark…” – dice Piroshki, con una mezcla de asombro y miedo.
– “Apártate, Piroshki.” – dice Mark, tajante. – “No me hagas insistir.”
Piroshki levanta las manos y se aparta lentamente.
Mark empuja a Pizza para que pase delante de él.
Cash intenta levantarse, pero no puede. Intenta gatear hasta un taburete para ayudarse. La parte izquierda de su rostro está completamente ensangrentada.
Piroshki se acerca para ayudarle, pero Cash rechaza su mano, furioso.
El hombre escupe al suelo y se le caen dos dientes.