DBSNL // Capítulo 383: Punto débil

DBSNL // Capítulo 383: Punto débil

“¿Y tu comida favorita cuál es?”

En el cielo de Erezúant, con la tímida luz del amanecer atenuando la aurora, Broly y Karza siguen peleando.

El chico, enloquecido, ataca al saiyajín desde la distancia, con sus recién descubiertos zarpazos de ki rojo.

Broly los evade volando de lado a lado con esprints cortos.

– “Tsk…” – protesta el saiyajín. – “¡Ya es suficiente! ¡No quiero hacerte daño!” – insiste.

– “¡KYAAAH!” – grita Karza.

En tierra firme, Tarble, transformado en Súper Saiyajín, da la espalda a Torpin.

– “Hablas… de la voluntad de nuestra raza…” – dice el viejo moribundo. – “¿Qué sabrás tú…?”

Tarble no responde.

Sambuco, Gladyola, Panzy y Hybis observan atentamente la escena. Los tres parecen comprender que el conflicto les es ajeno.

El viejo ha perdido tanta sangre que está cerca de desmayarse y da una repentina cabezada, pero aún resiste.

– “Por la gracia de mi padre, por tus años de leal servicio al Rey Vegeta III, puedo concederte la muerte que merece un guerrero.” – dice Tarble.

Tarble se da la vuelta, mirando de nuevo a Toprin.

– “¿La aceptas?.” – pregunta el hijo de Leek.

Torpin escupe al suelo, ofendido.

– “Tú… no puedes otorgarme nada…” – protesta Torpin. – “Solo eres… el hijo de un cobarde… que se unió a un traidor… y que viste el uniforme de un ejército ajeno.”

Tarble se queda mirando al viejo saiyajín, en silencio.

– “En ese caso, debería arrestarte en nombre de la Patrulla Galáctica.” – habla Table. – “Pero en este planeta prima la ley del Rey Kadan.” – da la espalda al saiyajín. – “Gladyola, lo dejo en tus manos.” – le dice a la guerrera. – “Haz lo que debas.”

Gladyola tarda un instante en reaccionar, pues se sorprende de la respuesta del patrullero.

La guerrera asiente. 

Tarble mira de reojo a Hybis.

– “Hybis, comunícate con Cheelai, por favor.” – dice el saiyajín. – “De momento, es mejor que se mantengan alejados de este planeta.”

Hybis suelta el maletín en el suelo.

– “Solo porque me lo has pedido por favor.” – asiente.

Tarble responde con una sonrisa. 

El saiyajín sale volando hacia la batalla.

Gladyola empuña su espadón y avanza hacia Torpin, pero Panzy la sujeta del pantalón, frenándola.

– “¿Eh?” – la guerrera mira a la princesa.

– “Quiero preguntarle sobre Glorio.” – dice Panzy.

El viejo saiyajín da otra repentina cabezada, ya en las últimas, con los ojos casi en blanco.

– “Creo que es demasiado tarde, Princesa.” – responde Gladyola.

Sambuco se acerca a la muchacha.

– “Creo que yo puedo ser de ayuda.” – sonríe el desaliñado anciano.

Mientras tanto, Oxyedas se incorpora torpemente, sujetándose la mandíbula, dolorido.

– “¿Qué ha pasado…?” – pregunta, aturdido, como si se levantara después de una borrachera.

En el cielo, Broly avanza hacia Karza esquivando sus zarpazos, hasta que logra alcanzarlo y le agarra los antebrazos, intentando inmovilizarlo.

– “¡BASTA!” – exclama el hijo de Páragus. – “¡Si sigues así, voy a tener que…!”

Pero el joven mestizo abre su boca y dispara un cañonazo de energía roja que Broly tiene que esquivar rápidamente, agachándose.

El torrente de energía le quema varios mechones de pelo al saiyajín.

Karza aprovecha que Broly ha aflojado su agarre para patearle la nuca con ambos pies, y así liberarse.

El hijo de Páragus se precipita contra el suelo rápidamente, pero logra aterrizar de pie.

– “Maldita sea…” – se frota la nuca, dolorido.

Tarble aterriza a su lado.

– “¿Tienes problemas?” – pregunta en tono burlón.

– “Tsk…” – protesta Broly, con una media sonrisa cómplice. – “Ya habría puesto fin al combate, si no fuera solo un pobre muchacho.”

Tarble observa a Karza en el cielo, sujetándose la cabeza, con los ojos muy abiertos, desesperado, y con una sonrisa desquiciada.

– “Lo entiendo.” – sonríe el hijo de Leek, recordando la infancia de su amigo. – “Por suerte, tengo la solución.”

– “Ah, ¿sí?” – se sorprende Broly.

Tarble empuja a Broly ligeramente por la espalda, haciéndole dar un paso al frente.

– “Tú serás el cebo.” – dice el hijo de Leek.

– “¿Qué?” – replica Broly, confundido.

Karza grita, llamando la atención de los saiyajín.

– “¡¡KYAAAAAAAH!!” – chilla el mestizo.

– “Ya viene.” – frunce el ceño Broly.


Karza se abalanza sobre ellos.

– “Todo tuyo.” – sonríe Tarble, fanfarrón. – “Intenta frenarlo.”

– “Tsk…” – protesta Broly.

El hijo de Páragus sale volando al encuentro de Karza.

El mestizo tiene las garras preparadas, dejando un rastro de ki tras él por cada dedo. De su boca emana también energía, como si estuviera evaporándose el ki sobrante.

Broly extiende su mano derecha y materializa un orbe de ki azul, que pronto se torna verde.

– “¡¡RIOT JAVELIN!!” – exclama el mestizo, lanzando su ataque.

El orbe de energía llega rápidamente hasta Karza que, instintivamente, clava sus garras en él.

La explosión tiñe el cielo de verde y desintegra por completo la parte superior de la ropa del mestizo, que por la explosión echa los brazos hacia atrás, quedándose vulnerable durante un instante.

Tarble ha aprovechado el ataque de Broly para rodear a Karza y abalanzarse sobre él por la espalda.

El hijo de Leek agarra la cola de Karza y la aprieta con fuerza.

– “¡Te tengo!” – exclama el saiyajín.

– “¡¿KYAH?!” – se sorprende el mestizo.

Karza sacude su cola, y Tarble tiene que agarrarse a ella con todas sus fuerzas para no salir volando.

El mestizo parece tener un ataque repentino de cansancio y sueño, poco a poco sus ojos se cierran y sus movimientos son más lentos.

– “Hora de dormir, chico.” – sonríe Tarble, confiado.

Pero de repente, un nuevo estallido de energía nace en el interior de Karza.

El aura roja del mestizo se reaviva y empieza a revolverse de nuevo.

– “¡¡KYAAAAAH!!” – grita con desesperación.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende Tarble. – “¡¿Es que no funciona?!” – piensa. – “Es que yo… ¡¿no tengo fuerza suficiente?!” – lamenta. 

Entre las sacudidas, Karza logra conectar un codazo en la cara de Tarble y le rompe la nariz.

– “¡Ah…!” – sufre Tarble, soltando a al muchacho.

Karza prepara su garra, con las yemas de sus dedos iluminadas, y se dispone a rematar a Tarble atravesándole el pecho… pero en el último momento aparece Broly, que aparta a Karza de una patada en el pecho.

– “¡¿Estás bien?!” – le pregunta el hijo de Páragus a su amigo.

El golpe aleja al mestizo cientos de metros.

Tarble se sujeta la agarra la nariz desviada, sangrando, y se la recoloca con un fuerte clack.

– “Estoy bien…” – dice con un pesar evidente. – “Lo siento. He calculado mal.”

Broly se pone en guardia.

– “Así que no tiene la cola entrenada.” – dice el saiyajín. – “Puedo intentar encargarme de él yo solo. Creo que…”

– “Esta vez, yo seré el cebo.” – le interrumpe Tarble.

Broly lo mira con sorpresa.

– “Te puede matar.” – dice el hijo de Páragus, con una gota de sudor en su frente, por la incomodidad de tener que decirle tal cosa a su amigo.

Tarble se tapa un orificio de la nariz y exhala fuertemente por el otro, limpiándosela de sangre.

– “¿Estás listo?” – pregunta Tarble, que intenta ponerle valor para defender su orgullo.

Broly comprende a su amigo. Asiente.

Mientras tanto, Hybis ha montado su antena parabólica y ya habla con Cheelai.

– “¡¿Cómo?!” – se preocupa la patrullera tras escuchar la historia de Hybis. – “Supongo que, si está Broly, todo saldrá bien…” – murmura. – “Orbitaremos el sistema hasta que nos deis el visto bueno.” – responde.

– “Espero que acabe pronto.” – dice Hybis. – “No pude terminarme mi sopa de bichos y aún tengo hambre.”

– “Ah, bueno…” – dice Cheelai, un poco confusa. – “Pues espero que puedas terminar de comer…”

– “¿Y tu comida favorita cuál es?” – pregunta Hybis.

– “¿Eh?” – se miran Cheelai y Gohan Jr, extrañados.

Karza ataca de nuevo.

– “Vamos allá…” – se da ánimos Tarble.

El saiyajín lanza una pequeña esfera de energía contra el suelo, levantando una gran nube de polvo.

Karza se adentra en la polvareda. Desorientado, busca a sus contrincantes.

– “¡KYAAAAA!” – grita desatando su energía, disipando así la nube.

Karza sigue mirando a todos lados, sin suerte. Sus enemigos han desaparecido.

Desde el cielo, Tarble lo provoca.

– “¡HEY!” – exclama el saiyajín. – “¡ESTOY AQUÍ!”

El mestizo clava su mirada furiosa en él.

Tarble dispara a discreción una ráfaga de ki, alternando una mano y la otra para disparar.

– “¡VAMOS!” – exclama el hijo de Leek. – “¡VEN A POR MÍ!”

Karza sale volando, atravesando los ataques de Tarble, provocando decenas de explosiones que se aproximan cada vez más al saiyajín.

Tarble se prepara.

– “¡¡RIOT JAVE…!!” – intenta frenarlo.

Pero Karza aparece delante de él antes de lo que esperaba.

– “¡¿AH?!” – se asusta Tarble.


En ese instante, Broly cae sobre Karza, agarrándole la cola mientras se precipitan contra el suelo.

Los dos se estrellan contra el pavimento.

Cuando se disipa la polvareda, Karza está incrustado bocabajo en el suelo. Broly está de pie, con un pie sobre su espalda, agarrándole fuertemente la cola.

– “¡¡KYAAaaah!!” – grita el mestizo, quedándose sin fuerzas. – “Kyaaah…”

– “Has peleado muy bien, chico.” – dice Broly. – “Pero ahora toca descansar.”

Karza queda aturdido, debilitado, y pierde su transformación.

Broly aparta su pie, sin soltarle la cola. El mestizo intenta levantarse lentamente.

Tarble aterriza a su lado.

– “Felices sueños.” – sentencia el saiyajín.

Tarble propina un golpe con el canto de su mano en la nuca de Karza, dejándolo inconsciente.

Hybis ahora habla con Peral.

– “Creo que se ha cortado.” – dice Hybis.

– “No he detectado ningún problema en la señal.” – responde Peral.

– “Su voz es muy sexy.” – continúa Hybis.

– “Eres un tipo genial.” – lo anima Peral. – “Seguro que…”

Silencio en la radio.

– “¿Peral?” – pregunta Hybis. – “¿Estás ahí?”

Interferencias.

– “Pues parece que sí que tenía problemas la señal.” – suspira Hybis.

En la base del Planeta Freezer FR 85, dos soldados imperiales están de pie detrás de Peral, que se da la vuelta en su silla con cautela.

– “¿Puedo ayudarles en algo, caballeros?” – pregunta el operador, nervioso.

En Erezúant, Broly y Tarble, ya en estado base, regresan con los demás. El hijo de Páragus lleva a Karza sobre el hombro, como si fuera un saco de patatas.

– “Qué alivio…” – suspira Sambuco.

– “¿Está…?” – se preocupa Panzy al ver al muchacho.

– “Solo está inconsciente.” – responde Broly con una sonrisa.

Panzy se alegra.

Gladyola levanta a Torpin del suelo, agarrándolo de la parte trasera del cuello de su armadura.

– “¿Sigue vivo?” – se extraña Broly, sintiendo aún un leve ki en su interior.

– “Debemos interrogarlo.” – dice Gladyola. – “Así lo ha ordenado la Princesa.”

Tarble se fija en su muñón, que ya no sangra.

– “¿Lo habéis curado?” – se sorprende el saiyajín.

– “¡Ha sido Sambuco!” – dice Panzy. – “Le hizo un torniquete.”

– “Veo que los saiyajín sois muy resistentes.” – dice Gladyola. – “Cualquiera hubiera muerto después de perder tanta sangre.”

Sambuco agita su mano al aire quitándose importancia.

– “¡Solo es un viejo truco…!” – se excusa. – “¡Uno aprende cosas con los años!”

Broly levanta una ceja. Su instinto parece decirle que algo no cuadra.

Sambuco y el saiyajín se miran a los ojos un instante, pero ninguno dice nada.

Tarble se acerca a Hybis.

– “¿Has podido contactar con Cheelai?” – pregunta el saiyajín.

– “Afirmativo.” – asiente Hybis. – “Pero la conexión se ha perdido y ya no logro contactar con Peral.”

– “Volveremos al castillo del Rey Kadan.” – dice Gladyola. – “Allí podremos interrogar al saiyajín y debatir que hacemos con el muchacho, mientras vosotros intentáis poneros en contacto con la Patrulla Galáctica.” – 

El minotauro se acerca a los saiyajín.

– “¡Oxyedas!” – se alegra Broly. – “¿Estás bien?”

– “Me duele la cabeza.” – protesta el toro.

– “Jeje” – ríe el saiyajín.

Tarble suspira, contrariado.

– “Aún tenemos que recuperar nuestra nave.” – recuerda. – “No quiero recibir otra bronca de Lemon…”

– “Ya hemos cruzado el Valle de los Sordos.” – dice Sambuco. – “El asentamiento que buscamos debería estar a tan solo unos quilómetros al norte.”

– “Si es así, deberíamos investigarlo.” – dice Tarble.

– “¿Y si el chico despierta?” – se preocupa Panzy.

– “Yo me encargo de él.” – dice Broly, golpeándose el pecho. 

– “No me parece seguro.” – protesta Gladyola. – “La seguridad de la Princesa es mi prioridad.”

Tarble se cruza de brazos, pensativo.

– “Está bien.” – tiene una idea. – “Creo que lo más sensato es que Broly se quede aquí custodiando a los prisioneros. Hybis y la Princesa pueden quedarse también. A ver si logramos recuperar el contacto por radio.” – propone. – “Sambuco, Gladyola y yo iremos al asentamiento.”

– “¿Yo tengo que ir?” – se asusta el anciano.

– “Necesitamos tu guía.” – insiste Tarble.

Broly asiente.

– “¿Qué vas a hacer a hacer tú, Oxyedas?” – pregunta Broly. – “Tu gente ha sido liberada.”

– “Puedo acompañarlos yo al asentamiento.” – dice el minotauro. – “Será mi forma de daros las gracias.”

Sambuco suspira, aliviado.

¡Feliz Navidad!

Ipocrito nos regala este maravilloso dibujo sorpresa para felicitarnos las fiestas.

¡Muchas gracias a todos por leernos un año más!

Espero que estéis disfrutando de la nueva saga.

Esta semana no tendremos capítulo, porque la Señora Batosai y yo estamos en Hokkaido unos días de vacaciones. Disculpad las molestias.

¡DBSNL volverá la semana que viene!

Dibujado por Ipocrito

No hay capítulo

Lo siento mucho, pero por compromisos que he tenido esta semana, me ha sido imposible acabar el capítulo 369.

DBSNL volverá la semana que viene.

Gracias por vuestra paciencia.

Aquí tenéis un dibujazo de Ipocrito para que se haga más amena la espera 😉

Dibujado por Ipocrito

ESPECIAL DBSNL /// El Campeón // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte III: Dinamita

El Campeón // Parte III: Dinamita

“Solo estoy aquí por su seguridad, señora.”

Mark despide a su hija, que se marcha a clase con la vecina y su pequeño amigo.

Mark se sienta en su sillón, bourbon en mano, y se prepara para echar una siesta.

El teléfono suena. Mark suspira. Lo ignora hasta que la llamada termina.

Mark cierra los ojos, tranquilo.

RING. Suena de nuevo el teléfono.

– “Maldita sea…” – refunfuña Mark. – “¿Qué te pasa ahora, Ger…?”

Pero al agarrar el móvil se da cuenta de que no es su agente; número oculto.

– “¿Dígame?” – responde Mark.

– “¡Hey!” – exclama la voz ronca de su jefe. – “Tengo un trabajo para ti.”

– “Señor, son las 8 de la mañana…” – responde Mark, extrañado.

– “Paga extra. Vístete bien y ven al club.” – responde rápidamente Cash, antes de colgar.

En poco más de media hora, Mark, vestido con pantalón negro, jersey beige, chaqueta de cuero negra y su fedora de la suerte, se encuentra acompañando a una bella mujer por las tiendas más caras de Orange City.

La mujer, de figura esbelta y cabellera lila rizada, viste un elegante vestido negro, tacones altos, gafas de sol, un collar de perlas y varias pulseras y anillos de oro y piedras preciosas.

Frente a un espejo se coloca encima varios bañadores sin sacarlos del perchero, intentando ver cuál le podría quedar mejor.

Mark, a su lado, le sujeta un exuberante abrigo de visón.

– “¿Qué te parece este?” – pregunta ella.

– “Solo estoy aquí por su seguridad, señora.” – responde Mark con cierto desinterés.

– “¿Señora?” – protesta ella. – “¿Cuántos años tienes? ¿Dos menos que yo?”

– “Es la mujer de mi jefe.” – responde él. – “Así que, señora me parece lo adecuado.”

Ella suspira.

– “Vaya…” – sonríe ella. – “Apuesto y educado.” – le guiña un ojo.

Mark agacha la cabeza, un poco incómodo.

Ella entra en el probador.

– “¿Por qué estás trabajando para mi marido?” – pregunta ella desde el otro lado de la cortina.

– “Es un buen trabajo.” – responde Mark.

– “¿Para Dynamite Mark?” – insiste ella con cierto retintín.

– “¿Es usted una aficionada a la lucha?” – pregunta Mark.

– “Algo así.” – responde ella.

Ella sale del probador, vestida con un bikini rosado que expone su tonificado cuerpo.

– “¿Qué me dices, Mark?” – pregunta ella con tono sensual. – “¿Qué tal me queda?” – añade haciendo algunas posturas de modelo de lencería.

Mark se sonroja ligeramente y aparta la mirada.

Ella sonríe satisfecha, como si ponerle nervioso hubiera sido su objetivo desde el principio.

La mujer se acerca a Mark y le agarra la barbilla delicadamente con la mano, guiando su cabeza para que la mire a los ojos.

– “Dime, Mark… ¿de verdad eres dinamita?” – le dice mientras se acerca lentamente a él.

Pero Mark le agarra la mano y se la aparta.

– “Basta.” – dice él, muy asertivo.

– “Tsk…” – protesta ella, soltándose y dándole la espalda. – “Qué aburrido…”

Mark se cruza de brazos, molesto.

Ella vuelve al probador.

Mark inspira profundamente y expira. Intentando recuperar la compostura. Es un trabajo.

Mientras tanto, en el colegio de Videl, en clase, un chico rubio de ojos marrones le quita el estuche a una niña rubia.

– “¡Devuélvemelo!” – grita ella.

El niño le lanza el estuche a un amigo y éste se lo pasa a otro mientras ríen.

– “¡Devuévemelooo!” – insiste la niña, con los ojos llorosos.

– “¡JAJAJA!” – ríen los críos.

De repente, el estuche desaparece un instante ante de que llegue a manos del primer niño.

– “¿Eh?” – se sorprende el chico.

Videl ha cazado el estuche al vuelo y se lo devuelve a su compañera.

– “Gracias.” – dice la chica con una sonrisa, secándose las lágrimas con el brazo.

El chico se acerca a Videl.

– “¿Por qué te metes en nuestro juego?” – pregunta el niño, con chulería.

Videl se pone con los brazos en jarra y la barbilla alta, cual super héroe.

– “Porque eso no está bien.” – anuncia ella, luciendo en su camiseta un dibujo de CleanGod.

El chico se acerca a Videl, amenazante.

– “¿Te crees mejor que nosotros?” – protesta el niño.

El chico es más alto que Videl, pero ella no se deja amedrentar.

– “Mi madre dice que tu padre es un perdedor.” – dice el chico.

El chico empuja a Videl, que cae de culo al suelo.

Los niños ríen.

– “¡Mi padre es el hombre más fuerte del mundo!” – replica ella.

Su amiga ayuda a Videl a levantarse.

– “¿Y por qué no hizo nada cuando los extraterrestres atacaron la Capital del Este?” – se burla el chico. – “¿Por qué no salvó a tu ma…?”

Antes de que pueda terminar la frase, Videl le propina un puñetazo en la cara y le hace saltar dos dientes de leche.

La niña se sienta sobre su compañero y le propina puñetazos en la cara mientras él grita asustado.

Los demás salen corriendo.

La maestra no tarda en intervenir, agarra el brazo de la niña para apartarla de su compañero, pero ella sigue dando pelea.

Una media hora después, Videl está sentada en el despacho del director del centro cuando entra Mark.

– “Buenos días.” – saluda el director. – “Adelante, siéntese.”

Mark mira a su hija con cierto pesar. Ella agacha la cabeza, avergonzada.

Cuando salen del despacho, Mark se agacha frente a Videl.

– “¿Por qué has hecho eso?” – pregunta el preocupado padre.


Ella no responde.

– “Sabes que no debes pelear con tus compañeros.” – dice Mark. – “Las artes marciales solo se usan para defenderse.”

– “Y en torneos.” – murmura ella.

– “Exacto, listilla.” – responde Mark. – “Eso es porque los dos participantes se han puesto de acuerdo.”

Videl se queda callada.

– “Prométeme que no volverás a hacerlo.” – dice Mark.

– “Dijo que eras un fracasado.” – responde ella.

Mark suspira.

– “No importa lo que la gente diga, Videl.” – insiste él. – “Tú no puedes…”

– “Dijo que eres débil porque no pudiste salvar a mamá.” – añade ella.

Silencio.

Para Mark, el tiempo se detiene durante unos segundos eternos.

El hombre se rompe en silencio, intentando no reflejar el dolor en su rostro y abraza a su hija con fuerza.

Esa noche, Mark deja a Videl mirar la televisión tanto como quiera para que se distraiga, y cuando cae rendida la lleva a la cama.

Mark se sienta a su lado. El teléfono suena. Número oculto.

Mark se pone en pie, pero Videl le agarra la mano.

– “Papá.” – dice ella.

– “Dime, cielo.” – responde él.

– “Quédate un rato conmigo.” – dice con voz tierna.

El padre mira el teléfono un instante, pero decide no responder. 

– “Pero solo un ratito, ¿eh?” – dice Mark. – “Duérmete, que es tarde.”

Mark se tumba al lado de Videl. Ella sonríe y se acurruca junto a su padre.

Mark llega al trabajo. Piroshki está en la puerta.

– “Estas no son horas…” – dice el portero.

– “Lo sé…” – responde Mark. – “Un día jodido…”

Mark entra al local y busca a Cash para poder disculparse, pero no está en su reservado.

Mark se acerca a la barra, pero Pizza no está. Otra de las camareras está ocupando su puesto.

– “¿Hoy no trabaja Pizza?” – pregunta Mark.

La camarera responde levantando la barbilla, indicando a Mark lo que tiene que mirar.

Mark ve a Fulov Chash salir del backstage refunfuñando, claramente enfadado.

Mark se levanta sin decir nada y cruza el local hacia el backstage.

Al entrar a la zona privada, puede oír llorar a una mujer.

Mark entra en el despacho de Cash y se encuentra a Pizza sentada en un sofá, con un tirante del vestido roto, sujetándoselo avergonzada.

Los dos se quedan mirándose en silencio, como si ninguno esperara al otro.

Mark se da la vuelta y se marcha decidido.

– “¡MARK!” – grita ella. – “¡MARK, NO! ¡NO HA PASADO NADA! ¡MARK!”

Pero él no escucha a nadie.

Sale del backstage abriendo la puerta de golpe y cruza la pista de baile directo hacia el reservado de Cash.

– “¡Hey, Mark!” – lo saluda Cash.

Sin mediar palabra, Mark agarra a Cash de la solapa con su mano izquierda, haciendo que se ponga de pie sobre el sofá y le propina un derechazo que le rompe las gafas y la ceja, y un segundo derechazo que le abre el pómulo.

– “¡AAH!” – grita Cash asustado. – “¡¡AYUDA!!”

Mark lo agarra del traje con las dos manos y le propina un cabezazo que le rompe la nariz y lo lanza por encima del sofá, dejándolo tirado en el suelo.

Mark da la vuelta al sofá, directo hacia Cash. La sangre le hierve como nunca.

– “Cabrón…” – refunfuña Mark. – “Es una cría…”

– “¡NO… NO HA PASADO NADA!” – se excusa Cash. – “¡LO JURO!”

Mark no puede calmarse. Lo levanta de nuevo, agarrándolo de la chaqueta y le propina otro puñetazo.

Pizza sale corriendo del backstage y agarra el brazo de Mark.

– “¡MARK! ¡BASTA!” – insiste ella. – “¡POR FAVOR!”

Mark la mira con una rabia contenida que la hace encogerse instintivamente. Él se da cuenta, lo que frena su ira.

– “Nos vamos.” – le dice Mark

– “Pero…” – protesta ella.

Mark la agarra del brazo como si fuera una niña y tira de ella hacia la puerta.

Cash se incorpora, con la cara ensangrentada.

– “Bastardo…” – gruñe Fulov. – “¡VOY A HACER QUE TE MATEN!”

Piroshki ha entrado al local al oír el alboroto y está frente a la puerta, bloqueando el paso.

Mark se detiene frente a él.

– “Mark…” – dice Piroshki, con una mezcla de asombro y miedo.

– “Apártate, Piroshki.” – dice Mark, tajante. – “No me hagas insistir.”

Piroshki levanta las manos y se aparta lentamente.

Mark empuja a Pizza para que pase delante de él.

Cash intenta levantarse, pero no puede. Intenta gatear hasta un taburete para ayudarse. La parte izquierda de su rostro está completamente ensangrentada.

Piroshki se acerca para ayudarle, pero Cash rechaza su mano, furioso.

El hombre escupe al suelo y se le caen dos dientes.