ESPECIAL DBSNL // Red World // Universos 1 y 2 / Parte XVIII: La llegada

Red World / Parte XVIII: La llegada

“¿Quiere que aterricemos, señor?”

En la Atalaya de Kamisama, Ten Shin Han, vestido con un pantalón verde y una camiseta azul, medita sentado en el jardín cuando un escalofrío recorre su cuerpo.

– “¡AH!” – exclama asustado. – “No… no es posible… ¡Es demasiado pronto…!” – añade mientras se pone en pie de un salto, mirando al cielo. – “¡Pero si no han pasado más de seis años!”

Popo, que regaba las plantas, se queda perplejo, dejando caer su regadera al suelo, embargado por el terrible poder que siente.

Kamisama sale del palacio y mira en la misma dirección que Ten Shin Han.

– “Ya están aquí…” – murmura Dios. – “¡Han llegado!”

En el espacio, una gran nave en forma de platillo se aproxima a la Tierra.

En su interior, el demonio del frío Chilled observa el paisaje por un gran ojo de buey.

– “Es un planeta bonito…” – dice el demonio. – “El lugar ideal para mi palacio de verano.”

– “¿Quiere que aterricemos, señor?” – pregunta un soldado de piel morada y cabeza triangular, vestido con una coraza negra que le cubre el pectoral, con hombreras amarillas, de la que sale una capa blanca que cubre su cuerpo hasta las rodillas, dejando entrever el traje de lucha naranja que conforma su uniforme.

– “Por supuesto, Shugo.” – asiente Chilled. – “Busca un lugar tranquilo. No quiero estropear mi nueva adquisición.”

– “Como desee, señor.” – hace una reverencia el soldado.

Ten Shin Han puede ver una diminuta luz en el horizonte, acercándose a la Tierra.

El guerrero aprieta los puños con decisión mientras siente como su cuerpo se estremece. 

– “Maldita sea…” – murmura Ten. – “He entrenado durante seis años para este momento… y no puedo dejar de temblar…”

– “Su poder es abrumador.” – dice Kamisama, que camina hasta el guerrero de tres ojos. – “Es natural que sientas miedo.”

Del palacio de Dios sale Krilín, adormilado, pues la llegada de los extraterrestres le ha despertado de la siesta. Viste un bóxer blanco y una camiseta azul.

– “¿A qué viene tanto alboroto…?” – pregunta el alumno de Gohan. – “¿Y por qué siento tan mal cuerpo?” – aunque aún no sabe lo que ocurre, su cuerpo puede sentir la presencia del terrible enemigo.

En el Palacio Real han saltado las alarmas.

El Comandante Red descuelga el teléfono rápidamente.

– “¡¿QUÉ ESTÁ PASANDO?!” – exige respuestas al Oficial del Estado Mayor Black.

– “El enemigo, señor.” – dice Black. – “Es el momento.”

– “¡¿TAN PRONTO?!” – se preocupa el Comandante. – “Está bien… ¡Manda a nuestros hombres!”

En las desérticas montañas rocosas al norte de la Capital Central, la nave espacial aterriza, posándose sobre la superficie terrestre.

La compuerta principal de la nave no tarda en abrirse y dos escuadrones de soldados de distintas razas desfilan para formar frente a ella. Dos guerreros lideran las tropas, el primero es soldado butir de piel naranja, el segundo es un guerrero sink grandullón de piel aguamarina y cabellera naranja, con dos cuernos cónicos en la cabeza y otros dos más pequeños en la barbilla.

Shugo sale detrás de ellos y todos se ponen firmes.

– “Listos, señor.” – anuncia el butir.

– “Haz los honores, Maringa.” – asiente Shugo.

El butir se da la vuelta y levanta su puño al cielo, animando a sus tropas.

– “¡¿ESTÁIS LISTOS PARA LA CONQUISTA?!” – exclama Maringa.

– “¡¡SÍ!!” – responden sus hombres al unísono.

– “¡¡ESTÁIS LISTOS PARA ANIQUILAR A VUESTRO ENEMIGO?!” – los alienta.

– “¡¡SÍ!!” – responden de nuevo.

El soldado sink mira de reojo al butir con cierta envidia y decide interrumpir a su compañero.

– “¡¿ESTÁIS LISTOS PARA DARLE UNA NUEVA VICTORIA A NUESTRO SEÑOR CHILLED?!” – exclama el sink.

– “¡¡SÍ!!” – responde todos. – “¡¡POR EL SEÑOR CHILLED!!” – celebran todos.

El sink mira de reojo al butir con una media sonrisa, sintiéndose ganador por haber provocado una mayor reacción entre sus hombres.

– “Basin…” – gruñe Maringa, molesto. – “Maldito bastardo…”

Shugo sonríe disimuladamente, satisfecho ante la competitividad de sus hombres.

De repente, un pequeño auricular en el oído de Shugo reclama su atención con un pitido.

– “Fuerzas enemigas aproximándose desde el suroeste.” – le informan.

Shugo mira en esa dirección.

– “Parece que ya saben que estamos aquí…” – sonríe con picardía. – “¿Fuerza de combate?”

– “Insignificante.” – responden por el comunicador.

– “Esto será más fácil de lo esperado…” – murmura Shugo. – “¡Basin! ¡Maringa!” – exclama. – “¡Son vuestros!” – ordena.

– “¡Sí, señor!” – responden los dos.

Basin y Maringa apuntan con el dedo en la dirección del enemigo.

– “¡A POR ELLOS!” – exclaman.

– “¡¡SÍÍÍÍ!!” – celebran los soldados. – “¡VAMOS! ¡ACABEMOS CON ELLOS!” – gritan algunos.

Los soldados vuelan decididos hacia el campo de batalla.

A su vez, el Ejército de la Red RIbbon avanza hacia la nave. Docenas de pelotones de Battle Mechs dirigidos por Battle Jackets, sobrevolados por escuadrones de jets.

Un piloto en su avión de combate es el primero en divisar el ejército alienígena acercándose por el cielo.

– “¡OBJETIVO A LA VISTA!” – exclama el piloto por radio.

Pero su jet estalla repentinamente al recibir el impacto de un blast de ki disparado por un soldado.

La batalla se desata en cielo y tierra.

Los alienígenas no solo disparan a discreción, si no que muchos aterrizan para encarar a los robots de la Red Ribbon cuerpo a cuerpo.

El ejército terrícola causa bajas entre los extraterrestres, pero la proporción no es equilibrada. Por cada soldado alienígena caído, medio centenar de mechs es destruido.

– “¡Informe!” – se impacienta Red en su despacho.

– “Estamos perdiendo efectivos.” – anuncia Black. – “Hemos perdido varios pelotones enteros… en tan solo unos minutos de combate.”

– “La mayoría de nuestro ejército son drones no tripulados, ¿qué importa?” – protesta Red. – “¡¿Estamos avanzando?!” – insiste.

– “Afirmativo, señor.” – asiente el Oficial del Estado Mayor. – “Pero a este ritmo…” – se preocupa.

En el campo de batalla, no solo los drones son destruidos. Los soldados en Battle Jackets que lideran los pelotones autómatas también están muriendo a manos de los invasores.

Mientras tanto, en el colosal hangar de la Red Ribbon, Pino escala por los andamios de su gigantesco robot.

– “¡Ya están aquí!” – refunfuña mientras avanza hacia la escotilla en el centro del pecho de su creación. – “Maldita sea…”

– “¡Señor!” – exclama su ayudante robótico. – “¡El Oficial Black aún no ha…!”

– “¡No me importa!” – replica Pino.

Pino abre la escotilla de la inmensa bestia mecánica.

Desde un submarino, el Capitán Dark observa una imagen satélite de la nave extraterrestre.

– “¡FUEGO!” – exclama el Capitán.

Docenas de submarinos y portaviones disparan. Los ensordecedores cañones de los barcos ensordecen el mar. Los misiles balísticos surcan el cielo.

En la nave extraterrestre saltan las alarmas.

– “Nos atacan, señor.” – exclama un soldado, con una calma sorprendente. – “Un ataque desde larga distancia. Parece armamento explosivo.”

Shugo, que ha regresado a la nave después de lanzar a sus hombres contra las fuerzas de la tierra, mira de reojo el radar.

– “¿Es peligroso?” – pregunta con cierto hastío.

– “No superará nuestra barrera.” – responde el soldado.

Múltiples explosiones retumban en el desierto. Una lluvia de fuego sacude la zona.

Varios extraterrestres que vigilan en el exterior de la nave ven como el armamento terrícola impacta contra una barrera de energía invisible, cubriendo el cielo de fuego.

Las montañas rocosas cercanas se derrumban con las ondas expansivas de cada impacto, allanando el paisaje.

Red, que observa desde su despacho, se pone en pie sobre la silla de un salto.

– “¡¡CHUPAOS ESA!!” – grita agitando su puño. – “¡JAJAJAJA!”

Black mira con recelo a su superior.

En el desierto, la polvareda se disipa lentamente, revelando la nave intacta.

– “Impacto negativo.” – anuncia un soldado de la Red Ribbon por radio. – “Repito: Impacto negativo.”

El silencio se apodera del despacho real.

Red enfurece.

– “¡¡OTRA VEZ!!” – grita el Comandante. – “¡¡FUEGO!!”

Mientras tanto, en la Atalaya de Kamisama, Ten Shin Han se coloca las muñequeras azules, mientras Krilín se ha puesto un pantalón naranja y se ajusta el cinturón.

Ten Shin Han se despide de Dios y de Mr. Popo.

– “Hasta pronto.” – dice Ten, levantando la mano.

– “No os muráis, ¿eh?” – dice Popo.

– “Pero no diga esas cosas…” – dice Krilín sin saber qué cara poner.

– “No os confiéis.” – añade Kamisama. – “El verdadero enemigo aún no ha dado la cara.”

– “Hemos entrenado para esto.” – responde Ten.

Krilín asiente.

– “¿Estás listo?” – pregunta Ten.

Krilín toma aire y lo exhala lentamente. 

Su rostro revela una media sonrisa antes de chocar los puños frente a su pecho.

– “¡Listo!” – asevera.

Ten Shin Han sonríe y asiente.

Los dos luchadores por la Tierra salen volando de la Atalaya, rumbo al campo de batalla.

En la zona de guerra, casi invisible para el ojo humano, Maringa vuela de enemigo en enemigo, derrotando a los Battle Mechs de un solo golpe; docenas caen en un solo segundo gracias a la velocidad suprema de la raza butir.

– “¡JAJAJA!” – sonríe al detenerse para ver caer a sus contrincantes. – “¿Lo has visto bien, Basin?” – intenta provocar a su compañero.

El en cielo, Basin cae sobre un jet y atraviesa la cabina con su mano para sacar de ella al piloto y lanzarlo contra otro jet.

– “¡JAJAJA!” – disfruta el guerrero, ignorando a su compañero.

– “Mira que tiene poca clase…” – refunfuña Basin.

En el hangar de la Red Ribbon, Pino está sentado a los mandos de su titánico robot, activando múltiples interruptores a su alrededor. Los sistemas se ponen en marcha.

– “Activando protocolos.” – anuncia Pino. – “¡Listo para despegar!”

– “Aún no hemos recibido la orden.” – dice su ayudante por radio.

– “Pues solicita el permiso.” – replica el Coronel Green.

– “Denegado.” – responde la voz la Doctora Oli.

– “¿Eh?” – se extraña Pino. – “¿Mamá?”

En el puente de mando, situado en lo alto del hangar, la Doctora Oli ha pasado entre una docena de científicos y mecánicos de la Red Ribbon y ha arrebatado el micrófono al asistente robótico de Pino.

– “No tienes permiso.” – insiste Oli.

– “No quiero sonar como cuando tenía quince años, pero…” – sonríe Pino. – “Tú no me mandas, mamá.”

– “No seas idiota.” – protesta ella. – “Estoy recibiendo informes del campo de batalla… Debemos ser prudentes.”

– “Pero…” – insiste Pino.

Oli aprieta un gran botón rojo en el teclado de comandos y todos los sistemas activados previamente por pino se apagan.

– “¡¿PERO…?!” – protesta el hijo de Gero.

– “Lo siento…” – murmura Oli. – “De momento, te toca esperar en la retaguardia.”

En el desierto, una segunda lluvia de fuego cae sobre la nave extraterrestre con idéntico resultado. La cúpula de energía resiste el impacto.

– “Sin daños.” – confirma un soldado alienígena.

– “Son muy ruidosos…” – suspira Shugo. – “Será mejor que nos libremos de ellos antes que nuestro señor se moleste.”

– “¿Qué sugiere?” – pregunta el soldado.

Shugo sonríe.

En el Palacio Real, el Doctor Gero es recibido por el Comandante Red.

– “Ya era hora…” – sonríe el doctor al entrar al despacho.

– “¿Cuánto tardarán sus androides en llegar al campo de batalla?” – pregunta Red.

– “Mire la pantalla.” – responde Gero.

– “Hmm…” – refunfuña Red.

El Oficial del Estado Mayor es el primero en identificar a los androides en el radar. Los dos están observando el combate desde la distancia.

– “¡¿ESTÁN DEJANDO MORIR A NUSTROS HOMBRES?!” – enfurece Black.

– “Están analizando la batalla.” – responde Gero. – “Recopilando datos de nuestro enemigo.”

Sobre una colina, el Número 17 y la Número 18 observan detenidamente a los soldados enemigos, prestando especial atención a Maringa y a Basin.

– “¡QUE INTERVENGAN YA!” – exclama Black.

– “Aún no.” – responde Gero, calmado.

– “¿Qué trama, Doctor?” – pregunta Red, mucho más tranquilo que Black, pero con claras dudas sobre las intenciones del científico.

Gero se acerca a la mesa del despacho de Red y se sienta en una esquina, lo que sorprende tanto al Comandante como al Oficial, que lo interpretan como un reto a su poder.

– “El enemigo aún no ha detectado a mis androides.” – responde Gero. – “Sería un desperdicio revelar ahora nuestra mejor arma.”

– “¡NUESTROS EFECTIVOS…!” – protesta Black. 

– “Paciencia.” – le interrumpe Gero.

En el campo de batalla, un soldado gatea aterrado, seguido por Maringa. El butir camina hacia él con aterradora calma y una sonrisa de oreja a oreja.

– “Sois una raza bastante patética…” – se mofa Maringa. – “Parece que no sois nada sin vuestras maquinitas…”

En lo alto de la colina, el Número 17 se fija en el soldado.

– “Zendaki…” – murmura el androide.

El soldado, desesperado, desenfunda la pistola que lleva en su cinturón.

– “¡AAAAH!” – grita mientras dispara a discreción contra el enemigo.

Los disparos rebotan en el butir.

– “Aaahhh…” – se queda sin voz el soldado, aterrado.

– “Mi turno.” – sonríe Maringa.

Pero de repente, algo golpea al extraterrestre y lo lanza a través del campo de batalla, rebotando contra todas las rocas que encuentra a su paso.

En el despacho de Red, Gero sonríe.

– “Ya ha llegado.” – dice el Doctor.

– “¿EH?” – se sorprende Red, que se acerca al monitor. – “¡ESE ES…!”

Ten Shin Han aterriza en el campo de batalla frente al asustado soldado.

– “¿Quién…?” – se pregunta el hombrecillo.

Pero el soldado no tarda en reconocer al infame personaje.

– “¡¡ERES EL ASESINO TEN SHIN HAN!!” – exclama el soldado.

Ten ignora al soldado y frunce el ceño con la atención puesta en el enemigo.

De repente, Basin cae del cielo. El grandullón mira sorprendido a su nuevo adversario.

– “¿Ese tipo acaba de noquear a Maringa?” – murmura el sink.

En ese instante, Krilín cae sobre Maringa con los pies por delante, golpeándole en la nuca y haciendo que se estrelle de boca contra el suelo, incrustando su cabeza en el pavimento.

En el despacho Real, Gero sonríe.

– “Y no ha venido solo.” – añade el científico.

– “¡¿Y qué significa eso?!” – protesta Red.

– “Dejaremos que ellos solucionen la papeleta en este campo de batalla.” – dice Gero. – “Mis androides atacaran directamente la nave enemiga.”

– “¿Has usado a nuestros soldados como carnaza?” – refunfuña Black.

– “Lo importante es la victoria, ¿no es así?” – responde Gero, mirando de reojo al Comandante Red.

El Comandante sonríe.

– “Es usted un hombre sorprendente, Doctor.” – dice Red.

En lo alto de la colina, los androides abandonan su análisis para poner rumbo a la nave… pero el Número 17 se retrasa, pues su atención está puesta en el soldado Zendaki, que ya corre despavorido, y en su salvador.

– “Tenemos trabajo que hacer.” – le apresura la Número 18.

Mientras tanto, en la nave, un soldado trae una pequeña jaula esférica de unos 20cm de diámetro y la presenta a Shugo.

– “Aquí está, señor.” – responde el soldado. – “El prisionero S73.”

– “Bien.” – sonríe Shugo, acercando su rostro a la esfera.

Shugo golpea la jaula con el dedo.

– “¿Estás ahí, pequeño granuja?” – pregunta con retintín. – “¿Quieres negociar tu libertad?”

DBSNL // Capítulo 367: Preludio

DBSNL // Capítulo 367: Preludio

“Yo sigo aquí.”

En el planeta oscuro, Vegeta se encuentra cara a cara con Onisen. 

Los dos se miran en silencio, desafiantes.

Mientras tanto, Ogilvie y Baicha dirigen a los demás a través del portal.

Cell, Dabra y Liquir llegan a la Tierra, donde los dos primeros son recibidos con miradas recelosas por parte de Dende.

– “Tener que retirarnos… es humillante.” – refunfuña el kurama. – “¿En qué momento me creí digno de convertirme en Hakaishin?” – añade mirando a su malherido maestro, tumbado entre los demás heridos.

Dabra se aleja caminando en silencio y al pasar cerca de un árbol del jardín, éste se prende fuego al instante.

Cell lo mira de reojo.

– “Frustrarte no cambiará las cosas…” – murmura el insecto.

Dabra, de espaldas a los demás, no responde. El árbol se consume por completo rápidamente como una cerilla.

En el planeta oscuro, Piccolo, Granola y Freezer observan el campo de batalla desde la distancia, mientras Trunks y Bra vuelan hacia ellos.

– “Me siento como un cobarde…” – refunfuña el cereliano.

– “Dar un paso atrás no siempre es una derrota.” – dice Piccolo.

– “Jujuju…” – se ríe Freezer, tapándose la boca. – “Qué derrotista… No me sorprende, viniendo de un namekiano.”

Piccolo frunce el ceño.

– “Cuida tus palabras, Freezer.” – responde el namekiano. – “Tu situación no es muy distinta a la nuestra.”

El tirano esboza una prepotente media sonrisa.

Cooler mira atentamente a su hermano, intentando leer lo que oculta tras su expresión tranquila.

– “¡Siguiente!” – exclama Ogilvie.

El mayor de los hermanos del frio sale de su trance.

– “Ya voy…” – gruñe mientras se acerca al anillo de ki.

– “¿Así tratan al heredero del Imperio del Rey Cold?” – se burla Freezer.

Cooler suspira, dando por imposible a su hermano, acostumbrado a sus burlas y comentarios hirientes.

El demonio del frío cruza el portal hacia la Tierra.

En ese momento, Trunks y Bra aterrizan.

Baicha suspira aliviado al ver que ella ha regresado.

Trunks echa un vistazo alrededor.

– “¿Quién falta por cruzar?” – pregunta el hijo de Vegeta.

Piccolo da un paso al frente.

– “Deberíais pasar Bra y tú.” – responde el namekiano.

Granola mira de reojo al namekiano, sorprendido.

– “Granola y yo os seguiremos.” – añade Piccolo.

Los hijos de Vegeta asienten.

Ogilive abre un nuevo portal frente a ellos.

– “Hasta ahora.” – se despide Trunks.

Trunks y Bra cruzan el portal.

Ogilvie le hace un gesto a Baicha, invitándolo a ser el siguiente.

– “Tu turno, muchacho.” – dice el erizo.

– “Seré el último.” –  responde Baicha. – “Vegeta me ha encargado que todos lleguen a la Tierra sanos y salvos; y eso pienso hacer.”

Piccolo esboza una media sonrisa de orgullo hacia la siguiente generación de guerreros.

– “Chico…” – dice el namekiano. – “Vegeta no va a admitirlo… pero creo que le caes bien.”

Baicha mira sorprendido al namekiano.

– “Y confía en ti para proteger a Bra y a los demás.” – añade Piccolo.

Baicha se pone serio y asiente, aceptando la misión encomendada.

El portal de Ogilvie empieza a cerrarse.

– “Vamos, chaval…” – insiste el erizo, esforzándose para mantener el camino abierto.

– “¡Sí!” – reacciona el hijo de Yamcha, atravesando el umbral.

Ogilvie lo cierra tras él y cae de rodillas al suelo.

– “Ah… ah…” – sufre el erizo.

– “¿Cómo te encuentras?” – pregunta Granola.

– “Es agotador…” – responde Ogilvie.

En la Tierra, Son Gohan ha sido curado por Dende y se pone en pie.

– “Aún no has recuperado toda tu energía…” – dice Kamisama.

– “No es necesario.” – responde Gohan. – “Otros necesitan tus habilidades más que yo.”

Dende mira a los demás heridos.

– “De acuerdo.” – asiente.

En el laboratorio, Punch y Gohan Jr observan la pantalla, donde pueden ver como Bulma trabaja frente al teclado mientras Hit pelea contra los tamagami.

– “Creía que había muerto…” – dice Punch, con lágrimas en los ojos. – “Pero, ¿sigue ahí dentro?” – añade mirando su cuerpo sobre la camilla.

Al lado de Hit, Hedo ya trabaja para salvar al maltrecho Gamma 2.

En el mundo digital, Hit desciende frente a los caídos tamagami, inertes en el suelo entre al centenar de cráteres formados por el ataque del asesino.

En el cielo, polígonos flotantes rojos, verdes y azules empiezan a reunirse, mientras los centinelas que Hit tiene delante se deshacen en esas mismas formas.

Nuevas versiones de Koorogi, Kabuto y Ka caen del cielo detrás de Hit, para enfrentarse de nuevo al asesino.

Una gota de sudor recorre la sien de Hit.

– “¿Aún no ha acabado?” – se pregunta el asesino.

Bulma sigue trabajando.

– “Vamos… vamos…” – se alienta a sí misma.

En el planeta oscuro, Onisen observa como Ogilvie está abriendo otro portal.

– “Qué interesante…” – dice Raichi con retintín. – “No esperaba una retirada.”

– “Yo sigo aquí.” – responde Vegeta, con su típica sonrisa prepotente.

Piccolo camina hacia el portal, pero se detiene al darse cuenta de que Granola no le sigue.

– “¿Granola?” – pregunta el namekiano.

– “Yo me quedo.” – dice el cereliano.

Piccolo no responde.

– “Mi familia…” – dice el cereliano. – “No quiero que nadie más sienta lo que yo sentí. Voy a pelear. Me quedo.”

– “Tu intención es noble.” – dice Piccolo. – “Pero créeme cuando te digo que Vegeta te mandará a la Tierra de una patada si intervienes.” – sonríe.

– “Orgullosos saiyajín…” – murmura el cereliano.

– “Tu familia te espera en el Más Allá.” – continúa Piccolo. – “Pero al haber ayudado a Raichi y haber seguido un camino de venganza, si mueres ahora, es posible que vayas al infierno.”

– “¡¿EH?!” – se sorprende Granola.

– “No es demasiado tarde.” – insiste el namekiano. – “Vive una vida recta y corrige tus errores. Redime tu alma y te encontrarás con ellos.”

– “Tsk…” – protesta Granola, frustrado, impotente.

– “Tal y como ha hecho Vegeta.” – añade Piccolo.

Granola mira de reojo al saiyajín, minúsculo desde su posición, de pie frente al enemigo. El cereliano no puede verle la cara, pero su postura desprende un aura de confianza y determinación que impresiona a Granola.

Piccolo extiende la mano hacia el cereliano.

– “Esto no se ha acabado.” – dice el namekiano.

Frente a Vegeta, Onisen esboza una media sonrisa prepotente.

– “Solo estás retrasando lo inevitable.” – dice Raichi. – “El árbol se nutrirá de este Universo para dar lugar al nuevo mundo. No importa dónde se escondan tus amigos. Esta realidad será el sustento del futuro que he creado.”

Vegeta mira al enemigo con cierto aburrimiento, casi ignorando sus palabras… y responde escupiendo un salivajo sanguinolento al suelo.

Mientras tanto, Zahha camina renqueante hacia el portal de Ogilvie que ya están cruzando Piccolo y Granola.

Freezer se fija en el espadachín, que arrastra sus dos espadas dejando dos surcos tras él.

– “¿Sigues con vida?” – se burla el demonio del frio.

– “El anillo…” – murmura Zahha, sin fuerzas.

El espadachín suelta sus espadas y luego cae de rodillas.

– “Tsk…” – protesta Freezer. – “Has dejado bien claro que no sabes usarlo.”

– “No…” – responde Zahha. – “Tienes razón…”

– “¿Eh?” – levanta una ceja el tirano.

– “Creo que…” – murmura el espadachín, mientras imágenes de una que siente ajena recorren su mente a toda velocidad; su madre lo arropa en la cama, su padre le reconforta tras caerse al suelo, su hermana le tira comida a la cara usando una cuchara como catapulta, su tío le enseña a pelear, su amigo de la infancia se ríe mientras el instructor lo riñe. – “…lo entiendo.”

Zahha intenta levantarse.

– “Tengo que…” – exhala el espadachín, cayendo de cara contra el suelo, inconsciente.

Freezer se queda mirándolo y suspira.

En la Tierra, Zahha atraviesa un portal en el cielo y se estrella contra el suelo.

Son Gohan mira al que fue contrincante.

– “El espadachín del futuro…” – piensa el mestizo.

Ogilvie también cruza el portal, que se cierra detrás de él.

Piccolo es el primero en reaccionar al darse cuenta de que algo no va bien.

– “¿Dónde está Freezer?” – pregunta el namekiano.

– “¿EH?” – levanta la ceja Cooler.

En el planeta oscuro, el tirano pasa por encima de las espadas de Zahha, tiradas en el suelo, y camina con calma hacia Vegeta y Onisen.

DBSNL // Capítulo 366: El legado de Vegeta

DBSNL // Capítulo 366: El legado de Vegeta

“No dejes que tu orgullo te haga cometer una estupidez.”

Onisen muestra su superioridad una vez más. El androide ha agrandado su mano derecha y ha atrapado a Cooler, que lucha para no ser aplastado. Alargando su brazo izquierdo, el androide persigue a Liquir, que vuela en zigzag intentando evadirlo.

Dabra y Cell intentan sorprender a Onisen abalanzándose sobre él por la espalda, pero los tentáculos capilares se alargan, atizando a ambos guerreros.

El demonio es golpeado y derribado, mientras Cell se cubre con su escudo de energía.

Pero un nuevo rostro aparece un instante en la nuca de Onisen, entre la maraña de tentáculos, y dispara con sus ojos a Cell, sorprendiéndolo y alcanzándole en el hombro, volatilizando su brazo izquierdo.

Vegeta observa desde la distancia el combate junto a Piccolo mientras los demás vuelan hacia Ogilvie.

En la Tierra, Marron llega a través de un portal, cargando con Champa.

– “¡Marron!” – se sorprende Goku Jr.

Goten, ayudando a Mirai Trunks, son los siguientes.

– “¡Trunks!” – lo socorre Cheelai. – “¿Qué te ha pasado?” – se preocupa su pareja.

En el mundo digital, Bulma sigue trabajando mientras Hit se pone en pie tras ser golpeado por los tamagami, que han visto su fuerza aumentada.

– “¡¿Estás bien, Hit?!” – pregunta Bulma, nerviosa.

Hit se limpia la sangre del labio con el dorso de su mano.

– “No te preocupes por mí.” – responde el asesino.

Bulma sigue tecleando.

Hit corre hacia el agujero en la pared y salta de nuevo torre abajo, donde los tres tamagami están ascendiendo, cada uno empuñado su arma particular.

Kabuto se adelanta e intenta propinar un mazazo al asesino, pero éste usa el salto temporal para evadir el golpe y propinarle una doble patada en la cara, remitiéndolo al suelo.

Koorogi evita ser golpeado por su hermano en caída libre y salta sobre Hit con la intención de partirlo en dos de un espadazo, pero Hit detiene el arma entre sus manos desnudas.

Ka pasa de largo cerca del asesino, su objetivo es detener a Bulma.

Hit frunce el ceño al darse cuenta de la artimaña de los tamagami.

El asesino usa el salto temporal para propinar una tormenta de puñetazos a Koorogi, dejándolo aturdido.

Ka llega hasta la cima de la torre y prepara su tridente para lanzárselo a Bulma que, de espaldas, ni se da cuenta… pero en el último momento, Hit aparece sobre el tamagami y cae con sus rodillas sobre su cara, lanzándolo torre abajo.

El asesino, mientras observa la caída de sus enemigos, coloca sus puños a cada lado de su cadera mientras se concentra.

De repente, Hit desata una ráfaga de golpes al aire que generan aumentos de presión muy concentrados que caen sobre los tamagami como una lluvia invisible de meteoritos.

En la Tierra, Pan cruza un portal, ayudando Son Gohan.

– “¡MAMÁ!” – corre Goku Jr a abrazarlos. – “¡Abuelo! ¿Estás bien?”

– “Está bien.” – le tranquiliza Pan. – “Pero necesita ayuda…”

Pan coloca a su padre en el suelo.

De repente, Dende aparece con la alfombra voladora de Mr. Popo.

– “¡Yo me encargo!” – exclama Kamisama.

El namekiano impone sus manos sobre su viejo amigo.

Ub es el siguiente en llegar, ayudando al malherido Zamas.

– “¡Papá!” – se alegra Goku.

– “Hola, hijo.” – sonríe Ub.

En el planeta oscuro, Trunks y Bra son los últimos que quedan al lado de Vegeta y Piccolo.

– “Nos toca.” – dice Bra.

La muchacha sale volando.

Trunks se prepara para seguirla, pero se detiene en el último momento.

– “¿No vienes, papá?” – pregunta Trunks.

Vegeta no responde.

– “Papá…” – insiste el mestizo.

– “Ahora os sigo.” – responde finalmente el saiyajín.

Trunks reconoce un matiz extraño en la voz de su padre que le hace dudar, pero aun así decide seguir a su hermana.

Piccolo se acerca a Vegeta.

– “No tienes intención de abandonar el planeta, ¿no es así?” – pregunta el namekiano. – “¿Vas a decirme que tramas?”

– “Deberías marcharte.” – responde Vegeta. – “No tenéis mucho tiempo.”

El namekiano mira al saiyajín atentamente. En sus ojos puede verse que, pese a sus defectos, Piccolo respeta a Vegeta como guerrero.

– “No hagas ninguna estupidez, Vegeta.” – dice Piccolo.

El namekiano da la espalda al saiyajín y se prepara para volar hasta Ogilvie.

– “Piccolo…” – le detiene Vegeta, sin dejar de mirar el combate.

Piccolo se detiene y mira a Vegeta por encima del hombro.

El namekiano comprende al saiyajín sin necesidad de palabras.

– “Descuida.” – sonríe el namekiano.

Liquir invoca la cabeza de su avatar para concentrar en ella una esfera de ki y lanzarla contra Onisen, pero éste se cubre con su agigantada mano.

– “Malditos…” – gruñe el androide. – “Voy a…”

Pero de repente, Vegeta aparece con el Shunkanido y propina un puñetazo directo en la cara de Onisen que lo lanza a través del páramo de raíces.

Los ojos de Vegeta son de color gris y su aura magenta. Su cabello sigue de color negro.

Dabra, Cell, Liquir y Cooler lo miran sorprendidos.

– “Me sorprende que aún te queden fuerzas, saiyajín.” – dice Cooler.

– “A estas alturas ya deberías comprender que nosotros, los saiyajín, no tenemos límites.” – sonríe Vegeta con chulería.

– “Eso es una patraña…” – sonríe Cell, cómplice.

– “¿Quieres unirte al combate?” – pregunta Dabra.

– “¿Unirme?” – lo mira Vegeta con desdén. – “Solo me estorbaríais.”

Los cuatro guerreros se quedan con los ojos como platos al oír a Vegeta; incluso el prepotente Cell.

– “¿Quieres pelear solo?” – dice Cooler.

– “No es momento de tus fanfarronerías de príncipe de pacotilla…” – protesta Cell.

Liquir se fija en los ojos de Vegeta. Grises. Serenos.

– “No es un farol…” – piensa el kurama. – “Lo dice en serio…”

Vegeta da un paso al frente, dejando atrás a los demás.

– “Abandonad el planeta ahora que podéis.” – insiste el saiyajín.

Cell aprieta el puño con rabia, sintiéndose impotente.

– “Vegeta…” – gruñe el insecto.

Trunks, que volaba detrás de Bra hacia el grupo de Ogilvie, se detiene en el aire, viendo que su padre ha vuelto al campo de batalla.

– “Papá…” – murmura el mestizo.

Sin dudarlo, Trunks pone rumbo a Vegeta, pasando cerca de Piccolo en su trayecto.

– “¡TRUNKS!” – exclama el namekiano. – “¡ESPERA!”

De camino, Trunks se cruza con Cell, Dabra, Liquir y Cooler, que parece que han aceptado su derrota.

– “¡COBARDES!” – les increpa.

El hijo de Vegeta aterriza junto a su padre.

– “¡PAPÁ!” – protesta Trunks. – “¡¿Qué estás haciendo?!”

Bra aterriza junto a Ogilvie, Baicha, Granola y Freezer.

– “¡Vamos, Bra!” – la recibe Baicha. – “Ahora tú.”

Bra se percata en ese instante de que Trunks no la ha seguido y mira hacia el campo de batalla, dándose cuenta de lo que sucede.

– “¡PAPÁ!” – exclama ella. – “¡TRUNKS!”

Bra pone rumbo al combate, pero cuando pasa cerca de Piccolo la agarra de una pierna.

– “¡¡PICCOLO, SUÉLTAME!!” – protesta ella.

– “No seas estúpida…” – gruñe el namekiano. – “¡TU PADRE SABE LO QUE HACE!”

– “¡¡NO!!” – insiste ella. – “¡¡DÉJAME!!”

Piccolo intenta detenerla, pero Bra le lanza un Taiyo-ken por sorpresa, cegándolo.

– “¡¡AAAH!!” – protesta Piccolo. – “¡Maldita sea!”

Vegeta sigue con su atención puesta en el enemigo.

– “¡Largo de aquí, Trunks!” – dice Vegeta. – “¡Es demasiado peligroso!”

– “¿Por qué…?” – dice Trunks. – “No puedes derrotarle… ¡¿Por qué lo haces?!”

Vegeta no responde, sigue mirando al horizonte, donde Onisen se pone en pie.

Bra aterriza al lado de Trunks.

– “¡PAPÁ!” – exclama Bra. – “¡¿Qué haces?!” – le increpa.

– “No dejes que tu orgullo te haga cometer una estupidez.” – advierte Trunks.

Vegeta esboza una media sonrisa enternecedora.

– “Mi orgullo sois vosotros.” – responde el saiyajín.

Trunks y Bra se quedan sin palabras.

– “No me he vuelto loco.” – suspira Vegeta. – “Solo sigo tu plan, Trunks.”

– “¿Mi plan?” – se sorprende su hijo. – “¡A estas alturas…!”

– “Tu madre no es de las que se dan por vencidas.” – le interrumpe Vegeta. – “Ahora mismo está intentando superar las defensas de ese bastardo. No me cabe duda.”

– “Papá…” – se emociona Bra al ver la fe que tiene en Bulma.

– “¿Cómo podría volver a la Tierra?” – aprieta el puño Vegeta. – “No podría mirarla a la cara nunca más.”

Una lágrima se derrama por el rostro de Trunks.

– “Sé que queréis ayudarme…” – continúa Vegeta. – “Pero os pido que os marchéis. Concededme este deseo egoísta. Sois mi legado.” – el rostro serio de Vegeta dibuja una sonrisa cómplice. – “¿O es que queréis dejar el futuro de la raza saiyajín en manos de los hijos de Kakarotto?” – 

Trunks y Bra sonríen entre lágrimas.

– “Hablando en serio…” – continúa Vegeta. – “Marchaos. Nos veremos en la Tierra cuando todo acabe.”

Bra asiente.

– “Ten cuidado, papá.” – dice ella.

– “Mucha suerte.” – dice Trunks.

Vegeta levanta el pulgar y despide a sus hijos con una sonrisa.

Bra y Trunks salen volando.

Vegeta se queda solo y centra su atención de nuevo en el enemigo, que no tarda en aterrizar delante de él.

– “Vegeta…” – gruñe Onsien. – “¿Tú otra vez?” – se mofa.

El saiyajín mira desafiante a su adversario.

DBSNL // Capítulo 365: Retirada

DBSNL // Capítulo 365: Retirada

“Nunca pensé que harías el trabajo sucio sin rechistar.”

En la Tierra, Reitan, Broly y el cuerpo de Turles han caído en el jardín de la Corporación Cápsula. 

Goku Jr, Toppo y Cheelai acomodan a los heridos mientras Punch sigue a Gohan Jr y juntos corren hacia el laboratorio.

Un nuevo portal se abre en el cielo y esta vez es el Doctor Kamakiri quien cae.

– “¡¿EH?!” – se sorprenden los patrulleros.

Toppo mira con recelo al recién llegado. Cheelai desenfunda al instante.

– “¿Es un enemigo?” – se pregunta la patrullera brench.

– “Kamakiri…” – murmura Toppo.

El doctor levanta las manos.

Una voz alerta a nuestros amigos.

– “¡ESTÁ CON NOSOTROS!” – advierte el hijo de Yamcha.

Todos miran al cielo y ven al muchacho a través del portal, que ya se está cerrando.

– “¡BAICHA!” – exclama Goku.

En el planeta oscuro, el portal se cierra. Ogilvie cae de rodillas, jadeando por el cansancio.

– “Ya queda menos…” – le anima Baicha.

– “Tranquilo…” – dice Ogilvie. – “No pienso rendirme…” – se esfuerza para esbozar una media sonrisa.

Freezer aterriza a su lado y lanza a Gamma 2 hacia ellos con desprecio.

– “¿No os han enseñado que es de mala educación dejar basura tirada por ahí?” – se burla el demonio del frío. 

En el jardín, un nuevo portal se abre y es el androide quien se precipita contra el suelo.

– “¡GAMMA 2!” – exclama Goku, preocupado.

El pequeño enseguida corre a verlo. Gamma 2 tiene su piel artificial muy deteriorada. Partes de su esqueleto metálico están expuestas. Sus heridas rezuman distintos líquidos.

– “¡Necesita ayuda!” – exclama Goku Jr. – “¡DOCTOR HEDO!” – exclama.

Mientras tanto, Onisen ha recibido un ataque del avatar gigante de Liquir; una bocanada de energía directa sobre él que lo ha empujado hasta el suelo, enterrándolo en el fondo de un gran pozo sobre el que aún espera el kurama.

Onisen se pone en pie mientras se regenera una vez más.

El androide, desde la oscuridad de las profundidades, puede ver la salida del pozo sobre la que Liquir, cual zorro que espera en la liebre en la salida de su madriguera. 

– “Esa forma no funciona contra mí…” – refunfuña Onisen. – “¡No puedes esconderte!”

Onisen asciende a toda velocidad y se torna intangible para atravesar la forma de zorro hasta llegar a Liquir con la intención de propinarle un puñetazo; pero el kurama, que ya ha sido sorprendido antes por esta estrategia, se cubre con sus colas para encajar el golpe.

Liquir es empujado por el impacto fuera de su avatar. El zorro gigante se desvanece.

Onisen sonríe con prepotencia.

Liquir no tarda en recuperar su estabilidad en el aire y abrir sus nueve colas, como si intentara intimidar a su adversario.

Onisen sonríe.

– “Supongo que, si quiero acabar con los dioses para siempre, tengo que eliminar a sus aprendices.” – piensa Raichi.

En tierra firme, Marron y Goten, que carga con Ikose, aterrizan al lado de los demás.

– “¡Marron! ¡Goten!” – se alegra Baicha al verlos.

– “Ikose necesita ayuda.” – dice el hijo de Goku.

En el horizonte, los golpes de la batalla entre Onisen, Liquir, Dabra y Cell retumban en el aire.

Cooler los observa con atención mientras Ogilvie abre un portal para Ikose.

– “Ayudaré a Liquir y a los demás a retrasarlo.” – dice el demonio del frio.

Freezer esboza una sonrisa burlona.

– “Nunca pensé que harías el trabajo sucio sin rechistar.” – dice el tirano.

– “No lo hago por ti, hermano.” – responde Cooler, tajante.

– “Creía que nuestro combate contra el fantoche dorado nos había ayudado a reconectar…” – añade Freezer con retintín.

Cooler ignora la impertinencia de su hermano.

– “Nunca fui tu enemigo, Freezer.” – dice el mayor. – “Fallé a nuestro padre y eso me apartó del trono…”

– “¿Esperas que te de las gracias?” – sonríe el tirano. – “Nunca fuiste el favorito de padre.”

Cooler sonríe.

– “Supongo que tienes razón.” – dice el mayor. – “La burocracia nunca ha sido mi fuerte.”

Freezer mira a su hermano con rabia, molesto por su réplica tranquila.

Cooler se eleva lentamente.

– “Buena suerte, hermano.” – dice el mayor. 

Cooler se marcha hacia la batalla a toda velocidad.

– “Tsk…” – protesta Freezer.

En la Corporación Cápsula, Gohan Jr y Punch irrumpen en el laboratorio.

El hijo de Hit observa sorprendida a Bulma y Pino conectados al ordenador.

– “¿Qué ha pasado aquí?” – se pregunta, confuso.

– “¡Mira ahí!” – exclama Gohan. – “¡Mira!”

Mientras tanto, en el mundo digital, Bulma está sufriendo para infiltrarse en el sistema de Onisen. Saltan alarmas continuamente. 

En el exterior de la torre, Hit sigue peleando con los tamagami. 

Armado con la espada serrada de Koorogi, el asesino avanza hacia Ka, que intenta ensartarlo de una estocada con su tridente, pero Hit lo repele, desviando el golpe con la espada para saltar sobre él, listo para partirlo en dos.

Kabuto salta por encima de su compañero y propina un martillazo a Hit, pero éste se cubre con la hoja de la espada para amortiguar el impacto, viéndose obligado a retroceder.

De repente, Hit se da cuenta de que Koorogi está escalando el exterior de la torre como un insecto, usando sus finos dedos para clavarlos en la pared, con la intención de detener a Bulma.

Hit lanza su espada hacia el grillo, que en el último instante se aparta y logra evadirla. La espada se clava en el muro.

Koorogi intenta recuperar su arma, agarrándola del mango y tirando de ella con fuerza… pero Hit, gracias al salto temporal, aparece sobre el arma.

– “Je…” – sonríe el asesino.

El asesino propina una patada en la cara del tamagami, que sale disparado hacia el suelo, pero logra llevarse la espada.

Hit desciende hasta la base de la torre.

Koorogi se levanta y empuña su arma, amenazando a Hit con ella. Kabuto y Ka se reúnen con él, flanqueándolo.

Hit extiende la mano hacia ellos con la palma hacia arriba, invitándoles de nuevo.

Los tamagami se ponen en guardia. El suelo tiembla. El poder de los guardianes aumenta rápidamente y la parte superior de su torso se ilumina ligeramente; Koorogi de color verde, Ka de color azul y Kabuto de color rojo.

Hit frunce el ceño.

– “Veamos de qué sois capaces…” – murmura el asesino.

En la cima de la torre, Bulma sigue tecleando cuando de repente Hit atraviesa el suelo y cae sobre una de las computadoras.

– “¡AH!” – se asusta ella.

En el laboratorio de la Corporación Cápsula, Punch se sobresalta.

– “¡¡ES MI PADRE!!” – exclama el joven al verlo en el monitor.

– “¡TE LO DIJE!” – celebra Gohan Jr.

Hit se levanta y escupe al suelo un salivajo ensangrentado.

– “Han mejorado…” – refunfuña el asesino.

– “¡¿Estás bien?!” – pregunta Bulma, asustada.

Toppo irrumpe en el laboratorio cargando con Ikose y Gamma 2 bajo los brazos.

– “¡Necesitamos su ayuda, Doctor!” – dice el patrullero.

– “¡¡OH, NO!!” – exclama Hedo al ver a Gamma 2.

En el planeta oscuro, Piccolo se pone en pie tras regenerarse.

– “Vuestros amigos se están reuniendo.” – dice el Granola.

– “¿Qué estará pasando?” – se pregunta Bra.

– “¡Puedo sentir la energía de Goku!” – exclama Ub. – “¿No se habían marchado a la Tierra?”

– “El erizo seguro que ha abierto un portal.” – dice Piccolo. – “Creo que ha llegado el momento de la retirada…” – confiesa con rabia.

– “¡No podemos irnos sin destruir ese árbol!” – exclama Pan. 

La nieta de Goku aviva su aura de Súper Saiyajín.

– “¡Voy a vengar a papá y a los demás!” – añade con ira.

Gohan agarra a su hija del tobillo.

– “Piccolo… tiene razón…” – dice el mestizo. – “Debes reagruparnos y pensar un plan…”

Ub se acerca a Zamas y lo levanta para cargarlo sobre su espalda.

– “De momento, lo mejor será poner a salvo a los heridos.” – dice el terrícola.

Pan vuelve a su estado base, apenada, apretando los dientes ante la frustración.

De repente, Trunks y Vegeta aterrizan frente a ellos.

– “¿Estáis todos bien?” – pregunta Trunks. – “¿Qué tal está Son Gohan?”

– “¡Hermano!” – se anima Bra. – “¡Papá!”

Piccolo se acerca a Vegeta.

– “¿La retirada ha sido idea tuya?” – pregunta el namekiano.

– “Baicha y el erizo pondrán a todos a salvo en la Tierra.” – dice Vegeta. 

En el horizonte, Cooler se ha unido al combate.

– “¡¡GRAAAAH!!” – exclama el demonio del frio, transformándose frente al enemigo.

– “¿Aún os queda tanta fuerza?” – refunfuña Onisen. – “¡Aceptadlo de una vez! ¡Ya estáis muertos!” – exclama.

Vegeta observa la batalla desde la distancia. Piccolo lo observa de reojo, sabiendo que algo ronda la mente del saiyajín.