DBSNL // Capítulo 375: El Profeta

DBSNL // Capítulo 375: El Profeta

“¿Quién es él para ustedes?”

Tarble y Broly palidecen ante la tenebrosa estatua.

– “¿Qué… qué significa esto?” – titubea Tarble.

– “Moro…” – refunfuña Broly, entre dientes.

Gladyola puede percibir como la actitud de sus acompañantes ha cambiado por completo. Lentamente, acerca la mano hacia el espadón en su espalda.

En un instante, Tarble se transforma en Súper Saiyajín, generando una corriente de aire que agita las llamas de los braseros.

La guerrera blande su arma.

– “¡BROLY!” – exclama Tarble.


Sin dudarlo, su compañero de patrulla se abalanza sobre Gladyola, agarrando la empuñadura de su espada con la mano izquierda y empujándola con su antebrazo derecho, desarmándola y lanzándola contra la pared de la cámara en un solo movimiento.

– “¡¿Es una trampa?!” – se pregunta Tarble.

Alertados por el estruendo, una docena de guardias corre hacia la cámara.

Broly empuña el espadón de Gladyola con una mano, apuntando con él hacia el portón por el que irrumpen los guardias, a modo de advertencia.

Hybis se aparta dando pequeños pasos laterales, como si el tema no fuera con él.

Los soldados, armados con lanzas y espadas, rodean a los saiyajín. Los guardias parecen dispuestos a luchar, pero les cuesta esconder cierto miedo al encontrarse con su líder en el suelo.

– “¡ALTO!” – exclama Gladyola, levantando la mano hacia sus hombres.

– “¡¿De qué va todo esto?!” – le pregunta Tarble. – “¡¿Qué tramáis?!”

Gladyola, dolorida, se pone en pie.

– “Qué fuerza tan extraordinaria…” – piensa ella, mirando como Broly sostiene su arma con una sola mano y sin inmutarse. – “¿De dónde han salido estos tipos?”

– “¡RESPONDE!” – insiste Tarble.

Gladyola indica a sus hombres que bajen las armas y éstos obedecen.

– “No sé lo que esta estatua representa para vosotros…” – dice la guerrera. – “Pero os prometo que no os hemos tendido ninguna trampa.”

– “¿Esperas que nos creamos eso?” – protesta Tarble.

De repente, Kadan entra en la sala abriéndose paso entre sus hombres, que al darse cuenta de la presencia de su Rey forman marcialmente dejando un pasillo libre.

– “¡¿Qué ocurre aquí?!” – protesta Kadan. – “¿Qué significa todo este alboroto?” – pregunta al ver a los saiyajín aún en guardia y a la comandante de sus ejércitos dolorida. – “¡HABLAD!”

Gladyola hace una reverencia.

– “Un malentendido, Su Majestad.” – se excusa ella.

– “¿Qué clase de malentendido justifica esto?” – pregunta el Rey, claramente enfadado. – “¡¿Un ataque en tan sagrado lugar?!”

– “Tsk…” – da un paso al frente Tarble, dispuesto a discutir.

– “Cuidado.” – advierte Hybis, interrumpiendo al patrullero sin levantar su tono de voz. – “Representamos a la Patrulla Galáctica.” – le recuerda. – “Un paso en falso puede suponer un grave problema diplomático.”

– “Y ahora me sermonea…” – refunfuña Tarble. – “Pero tiene razón…” – piensa. – “Es mejor ser prudentes.”

Tarble se calma y regresa a su estado base.

– “Su Majestad…” – dice el patrullero. – “Tenemos que hablar. ¿Quién es él para ustedes?” – dice mirando la estatua por encima del hombro.

Kadan frunce el ceño.

– “Todo el mundo fuera.” – dice el Rey. – “Excepto los patrulleros y Lady Gladyola.”

Los guardias se retiran. Hybis los sigue.

– “Os espero en la taberna.” – dice el confidente.

– “Tú también te quedas, Hybis.” – le detiene el Rey.

– “Por supuesto.” – responde él con una reverencia.

Broly entrega el espadón a su dueña, que lo acepta y lo envaina en su espalda.

Una vez a solas, Kadan avanza hacia la estatua, pasando entre los dos saiyajín.

– “El Profeta.” – dice el Rey. – “Un hombre sabio en busca de la verdad.” – revela.. – “Se dice que en su peregrinaje de iluminación se detuvo en este lugar durante 700 años. Esta capilla se construyó para celebrar su senda de conocimiento.” – narra. – “El que ha visto la verdad permanece firme contra la mentira.” – recita el texto que aparece en la estatua.

El Rey señala el ojo en la frente del profeta.

– “El tesoro que nos han robado.” – revela. – “La joya que conformaba la pupila de su tercer ojo, fue un regalo que el profeta otorgó a nuestro pueblo para honrar el tiempo que pasó entre nosotros.”

– “¿Lo llamáis profeta?” – refunfuña Tarble. – “Pero era solo un brujo.” – protesta. – “Un ser cruel y despiadado que puso en jaque al universo de nuevo hace tan solo unos años… y al que pudimos detener con mucho sacrificio.”

El Rey se cruza de brazos, pensativo.

– “¿Cómo es posible?” – se acaricia el mostacho.

– “Dices que nuestro profeta… ¿regresó…?” – pregunta Gladyola, anonadada. – “¿Y peleasteis contra él?”

– “Debéis estar equivocados.” – sentencia el Rey.

– “Creo que tenéis que salir más de esta roca.” – responde Tarble. – “El universo es vasto y está en perpetuo movimiento.”

Escondida detrás del portón, Panzy escucha la conversación.

Mientras tanto, en un lugar desconocido, Glorio camina por un pasillo metálico blanco, con una hilera de luces en su techo que recorre toda su longitud.

En el castillo, todos han salido de la capilla. Gladyola cierra el portón.

– “Deberíamos ponernos en contacto con el Cuartel General.” – dice Tarble.

– “¿Acaso la Patrulla Galáctica va a negarse a ayudarnos?” – pregunta Kadan, poniendo en duda sus intenciones.

– “Si alabáis a ese brujo, tenemos un claro conflicto de intereses…” – protesta el saiyajín. – “Aunque me pregunto por qué no fuimos informados antes.” – añade mirando a Hybis de reojo.

– “Son buena gente.” – responde Hybis.

Tarble se cruza de brazos, pensativo.

– “Tratándose de Moro, dudo que ese tesoro sea una simple piedra preciosa…” – se preocupa. – “Pero si el tesoro ha estado en manos de esta gente durante tanto tiempo sin causar problemas, puede que lo más sensato sea ayudarles…” – suspira aliviado. – “Puede que el ese ladrón no trabaje solo… y si acaba en las manos equivocadas…” – se preocupa de nuevo. – “¡Maldición!”

Kadan abandona el lugar, seguido por la mayoría de su guardia.

– “De momento, sois bienvenidos.” – dice el Rey mientras se marcha, interrumpiendo el diálogo interno de Tarble. – “Y el compromiso sigue vigente.”

– “Como desee, Su Majestad.” – hace una reverencia Gladyola.

Tarble se acerca a Broly.

– “Volvamos a la nave.” – sugiere Tarble. – “Informaremos a Lemon.”

– “Está bien.” – asiente Broly.

Hybis interrumpe.

– “Broly y yo esperaremos en la taberna.” – dice Hybis.

– “¿Por qué tengo que ir solo?” – protesta Tarble.

Gladyola da un paso al frente.

– “Yo te acompañaré.” – dice ella.

– “No te fías, ¿eh?” – replica Tarble.

– “No es eso…” – responde ella, un poco sonrojada. – “Pero si el compromiso sigue en pie… deberíamos conocernos…”

Broly sonríe y da una palmada en la espalda a Tarble, empujándolo hacia Gladyola.

– “¡Claro!” – dice el saiyajín.

– “¿EH?” – se sobresalta Tarble.

Hybis y Broly ya se marchan.

– “¡Nos vamos!” – dice el confidente.

– “¿Qué se bebe aquí?” – pregunta Broly.

– “Cerveza de onibana” – responde Hybis.

– “¿Y eso que es?” – pregunta el saiyajín.

– “Se fermenta la flor del diablo y…” – responde Hybis.

Tarble aprieta los dientes, enfadado.

– “¿Cómo pueden estar tan relajados…?” – refunfuña el saiyajín.

– “¿Nos vamos?” – pregunta Gladyola

– “¡Eh…!” – se sobresalta Tarble. – “Sí… claro…”

Mientras tanto, el Rey Kadan ha regresado la sala del trono.

– “Dejadme solo.” – ordena al mayordomo.

– “Como ordene Su Majestad.” – se despide éste con una reverencia.

El Rey se sienta en el trono, pensativo. Sin duda, la situación le inquieta.

Lady Gladyola y Tarble abandonan el castillo. Los dos caminan manteniendo un silencio incómodo.

– “Sois muy fuertes.” – dice Gladyola, sorprendiendo al saiyajín.

– “¿Eh?” – reacciona Tarble.

– “Vosotros… tú compañero y tú… sois muy fuertes.” – repite ella.

– “Somos saiyajín.” – responde él. – “Venimos de un pueblo guerrero.”

– “Saiyajín…” – repite ella. – “Nunca había oído hablar de esa raza.”

– “Si conocieras nuestro pasado, seguramente te alegrarías de no haber oído hablar de nosotros…” – bromea Tarble.

Gladyola no comprende del todo esas palabras, pero pese al tono bromista del saiyajín, puede captar la oscuridad en el pasado del pueblo de su prometido.

– “Veo que llevas una pistola.” – dice Tarble. – “Desentona un poco con el resto del uniforme.”

– “Era de un forastero.” – responde ella. – “Tenemos poco contacto con gente del exterior… pero parece que siempre traen problemas.” – desenfunda. – “No soy muy hábil con ella.” – admite mientras observa el arma. – “Mi pueblo también es guerrero y me repugna tener que usar estos artilugios… pero todo sea para proteger a mi Rey.”

– “Eres leal.” – dice Tarble. – “Eso es admirable.”

Gladyola enfunda el arma.

– “No es suficiente.” – responde ella. – “Robaron el tesoro delante de mis narices.”

Al llegar a las escaleras que descienden hacia el pueblo, Tarble se eleva en el aire.

Gladyola lo mira sorprendida.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta el saiyajín, confundido.

– “E… estás… volando…” – titubea ella.

– “Con lo fuerte que eres, ¿y no puedes volar?” – se extraña Tarble. – “Sois gente muy extraña…”

Mientras tanto, en la taberna, Hybis y Broly están sentados en una pequeña mesa. A su alrededor, una docena de mesas con gente local variopinta disfrutan de la bebida y la comida del establecimiento.

La mesera les sirve dos jarras de cerveza de onibana. Ella es una mujer oronda de piel verde pastel y cabello rubio alborotado, orejas puntiagudas y ojeras negras, y lleva un austero vestido rojo, mangas negras y un delantal blanco con manchas de comida.

– “Gracias.” – dice Broly.

– “¿No me presentas a tu amigo, Hybis?” – pregunta la mujer con tono sensual.

– “Estamos en una misión secreta.” – responde él.

– “Siempre me han gustado los hombres de uniforme.” – insiste ella.

En la barra, un viejo de demacrado de piel azul, cabello largo desaliñado y barba roja encrespada, observa de reojo a los patrulleros mientras bebe cerveza.

La mujer obsequia a nuestros amigos con un bol lleno de pequeños bichos verdes, aparentemente fritos.

– “Invita la casa, guapo.” – le guiña un ojo a Broly mientras lo deja sobre la mesa. 

Desde otra mesa al otro lado de la taberna, alguien protesta.

– “¡Esos son mis bichos karikari!” – reclama el cliente.

– “¡A CALLAR!” – responde la mesera, sacando su mal genio.

La mesera sonríe a nuestros amigos y se marcha.

Broly agarra uno de los bichos y lo observa con atención.

– “Están muy buenos.” – dice Hybis, comiendo uno de los crujientes insectos. 

El saiyajín sonríe y hace lo mismo.

– “¡No está mal!” – exclama Broly.

Lady Gladyola y Tarble salen de la ciudad.

– “Entonces, ¿os transformáis gracias a vuestra cola?” – pregunta Gladyola, intrigada.

– “Sí, pero para trabajar en la patrulla nos han sugerido que nos las quitemos… por seguridad.” – explica Tarble. – “Por eso mi compañero no tiene.”

– “Pero tú sí tienes…” – señala ella.

– “Soy un caso especial… jaja” – responde él, intentando evadir la pregunta.

Gladyola se da cuenta.

– “¿Por qué habéis dejado la nave tan lejos?” – pregunta ella, cambiando de tema.

– “Pensé que sería mejor pasar desapercibidos…” – se arrepiente el saiyajín.

– “Pero tan lejos del castillo, no me extrañaría que…” – explica la guerrera.

Pero en ese instante, Tarble se sobresalta.

– “¡¿Y NUESTRA NAVE?!” – exclama.

Donde habían dejado el vehículo, solo queda una parte de un tren de aterrizaje, algunas tuercas y el cartel roto con el que los recibió Hybis.

DBSNL // Capítulo 374: Lady Gladyola

DBSNL // Capítulo 374: Lady Gladyola

“Todos los tontos tienen suerte.”

En la sala del trono del castillo del Rey Kadan, ante la mirada atenta de Su Majestad y de sus compañeros, Tarble va a enfrentarse a Gladyola para demostrar su valía.

– “¡¡ADELANTE!!” – exclama el Rey.

La guerrera levanta su espadón y se abalanza sobre el saiyajín.

La velocidad de la mujer sorprende a Tarble.

El saiyajín evade el espadazo saltando hacia la derecha.

El espadón rompe el suelo con el impacto.

Lady Gladyola rota sobre sí misma mientras levanta su enorme arma y propina e intenta un corte horizontal, que el saiyajín tiene que esquivar agachándose rápidamente, perdiendo el extremo de uno de sus mechones de pelo encrespados.

La mujer aprovecha la posición de Tarble para propinarle un rodillazo en la cara que lo hace retroceder y, sin darle tiempo para relajarse y como si el arma fuera más ligera de lo que aparenta, otro espadazo horizontal en dirección opuesta, obligando al saiyajín a saltar para evadirlo.

Dibujado por Ipocrito

– “¡Qué fuerte es!” – piensa el saiyajín. – “Pero si evito su espada, creo que…”

Gladyola agarra al saiyajín de la pechera cuando aún está en el aire y lo lanza contra una columna.

Tarble se estrella y cae al suelo… y cuando levanta la mirada, la guerrera ya se encuentra frente a él con la espada en alto.

– “Tsk…” – sufre el patrullero.

Hybis mira el combate al lado de Broly.

– “¿Me puedo quedar sus botas?” – pregunta, girándose hacia Broly.

En ese instante, Tarble se impulsa con los pies en el pilar y salta hacia delante, pasando entre las piernas de Gladyola, evadiendo el golpe.

La espada se incrusta en la columna. Gladyola forcejea para liberarla.

Tarble sonríe, viendo una oportunidad; se envuelve en su ki incoloro y se abalanza sobre su rival por la espalda.

Gladyola suelta su arma, se revuelve e intercepta a Tarble en el aire, propinándole un fuerte puñetazo en la cara que lo remite al suelo.

El Rey observa el combate con gesto serio. La princesa, en cambio, sonríe con cierta malicia.

Tarble se incorpora, frotándose la mejilla, dolorido.

– “Ay… ay…” – se queja.

Gladyola logra liberar su arma y la carga sobre su hombro.

– “Lo siento, Su Majestad.” – dice la guerrera. – “Creo que la Patrulla Galáctica se ha burlado de nosotros.”

Tarble se pone en pie.

– “Se acabó…” – gruñe entre dientes.

El saiyajín aprieta los puños. Su cabello ondea sinuosamente.

– “¿Hmm?” – se sorprende Gladyola.

– “¡YAAAAAAH!” – exclama Tarble.

Un estallido de ki sacude la zona, quebrando varias columnas de la enorme sala y haciendo estallar la cristalera detrás del trono.

El cabello de Tarble se ha vuelto dorado, igual que el aura que lo rodea.

– “¿Qué clase de magia es esa?” – murmura el Rey.

Gladyola, lejos de achantarse, se abalanza sobre el saiyajín y le propina un espadazo horizontal, aparentemente dispuesta a decapitarlo… pero ¡BAM! Tarble detiene el golpe protegiéndose con el antebrazo izquierdo.

La guerrera se percata no solo del cambio de fuerza de su adversario, sino también del cambio en su mirada; mucho más fría e intimidante.

– “¿Eh?” – se sorprende ella, como si fuera testigo por primera vez de un poder sin igual.

Antes de que la Gladyola pueda reaccionar, Tarble salta usando la hoja de la espada como apoyo y propina una fuerte patada en la mejilla derecha a la guerrera.

El impacto retumba en la gran sala.

Gladyola es lanzada hacia la pared de la sala, quebrándola y cayendo al suelo, aturdida.

El Rey Kadan y la princesa quedan boquiabiertos. Broly sonríe.

– “¡OOooh!” – exclama Hybis.

Gladyola, frustrada, se intenta levantar, cuando se encuentra a Tarble frente a ella, ya en estado base, ofreciéndole la mano.

– “¿Estás bien?” – dice Tarble. – “Espero no haberme pasado…” – se disculpa. – “¡Eres realmente fuerte! Me has obligado a transformarme en Súper Saiyajín…”

– “¿Súper Saiyajín?” – repite ella, como si esas palabras debieran tener algún significado oculto que no comprende.

La mujer toma su mano y se levanta.

El Rey levanta la barbilla, recuperando su tono más formal.

– “¡Con esta victoria…!” – anuncia. – “¡La corona reconoce la valía de la Patrulla Galáctica y acepta su ayuda!”

Tarble hace una reverencia.

– “Lo haremos lo mejor posible, Su Majestad.” – dice el saiyajín.

Lady Gladyola hace una reverencia.

– “Lo siento, Su Excelencia.” – se disculpa ella. – “Este guerrero me ha superado.”

– “Acepto tu derrota, Lady Gladyola.” – asiente el Rey.

Kadan extiende su mano hacia la mujer y ella se acerca al altar para tomarla.

– “Como dicta la tradición.” – dice el Rey. – “El guerrero que ha derrotado en un combate justo a la capitana de mi guardia, merece su mano en matrimonio.”

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende el saiyajín.

Gladyola, con la cara magullada, desvía la mirada, ligeramente sonrojada.

Broly se queda boquiabierto.

Tarble retrocede, un poco asustado e incómodo.

– “No… Lo siento, pero…” – se excusa. – “No es necesario que…”

Hybis niega con la cabeza.

– “Todos los tontos tienen suerte.” – murmura.

– “¡¿Y POR QUÉ NO TE CASAS TÚ CON ELLA?!” – protesta Tarble.

– “Porque ya me rechazó.” – responde Hybis.

Los dos saiyajín se quedan boquiabiertos.

– “Me gustan las mujeres musculosas.” – admite Hybis.

– “¿Tuviste que pelear con ella?” – pregunta Broly, sorprendido.

– “No estuvo a la altura.” – interviene Gladyola.

– “Ser subyugado entre esos muslos no fue la peor experiencia de mi vida.” – Hybis responde a Broly.

Una gota de sudor frio recorre la frente de Tarble, incapaz de comprender como funciona la mente de su nuevo compañero.

Kadan se aclara la voz, pidiendo así silencio.

– “Patrullero.” – dice el Rey. – “¿Aceptas la mano de Lady Gladyola?”

– “Tsk…” – protesta Tarble, sin saber qué decir. – “Si rechazo su mano, es seguro que perderemos su confianza y no podremos llevar a cabo la misión…” – piensa. – “Lo mejor será seguirles la corriente, por ahora… y ya se me ocurrirá algo.”

– “¿Y bien?” – insiste el Rey.

– “Acepto.” – el patrullero hace una reverencia.

Broly sonríe y aplaude. Kadan entrega a Gladyola a Tarble y se une al aplauso.

La nueva pareja se da la mano. Gladyola sonrojada y Tarble claramente incómodo.

El Rey chasquea los dedos, llamando así a la gárgola que acompañó a nuestros amigos hasta la sala.

– “¡Prepararemos un banquete para esta noche!” – le comunica. – “¡Celebraremos el enlace y…!”

– “¡Su Majestad!” – exclama Tarble, nervioso. – “Creo que es mejor que pospongamos la celebración…”

– “¿Eh?” – lo mira Kadan con recelo.

– “Verá…” – dice el saiyajín. – “Nuestra misión como miembros de la Patrulla Galáctica es ayudarles a resolver el robo…” – se excusa.

– “¿Quieres posponer la unión?” – refunfuña el Rey.

– “¡Qué mejor forma de demostrar mi valía que resolviendo el caso!” – exclama Tarble, dispuesto a cualquier treta para salir de esta.

Kadan se cruza de brazos. Se frota el bigote.

– “Está bien.” – asiente. – “Me parece adecuado.” – acepta. – “¡Así podremos festejar el doble!” – se golpea la panza.

– “Claro… claro…” – hace varias reverencias el saiyajín.

– “Lady Gladyola os mostrará el castillo.” – continúa el Rey. – “Así podéis aprovechar el tiempo para conocerlos mejor.” – le guiña un ojo.

– “Como desee, Su Majestad.” – responde ella con una reverencia.

La princesa baja del trono de un salto, malhumorada.

– “Esto es ridículo…” – protesta mientras baja del altar hacia el largo pasillo central de la sala.

Por el camino se topa con Broly.

– “Princesa.” – sonríe el saiyajín, intentando ser simpático, mientras hace una pequeña reverencia.

Sin mediar palabra y sin pensárselo dos veces, la princesa propina un puñetazo en las partes al saiyajín, que se queda blanco y cae de rodillas.

– “Ay… ay…” – sufre Broly.

La muchacha sigue su camino hacia la salida, al fondo de la sala.

El Rey Kadan se acerca a Broly le pide disculpas mientras le ayuda a levantarse.

El sol empieza a caer en el horizonte del planeta Erezúant, haciendo que la tenue aurora boreal magenta cobre vida.

Lady Gladiola, con su espadón la espalda, guía a Tarble por los pasillos del castillo, iluminados por antorchas, mientras le cuenta los detalles del robo. Broly y Hybis los siguen a unos pocos metros de distancia.

– “Es el tesoro más preciado de nuestro reino.” – revela Gladyola. – “El legado de nuestros ancestros.”

– “Y dices que fue un forastero…” – cavila Tarble, acariciándose el mentón.

– “Glorio.” – dice ella, apretando el puño, incapaz de ocultar su frustración. – “Traicionó nuestra confianza.”

– “¿Peleaste contra él?” – pregunta el saiyajín.

– “No.” – responde ella. – “Se ganó el beneplácito del Rey de otra forma.” – explica. – “Fue bienvenido en el castillo porque rescató a la Princesa de unos bandidos.”

– “¿La Princesa?” – repite Tarble, preguntándose qué podía hacer fuera del castillo y sin protección.

– “La Princesa Panzy es un espíritu libre.” – dice Hybis.

– “No es la primera vez que se aventura fuera del castillo sin el permiso de su padre y evadiendo nuestra guardia.” – suspira Gladyola. 

– “Parece de las que saben defenderse.” – sonríe Tarble, mirando a Broly con una mueca burlona.

– “Tsk…” – protesta Broly, sintiéndose humillado.

Gladyola se detiene frente a un portón.

– “Es aquí.” – anuncia ella.

La mujer empuja las enormes puertas, que al abrirse revelan una cámara construida en roca rojiza y oscura, iluminada por el fuego de siete braseros rodeando una estatua central.

Tarble y Broly se quedan helados al ver la figura de piedra que se alza frente a ellos, con siete metros de altura. Una silueta ensotanada con una efigie de macho cabrío de orejas puntiagudas y cuernos encorvados.

– “No… no puede ser…” – titubea Tarble.

– “Es él…” – murmura Broly, apretando los puños, nervioso.

– “¿Eh?” – se extraña Gladyola, al ver la extraña actitud de sus acompañantes. – “¿Conocéis al profeta?”

– “¿Profeta?” – dice Tarble, con su voz afectada.

La efigie tiene un tercer ojo en la frente, con un agujero donde debería estar la pupila. 

Una inscripción en el pie de la estatua: Erezuánt paiti drujō staotā.

DBSNL // Capítulo 373: Misión diplomática

DBSNL // Capítulo 373: Misión diplomatica

“Soy el contacto.”

Una nave de la Patrulla Galáctica surca el espacio.

En su interior, Tarble y Broly se preparan.

– “20 minutos para llegar al destino.” – anuncia la inteligencia artificial de la nave. – “Planeta Erezúant.”

Tarble se enfunda su coraza de patrullero, mientras Broly se coloca sus muñequeras.

– “¿Kale sigue enfadada?” – pregunta Tarble.

– “Mucho.” – responde Broly.

– “Mira que no permitirle participar en misiones…” – refunfuña Tarble.

– “La patrulla no entiende a los saiyajín.” – dice Broly.

– “No están acostumbrados a lidiar con una raza guerrera.” – se golpea el pecho Tarble.

Broly tira de su muñequera elásticas y la suelta, y cierra su mano para comprobar que está debidamente ajustadas.

– “¿Qué me cuentas de la misión?” – pregunta Broly.

– “No te has leído el informe.” – lo mira Tarble de reojo, juzgándolo.

– “Jeje…” – sonríe Broly.

Tarble se cruza de brazos.

– “Al parecer se trata solo de un robo.” – explica el saiyajín. – “El planeta está más allá de los límites de la Patrulla Galáctica, pero aun así han solicitado nuestra ayuda.” – continúa. – “Así que tenemos que ser muy diplomáticos…” – advierte. – “Un contacto nos espera para contarnos los detalles y hacer las debidas presentaciones.”

– “¿Un contacto?” – pregunta Broly.

– “Aunque la Patrulla no tiene presencia oficial en algunos planetas, siempre intenta estar al tanto de todo mediante informadores; agentes que viven en secreto en el planeta e informan al Cuartel General cuando aparece una amenaza u ocurre algo que pueda ser de interés para proteger el universo.” – explica. 

– “¡Qué interesante!” – exclama Broly.

– “No sé cómo aprobaste el examen…” – suspira Tarble.

– “Soy fuerte.” – responde el saiyajín, sacando bíceps.

Un nuevo anuncio.

– “15 minutos para llegar al destino. Planeta Erezúant.” – anuncia la nave. – “Se requiere supervisión para realizar la aproximación.”

Tarble suspira.

– “Ya voy…” – murmura.

La nave surca el cielo morado del planeta, sobrevolando un castillo sobre un acantilado y una austera villa de casas de arcilla.

La nave aterriza en las afueras.

Tarble y Broly se apean.

– “¿Y ahora adónde vamos?” – pregunta Broly.

– “Al castillo del Rey Kadan.” – responde Tarble. – “Es probable que los habitantes de este planeta nos miren con recelo… La Patrulla Galáctica puede ser vista como una fuerza opresora en algunos sectores… Al fin y al cabo, representamos un poder exterior que puede malinterpretarse como invasor…” – cavila, cruzándose de brazos. – “Será mejor que intentemos no llamar la atención.”

Broly señala a alguien frente a ellos.

Un tipo de baja estatura y cuerpo ancho con piel rosada, labios carnosos, ojos negros minúsculos, y orejas puntiagudas, con un pelaje de color azul grisáceo que sobresale como un mechón sobre su cabeza, les espera con un cartel en sus manos que pone “PATRULLA GALÁCTICA”. El extraño personaje viste un atuendo color mostaza de mangas abotonadas y un patrón de zigzag en la parte inferior, sobre un pantalón marrón; todo adornado con un cinturón de cuero con una hebilla con el sello real: una estrella negra de nueve puntas con un círculo blanco en su interior.

– “¿Eh?” – se sorprende Tarble.

– “¡Hola!” – levanta el brazo el extraño.

Broly camina hasta él.

– “¿Quién eres tú?” – pregunta el saiyajín.

– “Soy el contacto.” – responde el extraño.

– “Encantado.” – le da la mano el saiyajín. – “Me llamo Broly” – se presenta. – “Y él es Tarble.”

– “Hybis.” – responde el tipo.

Tarble se acerca.

– “¿No deberías… pasar un poco más desapercibido?” – pregunta Tarble.

– “No os preocupéis.” – responde Hybis, con un tono de voz que parece inalterable. – “Solo lo saben mis amigos.”

Hybis guía a Tarble y Broly a través del pueblo.

– “¡Hola, Hybis!” – saluda una anciana. – “¡Veo que ya han llegado tus amigos de la Patrulla!”

– “¡Os invito a un aperitivo en mi taberna!” – exclama un hombre. – “¡Los amigos de Hybis son bienvenidos!”

Tarble agacha la cabeza, un poco avergonzado.

– “Parece que lo sabe todo el pueblo…” – refunfuña el saiyajín.

– “Son amigos.” – responde Hybis.

A los pies del acantilado, unas largas escaleras de roca esculpidas en la montaña llevan hasta el castillo.

Tras una larga caminata, llegan hasta la las puertas del castillo, custodiada por dos guardias armados con lanzas.

– “¡Hola, Hybis!” – saluda uno de los guardias al reconocer al peculiar personaje.

– “Hola” – levanta la mano él.

– “¡Adelante!” – abre la puerta el otro guardia. – “Bienvenidos.”

Los tres se adentran en el castillo.

– “Oye…” – susurra Tarble, con una gota de sudor recorriendo su sien.

Pero un local con aspecto gárgola, vestido con una túnica roja les recibe.

– “Por aquí, Hybis.” – dice el pequeño ser. – “¿Habéis tenido un buen viaje?”

– “Sí, gracias.” – responde Broly con una sonrisa.

Tarble mira de reojo a Hybis y éste se da cuenta.

– “Tengo muchos amigos.” – dice él.

La gárgola guía al trío hasta la gran sala del trono. 

Al final de la sala, sobre un altar escalonado y ante una gran cristalera con el sello real, el Rey está en su trono, un asiento de piedra grande pero austero, hablando con su hija, la princesa, sentada sobre el reposabrazos. 

La sala es grande y luminosa, con columnas adornándola a ambos lados del pasillo central, delimitado por una larga alfombra roja que lleva desde la entrada hasta el trono. 

En el lado derecho del altar, una mujer guerrera de gran envergadura espera de pie; brazos cruzados. Un gigantesco espadón, casi tan largo como ella, está apoyado contra la pared, a su lado. Cuando se han abierto las puertas, ella clava su mirada en los recién llegados.

La gárgola se detiene en la entrada, dejando que pasen nuestros amigos.

– “¡La Patrulla Galáctica!” – anuncia.

Hybis camina hasta el trono, Tarble y Broly lo siguen.

Su Majestad es un hombre imponente, grande y orondo, de piel verde pastel, orejas puntiagudas, cabeza calva a excepción de un único pechón de pelo en forma de palmera. Una cicatriz recorre el lado izquierdo de su rostro. Viste una armadura del color del cobre oxidado como la de sus hombres, que cubre su pecho, cuello y parte de su abdomen, adornada con su sello, y una capa de color morado; unos brazaletes a juego con la armadura sobre unas mangas de color azul, un slip negro, calcetines largos azules y unas botas amarillas.

El Rey se pone en pie. La princesa sigue sentada en el reposabrazos del trono.

– “Bienvenidos.” – saluda el Rey.

– “Hey” – levanta la mano Hybis.

– “Rey Kadan.” – dice Tarble, mientras él y Broly hacen una reverencia.

El Rey los observa detenidamente.

– “¿Esto es lo que envía la Patrulla cuando pedimos ayuda?” – refunfuña entre dientes.

– “Ese es nuestro cometido.” – responde Tarble.

Kadan ignora a Tarble.

– “Hybis, ¿tus amigos son de fiar?” – pregunta el Rey.

– “No los conozco.” – responde Hybis.

– “Tsk…” – protesta Tarble, con dificultad para ocultar que el extraño personaje le pone de los nervios.

El Rey sonríe.

– “La sinceridad de Hybis siempre se agradece.” – dice Kadan. – “Una virtud que no abunda…”

La princesa observa desde el reposabrazos del trono, con los codos apoyados en sus rodillas y la cabeza sobre sus manos, con una mueca de desengaño.

Kadan se golpea la barriga.

– “Dime, Hybis, he estado haciendo ejercicio últimamente, ¿qué te parece?” – pregunta el Rey.

– “No se le nota.” – responde él.

– “¡JAJAJAJA!” – Kadan estalla en una enorme carcajada.

Broly sonríe con sinceridad ante lo que percibe como un ambiente amable.

En cambio, una gota de sudor recorre la sien de Tarble, que parece confuso ante la actitud de Kadan y de tan pintoresco personaje.

– “Su Majestad…” – interrumpe el saiyajín. – “Estamos aquí para asistirles en todo lo posible.”

Kadan deja de reír de forma repentina. Se aclara la garganta con una pequeña tos.

– “Ya veo…” – responde el Rey.

– “No me fio de ellos.” – interviene la princesa.

Tarble y Broly miran a la muchacha, que hasta ahora solo había estado observando en silencio.

– “Hmm…” – cavila Kadan. – “Está bien… Dejemos que su fuerza hable por ellos.”

– “¿Nuestra fuerza?” – murmura Tarble.

– “Lady Gladyola, acércate, por favor.” – dice Kadan.

– “Su Excelencia.” – responde la mujer guerrera que esperaba en el lado derecho del altar.

La mujer guerrera avanza hacia el Rey hasta colocarse a su derecha.

– “Uno de los dos va a tener que enfrentarse a ella.” – explica Kadan. – “Lady Gladyola; Comandante de mis ejércitos y mi mejor guerrero.”

– “¿Es necesario?” – pregunta Tarble. – “No estamos aquí buscando pelea.”

– “La fuerza de un individuo dice mucho de él.” – responde Kadan. – “Si demostráis vuestra valía, os ganaréis mi confianza.”

Tarble hace otra reverencia. Una media sonrisa victoriosa se le escapa.

– “¡Está bien!” – se incorpora de repente, apretando su puño con decisión. – “¡BROLY! ¡ENCÁRGATE DE ELLA!”

– “No.” – responde tajante el saiyajín.

Silencio en la sala.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende Tarble.

Broly se cruza de brazos.

– “Si sigues recurriendo a mí para estas cosas, no crecerás como guerrero.” – dice el saiyajín.

– “Así que él es el listo.” – murmura Hybis.

– “Hmmm…” – reflexiona Kadan, acariciándose el bigote.

– “Tsk…” – protesta Tarble. – “Está bien… está bien…”

Gladyola camina hasta su espada y la empuña con una mano, cargándola sobre su hombro.

El Rey regresa a su trono, desde donde su hija sigue mirando.

Broly y Hybis se hacen a un lado, dejando a Tarble solo en el centro de la enorme sala. 

Gladyola baja del altar y agarra su sable con las dos manos, dirigiéndolo hacia el saiyajín, indicando que está preparada.

Hybis se acerca a Broly.

– “¿A tu amigo que flores le gustan?” – pregunta él.

– “Oye…” – refunfuña Tarble entre dientes. – “¿Es que estás preparando mi funeral?”

Kadan levanta la mano, llamando la atención de los dos luchadores.

– “¡LISTOS!” – exclama el Rey.

Tarble se pone en guardia apresuradamente.

– “¡ADELANTE!” – da el pistoletazo de salida.

DBSNL // Epílogo: Forastero

DBSNL // Epílogo: Forastero

“¿Por qué?”

Unos días antes…

Amanece en un remoto planeta. El sol se levanta tímidamente en el horizonte e ilumina el árido paisaje de roca amarillenta con escasa vegetación morada y verde, y revela un hermoso cielo violeta.

Un acantilado se alza sobre una villa humilde de casas ovaladas de arcilla gris pintadas con motivos florales violáceos. Algunos habitantes ya deambulan por las calles. La mayoría son individuos de piel morada, altos y espigados, con dos pequeños cuernos en la frente. Otros son más bajitos y malcarados, con aspecto de gárgola. Todos visten ropa austera y algunos cargan con diferentes herramientas de camino a sus respectivos trabajos; carpinteros, campesinos, herreros.

En la cima del peñasco, un castillo austero, construido con la misma arcilla que las viviendas del pueblo. El palacio consta de una gran torre ovalada central y pequeñas alas anexas interconectadas por pasillos.

Una explosión sacude una de las alas del palacio. La gente del pueblo alza la vista hacia el acantilado, atisbando una gran polvareda.

Por los pasillos solo iluminados por la poca luz que empieza a colarse por las pequeñas ventanas que lo recorren, un individuo huye, perseguido por varios soldados armados con lanzas y espadas.

Los soldados visten un chaleco a modo de armadura de un metal que recuerda al cobre ligeramente oxidado, con protección en antebrazos y espinillas a juego, sandalias y pantalón corto rojo; de su cinturón cuelga una banda de tela decorada con motivos tribales.

El forajido tiene tez azul celeste y cabello blanco corto y desaliñado; viste botas altas negras, pantalón largo azul, camiseta blanca y una chaqueta morada. El individuo carga con una bandolera a la espalda y luce una cartuchera en su cadera donde brilla una pistola plateada; un atuendo muy moderno que contrasta con la civilización local.

– “¡QUÉ NO ESCAPE!” – grita un soldado. – “¡LADRÓN!”

– “¡ALTO!”- exclama otro. – “¡EN NOMBRE DEL REY!”

El forastero desenfunda su arma y dispara a sus perseguidores mientras sigue corriendo, alcanzando a varios de ellos con sus disparos de energía verde.

El ladrón se topa con un portón al final del pasillo y carga contra él, atravesándolo y saliendo al patio exterior.

Más guardias aparecen desde todas las direcciones, obligando al extranjero escapar hacia el acantilado.

El tipo se detiene al borde del precipicio. Más de treinta guardias lo rodean y le apuntan con sus lanzas y sables.

– “¡NO TIENES ESCAPATORIA!” – dice uno.

– “¡DEVUELVE LA RELIQUIA!” – exclama otro.

El forajido, muy serio, resopla y enfunda su arma; levanta las manos.

Dos guardias empiezan a acercarse a él con precaucione, con la intención de apresarlo.

En ese instante, una mujer alta y musculosa de piel azul y cabello rosado, vestida con una armadura de gladiador a juego con los otros soldados y elegante capa fucsia, sale al exterior del castillo por la puerta rota.

La guerrera analiza la escena, viendo como sus hombres se acercan al ladrón.

– “¿El forastero?” – se pregunta, confusa al reconocer al malhechor.

Una pequeña muchacha aparece detrás de la enorme mujer. Tiene la piel verde pastel y el cabello rubio, recogido en dos coletas. Viste un mono naranja corto, calcetines y muñequeras magenta, botines y guantes amarillos y una bufanda fucsia.

La muchacha pelea para colarse entre el muslo de la guerrera y la pared hasta que lo consigue y sale al exterior.

– “¡¿EH?!” – se sobresalta al ver al ladrón.

La chica siente como se parte su corazón. Sus ojos se llenan de lágrimas.

– “¿Por qué?” – se pregunta ella, con lágrimas en los ojos. – “¡¡GLORIO!!” – lo llama.

El grito saca del trance a la guerrera. La pequeña intenta correr hacia el forastero, pero la mujer la sujeta del brazo.

– “¡PRINCESA!” – exclama ella. – “¡Es peligroso!”

– “¡NO!” – insiste la pequeña. – “¡SUÉLTAME!” – forcejea sin ningún éxito.

De repente, entre los dedos del forajido, un chispazo de ki eléctrico morado que solo atisba la guerrera.

La mujer siente que algo no va bien y reacciona rápidamente.

– “¡¡CUIDADO!!” – exclama ella, intentando alertar a sus soldados.

Un gran destello. Un ensordecedor trinar eléctrico.

La guerrera adelanta a la pequeña y se agacha para abrazarla y protegerla.

Desde el pueblo, los aldeanos observan confusos y asustados la luz azul intermitente sobre el acantilado, brillando en el interior de una gran nube de polvo.