ESPECIAL DBSNL /// Sin Futuro // Universo 7 / Parte II: Un nuevo hogar

Sin Futuro / Parte II: Un nuevo hogar

“Somos gente de costumbres.”

En un lugar remoto del Universo, un Punch adulto, vestido con una gabardina remendada de Koros, camina por un campo de hongos gigantes mustios cubiertos por centímetros de nieve cuando un insecto humanoide sale a recibirlo armado con un rudimentario blaster, hecho posiblemente de piezas viejas de otras armas.

  • “Tranquilo, granjero.” – dice Punch, levantando las manos. – “Solo estoy de visita.”

Punch sonríe.

  • “Parece que Dorakiya tiene tan poco sustrato que el árbol casi no ha arraigado aquí…” – piensa el hijo de Hit. – “La teoría de la doctora Oli era cierta. Podríamos establecer una nueva base en este lugar…”

Pero de repente, Punch siente dos presencias detrás de él.

  • “¡¿EH?!” – se asusta el hijo de Hit.

Un individuo de apariencia infantil de piel verde lima de orejas puntiagudas y cabello rojo desaliñado, con el tatuaje rojo de raíces asomando por su cuello, vestido con pantalón bombacho negro, descamisado y con una larga bufanda roja alrededor del cuello va armado con tekko kagi (guanteletes con tres garras metálicas que se extienden desde los nudillos simulado zarpas). 

Lo acompaña una mujer de piel rosada con cabellera rubia vestida con vestido negro adornado con un corpiño azul, luciendo el tatuaje en sus brazos y en su cuello. Va armada con dos afilados abanicos que abre al sentir que Punch ha detectado su presencia.

Mientras tanto, en otro punto del Universo, Trunks abre los ojos, tumbado en el interior de lo que parece ser un laboratorio.

  • “Ya era hora…” – suspira una voz de mujer.

El mestizo mira la mujer que se encuentra a su lado, vestida con una bata blanca de laboratorio, y durante un instante cree ver a su madre… pero resulta ser Oli.

  • “Doctora Oli…” – murmura Trunks.
  • “¿Cómo te encuentras, muchacho?” – pregunta ella.
  • “Cansado.” – responde el mestizo.
  • “Pino dice que, si no llega a ser por ellos, esta vez no lo cuentas.” – dice Oli.
  • “Exagera.” – sonríe el hijo de Bulma.
  • “Lo digo en serio, Trunks.” – dice la doctora, canalizando su pesar de madre. – “Si sigues así, un día…”

En ese instante, Ikose entra por la puerta con alegría, vestido con un poncho marrón y pantalón morado.

  • “¿Ya se ha despertado?” – pregunta el aún joven terrícola.
  • “Justo ahora.” – responde Oli.
  • “Hola, Ikose.” – sonríe Trunks. – “¿Hay noticias de Punch?”

En Dorakiya, el granjero yace en el suelo hecho trizas. 

Punch retrocede tras ser empujado por el viento generado por los abanicos de su adversaria.

  • “Je…” – sonríe Punch, confiado.

El enemigo pelirrojo se abalanza sobre él por la espalda, pero Punch escupe una nube de humo negro denso que pronto se expande y lo oculta por completo.

El enemigo se adentra en la nube negra.

  • “Tsk…” – refunfuña.

Con un golpe de abanico, la mujer hace desvanecer la humareda, revelando a su compañero, pero sin rastro de Punch.

  • “¿Dónde se ha metido?” – murmura el pelirrojo. – “¡Cenia! ¡¿Le has visto huir?!”
  • “No he visto nada.” – responde ella. – “No me digas que se te ha escapado…”
  • “¡A mí no se me ha escapado!” – protesta él.
  • “Sarra…” – gruñe ella, frustrada.
  • “¡Tenías que estar atenta!” – insiste el pelirrojo.

De repente, el suelo bajo los pies de Sarra se ilumina, alarmando al joven, que pronto es engullido por una gigantesca explosión.

Cenia mira a su alrededor, nerviosa, cuando Punch aparece detrás de ella.

  • “¿Me buscabas?” – dice él en todo amenazante.

La mujer se revuelve, intentando cortar con su abanico a su adversario, pero Punch detiene el golpe agarrándola de la muñeca y contraataca con un fuerte rodillazo en su espalda.

  • “¡AH!” – sufre ella.

Punch, que sigue agarrándola, la proyecta con una técnica de judo hacia un chamuscado Sarra, contra el que choca.

  • “¡¿Qué haces?!” – protesta él.

Punch realiza un rápido gesto de manos, anunciando su próximo ataque.

  • “¡¡BURNING ATTACK!!” – dispara.

La esfera de energía avanza rápidamente hacia los enemigos, pero Sarra intenta detenerla cruzando sus garras frente al orbe de ki.

  • “Tsk…” – resiste el enemigo.

Punch sonríe y apunta a su propio ataque con los dedos índice y corazón de su mano derecha.

  • “¡HA!” – exclama.

El ataque estalla, engullendo a sus contrincantes.

  • “Je…” – sonríe Punch, satisfecho.

Pero de repente, un tercer enemigo aparece frente a él, descendiendo en mitad de la nube de polvo generada y desvaneciéndola al pisar el suelo con un pequeño estallido de ki invisible.

El enemigo luce dos cuernos negros retorcidos que destacan con su piel amarilla y sus labios azules. Viste una túnica negra sobre la que lleva un chaleco morado que parece unido a una gran capa del mismo color. Lleva un otsuchi, un gran martillo de madera con larga empuñadora, apoyado en su hombro. 

Punch frunce el ceño.

Al disipar la polvareda, se revela que Sarra y Cenia, pese a haber recibido daños menores, siguen listos para seguir peleando.

  • “Lusitan…” – murmura Sarra.
  • “¿No os habéis cansado de jugar?” – dice el recién llegado, serio.
  • “Solo le poníamos a prueba…” – se excusa Cenia.

Punch se cruza de brazos con cierta chulería.

  • “Me preguntaba dónde estaba el tercero…” – dice el ahijado de Trunks.
  • “Parece que ya conoces nuestros métodos.” – sonríe Lusitan.
  • “Sois predecibles.” – responde Punch.
  • “Somos gente de costumbres.” – replica Lusitan. – “Y pronto serás el protagonista de la más importante.”

Punch se quita la gabardina y el viento se la lleva.

  • “Tenéis mucha fe en vuestro culto.” – dice el hijo de Hit.
  • “El árbol dicta el futuro de todos.” – dice Lusitan, recitando cuál monje.
  • “Él cosecha. Él provee.” – continúa Sarra.
  • “Somos sus siervos. Él nos bendice.” – añade Cenia.

Punch se pone en guardia.

En la base en la que ha despertado el hijo de Vegeta, él e Ikose caminan por un túnel cristalino que deja ver el exterior; un páramo completamente nevado, con un cielo negro y sin estrellas. Trunks tiene la mayoría de su cuerpo vendado y camina con una muleta.

  • “Cada vez que miro por la ventana me cuesta creer que ahora llamemos a esto hogar.” – dice murmura Ikose.

En ese instante, un zoon se cruza con él y lo mira de reojo.

  • “Lo siento, lo siento…” – se excusa Ikose. – “No quería…”

El zoon sigue su camino mientras refunfuña, molesto.

  • “Solo los planetas escasos en recursos sobreviven a las raíces.” – dice Trunks.
  • “Lo sé.” – dice Ikose. 

Mientras tanto, Pino lidera a un grupo de soldados de distintas razas en una expedición por la superficie nevada del planeta; algunos de ellos llevan escafandras para poder resistir la pobre atmósfera y la gravedad del planeta.

Los soldados analizan una de las gigantescas raíces que se adentran en el planeta y toman muestras, cuando de repente un trozo de raíz se desintegra con suma facilidad, revelando un túnel en su interior.

  • “¡General Pino!” – exclama el soldado.

Pino se acerca al agujero y mira en su interior, donde puede identificar una red de túneles que recorren la raíz.

Pino se quita uno de sus puños y apunta con su cañón de antebrazo al interior del túnel.

  • “¡HAAAAAA!” – dispara. 

El cañonazo de energía inunda los túneles, cuyo brillo puede verse desde el exterior, recorriendo la raíz en ambas direcciones.

Varios agujeros se revelan a lo largo de la raíz, y al emanar la luz del ataque de Pino por ellos se escuchan chillidos de criaturas que estremecen a los soldados.

De uno de los agujeros salen chamuscados dos engendros rosados con cierto parecido a la los crustáceos, con ojos saltones amarillos y exoesqueleto.

Los dos recorren la raíz a cuatro patas mientras chillan.

  • “¡CUIDADO!” – advierte un soldado.

Pero uno de los monstruos se abalanza sobre él y le muerte el cuello.

Rápidamente, la energía vital del soldado se desvanece, quedándose deshidratado, pues la criatura bebe toda su agua.

Las alarmas suenan en la base, alarmando a Trunks e Ikose.

  • “¡¿Otra vez ellos?!” – se preocupa el mestizo.

Pero la voz de megafonía pronto les saca de dudas.

  • “Plaga identificada en el sector 32.” –  anuncia.
  • “Pino lidera el escuadrón de reconocimiento.” – dice Ikose, tranquilizando a Trunks. – “No te preocupes.”

Pino lanza su puño volador y de un golpe aplasta el cráneo de uno de los crustáceos contra la raíz.

El otro enemigo salta ágilmente, buscando la espalda del androide y se abalanza sobre él, mordiéndole el cuello.

Pino ni se inmuta.

Pero el crustáceo deja de morder al androide al notar el amargo sabor de su sangre artificial.

Pino agarra a la criatura y la lanza contra el suelo para después pisarle la cabeza.

Los soldados que lo acompañan respiran aliviados.

Pino se coloca de nuevo el puño.

  • “Sellad los túneles.” – dice el General. – “No deberían causar más problemas.”
  • “¡Sí, señor!” – responden sus hombres.

ESPECIAL DBSNL /// Sin Futuro // Universo 7 / Parte I: El árbol que rige el Universo

Sin Futuro // Parte I: El árbol que rige el Universo

“El árbol reclama tu sacrificio.”

De noche, en un páramo nevado, azotado por una fuerte ventisca, un hombre vestido con un anorak negro adornado con pelo marrón en el cuello, con una funda de enfundada en su espalda empuña el arma en su mano.

El veterano guerrero luce una cabellera lila recogida en una coleta y barba del mismo color, con dos cicatrices en el lado derecho de su rostro, una en la mejilla y otra en la frente sobre su ceja. Es un envejecido y curtido Mirai Trunks.

Dibujado por Ipocrito

Su aliento se congela al instante de emanar de su boca.

El guerrero frunce el ceño y aprieta los dientes mientras agarra con fuerza la empuñadura de su espada.

Dos enemigos flanquean al espadachín. 

El primero de ellos es un ser con alas de murciélago que luce una túnica rosada con una coraza amarilla; su piel es gris y tiene orejas puntiagudas. Va armado con una lanza serrada adornada con una empuñadura dorada en forma de estrella. Un extraño tatuaje rojo se deja ver por su cuello y manos; parecen raíces. 

El segundo es una mujer de piel azulada y cabello anaranjado, vestida con una túnica rosada adornada con un cinturón amarillo. El mismo tatuaje puede verse por las zonas no cubiertas por su ropa. Armada con una guadaña de mano conectada a una cadena que termina en un peso.

De repente, un tercer enemigo se presenta ante Trunks. Un hombre de gran envergadura y piel morena, con perilla fina negra, sin cejas, ojos rasgados amarillos, orejas puntiagudas y cabellera negra larga. Con pantalón blanco y descamisado, el tatuaje de un árbol investido luce en su espalda.

La actitud de los dos primeros es más agresiva, relamiéndose con ojos que reclaman sangre. Mientras la del tercer es mucho más tranquila, pues tiene los brazos cruzados y no blande ningún arma.

  • “Es inevitable, Trunks.” – dice el último, que parece estar al mando. – “El árbol reclama tu sacrificio.”
  • “Con tu muerte seguro que nos obsequia con un delicioso fruto…” – se relame la mujer. 
  • “¡Uno como ningún otro!” – exclama la criatura alada.

El ojo gris de Mirai Trunks se deja ver.

  • “Tsk…” – se prepara el mestizo.

El líder enemigo sonríe.

  • “¡Aldro! ¡Vanda!” – exclama el enemigo.

El lancero y la mujer de la guadaña se abalanzan sobre el mestizo.

El guerrero de la lanza ataca con una estocada, mientras que la mujer hace girar el peso conectado a su cadena y lo lanza contra el mestizo.

Trunks detiene la cadena con su espada y ésta se enrolla en ella, mientras que detiene la lanza agarrándola su otra mano.

  • “Tsk…” – protesta el mestizo.

La mujer clava su guadaña en el muslo de Trunks.

  • “¡AAH!” – protesta el mestizo.
  • “Puedo saborear tu sangre…” – se relame de nuevo la mujer.

De repente, el líder se abalanza sobre Trunks y le propina una fuerte patada en el abdomen que lo lanza a través de la nieve, dejando un surco a su paso.

Trunks se levanta de un salto y se pone de nuevo en guardia. Su muslo derecho rezuma sangre.

  • “Maldita sea…” – protesta el mestizo.

Su ojo gris se desvanece.

  • “Casi no me quedan fuerzas…” – piensa el mestizo.

El líder enemigo camina hacia él, escoltado por los otros dos.

  • “Acaba con él, Rajah” – dice el lancero.
  • “Déjamelo a mí…” – dice la mujer, impaciente. – “¡Quiero festejar con su sacrificio!”

Vanda se abalanza sobre el mestizo a toda velocidad, haciendo girar su cadena.

  • “¡JAJAJAJA!” – ríe mientras ataca.

Pero de repente, la mujer recibe una doble patada en la cara que la remite hasta sus socios. 

Lápiz y Lázuli aterrizan frente a Trunks. Él vestido con un pantalón vaquero, camiseta negra y una chaqueta marrón. Ella vestida con un chándal morado con sudadera.


Rajah frunce el ceño.

  • “Hmm…” – murmura el enemigo.
  • “Más sacrificios…” – sonríe Aldro.
  • “No.” – dice Rajah, tajante. – “Ellos son diferentes.”
  • “¿Eh?” – replica un confuso Aldro.

Vanda se levanta, furiosa.

  • “¡Los mataré a todos!” – exclama.
  • “Nos retiramos.” – dice Rajah.
  • “¡¿Cómo?!” – replica Vanda, airada.

Rajah clava su mirada en ella, lo que parece asustarla.

  • “Además…” – dice Rajah, mirando detrás de él por encima de su hombro.

Un hombre de gran envergadura, cresta pelirroja y vestido con pantalón negro y jersey de lana verde está de pie detrás de ellos.

  • “El ritual debe hacerse en las condiciones adecuadas.” – dice Rajah. – “La presencia de estas cosas desvirtuaría un momento tan especial.”

Vanda baja su guadaña.

  • “Como tu digas, Rajah.” – dice ella.
  • “Te has librado…” – gruñe Aldro, mirando a Trunks.

Rajah se cruza de brazos y sonríe mientras se eleva, seguido por sus dos hombres.

  • “Hasta la próxima, Trunks.” – se despide.

Los tres salen volando, desapareciendo entre las nubes de tormenta.

Lapis y Pino se miran con preocupación, mientras que Lázuli se preocupa por Trunks.

  • “¿Estás bien?” – le pregunta ella.
  • “Sí…” – dice Trunks. – “Solo necesito descans…”

Trunks se desploma sobre la nieve.

DBSNL // Capítulo 344: Raíces

DBSNL // Capítulo 344: Raíces 

¡Hoy nace un nuevo mundo sin secretos!

El planeta ha quedado completamente terraformado por las raíces de la semilla artificial de Raichi.

Un bosque de raíces cubre y el fragmentado planeta a la vez que cose sus pedazos.

Pero las raíces no solo cubren el astro, si no que se extienden hacia el espacio exterior, perdiéndose en el oscuro infinito.

Nuestros amigos han quedado dispersos por la superficie del planeta, ahora cubierta por el bosque de raíces, sorprendidos por su rápido y repentino crecimiento. 

Onisen sonríe satisfecho ante su obra magna con los brazos abiertos, dándole la bienvenida a su creación, de espaldas a Zahha.

– “¡CRECE! ¡ALIMÉNTATE Y NÚTRETE DE LA CREACIÓN DE LOS DIOSES!” – exclama Raichi. – “¡HOY NACE UN NUEVO MUNDO SIN SECRETOS!” – celebra. 

El espadachín parece que se ha protegido del crecimiento de las raíces usando sus espadas, quedando rodeado por varias raíces cortadas.

– “Has sembrado tu propio final.” – murmura Zahha.

Onisen se da la vuelta y lo enfrenta de nuevo.

Poco a poco, un brote nace del suelo y empieza a crecer, cogiendo envergadura a medida que crece, dando lugar a ramas y hojas.

Zahha ataca, lanzando su espada morada directa contra Onisen.

El androide la esquiva apartándose haca un lado, pero el espadachín ya ha lanzado su espada verde girando sobre sí misma, intentando sorprenderle.

Onisen intenta frenarla con su rayo ocular, pero la espada desvía el ataque y continúa su avance, obligando al androide a saltar por encima de ella.

Ahora es Zahha quien se abalanza sobre Onisen, intentando propinarle un puñetazo.

Pero Onisen alarga los tentáculos de su cabeza y atrapa el brazo de Zahha, sorprendiendo al espadachín.

El androide obliga a Zahha a abrir su guardia con la fuerza de sus tentáculos y le propina un puñetazo en la cara que lo hace retroceder varios metros.

– “¿Creías que estaba peleando en serio?” – sonríe Onisen.

Zahha frunce el ceño y se limpia la sangre del labio antes de atacar de nuevo.

Entre las raíces gigantes, Broly yace inconsciente mientras los golpes entre Onisen y Zahha retumban por el ahora silencioso planeta.

Pan, Bra, Turles y Ub han perdido el conocimiento al intentar no ser engullidos por el recién nacido bosque, atrapados ahora entre las raíces.

Goten, Trunks, Marron, Baicha, Punch, Ogilvie, Gohan Jr y Goku Jr se mantienen en pie, gracias a la barrera protectora que han generado Ikose y Gamma 2 alrededor de quienes custodiaban el cuerpo de Hit.

– “¿Estáis todos bien?” – pregunta Ikose.

Onisen detiene cada golpe de Zahha con una facilidad sorprendente y sus contraataques castigan duramente al espadachín, que pesa a intentar sorprender al androide con su poder mental y sus sables voladores, parece que Onisen va siempre un paso por delante.

El espadachín lanza sus espadas hacia Onisen, haciéndolas girar como sierras de disco, pero el androide las repele usando las piedras rotas de sus manos.

Onisen se abalanza sobre Zahha y le propina de nuevo un puñetazo en la cara.

El espadachín retrocede y se recompone. Parece nervioso.

– “¿Por qué…?” – se pregunta Zahha. – “Esto no debería estar pasando…” – sufre. 

Onisen se abalanza sobre él.

– “Mi misión…” – piensa el espadachín, mientras detiene un golpe de su adversario. – “He venido hasta aquí para…”

Pero de repente, el androide conecta un fuerte puñetazo en el abdomen de Zahha que dobla al espadachín sobre sí mismo.

– “Ghagh…” – encaja el golpe. 

Onisen abre la mano con la que ha golpeado al espadachín, empujando sus cinco dedos contra su abdomen.

– “Gracias por tu ayuda.” – sonríe la voz de Raichi.

Los dedos de Onisen se alargan y se clavan en el abdomen de Zahha.

El espadachín agarra el brazo del androide, incrédulo ante su poder.

– “No…” – murmura Zahha. – “He venido… he venido a matarte…”

El espadachín reclama sus espadas, que vuelan rápidamente hacia ellos, directas hacia la espalda de Onisen.

Pero los dedos del androide se alargan de nuevo y atraviesan por completo a Zahha, brotando por su espalda.

– “¡AAAAH!” – grita el espadachín.

El grito de Zahha es interrumpido por la sangre que gorgotea en su garganta.

– “¡GHAAGH!” – se derrama por su boca.

– “Pobre infeliz…” – sonríe Onisen.

Las espadas pierden el control y se desvían de su objetivo, precipitándose sobre bosque de raíces.

Son Gohan ha protegido a Piccolo del crecimiento de raíces. El mestizo sienta al namekiano sobre una de ellas, con la espalda apoyada en otra. Poco a poco, el abdomen de Piccolo se está regenerando.

– “Ese Raichi…” – murmura el namekiano. – “Lo ha conseguido…”

– “Descansa, Piccolo.” – dice Gohan.

De repente, la espada verde de Zahha sorprende a la pareja, clavándose cerca de donde se encuentran.

– “¡¿EH?!” – se sorprenden.

No muy lejos de allí, en el bosque de raíces, Mirai Trunks abre los ojos. Parece que su espada, gracias a la voluntad de Whis, lo ha protegido, cercenando cada raíz que se acercaba a él.

El hijo de Vegeta se incorpora con dificultad.

– “¿Qué ha pasado…?” – se pregunta al verse en ese aparente nuevo mundo.


De repente, la espada morada de Zahha cae y se clava a pocos metros de él.

– “¿Eh?” – se extraña el mestizo.

Onisen hace que sus dedos vuelven a la normalidad, liberando a Zahha, que retrocede lentamente, aturdido, viendo como sangre sale de sus heridas.

El miedo se apodera de su rostro, pero no es el miedo a la muerte, si no el horror al fracaso.

DBSNL // Capítulo 343: El jardinero de mundos

DBSNL // Capítulo 343: El jardinero de mundos

“Parece que la provocación ha funcionado…”

La explosión causada por el clon que ha abatido Broly ha sacudido el campo de batalla y ha llamado la atención del mismísimo Onisen original.

– “Tsk…” – protesta el androide.


En ese instante, Zahha se eleva hasta ponerse a su altura, desafiándole con la mirada.

El androide lo mira con cierta sorpresa.

– “¿Te atreves a desafiarme?” – pregunta Raichi.

Mientras tanto, el clon de Onisen que ha abatido a Reitan sigue en pie, desafiando con la mirada a los enemigos que le rodean, que hasta ahora han intentado derrotarle sin éxito; Liquir, Cooler y Dabra.

Los tres guerreros respiran con dificultad y miran con cierto miedo al enemigo, pero están decididos a plantarle cara.

Liquir escupe un salivajo sanguinolento al suelo.

– “Lo habéis visto, ¿no?” – pregunta a sus compañeros.

– “Puede ser derrotado.” – sonríe Cooler, haciendo crujir sus nudillos.


Dabra se cruje el cuello.

Onisen sonríe con prepotencia.

Los tres guerreros se abalanzan sobre el androide.

No muy lejos de allí, Ogilvie es abrazado por Goku y Gohan Jr.

– “Puedo ayudaros…” – dice el erizo. – “No me quedan muchas fuerzas… pero podría llevar a alguno a la Tierra…”

– “¿En serio?” – se sorprende Goten. – “¿Has oído eso, Trunks?” – le pregunta a su amigo.

Pero Trunks parece centrado en la gema en la frente de Hit.

– “Se ha iluminado…” – murmura el hijo de Bulma.

– “¿Eh?” – se sorprenden Goku y Gohan.

– “Tú también lo has visto, ¿verdad?” – le pregunta Trunks a Punch.

– “Sí… ¡Sí, lo he visto!” – exclama el hijo de Hit. – “¡Ha brillado de color magenta!”

Goku y Gohan corren hasta el cuerpo de Hit y se agachan a su lado para verlo.

– “¿Magenta?” – se extraña Goku. – “¿Eso que es?” – le pregunta a la oreja a Gohan.

– “Es un color.” – responde Gohan.  – “Como se puso el pelo del tipo ese grandullón al que llaman Broly.”

– “Pero antes no eran de ese color…” – se rasca la cabeza Goku. 

Trunks escucha la conversación de los chicos y tiene una idea.

– “Acaso…” – se pregunta Trunks, mirando el cráter que ha dejado la explosión del enemigo de Broly. 

Liquir intenta agarrar a Onisen con sus garras, pero éste se deja atravesar. Cooler intenta ensartarlo con la punta ósea de su cola, con idéntico resultado. 

Dabra salta sobre Onisen y proyecta una gran llamarada con su boca.

El ataque incendia la zona, pero Onisen no parece sufrir ningún daño y huye bajo tierra.

Cooler y Liquir ya miran a su alrededor, esperando que reaparezca.

Los brazos de Onisen brotan del suelo frente a ellos, agarrándolos del cuello.

– “¡Ghaagh!” – sufren los dos, que agarran las muñecas del enemigo para intentar liberarse.

Dabra invoca su espada, dispuesto a liberar a sus aliados… pero el suelo empieza a resquebrajarse y brillar.

Un cañonazo de energía emitido por la boca de Onisen asciende rápidamente hacia el demonio, que se cubre rápidamente para intentar sobrevivir al ataque.

Mientras la humareda se disipa en el cielo tras la explosión, Onisen hace chocar a Liquir contra Cooler y luego enrolla sus brazos alrededor de ambos, apresándolos.

– “Esperaba más de dos aprendices de Hakaishin…” – se burla el androide.

Pero de repente, un zarpazo corta su brazo derecho y un espadazo de ki cercena su brazo izquierdo. 

Champa y Zamas se interponen entre el androide y los demás.

Cooler y Liquir caen al suelo de rodillas al ser liberados.

– “Señor Champa…” – dice Cooler. – “No está en condiciones de…”

– “¡Silencio!” – ordena el Dios de la Destrucción.

Cooler y Liquir lo miran perplejos.

– “¡Como Hakaishin, mi deber es eliminar a todo aquel que ponga en peligro el futuro del Universo!” – exclama el gotokoneko. – “¡Eso significa que debo eliminar a este individuo!”

– “Somos Dioses.” – sonríe Zamas. – “Puede que muchos mortales nos hayan superado, pero sigue siendo nuestro deber proteger la creación del señor Zeno.”

Cerca de allí, Gowas se arrodilla sobre Reitan y coloca sus manos sobre su herida, que empieza a sanar.

– “Aún no es demasiado tarde…” – murmura el ira-aru.

Mientras tanto, Mirai Trunks se enfrenta a un clon de Onisen que lleva la iniciativa.

El andoride proyecta los tentáculos de su cabeza para intentar atrapara al hijo de Vegeta, que repele cada tentáculo con un espadazo.

– “Parece que la provocación ha funcionado…” – piensa Trunks. – “Es más fácil hacerle daño cuando ataca.”

El mestizo lanza su espada como si fuera una lanza entre la red de tentáculos, hacia su enemigo… pero Onisen se torna intangible en el último instante para dejarla pasar de largo.

– “Tsk…” – protesta Trunks.

Onisen ataca de nuevo al mestizo con sus tentáculos.

Trunks retrocede rápidamente y lanza su Ataque Ardiente contra los tentáculos que se abalanzan sobre él, generando una explosión con el impacto.

Pero de repente, de la polvareda salen una docena de tentáculos que han sobrevivido y ensartan a Trunks, atravesando su abdomen, su pecho, sus muslos, sus brazos e incluso su cuello.

– “Ah… ah…” – sufre el mestizo.

Onisen sonríe satisfecho.

– “No hay mortal, Dios o ángel que pueda detenerme…” – presume Raichi.

De repente, la piedra en el hombro de Onisen estalla en mil pedazos.

– “¿Eh?” – se sorprende el androide.

Onisen se da la vuelta lentamente y se encuentra con otro Mirai Trunks de pie detrás de él, apuntándole con los dedos índice y corazón, replicando la técnica con la que Vegeta acabó con Kiwi en Namek.

– “Un… un clon temporal…” – murmura Raichi.

El Trunks herido se desvanece.

– “Je…” – sonríe Mirai Trunks.

El cuerpo de Onisen, ahora sin piedra shintai, se convierte en polvo que es barrido por el viento.

En en interior de Trunks, Whis sonríe satisfecho.

– “Buen trabajo, muchacho.” – dice el ángel.

Mirai Trunks, agotado, se desmaya y cae al suelo.

El Onisen original frunce el ceño al sentir la pérdida de otro de sus clones. Zahha sonríe.

– “La semilla ha sido plantada” – advierte Raichi. – “¡Mi plan ya no puede detenerse!”

La semilla ha sido enterrada en la superficie del planeta.

– “Cuento con ello.” – responde Zahha.

– “¿Por qué me traicionas ahora?” – protesta el androide. – “¡Tú eres la demostración de que mi plan es el futuro!”

– “Un nuevo Universo nacerá hoy.” – asiente el espadachín. – “Pero solo traerá tinieblas.”

– “Si eso es lo que crees, ¿por qué me has ayudado?” – responde Raichi.

– “Porque solo yo puedo derrotarte.” – frunce el ceño Zahha.

El espadachín lanza sus dos espadas hacia Onisen, que levanta sus brazos para y usa las piedras shintai y a rotas de sus manos para frenarlas.

– “Tsk…” – protesta Raichi.

– “A mí no puedes evitarme, ¿verdad?” – sonríe Zahha.

Onisen dispara un rayo ocular contra Zahha, pero éste lo evita apartándose con un grácil movimiento que recuerda al estilo de los ángeles.

Vegeta y Freezer observan desde la distancia, cruzados de brazos.

– “¿Confías en él?” – pregunta Freezer.

– “Se supone que lo has enviado tú…” – responde Vegeta con el ceño fruncido.

– “¿Es que confías en mí?” – sonríe el tirano irónicamente.

– “Tsk…” – aprieta los dientes el saiyajín.

Mientras tanto, el clon que peleaba contra Piccolo ya ha regenerado su cabeza y ha reducido su tamaño hasta su estatura habitual. 

El namekiano regenera sus brazos, perdidos durante su último ataque.

Piccolo sonríe, pero en su mente está tan tranquilo.

– “No puedo mantener este poder mucho más tiempo…” – piensa el namekiano. – “Tengo que poner fin a esto cuanto antes…”

Cerca de allí, Son Gohan se encuentra cubriéndose ante un rayo ocular de Onisen, con los brazos cruzados frente a su rostro.

– “¡GOHAN!” – retumba la voz de Piccolo en su mente.

– “¿Piccolo?” – se sorprende el terrícola.

Los dos comparten una breve mirada cómplice a través del campo de batalla.

Piccolo apunta a Onisen con ambas manos y lanza una ráfaga incesante de ki, pero muchos ataques atraviesan al androide sin dañarlo y otros directamente fallan, pasando cerca de él o impactando en el suelo y levantando una gran polvareda con sus explosiones.


Cuando los ataques de Piccolo cesan y la polvareda empieza a desaparecer, Onisen se halla rodeado por un centenar de esferas de ki suspendidas en el aire.

– “Reconozco esta técnica…” – sonríe Onisen.

Pero al mirar a Piccolo, se encuentra al namekiano concentrando ki en sus dedos índice y corazón que reposan su frente.

– “¿Eh?” – se extraña el androide.

Piccolo lanza su tan emblemático ataque.

– “¡¡MAKANKOSAPPO!!” – anuncia el namekiano.

El ataque atraviesa a Onisen sin causarle ningún daño.

Pero lejos de perderse en el horizonte, el Makankosappo impacta en una de las esferas de ki suspendidas en el aire, incrementando su brillo.

– “¿Qué…?” – se extraña Onisen.

El androide mira la esfera y ve como el Makankosappo sale proyectado a otro de los obres de ki suspendidos, y luego a un tercero.

Así, el ataque de Piccolo salta de una esfera a otra, tal y como hacían los disparos de Hermila.

Onisen sigue con la mirada el ataque de Piccolo, lo que el namekiano aprovecha para embestirle.

Mientras tanto, Son Gohan eleva su ki mientras extiende sus brazos hacia los lados, disipando así el rayo ocular de su contrincante.

En sus manos materializa dos esferas de ki que luego lanza contra el enemigo.

Los dos ataques atraviesan a Onisen sin dañarlo, pero enseguida dan la vuelta y regresan hacia el enemigo, mientras Gohan ya carga directamente contra él.

– “¿Crees que vas a sorprenderme con una táctica tan burda?” – sonríe Onisen.

Los ataques se aproximan a Onisen por la espalda y pronto le atraviesan de nuevo, dirigiéndose esta vez directos hacia Son Gohan… pero también atraviesan al mestizo, que resulta ser un espejismo.

– “¿Hmm…?” – se sorprende el androide.

Una docena de copias de Gohan rodea a Onisen. Algunas le sacan la lengua, otras le provocan sacándole el dedo, otras haciendo una mueca, otras dándose palmadas en el trasero.

– “¿Qué significa esto…?” – frunce el ceño el androide, ofendido por la actitud infantil de su adversario.

En ese instante, atravesando las copias, las dos esferas de ki regresan, pero Onisen sigue siendo intangible, así que lo atraviesan de nuevo.

El androide intenta seguir con la mirada las esferas de ki, pero éstas se pierden entre la multitud de espejismos.

Las copias de Gohan siguen bailando alrededor del androide, cada vez más cerca de él, poniéndole cada vez más nervioso.

– “Maldición…” – protesta Raichi.

Piccolo ataca a su adversario, que sigue siendo intangible, por lo que el namekiano lo atraviesa al intentar darle un codazo.

Piccolo se revuelve e intenta atacarle de nuevo, pero con idéntico resultado.

– “No pienso caer en este estúpido truco…” – refunfuña Raichi.

Onisen analiza el movimiento del Makankosappo, intentando calcular sus posibles trayectorias.

Los clones de Son Gohan siguen danzando alrededor de Onisen, hasta que uno de ellos aparece delante del androide, burlándose de él con una mueca a pocos centímetros de su cara.

Furioso, el androide le propina un puñetazo… pero es solo un espejismo.

En ese instante, el doble ataque teledirigido de Gohan se precipita contra él, uno por cada flanco.

Las dos ondas de ki impactan contra el androide y estallan.

Los espejismos desparecen, dejando a un solo Son Gohan con los brazos en jarra y una enorme sonrisa en su rostro, aunque un poco sonrojado por tener que recurrir a ese tipo de burlas tan poco respetuosas.

– “Je, je…” – ríe el mestizo.

Pero Onisen, furioso, sale de la polvareda directo hacia él.

– “¡¡BASTARDO!!” – grita airado, sintiéndose humillado.

– “¡¿EH?!” – se sorprende Gohan.

El adversario de Piccolo, mientras él sigue intentando golpearle sin éxito, ve como el Makankosappo se mueve en dirección contraria a su posición.

– “¡Ahora!” – piensa el androide, al calcular una ventana de oportunidad.

Con un rápido movimiento, Onisen atraviesa el abdomen de Piccolo con su mano en forma de garra.

– “Se acabó…” – sentencia el androide.

– “Ah…” – sufre el namekiano, agarrando el brazo del androide.

El otro Onisen propina un puñetazo en el pecho de Gohan con la intención de atravesarlo igual que a su maestro… pero resulta que el mestizo es, de nuevo, solo un espejismo.

– “¡¿CÓMO?!” – se sorprende el androide, dándose cuenta de su error.

En ese instante, el Makankosappo de Piccolo le sorprende por la espalda, impactando directamente en la piedra de su hombro, que absorbe el disparo y brilla intensamente… hasta que se resquebraja y estalla en mil pedazos.

En el mismo instante, Son Gohan aparece detrás del Onisen que ha atravesado a Piccolo. El mestizo luce su mano envuelta en una espada de ki como la de su antiguo compañero de entrenamiento, Zamas.  

– “¡¡KYAAAAH!!” – exclama Gohan, propinando un sablazo de energía sobre la piedra shintai en la cadera de Onisen.

La piedra se resquebraja y el daño se expande por todo el cuerpo del clon de Onisen, que acaba estallando en mil pedazos. Lo mismo ocurre con el otro clon.

Piccolo, agotado, pierde su transformación y cae de rodillas al suelo.

– “Ah… ah…” – intenta respirar, mientras su herida empieza a cerrarse lentamente.

– “¿Estás bien, Piccolo?” – pregunta Gohan.

– “Lo estaré…” – sonríe el namekiano, que se tumba en el suelo y rueda para mirar al cielo. – “Pero casi no me quedan fuerzas… Voy a necesitar algo de tiempo…”

Los dos amigos levantan el pulgar, compartiendo una breve victoria.

Mientras tanto, Granola está tumbado en el suelo, descalzo, pues sus botas se han desintegrado con la explosión en la garganta de Onisen.

El androide se regenera rápidamente mientras el cereliano sonríe con cierta resignación.

Onisen sana completamente y empieza a caminar hacia el malherido Granola, que se incorpora con dificultad.

Onisen dispara su rayo ocular, pero Granola intenta contrarrestarlo disparando con sus dos manos, aunque el ataque del androide acaba superando al suyo e impactando en su pecho, empujándole unos pocos metros sobre el suelo, dejando un surco a su paso.

– “Ay…” – protesta Granola, descamisado tras tantas explosiones, con le pecho chamuscado.

Onisen dispara de nuevo, pero Granola usa sus pistolas de energía para propulsarse hacia el androide, evadiendo el ataque e intentado atacarle propinándole una patada en la rodilla… pero Onisen reacciona rápidamente saltando sobre Granola e incrustándolo en el pavimento de un pisotón.

– “¡¡AAAGH!!” – escupe sangre el cereliano.

Los ojos de Onisen brillan de nuevo. El cereliano intenta levantar el pie de Onisen, sin éxito, y termina por desistir, quedando a la merced del androide.

– “Amor mío…” – piensa Granola. – “Ha llegado mi hora…” – sonríe.

Pero de repente, un disparo de ki amarillo concentrado pasa rozando la cadera de Onisen, desintegrando por completo la piedra shintai que ahí residía y perdiéndose después en el horizonte.

– “¡¿EH?!” – se sorprenden tanto Granola como el androide.

El clon de Onisen estalla, sacudiendo la zona con la explosión.

Entre la polvareda, Granola puede ver una silueta acercándose a él. Una silueta que pronto reconoce.

– “Vegeta…” – murmura el cereliano.

El saiyajín camina hasta Granola y se detiene frente a él.

– “Tienes mal especto, cereliano.” – dice Vegeta.

Granola mira a Vegeta de arriba abajo, cuyo aspecto no es mucho mejor que el suyo.

– “Mira quien habla…” – responde Granola.

Los dos comparten una sonrisa. Vegeta le ofrece su mano pare levantarse.

En el otro extremo del terreno de combate, Champa y Zamas se preparan para luchar contra Onisen.

Pero de repente, Dabra desciende del cielo, con su cuerpo humeante por el ataque recibido, y se coloca delante de ellos.

– “Los Dioses no deberían ensuciarse las manos con una simple copia.” – dice el demonio.

Cooler, Liquir, Zamas y Champa miran al demonio sorprendidos. La actitud en su mirada ha cambiado.

El diablo sonríe. Sus heridas empiezan a sanar.

– “¿Cómo…?” – se sorprende Zamas. – “Su ki… ¡es cada vez más oscuro!” – piensa el ira-aru.

El aura de Dabra se tiñe de rojo y negro.

– “Je…” – sonríe el diablo, mirando chulería a Onisen.

– “¡Es el poder del Makai!” – exclama Liquir. 

Dabra camina hasta Onsien, colocándose delante de él, y extiende su mano hacia el androide hasta ponérsela sobre el pecho.

– “¡¿Puede tocarlo?!” – se sorprende Cooler.

Dabra clava sus zarpas en el pecho del androide. Onisen mira la garra demoníaca con sorpresa y confusión.

– “Parece que ese saiyajín salvaje no es el único que puede sincronizar su poder…” – dice Dabra en tono amenazante.

– “Raichi ha usado a Hildegarn para potenciar sus experimentos…” – murmura Zamas. 

Onisen empuja a Dabra con su rayo ocular.

El diablo retrocede varios metros, manteniendo el equilibrio.

– “Je…” – sonríe del demonio.

Onisen alarga sus brazos hacia Dabra, pero el demonio materializa su espada y cercena ambas extremidades en un solo instante.

– “¡¿AH?!” – se sorprenden todos ante el asombroso poder del demonio.

Dabra avanza hasta Onisen y con facilidad le corta la pierna en la que reside su piedra.

Onisen cae de espaldas al suelo.

Dabra agarra la piedra con su mano y la arranca de la pierna cercenada de Onisen.

– “Así que esta es tu fuente de energía…” – dice Dabra, mirando la joya detenidamente. – “¡¡KURUSHIMERU!!” – sentencia, invocando las llamas negras del Makai en el interior de la joya.

En ese instante, el Onisen original se lleva una mano a la cabeza.

– “Maldición…” – sufre el androide.

La piedra en la mano de Dabra se apaga, tornándose una simple piedra.

Zahha aprovecha el momento para propinar un fuerte golpe con el dorso de la mano en el pecho de Onisen, empujándolo a varios metros de distancia.

Pero de repente, el suelo del planeta empieza a temblar. No hay ni un momento de respiro para nuestros amigos.

Onisen sonríe.

– “He ganado…” – dice la voz de Raichi. – “¡Es el nacimiento de un nuevo Universo! ¡Mi Universo! ¡MI OBRA! ¡EL CULMEN A TODO MI TRABAJO!”

Unas raíces extremadamente grandes brotan del suelo y recorren todo el planeta, convirtiendo en un instante todo el paraje en un amasijo de raíces que perforan el planeta múltiples veces antes de empezar a expandirse más allá, perdiéndose en el espacio.