ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte XV: Camino al oeste

Red World / Parte XV: Camino al oeste

“Son Gohan me animó a descubrir el mundo por mí mismo y es lo que pienso hacer.”

En el Monte Frypan, Krilín habla con Gyuma y los aldeanos.

– “La montaña está a salvo.” – anuncia el alumno de Son Gohan.

– “¿Y mi hija?” – pregunta el Rey, preocupado.

– “Chichi se ha quedado con la Diosa Annin para arreglar los daños que ha causado la Red Ribbon…” – dice Krilín, un poco incómodo al tener que esconder la verdad. – “Pero está a salvo y volverá cuando haya terminado.”

– “La Diosa Annin…” – murmura la anciana. – “¿Existe de verdad?”

Krilín asiente. El Rey no parece del todo aliviado.

– “Chichi pronto regresará con usted. No se preocupe.” – le dice el joven a Gyuma, agarrándole del brazo. – “Seguro que tendrán muchas cosas de las que hablar.”

– “Muchas gracias, Krilín.” – responde el Rey.

El Rey se levanta y carga el hacha en su hombro.

– “Tengo mucho trabajo que hacer.” – suspira el grandullón. – “Tengo que reconstruir mi hogar.”

– “Yo debo seguir mi camino.” – dice Krilín.

– “No puedes andar por ahí de esa guisa…” – sonríe Gyuma, viendo al joven manchado por el humo, sin camiseta y con los pantalones destripados y chamuscados. – “Seguro que te podemos prestar algo de ropa.”

– “Je, je…” – ríe Krilín, algo avergonzado al verse.

– “Seguro que tengo algo de mi nieto…” – dice la anciana.

La anciana se retira a su casa.

– “¿Y a dónde vas ahora?” – pregunta Gyuma.

– “Camino al oeste.” – responde Krilín. – “Son Gohan me animó a descubrir el mundo por mí mismo y es lo que pienso hacer.”

Gyuma sonríe con nostalgia al recordar a su viejo amigo.

– “Si pasas por la Tierra Sagrada de Karín, deberías intentar escalar la torre.” – dice el Rey.

– “¿Una torre?” – pregunta Krilín, confuso.

– “Eres un joven formidable.” – sonríe Gyuma. – “Puede que lo consigas.”

En ese momento, la anciana regresa con ropa plegada en sus brazos, interrumpiendo la conversación.

Mientras tanto, en el bosque colindante del Cuartel General de la Red Ribbon, los androides entrenan peleando entre ellos ante el asombro del Oficial del Estado Mayor Black y el Doctor Gero, que observan desde un búnker subterráneo cercano a través de cámaras.

Los soldados del cuartel observan las explosiones fuera de los muros.

El Número 17 y la Número 18 intercambian golpes que hacen temblar el suelo con cada impacto.

El Oficial Black observa asombrado el combate. 

– “Son realmente impresionantes, doctor…” – dice Black.

– “Me alegro de que satisfagan sus expectativas.” – responde Gero.

– “Tengo suficiente.” – responde Black. – “Tiene mi enhorabuena.”

– “Aún no…” – murmura Gero.

– “¿Cómo dice?” – se sorprende el Oficial del Estado Mayor.

Los dos androides se separan tras un choque y preparan una esfera de energía entre sus manos.

Black mira de reojo a Gero, con miedo de lo que pueda suceder.

– “Doctor…” – dice Black.

Gero no responde y sigue fijo en la pantalla.

– “La prueba no acaba hasta que comprobemos su límite.” – sentencia el doctor.

Los androides disparan y las esferas de ki estallan al chocar, haciendo retumbar el continente. 

Las paredes del búnker se resquebrajan por completo. Gero, Black y los soldados asistentes tienen que sujetarse al mobiliario para no caerse. Las pantallas dejan de emitir.

La onda expansiva sacude el Cuartel General.

El Duende Karín puede sentir la vibración desde su torre.

Tras la calma, en el búnker, mientras todos se sorprenden de seguir con vida, Gero pone nervioso.

– “¡Recuperen la imagen!” – exclama el doctor.

Sus asistentes teclean.

– “No hay señal, doctor.” – dice uno.

Impaciente, Gero sale corriendo.

– “¡Doctor!” – se alarma Black.

Gero llama al ascensor, pero no funciona, así que sube las infinitas escaleras de emergencia del búnker.

Tras una dura escalada, Gero abre la compuerta y sale al exterior, donde una gran polvareda nubla la visión. Algunos golpes retumban en el aire.

El doctor camina entre la polvareda guiándose por el sonido de los impactos.

Poco a poco, a medida que se disipa la nube de polvo, Gero puede ver la silueta de sus dos androides peleando a un ritmo cada vez más lento.

El doctor saca una libreta de su bolsillo y empieza a tomar notas a medida que los androides se frenan hasta detenerse por completo.

– “Esto puede ser un problema…” – refunfuña Gero.

En el Monte Frypan, Krilín se ha vestido con un pantalón marrón atado con una cuerda y una camiseta blanca de tirantes. 

La anciana le obsequia con un zurrón de provisiones que el joven se cuelga del hombro.

– “Mucha suerte.” – dice la anciana.

Krilín prosigue su viaje, rumbo al oeste, mientras los aldeanos y el gran Rey Gyuma se despiden de él.

En el Palacio Real de la Capital Central, unos días más tarde, el Comandante Red ha recibido al Doctor Yakisugi en su despacho, que le ha informado de su derrota en el Monte Frypan.

El doctor está escoltado por dos soldados. Bajo su ropa puede verse que está vendado por las heridas sufridas en su confrontación con la Diosa Annin.

– “¿Me está diciendo que un par de muchachos han destruido nuestras instalaciones?” – dice Red, furioso.

– “No eran simples muchachos…” – se justifica el doctor, avergonzado. – “El joven era un experto luchador… ¡derrotó a los hermanos bandidos Ginkaku y Kinkaku!” – explica. – “Y la chica era la hija del Rey Gyuma… ¡y parece que la Diosa Annin es su…!”

– “¡Basta de excusas!” – le interrumpe el Comandante. – “Ya he oído suficientes historias de espíritus de la montaña y reliquias milenarias… ¿Cree que soy un niño al que puede asustar?”

– “No, señor… yo jamás…” – se excusa, aterrado. – “Pero le digo la verdad… La Diosa…”

– “¿Es por mi estatura?” – pregunta Red.

– “¿Qué…? ¿Cómo…?” – titubea Yakisugi.

– “Me convenció de financiar esa operación…” – dice Red, amenazante. – “Cuentos y leyendas… es todo lo que me ha traído.”

– “Señor, yo…” – intenta explicarse el doctor, asustado.

– “Usted cree que puede engañarme como a un niño…” – dice Red. – “¿Por qué? ¿Es por mi estatura?”

– “Señor… yo jamás…” – dice Yakisugi, intentando retroceder, pero los soldados que le escoltan se lo impiden.

El Comandante Red baja de su silla y camina hacia el doctor, poniéndose frente a él, llegándole solo hasta la cintura.

De repente, el Comandante propina un puñetazo en la entrepierna del doctor, haciendo que caiga de rodillas al suelo, dolorido, con la frente apoyada en el suelo.

Red lo mira con desdén, en silencio, mientras se quita el anillo de diamante de su mano derecha, lo guarda en el bolsillo interior de su chaqueta y lo cambia por un puño americano. El doctor se retuerce de dolor sin saberlo.

Cuando Yakisugi levanta la cabeza, Red le propina un fuerte puñetazo que le arranca varios dientes. Y luego otro. Y otro más, noqueando al pobre doctor.

Sin mediar palabra, Red se quita el puño americano y lo limpia con el pañuelo rojo de la solapa de su chaqueta.

Red regresa a su mesa mientras se limpia una mancha de sangre de su mejilla.

El Comandante guarda el puño americano, se coloca el pañuelo de nuevo en la solapa y escala su silla para sentarse.

– “Sus servicios ya no son necesarios.” – sentencia Red. – “Líbrense de él.” – ordena a sus hombres.

Los soldados agarran al doctor en brazos y lo levantan para llevárselo.

– “No… Comandante…” – dice Yakisugi, entre lágrimas, con la cara desfigurada. – “¡Por favor! ¡Se lo suplico!” – entra en pánico. – “¡COMANDANTE RED! ¡¡POR FAVOR!!”

Los soldados lo arrastran fuera del despacho.

El Comandante aprieta un botón de su mesa y en poco tiempo el General Blue entra a su despacho.

– “A sus órdenes, mi Comandante.” – saluda Blue, poniéndose firme.

– “¿Puede usted encargarse del asunto del Monte Frypan?” – pregunta el Comandante.

– “Por supuesto, señor.” – dice Blue. – “¿Cuáles son las órdenes?”

– “El Proyecto Sartén ha dejado de interesarme…” – dice Red. – “Pero la Red Ribbon no puede mostrar debilidad. ¿Lo entiende?”

Blue responde con una reverencia.

– “Alto y claro, señor.” – responde el General.

DBSNL // Capítulo 328: La última carta de Vegeta

DBSNL // Capítulo 328: La última carta de Vegeta

“Sus palabras no son solo fanfarronería…”

En el terreno de combate helado, el nuevo Golden se presenta frente a los demonios del frío.

Freezer y Cooler se ponen en guardia al ver que el clon dorado ha añadido el poder del mayor de los hermanos a su arsenal.

Golden ataca y con un parpadeo se presenta frente a Cooler, propinándole un puñetazo en el abdomen que dobla al gigantón sobre sí mismo. Luego le agarra de un cuerno de su cresta para impulsarse, dando una pirueta en el aire sobre él y rematándolo con una patada en la espalda que lo lanza contra el agua.

Freezer ataca a Golden por la espalda con un rayo mortal, pero el disparo sale desviado al chocar contra la nueva coraza del clon.

Golden, a una velocidad de vértigo, gira contra sí mismo mientras se acerca a Freezer y le propina una fuerte patada en el costado que lo empuja a cientos de metros de distancia.

Golden se prepara para perseguirlo, pero Cooler sale del agua en ese momento y carga directo hacia el enemigo con los puños por delante.

El clon dorado evade la embestida de Cooler y agarra su cola, frenándolo, y luego tira de él con fuerza para lanzarlo contra un iceberg.

Golden lo persigue y, un solo instante después de que Cooler impacte contra el bloque de hielo, Golden cae sobre su abdomen, doblando al demonio del frío de nuevo.

Golden apunta a Cooler con sus dos manos, que brillan intensamente de color rojo… pero Freezer aparece raudo y propina una doble patada en la cara al clon, apartándolo de su hermano.

– “¡Deja de holgazanear!” – protesta el tirano, que se marcha en persecución del enemigo.

Golden recupera la estabilidad en el aire y se desliza sobre el mar mientras retrocede.

Freezer levanta su mano derecha y el suelo marino estalla bajo los pies de Golden, provocando una gran explosión que levanta toneladas de agua y vapor nublan la visión del clon.

Golden mira a su alrededor y pronto reconoce el peculiar zumbido de un kienzan.

– “No voy a caer dos veces en el mismo truco…” – sonríe el prepotente clon.

Un rayo mortal aparece de la nada, cruzando la nube de vapor, pero Golden lo detiene con una mano.

– “Decepcionante.” – sentencia el clon.

Dos kienzan aparecen, uno por cada lado, pero Golden los evita con una pirueta entre ellos, dejándolos pasar uno por encima y otro por debajo.

De repente, un extraño brillo morado con destellos rojos inunda la zona.

En el cielo, Freezer está preparando una gran esfera de energía rojiza entre sus manos.

– “¡¡HAAAAA!!” – el tirano lanza el ataque.

Una bola mortal desciende sobre Golden, pero el clon no parece impresionado.

– “Asúmelo, padre.” – se mofa el demonio dorado. – “Tu poder es insignificante comparado con el mío.”

Golden recibe el ataque con ambas manos, frenándolo en el aire.

– “Tsk…” – protesta Freezer, frustrado.

En ese instante, un rayo moral impacta contra el ataque de Freezer, haciéndolo estallar, empujando a Golden por el cielo.

Cooler regresa al combate, volando hasta el lugar de la explosión.

Freezer pronto se une a él.

Golden recupera la estabilidad en el aire. Las pequeñas heridas causadas por el estallido no tardan en regenerase.

Los hermanos del frío observan a su enemigo.

– “Sus palabras no son solo fanfarronería…” – dice Cooler. – “Su poder es sin duda abrumador.”

– “¿Es que ya no disfrutas un buen reto?” – pregunta Freezer.

– “La inmortalidad te ha vuelto temerario, hermano.” – responde Cooler.

– “Y se suponía que, de los dos, tú eras el guerrero…” – refunfuña el hermano menor.

Golden aviva su aura dorada. Los hermanos se tensan al ver que el combate continúa.

En el volcán, un exultante Kamo se encuentra frente a un cansado y herido Vegeta.

– “Increíble…” – murmura el tsufur, abriendo y cerrando sus manos. – “Esto debe ser a lo que vosotros llamáis zenkai… Sin duda sois una raza que vive para pelear.”

Vegeta, pese a estar agotado, jamás rehúye un combate. El saiyajín se pone en guardia, reclamando una vez más el poder del Ikigai.

– “El verdadero propósito…” – se mofa Kamo. – “¿No es ese el poder que utilizas?”

Kamo extiende su mano derecha hacia el saiyajín, señalándolo con sus dedos pulgar, índice y corazón.

– “¡¿AH?!” – se preocupa Vegeta, reconociendo la técnica.


Kamo dispara y Vegeta salta hacia un lado, evadiendo por los pelos el ataque enemigo, que sigue su camino hasta estallar contra una montaña, generando una gran explosión que culmina en una nueva erupción volcánica.

Vegeta rueda por el suelo varias veces hasta que se levanta. 

Kamo sonríe.

– “Qué interesante…” – murmura el tsufur. – “Parece que el zenkai no solo me ha hecho más fuerte… Ha hecho que mi mente y este cuerpo refuercen sus conexiones… Me pregunto hasta qué punto…”

Kamo se pone en una pose de combate que Vegeta reconoce como propia, pues es la que usó contra Goku en su llegada a la Tierra.

– “Bastardo…” – protesta el saiyajín.

El tsufur se abalanza sobre él y le propina una patada en el costado, rompiéndole el brazo y lanzándolo a través del páramo volcánico.

Mientras tanto, en la superficie del planeta oscuro, Punch y Gohan están sentados en el suelo, recuperándose del combate contra 7-3, acompañados por Ogilvie.

– “Me alegro de haber llegado a tiempo…” – dice el erizo.

– “Gracias, Ogilvie.” – dice Gohan. 

El joven se levanta con dificultad.

– “¿A dónde vas?” – pregunta el erizo. – “No estás en condiciones de…”

– “Goku sigue en el laboratorio…” – dice el hijo de Trunks.

Punch sigue sentado.

– “Yo esperaré aquí.” – dice Punch.

– “Punch…” – dice Gohan, acercándose a él y poniéndole la mano en el hombro. – “Ese tipo no es tu padre.”

– “¿Cómo?” – se sorprende Ogilvie.

– “No lo entiendes.” – replica el joven. – “Estoy seguro de que…”

– “Puede que lo fuera.” – dice Gohan. – “Pero…”

Punch aparta la mano de Gohan.

– “Gracias por tu ayuda.” – responde el hijo de Hit, cortante. – “Pero no te incumbe.”

A Gohan se le rompe el corazón.

Mientras tanto, en el laboratorio, Goku se acerca a la sala de control, preparado para colarse… pero salta una alarma.

Goku, asustado, se esconde de nuevo.

– “¿Qué es eso?” – pregunta Shido.

– “Es 7-3.” – dice Ahms. – “Vaya…” – dice el asistente mirando a las pantallas. – “De alguna forma… ¿ha acabado en el asteroide Bihe…?”

– “¿Es un fallo?” – pregunta Shido.

– “Mis ordenadores no fallan.” – protesta Raichi.

– “¿Me lo he imaginado o el sistema ha tenido que reiniciarse hace un rato?” – dice Shido con cierto retintín.

Ahms teclea.

– “No hay ningún problema.” – anuncia el asistente. – “Lo traeré de vuelta.”

Pero el bastón mágico, lanzado por Goku, se clava en el tablero.

– “¡AH!” – exclama Ahms, apartándose.

Raichi y Shido miran con sorpresa a Goku Jr.

Goku, armándose de valor, corre hacia los doctores, salta sobre el tablero roto para impulsarse y se abalanza sobre ellos con el puño en alto… pero Shido lo intercepta golpeándole con el dedo corazón en la frente, como quien aparta un insecto molesto, lanzándolo contra la pared opuesta de la sala.

– “Ay… ay…” – se queja Goku, sujetándose la frente.

– “El bisnieto del gran Son Goku…” – murmura Shido. – “Qué sorpresa…” – sonríe.

En sector helado, Golden ataca de nuevo a los hermanos. 

El demonio de oro carga contra Cooler y le propina un puñetazo en la cara que resquebraja su máscara de hueso y luego lo empuja con un cañonazo de energía invisible que proyecta con su mirada.

Freezer se abalanza sobre Golden, agarrándole por la espalda, rodeándole el cuello con el brazo para intentar inmovilizarle.

Pero un rostro aparece en la nuca del clon, mirando a Freezer a los ojos. El cuerpo de Golden se retuerce, doblando sus extremidades de forma inversa, atrapando a Freezer en un abrazo mortal.

Freezer intenta liberarse, pero Golden se envuelve su aura dorada y empieza a estrujarlo.

– “¡¡AAH!!” – sufre el tirano.

De repente, el pecho de Golden recibe una tormenta de impactos de energía lanzados por Cooler con su dedo índice.

Golden agarra el pie de Freezer con su cola y lanza al demonio del frío contra su hermano mayor.

Cooler se prepara para recibir a su hermano, y Golden aprovecha para lanzarles un ataque de energía con ambas manos.

Freezer, pese a estar aturdido, reacciona repentinamente propinando una fuerte patada a Cooler y apartándolo de su camino, recibiendo él torrente de energía lanzado por Golden.

Cooler mira sorprendido como su hermano es engullido por el ataque y desintegrado.

Golden sonríe de forma burlesca antes de clavar su mirada en Cooler.

El mayor de los hermanos reclama con su poder telequinético todos los islotes de hielo de los alrededores y lo lanza contra Golden, aprisionándolo en una gran esfera que crece a medida que se acumula más hielo.

Pero a través del hielo puede verse como el centro emana luz dorada y se calienta rápidamente. El hielo empieza a derretirse.

De repente, Golden sale volando, dejando un túnel de hielo esculpido en la esfera, y carga contra Cooler con los puños por delante, envuelto en una esfera de energía roja.

Pero de la nada, Freezer se interpone entre su clon y su hermano, usando su forma de máximo poder, y genera una barrera de energía fucsia que engulle la barrera roja de Golden, frenándolo así.

La barrera se vuelve inestable y se resquebraja, dejando pasar la luz roja de la barrera de Golden.

Cooler da un paso al frente, colocándose junto a su hermano e imitándole, reforzando la barrera con otra capa morada.

Juntos, los hermanos usan su poder mental para empujar a Golden y remitirlo a la esfera de hielo que sigue suspendida en el aire.

Con el impacto, las barreras estallan y generan una gigantesca explosión que sacude la zona.

Mientras tanto, en el volcán, Vegeta sale de los escombros sujetándose el brazo, en estado base.

Kamo camina hacia él con calma y chulería, viéndose vencedor.

Vegeta intenta invocar de nuevo su poder, pero sus piernas le fallan e hinca la rodilla.

– “Este es mi límite…” – murmura el saiyajín.

Kamo sonríe al ver al saiyajín arrodillado.

Vegeta esboza una media sonrisa nostálgica.

El saiyajín se esfuerza en levantarse, sorprendiendo a Kamo.

– “¿Aún no te has dado por vencido?” – refunfuña el tsufur.

Vegeta aprieta su puño, transformándose en Súper Saiyajín Blue.

– “Lo siento, tsufur…” – dice Vegeta. – “Pero en la Tierra no nos rendimos.”

Kamo frunce el ceño.

Vegeta sigue apretando el puño. Su musculatura aumenta y el suelo bajo sus pies se resquebraja.

De repente, un aura roja arde sobre el aura azul, pero enseguida se unen en una única aura morada.

– “¿Aún no lo has entendido?” – se sorprende Kamo, viendo como el poder de su contrincante se dispara sin explicación. – “Mi cuerpo no solo representa la mejor versión de ti, si no que ha sido modificado para superarte. ¡No puedes vencerme! ¡Estás destinado a perder!”

– “Te sorprenderá… lo que un perdedor puede conseguir con esfuerzo…” – sentencia Vegeta. – “¡¡KAIOKEN!!” – grita.

– “¡¿EH?!” – Kamo da un paso atrás ante la determinación de su enemigo.

Vegeta carga contra Kamo y le propina un rodillazo en la cara, desequilibrándolo hacia atrás.

Mientras Kamo da un paso atrás, Vegeta da una pirueta en el aire, desciende, se impulsa de nuevo en el suelo y carga de nuevo contra Kamo, propinándole un codazo en la espalda.

Kamo da varios pasos hacia delante, intentando no caerse, hasta que logra frenar y se da la vuelta, dispuesto a disparar a Vegeta… pero el saiyajín ha desaparecido… para reaparecer de repente propinándole una patada en la cara y lanzándolo a través del páramo volcánico, rebotando varias veces contra el suelo.

Vegeta se resiente y frena sus acometidas. El saiyajín siente como los huesos de su cuerpo se resquebrajan con el esfuerzo. 

Kamo aprovecha para respirar y recuperarse.

– “Bastardo saiyajín…” – refunfuña el tsufur, furioso. – “¡¡ME LAS PAGARÁS!!”

Kamo extiende los brazos hacia los lados y luego los reúne frente a él, apuntando a Vegeta.

El saiyajín reconoce su propia técnica, reaviva su aura y asciende a toda velocidad hacia el cielo.

Kamo lo sigue con la mirada y le apunta.

– “¡¡¡HAAAA!!!” – dispara el Final Flash.

Vegeta mira de reojo como el ataque le gana terreno rápidamente, pero él sigue ascendiendo.

Kamo sonríe.

De repente, Vegeta se detiene en el aire y observa como el ataque avanza hacia él.

El saiyajín pierde su transformación, pues concentra todas las fuerzas que le quedan en su mano derecha, que conserva el aura morada.

De repente, Vegeta desaparece. 

La sonrisa de Kamo se borra lentamente y se torna una mueca de horror, porque puede sentir la presencia de Vegeta detrás de él.

El saiyajín extiende su mano hacia Kamo.

– “¡¡FINAL SHINE!!” – grita Vegeta.

El ataque engulle a Kamo por completo y continúa hacia el horizonte, destruyendo todo lo que encuentra a su paso y tiñe el cielo de morado.

Cuando el destello se disipa, un gran surco ha quedado grabado en el suelo y lentamente se llena de lava.

Vegeta a duras penas se mantiene en pie y pronto cae de rodillas al suelo.

– “Je… jeje…” – ríe el saiyajín, mirando al cielo. – “¿Cómo no se me ha ocurrido antes…?” – murmura Vegeta. – “Solo una persona puede derrotarme… y ese eres tú, amigo.”

En Bihe, 7-3 sigue buscando el camino de regreso. 

De repente, el guerrero de Raichi se queda mirando un punto fijo en el espacio.

El mundo se detiene mientras 7-3 coge impulso y en un instante sale volando a toda velocidad en esa dirección.

En el planeta oscuro, Gohan camina resignado hacia el agujero en el suelo que comunica con el laboratorio, mientras Ogilvie lo sigue, cabizbajo.

Pero de repente, una oleada de viento azota la zona, sorprendiendo a nuestros tres amigos, que se cubren ante el polvo levantado.

Los tres miran hacia el origen de la ventisca y se quedan helados al ver que 7-3 ha regresado.

ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte XIV: El corazón de la montaña de fuego

Red World / Parte XIV: El corazón de la montaña de fuego

“Puede que una retirada sea lo más sensato…”

El Monte Frypan se ha convertido en un volcán en erupción. La cima ha volado por los aires y ahora es una fuente de lava que desciende por la colina lentamente, arrasando con todo lo que encuentra a su paso.

El Rey Gyuma cae de rodillas ante la catástrofe.

– “Mi hogar… mis tesoros…” – lamenta el viejo amigo de Son Gohan.

Chichi mira a su alrededor. La gente del pueblo observa aterrada el fuego de la montaña.

– “¡Tienen que abandonar el pueblo!” – exclama la princesa.

– “¿Y a dónde vamos a ir?” – pregunta la anciana.

Gyuma sigue ensimismado en el horror.

– “Se acabó…” – dice el Rey. – “El destino de mi reino está sellado.”

– “¡No diga eso!” – interviene Krilín. – “Seguro que hay algo que podamos hacer… ¿verdad?” – pregunta mirando a Chichi.

La muchacha, armada con el abanico, aprieta la empuñadura con fuerza.

– “Lucharemos.” – dice Chichi.

– “¡¿Te has vuelto loca?!” – protesta Gyuma. – “¡No vas a enfrentarte a la Red Ribbon tú sola!”

– “Puedo ayudar.” – dice Krilín, chocando los puños frente a su pecho.

– “No seáis inconscientes…” – dice el Rey de la montaña.

– “¡Todo es culpa suya!” – protesta Chichi. – “¡¿No es así?!”

– “Pero…” – teme Gyuma.

– “¡Se acabó!” – insiste la princesa. – “¡La montaña merece respeto!”

– “Hija…” – suplica el Rey. – “Si te pierdo a ti… Ya no me queda nada…”

Krilín coloca la mano sobre el hombro de Gyuma.

El Rey mira al joven y se da cuenta de que todo el pueblo está roto por el dolor de ver sangrar a la montaña.

Chichi se arrodilla frente a su padre, que sigue aún en el suelo, y le agarra las manos.

– “Esta gente necesita nuestra ayuda, papá.” – dice ella. – “No podemos abandonarlos. Es mi deber.”

El Rey, con lágrimas en los ojos, agacha la cabeza.

Chichi se levanta y emprende su viaje. Krilín se apresura a seguirla.

La anciana observa a la muchacha alejarse y sonríe.

– “Me recuerda mucho a ella.” – dice la mujer.

Al oír a la anciana, Gyuma levanta la cabeza para mirar de nuevo a su hija alejarse.

– “Demasiado.” – dice el Rey con pesar en su voz y cierta melancolía.

En el taller de la Red Ribbon, Pino trabaja en su robot gigante.

El Coronel trabaja desde un puente a la altura del abdomen del robot, atornillando una escotilla de cristal en su ombligo. A su lado, su fiel asistente robótico con una tablet en la mano.


Pino se esfuerza en retorcer la llave inglesa, que parece resistirse.

– “¿No prefiere que lo haga yo?” – pregunta el robot.

– “No…” – responde Pino, entre dientes. – “Ya casi…” – se sigue esforzando.


Finalmente, el Coronel queda satisfecho y se deja caer al suelo, quedando sentado.

– “Bufff…” – resopla mientras se seca el sudor con un pañuelo.

– “Para mí no es ningún esfuerzo.” – insiste el robot.

– “Por eso…” – sonríe Pino. – “Pierde la gracia.”

– “No lo entiendo.” – responde el pequeño asistente.

Pino sonríe sin responder.

El Coronel mira por la escotilla recién instalada.

– “Activa el protocolo de prueba.” – dice Pino.

– “De acuerdo.” – confirma el robot.

El asistente aprieta unos botones de su tablet y, a los pocos segundos, un ensordecedor ruido de turbinas arranca.

Vapor a presión sale por varias juntas del robot, entre sus articulaciones.

Una tenue luz rojiza emana de la escotilla y va ganando intensidad con el tiempo.

Pino sonríe satisfecho.

En el Monte Frypan, Chichi y Krilín ya se encuentran acechando la central geotérmica de la Red Ribbon desde una colina. Una docena de soldados patrullan la zona y dos Battle Jackets custodian la entrada.

– “¿Qué hacemos?” – pregunta Chichi.

– “¿Entrar?” – responde Krilín, confuso con la pregunta.

– “¿Estás loco?” – protesta la princesa. – “¡Mira cuántos son! Y dentro seguro que hay más…”

– “No son tantos…” – dice Krilín.

Sin previo aviso, el muchacho salta colina abajo mientras desenfunda su bastón.

– “¡¿PERO QUÉ HACES?!” – se alarma ella.

Krilín se presenta ante los soldados, que lo miran con cierta confusión.

– “¿Quién eres tú, chaval?” – pregunta uno.

– “¿Te has perdido?” – pregunta otro.

Krilín hace que el bastón se alargue hacia el primer soldado y así lo empuja, haciéndolo desaparecer de la escena.

– “¡VA ARMADO!” – exclama el otro soldado.


Tanto ese como los soldados de los alrededores abren fuego contra el alumno de Son Gohan, pero éste salta de un lado a otro evadiendo los disparos y noqueando a todos los soldados que encuentra a su paso.

Chichi está asombrada ante la demostración del chico, pero esa sensación se convierte pronto en frustración.

– “Qué temerario…” – protesta ella, empuñando su abanico para unirse a la lucha.

Un Battle Jacket se agacha para apuntar a Krilín con el misil de su espalda.

– “¡Ahora verás!” – exclama el soldado, que tiene al joven en su punto de mira.

El misil sale disparado hacia el joven, que se prepara para recibirlo… pero Chichi se interpone entre los dos y con un golpe de abanico remite el misil al enemigo.

El Battle Jacket salta por los aires.

Krilín sonríe a Chichi, buscando su complicidad, pero ella lo rechaza con una mueca de desaprobación.

Desde un despacho en lo alto de la torre principal gobierna la central geotérmica, un hombre de cabello blanco engominado hacia atrás y vestido con bata blanca observa el alboroto.

– “¿Es esa la hija del terrible Rey Gyuma?” – pregunta el doctor.

El viejo científico suspira.

– “Era cuestión de tiempo…” – continúa el doctor. – “Nos hemos tomado demasiadas libertades con la montaña…”

Dos guerreros escoltan al doctor. 

– “No se preocupe, Doctor Yakisugi.” – dice uno de ellos, con la cabeza afeitada dejando solo una cresta roja en la cabeza y barba negra, con un tatuaje rosado en la cara a modo de antifaz.

El primer guerrero es de gran envergadura y viste pantalón lila y una camiseta de piel de oso marrón, sobre la que lleva una armadura roja con el kanji “Kin” escrito en oro. Luce una gran espada colgando de su cinturón.

El segundo tiene una estatura regular, con cabello largo lacio, mal cuidado y de tono verdoso, vestido de forma similar, pero con pantalón celeste pálido y armadura azul, con el kanji “Gin” en plata. Una cuerda trenzada rodea y cubre su brazo derecho, y una calabaza convertida en botella cuelga de su cinturón.

– “Para eso nos pagan.” – responde el segundo, con tatuaje morado.

En el exterior, Chichi y Krilín han noqueado a todos los guerreros.

El alumno de Gohan se limpia el sudor de la frente.

– “Pues ya estaría…” – dice con una sonrisa en su rostro.

– “¡Eres un imprudente!” – le abronca Chichi. 

– “¿Eh?” – se sorprende Krilín. – “Pero si ha salido bien…”

– “¡Inconsciente!” – protesta ella.

Las puertas de la central se abren, alertando a los dos jóvenes aliados.

Dos figuras a contraluz se presentan ante ellos.

– “Jeje…” – sonríe Krilín. – “¡Más enemigos!” – exclama con cierta emoción.

Chichi los mira de arriba abajo, fijándose en los kanji que lucen en sus armaduras.

– “No…” – dice ella, con cierta preocupación. – “No son tipos comunes…”

– “Ah, ¿no?” – pregunta Krilín, fijándose en sus peinados y tatuajes. – “Son un poco estrafalarios, pero…”

– “No… estoy segura de que son ellos…” – dice Chichi. – “Son los temibles hermanos bandidos, Kinkaku y Ginkaku.”

Los bandidos ríen.

– “Jajaja.” – ríe Ginkaku.

– “Parece que nos reconocen…” – dice Kinkaku.

– “Pero hay una cosa que no entiendo, hermano…” – dice Ginkaku. – “Si nos han reconocido, ¿por qué no huyen?”

Chichi agarra el abanico con fuerza y mira de reojo a Krilín.

– “Puede que una retirada sea lo más sensato…” – dice ella.

– “Ni hablar.” – responde Krilín. – “La gente de la aldea no puede defenderse sola.”

– “Solo temporalmente… Volveremos con una estrategia mejor…” – sugiera Chichi. – “Si las leyendas son ciertas…”

– “¿No son tu gente?” – pregunta Krilín.

Chichi se queda helada ante las palabras del joven.

Krilín avanza hacia los bandidos.

El alumno de Gohan se detiene frente a ellos y los mira en silencio, muy serio.

– “¿A dónde crees que vas, calvorota?” – se mofa Ginkaku.

– “¿Tienes ganas de morir?” – se burla Kinkaku.

Krilín no responde.

Kinkaku desenvaina una gran cimitarra.

– “Ahora verás…” – sonríe con maldad.

Kikaku asesta un espadazo que parte a Krilín en dos… pero resulta ser solo un espejismo. El impacto con el suelo crea una profunda grieta en el suelo y un corte que se extiende por el aire a varios metros de distancia.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprenden los bandidos.

Krilín aparece detrás de Kinkaku y le propina un golpe en la cabeza con el bastón mágico.

– “¡AY! ¡AY!” – protesta el grandullón.

– “Así aprenderás.” – dice Krilín. – “Y que te sirva a ti de advertencia.” – dice mirando de reojo a Ginkaku.

Pero Kinkaku, lejos de amedrentarse, solo se enfurece.

Kinkaku se revuelve espada en mano, asestando un golpe que pretende cortar a Krilín por la mitad… pero éste lo detiene con su báculo sagrado.

– “¡¿CÓMO?!” – se sorprenden los hermanos.

– “¿Ha detenido la espada de siete estrellas…?” – murmura Kinkaku. – “¿…con un bastón?”

Krilín repele el arma empujando el bastón y luego éste se alarga, zancadilleando a Kinkaku, derribándolo de espaldas al suelo.

Ginkaku retrocede rápidamente.

– “No es un simple bastón…” – murmura el bandido. – “Y ese abanico…” – añade mirando de reojo a Chichi.

Kinkaku se pone en pie, furioso.

– “¡KINKAKU!” – exclama Ginkaku. – “¡No te confíes! ¡Estos muchachos también usan reliquias sagradas!”

– “Vaya, vaya…” – sonríe Kinkaku. – “Así que también coleccionáis reliquias… ¿Dónde has conseguido ese bastón?”

– “¿El bastón? Otro que tal…” – protesta Krilín. – “Es un regalo de mi maestro.”

Ginkaku se dirige a Chichi.

– “¿Y tú, muchacha?” – le pregunta a la hija de Gyuma. – “¿De dónde has sacado ese abanico?”

– “Es una herencia familiar.” – responde Chichi.

– “¿Herencia…?” – murmura Ginkaku. – “¡No me digas…!” – se sorprende de repente. – “¡¿No serás la hija del Rey Gyuma?!”

– “¡No te interesa!” – protesta Chichi.

– “Ya veo…” – sonríe el bandido de forma macabra.

Kinkaku se pone en guardia frente a Krilín.

– “Es la primera vez que alguien detiene esta espada.” – dice el bandido. – “¡Estoy emocionado! ¿Qué misterios se esconderán detrás de tu reliquia?”

Ginkaku se acerca a Chichi y ella se pone en guardia, nerviosa.

Kinkaku ataca de nuevo a Krilín, pero el alumno de la escuela Kame se agacha, dejando pasar el espadazo de su contrincante para contraatacar con un golpe de bastón en su barbilla que lo levanta del suelo y lo derriba una vez más de espaldas.

Mientras tanto, Ginkaku extiende su brazo derecho hacia Chichi y la cuerda que tiene enrollada se alarga mágicamente, enredándose en la empuñadura del abanico de la hija de Gyuma.

– “¡AH!” – se sorprende ella.

La cuerda se acorta mágicamente, reclamando el abanico, pero ella se resiste a soltarlo.

– “Jeje…” – ríe Ginkaku, que sostiene la calabaza en su mano izquierda.

Con un gesto de su pulgar, el bandido destapa el corcho de la botella y una ventisca se genera, creando un torbellino de viento que atrae a Chichi.

Los pies de la muchacha se deslizan sobre el suelo hacia la calabaza.

– “¡JAJAJA!” – ríe Ginkaku.

Krilín intenta socorrer a Chichi, pero Kinkaku se levanta y le ataca por la espalda, asesta un espadazo al aire que crea un filo de viento cortante que alcanza al joven, cortándole el gi y haciéndolo sangrar, cayendo al suelo.

La muchacha no puede evitar ser absorbida por el fuerte viento, que por arte de magia reduce su tamaño y la atrapa en la calabaza, mientras que el abanico cae en manos de Ginkaku, reclamado por la cuerda.

Los hermanos sonríen victoriosos.

– “La que nos faltaba…” – sonríe Kinkaku. – “El abanico de hoja de plátano.”

– “Con la cuerda del cielo, la calabaza carmesí y la espada de siete estrellas… ya tenemos las todas las reliquias de la Diosa Annin.” – dice Ginkaku.

– “Y además tenemos a la hija de Gyuma.” – sonríe Kinkaku. – “Podemos pedir un buen rescate.”

– “¿Un rescate?” – dice Ginkaku. – “¡Somos los más fuertes del mundo! ¡Nadie podrá pararnos! No tenemos que conformarnos con un rescate. Ni con un sueldo de la Red Ribbon.”

– “¡JAJAJA!” – ríe Kinkaku. – “Me gusta como piensas, hermanito.”

– “Y ese bastón…” – murmura Ginkaku. – “¿De dónde ha salido?”

– “No lo sé, pero es una buena propina…” – ríe Kinkaku, acercándose a Krilín.

De repente, el joven se mueve, sorprendiendo a los hermanos.

– “¡¿SIGUE VIVO?!” – exclama Kinkaku.

Krilín se levanta. El corte sangrante en su espalda.

Ginkaku da un paso al frente, sonriendo.

– “Estupendo.” – dice el bandido, armado con el abanico. – “Así podemos poner a prueba nuestra última adquisición.”

Krilín encara a los hermanos y se quita la funda del bastón.

– “La funda me ha protegido…” – murmura el joven.

Ginkaku empuña el abanico, listo para usarlo.

Krilín se arranca el gi roto.

– “Liberad a Chichi.” – exige el joven luchador.

– “Aquí está…” – se mofa Ginkaku, tocando la calabaza. – “Ven a por ella.”

Krilín se pone en guardia.

– “Me he confiado y Chichi lo ha pagado.” – dice el joven. – “Esta vez, no cometeré el mismo error.”

Ginkaku da un golpe de abanico que sacude la zona. Krilín se cubre y es empujado por el fuerte viento, deslizándose sobre el terreno unos pocos metros, pero a la vez el joven se sorprende al ver que la ventisca es inferior a la que generaba el abanico en manos de Chichi.  

Ginkaku extiende su brazo derecho, proyectando la cuerda del cielo.

Krilín levanta con su pie el bastón mágico, lo agarra en el aire con su mano izquierda y lo usa para interceptar la cuerda, haciendo que luego se alargue, clavándolo en el suelo.

El joven corre hacia Ginkaku, que intenta reclamar su cuerda sin éxito.

Kinkaku interviene, intentando dar un espadazo de aire a Krilín, pero el joven se frena repentinamente y deja pasar el filo de aire de largo, que acaba cortando la cuerda del cielo.

– “¡¡LA RELIQUIA, IDIOTA!!” – protesta Ginkaku.

La cuerda se desenrolla del brazo de Ginkaku y cae al suelo.

Krilín cambia de dirección y ahora arremete contra Kinkaku, que levanta su arma para asestarle otro espadazo.

Pero Krilín acelera el paso y sorprende al bandido acortando distancias en un parpadeo.

– “¡PAPEL!” – exclama al desarmar al gigantón de un fuerte guantazo en la muñeca. – “¡TIJERAS!” – añade metiéndole los dedos en los ojos. – “¡Y PIEDRA!” – sentencia dándole un puñetazo en la nariz a Kinkaku, lanzándolo a través del campo de batalla.

Ginkaku, nervioso al ver caer a su hermano, prepara la calabaza.

– “¡¡TE ABOSBERÉ COMO A TU AMIGA!!” – exclama el bandido.

Krilín empuña la espada de siete estrellas, sorprendido por su peso.

Al destapar la botella, un fuerte viento atrae a Krilín hacia el bandido.

– “Tsk…” – protesta el joven.

Pero de repente tiene una idea. 

Krilín lanza la espada hacia Ginkaku, pero en lugar de reducir su tamaño y ser absorbida por la calabaza, ésta no es afectada y corta la calabaza por la mitad.

– “¡¿QUÉ?!” – se asusta el bandido.

Con un puff, Chichi aparece de repente, libre de su prisión.

– “¿EH?” – se mira la muchacha, confusa sobre lo que ha ocurrido.

Ginkaku retrocede lentamente.

– “Maldita sea…” – refunfuña el bandido.

Chichi clava su mirada airada en él.

– “¡¡BASTARDO!!” – exclama la princesa, que toca con sus dedos índice de cada mano la gema que adorna su casco, proyectando así un rayo de energía verde que empuja al bandido, desarmándolo y derribándolo.

Krilín sonríe contento.

– “Jeje…” – pone los brazos en jarra.

Ginkaku, desesperado, intenta agarrar de nuevo el abanico de hoja de plátano, pero con un rápido movimiento, pero Chichi lanza la hoja de su casco y clava la mano del bandido en el suelo.

– “¡¡AAAAH!!” – grita Ginkaku.

Kinkaku, con la nariz rota y sangrando, se pone en pie.

– “Las… las reliquias…” – murmura viendo la cuerda cortada y la calabaza partida.

Chichi recupera su abanico ante la mirada del humillado Ginkaku.

Kinkaku se enfurece al ver el trabajo de toda una vida destruido.

Sin pensarlo, el gigantón carga contra Chichi.

– “¡¡ESTÚPIDA!!” – grita Kikaku. – “¡¡TE MATARÉ!!”

Chichi se revuelve mientras avienta su abanico y un vendaval empuja a Kinkaku, haciéndolo volar por los aires y que desaparezca en el cielo.

Ginkaku observa con horror la derrota de su hermano.

Chichi arranca la hoja de la mano del bandido.

– “Desaparece.” – dice Chichi. – “No quiero volver a verte por el Monte Frypan nunca más.”

Ginkaku gatea hacia atrás, aterrado, hasta que ha puesto distancia entre él y la princesa, para después levantarse y salir corriendo.

Chichi se cuelga el abanico a la espalda. Krilín recupera el bastón mágico.

La princesa se acerca al alumno de Son Gohan.

– “Me has salvado.” – dice Chichi. – “Muchas gracias.” – añade con una reverencia.

– “No tienes que agradecerme nada.” – dice Krilín. – “Mi forma de actuar te ha puesto en peligro. Lo siento.”

Los dos comparten una media sonrisa cómplice.

La princesa agarra la cimitarra y la apoya en su hombro.

– “¿No pesa mucho?” – pregunta Krilín, un poco sorprendido.

– “Menos de lo que esperaba…” – responde ella. – “Y ahora… a lo que hemos venido.” – sentencia Chichi, mirando las puertas abiertas de la central geotérmica.

Krilín y Chichi se adentran en la central, que ha quedado desértica tras el alboroto que han causado.

Los dos caminan por largos pasillos laberínticos del puesto de la Red Ribbon.

– “¿A dónde se supone que vamos?” – pregunta Krilín. – “Todo me parece igual…”

– “Es por aquí.” – dice Chichi.

– “¿Cómo lo sabes?” – pregunta Krilín, extrañado.

– “No lo tengo claro…” – responde ella. – “Pero puedo sentirlo… Una voz… Creo que me llama.”

– “¿Una voz?” – dice Krilín, con cierto repelús, recordando las historias de fantasmas que le contaba el viejo Gohan.

– “Es una voz dulce…” – dice Chichi. – “Amable… familiar…”

Krilín sigue a Chichi a través de los pasillos y bajando kilómetros de escaleras hacia el interior de la montaña, subiendo la temperatura a medida que continúan su descenso.

Finalmente, los dos llegan un gigantesco portal de hierro de unos cien metros de altura que tiene una pequeña grieta entre ambas puertas, como si hubieran sido forzadas sin mucho éxito, de la que emana un fuego abrasador que tiñe toda la gruta de rojo.

Las puertas de aspecto milenario contrastan con la zona excavada por máquinas de la Red Ribbon, que parecen haber desenterrado tal monumento.

– “Es aquí.” – dice Chichi. – “Estoy segura.”

Krilín se acerca a la puerta decidido a empujarla, pero se quema al tocarla.

– “¡Ay, ay, ay!” – protesta el joven.

Krilín usa el bastón para intentan empujar la puerta.

– “Vaya…” – suspira el joven. – “No se mueve…”

– “¿Habrá otra forma de entrar?” – pregunta Chichi.

Krilín sonríe con cierta fanfarronería.

– “Déjame probar…” – dice el muchacho, confiado.

El alumno de la escuela Tortuga lanza su mejor Kamehameha contra las puertas… pero el ataque se estrella contra ellas sin moverlas ni un centímetro.

– “No me lo puedo creer…” – dice Krilín, estupefacto.

Chichi se acerca al portal.

– “Es increíble…” – dice ella.

– “¡Ten cuidado!” – advierte Krilín al verla acercarse tanto al fuego.

La muchacha pone sus manos en las puertas, preocupando a Krilín.

Un chirrido de bisagras asusta a los muchachos, que retroceden al instante.

Las grandes puertas se abren lentamente.

– “¿Cómo lo has hecho?” – pregunta Krilín. – “¡Esas puertas estás ardiendo!”

– “No he hecho nada…” – dice Chichi, mirándose las manos. – “Estaban frías…”

Las llamas sorprenden a nuestros amigos, que tiene que cubrirse frente al extremo calor. El fuego azota ese nuevo mundo.

Agazapado tras una excavadora, el Doctor Yakisugi los observa.

– “¡Esa chica! ¡La princesa Chichi!” – piensa el científico. – “Resulta que ella era la clave… ¡Ha abierto la puerta!”

El fuego recibe a nuestros amigos, pues una intensa llamarada les frena al intentar adentrarse. Los dos se cubren frente al calor.

– “¿Qué hacemos?” – pregunta Krilín.

Chichi da un paso al frente y da un golpe de abanico… pero el fuego en lugar de extinguirse se aviva.

– “¡ESO SOLO LO AUMENTA!” – se asusta Krilín.

Chichi mira la espada que ahora cuelga de su cinturón.

– “Tengo otra idea.” – dice empuñando el arma.

La princesa asesta un espadazo hacia las llamas y un largo camino se forma entre ellas.

– “¡ESO ES!” – celebra Krilín.


Pero los dos se quedan en silencio al ver la silueta de una mujer al otro extremo del pasadizo de fuego.

Los dos muchachos se quedan asombrados al ver a alguien en este mundo ardiente.

La mujer parece caminar hacia ellos, ataviada con un elegante vestido rojo y blanco con hombreras y capa, y un sobrero adornado con dos plumas rojas finas y largas, que pronto revela sus finas facciones y su cabellera negra.

– “Que mujer tan hermosa…” – dice Chichi, ensimismada.

Krilín la mira de reojo, pues no tarda en darse cuenta del parecido entre ellas.

El Doctor se queda boquiabierto.

– “No… no me lo puedo creer…” – titubea el científico. – “¡Es la Diosa Annin!”

La mujer se acerca a Chichi y la mira con ternura. Ella no sabe cómo reaccionar.

De repente, la Diosa abraza a Chichi con fuerza.

– “Mi hija…” – llora Annin. – “Te he echado tanto de menos… ¡Has crecido tanto!” – se aparta para mirarla de arriba a abajo. – “¡Eres toda una mujer!”

Annin se fija en Krilín y le agarra las manos.

– “¿Este es tu novio?” – pregunta la Diosa. – “Es bajito… pero bastante apuesto.”

– “No, no…” – dice Krilín, avergonzado. – “No soy… no somos…”

Chichi parece conmocionada. Inmóvil ante la situación.

– “¿Mamá…?” – murmura en shock.

Annin se acerca a Chichi y se dispone a abrazarla de nuevo.

– “Hija mía…” – sonríe la Diosa.

Pero un guantazo de Chichi la detiene.

El golpe retumba en el corazón de la montaña. Krilín y el Doctor se quedan helados.

– “¡Como te atreves!” – le espeta Chichi. – “¡Abandonarnos a mi padre y a mí! ¡Hacernos creer que has muerto!”

Ella no responde. Chichi interpreta ese silencio con miedo.

– “Mi padre… él lo sabe…” – dice Chichi.

– “No… No lo recuerda.” – dice Annin con lágrimas en los ojos. – “Aunque fue una decisión que tomamos juntos. Mi razón de ser está ligada a este lugar.”

– “¿Quién eres?” – pregunta Chichi, con la voz rota.

– “Soy la guardiana del Horno de Ocho Divisiones.” – dice la Diosa. – “Annin”.

– “¿El Horno de Ocho Divisiones?” – repite Krilín, confuso.

Annin se cubre el rostro con vergüenza.

– “Conocí a tu padre un día en la montaña. Lo encontré inconsciente, deshidratado, había estado vagando sin rumbo. Su vida pendía de un hilo.” – explica ella. – “Tuve dudas, pues ayudarlo ponía en riesgo los secretos de la montaña… Pero ver a alguien tan fuerte y estoico en ese estado tan vulnerable…”

– “Le ayudaste…” – dice Chichi.

– “Me quedé a su lado hasta que despertó…” – dice Annin sonriendo con nostalgia. – “Su corazón amable y generoso me encandiló.”

Krilín pone una mueca de confusión, pues esa descripción dista del Gyuma que él ha conocido.

– “¿Y por qué te fuiste?” – pregunta Chichi.

– “Mi amor por él… y por ti… Hizo que olvidara mi deber durante un tiempo.” – responde Annin, cuya sonrisa desaparece. – “Pero el horno necesita un cuidador. La montaña reclamo mi atención… Lejos de este lugar, mi cuerpo se volvió mortal y enfermé. Ningún remedio pudo curarme… No me quedó más remedio que regresar a la montaña.”

Chichi la mira con lágrimas en los ojos.

– “Le pedimos ayuda a una bruja. Con un brebaje se borraron sus útlimos recuerdos.” – dice Annin. – “Lo decidimos juntos, por vuestro bien y el de la montaña.”

Krilín mira las llamas ardiendo a través del portal.

– “¿Qué pasaría si dejaras el horno?” – pregunta Krilín.

– “Las almas no podrían seguir su humo para llegar al Más Allá.” – dice Annin. – “Vagarían por la Tierra para siempre, sin saber que han muerto, atormentando a los vivos y sin poder descansar.”

El Doctor intenta acercarse para escuchar la conversación, pero un leve ruido lo delata.

La mirada furiosa de Annin se clava en Yakisugi. La montaña ruge y el fuego se aviva.

Annin arrebata el abanico a Chichi y con un movimiento genera una ventisca como nunca habían sentido Krilín y la hija de Gyuma.

El viento empuja al doctor y lo estampa contra la pared a la vez que hace tripas su ropa y le hace cortes por todo el cuerpo.

– “¡VOSOTROS!” – ruge Annin, cuya voz retumba por toda la montaña. – “¡Habéis profanado la montaña de fuego y mancillado las reliquias sagradas!”

El doctor llora de dolor, tirado en el suelo.

– “No… yo solo…” – suplica. – “Lo siento… solo soy un científico…”

Annin, llevada por la ira, levanta el abanico, dispuesta a darle el golpe de gracia.

Pero Chichi le sujeta el brazo.

– “¿EH?” – se sorprende la Diosa.

– “No es necesario.” – dice la princesa.

Annin tarda un segundo en reaccionar, pero luego su mirada de odio se convierte en melancolía.

– “Tienes el mismo corazón que tu padre.” – dice la guardiana.

Annin mira el fuego que arde al otro lado del portal.

– “Estos hombres y sus excavaciones han provocado fugas en el gran horno.” – explica ella.

– “El Monte Frypan ha estallado.” – dice Chichi.

– “¡¿Qué?!” – pregunta Annin, asustada. – “¡¿Y tu padre?!”

– “Está bien, no le ha pasado nada.” – responde Chichi.


Annin suspira.

– “Es más grave de lo que pensaba…” – cavila la Diosa.

– “¿No hay forma de cerrar las fugas?” – pregunta Krilín.

– “El fuego está fuera de control…” – dice Annin. – “Necesitaría mis reliquias para poder controlarlo de nuevo.”

Krilín y Chichi se miran con horror y cierta vergüenza.

– “Veo que ya tenéis dos, así que solo faltan la cuerda del cielo y la calabaza carmesí…” – continúa Annin. 

– “¿Son todas imprescindibles?” – pregunta Krilín con miedo a la respuesta.

– “Por supuesto.” – responde Annin. – “El abanico aviva las llamas, la calabaza las absorbe, la espada las corta y la cuerda las ata. Es fuego del horno es muy especial. No se había descontrolado durante milenios, así que para ponerlo bajo control será necesario que las cuatro…”

– “Veras, mamá…” – la interrumpe Chichi. – “Hay un problema…”

– “Sí… las otras reliquias…” – dice Krilín.

– “Se han roto.” – termina Chichi, casi susurrando.

– “¡¿CÓMO?!” – se preocupa Annin.

– “Dos bandidos las tenían y hemos peleado contra ellos…” – se excusa Krilín.

– “Los hemos derrotado, pero la cuerda y la calabaza…” – dice Chichi.

Annin suspira.

– “Ya veo…” – dice con cierto cansancio de madre. – “Qué se le va a hacer…”

– “¿Hay otra opción?” – pregunta Krilín.

– “Forjaremos una nueva herramienta.” – dice Annin. – “Pero yo sola no podré hacerlo. Necesitaré tu ayuda, hija.”

– “Por supuesto” – asiente Chichi, emocionada.

– “Está bien.” – sonríe Annin. – “Aunque es un proceso largo… Tu padre va a preocuparse.”

– “¿No podemos ir juntas a decírselo?” – pregunta Chichi. – “Sé que es urgente, pero…”

– “Lo siento, Chichi.” – dice Annin. – “Yo jamás podré abandonar de nuevo el corazón de la montaña.”

– “Yo avisaré a Gyuma.” – dice Krilín. – “No os preocupéis.”

Chichi se acerca a Krilín y le da un beso en la mejilla que lo coge por sorpresa.

– “¿Eh?” – murmura Krilín, sin saber cómo reaccionar.

– “Muchas gracias.” – dice Chichi.

El joven, sonrojado, se despide con una reverencia.

– “No hay de qué, princesa.” – dice Krilín.

Al darse la vuelta, Annin se fija en el bastón que lleva a la espalda.

– “Ese bastón…” – murmura ella.

– “¿Ocurre algo, mamá?” – pregunta Chichi.

– “No, nada.” – sonríe Annin.

Madre e hija se adentran en el horno mientras las puertas milenarias se cierran tras ellas, mientras en entre las llamas del horno puede verse el ave fénix revoloteando, con la cola hecha de las mismas plumas largas y finas que adornan el sombrero de Annin.

DBSNL // Capítulo 327: Superior

DBSNL // Capítulo 327: Superior

“Gracias por tu donación.”

En la superficie del planeta oscuro, 7-3 camina hasta Punch.

– “Papá…” – murmura el hijo de Hit.

7-3 extiende su mano hacia el muchacho, pero al acercarse a su pecho se convierte en un puño y lo golpea, empujándolo a través del desértico páramo.

Punch se sujeta el pecho, dolorido.

7-3 avanza hacia el muchacho, sin expresión en su rostro.

En ese instante, Gohan sale volando del agujero por el que llegaron a la superficie 7-3 y Punch.

– “¡¡MASENKO!!” – exclama el chico

El ataque se aproxima a toda velocidad hacia el enemigo, que se da la vuelta para recibirlo, pero el Masenko se queda corto e impacta contra el suelo, levantando una gran polvareda que engulle a 7-3.

Gohan, como un cohete, se adentra en la nube.

– “¡¡DEJA EN PAZ A MI HERMANO!!” – exclama el hijo de Trunks, que intenta propinar una patada al enemigo con todas sus fuerzas.

Pero 7-3 le agarra el pie al vuelo.

Silencio en el planeta. El tiempo parece detenerse.

– “¡¡GOHAN!!” – exclama Punch, preocupado.

En menos de un segundo, Gohan recibe una paliza invisible que 7-3 da por terminada lanzándolo contra una gran roca.

En un parpadeo, Punch aparece detrás de Gohan para cogerlo al vuelo antes de que se estrelle.

– “¡Gohan! ¿Estás bien?” – se preocupa el joven guerrero.

– “Es… muy fuerte…” – responde Gohan con una media sonrisa irónica, malherido.

Punch lo deja en el suelo.

– “No intervengas.” – dice el hijo de Hit. – “Esto es personal.”

– “¿Personal?” – pregunta Gohan.

Punch no responde y se quita la gabardina, listo para el siguiente asalto.

Dibujado por Ipocrito

Mientras tanto, Goku se esconde de los Godgardons, que patrullan el pasillo mientras él se encuentra agazapado detrás de una mesa de comandos.

El chico espera a que los robots pasen de largo para él continuar su incursión.

En el terreno de combate helado, Golden genera dos brazos extra y prepara cuatro kienzan a la vez.

– “Je…” – sonríe fanfarrón.

El demonio dorado lanza dos kienzan a Freezer y los otros dos a Cooler.

Los hermanos del frío esquivan el ataque, pero los discos pronto dan media vuelta y empieza una persecución.

Golden desciende hasta un bloque de hielo para dirigir desde ahí su ataque.

Cooler es el primero en hartarse y se revuelve preparando sus propios kienzan que lanza contra los de Golden.

Al impactar entre ellos, los discos se deforman y salen repelidos para finalmente estallar en el aire.

Freezer, en cambio, sonríe mientras los esquiva una vez más.

– “Je…” – sonríe el menor de los hermanos.

Freezer vuela hacia Golden.

– “¿Eh?” – se sorprende el demonio de oro.

El tirano lanza un ataque de energía contra el agua que levanta una gran ola.

Freezer da una voltereta en el aire y deja pasar el primer disco, que se dirige a través de la ola hacia Golden.

El guerrero dorado salta por encima del disco, pero ahí lo espera Freezer, que lo remite al suelo golpeándolo con la cola.

Golden cae de nuevo sobre el bloque de hielo, y al levantarse se encuentra el segundo disco, que le corta por mitad.

Las dos mitades de Golden caen al suelo.

Freezer desciende lentamente, con los brazos cruzados, riendo.

– “¡Jujuju!” – se mofa el tirano. – “Has caído en la trampa.”

– “Bastardo…” – refunfuña Golden, que empieza a regenerarse. – “No vais a…”

Cooler cae del cielo a toda velocidad y pisa la cabeza de Golden, aplastándola contra el huelo.

– “Cállate.” – sentencia Cooler.

Freezer suspira, decepcionado.

– “Eres un aguafiestas.” – dice el tirano. – “Disfruta un poco.”

– “Me he hartado.” – protesta Cooler.

El hermano mayor agarra la cabeza aplastada de Golden y lo levanta.

– “Hay que ser muy idiota para caer con tu propia técnica…” – dice Cooler.

Freezer lo mira de reojo sin decir nada.

– “¿Qué hacemos ahora?” – pregunta el Cooler. – “No tardará en regenerarse…”

Pero de repente, de la cabeza de Golden salen unos extraños cables que se clavan en la piel del demonio del frío.

– “¡¿EH?!” – se sorprende Cooler.

La deforme cabeza de Golden abre los ojos.

– “¡Jojojo!” – ríe con burla el clon de Freezer.

Cooler intenta soltarlo, pero los cables lo atan a su antebrazo introduciéndose en su cuerpo.

El demonio agarra la cabeza del enemigo y se lo arranca del cuerpo a la fuerza, lanzándolo al mar.

– “¿Qué ha sido eso?” – pregunta Freezer.

– “No lo sé…” – responde Cooler, cuyo brazo sangra por los orificios en los que se introdujeron los cables.

Golden sale a la superficie. Su cuerpo se ha regenerado y lentamente la coraza de Cooler, con las hombreras altas se materializa en su pecho.

– “¿Qué significa esto…?” – protesta el hermano mayor.

– “Gracias por tu donación.” – fanfarronea el demonio dorado. – “Vuestro poder es extremadamente compatible… sois hermanos al fin y al cabo… ¡Es fantástico!”

– “¿Compatible?” – refunfuña Freezer.

Golden sonríe con prepotencia.

En otro sector, Onisen camina hacia Mirai Trunks y Granola. El saiyajín decide salir a recibirlo, espada en mano.

Los dos adversarios caminan el uno hacia el otro. Granola se queda atrás. Ambos aumentan el paso hasta que corren a su encuentro.

Mirai Trunks levanta su arma y Onisen prepara su puño.

Trunks intenta cortar al androide en dos, pero éste se agacha en último momento y evade la espada. 

Onisen contraataca con un uppercut directo a la barbilla del mestizo, levantándolo del suelo con el golpe.

Pero Trunks usa el salto temporal para reponerse y contraatacar con una patada en el cuello de Onisen que lo lanza contra el suelo.

Onisen apoya sus manos y se impulsa con una voltereta, poniéndose en pie, pero pronto recibe un impacto en la sien que lo derriba de nuevo.

– “Tsk…” – mira con rabia a Granola, que le ha disparado.

Granola dispara de nuevo, obligando a Onisen a retroceder para evadir las balas de ki.

Con su atención puesta en el cereliano, el androide no detecto el nuevo salto temporal de Trunks, que le sorprende con un rodillazo en la nuca.

Onisen cae de cara contra el suelo y recorre varios metros dejando una zanja a su paso, pero al final se levanta de nuevo con una voltereta.

– “No está nada mal…” – se relame.

En el volcán, Vegeta se ha sentado en una roca, donde se recupera de su combate mientras Kamo yace derrotado a su lado.

De repente, Kamo tose y llama la atención del saiyajín.

– “Conserva las pocas energías que te quedan…” – dice Vegeta. – “No tienes que morir aquí.”

Kamo levanta su mano lentamente hacia el cielo.

– “Morir…” – esboza una media sonrisa entre muecas de dolo. – “Subestimas… tu propio cuerpo…”

Vegeta lo observa con desconfianza.

De repente, Kamo dispara una esfera de energía blanca hacia el cielo.

Kamo cierra el puño y la esfera estalla, conformando un astro luminoso suspendido en el aire.

Vegeta observa la nueva luna, estupefacto.

– “¿Desde cuándo tiene…?” – se asusta el saiyajín.

El saiyajín se apresura y patea a Kamo para darle la vuelta, le pisa la espalda para restringir sus movimientos, y se prepara para arrancarle la cola… pero se da cuenta de que no tiene.

– “¡¿Qué significa esto?!” – se pregunta Vegeta, desconcertado.

El tsufur, bocabajo, sonríe.

– “No pienso convertirme en un simio salvaje como vosotros…” – dice Kamo, cuya voz suena mucho más sana que antes.

Kamo se empieza a levantar y Vegeta se ve obligado a retroceder.

Kamo se pone en pie y se limpia el polvo de su ropa.

– “¿Qué ha ocurrido…?” – se pregunta Vegeta. – “Sus heridas… ya no están…”

– “Las ondas blutz tienen unas propiedades extraordinarias…” – sonríe Kamo. – “…que Raichi ha sabido aprovechar.”

– “Bastardo…” – refunfuña Vegeta.

– “Imagina las posibilidades…” – dice Kamo. – “Una raza que se fortalece con cada batalla y que además puede regenerarse…”

Vegeta aprieta los puños reuniendo toda la fuerza que le queda en el Ikigai.  

El saiyajín propina un puñetazo a su adversario, pero Kamo lo detiene agarrándole el puño.

– “Imagina… la destrucción.” – sonríe Kamo.

Kamo propina un puñetazo en la cara de Vegeta y lo lanza a través del páramo volcánico.

En el desierto, Cell sigue inmerso en la oscuridad de su mente, revertido a su forma cuadrúpeda.

– “No eres nada sin tus células robadas.” – retumba la voz de Gowas. – “Todas de guerreros mejores que tú.”

Pero de repente, el cascarón del insecto se resquebraja, revelando algo que quiere salir al exterior.

– “¿Eh?” – se sorprende el ira-aru.


Envuelto en baba viscosa, el nuevo cuerpo de Cell se pone en pie sobre su cascarón larvario.

– “¿Cómo…?” – protesta Gowas. – “¿Qué significa esto…?”

– “Has elegido el momento equivocado.” – dice Cell.

– “¿Qué…?” – protesta el ira-aru.

– “Hace tiempo que me di cuenta de que la perfección es una meta imposible. Un anhelo inalcanzable.” – dice Cell. – “El verdadero objetivo es superar tus propios límites. Superarte a ti mismo. Ser más fuerte que ayer, sabiendo que eres más débil que mañana.”

– “Eres solo una abominación creada en un laboratorio…” – dice Gowas. – “¿Cómo osas…?”

– “Es una lección que he aprendido de esos guerreros cuyas células conforman mi cuerpo.” – sonríe Cell. – “Puede que no solo me hayan dado su poder y sus técnicas… creo que también he heredado parte de su voluntad.”

Gowas frunce el ceño, furioso ante lo que considera una provocación.

– “Soy más fuerte de lo que jamás he sido, pero no tiene sentido declararme Perfecto…” – dice el insecto. – “Puede que el término que mejor lo describa, sea Superior.” – sonríe con prepotencia.

De repente, Cell se libera del hechizo de Gowas y retorna a la realidad del desierto.

En la superficie del planeta oscuro, 7-3 y Punch se enfrentan de nuevo. Gohan observa el combate desde la distancia, malherido.

Punch usa el salto temporal. El mundo se detiene cuando el joven entra en esa extraña dimensión sin tiempo.

Punch intenta golpear a 7-3, pero éste detiene su golpe. Los dos pelean con el tiempo detenido.

Los movimientos de 7-3 son certeros y sencillos, y contrastan con los movimientos más elaborados del joven luchador.

Los pasos de 7-3 son cortos, mientras que Punch embiste y retrocede continuamente, intentándolo desde distintos ángulos y con distintas técnicas.

Punch intenta golpear a 7-3, pero éste le detiene el puño y con un su antebrazo le parte el codo al joven.

– “¡¡AAAAH!!” – grita Punch.

Los luchadores salen de la dimensión atemporal. Para Gohan ha pasado solo un segundo.

Punch retrocede, sujetándose el brazo.

– “Ah… ¡¡AAAH!!” – grita de nuevo.

Punch aprieta los dientes, aguantando el dolor, y carga de nuevo contra su adversario.

7-3 lo intercepta con un golpe con el dorso del puño en la nariz.

Punch sangra mientras retrocede aturdido.

7-3 extiende la mano y empuja a Punch con su ki, lanzándolo a través del páramo rocoso.

De repente, 7-3 se revuelve y desvía una pequeña esfera de ki hacia el cielo.


Gohan se ha puesto en pie.

– “Te dije… que dejaras en paz a mi hermano…” – dice casi sin fuerzas.

7-3 se abalanza sobre él, pero de repente, un anillo de energía se materializa y él lo cruza por inercia, desapareciendo un instante después.

– “¿Eh?” – se queda pasmado Gohan. – “Eso era…”

– “He llegado justo a tiempo.” – sonríe el erizo.

– “¡Ogilvie!” – celebra Gohan.

– “Eso nos dará un respiro.” – sonríe el antiguo patrullero. 

El mestizo mira a su alrededor, buscando al enemigo.

– “¿Y dónde lo has mandado?” – pregunta Gohan.

– “Lejos de aquí.” – responde Ogilvie.

Entre las ruinas del asteroide-prisión Bihe, 7-3 se encuentra de pie, buscando en el espacio en qué dirección se encuentra el campo de batalla.