DBSNL // Capítulo 358: El legado de Bojack

DBSNL // Capítulo 358: El legado de Bojack

“Necesita más tiempo para poder dar frutos.”

En el planeta oscuro, el paisaje ha cambiado una vez más. El bosque de raíces se ha expandido más allá de la superficie del planeta y se expande por el universo.

Onisen sonríe al verse más cerca del mundo que ha soñado.

Los supervivientes observan el paraje, sobre el que se alza el gran árbol, más alto que antes.

– “El árbol sigue creciendo…” – dice Pan, impresionada.

– “No solo eso…” – responde Ub. – “Puedo sentir cómo ha aumentado su poder…”

– “¿Acaso ha absorbido al viejo Kaioshin?” – pregunta Bra.

Onisen alza la vista hacia la copa del árbol, aún poco formada.

– “Necesita más tiempo para poder dar frutos.” – murmura el androide. – “Más nutrientes.”

Onisen mira a los cansados guerreros esparcidos por el bosque.

– “¿Quién puede ser el siguiente?” – sonríe.

Nuestros amigos observan al androide, en silencio en mitad del bosque de raíces, con una calma que los inquieta.

– “¿Cómo podemos detenerlo?” – se pregunta Cooler.

– “Parece inmortal…” – murmura Liquir.

Reitan, magullado, abre los ojos de repente, tirado en el suelo bocarriba.

– “¡Ah!” – reacciona al darse cuenta de lo ocurrido, dándose la vuelta y agazapándose entre raíces.

El herajín se da cuenta de que se encuentra solo a unos pocos metros de distancia de la espalda del enemigo.

– “¿Cómo he llegado hasta aquí…?” – piensa Reitan. – “Perdí el conocimiento…”

El herajín mira al enemigo.

– “¿No se ha dado cuenta?” – se pregunta Reitan.

Onisen escanea el campo de batalla hasta que se detiene en un objetivo.

– “Son Gohan…” – sonríe el androide, centrando su mirada en el malherido mestizo. – “Sin duda es uno de los más problemáticos… Será mejor que acabe con él ahora.”

Reitan mira a su alrededor, entre las raíces, y se da cuenta de que la espada morada de Zahha se encuentra en el suelo, al alcance de su mano.

– “¡Es mi oportunidad!” – entiende el herajín.

Onisen sigue escaneando a sus enemigos.

Reitan se levanta repentinamente, transformándose mientras empuña el arma del espadachín del futuro, y se abalanza sobre el enemigo por la espalda.

– “¡AAH!” – exclama mientras se dispone propinarle una estocada.

Una media sonrisa delata a Onisen. 

Raíces brotan del suelo a su alrededor.

– “¡¿AH?!” – se asusta el herajín. 

Las raíces se enrollan alrededor del cuerpo de Reitan, frenando su avance e inmovilizando sus extremidades.

– “Tsk…” – se esfuerza el guerrero, intentando liberarse. – “Maldición… ¡Maldita sea!” – exclama, frustrado y desesperado.

Onisen se acerca a Reitan mientras alarga ligeramente el dedo índice de su mano derecha y lo transforma en un punzón.

– “Herajín…” – murmura el androide. – “Aprendí mucho de tu raza…”

El androide clava su dedo en el pecho de Reitan, sobre su corazón, haciéndolo sangrar.

– “La ambición de un conquistador… el amor de una madre… el dolor de dos hermanos…” – murmura Raichi mientras marca al herajín, haciéndole una herida que cruza su pecho de lado a lado. – “El origen de una raza superior…”

Las raíces aprietan cada vez más fuerte las muñecas de Reitan, obligándole a soltar la espada, que cae al suelo y queda clavada.

La sangre se derrama por el pecho de Reitan, deslizándose por su abdomen hasta gotear sobre el suelo.

– “Tendrás el honor de alimentar mi nuevo mundo.” – sonríe Raichi.

En ese instante, Okure se abalanza sobre el Onisen por la espalda, transformada en Súper Herajín y furiosa.

– “¡¡YAAAAAAH!!” – grita ella, armada con un trozo de raíz a modo de garrote.

El ataque coge desprevenido a Onisen, que no se esperaba tal artimaña, y recibe un golpe en el costado que, pese a no hacerle daño, lo aleja unos pocos metros de Reitan.

Onisen logra mantenerse en pie, sin perder el equilibrio.

– “Muy inteligente…” – sonríe con burla.

Las raíces empiezan a enrollarse alrededor del cuerpo de Reitan, reclamándolo como alimento.

– “¡OKURE!” – se sorprende y preocupa el herajín al ver intervenir a su compañera.

Ella agarra las raíces que lo aprisionan e intenta arrancarlas, pero su éxito es limitado, pues aunque logra liberarlo parcialmente, las raíces pronto crecen de nuevo, haciendo vanos sus intentos. 

– “¡¡ES DEMASIADO TARDE!!” – advierte Reitan. – “¡ESCAPA!”

Onisen camina hacia ellos.

Pero Okure, lejos de huir, se pone en guardia, garrote en mano.

– “¡¿QUÉ HACES?!” – exclama Reitan. – “¡OKURE!”

– “Es mejor luchar para proteger algo que tener que vengarlo.” – responde Okure, recitándole sus propias palabras.

– “Okure…” – se preocupa el herajín.

La guerrera herajín reclama el poder que el mismísimo Raichi le otorgó antes. Su musculatura aumenta exageradamente y su aura estalla.

– “¡¡OKURE!!” – sufre Reitan.

La asalvajada mujer se abalanza sobre Onisen, cayendo sobre él, intentando atizarlo con el garrote.

El androide retrocede de un salto, evitando el golpe, que impacta contra el suelo y lo resquebraja.

– “¡¡GRAAAAAAH!!” – brama la monstruosa herajín.

La guerrera se abalanza de nuevo contra el enemigo, que una vez más esquiva el golpe.

– “Je…” – sonríe Onisen con prepotencia.

Okure ataca de nuevo, esta vez usando el garrote como un bate de béisbol… pero un disparo ocular de Onisen hace que el arma estalle en mil pedazos.

Furiosa, Okure no se rinde y desata un poderoso torrente de ki con su mano derecha sobre el enemigo, haciendo que los testigos más cercanos tengan que cubrirse ante onda expansiva de la explosión.

Onisen, intacto, aparece detrás de la herajín.

Ella se revuelve e intenta propinarle un puñetazo, pero Onisen, intangible, deja pasar el golpe a través de él para después agarrarle el brazo.

– “Un esfuerzo admirable.” – dice Onisen, que aprieta el brazo de la herajín hasta que se oye el crujido de sus huesos. – “Pero inútil.”

Pese al dolor, Okure intenta golpear de nuevo al enemigo, pero éste detiene el zurdazo y contraataca con un puñetazo directo a su barriga, doblando a la herajín sobre sí misma.

Onisen ahora toma la iniciativa, propinando un rodillazo en la cara de la herajín, lanzándola hacia atrás y luego saltando sobre ella, clavándola al suelo con una fuerte patada en su abdomen.

Onisen retrocede, esperando la respuesta de la herajín.

Dolorida, sujetándose el vientre, ella se levanta de nuevo.

– “Okure…” – piensa Reitan, que está siendo engullido de nuevo por las raíces, que ya forman un capullo a su alrededor. – “¿Qué estás haciendo…? ¿Por qué…?”

Okure hinca la rodilla y perdiendo su transformación.

– “Reitan…” – piensa ella, mirando de reojo la vaina de raíces por la que puede adivinarse aún parte del rostro del herajín.

Una tierna sonrisa se dibuja en el rostro de la muchacha… que pronto es eclipsado por la mano agrandada de Onisen.

Las raíces cubren por completo el rostro de Reitan, impidiéndole ver lo que sucede… pero el quebrantar de huesos revela el destino de su compañera.

– “No… Okure…” – llora en silencio el herajín. – “Okure…”

El ataúd de raíces se cierra por completo.

Dabra observa desde la distancia una escena que hace estremecer al mismísimo diablo.

– “Es… es un monstruo…” – murmura el antiguo Rey de los Demonios.

Onisen observa cómo las raíces del gran árbol ahora reclaman el cuerpo de la muchacha herajín.

– “Otra molestia menos.” – sentencia el androide.

Todos los guerreros que siguen en pie se ponen en guardia… todos con el miedo de ser los siguientes.

El suelo tiembla una vez más. Las raíces empiezan a crecer de nuevo, alimentadas con la energía de los herajín.

DBSNL // Capítulo 357: El saiyajín olvidado

DBSNL // Capítulo 357: El saiyajín olvidado

“Descansa, compañero.”

El cuerpo humeante de Turles se precipita frente a la mirada aterrada de todos los presentes.

Onisen sonríe viendo la caída del saiyajín.

Turles choca contra el pavimento como un muñeco de trapo.

Onisen lo analiza, captando signos de vida aún en él. Su cuerpo ha sufrido graves quemaduras. Su armadura y ropa se han desintegrado casi por completo y solo una parte de su pantalón morado queda a modo de calzón. 

– “Te niegas a morir…” – sonríe el androide. – “Permíteme insistir.”

Onisen lanza un disparo de ki al moribundo Turles… pero en el último momento alguien se interpone entre el saiyajín y el ataque.

La explosión sacude la zona, pero al disiparse la polvareda se revela que ha sido Liquir quien ha protegido al saiyajín usando sus colas como escudo.

– “Cobarde.” – refunfuña el kurama. – “Ya no puede pelear.”

Pero para sorpresa de Liquir, Turles se ha puesto en pie.

– “Saiyajín…” – se sorprende el kurama. 

Cooler observa desde la distancia, en silencio.

Reitan desciende al lado de Turles.

Los ojos del saiyajín están en blanco.

– “No… no está consciente…” – lo observa el herajín.

– “Se ha levantado… solo por instinto…” – murmura el kurama, asombrado.

– “Sus ganas de pelear…” – piensa Trunks, que lo observa desde el aire. – “Son tan fuertes que se niega a detenerse… pese a que no le quedan fuerzas…”

Vegeta, en la distancia, esboza una media sonrisa triste pero orgullosa.

– “Ese es el espíritu de un verdadero saiyajín.” – murmura el viejo Príncipe.

Liquir reacciona.

– “¡¿Dónde está el anciano…?!” – busca a Gowas sobre el campo de batalla.

– “Es demasiado tarde…” – lamenta Reitan.

Turles cae de rodillas.

Broly se golpea el pecho con el puño.

– “Lo que hiciste por Sadala… siempre será recordado.” – dice el hijo de Páragus.

El saiyajín se desploma de cara contra el suelo.

– “Descansa, compañero.” – murmura un triste Reitan.

Onisen sonríe ante la muerte de su enemigo.

– “¿Quién será el siguiente?” – se mofa mientras mira a cada uno de los presentes.

El androide se fija en Gowas, que sigue curando a Son Gohan frente a Okure.

– “Je…” – sonríe Onisen.

En un parpadeo, Onisen se presenta detrás de Gowas y le agarra la nuca y lo levanta del suelo. 

Okure se la da la vuelta e intenta atacar, pero Onisen la noquea con un simple revés.

Los dedos del androide se alargan y se enrollan alrededor del cuello del anciano ira-aru.

– “Tu presencia es excesivamente molesta…” – dice Raichi. – “Y tu traición revela la debilidad de tus convicciones…”

– “¡Ghagh…!” – sufre Gowas.

Gohan agarra el tobillo de Onisen.

– “¡Suéltalo…!” – exclama el mestizo, que intenta levantarse.

Pero Onisen le propina una patada y lo empuja a través del páramo desértico.

Zamas mira con horror la escena; el sufrimiento de su anciano maestro.

– “¡¡GOWAS!!” – grita el Dai Kaioshin.

– “Mis convicciones… eran erróneas…” – sufre el anciano, que intenta liberarse.

– “Las mías no.” – sentencia Onisen.

Onisen aumenta la fuerza de su agarre, estrangulando al ira-aru.

– “Ghagh…” – intenta inspirar Gowas, sin éxito.

El ira-aru pierde la fuerza en sus brazos, cesando su lucha y perdiendo el conocimiento.

Son Gohan, malherido, observa con horror lo ocurrido.

– “Maldita sea…” – gruñe el mestizo.


Onisen afloja su agarre ligeramente, permitiendo al ira-aru inspirar levemente, pese a seguir inconsciente.

Todos se sorprenden ante tan inesperado gesto.

Onisen sonríe.

– “Tengo otro uso para ti.” – sentencia Raichi.

El androide chamusca la espalda de Gowas con un rayo ocular, quemando su ropa y haciéndolo sangrar.

La sangre recorre su cuerpo hasta los pies hasta gotea sobre el suelo.

Algo se mueve bajo tierra.

Las raíces del árbol brotan del suelo como serpientes encantadas y ascienden por el cuerpo de Gowas, enrollándose a su alrededor y lentamente envolviéndolo en un capullo.

Ninguna de nuestros amigos entiende lo que está ocurriendo; solo Zahha, con el peso de la derrota en su mirada.

– “Ya ha empezado…” – gruñe el espadachín. – “Así es como termina…”

Freezer lo escucha, mirándolo con recelo.

Onisen da un paso atrás, dejando que el ataúd de madera se cierre alrededor del viejo ira-aru.

Zahha se quita el casco y lo lanza contra el suelo, frustrado.

– “Es demasiado tarde…” – aprieta los dientes. – “He fracasado… ¡Otra vez!”

El espadachín toca su dedo corazón de la mano derecha, donde puede adivinarse un anillo debajo del guante.

– “Tengo que…” – dice nervioso.

Pero un destello fucsia, el rayo mortal de Freezer, hace saltar por los aires el dedo de Zahha.

– “¡AAAH!” – exclama el guerrero del futuro. 

Con horror en su mirada, Zahha se torna hacia el demonio del frío.

– “¡¿Qué…?!” – pregunta, incrédulo. – “¡¿Qué está haciendo?!”

Freezer reclama el anillo con su poder mental y éste vuela hasta su mano.

– “¡¡FREEZER!!” – grita Zahha, desesperado.

– “Uno no puede huir cada vez que las cosas se complican.” – dice el tirano. 

– “No… no lo entiende…” – gruñe el espadachín. – “¡HEMOS PERDIDO!”

Freezer cierra su mano, con el anillo en su palma.

– “Esto no se ha terminado.” – sentencia el demonio del frío.

Ub, que se encuentra ayudando a Pan, apoyada en su hombro, siente como si un latido retumbara en el corazón del planeta.

– “¿Qué…?” – se sorprende el terrícola. – “¿Qué ha sido eso?”

En ese instante, el suelo empieza a temblar.

– “¡¿Qué está pasando ahora?!” – se sorprende Marron.

Las raíces del árbol crecen de nuevo, extendiéndose en todas direcciones y ascendiendo hacia el cielo.

Las raíces recuperan el terreno perdido, rellenando los cráteres que se habían formado durante la batalla.

Nuestros amigos alzan el vuelo, intentando no ser atrapados por ellas.

Cell, Ikose y Gamma 2 protegen a los que tienen a su alrededor con barreras de ki. Dabra y Mirai Trunks cortan cada raíz que se aproxima a ellos con sus espadas. Marron usa el Kienzan. Champa sus garras. Zamas su espada de ki. Otros guerreros intentan defenderse interceptando las raíces con disparos de energía. Todos hacen lo posible para sobrevivir.

Una enorme raíz se aproxima al cuerpo de Turles… cuando un destello de luz morada la corta por la mitad, deteniendo su avance y dejando una fina y profunda zanja que recorre el planeta; Cooler.

En tan solo unos minutos, las raíces se detienen tras haber ganado terreno, continuando la terraformación del planeta oscuro y expandiéndose hacia el espacio. 

DBSNL // Capítulo 355: Tamagami

DBSNL // Capítulo 355: Tamagami

“No sois los únicos con una misión.”

En el mundo virtual que conforma la mente de Raichi, Bulma corre por la autopista semitransparente, mientras Pino se enfrenta a los enemigos que han aparecido para detener la incursión.

Pino se ve superado por la fuerza del enemigo, cuya atención está puesta en Bulma; pero antes que dejarle marchar, Pino decide disparar al suelo con su ametralladora de antebrazo, provocando su derrumbe y haciendo que los dos caigan a carriles inferiores.

En el planeta oscuro, Gowas ya está curando a Gohan. El mestizo está tumbado en el suelo con el ira-aru arrodillado a su lado, imponiendo las manos sobre él. Mirai Trunks, Reitan y Okure los rodean.

– “Un poder como el suyo no es fácil de reponer…” – refunfuña el viejo.

– “Gracias, anciano.” – dice Trunks.

Onisen ya ha superado el impacto del Taiyoken del hijo de Vegeta y busca a sus contrincantes.

Una gota de sudor recorre la frente de Reitan.

– “¿Tienes algún plan, Trunks?” – pregunta el herajín.

– “Creíamos que fragmentar su cuerpo y atacar sus núcleos era nuestra mejor opción.” – responde Trunks. – “Pero ya no sé qué pensar… Además, hemos perdido las espadas.”

Reitan mira de reojo al malherido Gohan.

– “Vas a necesitar ayuda.” – dice el herajín.

– “No quiero sonar brusco…” – responde Trunks. – “Pero este enemigo…”

– “Cállate.” – le interrumpe Reitan. – “No necesito compasión.”

– “No pretendía ofenderte.” – sonríe el mestizo saiyajín.

Reitan da un paso al frente y se transforma en Súper Herajín, imbuyéndose en su aura verde.

– “Saiyajín…” – murmura Reitan. – “Siempre tan pedantes.”

– “Je.” – sonríe Trunks.

Otro personaje entra en escena.

– “¿Es que pensáis enfrentaros a él sin mí?” – dice Turles que, magullado por completo, se acerca a sus dos compañeros de patrulla.

– “¡Turles!” – se sorprende Trunks.

El saiyajín se acerca a Gowas.

– “¡Tú! ¡Viejo!” – exclama Turles.

– “¿Eh?” – lo mira sorprendido el ira-aru.

– “¡Cúrame!” – exige.

Reitan mira extrañado a su compañero.

– “Turles…” – dice el herajín. – “No creo que…”

– “Soy más fácil de curar que el nieto de Bardock.” – dice el saiyajín. – “¡Vamos!”

Gowas, ante tan extraña petición, mira a Trunks, buscando algún tipo de respuesta.

Pero es Gohan quien agarra al ira-aru del brazo.

– “Cu… cúrele…” – dice un débil Son Gohan.

– “Pero…” – se extraña Gowas.

– “Puedo sentir… sus ansias de pelear…” – sonríe con esfuerzo el mestizo. – “Y Trunks… necesita ayuda.”

– “Ya ha oído al muchacho.” – sonríe Turles. – “¡Cúrame de una vez!”

Gowas agarra el tobillo de Turles y en un instante el saiyajín ya se siente totalmente sanado.

– “¡Eso es!” – sonríe el saiyajín. – “¿Tan difícil era?” – mira con recelo a Gowas.

– “Gracias.” – murmura Gohan, antes de soltar el brazo del ira-aru.

– “Sois todos de lo más peculiar…” – refunfuña Gowas.

Turles camina hasta colocarse al lado de Reitan y se transforma en Súper Saiyajín.

Trunks se une a ellos, colocándose entre ambos.

– “Gracias, compañeros.” – sonríe el mestizo.

Okure frunce el ceño.

– “¡Reitan!” – exclama ella.

– “Lo sé, lo sé…” – responde el herajín. – “Tendré cuidado.”

– “¡No digas tonterías!” – protesta ella, sonrojada. – “¡Haz lo que te plazca!”

– “Protege a Son Gohan y al anciano.” – responde Reitan.

– “¡No me des órdenes!” – replica ella.

– “Por favor.” – sonríe él.

– “Tsk…” – protesta Okure.

Trunks le da un codazo a Reitan.

– “La tienes en el bote.” – murmura el mestizo.

– “¡¿Es que no pensáis tomaros esto en serio?!” – gruñe Turles.

Los tres guerreros miran al frente, donde Onisen ya les ha puesto el ojo encima.

Trunks extiende su mano, reclamando la espada de Whis, que vuela hasta él.

– “¡VAMOS!” – exclama el mestizo.

Los tres guerreros se abalanzan sobre Onisen.

– “Malditos…” – gruñe el androide.

Onisen dispara su rayo ocular, pero Trunks lo repele con su espada.

El mestizo centra su atención en la espada morada de Zahha que empuñaba Gohan, que sigue clavada en el suelo, cerca del enemigo.

– “¡Necesito recuperarla!” – piensa el mestizo.


Reitan, sin detener el avance, dispara una ráfaga de ki que cae alrededor del enemigo… pero el androide, intangible, sigue impertérrito. 

Turles acelera, inyectando un extra de energía a su aura, adelantando a Trunks y Reitan.

– “¡NO TE PRECIPITES!” – exclama Trunks.

El saiyajín carga directamente contra Onisen con los pies por delante, pero lo atraviesa sin dañarlo.

– “Tsk…” – protesta el saiyajín.

Tal cual toca el suelo con los pies, Turles se impulsa de nuevo contra el enemigo con la intención de propinarle otro golpe.

Onisen encaja un puñetazo directo en la nuca sin inmutarse.

– “¿Eh?” – se queda de piedra el saiyajín.

– “No merece la pena esquivarte.” – sentencia el androide.

– “Grrrh…” – gruñe Turles.

El saiyajín, furioso, intentan contraatacar, pero Onisen se revuelve y agarra su brazo y se lo retuerce antes de propinarle un fuerte codazo que lo lanza lejos de allí.

Trunks, espada en mano, intenta cortar a Onisen atacándole por la espalda, pero éste se hace intangible de nuevo.

– “Demasiado lento, Trunks.” – se mofa el androide.

Reitan cae detrás de Onisen e intenta sorprenderle con una patada giratoria, pero el androide sigue siendo intocable.

– “Maldición…” – lamenta el herajín.

– “Saiyajín… herajín…” – murmura Onisen. – “Compartiréis tumba en este planeta.”

Pero de repente, un estallido de energía llama la atención de los tres. 

Turles se pone en pie, envuelto por una gran aura de Súper Saiyajín, con rayos de energía chasqueando a su alrededor.

– “¡¿Qué…?!” – se sorprende Reitan.

Mirai Trunks sonríe.

Turles aprieta los puños con rabia. Sus ojos se quedan en blanco.

– “¡¡YAAAAAAAAAH!!” – grita el saiyajín.

Su aura estalla, generando una violenta onda expansiva cuyos vientos sacuden la zona.

Las pupilas regresan a los ojos de Turles. Su cabello se ha erizado más.

– “Se ha transformado…” – murmura Reitan.

– “El Súper Saiyajín 2.” – confirma Trunks.

Turles levanta su mano derecha y concentra ahí su energía, materializando una esfera de ki anaranjado en la palma de su mano que parece atraer el aire a su alrededor.

El saiyajín lanza la esfera con todas sus fuerzas.

– “¡¡SUPERNOVA VENGATIVA!!” – exclama Turles.

La esfera de energía, que parece una versión reducida del ataque estrella de Cooler, viaja a toda velocidad hacia Onisen… y, por lo tanto, hacia Reitan y Trunks.

– “¡¡ESO ES PELIGROSO!!” – se asusta el herajín.

Una gran explosión sacude el planeta y lo tiñe de naranja.

Mientras tanto, en el interior de Raichi, Pino sigue enzarzado en su combate.

El Número 16 está rodeado por los tres guardianes del núcleo; tamagami.

En la Corporación Cápsula, todos sufren por Pino. 

El androide, conectado al ordenador principal, yace sentado en el suelo, inerte, como si estuviera desactivado.

– “¿Por qué no reacciona como la abuela?” – pregunta Gohan Jr. – “No se mueve…”

– “Él puede desconectar sus funciones motrices.” – responde Hedo.

Pino intenta mantener a raya al espadachín, disparándole con su ametralladora de antebrazo, pero éste se protege con su espada.

El tamagami del martillo aprovecha para abalanzarse sobre Pino por detrás, pero el androide reacciona rápidamente lanzando un cañonazo con su otro antebrazo, empujando al enemigo, aunque no parece hacerle ningún daño.

En ese instante, el tridente del tercer tamagami se clava el pecho de Pino y éste cae de espaldas al suelo.

El tamagami desciende sobre él y recupera su tridente, arrancándoselo del pecho al androide.

El insecto levanta su tridente y parece dispuesto a darle el golpe de gracia… pero las manos voladoras el androide detienen los brazos del tamagami y liberan una descarga eléctrica que lo aturde y lo desarma.

Pino se incorpora repentinamente y dispara sus dos cañones de ki contra el pecho del enemigo, lanzándolo al vacío.

El espadachín se abalanza sobre Pino, pero éste recupera sus brazos, que han recogido al vuelo el tridente, y con él detiene la espada serrada.

– “No me deis por vencido tan fácilmente.” – sonríe Pino. – “No sois los únicos con una misión.”

El tamagami del martillo salta sobre Pino, dispuesto a aplastarlo de un solo golpe.

El Número 16, sin dejar de forcejear con el espadachín, intenta detener el golpe con la mano y, pese a frenar el terrible impacto, ésta es aplastada.

– “Tsk…” – protesta Pino, frente a la inexpresiva mirada de sus enemigos.

Mientras tanto, Bulma sigue corriendo.

En el planeta oscuro, la explosión de la técnica de Turles ha creado una cúpula de fuego.

Trunks y Reitan, gracias al salto temporal del primero, aparecen sanos y salvos fuera del alcance de la explosión, detrás del saiyajín.

– “Turles…” – suspira el herajín, aliviado. – “Maldito lunático…”

– “Ha llevado su cuerpo al límite en sus últimos combates…” – piensa Trunks. – “Y eso le ha llevado al siguiente nivel.”

Turles sonríe con chulería tras desatar su nuevo poder.

Pero Onisen, sin ningún rasguño, sale caminando del domo de fuego, que lentamente se desvanece.

– “¿Es este tu límite, saiyajín?” – se mofa Onisen.

Turles aprieta los dientes, frustrado.

– “No he llegado tan lejos para perder este combate.” – gruñe el saiyajín. – “¡Reitan!” – mira de reojo a su compañero. – “¡Ya estoy a tu altura! ¿Te has dado cuenta?”

– “¿Y eso qué importa?” – se extraña el herajín.

– “¡Trunks!” – sonríe el saiyajín con prepotencia. – “¡Tú eres mi próximo objetivo!”

– “Cuando quieras.” – asiente Trunks, que comprende el fuego que arde en el interior del saiyajín olvidado.

Turles aprieta los puños, reavivando al máximo su aura.

– “Mi cuerpo…” – piensa el saiyajín. – “Puedo sentirlo… el suelo bajo mis pies… el aire contra mi piel… el frio en el ambiente y el calor de mi poder…”

La ventisca sacude a Reitan y Trunks.

– “Soy un saiyajín…” – piensa Turles. – “Las heridas de la batalla me han hecho más fuerte… La muerte me acecha… ¡Qué sensación! Un sentimiento que tenía olvidado… ¡Estoy aquí! ¡Estoy despierto! ¡ESTOY VIVO!”

Onisen mira con desdén al emocionado guerrero.

El saiyajín se prepara para atacar.

DBSNL // Capítulo 354: La mente de Raichi

DBSNL // Capítulo 354: La mente de Raichi

“Las raíces del árbol atan vuestro tiempo al mío.”

Bulma, gracias a su casco de realidad virtual, ha conectado con el interior de la mente de Raichi.

La madre de Trunks se encuentra inmersa en un mundo digital formado por una gigantesca autopista interconectada como una red neuronal semitransparente, de un color verdoso que recuerda al de las piedras shintai; todo sobre una oscuridad abismal. En el aire flotan pequeños elementos poligonales de similar textura, pero variado color; rojo, verde y azul, que se mueven por el cielo negro, desplazándose nuevamente y chocando entre ellos, dando lugar a elementos más pequeños con colores fruto del impacto; cian, magenta y amarillo.

Bulma se queda anonadada ante tan extraño pero bello escenario.

– “Así que esta… es la mente de un genio…” – murmura, asombrada.

La ropa de Bulma se ha adaptado a esta nueva dimensión; su bata blanca se ha transformado en un uniforme blanco con detalles de neón azul celeste.

En el fondo del paisaje, en el horizonte, una columna de luz verde brilla e ilumina parcialmente el lugar.

– “Creo que ese es mi objetivo.” – piensa Bulma. – “¡Aguantad, chicos!” – aprieta los puños con decisión. – “¡No me he rendido!”

La mujer echa a correr por la autopista digital.

En la Corporación Cápsula, todos asisten preocupados al viaje de Bulma; atentos a la pantalla del ordenador, que muestra lo que ella está viviendo.

– “Es increíble…” – dice Hedo, mirando el paisaje a través de los ojos de la doctora.

Bulma se agarra con fuerza a los reposabrazos de la silla.

– “Estamos contigo, abuela.” – dice Gohan, poniendo su mano sobre la de Bulma.

Mientras tanto, en el jardín, Toppo, Cheelai, Punch y Goku Jr están sentados en sillas de jardín.

– “Estar sin hacer nada… es frustrante.” – refunfuña el hijo de Hit.

– “A veces, los tiempos no dependen de uno mismo.” – dice Toppo. – “Solo cabe esperar y estar preparado.”

En el planeta oscuro, Onisen mira con superioridad a sus adversarios. Todos están cansados y heridos. Pocos logran mantenerse en pie.

– “Esta farsa ya ha durado demasiado.” – declara Raichi.

Baicha está cansado, pues ha lanzado tres Sokidan seguidas… pero viendo a los demás, el chico siente que su aportación ha sido insignificante.

– “Baicha.” – dice Vegeta, sacándolo de su trance.

– “¿Eh?” – se sorprende el muchacho.

– “Tengo que pedirte un favor.” – dice el saiyajín.

En otro lugar del bosque de raíces, Zahha, malherido, camina tambaleándose hasta apoyarse en una raíz, mirando a Onisen desde la distancia.

Freezer, de brazos cruzados, observa al espadachín del futuro con recelo.

– “Empiezo a entenderlo…” – murmura Freezer. – “El árbol se alimenta del Universo de una forma similar a lo que hacía M2…”

El árbol sigue creciendo, ahora más despacio. Algunas de sus raíces se extienden más allá de la estratosfera, buscando extenderse hacia nuevos mundos. 

– “Así es.” – dice Zahha. – “Pero con un claro objetivo.”

– “Un nuevo Universo.” – dice Freezer.

– “Eso es.” – asiente Zahha.

– “Y eso aún no ha ocurrido.” – dice el tirano. – “Tampoco en tu tiempo.”

– “No.” – responde el espadachín. – “Y si eso ocurre… será el final.” – sentencia.


Freezer esboza una media sonrisa.

– “Si en tu tiempo aún no ha ocurrido, significa que nos sobran oportunidades.” – dice el demonio del frío con chulería.

– “Eso no es cierto.” – replica Zahha.

– “¿Eh?” – se extraña Freezer.

– “Las raíces del árbol atan vuestro tiempo al mío.” – explica Zahha. – “Nuestros destinos están entrelazados. El tiempo corre para ambos.”

El tirano mira a Onisen, que sobrevuela el campo de batalla con mirada desafiante.

– “Qué molesto…” – refunfuña el tirano. – “¿Y no era más sencillo derrotarlo antes de plantar esa maldita semilla?”

Zahha agacha la cabeza, avergonzado.

– “Eso… ya lo he intentado.” – reconoce.

Mientras tanto, Bulma sigue corriendo por la autopista digital.

– “Ah… ah…” – jadea mientras avanza. – “¿Por qué es tan cansado?”

La mujer se detiene para recuperar el aliento. El destino sigue más allá del horizonte.

– “Este sitio… es inmenso…” – dice con dificultad.

Bulma se mira el antebrazo, que luce un guantelete con teclas luminosas que proyectan un teclado holográfico.

– “Pero puede que así…” – teclea rápidamente.

Una motocicleta con colores a juego con su ropa se materializa frente a ella.

– “¡Mucho mejor!” – celebra.

A los mandos de su nuevo vehículo, Bulma quema carretera.

En el planeta oscuro, Mirai Trunks sigue preocupado por Son Gohan.

– “¡Gohan!” – exclama el hijo de Bulma. – “¿Estás bien?”

– “No te preocupes por mí…” – dice Gohan.

Onisen pone su atención en ellos.

–  “Primero me desharé de ellos dos.” – murmura el androide.

Trunks suelta a Gohan y se pone delante de él, en guardia.

Onisen aterriza frente a Trunks y camina hacia él con una calma aterradora.

– “¿Qué vas a hacer?” – se burla el androide.

Trunks mira de reojo la espada de Gohan.

– “Adelante.” – sonríe Onisen, que se ha dado cuenta. – “Inténtalo.” – le provoca.

El hijo de Vegeta mira de nuevo a Onisen.

– “Me está observando con mucha atención… Y su capacidad de análisis y reacción supera con creces a la mía.” – piensa Trunks. – “Si intento hacerme con la espalda, estaré muerto antes de llegar a tocarla… Y si le atacó, se hará intangible… y es posible que vaya directo a por Gohan.”

Trunks mira fijamente a los inexpresivos ojos del enemigo.

– “No me quita los ojos de encima…” – piensa el mestizo.

Pero en ese instante, Trunks tiene una idea.

– “¡Eso es!” – piensa el mestizo.

Trunks se mueve. Onisen reacciona.

El androide se abalanza sobre Trunks mientras éste sube las manos hasta su rostro.

– “¡¡TAIYO-KEN!!” – exclama el hijo de Bulma.

El destello ilumina el planeta oscuro.

Onisen está a menos de un metro de distancia cuando es engullido por la luz, que satura sus sensores.

El androide se detiene y se tapa los ojos.

– “¡MALDITO!” – exclama Onisen.

Trunks se da la vuelta y agarra a Gohan.

El androide alarga sus tentáculos y los calva indiscriminadamente a su alrededor, intentando cazar a los mestizos en su retirada, pero gracias al salto temporal, Trunks logra desaparecer con su amigo.

En un parpadeo, Trunks y Gohan aparecen cerca de Gowas.

– “¡Cúrelo de nuevo, por favor!” – exclama el hijo de Vegeta.

Mientras tanto, en el interior de la mente de Raichi, Bulma sigue conduciendo a toda velocidad.

De repente, algo impacta contra la carretera, que se resquebraja bajo sus ruedas.

– “¡¿EH?!” – se asusta Bulma.

La doctora empieza a zigzaguear con su motocicleta para evitar los trozos que se desprenden de la carretera y caen al vacío.

– “¡AAAH!” – grita ella mientras sigue avanzando, luchando para no perder el control.

Una figura sigue a Bulma por el aire.

– “¡¿Qué quieres de mí?!” – pregunta ella, sin dejar de conducir. – “¡Solo estoy de paso!”

En la Corporación Cápsula, Hedo se pega a la pantalla.

– “¡¿Qué está pasando ahí dentro?!” – se preocupa el doctor.

– “Creo que Raichi se ha dado cuenta.” – dice Oli, desde el laboratorio de las montañas Tsumisumbri.

– “¡Programar esa motocicleta ha sido tentar a la suerte!” – refunfuña Hedo.

En la pantalla, Bulma sigue conduciendo, esquivando blasts de energía caídos del cielo y baches en la carretera.

Gohan agarra con fuerza la mano de su abuela.

Pino, enternecido por el pequeño, sonríe.

– “Doctor Hedo.” – dice el androide. – “¿Puede conectarme a la red?”

– “¿Eh?” – se sorprende Hedo.

– “¡PINO!” – exclama Oli. – “¡Eso es peligroso!”

– “Si puedo ayudar, me gustaría hacerlo.” – responde el Número 16.

Bulma sigue conduciendo a toda velocidad.

– “Maldita sea…” – refunfuña ella. – “¡No me dejan en paz!”

Cuando de repente, el suelo delante de ella estalla en mil pedazos y se derrumba.

La doctora intenta frenar y pierde el control del vehículo, deslizándose hacia el abismo, pero salvándose en el último instante, aunque perdiendo su motocicleta, que cae a las oscuras profundidades.

– “Ah… ah…” – respira agitada. – “Ha faltado muy poco…”

Al otro lado del acantilado, una criatura con aspecto de insecto humanoide bio-mecánico levanta su martillo, con el que parece haber causado el socavón, y lo carga sobre su hombro. No tiene cuello, su coraza es blanca y sus ojos rojos.

– “Creo que será mejor que retroceda…” – dice Bulma, gateando hacia atrás.

Pero la mujer se topa con algo.

Otro insecto robótico la espera de pie detrás de ella. Mucho más alto y estilizado, de extremidades largas y delgadas, empuñando un tridente.

– “Ay…” – se asusta Bulma. – “Veréis… Esto es solo un malentendido…”

Un tercer individuo aterriza al lado de Bulma. Éste es tiene un aspecto fornido como el de un guerrero y va armado con una larga espada serrada.

– “Yo en realidad…” – se excusa Bulma.

Sin escuchar a la pobre mujer, el guerrero levanta su espada, dispuesto a ejecutar su sentencia.

Pero en ese instante, alguien toca el hombro del larguirucho, que se gira extrañado para ver de quién se trata.

¡PUM! El insecto recibe un puñetazo directo por parte de Pino que lo lanza por el acantilado. 

El espadachín intenta propinar un espadazo a Pino, pero éste detiene el filo del arma entre sus manos.

– “¡¡PINO!!” – celebra Bulma, aliviada de ver a su amigo.

El androide sufre para resistir la fuerza de su contrincante.

– “¡MÁRCHATE!” – exclama Pino. – “¡Yo me encargo de ellos!”

– “Ah… ¡Sí!” – responde ella. – “¡Gracias! ¡Ten mucho cuidado!”

Bulma se pone en pie y avanza hasta el precipicio.

– “¡¿Y cómo puedo voy a hacerlo?!” – se pregunta.

De repente, un pasadizo delgado y más translúcido que los demás se presenta ante ella.

– “¿Eh?” – se extraña Bulma.

En la Corporación Cápsula, Hedo teclea desesperado.

– “¡VAMOS!” – grita el doctor. – “¡¡CRUZA YA!!”

Bulma empieza a caminar por el poco fiable pasadizo, cuando se da cuenta de que el otro enemigo la espera al otro lado.

El insecto levanta su martillo, listo para dar un golpe al pasadizo y destruirlo… cuando el brazo de Pino golpea la cabeza del martillo, haciendo que el enemigo se desequilibre y deje caer su arma hacia atrás, rompiendo el suelo bajo sus pies y haciendo caiga a una carretera inferior carretera inferior.

– “¡NO MIRES ATRÁS!” – exclama Pino.

Bulma traga saliva, llenándose de coraje, y cruza la pasarela con decisión, mientras Pino sigue enzarzado en la pelea con su contrincante.