DBSNL // Capítulo 384: Mercado negro
“¿Tienes miedo de una tormenta?”
En Erezúant, Oxyedas, Gladyola y Tarble han llegado al asentamiento de los bandidos, y lo observan desde una colina. Varios centenares de tiendas de campaña improvisadas y chabolas se extienden sobre la planicie. La mayoría de individuos son forasteros, pero algunos nativos también viven entre ellos.
– “¿Por dónde empezamos?” – pregunta Tarble.
En el centro del asentamiento, las tiendas forman una calle más ancha y concurrida que las demás, con gente detenida a cada lado, amontonándose en algunas chabolas en particular.
– “El mercado.” – señala Gladyola.
Entrando al asentamiento, Oxyedas arranca la cubierta de una tienda de compaña grande y se la pone por encima, a modo de capa con capucha, para intentar pasar un poco desapercibido.
– “Ahí vivía alguien…” – murmura Tarble, con una gota de sudor recorriendo su sien.
– “Deberíais hacer lo mismo.” – responde el minotauro. – “Un patrullero y la mano derecha del Rey no son bienvenidos en este lugar.”
– “Tiene razón.” – dice Gladyola
La guerrera se acerca a un tendedero de ropa y arranca varias telas.
Mientras tanto, en la cueva donde nuestros amigos conocieron al minotauro, Broly, Panzy, Sambuco y Hybis esperan relajados frente a una hoguera.
Torpin y Karza siguen inconscientes. El viejo está sentado, apoyado en la pared; el joven está acurrucado en el suelo.
Panzy mira al mestizo saiyajín con tristeza.
– “Estará bien.” – sonríe Broly, para animarla.
– “Es solo un muchacho.” – dice Panzy, apenada.
– “La Patrulla Galáctica encontrará un lugar para él.” – dice Sambuco. – “¿Verdad?”
– “Una prisión de máxima seguridad.” – responde Hybis. – “Ha atacado a dos agentes.”
– “Pero…” – se preocupa la Princesa.
– “Nunca tuvo elección.” – replica Broly. – “Las decisiones que tome a partir de ahora son las que marcarán su futuro.” – añade, con su mirada triste, recordando su propio pasado en Vampa.
Sambuco y Panzy se dan cuenta de que el tema parece resonar en el saiyajín.
– “Seguro que encontraremos un lugar adecuado para él.” – sonríe Broly.
Panzy asiente, aliviada.
En el espacio, la nave de Cheelai y Gohan Jr sigue su rumbo hacia el sistema de Erezúant. Ella está a los mandos, mientras Gohan Jr juega con una pequeña consola portátil.
Oxyedas, Gladyola y Tarble, todos ocultos bajo túnicas improvisadas, caminan por el mercado.
Los bandidos tienen a la venta objetos de todo tipo; armas, herramientas, animales enjaulados.
Nuestros amigos van directos a una zona que parece una chatarrería, lleno de trastos mecánicos; motores, engranajes, poleas, chasis viejos de naves.
– “¿El Rey Kadan permite esto?” – pregunta Tarble, mientras mira entre la mercancía.
– “Ya has visto lo difícil que es acceder aquí.” – responde Gladyola. – “No puede imponer su ley en este lugar.”
– “Pero ahora, la Patrulla Galáctica puede encargarse de poner orden.” – dice el saiyajín. – “Siempre que Rey Kadan solicite la…”
Tarble ha visto algo entre la chatarra.
– “¡MI NAVE!” – exclama de repente.
La nave de la Patrulla Galáctica está entre los aparatos, medio desguazada.
De repente, un alboroto se forma al final de la calle.
– “¡Yo me largo!” – grita un tipo.
– “¡Cobarde!” – replica otro.
De una chabola anexa al desguace, custodiada un por dos tipos malcarados, sale un guerrero brench de piel verde oliva y cabello alborotado naranja, con cara de pocos amigos, y se aleja. Viste un mono ajustado verde oscuro y una armadura imperial antigua verde claro con detalles naranjas, serrada por la mitad y convertida en chaleco.
– “¡MELON!” – grita alguien desde el interior de la chabola.
Un cíclope de estatura media y complexión delgada sale persiguiendo al brench. Su piel es amarillenta y su rostro estrecho. Viste una chaqueta y un pantalón holgado de color azul grisáceo con las mangas dobladas de color blanco, y botas negras. Sobre su ropa lleva un tabardo azul oscuro adornado con una fila vertical de símbolos naranjas en forma de “V”. En la cabeza lleva un casco blanco en forma de turbante del que sale una antena en la parte superior.
– “¡EL SEÑOR GOICHI TE VA A HACER PAGAR POR…!” – protesta el tipo.
Melon se revuelve de repente y confronta al cíclope, lo que pone en alerta a los dos tipos que custodiaban la entrada de la chabola. Uno de ellos parece un caballo bípedo con guantes de boxeo, y el otro parece una cucaracha.
– “Escúchame, estúpido.” – le dice el brench, apretando los dientes y acercándose mucho a la cara del cíclope. – “¿Sabes lo que era eso?” – señala el cielo en dirección al campamento ganadero.
– “¿Tienes miedo de una tormenta?” – se burla el cíclope.
– “Eso no ha sido una tormenta.” – replica Melon, a punto de perder los estribos. – “Era un combate. ¡UNO MUY POR ENCIMA DE MI SUELDO!” – le grita.
– “Demasiado bien pagado estas, cobarde.” – protesta el tipo.
– “Si la Patrulla Galáctica ha llegado a Erezúant, no tardarán en…” – dice el brench.
Melon ve por encima del hombro a Tarble, Gladyola y Oxyedas.
– “Mira, no importa…” – suaviza su actitud repentinamente, mientras da un paso atrás. – “Me marcho.”
– “¡COBÁRDE!” – le insulta una vez más el cíclope.
El brench se aleja a paso rápido, con la cabeza agachada.
El cíclope da una pataleta.
– “¡PUES VETE! ¡NO TE NECESITAMOS! ¡ESTÁS DESPEDIDO!” – le increpa dando aspavientos.
Mientras tanto, Tarble y los demás se han acercado.
– “Disculpe.” – dice el saiyajín.
– “¿Eh?” – se da la vuelta el cíclope.
– “¿Esa nave?” – Tarble señala la nave robada. – “¿Por cuánto la vende?”
– “¿Esa?” – una sonrisa se dibuja en el rostro del cíclope, que despierta su lado comerciante. – “¡Es mi última adquisición! ¡Se la puedo dejar como nueva en unas horas! ¿En qué piensa pagar? ¿Azulejos, quizás?”
Bajo la túnica improvisada de Tarble, el cíclope puede identificar el uniforme de la patrulla.
– “Aaaah…” – se asusta. – “¡¡ES LA PATRULLA GALÁCTICA!!” – grita.
La gente alrededor corre despavorida. Muchos recogen las tiendas de campaña apresuradamente y huyen con el material de sus puestos de venta.
– “Solo me interesa la nave…” – se excusa Tarble, incómodo ante el alboroto.
– “¡MATADLOS!” – grita el cíclope.
Pero cuando mira a sus guardaespaldas, solo el caballo sigue ahí, porque la cucaracha ya corretea despavorida usando todas sus patas para huir más rápido.
– “¡TRAIDOR!” – le increpa el cíclope.
El caballo boxeador adopta una pose de combate y da varios rápidos puñetazos al aire para intentar amedrentar a sus adversarios.
Tarble suspira, poco impresionado.
El saiyajín se quita la túnica de un solo movimiento mientras se transforma en Súper Saiyajín.
El estallido de ki hace que el vendedor caiga de culo al suelo.
El boxeador levanta las manos mientras retrocede lentamente, dándose por vencido.
Frente a la entrada de la cueva, Hybis practica tai chi.
En su interior, Sambuco está echándose una siesta con la boca abierta, sentado en el suelo y apoyado en la pared.
Panzy, aburrida, tira una china al fuego para provocar que salten chispas.
– “Entonces…” – dice ella. – “Tarble es como un Príncipe, ¿no?”
– “¿Eh?” – la mira Broly, ante la inesperada pregunta.
– “¿Es por eso que él tiene cola y tú no?” – pregunta, curiosa.
– “¡Qué observadora!” – se sorprende el saiyajín.
Broly suspira, con un poco de pereza por tener que explicar un asunto tan burocrático que incluso a él le cuesta comprender.
– “Pues… no exactamente…” – se rasca la mejilla con el dedo índice, mirando al techo.
Pero el saiyajín desvía la mirada un instante hacia el al aún inconsciente Karza, y una tierna media sonrisa se dibuja en su rostro al comprender que la chica es la primera vez que conoce a alguien en unas circunstancias parecidas a la suyas.
– “Antes teníamos un Rey, pero nuestro planeta desapareció. Es una historia larga. Pero solo sobrevivieron unos pocos, y los lideraba mi padre.” – explica Broly. – “Después, cuando él murió, el padre de Tarble tomó el mando.” – resume.
Ella asiente, atenta.
– “Y ahora, formamos parte de la unión de planetas bajo la jurisdicción de la Patrulla Galáctica.” – continúa el saiyajín. – “Nos ayudaron reestablecernos y a empezar de nuevo.”
– “¿Y la cola?” – pregunta Panzy, curiosa.
– “Ah, pues… cuando hay luna llena, los saiyajín nos transformamos en Ozaru,; algo así como un simio gigante.” – revela Broly.
– “¡Ooh!” – exclama ella. – “¡¿En serio?!”
Broly se cruza de brazos y asiente.
– “Pero para eso necesitamos nuestra cola.” – dice Broly. – “Cuando nos unimos a la Patrulla Galáctica como agentes, para poder asignarnos misiones sin preocuparse por problemas inesperados, nos pidieron que prescindiéramos de ella.” – revela.
– “Tiene sentido.” – cavila ella.
– “Tarble también se la quitó durante un tiempo.” – continúa Broly. – “Pero ahora, su padre tiene una edad muy avanzada, y es posible que, cuando ocurra lo peor… La sociedad saiyajín es complicada…”
De repente, el saiyajín siente la energía de su compañero.
– “¡¿Eh?!” – se sobresalta.
Sambuco entreabre un ojo.
– “¿Qué ocurre?” – pregunta Panzy, buscando a su alrededor.
– “He sentido la energía de Tarble.” – dice Broly.
– “¿Eso es malo?” – se preocupa ella.
– “Creo que no.” – sonríe Broly.
En el asentamiento, Gladyola y Tarble, de nuevo en estado base, entran en la chabola empujando al cíclope, que cae de rodillas al suelo. Oxyedas espera fuera.
– “¡No me hagan daño!” – suplica el vendedor, asustado, encogiéndose y cubriéndose la cabeza. – “¡Solo cumplo órdenes!”
Gladyola camina alrededor de la sala, repleta de estanterías llenas de aparatos electrónicos y mecánicos en dudoso estado.
– “Parece un taller.” – dice ella.
– “Esto forma parte de una operación mayor.” – dice Tarble. – “Cotejaremos los símbolos de su ropa con la base de datos para ver si hay alguna coincidencia con crímenes cometidos en otros sistemas.”
– “Trabajo yo solo…” – protesta el cíclope. – “Solo soy un humilde vendedor…”
– “Te hemos oído hablando con el mercenario.” – responde el saiyajín. – “¿Quién es ese señor Goichi? ¿Podemos hablar con él?”
– “No sé de qué me hablan…” – insiste el vendedor.
Disimuladamente, el cíclope busca algo bajo su tabardo.
Un potente chirrido ultrasónico es emitido por unos altavoces ocultos en el tejado de la chabola, sin que nuestros amigos lo noten.
El sonido llega hasta lo más profundo del Valle de los Sordos, donde algo responde al reclamo con un grito que estremecería al más poderoso de los guerreros.

