DBZ/S – SAGA BLACK REIMAGINED / Capítulo 10: El Rey Vegeta

DBZ/S – Saga Black Reimagined / Capítulo 10: El Rey Vegeta

En la Tierra, en la Atalaya de Kamisama, Dende cae al suelo de rodillas.

– “¡KAMISAMA!” – exclama Popo. – “¿Se encuentra usted bien?”

– “Es terrible…” – dice el namekiano. – “Algo horrible ha ocurrido en Namek…”

De repente, el ki de Vegeta llega hasta nuestros amigos.

– “¡ESE ES…!” – exclama Dende.

– “¡¡ES PAPÁ!!” – celebra Trunks.

– “¡¿QUÉ?! ¡¿VEGETA?!” – pregunta Bulma.

El namekiano mira al cielo.

– “Es un ki extraordinario…” – murmura Kamisama. – “¿Cuándo ha alcanzado Vegeta este nivel?”

– “¿Dónde está?” – pregunta Trunks.

– “Es… es mi hogar… el ki viene de Namek.” – revela Dende.

En un arrasado Namek, Vegeta, recién transformado, y Black se encuentran cara a cara.

– “El Rey Vegeta, ¿eh?” – fanfarronea el Dios. – “No me hagas reír…”

Vegeta sonríe con chulería.

En un parpadeo, Vegeta aparece frente a Black y le propina un puñetazo en el estómago.

– “¿EH?” – se sorprende el Dios al encajar el golpe.

El saiyajín continúa con un puñetazo en la barbilla del enemigo antes de que éste pueda reaccionar; luego otro en la nariz, y así se desata una tormenta de puñetazos que resuena en todo el desierto planeta.

En el Planeta Sagrado, todos celebran.

– “¡Así se hace, Vegeta!” – exclama Shin.

Vegeta apunta a Black a bocajarro.

– “Big Bang Attack” – sentencia el saiyajín.

Una gran explosión sacude Namek, disipando las oscuras nubes de tormenta que cubrían la zona.

En el futuro, en el puesto fronterizo, el Rey Enma está atareado; parece agobiado.

– “¿Qué ha pasado en la Tierra?” – se pregunta el juez. – “Hacía tiempo que no me daban tanto trabajo…”

Un funcionario se acerca al Rey.

– “Señor…” – dice el hombre tímidamente. – “Quieren hablar con usted…”

– “No es el momento.” – responde Enma sin mirarle. – “Tengo trabajo.”

– “Lo sé, señor… pero verá…” – insiste el funcionario.

– “¡Te he dicho que tengo…!” – protesta el juez.

El Rey Enma mira a su empleado y se da cuenta de que está acompañado; Shin, Kibito y Son Gohan han llegado al puesto fronterizo.

– “Un… un… un Kaioshin…” – queda impresionado el juez. 

El Rey Enma se pone en pie, tirando la silla en la que estaba sentado, y hace una reverencia golpeándose la cabeza contra la mesa de despacho.

– “¡¡Disculpe mis modales!!” – exclama Enma. – “¡Sea bienvenido al Puesto Fronterizo, Kaioshin del Este!”

Shin sonríe.

– “Puede estar tranquilo, Rey Enma.” – dice el Dios. – “Solo vengo a hacerle una pregunta.”

Enma se fija en Gohan.

– “¡Son Gohan!” – saluda emocionado. – “¿Cuándo has resucitado?” – se extraña al verlo sin aureola. – “No recuerdo firmar tu alta…” – dice mientras coge una gran carpeta titulada “Galaxia del Norte.”

– “No he resucitado…” – responde Gohan. – “No soy el mismo Gohan…”

– “¿Eh?” – se extraña Enma.

Shin tose para llamar la atención del juez.

– “¡OH! ¡Disculpe!” – hace otra reverencia Enma. – “¿Qué quería saber?”

– “¿Dónde se encuentra el Kaio del Norte en estos momentos?” – pregunta Shin. – “Hemos visitado su planeta, pero parece que se ha ausentado.”

– “¿El Kaio del Norte?” – repite Enma, rascándose la barbilla, pensativo. – “¡Ah! ¡Ya me acuerdo!” – exclama. – “Se está celebrando un torneo de Artes Marciales en el planeta del Gran Kaio… ¡y él tenía a varios participantes!”

– “¿Un torneo?” – dice Gohan.

En el planeta del Gran Kaio, en un precioso estadio de Artes Marciales, el público celebra el espectáculo. Sobre el ring, un guerrero de piel verde y cara de sapo, vestido con pantalón blanco y camiseta azul, se enfrenta a Mirai Gohan, transformado en Súper Saiyajín; los dos lucen un halo en sus cabezas.

Los dos guerreros chocan golpeando sus antebrazos. El público corea con más fuerza.

Tras el choque, el guerrero contrincante del mestizo se agacha mientras da una patada giratoria con la que pretende derribar a su adversario, pero Gohan da una voltereta hacia atrás, evadiendo el ataque.

– “¡Muy bien esquivado, Gohan!” – dice la voz de su padre. – “¡Así se hace!”

Son Goku observa el combate desde un lateral y anima a su hijo.

– “Son Gohan ha mejorado mucho.” – dice Piccolo, de pie a su lado.

– “Je, je” – presume Goku.

Krilín, Yamcha, Ten Shin Han y Chaoz los acompañan.

– “Es un guerrero extraordinario.” – dice Ten.

– “Nada tiene que ver con el niño asustadizo que se enfrentó a los saiyajín…” – sonríe Krilín con nostalgia.

– “Creo que ya tenemos finalista.” – suspira Yamcha.

Goku sonríe.

– “Paikuhan es un luchador formidable…” – dice el saiyajín. – “No lo subestiméis.”

El contrincante de Gohan le persigue sin cesar. Gohan logra distanciarse del enemigo y se dispone a preparar un Kamehameha, pero antes de que pueda concentrar la energía en sus manos ya vuelve a tener a Paikhuan encima, así que debe evadirlo de nuevo.

El adversario es extremadamente rápido y no deja descansar al mestizo.

– “¡Me he enfrentado a tu padre muchas veces!” – fanfarronea el guerrero. – “¡Conozco los puntos débiles de vuestras técnicas!”

Gohan, lejos de rendirse, deja de huir y detiene un puñetazo de Paikhuan con su brazo derecho.

– “Tsk” – murmura el contrincante.

Paikhuan insiste en sus ataques y desata una tormenta de patadas y puñetazos sobre Gohan, pero el mestizo detiene todos los golpes con un solo brazo.

– “¡¿EH?!” – se frustra el adversario. – “¡¿Cómo es posible?! ¡¿Cómo puede tener tanta destreza?!”

El mestizo esboza una media sonrisa burlona. 

Una luz azul ilumina el rostro de Paikuhan, sorprendiéndole.

Gohan ha preparado un Kamehameha en su mano izquierda mientras se defendía con la derecha.

– “Kamehame…” – murmura el mestizo.

Paikuhan se asusta. Goku y Piccolo sonríen orgullosos. Los otros guerreros Z se quedan asombrados.

– “¡¡HAAAAAAA!!” – dispara Gohan a bocajarro.

El ataque engulle al guerrero verde e ilumina todo el estadio.

Paikhuan sale repelido del terreno de combate y se estrella contra la pared, fuera del tatami. 

– “SON GOHAN, PARTICIPANTE DE LA GALAXIA DEL NORTE, ¡¡ES EL VENCEDOR!!” – anuncia el comentarista. 

El público estalla en júbilo y corea su nombre.

– “Je, je…” – ríe el mestizo.

Paikuhan, magullado, intenta ponerse en pie, y se topa con Gohan, que le ofrece la mano con una sonrisa. Los dos sonríen. Paikuhan acepta la ayuda. El público celebra de nuevo.

El Gran Kaio, un anciano de barba estrafalaria, sonríe complacido desde su trono. Sentados a su lado, los cuatro Kaios.

– “Tu galaxia no deja de impresionarme, Kaio del Norte…” – dice el Dios.

– “Gracias, Gran Kaio.” – responde Kaiosama. – “Son Goku y sus amigos son unos luchadores extraordinarios…”

– “Poco has tenido tú que ver en eso…” – refunfuña el Kaio del Sur.

De repente, Shin, Kibito y Son Gohan llegan al estadio. Aparecen frente a los Kaios.

Los cuatro Kaios cardinales parecen confusos al ver a esos extraños frente a ellos.

– “¡¡ESE ES…!!” – exclama el Gran Kaio.

El Dios se pone en pie y hace una reverencia.

– “Kaioshin del Este…” – saluda.

Los cuatro Kaios se quedan petrificados.

– “Ha dicho… ha dicho…” – tartamudea el Kaio del Oeste.

– “K… Kaioshin del Este…” – dice Kaiosama.

Los cuatro Kaios se arrodillan y se inclinan hacia delante para saludar al Dios.

– “Un Kaioshin…” – piensa el Kaio del Norte, impresionado. – “Jamás había estado frente a uno…”

El Gra Kaio baja de su trono.

– “¿En qué puedo ayudarle, Kaioshin?” – pregunta el Dios. – “¿Eh?” – murmura al ver al mestizo. – “Ya veo…”

Los Kaios alzan la mirada al escuchar a su superior.

– “¿Qué?” – se sorprende Kaiosama. – “¿Gohan?”

Goku y los demás observan desde el tatami, inquietos.

– “¿Qué ocurre?” – se pregunta Goku. – “¿Oyes algo, Piccolo?”

– “¿Ha… ha dicho…?” – tartamudea el namekiano.

Piccolo sale volando hacia el palco. Los demás lo siguen.

Shin y el Gran Kaio están hablando de lo sucedido, cuando Piccolo y compañía se acercan.

Son Gohan mira al cielo y ve a su viejo maestro.

– “Piccolo…” – murmura con lágrimas en los ojos.

Mirai Gohan se acerca volando al namekiano.

– “Piccolo, ¿qué ocurre?” – le pregunta.

Pero pronto se da cuenta. Los dos Gohan cruzan sus miradas y se quedan observándose en silencio.

En el presente, en Namek, un gran cráter ha trasformado la superficie del planeta y ha despejado sus cielos.

Vegeta observa el lugar del impacto con desdén.

Entre la polvareda alzada, Black se levanta con la parte superior de su gi rota.

– “Maldición…” – gruñe el Dios. – “¿De dónde has sacado tanto poder en tan poco tiempo…”

Vegeta desciende hasta colocarse sobre el Dios, que lo mira con odio.

El saiyajín le apunta de nuevo con su mano.

Black se asusta. Vegeta dispara.

– “Big Bang Attack” – sentencia de nuevo.

Una nueva explosión sacude Namek.

En otro futuro, Trunks y los Kaioshin han aparecido en el planeta de Kaiosama. No parece que haya nadie.

– “¿Dónde estamos?” – pregunta Trunks.

– “En el planeta del Kaio del Norte” – revela Shin.

– “El Kaio del Norte…” – repite Trunks.

– “No parece que haya nadie…” – dice Kibito.

Una voz sorprende a nuestros amigos. Proviene del interior de la casa.

– “¡BUFFF!” – resopla. – “¡Gracias por la comida, Kaiosama! ¡Creo que es usted el único que sabe cocinar en el Más Allá!”

– “Mira que eres glotón…” – replica otra. 

El rostro de Trunks se ilumina.

– “Son… ¡Son Goku!” – exclama el mestizo.

Las voces continúan.

– “No podía seguir entrenando sin comer algo…” – se justifica el saiyajín.

– “Sigues teniendo hambre a pesar de estar muerto…” – dice Kaiosama. – “Eres un caso a parte…”

Los dos personajes salen de la vivienda y se topan con los Kaioshin y Trunks.

– “¿Eh?” – se sorprende Goku. – “¿Quiénes…? ¡Trunks! ¿Quiénes son esos tipos? ¿Amigos tuyos?”

Kaiosama se acerca a los recién llegados y mira a Kibito.

– “Buenos días…” – dice el Kaio del Norte. – “¿Hace mucho que espera? Porque yo le veo cara de manzana…”

Kaiosama se da la vuelta y se ríe.

Una gota de sudor recorre la frente de todos los presentes, que sienten vergüenza ajena.

Kibito tose para llamar la atención de Kaiosama.

– “Veo que el sentido del humor no es su fuerte…” – protesta el Kaio del Norte. – “¿Qué desean?”

– “Un poco de seriedad…” – responde Kibito, malcarado. – “Está usted frente al Kaioshin del Este.”

Un escalofrío recorre la espalda de Kaiosama.

– “El… el Kaioshin… del Este…” – titubea el Dios.

Kaiosama hace una gran reverencia.

– “Discúlpeme, señor…” – suplica Kaiosama. – “Debí suponer que era alguien importante… Tiene usted la presencia de un Dios…”

– “Yo no…” – dice Kibito.

– “¿Eh?” – se extraña el Kaio, que mira al pequeño acompañante.

– “Hola” – saluda Shin, risueño.

Son Goku no termina de comprender lo que ocurre.

En el presente, se disipa la polvareda que ha alzado el segundo Big Bang Attack. 

Black se levanta de nuevo entre los escombros.

– “No lo entiendes…” – dice el Dios caído. – “No lo comprendes…” – añade, cada vez más frustrado y enfadado. – “¡¿ES QUE LA MENTE HUMANA NO ES CAPAZ DE ASIMILARLO?!” – grita. – “¡¡SOY UN DIOS!! ¡¡NO ESTÁS A MI NIVEL!!”

Vegeta desciende hasta colocarse frente al enemigo.

– “Hablas mucho…” – dice el saiyajín.

Con un “uppercup” levanta a Black del suelo y con una patada giratoria lo lanza a varios metros de distancia.

El enemigo se levanta magullado. Le sangra el labio.

Black se pone en pie una vez más.

– “Grrr…” – protesta el Dios.

Cuando levanta su mirada ve que Vegeta tiene los brazos extendidos hacia los lados.

– “¿Eh?” – se sorprende el Dios.

El saiyajín está acumulando una gran cantidad de energía a una velocidad de vértigo.

Pero de repente, frente a él tiene a Bulma, malherida.

– “V… Vegeta…” – dice la mujer. – “Por favor… por favor… mi amor…”

El saiyajín parece dudar, pero enseguida junta las manos frente a él, apuntando a su esposa.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende Bulma.

Vegeta frunce el ceño.

– “¿Crees que me detendré por eso?” – dice el saiyajín. – “¡¡QUE TE ATREVAS A USAR A BULMA SOLO ME ENFURECE MÁS!!”

El Dios da un paso atrás.

– “¡¡DESAPARECE!!” – exclama Vegeta. – “¡¡SÚPER FINAL FLASH!!” – dispara.

El ataque de Vegeta es proyectado hacia el enemigo a toda velocidad. Black no reacciona. La luz se cierne sobre él.

– “Je… jeje…” – ríe el enemigo. – “¡¡JAJAJAJAJA!!” – estalla en una carcajada.

El Final Flash de Vegeta alcanza al Hakaishin y lo engulle en su resplandor.

DBSNL // Capítulo 198: Hombre de negocios

DBSNL // Capítulo 198: Hombre de negocios

“¿Morirás por unas monedas, viejo?”

En el espacio profundo, en una nave imperial modificada, Kamakiri, Tarble, Kale y los piratas de Spade viajan.

– “Gracias por llevarnos” – dice Kale.

– “Seréis útiles.” – responde el Doctor.

– “¿Útiles?” – se pregunta Tarble.

En Dorakiya, Reitan, Trunks y Shula negocian con Shamo ante la presencia de su guardaespaldas, Lemin.

– “¡¿CIEN MIL AZULEJOS?!” – exclama Trunks. – “No tenemos eso…”

– “Pues no hay nave.” – responde Shamo.

– “Enano aprovechado…” – murmura Reitan.

Shamo se fija en el herajín.

– “Me gusta tu espada…” – dice el vendedor. – “Es de colmillo de ozaru, ¿verdad?” 

– “¡¿Colmillo de ozaru?!” – se sorprende Trunks, que no se había percatado.

– “Fue un regalo.” – dice Reitan. – “No está en venta.”

Shamo mira de reojo a Trunks.

– “La tuya es de acero katchin…” – sonríe el comerciante.

– “Ni lo sueñes.” – responde el mestizo.

Shamo suspira antes de mirar a Shula.

– “¿Y tu brazo?” – pregunta con su desagradable voz.

– “Vete al infierno.” – responde el ira-aru.

Shamo se encoge de hombros.

– “Pues aquí terminan nuestros negocios…” – dice el vendedor. – “Buenos días.” – los despide.

– “El universo está en peligro…” – protesta Trunks. – “¿Y te interesa ganar unos azulejos?”

Lemin camina hasta Trunks y se pone frente a él, amenazante.

La tensión se palpa en el ambiente.

– “Necesitamos esa nave.” – dice Reitan.

– “Ya os he dicho el precio.” – replica Shamo.

El herajín, harto, salta por encima de Trunks y Lemin y desenfunda su arma.

– “¡REITAN!” – exclama Trunks, intentando detener a su compañero.

El herajín cae frente a Shamo e intenta propinarle un espadazo, pero el golpe es interceptado por el antebrazo de Lemin, que se ha movido como un rayo. Un sonido metálico retumba en la tienda.

Trunks no duda y desenfunda su arma, colocándola a escasos centímetros del cuello del guardaespaldas.

Shula apunta con su brazo metálico a Shamo.

Todos se miran con desconfianza.

– “¡Reitan!” – exclama Trunks. – “¡No es necesario!”

– “No me gustan sus modales…” – protesta el herajín.

– “Hmmm…” – gruñe Lemin.

– “No estamos aquí para pelear.” – dice Trunks. – “¡Nuestro enemigo es común!”

– “Mis azulejos…” – sonríe Shamo.

– “¿Morirás por unas monedas, viejo?” – pregunta Reitan con desprecio.

La voz profunda de Lemin llama la atención de todos.

– “Vosotros sois los que moriréis.” – amenaza el misterioso guardaespaldas.

Shamo sonríe.

– “Tranquilo, Lemin.” – dice el vendedor. – “Solo estamos negociando…”

– “¿Negociando?” – pregunta Trunks.

Shamo asiente, risueño.

– “Soy un hombre de negocios…” – dice el viejo.

En el Makai, Trunks, Goten y Vegeta se ocultan en una cueva. Una nueva horda de demonios avanza ente las oscuras tierras del mundo maldito.

– “¿A dónde van ahora?” – pregunta Goten.

– “Parece que tienen claro su destino…” – dice Trunks.

– “Sigámosles.”- dice Vegeta, que con cara de dolor empieza a caminar.

– “Papá…” – sufre su hijo.

– “Deberías descansar, Vegeta.” – dice Goten.

– “No tenemos tiempo.” – replica el saiyajín.

En la nave de la Patrulla Galáctica, Pino pilota.

– “Ya he puesto rumbo a la siguiente esfera.” – anuncia el robot. – “No tardaremos mucho.”

– “Genial” – sonríe el mestizo, de pie junto a él.

En el dormitorio, Baicha descansa. Mai le tapa con una manta y sale de la habitación.

Ten Shin Han y Krilín están fuera, sentados en un banco.

– “Ha sido un día duro…” – dice la mujer. – “Las visiones lo han dejado agotado…”

– “Lo han sido también para mí…” – suspira Ten. – “El chico es fuerte.”

– “Pero no han afectado a Gohan…” – murmura Krilín.

– “Es mucho más fuerte que nosotros” – dice Ten Shin Han.

– “Sí, claro…” – sonríe Krilín. – “Pero no estoy seguro de que sea eso…” – piensa.

En la Capital del Imperio, Freezer está en su balcón cuando Shisami le interrumpe.

– “Tenemos noticias de Freezer 142.” – anuncia el akaburu.

El tirano sigue mirando al infinito.

– “Adelante.” – dice Freezer.

– “Se ha comunicado con nosotros el soldado Daigen.” – informa Shisami. – “Dice que el planeta vuelve a estar bajo control.”

– “¿Él ha repelido el ataque?” – sonríe Freezer. – “Puede que debamos ascenderle…”

– “No, señor.” – responde el akaburu. – “Al parecer ha tenido ayuda…”

– “¿Ayuda?” – pregunta el tirano.

– “Según cuenta ha recibido el apoyo de tres extraños… y asegura que uno de ellos era… era un saiyajín.” – explica el soldado.

Freezer sonríe.

– “Qué interesante…” – murmura el tirano. – “¿Qué estarán haciendo ellos tan lejos de la Tierra?”

En el planeta de Zeno, Moro espera aburrido en su trono. Shiras de pie a su lado, firme. Cerca de allí, Piccolo Daimaoh levita con los brazos y piernas cruzados, meditando.

De repente, Moro percibe una sensación que le hace reaccionar. 

– “¿Mm?” – dice el brujo.

– “¿Sucede algo, señor?” – pregunta Shiras.

– “Parece que hemos perdido a un demonio…” – responde Moro.

Shiras frunce el ceño.

– “¿Cómo ha podido ocurrir?” – pregunta el ex patrullero.

– “Compruébalo tú mismo.” – dice Moro, señalando hacia el cielo apuntando con su decrépito dedo índice en una dirección concreta.

Shiras mira con su ojo de ángel hacia el horizonte.

– “¿Quién ha sido?” – pregunta el ángel.

Piccolo esboza una misteriosa media sonrisa.

DBZ/S – SAGA BLACK REIMAGINED / Capítulo 9: Un guerrero de leyenda

DBZ/S – Saga Black Reimagined / Capítulo 9: Un guerrero de leyenda

En Namek, el planeta está en llamas. Terremotos sacuden el planeta, torres de lava brotan del suelo, el mar bravo ruge y una tormenta eléctrica cubre el cielo.

El Dios caído, en su forma original, aterriza sobre una colina de roca candente.

– “Permitiros las esferas fue un error.” – sentencia Black.

En la Tierra, Trunks y Bu han llegado a la Atalaya de Kamisama. Sus amigos les reciben con los brazos abiertos.

– “¡Trunks!” – lo abraza su madre.

Videl se acerca a Bu.

– “Señor Bu…” – dice Videl, apenada al ver que no está junto a su padre.

Gyuma se acerca a los guerreros.

– “¿Y el Maestro?” – pregunta el padre de Chichi, preocupado.

– “Aquí” – dice Bu, señalándose la panza.

– “¿Eh?” – se extrañan todos.

En el futuro, en la Atalaya, Gohan y los Kaioshin se han puesto al día.

– “Así que Majin Bu despertó…” – murmura Shin, asustado. – “Y lo derrotasteis…”

– “No fue nada fácil, pero lo logramos.” – dice Gohan.

– “¿Tú empuñaste la Espada Z?” – se sorprende Kibito. – “¿Un mortal?”

– “El Kaioshin de hace quince generaciones atrapado en ella me otorgó este poder…” – dice Gohan.

– “Pero las líneas temporales…” – se preocupa Shin. – “Ese podría ser el desencadenante…”

– “Preguntémosle al anciano.” – sugiere Gohan, con una pícara media sonrisa.

En el otro futuro, los Kaioshin hablan con Bulma y Trunks.

– “Bulma…” – dice Shin. – “Todo esto lo provocó tu máquina… No se puede jugar con la integridad del espacio-tiempo…”

– “¿Yo?” – se asusta la madre de Trunks.

– “Mi madre solo quería ayudar.” – la excusa el mestizo.

– “No lo dudo, Trunks.” – dice Shin. – “Pero eso no cambia el resultado.”

Trunks agacha la cabeza, mirando al suelo, con rabia.

– “Él es uno de los vuestros…” – protesta el mestizo. – “Lo vi con mis propios ojos…”

– “Un Kaioshin…” – murmura el Dios del Este. – “Eso no me lo esperaba…” – frunce el ceño.

De repente, el Dios esboza una media sonrisa.

– “Tengo una idea.” – dice el Dios. – “Creo que ha llegado el momento de usar la Espada Z.”

– “¡¿LA ESPADA LEGENDARIA DEL PLANETA SAGRADO?!” – se sorprende Kibito.

– “¿Eh?” – el mestizo no comprende nada.

– “Trunks ha demostrado tener un poder excepcional…” – dice Shin. – “Es, sin duda, mucho más fuerte que tú y que yo…”

– “Pero…” – duda Kibito. – “Él es un mortal…”

En el presente, en el planeta de los Kaioshin, Son Goku descansa en el suelo, vestido con su gi habitual que le ha fabricado Kibito. El mono azul de Vegeta también ha sido restaurado.

– “No está preparado…” – murmura el anciano, preocupado.

– “El primero en transformarse en Súper Saiyajín, pero incapaz de controlar el ozaru…” – fanfarronea Vegeta. – “Es que eres raro para todo, Kakarotto…” – sonríe.

– “¿Qué haremos ahora?” – pregunta Shin.

– “Yo derrotaré al Dios.” – dice Vegeta.

El anciano interviene.

– “No seas imprudente, Vegeta.” – dice el viejo Kaioshin, nervioso. – “¡No lo subestimes! ¡No subestimes el poder de ese monstruo!”

– “Kakarotto no dominará este poder a tiempo.” – replica Vegeta. – “Puede que jamás lo haga.”

Los Dioses se miran entre ellos con dudas.

– “Son Gohan ha muerto. Trunks es fuerte, pero por ahora, esto le supera.” – dice el saiyajín. – “Solo puedo encargarme yo.”

De repente, una terrible sensación inunda el lugar. Vegeta es el único que no se da cuenta.

– “¡¿EH?!” – se sorprenden los Dioses. 

– “¿Qué ocurre?” – pregunta el saiyajín.

– “Es terrible…” – dice Shin.

Los tres Dioses miran en a un mismo punto lejano en el cielo.

– “¡¿Me lo vais a decir o tengo que adivinarlo?!” – se impacienta Vegeta.

– “Namek…” – dice Kibito.

– “Ha sido…” – continúa Shin. – “…ha sido arrasado.”

– “¡¿QUÉ?!” – exclama Vegeta, sorprendido.

– “Ha sido él… no hay duda…” – dice el anciano. – “Ha castigado a los namekianos por usar las esferas sin cuidado…”

El anciano aprieta los puños, impotente.

– “¡Os lo advertí!” – exclama el viejo, enfadado. – “¡Os dije que usar las Dragon Balls de esa forma traería consecuencias!”

– “Venerable antepasado…” – se sorprende Shin ante la actitud derrotista del Dios.

– “Ahora ya es demasiado tarde…” – se resigna el viejo. – “Estamos perdidos…”

Shin aprieta los dientes con rabia.

– “¡ME VOY A NAMEK!” – exclama el Dios, de repente.

– “¿EH?” – se sorprenden todos.

– “¡Como único Kaioshin, esto ha sido culpa mía!” – dice el Dios del Este. – “¡Debo asumir las consecuencias!”

– “¡NO DIGAS IDIOTECES!” – exclama el anciano. – “¡NO PUEDES…!”

Shin extiende la mano a Vegeta. El anciano se queda sin palabras.

– “¡Te necesito, Vegeta!” – dice el Dios.

– “Te han crecido agallas…” – sonríe el saiyajín.

– “¡NO SEÁIS IMPRUDENTES!” – grita el viejo. – “¡ESTO ES UNA LOCURA!”

Vegeta parece que va a estrechar la mano de Shin, pero en el último instante se la aparta de un revés.

– “La muerte del último Kaioshin no pesará en mi conciencia.” – dice el saiyajín.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende Shin.

El anciano suspira aliviado.

– “Vaya…” – dice el Kaioshin de hace quince generaciones. – “¿Quién iba a pensar que el sensato sería Vegeta…”

– “¡Kibito!” – dice Vegeta. – “¿Puedes llevarme?”

Los Dioses se sorprenden.

Kibito frunce el ceño.

– “Porque yo soy prescindible, ¿no?” – dice el ayudante de Shin.

Vegeta sonríe, fanfarrón.

– “Exacto.” – responde el saiyajín.

– “¡VEGETA!” – exclama Shin.

El ayudante del Kaioshin sonríe.

– “Está bien.” – dice Kibito. – “Te llevaré a Namek.”

– “¡¿CÓMO DICES?!” – protesta Shin.

Kibito, sin perder su sonrisa, mira al Dios.

– “Proteger al Kaioshin del Este es mi misión.” – dice Kibito. – “Y también lo es cumplir sus deseos.”

– “Pero… yo no quiero que vayas…” – dice Shin.

– “Usted quiere proteger Namek y yo debo protegerle a usted” – dice su compañero. – “Llevando a Vegeta hasta allí cumplo ambos objetivos.”

– “Kibito…” – se preocupa Shin.

El ayudante del Kaioshin pone la mano en el hombro de Vegeta.

– “¿Estás seguro de que puedes lograrlo?” – pregunta Kibito.

– “Si seguimos de cháchara se va a escapar” – protesta Vegeta. – “Vámonos ya.”

– “¡VEGETA! ¡KIBITO!” – les recrimina el anciano. – “¡DETENEOS!”

Kibito alza su mano para despedirse y así los dos desaparecen.

– “Idiotas…” – gruñe el Ro Kaioshin. – “¡Son unos idiotas!”

En el futuro, Gohan, vestido con la ropa de los Kaioshin, sopla desesperadamente sus manos rojas.

– “No lo entiendo…” – dice el mestizo. – “¡¿Por qué no puedo sacar la espada?!”

La Espada Z está incrustada en su lugar, en la cima de una montaña del Planeta Sagrado.

– “¡La arranqué sin problemas cuando era mucho más débil!” – dice un incrédulo Gohan.

– “Quizá… quizá solo pueda arrancarse una vez…” – dice Shin.

– “O quizá ya no te considere digno…” – protesta Kibito. – “La espada ha recapacitado.”

– “Digno…” – repite Gohan. – “¡Puede ser eso!”

– “¿Qué?” – dicen los Dioses, confusos.

Gohan se cruza de brazos.

– “Yo no pertenezco a esta línea temporal.” – dice el mestizo. – “Así que esta espada no está destinada a mí…”

– “¿Tú crees?” – dice Shin, asombrado por las rápidas deducciones del mestizo. – “¿Y a quién está destinada?”

Gohan recapacita un instante y de repente tiene una idea.

– “¡AH!” – exclama el mestizo. – “¡¡PODRÍA SER…!!”

En el otro futuro, Trunks, vestido como los Dioses, intenta arrancar la Espada Z, transformado en Súper Saiyajín, pero no lo consigue.

– “Maldición…” – protesta el mestizo. – “No hay manera…”

– “Pensé que funcionaría…” – dice Shin.

– “Ya decía yo que un mortal jamás podrá arrancar la Espada Sagrada.” – le recuerda Kibito.

Trunks se sienta en el suelo, enfurruñado.

– “¿Y qué hacemos ahora?” – protesta el mestizo.

El Dios del Este se cruza de brazos, cavilando.

– “Eso nos deja sin alternativas…” – murmura el Dios. – “Con espada o sin ella, Trunks sigue siendo nuestra mejor baza…”

– “No dudo de sus habilidades…” – dice Kibito, poco convencido. – “Pero un humano…”

– “A lo mejor deberíamos pedir consejo a guerreros más expertos.” – sonríe Shin. – “Alguien que pueda ayudarle a alcanzar su máximo potencial.”

– “¿Guerreros expertos?” – repite Trunks, un poco desconcertado.

En el presente, en Namek, Vegeta y Kibito llegan al planeta. El lugar ha sido arrasado por Black.

– “Qué visión tan terrible…” – murmura Kibito, acongojado.

Una voz les sobresalta.

– “Un Kaioshin…” – dice Black con la voz de Goku.

Vegeta y Kibito se dan la vuelta para encontrarse con la versión oscura de su compañero.

– “No…” – rectifica Black. – “No eres un Dios… solo uno de sus peleles.” – se burla.

Kibito aprieta los dientes, enfadado pero asustado.

– “Miserable…” – protesta el ayudante de Kaioshin.

– “Será mejor que te vayas, Kibito.” – le interrumpe Vegeta.

– “¿Eh?” – sale de su trance Kibito. – “Sí, de acuerdo…” – recapacita. 

Black alza su mano y apunta a nuestro amigo.

– “No tan rápido” – sonríe el enemigo.

Black dispara, pero el ataque sale repelido hacia el horizonte, donde cae para estallar y hacer que todo el planeta se estremezca. Vegeta se ha interpuesto en la trayectoria y ha repelido el ataque con el canto de su mano, transformado en Súper Saiyajín 2.

– “Los Kaioshin tienen trabajo.” – dice Vegeta. – “No pueden perder el tiempo con gente como tú. Ya deberías saberlo.”

Kibito desaparece con la teletransportación kai-kai.

Black aprieta los dientes, frustrado, pero pronto sonríe de nuevo.

– “Parece que te han contado mi historia…” – dice el Goku oscuro.

– “Un Dios con ansias de destrucción…” – responde Vegeta.

Black niega con la cabeza. El comentario de Vegeta le ha hecho gracia.

– “Tsk…” – niega el Dios con desprecio, sin perder la sonrisa. – “Primero me encargaré de ti… Espero que los Kaioshin presten atención, porque pronto llegará su turno.” – dice mirando al cielo.

En el Planeta Sagrado, el viejo Dios, Shin y el recién llegado Kibito siente como la mirada aterradora de Black se clava en sus almas a través de la esfera del anciano. Una gota de sudor frío recorre la sien del Ro Kaioshin.

Vegeta sonríe.

– “Esta vez será distinto” – dice el saiyajín, que menea su cola.

– “¿Eh?” – se fija Black en el nuevo apéndice del guerrero.

El saiyajín aprieta sus puños con fuerza y aprieta los dientes.

– “Grrrr…” – gruñe Vegeta. – “¡GRRRR…!” – cada vez más fuerte.

El aura de Súper Saiyajín se torna esférica y cada vez más luminosa.

En la mente del Príncipe, la visión de la luna llena.

– “¡¡GRRRRAAAAAAAAHHH!!!” – grita a pleno pulmón.

El grito desgarrador se convierte en el rugido del ozaru.

La energía contenida en la esfera de luz estalla, sacudiendo Namek. Black tiene que cerrar ligeramente los ojos para no quedar cegado.

Tras el estallido, el planeta vuelve a la calma y Black puede ver al guerrero que tiene enfrente.

El cabello de Vegeta es parecido al del Súper Saiyajín 3, pero cubre parcialmente sus hombros. Sus ojos son verdes y están rodeados por ojeras del mismo color rojo que los ojos del ozaru. Sus colmillos han crecido ligeramente. La ropa del saiyajín sigue intacta.

Black observa con atención a su enemigo, con rostro inexpresivo.

Vegeta sonríe.

En el planeta de los Kaioshin, los Kibito y Shin celebran.

– “¡LO HA LOGRADO!” – exclama Shin. – “¡LA TRANSFORMACIÓN HA SIDO UN ÉXITO!”

El anciano sufre.

Black sonríe a modo de mofa.

– “¿Esto es todo?” – fanfarronea el Dios, que alza su mano apuntando al saiyajín. – “¡No me impresionas!”

Black dispara un poderoso ataque de ki morado que impacta en Vegeta y provoca una gran explosión.

Las celebraciones cesan en el Planeta Sagrado.

Cuando la humareda se disipa, revela que Vegeta no se ha movido y ha encajado el impacto directo. La parte superior de su uniforme se ha desintegrado, revelando el pelaje amarillo que cubre su cuerpo, pero él no ha sufrido ningún daño.

Black parece sorprendido por la resistencia de su adversario.

Shin y Kibito celebran de nuevo. 

Vegeta no ha perdido su media sonrisa fanfarrona.

– “Este es tu final, Dios de pacotilla…” – dice el saiyajín, que se apunta a sí mismo con el pulgar. – “…porque vas a enfrentarte al máximo exponente de la raza saiyajín… ¡El verdadero Súper Saiyajín de la leyenda! ¡El Rey Vegeta!”