DBSNL // Capítulo 368: Ichigo Ichie

DBSNL // Capítulo 368: Ichigo Ichie

“No podrías estar más equivocado.”

En el planeta oscuro, Freezer observa desde la distancia. Vegeta y Onisen están a punto de empezar su combate.

En la Tierra, todos miran al suelo, intentando percibir algún ki que les dé una pista de lo que sucede en ese recóndito lugar, pero sin suerte. 

– “Papá…” – sufre Bra.

– “Vegeta…” – murmura Piccolo. – “Espero que sepas lo que haces…”

Vegeta parece confiado. El saiyajín sonríe.

– “¿Has perdido la razón, Vegeta?” – se burla Raichi. – “¿Aún no te has dado cuenta de que vuestro destino está sellado?”

El saiyajín se envuelve en el aura magenta del Ikigai.

– “Hmm…” – lo observa Raichi.

Vegeta carga contra Onisen.

El androide se torna intangible, dejando pasar a Vegeta de largo. El saiyajín detiene su avance con un estallido de su aura y retrocede dando una coz a Onisen por la espalda, pero éste sigue siendo intangible.

– “¿Crees que vas a sorprenderme con un truco tan simple?” – pregunta Raichi, sin ni tan solo mirar al saiyajín. – “¿Qué treta te queda por intentar?”

Vegeta aprieta los dientes. El saiyajín retrocede y lanza múltiples ráfagas de energía, alternando con cada mano. Algunos de los orbes de energía lanzados atraviesan a Onisen y otros solo pasan cerca de él.

– “Hmm…” – el androide analiza la táctica de su contrincante.

De repente, Vegeta se teletransporta con el Shunkanido a uno de los ataques cercanos a Onisen e intenta sorprenderle con una patada… pero fracasa de nuevo. El golpe atraviesa al androide sin dañarlo.

– “Patético.” – murmura Onisen.

Freezer deja de prestar atención al combate y observa su nuevo juguete; el anillo Toki de Zahha, ahora en su mano.

Onisen, por primera vez en este asalto, mira a Vegeta, que instintivamente retrocede.

– “Vaya, vaya…” – sonríe Raichi, prepotente. – “¿Tan asustado estás, Vegeta?”

Mientras tanto, en lo más profundo de la mente artificial del científico tsufur. En lo alto de la torre que preside el espacio digital, Bulma sigue tecleando.

– “Si reescribo esta parte… y elimino esta otra…” – piensa ella, desesperada. – “Puede que…”

Pero el ordenador corrige el código de Bulma más rápido de lo que ella puede escribirlo.

– “¡¡MALDITA SEA!!” – golpea el teclado.

Cerca de allí, Hit sigue luchando. El asesino es rodeado por los tamagami, que han curado completamente sus heridas. 

Kabuto, Koorogi y Ka se abalanzan sobre Hit y ahora, luchando más coordinados, abruman progresivamente al asesino.

En el laboratorio de la Corporación Cápsula, Punch, frente al monitor, sufre por su padre.

Hedo mira de reojo la pantalla, mientras trabaja en reparar al dañado Gamma 2. Con un destornillador, abre el abdomen del robot.

Gamma 2 observa a Punch y a Gohan Jr. Al lado de ellos, Pino, inerte, sigue conectado a la computadora.

Hedo deja el destornillador y coge unos alicates. Cuando va a seguir con la reparación, Gamma 2 le agarra el brazo.

– “¿Eh?” – se sorprende Hedo.

Hit detiene la espada de Ka entre sus manos, cuando éste se parta lo suficiente para que el tridente de Koorogi sorprenda a Hit y se clave en su muslo.

– “¡AH!” – grita el asesino.

Kabuto aparece detrás de Hit y aprovecha para golpearle por la espalda con su gigantesco martillo.

El impacto lanza al asesino contra el suelo.

Malherido, Hit intenta levantarse, pero el dolor lo frena.

Kabuto camina hasta él y levanta su martillo para rematarlo, mientras Hit se da la vuelta.

– “Maldita sea…” – refunfuña Hit, resignado a recibir el golpe, cubriéndose el rostro.

El martillo cae sobre Hit. Un impacto metálico retumba en el lugar.

– “¿Eh?” – abre los ojos el asesino.

Un renqueante Número 16 se ha colocado sobre Hit y ha recibido el golpe.

El cuerpo del androide se resquebraja.

– “¿Quién eres tú…?” – se extraña Hit.

En ese instante, Gamma 2 se abalanza sobre Kabuto con los pies por delante, lanzando al androide a través del páramo digital.

Hedo se sienta frente al ordenador, con lágrimas en los ojos.

Hit se levanta.

– “Agradezco la ayuda.” – dice Hit.

Pino se incorpora. Su cuerpo se está reparando rápidamente, pieza a pieza.

– “¿Cómo has hecho eso…?” – se sorprende Hit.

– “Supongo que desde el exterior se pueden programar recambios.” – sonríe tiernamente el Número 16. – “Solo soy un robot.”

– “Ser una máquina tiene sus ventajas.” – presume Gamma 2. – “Nuestra mente no entiende el sufrimiento físico, así que no puede recrearlo en este mundo.”

– “Aquí no somos más que un personaje de videojuego.” – añade el Número 16. – “Como ellos.”

Ko y Koorogi se abalanzan sobre nuestros amigos.

– “Ahí vienen” – advierte Hit.

– “¿Puedes seguir peleando?” – pregunta el Número 16.

– “Por supuesto.” – sonríe Hit.

– “Genial.” – responde Gamma 2. – “Tu hijo te está mirando. Haz que esté orgulloso.”

Hit se queda perplejo durante un instante.

– “¿Mi hijo…?” – murmura el asesino.

Dibujado por Ipocrito

Bulma lo intenta de nuevo, pero con el mismo fútil resultado.

De nuevo, golpea el teclado con rabia.

– “Así no lograremos nada…” – piensa ella, frustrada. – “Necesito entretenerlo… tiene que haber una forma de ralentizarlo… de hacerlo menos productivo…”

Bulma tiene una idea.

– “¡HEDO!” – grita la mujer. – “¡¿ME OYES?!”

En el planeta oscuro, Vegeta ataca de nuevo.

Apuntando con sus dedos índice y corazón, el saiyajín hace estallar el suelo alrededor de Onisen, levantando una gran nube de polvo.

Vegeta se adentra en la nube de polvo, pero Onisen ha desaparecido.

– “Tsk…” – protesta el saiyajín.

Onisen brota del suelo detrás de Vegeta.

El saiyajín se revuelve, pero Onisen le agarra la cara y lo estrella contra el suelo, disipando la polvareda con la onda expansiva del impacto.

– “Voy a hacerte comprender el abismo que nos separa.” – sonríe Raichi.

Vegeta intenta aprovechar la ocasión para contraatacar. Apunta rápidamente al rostro del enemigo con su mano derecha y dispara un poderoso ataque de energía… pero Onisen ha reaccionado más rápido que él y el ataque pasa de largo a través del androide.

Onisen se eleva unos metros y cae sobre Vegeta con los pies por delante, sobre su abdomen, incrustando al saiyajín contra el pavimento.

– “¡AAAAH!” – grita Vegeta, que pierde su transformación.

En el interior de Raichi, Bulma sigue peleándose con el programa, cuando de repente oye el eco del grito de Vegeta.

– “Tsk…” – se esfuerza ella, sin dejar de trabajar pese a que el grito de su marido se clava en su pecho como un puñal.

Onisen levanta a Vegeta agarrándolo del pelo y le propina un puñetazo en la cara.

Vegeta da tres pasos atrás, pero se mantiene en pie, lo que Raichi se toma como un desafío. 

El androide lo golpea de nuevo.

Vegeta retrocede una vez más, pero resiste de pie.

Onisen no desiste. Otro golpe. Vegeta sangra por la nariz y la boca, pero no cae.

Raichi sonríe.

– “Saiyajín…” – murmura el androide. – “Realmente sois una raza dura de roer… ¿es tu orgullo lo que te mantiene en pie?”

Vegeta se limpia la sangre con el antebrazo.

– “Jeje…” – ríe el saiyajín.

Raichi analiza detenidamente el rostro de Vegeta. La mueca del saiyajín revela un sentimiento distinto. No es resiliencia. Su rostro ha perdido la dureza de antaño y deja entrever una sonrisa que revela una extraña sinceridad.

El tsufur se sorprende.

– “No puede ser…” – dice en tono de burla. – “¿Es eso… esperanza?”

Onisen se cruza de brazos.

– “¿Tú, Vegeta?” – se mofa el androide.

Vegeta escupe un salivajo ensangrentado al suelo, sin perder su actitud.

– “Es inútil.” – dice Raichi. – “El nuevo mundo es un hecho. Acéptalo.” – añade con desdén. – “Este no es un combate que puedas ganar con fuerza bruta y esfuerzo. Esa realidad ha llegado a su fin.” – insiste. – “Tienes ante ti a la mente más brillante del Universo.” – sentencia.

– “¿Eso crees?” – pregunta Vegeta, con retintín.

Vegeta aprieta los puños y se envuelve en su aura incolora.

– “¡YAAAAH!” – el saiyajín carga de nuevo contra su enemigo.

Vegeta intenta golpear a Onisen, pero lo atraviesa.

El saiyajín no se rinde. De nuevo, intenta golpear a su enemigo. Una patada. Un puñetazo. Todo es inútil.

– “Tus intentos son patéticos, saiyajín.” – murmura Raichi. – “La semilla del futuro ha sido plantada. El árbol ha nacido. El nuevo mundo es un hecho.” – le recuerda. – “Nada de lo que hagas puede cambiar el destino de…”

Como un flash, la imagen de unos ojos blancos redondos en la oscuridad se cuela en la mente de Raichi.

En ese instante, Vegeta conecta un puñetazo directo contra la mejilla de Onisen.

El androide retrocede un paso.

Vegeta esboza una media sonrisa chulesca. Es orgullo; orgullo en alguien más.

Confuso, Onisen se frota la mejilla.

– “¿Qué…?” – se sorprende el androide. – “¿Cómo…?”

En el laboratorio de la Capital del Oeste, Gohan Jr ha conectado un teléfono móvil al ordenador de Bulma.

Bulma deja de teclear. En la gran pantalla de la torre, un vídeo del gato Tama jugando con una pelota se reproduce en una ventana, rodeado de cientos de vídeos similares de otros animales de la Corporación Cápsula.

– “Jeje…” – sonríe Bulma.

– “¡¿Qué es esto?!” – se pregunta Raichi. 

– “Mis padres se pasaban el día grabando a los animales del santuario…” – dice Bulma.

En el exterior de la torre, los tamagamis empiezan a moverse más despacio.

– “¡Algo está pasando!” – advierte Gamma 2, que estaba peleando contra Koorogi.

– “¿Lo ha logrado?” – se pregunta Hit, luchando contra Ka.

Un vídeo del Dr. Brief sentado en su mesa de trabajo, jugando con Tama, que se contonea sobre sus hombros, se abre en pantalla sobre todos los demás.

– “Estoy trabajando…” – protesta Brief, cuya voz deja entrever que en realidad está encantado con los cariños de su mascota.

– “Solo quiere que le hagas caso.” – dice su esposa, que está grabando el vídeo.

– “¿Es eso cierto?” – dice Brief, agarrando al felino y poniéndolo sobre su regazo para acariciarlo.

El gato bosteza tiernamente.

Bulma sonríe. Un breve instante de paz.

Pero los vídeos empiezan a cerrarse.

– “No tan rápido…” – protesta Bulma, que teclea de nuevo. – “¡No he terminado!”

Vídeos de animales haciendo monerías alrededor del mundo empiezan a aparecer en pantalla a un ritmo cada vez más alto, abrumando a Raichi.

– “Eso es…” – sonríe Bulma, trabajando a toda velocidad. – “Esto nos dará algo de tiempo… ¡Tenemos una oportunidad!” – exclama. – “¡Está en tus manos, Vegeta!”

En el planeta oscuro, el tsufur aprieta los dientes, furioso.

Vegeta mantiene su sonrisa.

– “Maldición…” – gruñe Raichi. – “¿Cómo es posible…?”

– “Antes has dicho que eras la mente más brillante del Universo…” – le recuerda el saiyajín. – “¡No me hagas reír!” – grita. – “No podrías estar más equivocado.” – aprieta los puños.

Vegeta se imbuye del aura magenta del Ikigai.

– “Ese honor recae en un mortal.” – continúa Vegeta. – “Una terrícola.”

– “¿EH?” – se sorprende un boquiabierto Raichi, que se ha dado cuenta de que ha cometido un error al subestimar a su enemigo.

Un rayo de energía rojo chasquea alrededor del puño del saiyajín.

El poder de Vegeta estalla, su cabello se tiñe de nuevo con el Ikigai.

– “¡¡MI BULMAAAAAA!!” – grita el saiyajín.

El planeta tiembla.

El aura de Vegeta genera una llama tal que baña el planeta de luz magenta.

Onisen es empujado por el poder de Vegeta y retrocede unos metros, deslizándose sobre el terreno.

El androide mira al saiyajín, sorprendido por el poder que ha revelado.

El aura de Vegeta es tan densa alrededor del cuerpo de Vegeta que el corazón de la llama adquiere tonos morados. Rayos de ki rojos chasquean a su alrededor.

Raichi se cubre ante la ventisca que genera el poder de su adversario.

– “¿Qué poder es este?” – murmura Onisen.

– “Mi propósito es más claro que nunca.” – revela Vegeta. – “El futuro cambiará aquí y ahora.”

Dibujado por Ipocrito

ESPECIAL DBSNL /// El Campeón // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte VI: Mr. Satán

El Campeón // Parte VI: Mr. Satán

“Voy a hacerte daño, Mark.”

El antiguo estadio del Torneo Mundial de Artes Marciales ha sido preparado para la gran noche. Gradas metálicas han sido colocadas rodeando el cuadrilátero por tres lados. Los focos iluminan el ring. Las cámaras de televisión captan lo que sucede en las abarrotadas gradas mientras varios periodistas cubren el evento en la hierba que rodea el tatami. Dos cañones de luz móviles iluminan el cielo. Es fiesta en Isla Papaya.

La gente grita en las gradas. La mayoría anima al héroe local, Pamputt, aunque hay unas pocas pancartas dedicadas a Dynamite Mark entre la multitud.

Entre bastidores, Pamputt, vestido con un batín rojo sobre su pantalón verde, se toma un refresco sentado en un sillón, mientras Prati le masajea los hombros.

– “¿Estás listo, Campeón?” – pregunta el agente.

– “¿Tienes la reserva hecha?” – responde Pamputt.

– “Delicious Saikan. Cincuenta personas.” – dice Prati.

– “Me refiero a la otra.” – insiste el luchador.

– “Sí, ya he hablado con el Señor Cash.” – responde el agente, un poco molesto. – “Las chicas le estarán esperando en la suite del Hotel Pawpaw. Se marcharán hacia allí en autobús después de su presentación.”

– “Fantástico.” – sonríe Pamputt.

El luchador se levanta y da unos saltitos de calentamiento mientras abre y cierra los brazos.

Mientras tanto, Mark se mira al espejo. Viste un gi formado por un pantalón blanco y una chaqueta marrón, con un cinturón blanco y botas negras cordadas.

Mark se ha afeitado, pero se ha dejado un enorme bigote.

– “Así es más intimidante…” – piensa él. – “Muy masculino…”

Pizza le entrega una capa blanca de cuello alto. Mark la abre y se la coloca sobre los hombros con un único movimiento antes de anudársela alrededor del cuello.

– “Je.” – se mira de nuevo al espejo, con los brazos en jarra.

– “¡BIEEEEN!” – aplauden Pizza y Videl, fans incondicionales.

Mark sonríe con chulería.

German observa la escena, poco convencido.

– “¿No es… demasiado?” – pregunta el agente.

– “Es mi nueva persona.” – responde Mark. – “Sé lo que hago.” – le guiña un ojo.

– “Toda la gente conoce a Dynamite Mark…” – duda German. – “Aún estás a tiempo de…”

Pizza empuja a German fuera del camerino.

– “Deja de darle vueltas y ve a comunicárselo al presentador.” – dice ella. – “¡Espabila!”

Sobre tatami, cuatro grandes focos iluminan el centro de la pista, donde el presentador del Torneo Mundial de Artes Marciales hace acto de presencia. Vestido como un pincel, con su tupé rubio y con gafas de sol pese a ser de noche.

– “¡¿ESTÁN TODOS LISTOS PARA ESTA GRAN VELADA?!” – pregunta al público.

La grada enloquece.

El presentador observa las gradas llenas de gente. Durante un instante parece revivir su época de gloria que tanto ha echado de menos durante estos años sin grandes encuentros.

– “¡¿ESTÁN TODOS LISTOS?!” – insiste.

La grada grita de nuevo.

– “¡DEMOS PASO AL ANFITRIÓN!” – anuncia. – “¡DISPUESTO A DISFRUTAR DE OTRA NOCHE DE GLORIA! ¡UN HIJO DE ISLA PAPAYA! ¡LA ESTRELLA DE CINE! ¡EL GRAN PAMPUTT!”

Pamputt camina por el pequeño camino de piedra que lleva hasta el tatami, acompañado por Prati y una docena de mujeres vestidas en traje de baño a que bailotean a su alrededor.

El público corea su nombre. Pamputt está más pendiente de las chicas.

Desde el backstage, Mark espía lo que está sucediendo.

– “Vaya presentación…” – murmura Mark, un poco intimidado por el espectáculo.

– “Jeje…” – ríe Pizza.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Mark.

Pizza saca un vestido de una bolsa de deporte.

Pamputt sube al ring y se quita el batín rojo, que entrega a su agente.

El luchador alardea de su velocidad, dando una combinación de puñetazos al aire.

La gente parece asombrada ante el aperitivo que les está regalando el luchador.

El presentador lo observa de reojo, poco impresionado.

Tras un suspiro, el presentador se lleva el micro a la boca.

– “¡¡Y AHORA, UN ESPERADO REGRESO!!” – anuncia. – “¡¡VUELVE AL RING!! ¡¡PARA TODOS USTEDES!! ¡¡DYNAMITE…!!”

German se ha subido solo al ring, lo que ha interrumpido al presentador, que lo mira sin saber qué está ocurriendo.

Pamputt sonríe.

– “¿Va a retirarse?” – se mofa el luchador.

German susurra algo al oído del presentador, que parece confundido.

– “¿Seguro?” – pregunta el maestro de ceremonias.

El agente de Mark asiente mientras abandona el ring, no sin antes hacer una reverencia al público a modo de disculpa.

El presentador carraspea.

– “Bien… Ha habido un pequeño cambio de última hora…” – anuncia. – “¡¡SEÑORAS Y SEÑORES!!” – exclama. – “¡¡ME PIDEN QUE LES PRESENTE A NUESTRO SEGUNDO LUCHADOR CON UNA PRIMICIA!! ¡¡RECIBAMOS TODOS A…!!” – mira de reojo a German, para confirmarlo.

Germán asiente.

– ¡¡MISTER SATÁN!! – exclama.

El público parece confuso ante un nombre que desconocen.

Pizza desfila hacia el ring embutida un vestido rojo entallado y escotado, decorados con unas pequeñas alitas de diablesa, guantes largos rosados, pantimedias amarillas y botas negras altas. La mujer lleva un gran cartel con el nombre Míster Satán.

El público se queda embobado ante la belleza de la muchacha.

Mr. Satán sale detrás de ella.

– “¡¡GRAAAAAH!!” – grita alzando los puños.

El pública tarda un segundo el reaccionar, pero parecen convencidos por el show.

Pizza corretea de un lado al otro del pasillo, levantando el cartel, que recibe una oleada de gritos cada vez que lo presenta.

Mark se sube al escenario, acompañado por la muchacha.

Desde el área de hierba que rodea el ring, German y Videl observan. La pequeña está nerviosa.

Pamputt parece molesto por el recibimiento de su contrincante.

– “¿Míster Satán?” – refunfuña el luchador. – “¿Qué broma es esta?”

Mark se quita la capa con un vistoso gesto y se la entrega a Pizza.

– “Sabes que no estoy de acuerdo con este pequeño espectáculo, ¿no?” – dice Mark en voz baja.

– “Se me da bien encandilar a la gente.” – le guiña el ojo.

Pizza y Prati se retiran del ring.

Pamputt y Mark son reclamados en el centro del ring por el presentador.

El presentador aparta el micrófono.

– “Para honrar este lugar, lucharemos con las normas del Torneo Mundial de Artes Marciales.” – les dice. – “Caer fura del ring, es motivo de descalificación. El combate también terminará si uno de los dos se rinde, o si queda inconsciente. Lo mismo ocurre si, tras ser derribado, el luchador no puede levantarse antes de que termine mi cuenta de 10 segundos.” – les recuerda. – “¿Lo tienen claro, caballeros?”

Los dos asienten, mirándose a los ojos fijamente.

Mark y Pamputt se separan de nuevo a una distancia prudencial para poder empezar el combate.

El presentador toma la palabra ante el público.

– “¡¡QUÉ EMPIECE EL COMBATE!!” – exclama.

– “¡¡ÁNIMO PAPÁ!!” – grita Videl.

Los dos luchadores adoptan poses de combate.

En el palco VIP, entre varias celebridades locales, Fulov Cash observa el enfrentamiento, fumándose un puro, acompañado de su bella esposa, Ranfan.

Pamputt empieza a avanzar hacia su contrincante dando pequeños saltos, pero Mr. Satán espera impasible.

– “¿No piensas atacarme?” – se pregunta Pamputt. – “Menudo cobarde…” – se impacienta.

Satán parece concentrado y eso desquicia a Pamputt.

– “¡¡PAMPUTT BUSCA TENER LA INICIATIVA!!” – exclama el presentador.

El boxeador avanza mientras hace dos movimientos evasivos hacia derecha e izquierda e intenta sorprender a Mark con una rápida combinación de golpes que chocan contra su guardia.

– “¡¡IMPRESIONATE COMBINACIÓN DE PUÑETAZOS!!” – dice el presentador. – “¡¡PAMPUTT QUIERE GANAR ESTE COMBATE LO ANTES POSIBLE!!”

Mark se ha cubierto la cara con ambos brazos.

– “Qué defensa tan burda…” – piensa Pamputt.

El boxeador insiste con sus golpes. Algunos impactan en la guardia de Mark y otros en su costado.

– “¡¡DYNAM…!! ¡¡MISTER SATÁN PARECE MUY PASIVO!!” – exclama el presentador. – “¿TENDRÁ ALGÚN PLAN ENTRE MANOS?!”

Pamputt castiga al Mark, que retrocede lentamente ante la ofensiva del boxeador.

– “Ya sabía que esto sería fácil…” – piensa Pamputt. – “Estaba claro que…”

Pero de repente, un puñetazo de Mark se cuela entre los brazos de Pamputt y le golpea la nariz.

El boxeador no esperaba un contraataque tan potente. Pamputt retrocede varios pasos hacia atrás.

– “¿Cómo…?” – se pregunta el luchador de Isla Papaya.

El presentador hace enloquecer a la grada.

– “¡¡IMPRESIONANTE CONTRAATAQUE DE MISTER SATÁN!!” – exclama. – “¡¡DE UN SOLO GOLPE HA HECHO TAMBALEARSE AL GRAN PAMPUTT!!”

– “Míster Satán…” – refunfuña Pamputt. – “Otra vez ese ridículo nombre…”

Mark parece muy sereno. De nuevo se pone en pose de combate.

Pamputt choca sus puños varias veces, furioso, con su nariz sangrando.

– “Voy a destrozarte…” – gruñe el boxeador.


De nuevo, Pamputt carga contra Mark. Una nueva combinación de puñetazos que chocan contra la guardia de nuestro amigo.

Los movimientos de Pamputt son cada vez más lentos y cansados.

De repente, un codazo ascendente de Satán golpea la barbilla del boxeador y lo hace retroceder. 

Pero esta vez, Mark lo sigue con una fuerte patada frontal en el pecho de Pamputt, que logra cubrirse con ambos brazos en el último momento, pero cae de culo al suelo.

– “¡¡UN NUEVO CONTRAATAQUE DE SATÁN!!” – narra el presentador.

– “Cabrón…” – gruñe Pamputt, en el suelo.

– “¡¡UNO!! ¡¡DOS!!” – cuenta el presentador.

– “¡CÁLLATE!” – protesta Pamputt. – “¡¿No ves que me estoy levantando?!”

– “Sí, bueno…” – se excusa el presentador. – “Qué maleducado.” – piensa.

Mark sonríe. Pizza y Videl también.

– “Lo tenemos donde queríamos…” – murmura Pizza, que ya ha regresado con Videl y German.

Los gritos en la grada a favor de Pamputt pierden fuerza.

Mark se da cuenta. Un murmullo de confusión se ha establecido en la grada.

Míster Satán abandona su pose de lucha para cruzarse de brazos.

– “¡¡CREÍAS QUE IBAS A PODER DERROTARME FÁCILMENTE…!!” – exclama Mark, proyectando su voz como si fuera una obra de teatro. – “¡¿VERDAD?!”

Pamputt parece confundido ante la actuación de Mark.

– “¿Qué demonios haces…?” – se pregunta el boxeador.

Mark señala a Pamputt.

– “¡¡PERO TIENES ANTE TI AL HOMBRE MÁS FUERTE DEL MUNDO!!” – exclama. – “¡¡MÍSTER SATÁN!!” – se señala a él mismo con el pulgar.

Videl ha imitado sus poses mientras su padre hablaba, pues las habían ensayado juntos durante días.

La gente se queda en silencio. Algunos no saben cómo reaccionar… pero poco a poco, un grito tímido se oye entre la multitud.

– “¡SATÁN! ¡SATÁN!” – corea un pequeño grupo.

Suena el teléfono de Prati. Un mensaje: Detén el combate.

Fulov está regresando a su asiento. Se acomoda.

Prati no sabe qué hacer. Intenta pensar una excusa cuando ve que el vendaje en la mano derecha de su luchador está deshecho.

– “¡¡UN MOMENTO!!” – exclama Prati. – “¡¡TIEMPO MUERTO!!”

– “¿Eh?” – se sorprenden todos.

– “Pero, ¿qué haces…?” – pregunta Pamputt.

– “Disculpe…” – dice el presentador. – “Pero no se puede detener el combate…”

– “Mi luchador necesita ajustarse el vendaje.” – dice Prati.

– “¿Qué tontería es esa…?” – se extraña el propio Pamputt.

– “Si… veamos… si su contrincante se engancha con el vendaje y… y se rompe un dedo… ¡ESO! ¡Si su contrincante se rompe un dedo por el vendaje de Pamputt, lo acusarán de usar un objeto externo como arma! Y eso es motivo de descalificación, ¿no?”

– “¿Eh?” – se miran Mark, Pamputt y el presentador.

– “Técnicamente…” – piensa el presentador. – “Podría ser… pero…”

– “¡Pues necesitamos cinco minutos para hacerlo de nuevo!” – insiste Prati.

– “Bueno…” – piensa de nuevo el presentador, un poco contrariado. – “No sé si… ¿Qué opina su contrincante?”

Mark parece descolocado, pero al final acaba accediendo.

– “Me parece bien… Son solo cinco minutos…” – responde Satán.

El presentador anuncia lo ocurrido.

– “¡¡SEÑORAS Y SEÑORES!!” – exclama. – “¡¡EL COMBATE VA A DETENERSE CINCO MINUTOS PARA QUE PAMPUTT SOLUCIONE UN PEQUEÑO PROBLEMA DE VESTUARIO!!”

Murmullo y confusión en la grada.

– “¡¡DISCULPEN LAS MOLESTIAS!!” – insiste el presentador. – “¡¡CINCO MINUTOS!!”

Mark y Pamputt bajan del tatami.

Pamputt, furioso, se acerca a Prati.

– “¡¿Qué demonios estás haciendo?!” – refunfuña el boxeador. – “¡Me estás haciendo quedar mal!”

– “Tranquilo, Pamputt…” – responde Prati. – “No quiero que… que te descalifiquen por una tontería…”

Los dos regresan al backstage.

Mark también, donde es recibido por German, Videl y Pizza.

– “¡MUY BIEN, PAPÁ!” – celebra Videl.

– “¡Ya es tuyo!” – le dice Pizza.

– “Fantástico, Mark.” – sonríe German. – “Parece que lo teníais todo bajo control.”

– “¿Qué creías?” – le dice Pizza, haciéndose la ofendida.

– “Jajaja” – ríe Videl.

Mark se acerca a su bolsa de deporte y la abre para sacar su botella de agua. Hay una nota sobre ella: Contesta.

Su teléfono móvil empieza vibrar en silencio. Mark lo saca de la bolsa. Número oculto.

El luchador se pone serio de repente.

– “Chicos…” – dice Mark. – “¿Podéis salir un momento?”

– “¿Eh?” – se extrañan todos.

– “Necesito concentrarme un minuto… a solas.” – insiste él.


Un poco extrañados, acceden.

– “Está bien.” – dice German. – “Dejemos al Don Diablo a solas.”

– “¡MÍSTER SATÁN!” – lo corrigen las chicas.

– “Eso, eso…” – responde el agente.

Mark se queda a solas y responde al teléfono.

– “¡Hola, Mark!” – saluda Cash. – “¡Excelente combate! ¡Está siendo todo un espectáculo!”

– “¿Qué quiere?” – responde Mark, tajante.

– “Voy a ir directo al grano.” – responde Cash. – “He apostado mucho dinero por tu rival.”

– “Creo que va a perderlo.” – responde Mark.

– “Había venido a disfrutar de como ese supuesto campeón te partía la cara…” – continúa Cash. – “Pero ha resultado ser todo fechada… ¿qué se le va a hacer…?”

Fulov Cash habla desde el palco.

– “¿Ha llamado para llorar?” – se impacienta Mark.

– “No quiero perder mi dinero.” – responde Cash. – “Así que te propongo un trato…”

– “Adiós, señor Cash.” – responde tajante Mark.

– “Voy a hacerte daño, Mark.” – dice Cash, con un susurro amenazante, tapándose la boca para que no lo oiga nadie a su alrededor. – “Puede que vaya a por tu hijita… o puede que me encargue de esa zorrita que te llevaste de mi club… pero te prometo que te haré daño.”

Mark se queda helado.

– “¿Qué…? ¿Qué quieres?” – pregunta Mark.

– “Quiero que pierdas este combate.” – responde Cash.

– “¿Y ya está?” – pregunta Mark.

– “No” – sonríe Cash. – “Quiero que ese mindundi te de una paliza. No quiero que te rindas. Si finges caer fuera del ring o te quedas en el suelo hasta que acabe el conteo, no hay trato.” – su sonrisa se torna más macabra. – “Quiero verte sangrar. Quiero verte sufrir. Quiero verte humillado. ¿Lo has entendido?”


Ranfan, sentada a su lado, lo observa con desprecio.

Sobre el tatami, el presentador anuncia que se reanuda el combate.

Pamputt y Satán están listos. Adoptan poses de lucha.

– “¡¡QUE CONTINÚE EL ESPECTÁCULO!!” – exclama el presentador.

Pamputt toma la iniciativa, pero parece más cauteloso que en la ronda anterior.

– “Sé que espera que me canse…” – piensa el boxeador. – “Así que tengo que dar menos golpes y más certeros… Sigo siendo más rápido que él…”

Pamputt ataca, el primer golpe choca contra la guardia de Mark, apartándosela y conecta el segundo directo contra su cara.

El estadio ruge.

Pamputt retrocede, un poco sorprendido con la facilidad con la que ha funcionado su táctica, y eso le anima a seguir atacando.

Mismo plan. El primer y segundo golpe van a la guardia, apartándosela, y el tercero y cuarto conectan.

Satán empieza a recibir un duro castigo por parte de su contrincante.

German, Videl y Pizza se preocupan por Mark.

– “¿Qué ha pasado?” – dice Videl, agarrando a Pizza del vestido. – “¿Por qué pierde papá?”

– “No lo sé…” – se sorprende ella. – “¿Qué ocurre, Mark?” – se pregunta.

Fulov Cash se pone en pie, celebrando.

– “¡¡ESO ES!!” – grita el empresario. – “¡¡DALE MÁS FUERTE!!”

Ranfan sigue mirándolo, descontenta. Y mirando a Mark con cierta preocupación.

Mark recibe una dura paliza.

El luchador es derribado. Su vista borrosa.

– “¡UNO!” – cuenta el presentador. – “¡DOS! ¡TRES!”

Pero Mark se levanta. Su cara está ensangrentada. Su nariz rota. Su ceja derecha cortada.

– “¿No has tenido suficiente?” – sonríe Pamputt.

El boxeador propina otra combinación de golpes que noquea a Mark.

– “¡UNO!” – cuenta de nuevo el presentador.

Cuando Mark se levanta, Pamputt lo empuja, llevándolo al borde del ring.

– “Se acabó.” – advierte el boxeador.


Pero cuando Pamputt presiona a Mark, éste reacciona y se pone firme, evitando que el rival lo mueva.

– “¿Eh?” – se sorprende el boxeador ante una fuerza inesperada.

Mark empuja a Pamputt violentamente y lo hace retroceder.

Mark se aparta del límite del ring y baja de nuevo los brazos. Pasivo.

Pamputt lo mira extrañado. Algo no le cuadra.

– “¿Aún le queda tanta fuerza?” – piensa el boxeador. – “¿Y por qué no pelea? ¿Es que se siente intimidado?”


Pamputt recuerda el teatrillo que hizo Mark antes de que detuvieran el combate.

– “Ni en broma…” – deduce. – “Este tipo no puede sentirse intimidado… Pero no es mi problema. Está en juego mi reputación.” – piensa. – “¡Voy a acabar con el combate ahora mismo!”

Pamputt ataca de nuevo. Dos golpes en la cara, uno en el abdomen, y un upper-cut para rematar.

Mark besa la lona. En el suelo, intenta levantarse una vez más.

– “¡UNO!” – empiezan a contar. – “¡DOS!”

Videl sale corriendo hacia el ring.

– “¡ESPERA, VIDEL!” – exclama Pizza.

– “¡PAPÁ!” – grita ella. – “¡PAPÁ! ¡LEVÁNTATE!”

Mark, con la vista borrosa, mira a su hija, pero pronto aparta la mirada, avergonzado.

– “¡¡JAJAJA!!” – ríe Cash. – “¡¡ESTÁS ACABADO, CABRÓN!!”

Pizza corre hasta Videl y la abraza por detrás.

– “¡PAPÁ!” – insiste ella. – “¡PAPÁ!”

– “¡TRES! ¡CUATRO! ¡PODRÍA SER EL FINAL DEL COMBATE!” – continúa el presentador. – “¡CINCO!”

Mark recuerda estar en el hospital tras el ataque a la Capital del Este. 

Videl y German, ella durmiendo acurrucada en una silla de hospital, tapada con la americana de German, mientras él está sentado en el suelo.

Mark se queda tumbado en el suelo. Videl sigue llamándole.

Al salir del hospital, German lleva a Mark a su casa en coche.

– “Videl está en clase. Tu vecina la traerá a casa.” – dice el agente. – “Mark… Aún no se lo he dicho.” – dice German. – “Pensé que debías ser tú.”

– “Gracias.” – responde Mark, sin ánimo alguno.

Mark mira de nuevo a Videl. Su rostro le recuerda a la noche en la que le comunicó la muerte de su madre.

– “Me prometí que jamás sufrirías por mí…” – piensa Mark. – “Dejé la lucha… Por ti…”

– “¡SEIS! ¡SIETE ¡OCHO!” – continúa la cuenta.

Pamputt da la espalda a Mark y camina hacia el borde del tatami, donde ya celebra su agente.

Mark recuerda el entrenamiento con Pizza, Videl y German. El duro trabajo que han hecho juntos y lo bien que se lo han pasado. Las dos contando sus flexiones. German superado por las ideas de Pizza. La muchacha trayéndole bebidas isotónicas y haciéndole un masaje. Videl practicando poses de superhéroe con él frente al espejo.

– “¡OCHO!” – exclama el presentador. 

De repente, Mark se levanta.

La cara de Videl se ilumina.

Mark sonríe y levanta los puños al cielo.

– “¡¡GRAAAAAH!!” – ruge Satán. – “¡JAJAJAJA!” – ríe a plena carcajada.

El público se queda en silencio, confuso.

– “¡¿CREÍAS QUE YA HABÍAS GANADO?!” – le dice a Pamputt, apuntándole con el dedo. – “¡¡PUES SOLO ESTABA FINGIENDO!! ¡JAJAJA!!”

Satán mira de reojo a su hija, ahora risueña.

Murmullo en las gradas.

– “¿Estaba fingiendo?” – se pregunta uno.

– “¿Se ha dejado dar una paliza… para hacerlo más interesante?” – se pregunta otro.

– “¡Ha sido todo parte del show!” – exclama un tercero, emocionado.

– “¡Este tipo es increíble!” – celebra otro.

– “¡Y decían que este combate sería aburrido!” – exclama otro.

– “¡JAJAJA!” – ríe alguien.

Mr. Satán se limpia la sangre de la cara con el antebrazo.

– “¡¡SOY EL HOMBRE MÁS FUERTE DEL MUNDO!!” – grita haciéndose el forzudo como si fuera Hércules. – “¡JAJAJA!”

Un clamor en la grada se hace cada vez más fuerte.

– “¡SATÁN! ¡SATÁN! ¡SATÁN!” – gritan el estadio al unísono.

Videl observa emocionada a su padre, iluminado por los focos, con los dos brazos en alto con el símbolo de la victoria, como si fuera un superhéroe.

Fulov Cash se pone nervioso.

– “Pero ¡¿qué hace…?!” – refunfuña. – “¿Es que ese bastardo no me toma en serio…?”

Pamputt regresa al centro del ring.

– “¿Así que estabas fingiendo?” – refunfuña el boxeador. – “Quieres dejarme en ridículo, ¿eh? Te vas a enterar…”

Tras propinar la paliza a Satán, el boxeador está cansado. Su respiración profunda. Su cuerpo entero se mueve con cada aliento.

Satán se pone en guardia.

Pamputt ataca.

Satán está listo. Cuando el boxeador da el primer paso, Mark lo intercepta.

– “¡¡SATAN PUNCH!!” – exclama al golpear a Pamputt en la boca del estómago.

Pamputt se queda quieto en el sitio. 

Satán retrocede, en guardia.

Pamputt se ha quedado sin aliento.

El boxeador cae de rodillas y después cae de cara contra el suelo.

El presentador corre hacia Pamputt.

– “¡¡HA PERDIDO EL CONOCIMIENTO!!” – anuncia. – “¡¡MISTER SATÁN ES EL GANADOR!!”

El estadio enloquece.

– “¡SATÁN! ¡SATÁN! ¡SATÁN!” – clama el público.

Cash, furioso, busca su teléfono.

– “¿Eh?” – se extraña de no encontrarlo. – “¿Dónde está mi teléfono?” – lo sigue buscando. – “Mujer, ¿has visto mi…?”

Pero Ranfan no está.

– “¿Dónde se ha metido esta ahora?” – protesta Cash. – “No importa… cuando llegue a casa me ocuparé de ese cabrón…”

Videl intenta subirse al ring, pero no puede, así que Pizza la ayuda.

Sobre el ring, corre hasta su padre y se abalanza a sus brazos.

Los dos se funden un tierno abrazo.

– “¿Me han quedado bien las poses?” – pregunta Satán.

– “Bastante bien.” – asiente ella, risueña. – “Pero tienes que estirar más el brazo cuando haces así.” – hace el símbolo de la victoria.

– “¿Cómo? ¿Así?” – pregunta Mark mientras lo hace de nuevo.

El público ruge al verlo.

– “¡JAJAJA!” – celebra Mark.

Pizza y German observan al Campeón bajo la luz de los focos y ante todas las cámaras, orgullosos de él.

El presentador observa la escena desde el borde del ring. Durante un segundo, por su mente pasan viejos momentos del Torneo Mundial de Artes Marciales y de lo que el evento provoca en la gente; entre esos momentos una fugaz imagen de Son Goku celebrando con sus amigos tras derrotar a Piccolo.

Al salir del estadio, Cash es detenido por la policía.

– “¡¿Qué?!” – se sorprende el empresario. – “¡¿PORQUÉ?! ¡¿CÓMO!?”

Los policías lo reducen y lo llevan hasta el coche patrulla.

Apoyada en el capó, Ranfan entrega el teléfono móvil de Cash a un agente. 

– “¡MALDITA PERRA!” – grita Cash. – “¡¿Cómo osas delatarme…?! ¡TE VOY A MATAR!”

Cash se deshace de los policías y arremete contra ella, pero Ranfan agarra a Fulov de la pechera y, con una técnica de judo, lo hace volar sobre su cabeza para estamparlo de espaldas contra el suelo.

– “Aaah…” – grita él, sin voz.

La policía lo reduce de nuevo, lo esposan y se lo llevan.

Ranfan se acerca a un policía.

– “Agradecería que no se lo confisquéis todo…” – coquetea ella. – “Me gustaría que sacar algo del divorcio.” – le guiña un ojo.

Satán, rodeado de cámaras, sale del estadio acompañado por su equipo; Videl, Pizza, tapada con la capa de Mark, y German.

Mark ve como la policía está deteniendo a Cash y comparte una mirada con Ranfan.

Mark sonríe.

– “¿Va todo bien?” – pregunta Pizza.

– “Estupendamente.” – responde Mark.

Más cámara se amontonan a su alrededor.

– “¡JAJA!” – ríe Satán. – “¡Todos quieren un poco de mí, ¿eh?!” – presume. – “¡Aseguraos de que salga guapo! ¿Quién quiere preguntar primero?”

Los periodistas se siguen amontonando.

Ha nacido una estrella.

ESPECIAL DBSNL /// El Campeón // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte V: Pamputt

El Campeón // Parte V: Pamputt

“Mucha suerte en el combate.”

El gran evento ha sido anunciado. Dynamite Mark y Pamputt se enfrentarán en el viejo estadio del Torneo Mundial de Artes Marciales en tan solo dos meses, emitido por ZTV en prime time.

En la cadena emiten un documental sobre como el estadio, completamente arrasado tras el último evento, inició su reconstrucción ese mismo año, pero por desinterés del público y falta de patrocinadores, la obra fue abandonada poco después. El público actual prefiere los deportes colectivos como el béisbol, revelan varias entrevistas a pie de calle a vecinos de la Capital del Sur.

Mark sale a correr. Vestido con un pantalón de chándal blanco y una sudadera marrón, el luchador recorre las calles nubladas de Orange City.

La mayoría de gente lo ignora. Nadie lo reconoce, hasta que se cruza con un horondo motorista embutido en un pantalón y una chaqueta de cuero, de cabello largo y barba descuidada, montado en una motocicleta estilo chopper con manillar alto.

– “¡DYNAMITE MAAAARK!” – exclama el grandullón, levantando el puño en un saludo.

Mark sonríe tímidamente cuando el motorista pasa por su lado… pero su semblante se torna en uno de horror al percatarse de un terrible hedor a sobaco que lo embarga de repente y lo subyuga.

Mark, pálido como la cal, tiene que detenerse un instante. Se apoya en la pared con una mano mientras se tapa la boca con la otra.

Una mujer que caminaba detrás de nuestro amigo se desmaya y tiene que ser socorrida por su marido.

Un cuervo cae muerto del cielo.

Mientras tanto, Pamputt descansa tumbado bocarriba en la camilla de masaje de su mansión y recibe la atención de una bella terapeuta asiática. El luchador tiene la cara tapada por un pañuelo blanco.

– “Sobre todo me molesta el aductor …” – dice el luchador.

– “Entendido.” – asiente ella con una sonrisa antes de ponerse a masajear esa zona.


El agente de Pamputt, oriundo de Isla Papaya, vestido con pantalón negro, camisa y corbata negras, una vistosa americana morada y gafas de sol, entra en sala. El hombre parece entrando en sus cincuentas, pero con varias cirugías ha estirado su rostro. Lleva la barba perfectamente recortada y perfilada, una parte parece incluso tatuada, y su cabello está afeitado por los lados con un gran tupé que parece una cresta de gallo tumbada hacia un lado.

– “¿Cómo está mi campeón?” – pregunta el manager.

– “¿Ya no tocas a la puerta, Prati?” – responde el luchador, con cierto retintín.

Prati ignora el comentario y con un gesto hace que la masagista se aparte, tomando él el relevo.

– “¿Listo para el combate?” – pregunta el agente.

– “Tsk…” – protesta Pamputt. – “Ese tipo está prácticamente retirado… Le ganaré sin despeinarme.”

– “No te confíes…” – dice Prati. – “Le he visto pelear y…”

Pamputt, levanta el trapo de su rostro para mirar a su agente.

– “¿Vas a pelear tu?” – pregunta con retintín.

Prati no responde.

– “Haz que me preparen el jacuzzi.” – dice Pamputt, echándole con un gesto.

El luchador se tapa de nuevo el rostro.

– “Tú sigue, guapa.” – le dice a la masajista, señalándose el aductor.

Prati mira con recelo a su luchador mientras se marcha.

El agente cruza el enorme gimnasio privado de la mansión mientras saca su teléfono móvil.

Mark ya ha regresado a casa, agotado.

Se sienta en el sillón, espatarrado, dejando que su cuerpo se deslice por él, escurriéndose hasta acomodarse.

Videl le trae una toalla húmeda enrollada y se la pone en la frente, agarrándola de un extremo y teniendo que saltar para poder ponérsela. “Choff”.

Pizza le trae una bebida isotónica.

Mark resopla.

– “Gracias, chicas…” – dice sin fuerzas.

Videl saca un cronómetro.

– “Tienes cinco minutos.” – dice la pequeña.

– “¿Eh?” – la mira de reojo.

– “Has corrido 10 kilómetros…” – murmura ella.

– “¡Muy bien!” – exclama Pizza. – “Eso significa que esta mañana solo te falta hacer 100 flexiones, 100 abdominales y 100 sentadillas.”

Mark se agarra la rodilla derecha, masajeándola levemente.

– “No creo que pueda…” – protesta el luchador. – “Ya empieza a dolerme…”

Sin decir nada, Videl le propina una patada en la espinilla izquierda.

– “¡¡AAAY!!” – exclama Mark.

El luchador se pone en pie de un salto.

– “¡¿PERO SE PUEDE SABER A QUÉ HA VENIDO ESO?!” – protesta, furioso.

– “¡Mira qué rápido se puso de pie!” – exclama Pizza. – “¿No te lo dije?” – le dice a la pequeña.

– “¡OOOH!” – exclama una asombrada Videl. – “¡Tenías razón! ¡Qué lista eres, Pizza!”

– “Je, je…” – ríe ella, presumida.

Mark se sienta de nuevo, aguantándose el enfado.

– “¿Pero qué cosas le enseñas a la niña…?” – protesta, frotándose la espinilla, dolorido.

Videl mira el cronómetro.

– “Tres minutos.” – revela.

– “¡PERO SI NO ME HABÉIS DEJADO DESCANSAR!” – se queja Mark.

El día pasa. Mark hace sus ejercicios en casa, bajo la inquisitiva supervisión de Pizza y Videl, que le marcan los tiempos.

Por las tardes, de vez en cuando, Mark acompaña a Ranfan de compras, como su guardaespaldas personal.

Pasan los días. El bourbon de la mañana ha sido sustituido por dos huevos crudos que Mark engulle tapándose la nariz.

Mark ahora hace las flexiones con la pequeña Videl subida encima. Pizza las cuenta.

Ranfan se prueba collares en una joyería. Mark es forzado a decirle cuál le queda mejor.

Una semana después, Mark ya no tiene que taparse la nariz para desayunar.

Para hacer las flexiones, ahora es Pizza la que está sentada con las piernas cruzadas sobre Mark, mientras Videl los anima.

Ranfan se compra un abrigo de visón. Mark carga con cinco más en sus brazos.

Con el tiempo, Videl está subida a los hombros de Pizza, las dos encima de Mark, mientras él hace las flexiones.

Mark se mira al espejo, sin camiseta. Su cuerpo ha recuperado el tono físico que luce en unas fotos tomadas unos años antes durante un campeonato, y que Pizza usa como comparación.

– “Vaaaaya…” – dice ella, mirando la fotografía al lado del luchador. – “Estás… en forma…” – dice con cierta vergüenza.

– “¡GRAAAAAH!” – ruge Mark frente al espejo, sacando bíceps en ambos brazos, hercúleo. – “¡JAJAJA!”

La pequeña Videl imita a su padre.

– “¡Graaaah!” – gruñe ella, con sus diminutos bracitos flexionados.

– “¡JAJAJA!” – ríe Mark al verla.

– “¡GRAaaah!” – lo intenta ella de nuevo.

– “¡MÁS ACTITUD!” – exclama él. – “¡¡GRAAAAAH!!” – ruge de nuevo.

– “¡GRAaaaaH!” – lo sigue intentado.

Pizza sonríe enternecida al ver a padre e hija.

German, que estaba ateniendo una llamada, entra en el salón.

– “Veo que te lo has tomando en serio.” – sonríe el agente.

– “Estas dos no me han dado tregua…” – responde Mark.

Videl salta y se cuelga el bíceps de su padre, que aguanta como si nada mientras ella se balancea como un mono.

– “He estado hablando con Shota.” – dice German. – “Me ha conseguido unas cintas. Son peleas de Pamputt.”

– “¿Tienes la de su derrota contra un crío?” – pregunta Mark, confiado, mientras se deja caer en el sofá.

– “En aquel momento, ZTV no televisaba el torneo.” – responde el agente.

– “Una pena…” – suspira Mark. – “Habría sido motivador.” – sonríe, fanfarrón.

Suena la alarma de Mark.

El luchador, cansado, gruñe con hastío.

– “Tengo trabajo…” – murmura mientras se levanta.

– “¿De qué estás trabajando, exactamente?” – se extraña German.

– “Seguridad privada.” – dice mientras agarra una bebida isotónica de la nevera.

En el centro comercial, Mark espera frente a un probador de lencería.

Ranfan sale vestida con un conjunto rosa y modela frente al espejo.

– “Esto me trae recuerdos…” – sonríe, nostálgica.

Por el reflejo, ella se fija en Mark.

– “Te veo más en forma.” – tontea ella. – “¿Estás preparado para enfrentarte a Pamputt?”

– “Aún no estoy al cien por cien.” – sonríe Mark, cruzándose de brazos con chulería. – “Pero no estoy preocupado.” – levanta el dedo índice, como si fuera a dar una lección. – “¿Te has fijado en su físico? Es un enclenque comparado conmigo.”

Ranfan se pone sería.

– “Voy a darte un consejo.” – dice ella.

– “¿Un consejo?” – sonríe él con prepotencia. – “Soy un luchador profesional. No creo que una aficionada pueda…”

– “Pamputt es más fuerte de lo que crees.” – le interrumpe. – “Pero, sobre todo, es realmente rápido.”

– “¿Hmm?” – se extraña Mark.

– “Su estilo de lucha es una mezcla de kickboxing y muay thai”. – explica ella. – “Dos estilos de pelea que destacan por su gran explosividad. Su envergadura puede hacerte pensar lo contrario, pero te aseguro que es un contrincante al que no debes subestimar.” 

– “¿Eres fan del tipo o qué?” – refunfuña Mark.

Mark agacha la cabeza, molesto. Su confianza ha sufrido un duro golpe.

La mujer camina sensualmente hasta Mark y le levanta la barbilla con el dedo índice. 

– “Mark…” – dice ella.

– “¿Eh?” – se sorprende él al verla tan cerca.

De repente, Ranfan le propina un rápido y potente gancho corto en el costado derecho, sobre el hígado, que hace que el hombre se doble sobre sí mismo.

– “Agghhh…” – sufre Mark, que se ha quedado sin aliento.

– “Je.” – sonríe ella, presumida.

Una gota de sudor frío recorre la sien de Mark, sorprendido ante la habilidad de la esposa de Cash.

– “Espero que te sirva de lección.” – dice ella, sin perder su pícara sonrisa.

Ranfan se acerca de nuevo a Mark, que sigue sin recuperarse del golpe, y le da un beso en la mejilla.

– “Mucha suerte en el combate.” – dice.

La mujer se pone el abrigo directamente sobre la ropa interior y se marcha. 

– “Ah…” – se detiene ella para mirarle por encima del hombro y guíñale el ojo. – “Y estás despedido.”

Cae la noche. En la mansión de Pamputt, el actor es el anfitrión de una fiesta llena de estrellas de cine y gente famosa y adinerada tanto de la Capital del Sur como del mundo de la fanfarria y el espectáculo en general.

Pamputt está tonteando con un grupo de mujeres mientras beben champán.

– “¡Pamputt!” – lo saluda Prati.

– “Estoy un poco ocupado.” – responde el kickboxer, haciéndole un gesto a su agente para que no le moleste.

– “Te quiero presentar a alguien.” – insiste Prati.

Pamputt fuerza una sonrisa.

– “Dadme un momentito, guapas.” – les dice a las mujeres. – “Tengo trabajo.” – les guiña el ojo. – “¿Por qué no os servís otra copa y luego os busco? ¿Sí?”

Las chicas asienten entre risas y van hacia la mesa de catering.

El actor presta ahora atención a su agente.

– “Dime, mi querido y oportuno amigo.” – dice Pamputt, agarrando del hombro a su agente sin perder la sonrisa falsa.

– “Este es Fulov Cash”. – dice el agente, acompañado por el hombre de negocios. 

Pamputt y Cash se dan la mano.

–  “Es un gran empresario de Orange City.” – continúa Prato. – “Ha hecho una generosa donación para ayudar a patrocinarte.”

– “Muchas gracias, entonces.” – dice Pamputt.

– “No es nada.” – responde Cash. – “Pero tiene que darle una buena a ese tipo, ¿eh?”

– “Pan comido.” – sonríe el kickboxer, que de reojo ya está mirando a una exuberante pelirroja.

Fulov se da cuenta y sonríe.

– “¿Se la presento?” – dice el sibilino empresario.

– “¿Cómo?” – se sorprende Pamputt.

El luchador mira de nuevo a la mujer, y luego a Cash.

– “Espere… ¿Dijo que se llama Fulov?” – se sorprende Pamputt. – “Fulov… ¡¿como en Fulov Gals?!”

– “¿Un fan?” – responde Cash, presumido. – “Es un cine un poco distinto al que hace usted…” – sonríe con picardía.

Pamputt agarra a Prati del hombro de nuevo.

– “Tráele otra copa al señor Fulov, anda.” – dice el luchador.

Mientras tanto, Mark se encuentra con German en el aparcamiento del Instituto Orange Star.

– “Esto es una locura…” – dice el agente, preocupado. – “Te acabarás haciendo daño…”

El conserje los mira desde la distancia, de brazos cruzados. Un hombre fornido, castaño, con el pelo desaliñado y bigote, vestido con vaqueros, una camiseta de tirantes blanca y una gorra roja.

– “¡10.000 zenis!” – les recuerda.

– “Sí, sí…” – refunfuña German, sacando la cartera.

Frente al autobús escolar, Mark agarra dos cadenas que conectan con el vehículo.

– “¿Has visto las cintas?” – pregunta Mark.

– “¿Las cintas…?” – pregunta German. – “¿Las peleas de Pamputt?”

– “Las he estado viendo cuando volví del trabajo…” – dice el luchador. – “Ese tipo… es más rápido y ágil que yo…” 

– “¿De verdad?” – se sorprende el agente.

– “Pero tengo un plan…” – sonríe Mark, que agarra fuerte las cadenas y las carga en sus hombros.

Mark empieza a tirar con fuerza de las cadenas, intentando mover el autobús.

German observa con un nudo en la garganta.

Mark tira con fuerza. Su rodilla tiembla.

El autobús empieza a moverse. Mark da un paso al frente.

– “¡¡GRAAAAAAAH!!” – grita el luchador, dando otro paso.

Mark recuerda una los vídeos que ha mirado con Pizza y Videl esa tarde.

En el primer vídeo, Pamputt evade los golpes de sus contrincantes y contraataca con una veloz combinación de puñetazos. En el segundo, doblega a al rival con un golpe con la tibia en las costillas. En el tercero, derrota a su contrincante de un codazo en el abdomen. 

Luchadores de todos los tamaños y de todos los estilos caen frente a Pamputt.

Pero en una de las cintas, Pamputt es entrevistado en un programa de ZTV.

– “¿Cómo explica lo que pasó ese día?” – pregunta el periodista.

– “No lo entiendo…” – responde el kickboxer, visiblemente perturbado por la pregunta. – “Fue una… fue como una pesadilla…”.

– “¿Pasó miedo?” – pregunta el periodista.

Pamputt no responde, ensimismado en un terrible momento.

– “Ese monstruo…” – dice el luchador. – “Era… un demonio… su piel escamada… esa macabra sonrisa… esas alas de murciélago… Era un demonio… enviado por el mismísimo Satanás…”

– “Creo que… le daremos un momento al campeón para que pueda tomar un vaso de agua… y volveremos enseguida…” – dice el presentador, preocupado, dando paso a publicidad.

Mark detiene la grabación.

Videl se acerca a su padre, asustada por lo que acaba de oír.

– “Qué miedo…” – dice la pequeña.

– “Tuvo que ser terrible…” – dice Pizza.

Mark sonríe, sorprendiendo a las muchachas.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Pizza.

Mark se pone en pie.

– “Ya que es mi regreso a la lucha, creo que ha llegado el momento de renovar mi marca.” – dice, confiado.

– “¿Tu marca?” – dice Pizza, confusa.

– “Voy a convertirme en su peor pesadilla…” – dice Mark, apretando el puño con decisión.

ESPECIAL DBSNL /// El Campeón // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte IV: Una salida

El Campeón // Parte IV: Una salida

“¿Quién crees que es más fuerte, Olibu o CleanGod?”

En la Capital del Este, Mark visita a su esposa en el hospital.

Miguel, una hermosa mujer morena de ojos azules y cabello largo recogido en una coleta que reposa sobre su hombro, está tumbada en la cama. La mujer sonríe, pero parece cansada. Viste el pijama del hospital y está tapada con una manta verde.

Flores frescas en la mesita de noche.

Mark está sentado a su lado y le acaricia la mano para reconfortarla, compartiendo un pequeño momento de ternura.

Mark ha salido del hospital y conduce por una congestionada autopista.

De repente, dos meteoritos sobrevuelan la zona en dirección contraria al tráfico.

– “¡¿Eh?!”- se extraña Mark.

Muchos coches se detienen para observar el fenómeno. Algunos conductores sacan la cabeza por la ventanilla para ver lo que ocurre. Se genera un atasco.

Un gran estruendo sacude la zona tras el paso de esas dos bolas de fuego. Suenan algunas alarmas.

La gente se baja de sus coches para ver qué ha pasado. Mark también.

Una humareda parece emerger de la Capital del Este.

Mark saca su teléfono móvil, pero mientras teclea, un estallido de luz cegadora inunda la carretera.

Un instante después, un estrepitoso estallido y una onda expansiva barren la zona, lanzando por los aires a personas y vehículos hasta alcanzar a Mark.

En su cama, Mark despierta empapado en sudor frío.

Amanece en Orange City. La pequeña Videl abre los ojos. Adormilada, salta de la cama.

Videl camina por el pasillo mientras escucha ruido en la cocina. Huele a gofres.

Al llegar al salón, la niña se detiene. Hay una muchacha durmiendo en el sofá.

Pizza está despeinada, espatarrada y tapada con una manta.

Mark pone un plato de gofres sobre la mesa.

– “¿Quién es?” – pregunta Videl.

– “Una amiga.” – responde Mark.

– “¿No tiene casa?” – pregunta ella, un poco confundida.

Un fuerte bostezo de Pizza, mientras hace un exagerado estiramiento, interrumpe la conversación.

– “¡Qué bien huele!” – exclama ella.

Pizza se levanta del sofá. Viste un albornoz de Mark.

– “He hecho para las dos.” – dice Mark.

– “¡Gracias!” – se le ilumina el rostro a la muchacha.

Pizza se sienta a la mesa.

– “Hola.” – saluda a Videl con una sonrisa.

– “Hola.” – responde la niña, un poco recelosa.

– “Me llamo Pizza.” – se presenta.

– “Yo, Videl.” – dice ella.

Pizza se fija en el pijama de Videl.

– “¿Te gustan las Aventuras de Olibu?” – pregunta ella.

Videl asiente.

– “Es genial, ¿eh?” – sonríe Pizza. – “¿Quién crees que es más fuerte, Olibu o CleanGod?”

– “Hmm…” – piensa Videl. – “CleanGod, ¡porque puede volar!” – responde.

Mark se sienta con ellas.

– “¿A ti también te gustan esas historias?” – suspira el padre.

– “¿A quién no le gustan los héroes?” – pregunta Pizza.

Videl asiente, convencida.

Pizza sonríe al sentir el reconocimiento de la pequeña.

Unos minutos más tarde, Videl se marcha corriendo a clase con el gofre en la boca.

– “¡Hstlego!” – se despide con la boca llena, saliendo por la puerta.

Mark y Pizza se quedan a solas.

Mark se sirve una copa.

– “¿Bourbon de buena mañana?” – pregunta Pizza.

– “Hoy no tengo que trabajar…” – responde Mark.

Pizza se sienta en el sofá, con las piernas recogidas.

– “Siento mucho lo que pasó.” – dice ella, cabizbaja.

– “La gente como Fulov es peligrosa.” – responde Mark.

– “Soy una estúpida.” – dice Pizza. – “Yo solo… quería…” – sus ojos se llenan de lágrimas.

Pizza empieza a llorar.

Mark, incómodo, se sienta a su lado.

– “Lo siento… lo siento mucho…” – dice Pizza, sollozando.

– “No pasa nada.” – dice Mark, acariciándole la espalda. – “Ya está…”

Ella apoya su cabeza en el pecho de Mark.

– “Gracias por ayudarme, Mark…” – dice ella, un poco más tranquila.

De repente, suena el teléfono.

Mark, muy incómodo, aprovecha la oportunidad para levantarse.

Mark mira el teléfono; número oculto. Preocupado por si es Cash, cuelga la llamada.

Tocan a la puerta. 

Con recelo, Mark se acerca a la mirilla.

Golpean la puerta de nuevo.

– “¡MARK!” – exclama German. – “¡Soy yo! ¡Abre!”

Mark suspira. Aliviado, pero a la vez molesto.

Abre la puerta.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Mark.

German se abre paso y entra en la casa.

El agente se detiene al ver a Pizza, vestida con el albornoz de Mark, sentada en el sofá.

– “Hola.” – saluda ella.

– “Eh… Mark…” – dice German, descompuesto. – “Creo que… mejor volveré en otro momento…”

Mark cierra la puerta.

– “Es una amiga.” – dice Mark. – “¿Qué ocurre?” 

– “He hablado de nuevo con Shota.” – dice German. – “Parece que nuestra querida estrella de cine se está planteando buscar otro contrincante para su homenaje.”

– “Bien.” – responde Mark. – “Ya te dije que no me interesa.”

– “Si aún no han encontrado un contrincante decente es porque los bichos raros que participan en el Torneo Mundial de Artes Marciales son realmente difíciles de localizar.” – suspira German.

Mark se sienta en el sofá.

– “No me interesa.” – insiste el luchador.

– “¿Por qué no?” – pregunta Pizza.

Mark se toma un momento.

– “Me duele la rodilla.” – responde finalmente.

– “Mark…” – suspira German, cansado de sus excusas.

El agente se fija en el puño de Mark, cuyos nudillos muestran claros signos de pelea. 

– “¿Qué ha pasado?” – pregunta German, señalándole la mano.

Mark se mira el dorso de la mano.

– “Que me he quedado sin trabajo.” – responde antes de frotarse los ojos como si aún tuviera sueño, pero a la vez revelando cierta vergüenza por su situación.

Pizza frunce el ceño, intentando comprender lo que está pasando.

– “Espera…” – dice ella. – “¿Te están ofreciendo un combate y lo vas a rechazar?”

– “¡Eso digo yo!” – exclama German al sentirse apoyado.

– “Me duele la rodilla.” – responde Mark, con cierto hastío.

Pizza se levanta de un salto.

– “¿Quién es el contrincante?” – pregunta ella.

– “Un actor famoso de la Capital del Sur.” – responde German.

– “Si es famoso, ¿paga bien?” – pregunta Pizza.

– “¡Por supuesto!” – responde el agente. – “¡ZTV patrocinará el combate!”

Pizza mira a Mark confusa, decepcionada e incluso un poco enojada.

– “Gracias por venir, German.” – responde Mark, cortando la conversación y despidiendo a su agente.

German asiente, desilusionado.

El agente se marcha, dejando a Pizza y Mark a solas.

– “Mark…” – dice ella, con cierta ternura, intentando buscar la mano del luchador.

El teléfono suena de nuevo.

Mark aprovecha la excusa para levantarse. 

De nuevo, número oculto. Pero esta vez, Mark responde.

– “¿Dígame?” – dice Mark.

Mark escucha la voz al otro lado del teléfono y se queda confundido.

– “¿Quién es?” – pregunta Pizza, curiosa.

Esa misma tarde, Mark se encuentra de compras en el centro comercial, acompañando a la hermosa esposa de Cash.

Los dos caminan por el lugar. Ella va por delante y él la sigue cargando con sus bolsas.

– “¿Te sorprendió mi llamada?” – pregunta ella, en tono juguetón.

– “Imagino que Fulov no sabe nada…” – responde Mark.

– “No te preocupes por mi marido.” – dice ella. – “Solo sabe lo quiero que sepa.” – le guiña un ojo.

Mark aparta la mirada.

Ella se detiene y agarra la mano derecha de Mark y la mira de cerca.

– “Le diste fuerte…” – dice ella. – “¿Qué pasó?”

– “¿No se lo ha contado?” – pregunta Mark, apartando la mano.

– “No hablamos mucho.” – responde ella. – “¿Está bien la muchacha?”

Mark levanta una ceja, un poco confundido por la respuesta contradictoria de la mujer.

– “No me tomes por tonta, Mark.” – dice la mujer. 

– “Está bien.” – responde él.

La mujer sigue su camino. Mark detrás.

– “¿Cómo puede aguantar a alguien como Fulov?” – pregunta él.

Ella, sin detenerse, busca en su bolso y saca una tarjeta de crédito dorada a nombre de Fulov Cash.

Mark sonríe.

– “Y deja de tratarme de usted.” – dice ella. – “Mi marido ya no es tu jefe.”

– “¿Cómo prefiere que la llame?” – pregunta Mark.

– “Me llamo Ranfan.” – responde ella.

Al anochecer, Mark regresa a su casa.

Para su sorpresa, es abordado repentinamente por una docena de cámaras y periodistas.

– “¡MARK!” – grita uno. – “¡MARK!”

– “¡¿ESTÁS PREPARADO PARA EL EVENTO?!” – pregunta otro.

– “¡HA PASADO MÁS DE UN AÑO DESDE SU ÚLTIMO COMBATE!” – dice otro. – “¡¿CÓMO VA AFRONTAR ESTA PELEA?!”

Mark acelera el ritmo se escurre entre ellos sin responder a nada, logrando llegar a su casa.

Después de cerrar la puerta, se apoya en ella y suspira aliviado.

– “¿Qué demonios…?” – se pregunta.

La televisión está puesta; KBC News.

Pizza lo recibe.

– “Hola.” – dice ella con tono especialmente inocente.

Mark, suspicaz, levanta una ceja.

– “¿Pizza…?” – responde pidiendo explicaciones.

– “En el bar…” – dice ella. – “Una vez me preguntaste si no tenía mejores salidas que esa, ¿lo recuerdas?”

Mark se pasa la mano por la cara, sobrepasado por la situación.

– “Pizza, no puedes…” – responde él. – “No tienes derecho a…”

En el exterior se escucha a German gritando a los periodistas.

– “¡HOY NO VA A HACER DECLARACIONES!” – dice el agente. – “¡HAREMOS UNA RUEDA DE PRENSA EN UNOS DÍAS!”

Mark abre la puerta y German entra con Videl de la mano.

– “La pobre no podía pasar con todo el alboroto.” – dice German.

– “¡PAPÁ!” – exclama Videl, ilusionada, saltando sobre su padre. – “¡¿Es cierto que vas a volver a pelear?!”

Mark levanta a Videl en brazos, sentándola sobre su brazo, pegada a su pecho.

Mark mira a Pizza con cierto recelo.

Silencio.

German se extraña, mira a Pizza y a Mark. La cara de culpable de ella la delata.

El agente se lleva las manos a la cara pensando en cómo va a salir de esta. Ya se imagina escribiendo un comunicado a todas las cadenas de televisión y teniendo que pedir disculpas al equipo del actor.

Mark mira a su hija. La niña rebosa ilusión.

Finalmente, Mark sonríe.

– “¡Por supuesto!” – responde.

German mira a Mark con sorpresa. 

Pizza sonríe aliviada.

A Videl se le ilumina el rostro.

– “¡¿EN SERIO?!” – pregunta ella.

Mark asiente.

En ese instante, en KBC New aparece el contrincante de Mark.

Un hombre de piel morena y cabello rizado vestido con un traje blanco, cortaba roja y gafas de sol responde las preguntas de la prensa a pie de calle.

– “Será una gran noche.” – dice el luchador.

– “¿Qué le parece que se hable tanto del regreso de Dynamite Mark?” – pregunta un periodista.

– “Todo lo que genere atención sobre el evento, es bueno.” – responde el luchador. – “Aunque si lo ven por él, es posible que no les guste el resultado.” – añade en tono chulesco.

– “¿Tiene miedo de que Dynamite Mark le arruine la noche?” – pregunta otro periodista.

– “Para nada.” – responde el luchador, riendo. – “Me han dicho que ha sido difícil convencerle. Supongo que tenía miedo.”

– “¿Tiene algún mensaje para él?” – pregunta un tercero.

El luchador agarra el micro del periodista y mira a cámara.

– “¡MARK!” – exclama el tipo. – “¡DINAMITA MOJADA MARK! ¡Prepárate para pelear contra el Campeón Pamputt! ¡Nos veremos en el viejo estadio de Isla Papaya! Espero que estés preparado, porque sería una pena que el combate durara solo un asalto. ¡No me decepciones!”

Mark, Pizza, Germán y Videl observan al contrincante de Mark en televisión.

German frunce el ceño, molesto.

– “Tsk… Menudo fanfarrón…” – refunfuña el agente.

Mark y Pamputt se miran a los ojos a través de la pantalla.

El evento del año está por venir.