El Campeón // Parte VI: Mr. Satán
“Voy a hacerte daño, Mark.”
El antiguo estadio del Torneo Mundial de Artes Marciales ha sido preparado para la gran noche. Gradas metálicas han sido colocadas rodeando el cuadrilátero por tres lados. Los focos iluminan el ring. Las cámaras de televisión captan lo que sucede en las abarrotadas gradas mientras varios periodistas cubren el evento en la hierba que rodea el tatami. Dos cañones de luz móviles iluminan el cielo. Es fiesta en Isla Papaya.
La gente grita en las gradas. La mayoría anima al héroe local, Pamputt, aunque hay unas pocas pancartas dedicadas a Dynamite Mark entre la multitud.
Entre bastidores, Pamputt, vestido con un batín rojo sobre su pantalón verde, se toma un refresco sentado en un sillón, mientras Prati le masajea los hombros.
– “¿Estás listo, Campeón?” – pregunta el agente.
– “¿Tienes la reserva hecha?” – responde Pamputt.
– “Delicious Saikan. Cincuenta personas.” – dice Prati.
– “Me refiero a la otra.” – insiste el luchador.
– “Sí, ya he hablado con el Señor Cash.” – responde el agente, un poco molesto. – “Las chicas le estarán esperando en la suite del Hotel Pawpaw. Se marcharán hacia allí en autobús después de su presentación.”
– “Fantástico.” – sonríe Pamputt.
El luchador se levanta y da unos saltitos de calentamiento mientras abre y cierra los brazos.
Mientras tanto, Mark se mira al espejo. Viste un gi formado por un pantalón blanco y una chaqueta marrón, con un cinturón blanco y botas negras cordadas.
Mark se ha afeitado, pero se ha dejado un enorme bigote.
– “Así es más intimidante…” – piensa él. – “Muy masculino…”
Pizza le entrega una capa blanca de cuello alto. Mark la abre y se la coloca sobre los hombros con un único movimiento antes de anudársela alrededor del cuello.
– “Je.” – se mira de nuevo al espejo, con los brazos en jarra.
– “¡BIEEEEN!” – aplauden Pizza y Videl, fans incondicionales.
Mark sonríe con chulería.
German observa la escena, poco convencido.
– “¿No es… demasiado?” – pregunta el agente.
– “Es mi nueva persona.” – responde Mark. – “Sé lo que hago.” – le guiña un ojo.
– “Toda la gente conoce a Dynamite Mark…” – duda German. – “Aún estás a tiempo de…”
Pizza empuja a German fuera del camerino.
– “Deja de darle vueltas y ve a comunicárselo al presentador.” – dice ella. – “¡Espabila!”
Sobre tatami, cuatro grandes focos iluminan el centro de la pista, donde el presentador del Torneo Mundial de Artes Marciales hace acto de presencia. Vestido como un pincel, con su tupé rubio y con gafas de sol pese a ser de noche.
– “¡¿ESTÁN TODOS LISTOS PARA ESTA GRAN VELADA?!” – pregunta al público.
La grada enloquece.
El presentador observa las gradas llenas de gente. Durante un instante parece revivir su época de gloria que tanto ha echado de menos durante estos años sin grandes encuentros.
– “¡¿ESTÁN TODOS LISTOS?!” – insiste.
La grada grita de nuevo.
– “¡DEMOS PASO AL ANFITRIÓN!” – anuncia. – “¡DISPUESTO A DISFRUTAR DE OTRA NOCHE DE GLORIA! ¡UN HIJO DE ISLA PAPAYA! ¡LA ESTRELLA DE CINE! ¡EL GRAN PAMPUTT!”
Pamputt camina por el pequeño camino de piedra que lleva hasta el tatami, acompañado por Prati y una docena de mujeres vestidas en traje de baño a que bailotean a su alrededor.
El público corea su nombre. Pamputt está más pendiente de las chicas.
Desde el backstage, Mark espía lo que está sucediendo.
– “Vaya presentación…” – murmura Mark, un poco intimidado por el espectáculo.
– “Jeje…” – ríe Pizza.
– “¿Qué ocurre?” – pregunta Mark.
Pizza saca un vestido de una bolsa de deporte.
Pamputt sube al ring y se quita el batín rojo, que entrega a su agente.
El luchador alardea de su velocidad, dando una combinación de puñetazos al aire.
La gente parece asombrada ante el aperitivo que les está regalando el luchador.
El presentador lo observa de reojo, poco impresionado.
Tras un suspiro, el presentador se lleva el micro a la boca.
– “¡¡Y AHORA, UN ESPERADO REGRESO!!” – anuncia. – “¡¡VUELVE AL RING!! ¡¡PARA TODOS USTEDES!! ¡¡DYNAMITE…!!”
German se ha subido solo al ring, lo que ha interrumpido al presentador, que lo mira sin saber qué está ocurriendo.
Pamputt sonríe.
– “¿Va a retirarse?” – se mofa el luchador.
German susurra algo al oído del presentador, que parece confundido.
– “¿Seguro?” – pregunta el maestro de ceremonias.
El agente de Mark asiente mientras abandona el ring, no sin antes hacer una reverencia al público a modo de disculpa.
El presentador carraspea.
– “Bien… Ha habido un pequeño cambio de última hora…” – anuncia. – “¡¡SEÑORAS Y SEÑORES!!” – exclama. – “¡¡ME PIDEN QUE LES PRESENTE A NUESTRO SEGUNDO LUCHADOR CON UNA PRIMICIA!! ¡¡RECIBAMOS TODOS A…!!” – mira de reojo a German, para confirmarlo.
Germán asiente.
– ¡¡MISTER SATÁN!! – exclama.
El público parece confuso ante un nombre que desconocen.
Pizza desfila hacia el ring embutida un vestido rojo entallado y escotado, decorados con unas pequeñas alitas de diablesa, guantes largos rosados, pantimedias amarillas y botas negras altas. La mujer lleva un gran cartel con el nombre Míster Satán.
El público se queda embobado ante la belleza de la muchacha.
Mr. Satán sale detrás de ella.
– “¡¡GRAAAAAH!!” – grita alzando los puños.
El pública tarda un segundo el reaccionar, pero parecen convencidos por el show.
Pizza corretea de un lado al otro del pasillo, levantando el cartel, que recibe una oleada de gritos cada vez que lo presenta.
Mark se sube al escenario, acompañado por la muchacha.
Desde el área de hierba que rodea el ring, German y Videl observan. La pequeña está nerviosa.
Pamputt parece molesto por el recibimiento de su contrincante.
– “¿Míster Satán?” – refunfuña el luchador. – “¿Qué broma es esta?”
Mark se quita la capa con un vistoso gesto y se la entrega a Pizza.
– “Sabes que no estoy de acuerdo con este pequeño espectáculo, ¿no?” – dice Mark en voz baja.
– “Se me da bien encandilar a la gente.” – le guiña el ojo.
Pizza y Prati se retiran del ring.
Pamputt y Mark son reclamados en el centro del ring por el presentador.
El presentador aparta el micrófono.
– “Para honrar este lugar, lucharemos con las normas del Torneo Mundial de Artes Marciales.” – les dice. – “Caer fura del ring, es motivo de descalificación. El combate también terminará si uno de los dos se rinde, o si queda inconsciente. Lo mismo ocurre si, tras ser derribado, el luchador no puede levantarse antes de que termine mi cuenta de 10 segundos.” – les recuerda. – “¿Lo tienen claro, caballeros?”
Los dos asienten, mirándose a los ojos fijamente.
Mark y Pamputt se separan de nuevo a una distancia prudencial para poder empezar el combate.
El presentador toma la palabra ante el público.
– “¡¡QUÉ EMPIECE EL COMBATE!!” – exclama.
– “¡¡ÁNIMO PAPÁ!!” – grita Videl.
Los dos luchadores adoptan poses de combate.
En el palco VIP, entre varias celebridades locales, Fulov Cash observa el enfrentamiento, fumándose un puro, acompañado de su bella esposa, Ranfan.
Pamputt empieza a avanzar hacia su contrincante dando pequeños saltos, pero Mr. Satán espera impasible.
– “¿No piensas atacarme?” – se pregunta Pamputt. – “Menudo cobarde…” – se impacienta.
Satán parece concentrado y eso desquicia a Pamputt.
– “¡¡PAMPUTT BUSCA TENER LA INICIATIVA!!” – exclama el presentador.
El boxeador avanza mientras hace dos movimientos evasivos hacia derecha e izquierda e intenta sorprender a Mark con una rápida combinación de golpes que chocan contra su guardia.
– “¡¡IMPRESIONATE COMBINACIÓN DE PUÑETAZOS!!” – dice el presentador. – “¡¡PAMPUTT QUIERE GANAR ESTE COMBATE LO ANTES POSIBLE!!”
Mark se ha cubierto la cara con ambos brazos.
– “Qué defensa tan burda…” – piensa Pamputt.
El boxeador insiste con sus golpes. Algunos impactan en la guardia de Mark y otros en su costado.
– “¡¡DYNAM…!! ¡¡MISTER SATÁN PARECE MUY PASIVO!!” – exclama el presentador. – “¿TENDRÁ ALGÚN PLAN ENTRE MANOS?!”
Pamputt castiga al Mark, que retrocede lentamente ante la ofensiva del boxeador.
– “Ya sabía que esto sería fácil…” – piensa Pamputt. – “Estaba claro que…”
Pero de repente, un puñetazo de Mark se cuela entre los brazos de Pamputt y le golpea la nariz.
El boxeador no esperaba un contraataque tan potente. Pamputt retrocede varios pasos hacia atrás.
– “¿Cómo…?” – se pregunta el luchador de Isla Papaya.
El presentador hace enloquecer a la grada.
– “¡¡IMPRESIONANTE CONTRAATAQUE DE MISTER SATÁN!!” – exclama. – “¡¡DE UN SOLO GOLPE HA HECHO TAMBALEARSE AL GRAN PAMPUTT!!”
– “Míster Satán…” – refunfuña Pamputt. – “Otra vez ese ridículo nombre…”
Mark parece muy sereno. De nuevo se pone en pose de combate.
Pamputt choca sus puños varias veces, furioso, con su nariz sangrando.
– “Voy a destrozarte…” – gruñe el boxeador.
De nuevo, Pamputt carga contra Mark. Una nueva combinación de puñetazos que chocan contra la guardia de nuestro amigo.
Los movimientos de Pamputt son cada vez más lentos y cansados.
De repente, un codazo ascendente de Satán golpea la barbilla del boxeador y lo hace retroceder.
Pero esta vez, Mark lo sigue con una fuerte patada frontal en el pecho de Pamputt, que logra cubrirse con ambos brazos en el último momento, pero cae de culo al suelo.
– “¡¡UN NUEVO CONTRAATAQUE DE SATÁN!!” – narra el presentador.
– “Cabrón…” – gruñe Pamputt, en el suelo.
– “¡¡UNO!! ¡¡DOS!!” – cuenta el presentador.
– “¡CÁLLATE!” – protesta Pamputt. – “¡¿No ves que me estoy levantando?!”
– “Sí, bueno…” – se excusa el presentador. – “Qué maleducado.” – piensa.
Mark sonríe. Pizza y Videl también.
– “Lo tenemos donde queríamos…” – murmura Pizza, que ya ha regresado con Videl y German.
Los gritos en la grada a favor de Pamputt pierden fuerza.
Mark se da cuenta. Un murmullo de confusión se ha establecido en la grada.
Míster Satán abandona su pose de lucha para cruzarse de brazos.
– “¡¡CREÍAS QUE IBAS A PODER DERROTARME FÁCILMENTE…!!” – exclama Mark, proyectando su voz como si fuera una obra de teatro. – “¡¿VERDAD?!”
Pamputt parece confundido ante la actuación de Mark.
– “¿Qué demonios haces…?” – se pregunta el boxeador.
Mark señala a Pamputt.
– “¡¡PERO TIENES ANTE TI AL HOMBRE MÁS FUERTE DEL MUNDO!!” – exclama. – “¡¡MÍSTER SATÁN!!” – se señala a él mismo con el pulgar.
Videl ha imitado sus poses mientras su padre hablaba, pues las habían ensayado juntos durante días.
La gente se queda en silencio. Algunos no saben cómo reaccionar… pero poco a poco, un grito tímido se oye entre la multitud.
– “¡SATÁN! ¡SATÁN!” – corea un pequeño grupo.
Suena el teléfono de Prati. Un mensaje: Detén el combate.
Fulov está regresando a su asiento. Se acomoda.
Prati no sabe qué hacer. Intenta pensar una excusa cuando ve que el vendaje en la mano derecha de su luchador está deshecho.
– “¡¡UN MOMENTO!!” – exclama Prati. – “¡¡TIEMPO MUERTO!!”
– “¿Eh?” – se sorprenden todos.
– “Pero, ¿qué haces…?” – pregunta Pamputt.
– “Disculpe…” – dice el presentador. – “Pero no se puede detener el combate…”
– “Mi luchador necesita ajustarse el vendaje.” – dice Prati.
– “¿Qué tontería es esa…?” – se extraña el propio Pamputt.
– “Si… veamos… si su contrincante se engancha con el vendaje y… y se rompe un dedo… ¡ESO! ¡Si su contrincante se rompe un dedo por el vendaje de Pamputt, lo acusarán de usar un objeto externo como arma! Y eso es motivo de descalificación, ¿no?”
– “¿Eh?” – se miran Mark, Pamputt y el presentador.
– “Técnicamente…” – piensa el presentador. – “Podría ser… pero…”
– “¡Pues necesitamos cinco minutos para hacerlo de nuevo!” – insiste Prati.
– “Bueno…” – piensa de nuevo el presentador, un poco contrariado. – “No sé si… ¿Qué opina su contrincante?”
Mark parece descolocado, pero al final acaba accediendo.
– “Me parece bien… Son solo cinco minutos…” – responde Satán.
El presentador anuncia lo ocurrido.
– “¡¡SEÑORAS Y SEÑORES!!” – exclama. – “¡¡EL COMBATE VA A DETENERSE CINCO MINUTOS PARA QUE PAMPUTT SOLUCIONE UN PEQUEÑO PROBLEMA DE VESTUARIO!!”
Murmullo y confusión en la grada.
– “¡¡DISCULPEN LAS MOLESTIAS!!” – insiste el presentador. – “¡¡CINCO MINUTOS!!”
Mark y Pamputt bajan del tatami.
Pamputt, furioso, se acerca a Prati.
– “¡¿Qué demonios estás haciendo?!” – refunfuña el boxeador. – “¡Me estás haciendo quedar mal!”
– “Tranquilo, Pamputt…” – responde Prati. – “No quiero que… que te descalifiquen por una tontería…”
Los dos regresan al backstage.
Mark también, donde es recibido por German, Videl y Pizza.
– “¡MUY BIEN, PAPÁ!” – celebra Videl.
– “¡Ya es tuyo!” – le dice Pizza.
– “Fantástico, Mark.” – sonríe German. – “Parece que lo teníais todo bajo control.”
– “¿Qué creías?” – le dice Pizza, haciéndose la ofendida.
– “Jajaja” – ríe Videl.
Mark se acerca a su bolsa de deporte y la abre para sacar su botella de agua. Hay una nota sobre ella: Contesta.
Su teléfono móvil empieza vibrar en silencio. Mark lo saca de la bolsa. Número oculto.
El luchador se pone serio de repente.
– “Chicos…” – dice Mark. – “¿Podéis salir un momento?”
– “¿Eh?” – se extrañan todos.
– “Necesito concentrarme un minuto… a solas.” – insiste él.
Un poco extrañados, acceden.
– “Está bien.” – dice German. – “Dejemos al Don Diablo a solas.”
– “¡MÍSTER SATÁN!” – lo corrigen las chicas.
– “Eso, eso…” – responde el agente.
Mark se queda a solas y responde al teléfono.
– “¡Hola, Mark!” – saluda Cash. – “¡Excelente combate! ¡Está siendo todo un espectáculo!”
– “¿Qué quiere?” – responde Mark, tajante.
– “Voy a ir directo al grano.” – responde Cash. – “He apostado mucho dinero por tu rival.”
– “Creo que va a perderlo.” – responde Mark.
– “Había venido a disfrutar de como ese supuesto campeón te partía la cara…” – continúa Cash. – “Pero ha resultado ser todo fechada… ¿qué se le va a hacer…?”
Fulov Cash habla desde el palco.
– “¿Ha llamado para llorar?” – se impacienta Mark.
– “No quiero perder mi dinero.” – responde Cash. – “Así que te propongo un trato…”
– “Adiós, señor Cash.” – responde tajante Mark.
– “Voy a hacerte daño, Mark.” – dice Cash, con un susurro amenazante, tapándose la boca para que no lo oiga nadie a su alrededor. – “Puede que vaya a por tu hijita… o puede que me encargue de esa zorrita que te llevaste de mi club… pero te prometo que te haré daño.”
Mark se queda helado.
– “¿Qué…? ¿Qué quieres?” – pregunta Mark.
– “Quiero que pierdas este combate.” – responde Cash.
– “¿Y ya está?” – pregunta Mark.
– “No” – sonríe Cash. – “Quiero que ese mindundi te de una paliza. No quiero que te rindas. Si finges caer fuera del ring o te quedas en el suelo hasta que acabe el conteo, no hay trato.” – su sonrisa se torna más macabra. – “Quiero verte sangrar. Quiero verte sufrir. Quiero verte humillado. ¿Lo has entendido?”
Ranfan, sentada a su lado, lo observa con desprecio.
Sobre el tatami, el presentador anuncia que se reanuda el combate.
Pamputt y Satán están listos. Adoptan poses de lucha.
– “¡¡QUE CONTINÚE EL ESPECTÁCULO!!” – exclama el presentador.
Pamputt toma la iniciativa, pero parece más cauteloso que en la ronda anterior.
– “Sé que espera que me canse…” – piensa el boxeador. – “Así que tengo que dar menos golpes y más certeros… Sigo siendo más rápido que él…”
Pamputt ataca, el primer golpe choca contra la guardia de Mark, apartándosela y conecta el segundo directo contra su cara.
El estadio ruge.
Pamputt retrocede, un poco sorprendido con la facilidad con la que ha funcionado su táctica, y eso le anima a seguir atacando.
Mismo plan. El primer y segundo golpe van a la guardia, apartándosela, y el tercero y cuarto conectan.
Satán empieza a recibir un duro castigo por parte de su contrincante.
German, Videl y Pizza se preocupan por Mark.
– “¿Qué ha pasado?” – dice Videl, agarrando a Pizza del vestido. – “¿Por qué pierde papá?”
– “No lo sé…” – se sorprende ella. – “¿Qué ocurre, Mark?” – se pregunta.
Fulov Cash se pone en pie, celebrando.
– “¡¡ESO ES!!” – grita el empresario. – “¡¡DALE MÁS FUERTE!!”
Ranfan sigue mirándolo, descontenta. Y mirando a Mark con cierta preocupación.
Mark recibe una dura paliza.
El luchador es derribado. Su vista borrosa.
– “¡UNO!” – cuenta el presentador. – “¡DOS! ¡TRES!”
Pero Mark se levanta. Su cara está ensangrentada. Su nariz rota. Su ceja derecha cortada.
– “¿No has tenido suficiente?” – sonríe Pamputt.
El boxeador propina otra combinación de golpes que noquea a Mark.
– “¡UNO!” – cuenta de nuevo el presentador.
Cuando Mark se levanta, Pamputt lo empuja, llevándolo al borde del ring.
– “Se acabó.” – advierte el boxeador.
Pero cuando Pamputt presiona a Mark, éste reacciona y se pone firme, evitando que el rival lo mueva.
– “¿Eh?” – se sorprende el boxeador ante una fuerza inesperada.
Mark empuja a Pamputt violentamente y lo hace retroceder.
Mark se aparta del límite del ring y baja de nuevo los brazos. Pasivo.
Pamputt lo mira extrañado. Algo no le cuadra.
– “¿Aún le queda tanta fuerza?” – piensa el boxeador. – “¿Y por qué no pelea? ¿Es que se siente intimidado?”
Pamputt recuerda el teatrillo que hizo Mark antes de que detuvieran el combate.
– “Ni en broma…” – deduce. – “Este tipo no puede sentirse intimidado… Pero no es mi problema. Está en juego mi reputación.” – piensa. – “¡Voy a acabar con el combate ahora mismo!”
Pamputt ataca de nuevo. Dos golpes en la cara, uno en el abdomen, y un upper-cut para rematar.
Mark besa la lona. En el suelo, intenta levantarse una vez más.
– “¡UNO!” – empiezan a contar. – “¡DOS!”
Videl sale corriendo hacia el ring.
– “¡ESPERA, VIDEL!” – exclama Pizza.
– “¡PAPÁ!” – grita ella. – “¡PAPÁ! ¡LEVÁNTATE!”
Mark, con la vista borrosa, mira a su hija, pero pronto aparta la mirada, avergonzado.
– “¡¡JAJAJA!!” – ríe Cash. – “¡¡ESTÁS ACABADO, CABRÓN!!”
Pizza corre hasta Videl y la abraza por detrás.
– “¡PAPÁ!” – insiste ella. – “¡PAPÁ!”
– “¡TRES! ¡CUATRO! ¡PODRÍA SER EL FINAL DEL COMBATE!” – continúa el presentador. – “¡CINCO!”
Mark recuerda estar en el hospital tras el ataque a la Capital del Este.
Videl y German, ella durmiendo acurrucada en una silla de hospital, tapada con la americana de German, mientras él está sentado en el suelo.
Mark se queda tumbado en el suelo. Videl sigue llamándole.
Al salir del hospital, German lleva a Mark a su casa en coche.
– “Videl está en clase. Tu vecina la traerá a casa.” – dice el agente. – “Mark… Aún no se lo he dicho.” – dice German. – “Pensé que debías ser tú.”
– “Gracias.” – responde Mark, sin ánimo alguno.
Mark mira de nuevo a Videl. Su rostro le recuerda a la noche en la que le comunicó la muerte de su madre.
– “Me prometí que jamás sufrirías por mí…” – piensa Mark. – “Dejé la lucha… Por ti…”
– “¡SEIS! ¡SIETE ¡OCHO!” – continúa la cuenta.
Pamputt da la espalda a Mark y camina hacia el borde del tatami, donde ya celebra su agente.
Mark recuerda el entrenamiento con Pizza, Videl y German. El duro trabajo que han hecho juntos y lo bien que se lo han pasado. Las dos contando sus flexiones. German superado por las ideas de Pizza. La muchacha trayéndole bebidas isotónicas y haciéndole un masaje. Videl practicando poses de superhéroe con él frente al espejo.
– “¡OCHO!” – exclama el presentador.
De repente, Mark se levanta.
La cara de Videl se ilumina.
Mark sonríe y levanta los puños al cielo.
– “¡¡GRAAAAAH!!” – ruge Satán. – “¡JAJAJAJA!” – ríe a plena carcajada.
El público se queda en silencio, confuso.
– “¡¿CREÍAS QUE YA HABÍAS GANADO?!” – le dice a Pamputt, apuntándole con el dedo. – “¡¡PUES SOLO ESTABA FINGIENDO!! ¡JAJAJA!!”
Satán mira de reojo a su hija, ahora risueña.
Murmullo en las gradas.
– “¿Estaba fingiendo?” – se pregunta uno.
– “¿Se ha dejado dar una paliza… para hacerlo más interesante?” – se pregunta otro.
– “¡Ha sido todo parte del show!” – exclama un tercero, emocionado.
– “¡Este tipo es increíble!” – celebra otro.
– “¡Y decían que este combate sería aburrido!” – exclama otro.
– “¡JAJAJA!” – ríe alguien.
Mr. Satán se limpia la sangre de la cara con el antebrazo.
– “¡¡SOY EL HOMBRE MÁS FUERTE DEL MUNDO!!” – grita haciéndose el forzudo como si fuera Hércules. – “¡JAJAJA!”
Un clamor en la grada se hace cada vez más fuerte.
– “¡SATÁN! ¡SATÁN! ¡SATÁN!” – gritan el estadio al unísono.
Videl observa emocionada a su padre, iluminado por los focos, con los dos brazos en alto con el símbolo de la victoria, como si fuera un superhéroe.
Fulov Cash se pone nervioso.
– “Pero ¡¿qué hace…?!” – refunfuña. – “¿Es que ese bastardo no me toma en serio…?”
Pamputt regresa al centro del ring.
– “¿Así que estabas fingiendo?” – refunfuña el boxeador. – “Quieres dejarme en ridículo, ¿eh? Te vas a enterar…”
Tras propinar la paliza a Satán, el boxeador está cansado. Su respiración profunda. Su cuerpo entero se mueve con cada aliento.
Satán se pone en guardia.
Pamputt ataca.
Satán está listo. Cuando el boxeador da el primer paso, Mark lo intercepta.
– “¡¡SATAN PUNCH!!” – exclama al golpear a Pamputt en la boca del estómago.
Pamputt se queda quieto en el sitio.
Satán retrocede, en guardia.
Pamputt se ha quedado sin aliento.
El boxeador cae de rodillas y después cae de cara contra el suelo.
El presentador corre hacia Pamputt.
– “¡¡HA PERDIDO EL CONOCIMIENTO!!” – anuncia. – “¡¡MISTER SATÁN ES EL GANADOR!!”
El estadio enloquece.
– “¡SATÁN! ¡SATÁN! ¡SATÁN!” – clama el público.
Cash, furioso, busca su teléfono.
– “¿Eh?” – se extraña de no encontrarlo. – “¿Dónde está mi teléfono?” – lo sigue buscando. – “Mujer, ¿has visto mi…?”
Pero Ranfan no está.
– “¿Dónde se ha metido esta ahora?” – protesta Cash. – “No importa… cuando llegue a casa me ocuparé de ese cabrón…”
Videl intenta subirse al ring, pero no puede, así que Pizza la ayuda.
Sobre el ring, corre hasta su padre y se abalanza a sus brazos.
Los dos se funden un tierno abrazo.
– “¿Me han quedado bien las poses?” – pregunta Satán.
– “Bastante bien.” – asiente ella, risueña. – “Pero tienes que estirar más el brazo cuando haces así.” – hace el símbolo de la victoria.
– “¿Cómo? ¿Así?” – pregunta Mark mientras lo hace de nuevo.
El público ruge al verlo.
– “¡JAJAJA!” – celebra Mark.
Pizza y German observan al Campeón bajo la luz de los focos y ante todas las cámaras, orgullosos de él.
El presentador observa la escena desde el borde del ring. Durante un segundo, por su mente pasan viejos momentos del Torneo Mundial de Artes Marciales y de lo que el evento provoca en la gente; entre esos momentos una fugaz imagen de Son Goku celebrando con sus amigos tras derrotar a Piccolo.
Al salir del estadio, Cash es detenido por la policía.
– “¡¿Qué?!” – se sorprende el empresario. – “¡¿PORQUÉ?! ¡¿CÓMO!?”
Los policías lo reducen y lo llevan hasta el coche patrulla.
Apoyada en el capó, Ranfan entrega el teléfono móvil de Cash a un agente.
– “¡MALDITA PERRA!” – grita Cash. – “¡¿Cómo osas delatarme…?! ¡TE VOY A MATAR!”
Cash se deshace de los policías y arremete contra ella, pero Ranfan agarra a Fulov de la pechera y, con una técnica de judo, lo hace volar sobre su cabeza para estamparlo de espaldas contra el suelo.
– “Aaah…” – grita él, sin voz.
La policía lo reduce de nuevo, lo esposan y se lo llevan.
Ranfan se acerca a un policía.
– “Agradecería que no se lo confisquéis todo…” – coquetea ella. – “Me gustaría que sacar algo del divorcio.” – le guiña un ojo.
Satán, rodeado de cámaras, sale del estadio acompañado por su equipo; Videl, Pizza, tapada con la capa de Mark, y German.
Mark ve como la policía está deteniendo a Cash y comparte una mirada con Ranfan.
Mark sonríe.
– “¿Va todo bien?” – pregunta Pizza.
– “Estupendamente.” – responde Mark.
Más cámara se amontonan a su alrededor.
– “¡JAJA!” – ríe Satán. – “¡Todos quieren un poco de mí, ¿eh?!” – presume. – “¡Aseguraos de que salga guapo! ¿Quién quiere preguntar primero?”
Los periodistas se siguen amontonando.
Ha nacido una estrella.