DBSNL // Capítulo 123: Motín

DBSNL // Capítulo 123: Motín
“Tenemos un problema…”

En unas horas, los refuerzos de la Patrulla Galáctica han llegado al planeta-ciudad Ktal y se llevan a los hermanos Para-para. Cheelai es atendida por el equipo médico, acompañada por Trunks.
– “Lo siento mucho, Cheelai” – se disculpa el mestizo.
– “No te preocupes” – sonríe la muchacha. – “Meerus te ha provocado.”
– “Desde el combate en Vampa parece que no consigo librarme de un extraño sentimiento de impotencia.” – lamenta Trunks. – “He perdido el control…”
Cheelai le agarra la mano.
– “Te he dicho que no pasa nada.” – insiste la muchacha. – “Estoy bien.”
– “Me alegro.” – suspira Trunks.

Cheelai esboza una simpática sonrisa.

– “Y además, hemos arrestado a los objetivos.” – dice la patrullera. – “Se acabaron sus fechorías. Pasarán un largo tiempo en la cárcel, ya no solo por sus atracos, pero también por agredir a dos miembros de la Patrulla Galáctica.”

En ese instante, un mensaje llega a su comunicador.
– “¡Trunks! ¡Cheelai!” – exclama Lemo. – “¿Me recibís?”
– “Adelante, Lemo” – responde la muchacha. – “¿Qué ocurre?”
– “Tenemos un problema…” – dice su superior. – “Me comunican que se ha iniciado un motín en el Asteroide-Prisión Bihe.”
– “¡¿Alguien intenta escapar de Bihe?!” – se sorprende Cheelai.
– “¿Esa no es una prisión de máxima seguridad?” – pregunta Trunks, que aún no domina todos los conocimientos sobre la Patrulla.
– “Vosotros dos estáis relativamente cerca.” – dice Lemo. – “¿Podríais echar un vistazo? También he avisado a Jiya e Iriko.”
– “Está bien” – dice Trunks. – “Iremos cuanto antes.”
En la Tierra, Pan y Ub ya han visitado a Dende y Mr. Popo y ahora vuelan hacia Satan City para entregarle las senzu a Gohan y después ir al cine. Piccolo se ha quedado en la Atalaya.
Cuando sobrevuelan la Capital del Oeste, Bra, que tomaba un descanso en el jardín de la Corporación Cápsula, siente su ki.
– “¿Qué traman esos dos?” – murmura la hija de Vegeta. – “Últimamente pasan mucho tiempo juntos…”
Bulma sale al patio y ve a su hija mirando al cielo algo enfurruñada.
– “¿Ocurre algo, cielo?” – pregunta Bulma.
– “Nada” – responde tajante Bra, que vuelve a entrar a la Sala de Gravedad.
– “¿Qué mosca le ha picado ahora?” – murmura su madre. – “Cosas de adolescente, supongo…” – suspira.
En la Atalaya de Kamisama, Piccolo se prepara para meditar. Sigue inquieto por una extraña sensación de peligro que no comprende.
En la Kame House, Goten y Marron se despiden de Roshi y la tortuga Umigame.
– “¡Volveremos mañana!” – dice Goten.
– “¡Hasta luego!” – dice Marron.
En Villa Jingle, Lapis, Ten Shin Han, Chaoz, Yamcha y Krilín ya han regresado de su entrenamiento y disfrutan de un chocolate caliente junto a Mai, Lunch, Suno, Puar, Hatchan y Baicha.
– “¿Qué tal ha ido?” – pregunta Suno.
– “Bueno…” – suspira Yamcha.
– “Nunca me había sentido tan viejo” – suspira Krilín.
– “Has pasado demasiado tiempo alejado de las Artes Marciales” – dice Ten.
– “No puedo vivir del aire…” – responde Krilín. – “¿Quieres que Lázuli me mate?”
– “¿Qué tal os va con la firma de moda?” – pregunta Mai.
– “Bastante bien” – responde Krilín. – “Los diseños de Lázuli son increíbles, y Bulma y Satán tienen muchos contactos, que siempre ayuda.”
– “¡Me alegro!” – sonríe Suno.
En el Planeta de los Kaioshin, Goku y Vegeta acaban de disfrutar de un tentempié.
– “¡Estoy lleno!” – exclama Goku. – “¿Listo para continuar, Vegeta?”
Vegeta se pone en pie.
– “Continúa tú solo” – responde Vegeta. – “Voy a entrenar un poco por mi cuenta.”
Goku se sorprende, pero enseguida esboza una pícara sonrisa.
– “¿Qué tramas, Vegeta?” – le pregunta a su compañero.
– “No voy a revelarte todos mis trucos” – responde el saiyajín.
Vegeta realiza el Shunkanido y desaparece.
– “Así que esas tenemos…” – sonríe Goku.
En ese momento, Zamas se acerca al saiyajín.
– “Son Goku” – dice el Kaioshin. – “He estado pensando en tus habilidades y se me ha ocurrido un lugar donde podrías entrenar de forma más eficiente que en este planeta.”
– “¿Un lugar mejor que éste?” – se sorprende Goku.

– “Parece que Vegeta va a seguir su propio camino.” – dice Zamas. –“Creo que deberías hacer lo mismo.”
– “Supongo que tienes razón.” – asiente el saiyajín.
– “Permíteme que te lo muestre” – sonríe el Dios, agarrando el brazo de Goku y teletransportándose.
Cheelai y Trunks ya vuelan con la nave de la Patrulla del Tiempo hacia Bihe.
– “Llegaremos en unas horas” – anuncia Trunks, a los mandos.
– “Bihe es una fortaleza.” – dice Cheelai, preocupada. – “¿Quién organizaría un motín allí?”
– “Alguien que intenta escapar…” – responde Trunks, algo confuso.
– “No es posible escapar de Bihe.” – dice Cheelai. – “La prisión se encuentra en el corazón del asteroide, rodeada por túneles infestados por gusanos Mouma, y ninguna nave está autorizada a aterrizar.” – explica la chica. – “Los visitantes aterrizan en el anillo exterior y son teletransportados a la prisión, pero esos sistemas quedan anulados en caso de emergencia.”
– “¿Crees que es una trampa?” – pregunta Trunks. – “¿Qué intentan atraernos?”
– “Es posible” – responde Cheelai. – “No podemos bajar la guardia.”
– “Estaremos atentos.” – dice Trunks.
En el planeta de Kaiosama, Vegeta aparece con el Shunkanido.
– “¡Vegeta!” – se sorprende el Kaio del Norte. – “¿Qué haces tú aquí?”
– “Tenemos que hablar” – responde Vegeta.
Mientras tanto, en el Asteroide-Prisión Bihe, los presos se enfrentan a los guardias, a los que superan en número. El lugar está inmerso en el caos. 
Unos pocos prisioneros han logrado abrir una de las compuertas que salen al exterior y se adentran en los túneles de roca que rodean las instalaciones.
– “¡Somos libres!” – exclama uno.
De repente, un extraño ruido les deja en silencio. Algo grande parece estar arrastrándose por los túneles.
– “¿Qué ha sido eso?” – se pregunta uno de los presos.
– “Creo que era un…” – dice otro.
En ese instante, un gigantesco gusano mouma surge de un túnel situado sobre sus cabezas y devora a uno de los fugados, engulléndolo de un solo bocado.
– “¡TODOS ATRÁS!” – grita uno. – “¡VOLVED DENTRO!”
Un segundo mouma se acerca a ellos de frente, como si fuera un tren de alta velocidad.
– “¡ATRÁS!” – exclama el preso, empujando a sus compañeros hacia el interior de la prisión.
Mientras tanto, en el centro del patio interior de la cárcel, en mitad de todo el alboroto, un ser de tez blanca, ojos rojos y tentáculos en su cabeza en lugar de cabello, armado con una larga vara negra con dos adornos blancos en los extremos; vestido con pantalón negro, una faja roja, una ajustada camiseta negra y una armadura blanca que recuerda a las de la Patrulla Galáctica.
– “Te estoy esperando.” – sonríe el misterioso personaje.

Dibujado por Ipocrito

ESPECIAL DBSNL /// Shingeki no Saiyajín // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte VIII: Proyecto de futuro

Shingeki no Saiyajín / Parte VIII: Proyecto de futuro
“Tenemos que detenerle, hermano”

Yamoshi, transformado en ozaru dorado, clava su enfurecida mirada en Kinkarn.

Raichi, desde su laboratorio en Vampa, sonríe satisfecho al ver que podrá poner a prueba sus creaciones.

El gigantesco simio se abalanza sobre el Súper Tsufur, dispuesto a aplastarlo con su puño derecho, pero Kinkarn alza sus manos y detiene el golpe. Un cráter se forma bajo sus pies. 
Un coletazo de Yamoshi sorprende al tsufur y lo lanza a varios metros de distancia, pero pronto Kinkarn consigue frenarse en el aire y recuperar la estabilidad. 
Yamoshi abre su enorme boca y dispara un poderoso torrente de ki que engulle al enemigo.
Cuando se disipa el ataque, Kinkarn revela estar protegido por una barrera de energía invisible.
El Súper Saiyajín, furioso, se prepara para una nueva acometida, pero el Súper Tsufur reacciona rápidamente disparando tres minúsculas partículas de energía como la que utilizó contra Zangya.
Las minúsculas esferas de ki se insertan en la piel del ozaru, que intenta protegerse del ataque. Los dos primeros impactan en su antebrazo y hombro izquierdos, y un tercero en su rodilla derecha. Tras un breve instante estallan, lastimando a Yamoshi.
Kinkarn se eleva lentamente y apunta con su dedo índice a la cabeza de Yamoshi. Una pequeña partícula roja de energía se materializa y es proyectada hacia el saiyajín.
En el último instante, un ozaru se interpone en el camino del ataque, recibiendo el impacto en su pecho, que tras unos segundos estalla, matando al saiyajín.
Kinkarn se da cuenta de que varias docenas de simios avanzan hacia él. Dos de ellos han saltado para sorprender al tsufur.
El androide alza su mano y dispara dos ataques de ki que impactan de lleno contra los ozaru, elevándolos hacia el cielo.
Tres ozaru disparan con sus bocas, pero Kinkarn alza una barrera que le protege de los ataques.
Yamoshi, malherido, observa la ofensiva de sus compañeros, sintiéndose impotente como cuando era niño.
Mientras tanto, Gokua a recobrado el conocimiento y se acerca a su amigo caminando tórpidamente.
– “Tenemos que detenerle, hermano” – dice el herajín. – “Ahora ya es tarde para la retirada.”
– “Grrgh…” – gruñe Yamoshi.
– “Le haremos pagar.” – dice Gokua, que se transforma de en Súper Herajín, utilizando todas las fuerzas que le quedan. – “Por madre.”
Kinkarn corre de un ozaru a otro, derribándoles a todos fácilmente. El tsufur agarra a uno por la cola y lo hace girar hasta lanzarlo contra otro.
En Vampa, Raichi parece aburrido.
– “Esto ha durado demasiado” – sentencia el científico. – “La superioridad del Proyecto ST ha quedado demostrada.”
En ese instante, Gokua se abalanza contra el tsufur por sorpresa, acumulando toda la energía que le queda en su puño derecho, que brilla con luz verde.
– “¡HAAAAAAA!” – grita el herajín.
Kinkarn reacciona rápidamente y se protege del golpe con su brazo derecho. Aún así, el tsufur sale repelido hasta chocar contra la barrera de la ciudad, y después cae al suelo.
El guerrero tsufur parece no sentir dolor, pero al ponerse en pie, el brazo que ha recibido el impacto se resquebraja, revelando parte de sus mejoras robóticas internas.
Kinkarn se prepara para contraatacar, pero se da cuenta de que Gokua está sonriendo.
De repente, el herajín hace un gesto de atracción con la misma mano con la que golpeó al androide, revelando que una decena de hilos de ki han sido enrollados alrededor del brazo del tsufur.
Kinkarn es desequilibrado por una técnica que no esperaba. Su brazo se resquebraja aún más.
El tsufur se dispone a disparar a Gokua, pero se da cuenta de que, cerca de allí, Yamoshi prepara una esfera de ki en su mano derecha.
En su laboratorio, Raichi se acerca asombrado a la pantalla de su ordenador.
– “¡¿Qué es eso?!” – exclama el tsufur.
Los ojos de Yamoshi han cambiado. El color rojo de su interior ha retrocedido ligeramente y sus pupilas verdes pueden intuirse.
– “¡GALACTIC – HO!” – exclama el ozaru, extendiendo su mano hacia el enemigo.
El ataque avanza rápidamente hacia el enemigo, que intenta recuperar su posición y liberarse del agarre de Gokua. Su brazo se parte en el forcejeo.
La técnica de Yamoshi engulle al tsufur y choca contra la barrera de la ciudad, que estalla, dejando la metrópolis expuesta.
Raichi se queda boquiabierto ante lo que acaba de acontecer. Es la primera vez que el tsufur ve a un ozaru utilizar una técnica mínimamente compleja.
Tras un instante de confusión, el tsufur esboza una media sonrisa de satisfacción.
– “Parece que he subestimado al Proyecto 317” – piensa el científico. – “Si ha sido capaz de lograr algo así en unos años, su futuro es prometedor…”
Cuando se disipa la polvareda, el androide tsufur aparece entre los escombros. Su barrera personal ha logrado mitigar los daños recibidos, pero su piel muestra múltiples laceraciones, en las que se pueden ver sus mecanismos internos. Uno de los desgarros recorre su esternón, revelando una luz verde en el interior de su caja torácica. 
Yamoshi, que ha puesto todas sus fuerzas en ese ataque, pierde su transformación, y su pelaje dorado se torna marrón, como el del ozaru común.
Gokua también ha perdido su transformación. Débil y malherido, lucha para mantenerse en pie.
De repente, el herajín se da cuenta de que algo en Kinkarn ha cambiado. Su rostro muestra una emoción por primera vez. El Súper Tsúfur está furioso.
En el laboratorio, Raichi intenta detener a su androide, pues se ha dado cuenta de que la investigación que le interesa conservar es la 317. 
– “No responde… El ataque debe haber dañado su núcleo.” – lamenta el científico. – “¡Maldición!”
Kinkarn se abalanza sobre Gokua, pero un compañero ozaru se interpone en su camino.
El tsufur, llevado por la rabia, se abalanza contra el simio y le propina un puñetazo en la barbilla, haciendo que varios dientes salten por los aires. Pero los daños sobre el androide son excesivos, y su antebrazo estalla en mil pedazos, dejándole manco.
Kinkarn, que ahora ha perdido sus dos manos, la primera contra Gokua y la segunda en su último puñetazo, embiste al herajín, dispuesto a propinarle una patada.
El herajín retrocede mientras esquiva apuradamente los múltiples intentos del tsufur.
Yamoshi intenta intervenir, pero cae al suelo al intentar acercarse. Está muy débil.
Gokua pretende alejarse del enemigo, pero Kinkarn es muy insistente. El herajín, tras saltar por encima del tsufur dando una pirueta, logra propinarle una patada en la cara, pero no le causa ningún efecto. Sin poder transformarse, la fuerza de Gokua no es suficiente para plantar cara al enemigo.
Gokua retrocede, pero el tsufur corre de nuevo hacia él.
De repente, el herajín tiene una idea. Gokua utiliza sus hilos de ki para alcanzar un colmillo de ozaru que se encuentra en el suelo, cerca de él, y lo lanza contra Kinkarn.
El androide patea el colmillo hacia el cielo, pero Gokua vuelve a agarrarlo con su técnica y lo lanza de nuevo sobre Kinkarn. 
El tsufur se detiene repentinamente, dejando que el colmillo pase frente a él, a escasos centímetros, y se clave en el suelo.
Gokua aprovecha la distracción para abalanzarse contra el tsufur y propinarle una patada con ambos pies en su pecho, que logra hacerle retroceder. 
El herajín vuelve enrollar sus hilos de ki alrededor del colmillo y lo lanza una vez más contra el tsufur. 
Esta vez, el colmillo se clava en el pecho del tsufur que, a pesar de todo, logra mantenerse en pie.
Pero la ofensiva de Gokua no ha terminado. El herajín se lanza sobre el enemigo y propina un puñetazo al extremo el colmillo, clavándolo más profundamente. El golpe provoca un sonido de cristal roto, tras el cual un estallido de luz verde emana de todos los desgarros del androide, que pronto estalla, creando un gigantesco cráter.
Sin Kinkarn y sin la barrera protectora, la ciudad queda a merced de los saiyajín, que arrasan con todo lo que encuentran a su paso.
En el exterior, Yamoshi y Gokua han perdido el conocimiento, pero una sonrisa luce en el rostro de ambos guerreros.

ESPECIAL DBSNL /// El Saiyajín Dios // Universo 7 / Parte IV: Hatchiyack

El Saiyajín Dios / Parte IV: Hatchiyack
“¡No dejaré que hagas daño a Broly!”


Un ser de gran envergadura sale de su confinamiento. Las esferas verdes que forman parte de su cuerpo brillan intensamente.
Obni y Ganos han quedado aturdidos. Tarble y Kale se ponen en guardia.
– “¡¿Qué es eso?!” – exclama Tarble, nervioso ante la presencia del enemigo.
La voz de Raichi responde.
– “Mi Gran Obra” – dice el tsufur.
Broly clava su mirada en la creación de Raichi, que ni se inmuta ante al saiyajín.
De repente, Broly se abalanza sobre Hatchiyack dispuesto a propinarle un puñetazo, pero el androide lo detiene con una sola mano, dejando a todos asombrados. Sus gemas brillan de nuevo.
– “No es posible…” – murmura Tarble, aterrado.
Hatchiyack propina un gancho a la barbilla de Broly que desconcierta al saiyajín, y acto seguido continúa con una combinación de golpes brutales, todos dirigidos a la cabeza de Broly; swings, crochet y directos de derecha e izquierda; una tormenta de puñetazos ante la que el saiyajín es incapaz de reaccionar. Con cada golpe, las piedras de su cuerpo se iluminan.
Kale y Tarble sufren al ver a su amigo recibir esa paliza, pues es la primera vez que ven a alguien capaz de propinarle tal castigo. 
Finalmente, Broly es noqueado y cae de espaldas al suelo. Hatchiyack se detiene.
Kale, temblorosa, da un paso hacia su amigo.
– “No…” – dice la saiyajín. – “Broly no puede perder…”
– “Nunca había visto algo igual…” – murmura Tarble. – “Ni siquiera esos saiyajín terrícolas…”
Broly, con el rostro ensangrentado, se vuelve a poner en pie.
– “Los saiyajín sois especialmente testarudos…” – murmura Raichi.
Tarble prepara una esfera de ki azulado en su mano derecha.
– “¡RIOT JAVELIN!” – exclama saiyajín, disparando a Hatchiyack por la espalda.
El ataque estalla al impactar contra el androide, que ni se inmuta.
– “Maldita sea…” – lamenta el saiyajín. 
Hatchiyack mira de reojo a Tarble.
– “No os entrometáis” – dice Raichi.
El androide dispara una ráfaga de ki contra los saiyajín, pero Obni y Ganos se lanzan sobre ellos, evitando que sean alcanzados por el ataque, que impacta contra la pared del laboratorio y causa un pequeño derrumbe.
En la mente de Broly, los recuerdos de su infancia vuelven a aflorar. El pequeño saiyajín se encuentra llorando en silencio, sentado en la entrada de una gruta colapsada, mientras varios saiyajín ayudan a un ensangrentado Páragus a buscar a Kabasha entre los escombros.
Broly sujeta su cabeza con ambas manos mientras grita con todas sus fuerzas y emite un gran chorro de ki por su boca, directo contra Hatchiyack.
El ataque del saiyajín crea un gran surco en el planeta, formando una trinchera de varios kilómetros de distancia y cientos de metros de profundidad.
Al disiparse la polvareda, Hatchiyack, que sigue intacto, agarra a Broly por el cuello. El saiyajín sujeta el brazo del androide, intentando liberarse, pero las gemas del enemigo empiezan a brillar y el poder de Broly parece desaparecer lentamente, como si éstas estuvieran drenando su energía.
La voz de Raichi habla de nuevo.
– “Tu padre era un ingenuo” – dice el tsufur. – “Se agarraba a una fantasía, porque era demasiado débil para asumir la realidad. ¡Yo he creado vuestra historia! ¡La leyenda Súper Saiyajín nació en mi laboratorio!”
Tarble, malherido, sale de entre los escombros y se levanta.
El tsufur continúa su discurso.
– “Antes de mi intervención, solo erais una raza de monos salvajes.” – continúa el tsufur.
– “No es cierto…” – dice Tarble.
– “No tengo razones para mentir.” – responde Raichi.
– “¿Y por qué lo hiciste?” – pregunta el saiyajín.
– “Para comprobar los límites de mis capacidades.” – responde el tsufur. – “Puede que eso lo tengamos en común, al fin y al cabo. El deseo de saber hasta donde puedo llegar. Descubrir las barreras que nos limitan para poder superarlas y alcanzar el siguiente nivel. Quiero respuestas. Comprender un mundo que va más allá de lo que se nos muestra. Quiero ver.”
Hatchiyack ha absorbido el poder de Broly, que ha vuelto a su estado base y ha quedado inconsciente.
Tarble, a pesar de tan terrible situación, esboza una media sonrisa.
– “Todo en lo que he creído…” – dice el saiyajín. – “Todo se ha desmoronado en estos últimos meses. El universo ha resultado ser mucho más grande de lo que jamás había imaginado criándome en este planeta.”

Raichi escucha con atención al chico.
– “Los tsufur invadisteis el planeta Plant e intentasteis exterminarnos… Y ahora, de nuevo, atacáis nuestro hogar…” – dice Tarble.
– “Yo os traje hasta aquí…” – dice Raichi.
– “No me importa” – le interrumpe Tarble. – “Broly, Kale y yo, al igual que muchos otros saiyajín, hemos nacido y crecido en Vampa. Esta es nuestra casa.”
Hatchiyack suelta a Broly, que se desploma contra el suelo, y centra su atención en Tarble.
– “Puede que yo no sea tan fuerte como Broly.” – dice Tarble. – “No tengo el poder de un Dios, ni el de una leyenda. Mi padre es un guerrero saiyajín que abandonó Vegeta buscando un futuro mejor para su raza. ¡Protegeré ese futuro!”
Los ojos de Tarble brillan de color verde de forma intermitente y el chico se abalanza sobre Hatchiyack, dispuesto a propinarle un puñetazo, pero éste le intercepta con un puñetazo en el abdomen que le detiene bruscamente, haciéndole escupir sangre. Acto seguido, Hatchiyack propina un golpe con el dorso de su puño a al chico, lanzándole contra la pared de laboratorio.
Broly, en su estado base, aturdido y casi sin fuerzas, se abalanza sobre Hatchiyack y le agarra por la cintura, intentando derribarle, pero es incapaz de ni tan solo moverle. El androide propina un codazo en la cabeza del saiyajín y éste cae al suelo.
Mientras tanto, Ganos ha salido de los escombros y dispara a Hatchiyack con su pistola, pero los disparos salen desviados, sin causarle ningún daño.
Cerca de allí, Kale ayuda a Obni, que ha quedado atrapado.
Broly agarra el pie de Hatchiyack, en un desesperado intento de seguir oponiéndose al enemigo.
Raichi suspira, decepcionado.
– “Esperaba más de ti, Broly.” – dice el tsufur. – “Cuando tu padre recurrió a la sabiduría de mi laboratorio, parecías muy prometedor. Tu poder reaccionaba a este planeta de una forma peculiar.”
– “Grr…” – gruñe Broly.
– “Escapabas a su control.” – dice Raichi. – “Así que le proporcioné los medios necesarios para encadenarte a su voluntad… y a la mía. Tu interacción con las piedras shintai era un misterio que debía resolver.”
Hatchiyack coloca su pie sobre la cabeza de Broly y empieza a pisarla contra el suelo, aumentando su fuerza gradualmente.
En la mente de Broly, éste recuerda a su padre colocándole su diadema después de vestirle con las piezas doradas que le torturarían durante el resto de su vida.
– “Es por tu bien, hijo.” – le dice Páragus. – “Esto te ayudará a controlar tu poder.”
En el laboratorio, Ganos dispara al panel de comandos, intentando desconectar el sistema de forma desesperada.
– “No seáis ridículos.” – dice Raichi. – “Dejé de necesitar eso hace mucho tiempo.”
– “¡Tiene que haber un modo de pararlo!” – exclama Obni, que ha salido de los escombros.
– “Mi tecnología está muy lejos de vuestro entendimiento” – dice el tsufur.
Hatchiyack sigue apretando la cabeza de Broly, que se incrusta en el suelo.
– “El guerrero que tienes ante ti ha nacido de esas investigaciones.” – dice Raichi. – “Ya no te necesito.” – sentencia.

El gigantesco androide se prepara para dar el pisotón final al saiyajín, pero en ese instante, Kale embiste a Hatchiyack con todas sus fuerzas, empujándole ligeramente; lo suficiente para liberar a Broly.
– “¿Qué?” – se sorprenden todos.
Los ojos de Kale brillan intensamente de color verde y el cabello de su coleta ondea ligeramente. Un aura amarilla rodea su cuerpo.
– “¡No dejaré que hagas daño a Broly!” – dice la saiyajín.
En ese instante, un malherido Broly alza su mirada y ve a su madre, de pie frente a él.
– “¡Es solo un niño!” – dice el espejismo.
Kale se prepara para enfrentarse al enemigo.
– “Hemos estado tan cegados pensando en el Súper Saiyajín de la leyenda, que se nos ha olvidado lo que realmente nos hacía poderosos… ¡Nuestra fuerza conjunta!” –  exclama Kale. – “El Rey Vegeta y el señor Páragus cometieron el mismo error. Lo entendí cuando vi a esos dos terrícolas.”
Tarble, malherido, se levanta lentamente.
– “Kale…” – murmura el saiyajín.
– “El destino de nuestra raza no recae sobre Broly.” – dice Kale. – “¡Depende de todos nosotros!”
Hatchiyack analiza detenidamente a su contrincante.
– “Eres insignificante.” – dice Raichi.
Tarble camina tórpidamente hasta colocarse junto a Kale.
Al ver a sus dos amigos, Broly recuerda su infancia de nuevo. El chico se encuentra sentado en un rincón, magullado por los golpes recibidos por los duros castigos de su padre, cuando un niño se acerca a él. 
– “¡Hola!” – saluda el alegre muchacho. – “Tú eres Broly, ¿verdad?”
Broly no responde. El pequeño saiyajín no está acostumbrado a relacionarse con otros niños, porque todos le tienen miedo.
– “Me llamo Tarble” – saluda el chico. – “¡Nuestros padres son amigos! Supongo que eso hace que nosotros también lo seamos…”
En ese momento, una pequeña saiyajín se acerca a Tarble.
– “¿Qué haces, Tarble?” – pregunta la muchacha.
– “¡Te presento a mi amigo!” – sonríe el chico. – “Se llama Broly.
– “¡¿Broly?!” – se asusta Kale. – “Mis padres me han dicho que no debo jugar con él…” – susurra la saiyajín.
– “¡Eso es porque no le conocen como yo!” – exclama Tarble. 
– “¿Desde cuando sois amigos?” – pregunta Kale.
– “Bueno… verás…” – se avergüenza Tarble. – “Es que…”
Broly se levanta en silencio y se aleja de los dos.
En el laboratorio, los ojos de Tarble se iluminan y un aura dorada envuelve su cuerpo. 
Broly se levanta lentamente, a pesar de sus heridas, sorpendiendo a Raichi.
– “¿Aún le quedan fuerzas?” – se pregunta el científico.
En el recuerdo de Broly, Tarble agarra la mano de Broly, deteniendo su marcha.
– “¿Dónde vas?” – le pregunta el saiyajín. – “¡Ven con nosotros a jugar! ¡Vamos a ir a cazar odani cerca de las grutas Bah-bah!”
Broly intenta ignorar al chico, pero su otra mano es agarrada por Kale.
– “Puede ser divertido…” – dice ella, muy sonrojada. – “¡Vamos a jugar!”
Los dos chicos tiran de los brazos de Broly, obligándole a unirse a ellos. El chico, por primera vez, se siente parte de algo; querido, y una disimulada sonrisa se dibuja en su rostro.
Broly se ha levantado y se ha colocado entre Tarble y Kale, cuyas auras doradas estallan, prendiendo sus cabellos y tornándolos del mismo color.
El ki de los dos saiyajín envuelve a Broly como un torbellino, haciendo que su poder resurja y tornando sus pupilas de color rojo. Su aura rojiza le envuelve y tiñe ligeramente las auras de sus amigos.

DBSNL // Capítulo 122: Los Hermanos Para-para

DBSNL // Capítulo 122: Los Hermanos Para-para
“¡¡BON-PARA-PARA-PARA-BON-PA-PÁ!!”


Piccolo y Pan vuelan hacia la Atalaya de Kamisama. Ya pueden ver la Torre de Karín en el horizonte.
– “¡Tío Piccolo!” – dice Pan. – “Voy a pasar a saludar a Karín y Yajirobe. ¡Nos vemos luego!”
Piccolo asiente y ambos se separan.
En la Corporación Cápsula, Bra continúa entrenando sola en la Cámara de Gravedad.
Mientras tanto, en la Kame House, Goten y Marron se encuentran tomando un refresco, sentados en la arena de la playa, compartiendo un momento de complicidad.
Cerca de allí, Roshi y Oolong echan una siesta compartiendo la hamaca, protegiéndose el rostro del Sol con una de sus revistas.
En el planeta Ktal, Trunks y Cheelai siguen obligados a bailar junto al resto de asistentes a la fiesta.
– “¡¡BON-PARA-PARA-PARA-BON-PA-PÁ!!” – cantan los hermanos Para-para.
– “¡Esto es una tortura!” – lamenta Trunks.
Mientras tanto, Piccolo ya ha llegado a la Atalaya. 
– “Bienvenido, Piccolo” – saluda Kamisama.
– “Hola, Dende.” – responde Piccolo.

Mr. Popo se encuentra trabajando en los jardines, trasplantando una palmera desde una maceta a una de las jardineras de la Atalaya.
– “Hola, amigo Popo.” – saluda Piccolo.
Popo sonríe y saluda.
– “Parece que aún tenéis mucho por hacer” – dice Piccolo.
– “Los Kaioshin hicieron un trabajo excelente reconstruyendo la Atalaya” – sonríe Dende. – “Pero Popo es muy perfeccionista.”
– “Lo sé muy bien” – sonríe Piccolo.
En la Torre de Karín, Pan ha llegado y ha saludado a sus amigos.
– “¡Hola!” – exclama alegremente la muchacha.
Mientras tanto, en el planeta-ciudad, Trunks y Cheelai siguen bailando.
– “Estoy agotada…” – lamenta la patrullera.
De repente, el líder de la banda deja de bailar, mientras sus hermanos continúan controlando al público.
– “¡Señoras y señores!” – exclama Bon Para. – “¡Me complace anunciar que esta noche tenemos entre nosotros a unos invitados muy especiales! ¡Dos miembros de la Patrulla Galáctica!”
Los focos apuntan a Cheelai y Trunks.
– “¡Un fuerte aplauso!” – pide Bon Para.
Sus hermanos aplauden, haciendo que toda la gente del local haga lo mismo.
– “Nos han descubierto…” – murmura Trunks, que no puede moverse con libertad.
Bon Para baja del escenario y camina hasta nuestros amigos.
– “No nos gusta que los patrulleros se entrometan en nuestros asuntos” – sonríe Bon Para, antes de atizar un puñetazo en el rostro al mestizo y lanzarlo contra el suelo.
– “¡Trunks!” – exclama Cheelai.
El saiyajín se pone en pie, pero los dos hermanos que siguen en el escenario se han puesto a bailar de nuevo, forzándole a hacer lo mismo.
– “Maldición…” – lamenta Trunks.
– “¿Qué ocurre?” – se burla Bon Para. – “¿Estás cansado?”
Bon Para se acerca de nuevo a Trunks y le propina un puñetazo en el estómago, seguido de otro en la cara.
– “¡Déjale en paz!” – grita Cheelai.
El enemigo se fija en la muchacha.
– “Ya llegará tu turno” – sonríe Bon Para, antes de seguir golpeando a Trunks.
– “¡Cobarde!” – exclama la patrullera.
– “Está bien…” – responde Bon Para, que deja al saiyajín y se acerca a ella.
El grandullón golpea a Cheelai, derribándola.
– “Tu compañero encaja mejor los golpes” – se burla Bon Para.
– “¡No la toques!” – grita Trunks.
– “¡Jajaja!” – ríe Bon Para. – “No estás en situación de amenazar a nadie.”
Trunks observa a su alrededor, buscando alguna solución para escapar del embrujo de la música de los hermanos.
– “Si no estuviera rodeado de gente, podría romper los altavoces con un estallido de energía…” – piensa Trunks. – “Pero si lo hago ahora, muchos de los asistentes saldrán herida.”
Bon Para se acerca de nuevo a Cheelai y se prepara para asestarle otro puñetazo.
– “¡CHEELAI!” – grita Trunks.
Pero de repente, una granada PEM cae en el centro de la pista, provocando un impulso electromagnético que fríe el sistema eléctrico del local, dejando a los hermanos Para-para sin su terrible arma.
– “¡Estoy libre!” – exclama Trunks, que puede volver a moverse a voluntad.
La gente corre despavorida hacia la salida, mientras los hermanos Para buscan a su nuevo enemigo, sin éxito.
Trunks se acerca a Bon Para, dispuesto a vengarse; pero tres rápidos disparos aturden a los tres hermanos, que caen inconscientes al suelo.
– “¿Quién es?” – se pregunta Cheelai. – “¿Otro enemigo?”
El saiyajín alza su mirada hacia el techo del local, donde puede sentir una energía, y se pone en guardia.
En ese instante, un guerrero con una vieja armadura de la Patrulla Galáctica desciende de un salto, plantándose frente a Trunks y Cheelai.
– “¿Quién eres tú?” – le pregunta el mestizo.
– “¿Es que a los nuevos no os enseñan nada?” – se burla el misterioso individuo.
Cheelai observa con detenimiento al personaje, fijándose en el logotipo borrado de la Patrulla.
– “Eres… ¡¿Eres Meerus?! ¡¿El legendario patrullero?!” – se sorprende la muchacha.
En la Atalaya de Kamisama, Piccolo ha preguntado a Dende sobre la situación de las Dragon Balls de Namek.
– “Pronto estarán listas” – dice Dende. – “El señor Moori las está reuniendo.”
– “Me alegro” – sonríe Piccolo. – “Deberíamos resucitar a los fallecidos cuanto antes.”
– “¿Ocurre algo?” – pregunta Kamisama.
– “No…” – responde Piccolo. – “Es solo un mal presentimiento.”
En la Torre de Karín, el Duende le entrega un pequeño saco de semillas a Pan.
– “Espero que sean suficientes” – dice el felino.
– “Muchas gracias, señor Karín” – sonríe Pan.
– “¿Estás entrenando mucho?” – pregunta el Duende. – “Parece que cada día eres más fuerte.”
– “Sí” – responde Pan. – “Estoy aprendiendo mucho de papá y del tío Piccolo”.
– “¿Tú también entrenas con Piccolo?” – pregunta Yajirobe. – “Siempre me ha dado miedo ese tipo.”
De repente, Ub aparece en la torre con el Shunkanido.
– “Hola a todos” – saluda Ub.
– “¡Ub! ¡Hola!” – responde Pan.
– “¿Qué haces aquí?” – pregunta el muchacho.
– “He venido a buscar esto para mi padre” – dice enseñando el saco. – “Y ahora subiré a saludar a Dende.”
– “Bien” – responde Ub. – “Te acompaño.”
Mientras tanto, en Ktal, Meerus se ha presentado ante nuestros amigos y ahora reúne a los tres hermanos, arrastrando sus cuerpos inconscientes.
– “¿Se supone que es famoso?” – le pregunta Trunks a su compañera.
– “Es un antiguo patrullero” – responde Cheelai. – “Era el mejor hasta que cayó el Imperio de Freezer y se convirtió en un cazarrecompensas.”
– “Sin los incentivos del Imperio, el sueldo de la Patrulla Galáctica era bastante mediocre.” – interviene Meerus, que ha oído la conversación.
Trunks se pone serio.
– “Así que eras corrupto…” – dice el saiyajín. – “Eres uno de los que traicionó a Jaco.”
– “¿Jaco?” – se sorprende Meerus. – “¿Ese idiota idealista? Era un ingenuo.” – dice mientras atrapa a los tres malhechores en una red de energía, sin prestar demasiada atención a nuestros amigos.
El mestizo aprieta con rabia sus puños al oír a Meerus despreciar a su amigo.
– “Pero he oído que ha regresado, ¿no es así?” – dice Meerus. – “La Patrulla Galáctica vuelve a funcionar.”
– “Jaco ha…” – dice Cheelai. – “Ha fallecido.”
– “¿Otra vez?” – sonríe Meerus en tono burlón. – “Parece que no aprende.”
Trunks, furioso, se prepara para reprender a Meerus, pero Cheelai le detiene.
– “No vale la pena.” – dice la muchacha.
– “Eso es” – sonríe Meerus con prepotencia. – “No vale la pena.”
Trunks agacha la cabeza, frustrado, pero intenta calmarse. Cheelai le agarra del brazo e intenta apartarle gentilmente de Meerus.
– “Vámonos” – insiste la muchacha.
El mestizo acompaña a Cheelai, dispuesto a dejar pasar las provocaciones del cazarrecompensas.
– “Otro perdedor” – refunfuña Meerus.

En ese instante, Trunks, con sus ojos brillando de color verde, se da la vuelta y se abalanza sobre Meerus, propinándole un puñetazo en la cara que le lanza hasta el fondo de la sala.
El mestizo extiende su brazo derecho hacia un lado, con la mano abierta, y su espada, oculta en el exterior del edificio, automáticamente es atraída hasta él, que la agarra al vuelo.
El cazarrecompensas, que enseguida se pone en pie, desenfunda su pistola y dispara al mestizo, que repele los rayos con su espada mientras avanza.
Meerus aprieta un botón de su pistola que hace que ésta se enderece y emita un rayo de energía que la convierte en un sable de luz. 
Los dos guerreros chocan sus espadas. La mirada de Trunks está llena de ira.
– “No está mal” – se burla Meerus.
Cheelai corre hacia ellos.
– “¡BASTA!” – grita la muchacha. – “¡TRUNKS!”
Meerus intenta sorprender a Trunks dándole un cabezazo, pero el mestizo ni se inmuta, lo que deja al cazarrecompensas perplejo.
Trunks se transforma en Súper Saiyajín, empujando a Meerus y Cheelai con su energía, haciendo que la chica caiga al suelo y que Meerus atraviese la pared del local.
En ese instante, al escuchar el grito de Cheelai, Trunks recupera la razón y vuelve a su estado base.
– “¡Cheelai!” – dice mientras corre a socorrerla. – “¿Estás bien?” 
– “Sí…” – responde Cheelai, pese a estar claramente dolorida. – “Estoy bien…”
– “Lo siento. Lo siento mucho” – se disculpa Trunks.
– “Estoy bien, no pasa nada” – responde la muchacha.
Trunks busca a su enemigo con la mirada, pero Meerus ya se ha marchado, dejando atrás a los hermanos Para-para.