ESPECIAL DBSNL /// El Saiyajín Dios // Universo 7 / Parte VII: Llave y cerradura

El Saiyajín Dios / Parte VII: Llave y cerradura
“Ellos os encontrarán”
Kale ayuda a Broly a llegar hasta el laboratorio, donde Tarble y Ganos hablan con Raichi. 
– “No tenéis mucho tiempo.” – dice el tsufur. – “Su regreso está cerca.”
– “No lo permitiremos” – responde Ganos. – “La Patrulla Galácticas protegerá el universo de cualquier amenaza.”
– “Ingenuos” – responde Raichi, despreciando al patrullero.
 En lo más profundo de la mina de piedras shintai, Obni coloca los explosivos alrededor de la réplica del Amenoukihashi.
– “Debemos asegurarnos de que esto nunca sea utilizado.” – murmura el patrullero.
Raichi observa detenidamente a Broly.
– “Tu poder me ha sorprendido, muchacho” – sonríe el tsufur en tono burlón. – “Al verte, siento que el destino se ríe de mí, entregándote todo el poder en el que yo he trabajado para conseguir. Aunque puede que no sea solo casualidad…” – añade Raichi, muy suspicaz.
Broly parece molesto ante las palabras el tsufur.
– “Creo que hay algo que debes ver…” – dice el científico.
De repente, un nuevo holograma de unos jóvenes Páragus y Leek aparece entre las ruinas del laboratorio.
– “¿Padre?” – se pregunta Broly.
– “¿Qué es esto?” – murmura Tarble.
Páragus se encuentra hablando con Leek.
– “¿Y si me he equivocado?” – pregunta Páragus, muy apenado.
– “El destino de nuestra raza depende de Broly” – dice Leek. – “Eso dice la leyenda. ¡Él es el Súper Saiyajín!”
– “Sí…” – responde Páragus, cabizbajo e inseguro. – “Pero…”
Leek le mira dubitativo.
– “Es posible que…” – continúa Páragus.
– “¿Qué ocurre, Páragus?” – pregunta Leek, preocupado por su compañero.
– “Me gustaría poder contártelo.” – responde el saiyajín, mientras una lágrima se desliza por su rostro.
– “Sabes que puedo guardar un secreto” – dice Leek.
– “Lo sé, Leek” – dice Páragus. – “Pero yo no puedo revelarlo.”
– “¿A qué te refieres?” – se extraña su compañero.
– “Lo hice por nosotros…” – dice Páragus. – “Por nuestra raza.”
Su compañero, preocupado, coloca la mano en el hombro de Páragus.
– “No puedo ayudarte si no me lo cuentas.” – insiste Leek.
Cuando Páragus se dispone a hablar, algo parece arder en su brazo, haciendo que el saiyajín caiga arrodillado.
– “No puedo hacerlo…” – dice Páragus.
En la parte interna de su antebrazo ha aparecido una extraña marca negra que recuerda al Amenoukihashi.
– “¿Qué has hecho, Páragus?” – le pregunta Leek, asustado.
– “Ellos… aparecieron en mis sueños…” – dice el saiyajín. – “Era nuestra única oportunidad, Leek.”
Broly y los demás observan el holograma sin comprender completamente lo que sucede.
De repente, la marca negra aparece también en el antebrazo de Broly, asustando al saiyajín y alarmando a todos los presentes.
– “Una maldición Kashvar…” – dice Raichi. – “Eso lo explica todo.”
– “¡¿QUÉ LE HABÉIS HECHO?!” – pregunta Kale.
– “Esto no es obra mía, saiyajín” – responde el tsufur. – “Parece que Páragus hizo tratos con más de una persona…”
– “¡Quítaselo!” – dice Tarble.
– “Ya os lo dije” – responde Raichi. – “La magia Kashvar supera mis conocimientos.”
– “¡¿Y qué significa esa marca?!” – pregunta Ganos.
En ese instante, Obni sale de la mina.
– “¡Tenemos que salir de aquí!” – exclama el patrullero.
Los explosivos estallan, destruyendo el monumento y provocando que la cueva empiece a derrumbarse.
– “¡Necesitamos respuestas!” – insiste Tarble.
– “Ellos os encontrarán” – dice Raichi, mientras varios cascotes atraviesan su holograma. – “Él es el Amenonuhoko. Es la llave.”
Ganos agarra el brazo de Tarble.
– “¡Vámonos!” – exclama el patrullero.
– “¡¿La llave para qué?!” – pregunta el saiyajín.
Raichi ya no responde. Su holograma se desvanece, mientras el derrumbe avanza.
– “Intenté crear una llave artificial cuando tenía la original ante mis ojos…” – sonríe Raichi, riéndose de su propio error.
Todos corren por las grutas subterráneas de Vampa hasta lograr salir al exterior en el último momento.
Una vez fuera, se detienen, dejándose caer al suelo, agotados, intentando recobran el aliento.
– “Ha estado cerca…” – suspira Ganos.
– “Maldición…” – lamenta Tarble.
La marca de Broly ha desaparecido. El mestizo acaricia su brazo, intentando comprender lo que sucede.

En ese instante, una nave con forma de pulpo aterriza cerca de ellos.

– “Refuerzos” – dice Obni.
– “Ya no hacen falta” – añade Ganos.

De la nave desembarcan Trunks y Cheelai.
– “¿Estáis todos bien?” – pregunta la patrullera brench. – “¿Qué ha pasado aquí?”
– “El Cuartel General nos ha pedido que nos acercáramos a echaros una mano cuando perdieron vuestra señal.” – dice Trunks. – “¿Va todo bien?”
Ganos sonríe.
– “Llegáis un poco tarde” – dice el patrullero. – “La fiesta ya ha terminado.”
– “Yo no pienso escribir este informe” – dice Obni. – “Va a ser una pesadilla recopilar todo lo que ha sucedido.”
– “Supongo que esta vez me toca a mí…” – suspira Ganos.
Cheelai saca una pequeña caja con píldoras senzu y se dispone a repartirlas entre los heridos.
Trunks se acerca a Broly y le ofrece su mano para ayudarle a levantarse.
Broly, con una sonrisa cómplice, acepta la ayuda.

DBSNL // Capítulo 125: Shiras

DBSNL // Capítulo 125: Shiras
“Sigues siendo arrogante, Whis.”
Whis y Shiras se encuentran cara a cara.

– “Has recuperado tus poderes…” – dice Whis.
– “Son un regalo” – responde Shiras.
– “Lo suponía.” – dice el ángel.
– “Parece que las cosas han cambiado bastante durante estos años.” – sonríe el legendario patrullero.
– “Veo que mi hermano te ha puesto al día” – dice Whis.
– “Te has vuelto blando” – dice Shiras.

Whis agacha la cabeza, en un claro gesto de decepción.

– “Y tú no has cambiado nada” – suspira el ángel.
– “Siempre tan condescendiente…” – dice Shiras, que aprieta su vara con rabia.
– “Siempre tan ingenuo” – responde Whis.
– “Vosotros y ese maldito asesino me encerrasteis aquí…” – dice el antiguo patrullero.
– “Habías perdido el control.” – dice el ángel. – “Intentaste destruir lo que juraste proteger.”

Trunks, malherido, se pone de nuevo en pie, escuchando atentamente la conversación.
Whis le hace un ligero gesto para que se marche, pero Shiras se da cuenta.

– “¡No te vas a ninguna parte!” – exclama Shiras.

En ese instante, la esfera de la vara de Whis emite una poderosa luz verde.
Shiras aparece delante de Trunks, con su puño en alto, pero es empujado por la luz y se estrella contra la pared.
Cheelai no entiende nada de lo que ocurre. Trunks también parece confuso.

– “¡Marchaos!” – insiste Whis.

El mestizo corre y agarra a Cheelai del brazo. Los dos huyen hacia la plataforma de teletransportación.

– “¡¿Vamos a dejar a tu amigo solo?!” – pregunta la muchacha.
– “¡Es un ángel! ¡Sabe defenderse!” – responde Trunks.
– “¡¿Un ángel?!” – se sorprende Cheelai, que es la primera vez que asiste a la presencia de un ser celestial.

Mientras tanto, Shiras se levanta y Whis se pone en guardia.

– “Ya sabes que a mí no vas a sorprenderme con ese tipo de trucos” – sonríe Whis.
– “No subestimes el poder del tiempo” – sonríe Shiras.

Whis vuelve a hacer brillar su vara, que revela y repele a múltiples clones de Shiras que estaban rodeándole y abalanzándose sobre él.
En ese instante, la vara de Shiras golpea por sorpresa a Whis en la nariz, haciéndole retroceder.

– “Mojito tenía razón” – sonríe Shiras. – “Eres más débil que antes.”

Whis se pone de nuevo en guardia, mientras una gota de sudor recorre su frente.
Trunks y Cheelai han llegado a la plataforma de teletransportación. Cheelai teclea el código para comunicarse con el anillo exterior.

– “Transporte en 4…” – empieza la cuenta atrás.
– “Diles que evacuen la zona.” – dice Trunks.
– “3… 2…” – continúa la megafonía.
– “¿Qué?” – se extraña Cheelai.
– “Escapa cuanto antes.” – dice el mestizo, mientras se aparta de la plataforma.
– “1…” – continúa.
– “¡NO! ¡ESPE…!” – exclama Cheelai, que es teletransportada antes de poder terminar la frase.

La muchacha aparece en el anillo exterior, rodeada por los demás patrulleros.

– “¡¿Qué está pasando ahí abajo?!” – exclama un patrullero.
– “Tenemos que abandonar la base.” – dice Cheelai, claramente preocupada por su compañero, pero confiando plenamente en su juicio.

Shiras y Whis siguen peleando.  El legendario patrullero utiliza su extraño poder para evitar los ataques del ángel, que pasan a través de él como si fuera intangible.

– “Maldita sea…” – refunfuña Whis.

Shiras golpea a Whis en el abdomen y después hace girar su vara para propinarle un golpe en el mentón que le hace retroceder y caer de espaldas al suelo.

– “Sigues siendo arrogante, Whis” – dice Shiras mientras se acerca al ángel. – “Has venido tú sólo a enfrentarte a mí…”

De repente, como un rayo de luz, Trunks, transformado en Súper Saiyajín 3, aparece con su espada extendida, cargando contra Shiras, dispuesto a ensartarle el corazón.
La espada parece incrustarse en la armadura del enemigo, pero éste se vuelve intangible y permite que Trunks pase de largo.

– “Maldición…” – lamenta Trunks. – “Creía que le tenía…”

Shiras mira al saiyajín con desprecio.

– “Vaya, vaya…” – dice el antiguo patrullero. – “Un idiota que quiere morir…”

Trunks se fija en el lugar donde su espada hizo contacto con Shiras y puede ver un leve corte en la armadura que corresponde a la punta de su espada.

– “¡Le he alcanzado!” – piensa Trunks. – “No es invulnerable.”

Whis pretende aprovechar la distracción para intentar alcanzar su vara, pero Shiras aparece a su lado y aplasta la mano del ángel con el extremo blanco de su bastón. 

– “¡AAAH!” – grita Whis.
– “¡WHIS!” – exclama Trunks.

Shiras se agacha y recoge la vara del ángel. El enemigo arranca la esfera del extremo y la sostiene en su mano, observándola con una aterradora sonrisa.
Trunks da un paso al frente, dispuesto a ayudar al ángel, pero éste niega con la cabeza, indicándole que no haga nada.
Durante un instante, Whis y Trunks cruzan sus miradas y el ángel parece hablar al corazón del mestizo.
Shiras mira a Whis con prepotencia y sonríe con desprecio.

– “Hasta nunca, Whis.” – dice al apretar la esfera, que emite una intensa luz verde y estalla en mil pedazos, generando una gigantesca explosión de energía.

Mientras tanto, Cheelai se encuentra escapando en la nave de Trunks, y puede ver el asteroide convertirse en una explosión verde de energía que no deja ni rastro del lugar.

– “Trunks…” – llora la muchacha.

De repente, Champa aparece en la nave, sujetando a Trunks, gravemente herido y en su estado base

– “¡TRUNKS!” – exclama Cheelai al ver a su compañero.

La muchacha sujeta a su amigo y le tumba en el suelo.

– “Gracias, señor” – dice Cheelai, que desconoce la identidad del felino. – “Gracias por ayudarle.”
– “Señor… Champa…” – titubea Trunks. – “Lo siento… No pude…”
– “Tranquilo, chico” – responde Champa. – “No es culpa tuya.”

Trunks intenta incorporarse, pero su cuerpo ha sufrido graves heridas.

– “Tranquilo, Trunks.” – intenta calmarle Cheelai. – “Volveremos a la base y…”
– “No…” – dice el mestizo. – “Ese tipo… no es un enemigo que la Patrulla Galáctica pueda detener…”
– “¡Por supuesto que podremos!” – insiste Cheelai.
– “No” – le interrumpe Champa. – “El chico tiene razón. Su poder escapa a vuestro entendimiento.”
– “¿Quién es usted?” – dice Cheelai, algo molesta por el comentario del felino.
– “Me llamo Champa. Soy el Dios de la Destrucción.” – responde el Hakaishin.
– “El… el Dios de…” – titubea Cheelai, asustada.
– “Es un amigo.” – sonríe Trunks.

Cheelai mira a Trunks, incrédula.

– “Un ángel… un Dios…” – dice la joven brench. – “Pero, ¿qué clase de amigos tienes tú?”
– “Jeje…” – sonríe el mestizo.


Champa se acerca al ojo de buey de la nave y pierde su mirada en el tenebroso espacio.

– “Hablaré con Zamas” – dice el Hakaishin. – “Puede que él y los Kaioshin tengan más información sobre ese tipo.”
– “Está bien…” – dice Trunks. – “Pero intente no involucrar a mi padre y a Son Goku. Podría ser peligroso si intentan enfrentarse a él sin un plan.”
– “¡¿Lo dices en serio?!” – se sorprende Champa, claramente preocupado.
– “Sus habilidades son… peculiares.” – dice el mestizo.
– “Debemos conocer a nuestro enemigo antes de actuar…” – dice Champa. – “Bien pensado. Con razón Whis te tenía en alta estima.”
– “La buena noticia…” – sonríe Trunks. – “Es que ya he visto esos poderes antes.”

ESPECIAL DBSNL /// Shingeki no Saiyajín // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte X: Despedida

Shingeki no Saiyajín / Parte X: Despedida
“Tsufur matan saiyajín”


Kamin ha explicado sus descubrimientos a Gokua. Raichi derribó la nave del piloto herajín, que volaba bajo las órdenes de un demonio del frío a quién se dirigía como Rey Cold.
– “Cold…” – murmura Gokua. – “Podría ser el demonio del frío que derrotó a Bojack.” – ata cabos. – “Pero creía que era un Guardián del Fruto Sagrado… ¿Y ahora tiene a un herajín trabajando para él? Me resulta extraño.”
– “El Doctor Raichi nos ha tenido engañados” – dice Kamin. – “Su control del planeta es superior del que los propios tsufur conocemos.”
– “Tenemos que informar a Yamoshi” – dice Gokua.
Tras unas horas, Gokua y Kamin se han reunido con el líder saiyajín en las cuevas donde habitan. Yamoshi, por las graves heridas recibidas en la batalla contra Kinkarn, ha perdido su brazo izquierdo.
– “Parece que la verdadera amenaza tsufur no son las ciudades, Yamoshi” – reflexiona Gokua. – “Es el científico Raichi.”
– “Ni siquiera sus habitantes conocen hasta dónde llega el control del doctor” – añade Kamin. – “Creo que nos está enfrentando.”
– “Tsufur matan saiyajín.” – dice Yamoshi, contrariado.
– “Y los saiyajín matan tsufur” – responde Gokua.
El líder saiyajín mira su amigo con recelo al sentir que está defendiendo al enemigo.
– “Creo que deberíamos informar a los tsufur.” – intenta proponer el herajín. – “Deberíamos asegurarnos de que conocen la realidad, antes de seguir con esta guerra eterna.”
– “A mí me creerán” – dice Kamin.
– “No.” – dice Yamoshi, tajantemente. – “Tú… sabes mucho. No puedes marchar.”
– “Creo que podemos confiar en ella, hermano.” – dice Gokua.
– “NO” – repite el saiyajín.
Yamoshi abandona la cueva, pues su decisión está tomada.
– “¡Espera!” – le detiene el herajín, que ha salido tras él. – “Hay más.”
– “¿Más?” – pregunta el saiyajín.
– “He decidido marcharme.” – anuncia Gokua. – “Necesito saber qué ocurrió con mi planeta y mi raza. Voy a regresar a Hera.”
El saiyajín agacha la cabeza, entristecido por la posible marcha de su hermano.
– “¿Y la guerra?” – pregunta Yamoshi.
– “Ya conoces mi opinión.” – responde Gokua.
– “Opinión de tsufur.” – dice el saiyajín.
– “¿De qué estás hablando?” – pregunta el herajín.
– “La mujer…” – responde su hermano.
– “¿Crees que he cambiado de opinión por ella?” – dice Gokua, intentando que tal cosa parezca un disparate.
– “Ellos la mataron.” – dice Yamoshi.
– “Raichi lo hizo.” – responde Gokua. – “Pero no sabemos dónde está.”
Yamoshi no responde y se aleja de su hermano.
– “Mañana tendrás provisiones.” – sentencia el saiyajín.
Gokua agacha la cabeza, triste por el punto de vista de Yamoshi.
El herajín regresa a la cueva, donde le espera Kamin.
– “¿Qué ha ocurrido?” – pregunta la tsufur.
– “Yamoshi es tozudo…” – lamenta Gokua. – “No va a detener esta guerra.”
– “¿Podemos hacer algo?” – dice Kamin.
– “Lo dudo.” – responde el herajín. – “La lucha es la forma de vida de los saiyajín. A veces me pregunto si echar a los tsufur de Plant es solo una excusa para pelear…”
Kamin agarra la mano de Gokua.
– “Podemos marcharnos.” – dice la tsufur.
– “¿Marcharnos?” – se sorprende el herajín, algo confuso por las palabras de Kamin. – “¿Quieres venir conmigo a Hera?”
– “Los saiyajín no me dejarán volver con los míos” – dice la mujer. – “Y si me quedo con ellos, no sé que harán cuando no puedas protegerme.”
Gokua se levanta y se dirige hacia la salida de la tienda.
– “¿A dónde vas?” – pregunta Kamin.
– “Necesito tomar el aire” – dice el herajín.
Gokua sobrevuela el planeta en solitario hasta llegar a la ciudad donde estuvo preso durante tantos años y se adentra en sus ruinas hasta llegar a la torre principal, donde encuentra un acceso al laboratorio.
El herajín recorre los pasillos de tan sombrío lugar acariciando sus paredes con la mano, hasta encontrar la celda donde estuvo con su madre y Yamoshi. Las compuertas fueron arrancadas por la explosión, que se extendió por todo el centro de investigación.

– “Sé que mamá no quería que regresara a Hera…” – reflexiona Gokua. – “Pero necesito saber más sobre mi pasado. En Plant me siento un extraño. Esta no era nuestra guerra… Pero tampoco puedo abandonar a Yamoshi y a los saiyajín.” – el herajín está hecho un lío. – “¡Maldita sea!” – exclama. – “¿Qué puedo hacer?”
De repente, una vieja computadora parece ponerse en marcha, y un holograma parpadeante aparece junto a Gokua.
– “Bienvenido a casa, muchacho” – dice una voz anciana que enseguida reconoce.
– “¡¿Raichi?!” – exclama Gokua, furioso, poniéndose en guardia.
– “Parece que has encontrado la nave derribada…” – dice el tsufur.
– “¡¿Cómo sabes eso?!” – pregunta el herajín.
– “Considérala un regalo.” – responde Raichi.
– “¿Qué?” – Gokua parece confuso.
– “Mis objetivos para ti han terminado, Gokua” – explica el doctor. – “Ahora eres un estorbo.”
Gokua, furioso ante la manipulación del científico intenta golpear el holograma, atravesándolo.
– “Maldición…” – lamenta el herajín. – “¡DA LA CARA!” 
– “Eso no va a ser posible.” – sonríe el holograma. – “Estoy en otro planeta, muy lejos de aquí.”
– “¡¿Qué quieres de mí?!” – pregunta Gokua.
– “Ya te lo he dicho.” – responde Raichi. – “Quiero que abandones Plant.”
– “¡¿Por qué?!” – insiste el herajín.
– “Quiero estudiar el desarrollo de los saiyajín.” – explica Raichi. – “Quiero observar el destino de Plant y hasta dónde puede llegar el Súper Saiyajín. Aún tengo muchas preguntas por responder.”
– “¿No quieres eliminarlos?” – pregunta Gokua, confundido ante el discurso del científico.
– “Por supuesto que no” – responde Raichi. – “Yo soy un hombre de ciencia. Me interesa el progreso… y los saiyajín mejoran a pasos agigantados.”
– “¿No te importan los tsufur?” – pregunta Gokua.
– “Son una parte importante de mi experimento, si es eso a lo que te refieres.” – responde el doctor. 
A Gokua le cuesta comprender el punto de vista de Raichi.
– “¿Y Kinkarn?” – pregunta Gokua.
– “No voy a engañarte…” – sonríe Raichi. – “Creía que el Súper Tsufur sería superior… Pero me equivoqué. No fui consciente de las verdaderas posibilidades del Súper Saiyajín hasta que os vi luchar contra el viejo Capitán.”
– “Eres un monstruo…” – murmura el herajín.
Raichi ignora las palabras del herjaín.
– “Ahora, quiero hacerte una oferta.” – dice el tsufur.
– “¿Una oferta?” – pregunta Gokua.
– “Si tú abandonas el planeta, yo dejaré de participar activamente en el desarrollo de la historia de Plant.” – ofrece Raichi. – “Me dedicaré a observar los acontecimientos. No habrá más Súper Tsufur.”
– “¿Y si me niego?” – pregunta Gokua.
– “Ya has visto de lo que es capaz mi ciencia, chico” – dice el doctor. – “Yamoshi y tú sobrevivisteis por los pelos. ¿Crees que podríais derrotar a otro Súper Tsufur? ¿Crees que Yamoshi está en condiciones de librar otro combate igual? ¿O cuánto crees que tardaría en formar un pequeño ejército?”
– “Bastardo…” – dice Gokua al darse cuenta de que Raichi conoce el estado de su hermano.
– “Así que… dime, Gokua” – sonríe el tsufur. – “¿Qué vas a hacer?”
Al amanecer, Gokua ya ha regresado al campamento saiyajín. Kamin prepara los suministros para el viaje.
– “No me puedo creer que vaya a abandonar este planeta…” – suspira Kamin.
– “Yo tampoco.” – responde Gokua. – “Pero es lo que debo hacer.”

De repente, Yamoshi se acerca al herajín. En sus manos lleva un obsequio para su hermano. El objeto es alargado y está envuelto en pieles.
– “¿Qué es esto?” – pregunta Gokua.
El herajín desenvuelve el regalo y resulta ser una cimitarra hecha a partir de un colmillo de ozaru.
– “Nuestra fuerza…” – dice Yamoshi. – “Contigo.”
– “Gracias, hermano” – le abraza Gokua. – “Siento mucho tener que irme.” – derrama una lágrima el herajín.
– “Mucha suerte.” – responde el saiyajín.

Los hijos de Yamoshi se abalanzan sobre su tío y lo abrazan.
– “Os echaré de menos” – sonríe Gokua. – “Entrenad mucho.”
Gokua y Kamin suben a la nave Real y se preparan para partir.
– “Sabes pilotar esto, ¿verdad?” – pregunta Gokua.
– “Eso creo…” – responde Kamin. – “No debe ser muy distinto a un aerodeslizador, ¿no?”
El herajín mira asustado a su compañera, que responde con un guiño y esbozando una sonrisa burlona.
La nave se eleva lentamente y, en un abrir y cerrar de ojos, desaparece en el cielo ante los ojos de los saiyajín, que se despiden de su compañero, al que llegaron a considerar uno de los suyos.

Mientras tanto, en Vampa, Raichi observa su monitor con una misteriosa sonrisa.