ESPECIAL DBSNL /// Hopeless Future // Universo 3 / Parte I: Paz relativa

Hopeless Future / Parte I: Paz relativa

“Habéis llegado tarde…” 



En un mundo sin guerreros Z, donde Trunks fue asesinado por Cell cuando éste le robó la máquina del tiempo, la Tierra disfruta de un aparente periodo de paz.

En la Corporación Cápsula, Bulma trabaja un proyecto de energía renovable para la ciudad. Una fotografía del pequeño Trunks con sus abuelos adorna su escritorio.

– “Seguiré trabajando, hijo” – sonríe Bulma con nostalgia. – “Mantendremos la paz que trajiste a este mundo.”

Mientras tanto, en la Kame House, ahora situada en otra isla del archipiélago Sur, Roshi descansa en el sofá, mientras Oolong y Umigame juegan a cartas en el salón. En el televisor emiten una telenovela.

De repente, el canal de televisión interrumpe su programación para dar una noticia de última hora. Un reportero retransmite desde la calle principal un pequeño pueblo; detrás de él, la policía tiene acordonada la zona y los servicios sanitarios están trabajando.

– “¡Soy Jimmy Firecracker, desde Ginger Town!” – anuncia el veterano reportero. – “Una nueva oleada de asesinatos ha tenido lugar, esta vez en esta tranquila ciudad.”

Umigame y Oolong prestan atención al televisor.

– “Todo parece indicar que ha sido un nuevo ataque organizado. Las víctimas tienen la misma herida punzante que hemos visto ya en tantas ocasiones, pero es la primera vez que esta macabra banda se atreve a atacar una zona urbana.” – explica el reportero. – “¿Quién está haciendo esto? ¿A qué clase de asesinos despiadados se enfrenta la policía? ¿Pueden ser androides?” – pregunta retóricamente.

A su espalda, dos extraños personajes ataviados con ropajes estrafalarios pero elegantes caminan entre los cadáveres. Uno es alto, de tez rosada y cabello blanco, largo y lacio. Su compañero es de estatura baja, tez azulada y luce un peinado en forma de cresta, también de color blanco.  

El cámara se da cuenta y llama la atención del reportero.

Jimmy Firecracker se dirige hacia ellos, seguido por el cámara, en busca de respuestas.

– “¡Ustedes!” – exclama el reportero. – “¡Señores!”

El más alto de los dos se da cuenta de la presencia de los dos periodistas y pone su mano sobre su acompañante. Los dos desaparecen en un abrir y cerrar de ojos.

Los periodistas parecen desconcertados.

Oolong y Umigame se miran asustados.

– “¿Quiénes eran esos?” – pregunta el cerdo.

– “Que tipos tan extraños…” – dice la tortuga.

De repente, tres golpes en la puerta sobresaltan a los dos personajes y despiertan al Duende Tortuga.

– “¿Qué pasa?” – pregunta adormilado el anciano. – “¿Qué ha sido eso?”

Los golpes se repiten.

– “¡Ya voy!” – responde Roshi. – “¿Quién puede ser?” – se pregunta.

El anciano camina hasta la puerta y la abre, revelando a los dos personajes que habían aparecido en las noticias.

– “¡¡AAAAHHH!!” – gritan asustados Umigame y Oolong.

Roshi, que desconoce la identidad de los sujetos, saluda amablemente.

– “¿En qué puedo ayudarles, caballeros?” – pregunta el anciano.

– “Hola” – sonríe amablemente el pequeño de los dos forasteros. – “Usted es el Maestro Mutenroshi, ¿verdad?”

– “Así es.” – responde el Duende.

– “Es un placer” – sonríe el pequeño.

– “¿Puedo saber sus nombres?” – pregunta Roshi.

– “Él es Kibito” – responde el individuo, presentando a su compañero. – “Y a mí puede llamarme Shin.”

– “¿Y a qué debo su visita, señor Shin?” – insiste el viejo Tortuga.

– “Soy el Kaioshin del Este.”– revela el personaje. – “Y nos gustaría hablar con usted.”

Roshi se queda helado al escuchar al forastero.

– “¿Un…? ¿Un Kaioshin?” – titubea el anciano.

En una nave enterrada en mitad del desierto, el brujo Babidí inserta la energía recolectada por sus hombres en el huevo que encierra a Majin Bu.

La aguja que indica la energía total del monstruo se sacude ligeramente, pero a duras penas se puede notar el cambio.

– “Maldita sea…” – refunfuña el brujo. – “¡Así no acabaremos nunca!” – protesta.


A su lado, el demonio Dabra lo escolta.

– “Paciencia, señor” – dice el Rey de los Demonios. – “Majin Bu renacerá a su debido tiempo.”

– “¡Llevamos años recogiendo energía y no hemos logrado casi nada!” – exclama el brujo. – “¡Los humanos no sirven!”

– “¿Deberíamos ir a otro planeta?” – pregunta Dabra.

– “No podemos…” – lamenta Babidí. – “Si desenterramos la nave, llamaremos la atención de los Dioses…”

– “Yo puedo encargarme de los Kaioshin.” – dice Dabra.

– “No son ellos quienes me preocupan…” – responde Babidí. – “No quisiera que alertaran al Hakaishin.”

Babidí suspira desanimado.

– “Tendremos que seguir así, al menos por ahora.” – acepta el brujo. – “Que Kirano y Mokekko salgan a por más energía.”

– “Sí, señor” – responde Dabra.

En la Kame House, Shin y Kibito se encuentran sentados en el sofá con Roshi, a quien han explicado la situación. Están buscando guerreros.

– “Habéis llegado tarde…” – murmura Roshi, apenado. – “La Tierra ya no cuenta con los grandes guerreros que la protegieron en su día.”

– “Es una pena oír eso.” – dice Shin. – “Nos habrían sido de ayuda. Puedo verlo en sus recuerdos.”

Kibito se encuentra incómodo en el asiento, como si estuviera sentado sobre algo que le molesta, y no duda en buscar bajo su trasero, encontrando una revista del viejo Roshi.

– “¡Eso no es mío!” – se excusa el Duende Tortuga. – “Es de Oolong… Siempre deja sus cosas por ahí…”

– “Puedo leer la mente…” – murmura Shin, algo avergonzado.

Roshi agarra la revista y la lanza a un lado.

– “Yo os acompañaría encantado, pero creo que no os sería de mucha ayuda.” – dice el Duende. – “Lo lamento.”

– “Nosotros también” – dice Shin. – “Tendremos que encargarnos de este asunto nosotros mismos.”

Mientras tanto, los hombres de Babidí ya se encuentran recorriendo el bosque Fukurou hacia Yahhoi, su próximo objetivo, donde esperan poder reunir una gran cantidad energía para su Amo.

De repente, el medidor de kiris que lleva Kirano alerta de la presencia de un ki importante.

– “¡La aguja se ha movido!” – exclama Kirano.

– “¿Será una aldea?” – pregunta Mokekko.

– “Es posible.” – responde su compañero. – “¡Es por aquí!”

Los dos personajes cambian su rumbo y se adentran en el bosque.

Lejos de allí, Kibito y Shin se han marchado de la Kame House y ahora sobrevuelan el mar.

– “Un fracaso” – murmura Kibito.

– “Es una pena” – dice Shin. – “Lo que he visto en la mente del anciano… era esperanzador.”

En el bosque Fukurou, Kirano y Mokekko se han detenido al encontrar una vieja cabaña rodeada por un pequeño huerto.

– “¿Es aquí?” – pregunta Mokekko, confuso. – “¿Estás seguro?”

– “Eso indica el medidor” – responde Kirano, poco convencido.

De repente la puerta de la cabaña se abre, revelando a un anciano Duende Grulla, vestido con una camiseta interior blanca y un pantalón negro, con calentadores amarillos, zapatillas y luciendo unas gafas de sol.

– “¿Quién anda ahí?” – pregunta el viejo Tsuru.

Los hombres de Babidí se miran entre ellos, confusos. Kirano apunta con su indicador al anciano.

– “Parece que es él…” – le dice a su compañero.

Tsuru se molesta al ver que los dos individuos están chafando sus coles.

– “¿Quiénes sois vosotros?” – pregunta el anciano. – “¿Por qué estáis pisando mi huerto?” 

Mokekko blande la urna de recolección de energía que llevaba colgada de su cinturón.

– “¡A por él!” – exclama el grandullón, que se abalanza sobre Tsuru.

– “¡Ya es nuestro!” – celebra Kirano.

Shin y Kibito perciben que algo está ocurriendo más allá del horizonte.

– “¡¿Lo sientes, Kibito?!” – pregunta Shin.

– “Alguien está peleando.” – responde el ayudante del Kaioshin.

– “¡Vamos a echar un vistazo!” – exclama el Dios.

ESPECIAL DBSNL /// Kamakiri // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte IV: Master Puppeteer

Kamakiri / Parte IV: Master Puppeteer

“Llevo años esperando.”

Cinco años después de lo ocurrido en el laboratorio de Kamakiri esa terrible noche de tormenta, una nave de la Patrulla Galáctica aterriza en un páramo perdido en la montaña del planeta Konchu, azotado por la pandemia.

Tres patrulleros descienden de la nave. La líder del escuadrón es una mujer de aspecto felino y tez lila llamada Hop. La escolta una patrullera con aspecto de conejo blanco humanoide; Sorrel. Un tercer patrullero les compaña; un tipo de tez bronceada, maquillado y con aire presumido, llamado Jirasen. Los tres llevan máscaras antigás.

– “Así que es aquí…” – suspira Hop.

– “La situación es peor de lo que esperábamos.” – dice Sorrel, mirando su ordenador de muñeca. – “Los niveles de contagio exceden todas las previsiones.”

– “Debemos tener mucho cuidado.” – dice la líder de escuadrón. – “Si nos infectamos, perderemos la autorización para abandonar el planeta.”

– “Ni siquiera sabemos si ese tipo sigue vivo…” – suspira Jirasen.

– “Nuestra misión es comprobarlo y apresarlo si la respuesta es afirmativa.” – dice Hop.

Los tres agentes se dirigen a una cabaña cercana.

– “¿Qué es eso?” – se pregunta Sorrel, al ver una lona cubriendo un gran aparato.

– “Comprobémoslo.” – dice Hop.

La mujer felina tira de la gran tela y revela un vehículo de reparto espacial.

– “¿Qué hace esto aquí?” – se pregunta Hop.

Sorrel comprueba la base de datos del ordenador, introduciendo el código de identificación del vehículo.

– “Un vehículo de reparto robado.” – revela la coneja. – “Su conductor desapareció hace más de cinco años.”

– “Maldición…” – dice Hop. – “Esto podría ser grave…”

– “¿Por qué es tan importante un vehículo robado?” – refunfuña Jirasen.

– “Los vehículos de transporte de mercancías son de los pocos autorizados para entrar y salir de este planeta.” – dice Hop. – “Esto podría significar que el virus se ha extendido fuera de la zona de cuarentena…”

– “No culpo a nadie que quiera huir…” – suspirar Jirasen. – “Este sitio está condenado.”

Sorrel sigue estudiando los archivos de su ordenador.

– “Si ese Doctor Kamakiri está detrás de todo esto, debemos tener cuidado.” – dice la coneja. – “Trabajaba en el Centro de Estudios Biológicos de la Patrulla Galáctica. Si sigue vivo, estará preparado para nuestra llegada.”

– “¿Trabajaba para nosotros?” – se extraña Jirasen.

– “¿Es que no te has leído el informe de misión?” – protesta Hop.

– “Se abrió una investigación cuando ocurrió esta catástrofe, pero no llegó muy lejos.” – dice Sorrel. – “Órdenes de arriba.”

– “¿Y qué ha reanimado el interés del Cuartel General?” – pregunta Jirasen.

– “Creo que saben más de lo que nos cuentan.” – dice Hop.

Los tres desenfundan sus pistolas. Hop es quien empuja la puerta de la cabaña del con cuidado, que está abierta y se abre lentamente.

– “¿Doctor Kamakiri?” – dice Hop. – “¿Está ahí?”

La puerta revela al doctor sentado en su sofá, vestido con su gabardina negra y su máscara, abrazado por su mujer y su hija.

– “¿Doctor?” – repite Hop, aterrada ante la macabra escena.

La mujer y la hija del doctor miran a la patrullera con sus ojos en blanco.

– “¿Qué demonios…?” – se sobrecoge y perturba Hop, que se queda petrificada.

Jirasen y Sorrel entran en la casa y apuntan al doctor.

– “¿Qué…? ¿Qué significa esto?” – titubea Sorrel.

Kamakiri parece tranquilo, sigue sentado en el sofá con su mirada fija en el suelo.

– “Habéis tardado mucho…” – dice el doctor. – “Llevo años esperando.”

Los patrulleros luchan contra la terrible escena que tienen ante sus ojos y siguen apuntando a Kamakiri.

– “Está detenido, doctor.” – dice Hop. – “Levante las manos.”

El doctor llora oculto tras su máscara.

– “He fracasado…” – dice Kamakiri. – “He intentado traerlas de vuela… Pero he fallado…”

– “Lo que ocurrió en este lugar…” – dice Hop. – “No fue culpa suya.”

– “Sí que lo es.” – dice el doctor. – “Yo traje la muerte a Konchu.”

– “¿Es eso una confesión?” – pregunta la patrullera

– “La Patrulla Galáctica me pidió que investigara la forma de convertir un virus espacial en arma biológica.” – dice Kamakiri. – “Inyectando el virus en un parásito autóctono aumentamos su infectividad. Se transmitía a un ritmo nunca visto y por cualquier vía de contacto.” – explica. – “Pero, un día… tuvimos un accidente en el laboratorio…”

– “El agente se liberó…” – dice Sorrel.

– “No.” – dice Kamakiri. – “Lo contuvimos.”

– “¿Entonces?” – pregunta la patrullera, confusa.

– “Alguien saboteó los sistemas de seguridad del complejo.” – dice Kamakiri. – “Todo falló.”

Los patrulleros se miran entre ellos, sorprendidos ante la acusación del doctor. 

– “¿Está diciendo que la Patrulla Galáctica liberó el agente infeccioso?” – pregunta Hop.

– “No lo sé.” – dice Kamakiri. – “Pero fue alguien con acceso a nuestros sistemas.”

– “Te protegeremos.” – dice Hop. – “Investigaremos…”

– “No.” – le interrumpe el doctor. – “Estáis condenados.”

– “¿Qué?” – se extraña la patrullera.

– “Algo me dice que uno de vosotros tiene unas órdenes distintas a los demás…” – dice Kamakiri.

Jirsen, sin mediar palabra, dispara a Hop en la nuca. Sorrel intenta reaccionar, dándose la vuelta, pero recibe un certero disparo en el rostro.

El patrullero traidor apunta de nuevo a Kamakiri.

– “Así que tú eres el asesino…” – dice el doctor.

– “Estaban condenadas desde que aceptaron la misión.” – responde el patrullero. – “Y ahora te toca a ti.”

Kamakiri mueve sus dedos disimuladamente. Los cadáveres de Sorrel y Hop se ponen en pie detrás de Jirsen.

Antes de que el patrullero pueda reaccionar, sus fallecidas compañeras se abalanzan sobre él y le propinan una terrible paliza.

Kamakiri detiene a sus marionetas y se levanta para acercarse al moribundo patrullero a quien le arrebata su ordenador de pulsera.

– “Dime la contraseña.” – le dice el doctor a Jirsen mientras pisa su brazo roto.

– “Doro… Dorobochi…” – susurra el malherido patrullero.

Kamakiri introduce el código en el ordenador, que enseguida inicia una llamada a un receptor desconocido.

Con un movimiento de los dedos del doctor, Sorrel y Hop rematan al patrullero, cuyo cuerpo se transforma en una extraña criatura de tez grisácea, ojos verdes y una gran boca de tiburón.

La llamada es recibida, pero nadie responde.

– “Sé que me oyes.” – dice Kamakiri. – “He modificado el patógeno. Lo he rebautizado “Kodoku”. Ahora es inocuo, pero tiene otras peculiaridades mucho más interesantes. No sé quién eres, pero sé que quieres lo que tengo y que pagarías por ello.”

Tras un largo e incómodo silencio, alguien responde.

– “¿Qué quieres?” – pregunta el misterioso individuo al otro lado de la llamada.

– “He estado leyendo viejas historias…” – dice Kamakiri. – “¿Has oído hablar de las Dragon Balls?”

Al otro lado del Universo, en la cueva más profunda de un planeta árido y rocoso, una computadora atiende la llamada.

– “Veré qué puedo hacer…” – responde el ordenador.

DBSNL // Capítulo 150: Hombre de fe

DBSNL // Capítulo 150: Hombre de fe
“Estáis cometiendo un grave error…”

En la Tierra, Garlick se prepara para embestir a las chicas, cuando es sorprendido por un brazo derecho namekiano que brota del suelo de la Atalaya y propina un puñetazo en la barbilla al diablillo, lanzándole por los aires.

– “¡Piccolo!” – exclaman contentas Pan y Bra.

El brazo izquierdo del namekiano también se alarga y agarra al diablo por el cuello, para enseguida empezar a acortarse, acercando a Piccolo hasta Garlick para terminar propinándole un cabezazo en la nariz.

El demonio del Makai retrocede. Una gota de sangre morada se derrama por su labio superior.

– “¿Cómo te atreves a tocarme?” – dice el demonio.

El namekiano sonríe de forma pícara.

Pan y Bra se sorprenden al ver a Piccolo en acción. La hija de Gohan enseguida se percata de algo.

– “¿Te has dado cuenta, Bra?” – le pregunta a su amiga.
– “No siento su ki…” – responde la hija de Vegeta. 

Garlick sonríe, imitando a Piccolo.

– “No está mal para alguien que ha utilizado nuestro nombre en vano.” – dice Garlick. – “Parece que Whis estaba desesperado, si recurrió a ti de nuevo…\”
– “Esto lo he logrado con mis propios medios” – responde Piccolo.
– “Es irrelevante” – dice Garlick. – “Morirás, igual que él”.

La noticia impacta a Piccolo.

– “¿Qué?” – se queda estupefacto el namekiano. – “¿Whis…?”

La energía de Garlick crece de forma descabellada y su musculatura y tamaño aumentan. El demonio adopta su forma de máximo poder.

– “¡HAAAAAAA!” – grita mientras una poderosa onda expansiva empuja a Piccolo.
– “La naturaleza de su ki es terrible…” – piensa el namekiano. – “¡Jamás había sentido algo igual! No siquiera en presencia de Majin Bu…”

Bra y Pan se dan cuenta de que ellas no pueden participar en este combate.

– “¡Ayudemos a Ub!” – exclama Pan.
– “¡Sí!” – responde Bra.

Mientras tanto, Salabim ha aprovechado la confusión para colocar su pulgar en la frente del muchacho. En su mente, Mr. Bu sufre un terrible tormento.

– “Lo siento mucho…” – dice Bu. – “No puedo contenerlo más…”

De la boca de Mr. Bu brota una masa rosada, como si el monstruo estuviera dándose la vuelta cual calcetín. El chico intenta ayudar a su amigo, pero al entrar en contacto con la masa rosada, ésta se engancha a sus manos y repta por sus brazos con la intención de engullirle por completo.

En el exterior, la capa superior de la piel del chico de Isla Papaya ha empezado a evaporarse, emanando un denso humo rosado, dejando el cuepo de Ub en carne viva.

Bra y Pan se detienen al sentir un poderoso ki proveniente del chico.

– “¿Qué es eso?” – pregunta Pan.
– “Es terrible…” – responde Bra.

Mientras tanto, sobre la Torre Sagrada, Goten, ahora transformado en Súper Saiyajín 2, castiga a Comfrey con una tormenta de puñetazos, seguidos por una patada que estampa al enemigo contra el techo de la Torre del gato, atravesándola y cayendo cerca del Duende.

– “¡MI TORRE!” – exclama el felino.
– “Lo siento, Karín” – se disculpa Goten, que agarra al enemigo por una pierna y lo hace girar para después lanzarlo por el balcón y perseguirlo después.

Cerca de allí, Trunks, también convertido en Súper Saiyajín 2, propina una tormenta de patadas en el estómago del enemigo, para después lanzarle contra el suelo con un golpe de talón.

En el planeta Snack, Pino lanza su puño contra Belmod, pero éste lo intercepta con su mazo, destrozándolo como si fuera una lata de refresco.

Galbi salta sobre el payaso por la espalda, pero éste se da cuenta y también le propina un golpe de mazo, bateándole y lanzándole contra un edificio cercano.

Son Gohan, transformado en Súper Saiyajín 2, lanza un Kamehameha al enemigo, pero éste utiliza su arma para impulsarse y saltar por encima del ataque.

Una vez en el aire, Belmod crea dos barajas de cartas de energía y las lanza contra Gohan, que se cubre, pero sufre decenas de cortes por todo su cuerpo.

Pino apunta al payaso con el cañón de su antebrazo y lanza un poderoso ataque, forzándole a utilizar las cartas que le quedan para crear un escudo protector, cesando así su acometida contra Gohan.

Belmod se ve obligado retroceder y estalla en una aterradora carcajada.

– “¡JAJAJAJAJA!” – ríe el payaso.

Son Gohan, ensangrentado, y con su traje dañado, aprieta los dientes. El Ultra Saiyaman aprieta un botón del lateral de su casco y lo hace desaparecer, revelando su rostro.

– “¡Pino!” – le dice a su compañero. – “¡Encárgate de Galbi! ¡Alejaos!”

El Androide 16, que estaba bebiendo de una lata de Robovitamina, asiente. Se ha dado cuenta del poder real del enemigo y sabe que es mejor no entrometerse en el combate.

Gohan aprieta los puños mientras su poder aumenta.

– “¡HAAAAAAAA!” – grita Gohan, mientras su melena crece y sus cejas desaparecen, transformándose en un Súper Saiyajín de nivel 3.

La risa del payaso se detiene y se convierte en una pícara mueca de fascinación e interés.

En el planeta Popol, Kale y Tarble, furiosos por la acción de la villana Helles, se preparan para defender a su amigo Broly, que ha caído en un extraño sueño.

– “¡Pagarás por esto!” – exclama Kale, que embiste a la mujer.
– “¡ESPERA!” – le advierte Tarble.

Helles esquiva los golpes de la saiyajín y de repente la agarra del cuello.

– “Puedo ver los celos en tus ojos…” – dice la terrible mujer. – “Una mujer nunca debería ponerse así por un hombre… Te hace débil.”

Tarble prepara una esfera de ki azul en su mano derecha.

– “¡RIOT JAVELIN!” – exclama el hijo de Leek, lanzando su técnica.

El ataque es repelido por Helles fácilmente, sin tener que soltar a Kale.

– “Este es un asunto entre mujeres” – dice Helles. – “No te entrometas, chico. Espera tu turno.”

La enemiga, guiña un ojo al saiyajín, haciendo que el suelo bajo sus pies estalle, lanzándolo por los aires.

En Luud, el cardenal Mutchy ha sido esposado.

– “Estáis cometiendo un grave error…” – dice Mutchy.
– “Te has negado a colaborar y nos has atacado.” – responde Sheela.
– “No me refiero a eso.” – sonríe el sacerdote.

En ese instante, Katopesla, Sheela y Motto se dan cuenta de que están rodeados por un centenar de fieles de Dolltaki.

– “¡HAN ATACADO AL CARDENAL MUTCHY!” – exclama uno.
– “¡ESO ES UNA BLASFEMIA!” – grita otro.
– “¡HAN OFENDIDO AL GRAN DIOS LUUD!” – añade un tercero.

Los gritos aumentan. Algunos lanzan piedras a nuestros amigos.

– “Pfiiiiiuh” – suena un pitido de Motto.
– “A mí tampoco me gusta” – dice Sheela. – “Si nos lo llevamos, nos atacarán. Preparaos.”
– “Son solo civiles…” – murmura Katopesla.
– “¿Y qué podemos hacer?” – continúa Sheela. – “¿Soltarle?”
– “Podemos intentar reducirles…” – dice el patrullero novel.
– “Solo somos tres.” – dice su compañera. – “No saldremos de esta sin vernos obligados a usar fuerza letal.”
– “Maldita sea…” – sufre el patrullero.

De repente, la multitud se abre para dar paso a su líder; el predicador Dolltaki.

– “¡Vaya, vaya!” – exclama el predicador, presumiendo de su falsa sonrisa. – “¡La Patrulla Galáctica ha venido a visitarnos!”
– “¡HAN INSULTADO A NUESTOR DIOS!” – grita un creyente.
– “¡DÉMOSLES MUERTE!” – exclama otro.
– “¡SILENCIO!” – les interrumpe Dolltaki, poniéndose serio durante un instante, para volver de seguido a su habitual amabilidad. – “Dejémosles dar su versión de los hechos.”

Los tres patrulleros se miran desconfiados. Sheela aprieta un botón de su cinturón, solicitando refuerzos urgentes.

– “Hemos venido para hablar con usted, señor Dolltaki” – dice la patrullera. – “Tenemos cierta información que sugiere que está dando cobijo a un enemigo de la paz universal.”
– “¿Enemigo de la paz?” – repite el predicador, haciendo mofa de tal pregunta con una mueca que hace reír a sus seguidores.
– “Si las sospechas son infundadas, como sugiere, ¿nos dejaría registrar su templo?” – pregunta Katopesla. – “No tiene nada que temer…”

Dolltaki sonríe.

– “¿Y quién es un enemigo de la paz, agentes?” – pregunta retóricamente el predicador. – “¿Alguien que no acepta las normas que establece arbitrariamente una mayoría? ¿Alguien que sufre cada día para mantener un sistema corrupto como el vuestro?” – continúa. – “Puede que algunos de los presentes aún no lo sepan, pero… ¡la Patrulla Galáctica recibía sobornos del Imperio!”

El murmullo crece entre los presentes. 

– “¡El Imperio pagaba a estos agentes corruptos para que miraran hacia otro lado mientras Cold y sus hijos aniquilaban planetas enteros! ¡Los demonios del frío conquistaban mundos y esclavizaban civilizaciones enteras con el beneplácito de la Patrulla Galáctica! ¡POR DINERO!” – explica Dolltaki.

Katopesla da un paso al frente.

– “Esos tiempos ya pasaron, predicador” – dice el patrullero. – “Esta es la nueva Patrulla. Libre de corrupción, gracias al gran agente Jaco.”
– “¡EXCUSAS!” – responde Dolltaki.
– “¡SÍ, EXCUSAS!” – grita la gente. – “¡MENTIROSOS! ¡TRAIDORES!”

Sheela mira de reojo a Motto, preocupada.

– “Esto se va a poner feo…” – murmura la patrullera.

Dolltaki hace callar a sus fieles levantando su mano.

– “¡Yo soy solo un mortal!” – dice el predicador. – “¡Pero soy un hombre de fe!”

La gente aplaude.

– “Un mortal no puede juzgar a otro de forma justa… ¡Así que dejaremos que nuestro señor Luud los juzgue!” – exclama Dolltaki. – “¡ATRAPADLOS!”

La gente grita de gozo y se abalanza sobre los patrulleros que, con miedo de matar a inocentes, terminan cediendo y siendo capturados por los fieles de Dolltaki.

En la Capital del Imperio, Liquir y Saganbo siguen luchando. El zorro utiliza su velocidad para intentar sorprender al enemigo por la espalda, pero el fugitivo esquiva el puñetazo del zorro y lo agarra por el brazo, proyectándole contra el suelo con una llave de judo. Saganbo intenta pisar la cabeza del kurama, pero éste se revuelve y logra liberarse a tiempo.

Liquir retrocede y dispara un poderoso cañonazo de ki con su boca que impacta de lleno contra su enemigo.

Cuando se disipa la humareda, se revela que Saganbo se ha protegido del ataque cruzando los brazos frente a su rostro, pero ha perdido la parte superior de su mono de presidiario.

– “No está nada mal, zorrito…” – se burla el villano.

De repente, un certero rayo de ki fucsia brota del pecho Saganbo. El corazón del fugitivo ha sido atravesado por un traicionero ataque.

El cuerpo sin vida del villano se desploma y revela, detrás de él, a su asesino. Liquir se queda boquiabierto al ver al recién llegado.

– “¿Por qué hay tanta basura en mi planeta?” – se pregunta el demonio del frío.
– “F… Freezer…” – titubea el kurama al ver al demonio del frío al que daba por muerto.

Freezer camina hacia Liquir, que da un paso atrás. El kurama se pone en guardia, listo para enfrentarse al hermano de Cooler.

El tirano esboza una media sonrisa burlona.

– “¿Eres mi enemigo, Liquir?” – pregunta Freezer.

El kurama parece confuso ante las palabras del demonio del frío.

– “Estabas muerto…” – dice Liquir.
– “En mi universo lo estabas tú.” – responde Freezer.
– “¿Tu universo?” – se extraña el zorro.
– “Tenemos mucho de lo que hablar, kurama.” – sonríe el demonio del frío. – “Hagámoslo en mi palacio.”

A su espalda, en el horizonte, varias naves antiguas toman tierra, mientras otra sobrevuelan la zona. Los soldados de Freezer descienden a la zona de guerra, liderados por Shisami, dispuestos a acabar con los pocos bandidos que quedan y con todo aquel que oponga resistencia.

Los soldados litt miran a Liquir esperando órdenes.

El kurama, tras dudar un instante, niega con la cabeza, haciendo que sus hombres bajan las armas.

Liquir acompaña a Freezer hacia el palacio.

ESPECIAL DBSNL /// Kamakiri // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte III: Fringe

Kamakiri // Parte III: Fringe
“Te he echado tanto de menos…”


El Dr. Kamakiri ha llegado a su casa y ha ocultado el vehículo de Monaka bajo una gran lona en la parte trasera de su jardín, para no levantar sospechas. El cadáver del repartidor ha sido trasladado al laboratorio.

El médico se encuentra en su sótano investigando los cabellos de la Diosa de Aknon. Kamakiri toma muestras celulares y las observa bajo el microscopio.

– “Increíble…” – se sorprende al ver que siguen vivas, aunque adormiladas. – “Estas células tienen eones… ¿Cómo es posible?”

El doctor aplica una solución de nutrientes sobre un grupo de células y éstas reaccionan rápidamente.

– “Fascinante…” – murmura Kamakiri.

Con muestras de tejido del cuerpo de Monaka, el doctor comienza sus experimentos. 

Las células de la Diosa, al ser inyectadas en tejido muerto, enseguida empiezan la producción de ciertas cadenas extrañas similares al ARN mensajero que toman el control de la célula, sustituyendo las funciones del núcleo muerto y generando un extraño fenómeno de vida artificial.

El doctor lleva a cabo una ardua investigación durante meses, sobreponiéndose a todo tipo de problemas para ampliar el proceso y hacer que funcione cada vez en muestras de tejido más grandes. Pero hay un escollo que no ha logrado sobrepasar. El proceso no se reproduce en tejido nervioso muerto.

El doctor empieza a desesperarse.

Día tras día, Kamakiri lleva a cabo nuevos experimentos, pero sin éxito. La locura embarga lentamente al doctor, que se sume en un estado de depresión mayor.


Una noche, tras meses de experimentación, en un rincón del laboratorio, un pequeño roedor llama la atención de Kamakiri que, en lugar de verlo como una amenaza para la esterilidad del laboratorio, ahora lo ve como una oportunidad de experimentar en tejido vivo. 

Tras cazar al ratón y sedarlo levemente, el doctor inyecta la muestra celular de Aknon en el líquido cefalorraquídeo del roedor.

Después de esperar unos minutos, el médico se dispone a sacrificar al animal para poder estudiar los resultados, pero antes de hacerlo oye un extraño ruido en otra de sus mesas. 

Kamakiri se acerca al lugar de procedencia de esos ruidos y observa cómo las muestras musculares sobre las que había experimentado previamente se están contrayendo en respuesta a la desesperación del pequeño roedor.

A partir de ese descubrimiento, los esfuerzos del doctor se centran en elaborar una solución capaz de inyectarse a sí mismo, con la esperanza de que su mente pueda devolver a la vida a sus seres queridos a través de sus recuerdos.

En una noche de tormenta, el doctor ha logrado confeccionar un suero, y está dispuesto a probarlo.

El cadáver de su esposa ha sido descongelado y se encuentra sobre la mesa de autopsias cubierto por una sábana blanca. Kamakiri lo ha preparado para el experimento y le ha inyectado el genoma de la Diosa. 

Ahora es el doctor quien se inyecta la solución en la columna cervical, una punción de alto riesgo, pero él siente que no tiene nada que perder.

El doctor percibe una sensación fría que recorre su columna y se introduce en su cerebro. Kamakiri cae al suelo tiritando, pero la sensación térmica pronto cambia radicalmente y se convierte en un abrasador fuego que lo hace gritar de dolor. 

Tras varios minutos de tortura, el doctor pierde el conocimiento.

Después de varias horas desmayado, el doctor despierta e intenta levantarse. Se encuentra mareado y débil, pero con esfuerzo logra ponerse en pie.

Antes de que pueda recordar lo sucedido, un ruido llama su atención. ¿Alguien llama a la puerta? No. El ruido proviene del laboratorio. De la mesa de autopsias.

Kamakiri mira de reojo hacia esa dirección y se da cuenta de que el cuerpo de su mujer también intenta ponerse en pie. 

– “Cariño…” – titubea el doctor. – “Estás viva…” – llora emocionado. – “Te he echado tanto de menos…”

Kamakiri, aturdido por el proceso, intenta caminar y se cae al suelo. El cadáver de su mujer imita torpemente los movimientos del doctor.

– “No…” – murmura el médico, apenado.

El médico se sobrecoge al conjeturar lo ocurrido. El doctor empieza a mover sus manos y sus dedos lentamente, observando cómo el cadáver replica sus gestos.

– “No es ella…” – entiende Kamakiri. – “Es solo… una marioneta…”