DBZ – SAGA BU REWRITE / Capítulo 4: Una nueva lección

DBZ – Sagas Bu Rewrite / Capítulo 4: Una nueva lección

En una claro del Monte Paoz, Son Gohan se dispone a impartir la primera clase de vuelo a Videl y Trunks.

– “Volar no es especialmente difícil…” – explica el mestizo. – “Es cuestión de controlar el ki. El tema de la velocidad es más complicado, pero ya hablaremos de eso luego.”

– “¿Controlar el ki?” – pregunta Videl. – “¿A qué te refieres con eso de \”el ki\”?”

– “El ki es la energía que tenemos en nuestro interior.” – aclara Gohan.

– “¿Energía? No sé si lo entiendo…” – murmura Videl, un poco confusa.

Trunks interviene.

– “Es esto” – dice mientras extiende su mano hacia una roca.

El niño dispara un ataque de energía y hace estallar la piedra en mil pedazos, dejando un cráter en el suelo.

Videl se queda boquiabierta.

– “Eso… Eso tiene que ser un truco…” – titubea Videl.

– “Jeje… Aquí no hay ningún tipo de artificio…” – sonríe Gohan.

– “¡Pues yo no sé hacer magia!” – exclama Videl, frustrada.

– “No es magia… Es energía…” – insiste Gohan.

– “¿Y si no tengo \”ki\” de ese no puedo volar?” – pregunta ella, inquieta.

– “No te preocupes” – la tranquiliza Gohan. – “¡Todos tenemos energía! Lo difícil es controlarla.”

Gohan se cruza de brazos, pensando cuál debe ser el primer paso de la muchacha.

– “Trunks, lo siento, pero tendrás que esperar un poco…” – dice el mestizo. – “Primero tengo que enseñarle a Videl a controlar la energía.”

– “Pues vaya…” – replica Trunks mientras patea una piedra con desgana.

– “Ten paciencia, hombre…” – sonríe Gohan.

Gohan y Videl se preparan para practicar, los dos sentados en el suelo con las piernas cruzadas, el uno frente al otro.

– “Coloca las manos así” – dice Gohan, mientras pone sus dos manos juntas formando una esfera.

Videl le imita.

– “Y ahora tienes que concentrarte.” – explica Gohan. – “Tienes que focalizar tu energía entre las manos.”

– “Focalizar mi energía…” – murmura Videl.

La muchacha pone todo su empeño en ello.

– “Grrrrr…” – gruñe Videl.

– “No te tenses” – dice Gohan. – “Esto no es cuestión de fuerza. Relaja tu cuerpo y deja que la energía fluya.”

Gohan genera una esfera de energía entre sus manos.

– “¿Lo ves?” – dice el mestizo. – “Así.”

Videl queda asombrada ante la habilidad de Gohan.

– “Vaya…” – murmura ella. – “Es increíble…”

– “Tú también puedes hacerlo.” – sonríe el mestizo. – “Es cuestión de práctica.”

Mientras tanto, Trunks corretea persiguiendo lagartijas.

Unos minutos más tarde, Chichi anuncia la hora de comer. Los chicos no han podido entrenar mucho tiempo, porque Videl ha llegado tarde, pero no es bueno ejercitarse con el estómago vacío. 

Gohan, Videl y Trunks se sientan a la mesa y Chichi les sirve la comida.

– “Muchas gracias por invitarme a comer.” – dice la educada muchacha. – “Sois muy amables.”

– “No íbamos a comer mientras nos miras…” – responde Chichi, un poco antipática.

Videl prueba el estofado.

– “¡Está buenísimo!” – exclama la hija de Satán. – “¡Usted cocina mejor que nuestro cocinero!”

– “Es estofado de culebra” – responde Chichi.

Videl se detiene y mira el plato con cierto recelo, ahora que sabe lo que está comiendo.

– “¿Has dicho “nuestro cocinero”?” – se extraña Chichi. – “¿Tenéis un restaurante?”

– “No…” – explica Videl. – “Tenemos un cocinero en casa, para nosotros.”

– “¡¿Cocinero particular?!” – exclama la madre de Gohan. – “¡Entonces seréis muy ricos, ¿no?!” – añade. – “¿Cuántos baños tenéis en casa? ¿10? ¿20?”

– “Pues… Creo que unos 40…” – responde Videl.

– “¡¡Sois muy ricos!!” – exclama sorprendida.

– “No tanto…” – murmura bajito Trunks, un poco celoso.

– “Y bueno, parejita…” – Chichi cambia el tono completamente, siendo exageradamente amable. – “¿Cuándo pensáis casaros?”

Gohan se atraganta con la comida y empieza a toser. Trunks tiene que socorrerle con golpes en la espalda.

Un rato después, ya están entrenando de nuevo. Videl y Gohan dedican toda la tarde al control de la energía, y ella finalmente logra generar una minúscula esfera de ki entre sus manos.

– “¡Eso es!” – celebra Gohan. – “Se nota que has hecho artes marciales, Videl. ¡Aprendes muy rápido!”

– “Jeje” – responde risueña. – “Gracias.”

Videl se pone en pie de un salto, ilusionada.

– “¡¿Crees que ya puedo volar?!” – pregunta con energía.

– “No quieras correr demasiado… Aún no.” – responde el mestizo. – “Tienes que controlar mejor la energía… ¡Pero vas por buen camino!”

La muchacha aún no esta satisfecha con su progreso.

– “A partir de ahora vendré cada día después de clase” – dice Videl.

– “¡¿Qué?!” – se sorprende Gohan. – “¡Pero si vas muy bien! Con que vengas los fines de semana…”

– “¿Es que molesto?” – pregunta ella al sentirse rechazada.

– “No, no… No es eso…” – rectifica Gohan.

– “Pues nos vemos mañana” – sonríe ella, que ha conseguido lo que quería.

La chica se dirige a su jet, pero Gohan la detiene.

– “Por cierto, Videl…” – dice el mestizo. – “Creo que deberías cortarte el cabello.”

– “Ah, ¿sí?” – se sonroja ella. – “¿Crees que me quedaría mejor?” – pregunta coqueta.

– “No, pero para pelear es lo más práctico.” – explica Gohan. – “Podría taparte los ojos en mitad de un combate o tu adversario podría agarrarte de la coleta…”

Videl se avergüenza al ver que Gohan solo pensaba en las artes marciales.

– “¡NO ME DIGAS LO QUE TENGO QUE HACER!” – exclama ella, furiosa. – “¡LLEVARÉ EL CABELLO COMO ME DE LA GANA!”

Trunks se acerca a Gohan al oír los gritos. La muchacha se sube a su jet y da un portazo.

– “¿Por qué se ha enfadado?” – pregunta el hijo de Vegeta.

– “No lo sé…” – suspira Gohan.

Al día siguiente, en clase, Videl se presenta con el cabello corto. Todos la miran extrañados mientras sube las escaleras del anfiteatro.

Gohan ya está sentado y ella pasa por detrás de su asiento. 

– “Videl… Te has…” – dice el mestizo.

– “Cállate” – responde tajante.

El hijo de Goku observa a la muchacha sentarse en su sitio y sacar los libros.

– “De verdad que no la entiendo…” – piensa Gohan.

En la Corporación Cápsula, Trunks prepara una mochila en su habitación. Vegeta pasa junto a la puerta y se detiene al ver al chico.

Vegeta entra en la habitación.

– “¿A dónde vas?” – pregunta el saiyajín.

– “Voy a casa de Gohan.” – dice Trunks. – “Va a enseñarme a volar.” – añade sin alzar la mirada de la mochila que continúa preparando.

El saiyajín no responde.

– “¡Hasta luego!” – se despide Trunks, que sale corriendo de la habitación.

Su madre le espera fuera, con el jet preparado.

El Sol se pone en el Monte Paoz, Gohan, Videl y Trunks han estado entrenando toda la tarde. 

La muchacha ha logrado levitar unos centímetros.

– “¡Muy bien, Videl!” – celebra Gohan. – “¡Has logrado levitar en muy poco tiempo! ¡Eres fantástica!”

Videl desciende.

– “¿Tú crees?” – dice coqueta.

Mientras tanto, Trunks sobrevuela la zona de un lado para otro con total soltura e interrumpe a la pareja.

– “¡Mírame, Gohan!” – exclama el chico. – “¡Estoy volando!”

Los ánimos de Videl se desmoronan.

– “No te desanimes…” – dice Gohan. – “Trunks ya tenía un buen control de su energía… ¡Pero levitar ya es un gran paso! Ahora solo es cuestión de práctica…”

– “Pues seguiremos practicando cada día.” – responde Videl.

Al día siguiente, en la Corporación Cápsula, Trunks se prepara de nuevo para ir al Monte Paoz.

– “¡Hasta luego!” – se despide.

El chico se cruza con su padre en el pasillo, que lo mira marcharse.

En el Monte Paoz, al final de la tarde, Videl ya logrado elevarse bastante. Trunks hace piruetas en el aire.

Videl, cansada, se sienta en el suelo.

– “Aún me falta mucho para poder volar como él…” – suspira la hija de Satán.

– “Lo conseguirás” – dice Gohan.

La muchacha sonríe.

– “Oye… Nadie sabe que vengo aquí a entrenar. Es un secreto.” – explica Videl. – “Llevo unos días evitando a mi padre, porque desde que vio nuestra foto en el periódico está insoportable.”

– “Vaya…” – sonríe algo avergonzado Gohan. – “Parece que la fotografía ha provocado bastante revuelo…”

– “Me quiere mucho” – dice ella. – “Se pondría como una fiera si supiera que me paso las tardes en casa de un chico.”

– “No quisiera tener problemas con el Campeón…” – dice Gohan, fingiendo temer a Satán.

Videl sonríe.

– “De momento estás a salvo.” – dice ella

– “Jeje” – ríe Gohan.

La hija de Satán se pone en pie, lista para continuar.

– “Oye… ¿Quién te enseñó artes marciales?” – pregunta Videl. – “¿Tu padre?”

– “Sí, mi padre y sus amigos.” – responde el mestizo.

– “Tu padre era Son Goku, ¿verdad?” – pregunta ella.

– “¡¿Cómo lo sabes?!” – se sorprende Gohan.

– “Al verte pelear me puse a investigar… El nombre \”Son\” no es muy común.” – sonríe Videl de forma pícara. – “Parece que tu padre ganó el Torneo Mundial de Artes Marciales en una ocasión y fue finalista otras dos veces.”

– “Así es…” – confirma el mestizo.

– “Es casualidad que nos hayamos encontrado.” – sonríe Videl. – “Los dos somos hijos de campeones.”

– “Sí… Supongo que sí…” – sonríe Gohan.

Los días transcurren con normalidad; clases por la mañana, entrenamientos por la tarde, y algunas interrupciones para defender el bien y la justicia en Satán City. 

En menos de diez días Videl ya vuela con soltura. Es una chica extraordinaria.

Un día más, Trunks se prepara para marcharse a casa de Gohan, pero cuando corría hacia el jet, Vegeta lo ha agarrado de la mochila.

– “¿Quieres…? ¿Quieres entrenar conmigo?” – pregunta el saiyajín, con una timidez inusual en Vegeta.

Trunks, sin dudarlo, acepta emocionado.

En la Sala de Gravedad Aumentada, pero a solo 1G, Vegeta y Trunks se enzarzan en un pequeño combate, pero el padre no parece muy impresionado. El primero viste el mono azul saiyajín, sin armadura, y el segundo lleva su gi verde.

– “¿A qué esperas?” – dice Vegeta. – “¡Muéstramelo!”

Trunks retrocede, sorprendido por la petición de su padre.

– “¿Cómo lo sabes?” – pregunta Trunks.

– “Un poder como ese puede sentirse desde cualquier distancia” – dice Vegeta.

El niño sonríe, presumido.

– “Está bien” – dice Trunks. – “Espero que la sala aguante…”

– “Espabila…” – se impacienta Vegeta.

Trunks aprieta los puños, sus dientes rechinan.

– “¡HAAAAA!” – grita mientras su aura estalla y se transforma en Súper Saiyajín.

Vegeta no está impresionado.

El saiyajín se transforma con una facilidad que contrasta con el esfuerzo de su hijo y se pone en guardia.

– “Atácame con todas tus fuerzas” – dice Vegeta.

– “¿En serio?” – responde Trunks, con un poco de miedo.

Vegeta no responde.

Trunks se pone en guardia. Una gota de sudor recorre su frente.

– “¡YAAAAH!” – embiste el chico, dispuesto a propinarle un golpe a su padre.

Vegeta detiene el puñetazo con una mano y contraataca con un derechazo en la cara de Trunks, que lo lanza al fondo de la sala.

El mestizo se golpea con la pared y cae al suelo.

– “¡¿PERO QUÉ HACES?!” – se queja Trunks, con lágrimas en los ojos, mientras se incorpora y se frota el hinchado moflete.

– “Entrenarte” – responde fríamente Vegeta.

– “¡PERO NO VALE PEGAR DE VERDAD!” – protesta el chico. – “¡ME HAS HECHO DAÑO!”

– “No seas llorica.” – responde el saiyajín.

– “¡No quiero entrenar más contigo!” – replica Trunks. – “¡Gohan no me pega!”

– “¡Gohan es un blando! ¡Como su padre!” – exclama Vegeta.

– “¡PUES ES MÁS FUERTE QUE TÚ!” – grita Trunks, furioso.

Vegeta se queda en silencio. Trunks se da cuenta de que ha herido el orgullo de su padre y no se atreve a decir nada más.

El saiyajín vuelve a su estado base.

– “Hemos terminado.” – sentencia Vegeta, que enseguida abandona la sala.

Videl ya ha aprendido a volar, así que ahora solo visita a Gohan los fines de semana para mejorar su técnica. Entre semana entrena por las tardes en el gimnasio de la Mansión Satán. 

Un día, de repente, mientras la muchacha entrenaba, una explosión sacude la mansión. 

Videl, preocupada por los trabajadores, corre escaleras arriba, y al llegar al recibidor se encuentra con dos tipos de apariencia extraña, descamisados, sin cabello ni vello, con una musculatura exagerada y con las venas marcadas bajo la piel. Uno de ellos es alto y robusto, y viste un pantalón marrón; su compañero es más delgado y de menor estatura, luce pantalón de camuflaje y en su mano derecha carga con una extraña urna blancas terminada en un punzón. Los dos lucen una “M” negra dibujada en la frente. 

El grandullón tiene agarrado al mayordomo de la familia Satán por el cuello.

– “¡¿Dónde está el Campeón?!” – pregunta inquisitivo mientras aprieta el pescuezo del pobre hombre.

Videl da un paso al frente.

– “Mi padre no está en casa.” – dice la muchacha. – “¡Ahora, suéltalo!”

El tipo lanza al mayordomo a un lado y se fija en Videl.

– “Tú…” – gruñe el monstruoso hombre. – “Tengo cuentas pendientes contigo, muchachita…”

Videl se fija en el tatuaje del tigre que lleva el hombre en su pecho que sube por su cuello hasta casi la mandíbula.

– “¿Eh?… Vosotros sois…” – se sorprende ella al ver al bandido de la carretera 81 tan cambiado. – “Sois esos tipos…”

El hombre choca sus puños y camina hacia Videl, pero su compañero interviene.

– “No olvides nuestra misión, Spopovich.” – dice su socio. – “Hemos venido a por Satán.”

– “No seas así, Yamu. El Campeón no está…” – dice el gigantón. – “Ella servirá.” – añade con una macabra sonrisa.

Videl se pone en guardia.

– “¿Es que no recordáis como acabasteis la última vez?” – se burla ella.

El tipo delgado ríe.

– “Pronto verás que las cosas han cambiado mucho desde ese día…” – dice el bandido.

Spopovich se abalanza sobre Videl e intenta propinarle un puñetazo, pero la muchacha se agacha para esquivar el ataque y contraataca saltando y golpeando al bandido en la barbilla, derribándole de espaldas al suelo.

– “Justo como lo recordaba” – sonríe ella. 

El criminal se levanta furioso y sin dudar carga de nuevo contra la hija de Satán. Videl y el monstruoso criminal se enzarzan en un intercambio de golpes que parece igualado, pero pronto Videl logra sobreponerse a su contrincante con una técnica superior. Un rodillazo en la nariz sorprende a Spopovich y lo desconcierta, momento que Videl aprovecha para propinar una patada al maleante que lo lanza contra un muro, atravesándolo.

– “Uno menos…” – sonríe Videl.

Yamu sigue de brazos cruzados, sin reaccionar ante la derrota de su compañero.

Spopovich enseguida se pone de nuevo en pie, con la nariz rota y sangrando, pero con una macabra sonrisa impresa en su rostro.

Videl se sorprende al ver a su adversario dispuesto a continuar.

– “Qué tipo tan resistente…” – piensa ella. 

Spopovich carca contra Videl, pero la chica lo esquiva saltando por encima de él. El grandullón enseguida se da la vuelta y la persigue. Videl detiene todos los golpes y retrocede hasta salir al jardín, cuando finalmente decide usar su nueva habilidad para elevarse sobre el enemigo.

Videl observa a los dos tipos, aprovechando la ventaja obtenida.

– “Son muy extraños…” – dice mientras intenta recuperar el aliento. – “Este tipo no era tan fuerte hace tan solo unas semanas… ¿Qué le ha pasado?”

De repente, Spopovich se eleva por encima de Videl, dejando a la hija de Satán boquiabierta.

– “¡¿Cómo es posible?!” – se asusta la muchacha al ver a su enemigo volando.

El bandido apunta a Videl con la mano y emite un empujón de energía que lanza a la chica contra el suelo a toda velocidad.

Aturdida y magullada, Videl intenta levantarse, pero antes de lograrlo Spopovich aterriza frente a ella y le propina una fuerte patada que la lanza contra el muro de la mansión.

Yamu se acerca a Spopovich.

– “Ya es suficiente” – le dice a su compañero. – “A este paso la matarás.”

– “¿Y qué más da?” – responde Spopovich con una macabra sonrisa. – “Con Satán seguro que tenemos más que suficiente.”

Videl, que siente como se han roto varias de sus costillas, se pone en pie de nuevo.

– “No hemos terminado…” – dice ella. – “No esperarás que me rinda… ¿verdad?”

Spopovich corre hacia ella, pero Videl le sorprende saltando y propinándole una brutal patada en la cara con todas sus fuerzas. 

El grandullón se ha quedado quieto en el sitio. Su cabeza ha dado un giro de 180 grados.

La mismísima Videl se sorprende ante lo que acaba de ocurrir. Ha matado a su contrincante.

Pero Spopovich se agarra la cabeza y se la coloca de nuevo en su sitio, dejando a Videl aterrada.

El bandido agarra a Videl del pelo y le propina un rodillazo en la cara que le hace saltar varios dientes.

Spopovich lanza a la muchacha contra el suelo y alza su pie sobre su cabeza, listo para darle el golpe de gracia.

De repente, algo golpea a bandido y lo lanza contra el muro del jardín, que estalla en mil pedazos.

Son Gohan, vestido de Gran Saiyaman, ha llegado transformado en Súper Saiyajín.

Yamu se sorprende al ver el poder del héroe y saca un extraño medidor con un diseño similar al de su urna y lo dirige a Gohan. La aguja del aparato da gira sin control.

– “¡Impresionante!” – exclama Yamu.

Spopovich sale de entre los escombros, furioso.

Gohan se quita el casco y lo lanza a un lado, con su mirada desafiante fija en el gradullón.

En la Atalaya de Kamisama, Piccolo y Dende observan la Tierra.

– “¿Qué está pasando?” – se pregunta Dende. – “¿Quiénes son esos tipos?”

– “No lo sé…” – dice Piccolo. – “Pero tengo un mal presentimiento…”

El pequeño Trunks llega al lugar, un poco cansado, transformado también en Súper Saiyajín.”

– “Lo siento, Gohan.” – dice el hijo de Vegeta. – “Vuelas demasiado rápido para mí.”

Gohan sigue fijo en sus adversarios.

– “Llévate a Videl a la Torre de Karín” – dice el mestizo. – “Necesita judías mágicas.”

– “Sí” – asiente Trunks, que intenta colocar el brazo de Videl sobre sus hombros.

La muchacha, malherida y quejosa, abre los ojos.

– “¿Gohan?” – murmura al a su amigo frente a ella. – “¿Eres tú?”

La silueta del Gran Saiyaman brilla con luz propia. Videl se da cuenta en ese instante de que Gohan es también el Guerrero Dorado.

El mestizo se da la vuelta y fuerza una sonrisa para Videl.

– “Pronto estarás bien.” – le dice con el pulgar en alto. – “Yo me encargaré de esto.”

Videl asiente.

– “Confío en ti.” – susurra con un hilo de voz.

Trunks y Videl se elevan y se ponen en camino.

Desde la azotea de un edificio cercano, dos extraños individuos contemplan la escena. Uno de ellos es de baja estatura, piel lila y ojos rasgados, con rasgos infantiles, un poco andróginos, con cabello blanco en forma de cresta, y vestido con ropajes extraños pero elegantes de color verde azulado. Su acompañante es alto y tiene la piel rosada y arrugada, con cabello blanco largo y liso; viste ropa del mismo corte, pero de color rojo.

– “Es fuerte…” – dice el tipo alto. – “¿Deberíamos actuar?” – pregunta.

– “Aún no.” – repsonde su compañero.

En ese instante, alguien más llega a la azotea. Es Piccolo.

– “¿Quiénes sois vosotros?” – pregunta el namekiano.

– “Hola, Piccolo” – saluda el pequeño forastero. – “Me alegra de hayas decidido venir.”

– “¿Qué?” – se sorprende el namekiano al ver que el misterioso individuo conoce su nombre. – “¿Quién es? ¿Cómo sabe quién soy?” – piensa.

– “Pronto responderé a tus preguntas” – responde el forastero, que ha leído su mente. – “Pero ahora debo pedirte que tengas paciencia.”

Piccolo se queda perplejo. No siente ningún tipo de energía proveniente de esos dos individuos y eso le inquieta.

En el jardín de la Mansión Satán, la mirada de Gohan se torna seria. Yamu y Spopovich están frente a él, y el pequeño prepara la urna.

– “Bastardos…” – gruñe Gohan. – “No os perdonaré… ¡¿Me oís?! ¡NO OS PERDONARÉ!” 

Gohan grita y su poder estalla, su cabello se eriza aún más y rayos de energía chasquean a su alrededor, tal y como hizo contra Cell. Su capa roja sale volando.

– “Me las pagaréis.” – dice el mestizo.

En la Corporación Cápsula, Vegeta se levanta del sofá de un salto. 

– “¡¿Qué?!” – murmura el saiyajín, que aprieta sus puños con rabia al sentir la energía del mestizo. – “Ese poder… Maldito sea…” – gruñe.

En la azotea, los individuos se quedan pasmados ante la energía del mestizo.

– “Su poder no decepciona…” – murmura Kibito. 

– “No será fácil.” – dice Shin. – “Pero, por favor, Piccolo, pase lo que pase, no intervengas.”

El namekiano está molesto, pero siente una extraña sensación cuando mira al pequeño forastero que le compele a colaborar.

Trunks carga con Videl y ya sobrevuelan el mar en dirección a la Tierra Sagrada.

– “Gohan…” – murmura Videl. – “Esos tipos…”

– “Tranquila. No te preocupes por él.” – dice Trunks. – “Seguro que estará bien. ¡No hay nadie más fuerte que él! ¡Derrotó a Cell!”

Una tierna sonrisa se dibuja en el rostro de Videl. 

– “Lo sabía…” – piensa ella, esperanzada e incluso orgullosa. – “Tenía que ser él…”

En Satán City, Yamu y Spopovich se abalanzan sobre Gohan, que se prepara para acabar con ellos… pero antes de que el mestizo pueda reaccionar, el pequeño forastero extiende sus manos y con su poder mental inmoviliza al saiyajín.

Piccolo da un paso al frente, listo para actuar, preocupado por su amigo, pero Kibito le mira de reojo y niega en silencio. 

El namekiano se detiene, muy a su pesar.

Spopovich agarra a Gohan y Yamu clava el aguijón de su urna en el costado del muchacho.

– “¡Sujétale fuerte, Spopovich!” – exclama Yamu. 

Gohan siente que sus fuerzas se desvanecen rápidamente.

Piccolo se ve obligado a contemplar la escena impotente.

– “Confía en nosotros, Piccolo” – dice el extraño de piel rosada.

Los dos bandidos sueltan a Gohan, que cae al suelo inconsciente.

– “¡Vámonos!” – exclama Yamu. – “¡Ya tenemos suficiente!”

Yamu y Spopovich alzan el vuelo a toda velocidad y desaparecen en el horizonte.

El pequeño extraño baja las manos se eleva lentamente.

– “Voy a seguir a esos dos.” – anuncia. – “Espero que me acompañes, Piccolo. Necesitaré ayuda.”

– “¿Y Gohan?” – pregunta el namekiano.

– “Kibito se encargará de él.” – responde el forastero. – “Pronto volverá a estar en plena forma. Estoy seguro de que después querrá unirse a nosotros.”

Piccolo mira de reojo a Kibito y asiente.

El pequeño extraño sonríe.

– “Bien.” – dice. – “Vámonos.”

El forastero y Piccolo salen volando tras los dos bandidos. 

Kibito desciende hasta Gohan y se agacha para colocar su mano derecha sobre la espalda del chico con la intención de reestablecer su energía.

– “¡Increíble!” – se sorprende Kibito. – “Aún no había revelado toda su energía… ¡Su fuerza es casi ilimitada! Jamás imaginé que un simple mortal pudiera albergar un poder así…”

De repente, Gohan recupera la consciencia.

– “¡¿Qué ha pasado?!” – pregunta el mestizo.

Kibito se levanta y Gohan también.

– “¿Quién eres?” – pregunta el mestizo.

– “Ven conmigo.” – dice el extraño. – “Te lo explicaré por el camino. Debemos alcanzar a Shin y a Piccolo.”

– “¿Piccolo?” – repite Gohan.

Kibito sale volando y Gohan decide perseguirlo. 

Justo en ese momento, Mr. Satán ha llegado a su casa en limusina tras rodar un anuncio. Se oyen sirenas de policía aproximándose. 

– “¡¿Qué ha pasado aquí?!” – se pregunta asustado al ver su mansión en ruinas. – “¡¿DÓNDE ESTÁ VIDEL?!” – exclama preocupado. – “¡VIDEL!” – grita mientras entra en su casa.

En la casa no queda nadie. Solo el mayordomo, que sigue inconsciente.

– “¡¿Quién ha hecho esto?!” – dice Satán, que agarra al hombre por la solapa. – “¡Despierta! ¡Háblame! ¡¿Dónde está mi Videl?!”

De reojo, el Campeón se fija en el casco del Gran Saiyaman en el suelo.

– “Sabía que ese tipo traería problemas…” – gruñe Satán.

DBSNL // Capítulo 163: La fusión

DBSNL // Capítulo 163: La fusión

“¡Te tenemos una sorpresa guardada!”

En la Sala del Espíritu y el Tiempo, la luminosidad generada por el Kamehameha de la fusión se disipa y revela a Janemba, que está regenerando la parte superior de su torso y cabeza rápidamente.

La fusión retrocede y se pone en guardia.

– “Lo hemos subestimado…” – murmura la guerrera. – “Conserva la regeneración de Majin Bu. No… parece que incluso la supera.”

Janemba termina de regenerarse y enseguida abre sus enormes fauces, que se llena de ki verde, listo para ser proyectado contra nuestras amigas, pero la guerrera se abalanza rápidamente contra su contrincante y le propina una patada en la barbilla, cerrándole la boca en el último instante y provocando una gran explosión.

La parte superior del cráneo de Janemba estalla, por encima de su mandíbula, pero enseguida se regenera de nuevo.

La guerrera retrocede una vez más.

– “Es demasiado fuerte…” – piensa la fusión. – “Tendremos que darlo todo a pesar de no dominar aún este poder… Tenemos que detenerle antes de que escape y vuelva a causar el caos ahí fuera. Si Gotenks tuvo problemas para salir de aquí, nosotras no seríamos capaces de seguirle.”

En ese instante, las chicas tienen una idea

– “¡Eso es!” – piensa la fusión. – “Puede que…”

Las chicas sonríen de forma burlona. 

– “¿Sabes dónde estás, monstruo?” – le dicen a Janemba. – “¿No reconoces este lugar?”

Janemba, algo confuso, hecha un vistazo a su alrededor y no tarda en reconocer la sala.

– “Estas encerrado aquí de nuevo.” – le provocan las chicas. – “¡Sin dulces ni chocolatinas! ¡Jamás te dejaremos escapar!”

El diablo frunce el ceño un instante, pero de repente sonríe.

– “¿Ha funcionado?” – se preguntan las chicas.

El demonio se abalanza sobre ellas y las agarra del cuello. 

De repente, el cuerpo de Janemba empieza a descomponerse en un centenar de fragmentos. La bizarra transformación se expande por el cuerpo de las muchachas.

Durante un breve instante, Pan y Bra se encuentran en un lugar oscuro en el que pueden ver a Ub envuelto en tinieblas.

– “¡UB!” – grita Pan.

En el Planeta Sagrado, Kibito acaba de regresar. Shin le espera, mirando el universo a través de la bola de cristal que heredó del anciano Madas.

– “Shikk está a salvo.” – dice el Kaioshin del Norte. – “¿Hay noticias de la Tierra?”

– “Una terrible oscuridad nublaba el planeta hasta hace unos minutos” – dice el Dios del Este. – “Pero ahora… Lo que veo…” – dice con la voz entrecortada ante el horror ocurrido.

En ese instante, Janemba y la fusión se recomponen en el Planeta Sagrado frente a los Dioses.

La luchadora metamor reacciona rápidamente y repele a Janemba con una doble patada en su pecho y se pone en guardia.

– “¿Qué ha sido eso?” – se preguntan las muchachas. – “¿Dónde estábamos?”

Shin y Kibito están aterrados contemplando la escena.

– “¡¿Qué estáis haciendo aquí?!” – se pregunta el Dios, que no reconoce a los dos personajes. 

La fusión echa un vistazo a su alrededor.

– “¿El Planeta Sagrado?” – dice sorprendida. – “Al menos estamos fuera de la sala…” – sonríen. – “¡Lo hemos logrado! ¡Ha caído en la trampa!”

Los Dioses se fijan en la muchacha, pues reconocen los ropajes de metamor.

– “Vosotras sois…” – murmura Shin.

Janemba sonríe de forma terrorífica y se prepara para atacar.

– “Ha llegado el momento de pelear en serio.” – dicen las chicas. – “¡Tenemos una sorpresa para ti!”

La luchadora metamor aprieta sus puños y eleva su ki.

– “¡HAAAAAA!” – grita a pleno pulmón, mientras su cabello se eriza, rompiendo el coletero y liberando su melena rubia.

Tras un instante, el poder de las muchachas estalla. Se han transformado en Súper Saiyajín 2.

En el interior de Janemba, un adormilado Ub abre los ojos al ver una tenue luz frente a él y oír el eco del grito de las chicas.

– “¿Qué ocurre?” – se pregunta el muchacho. – “¿Dónde estoy?”

En la Tierra, Ten Shin Han ha enterrado a sus alumnos y a su querida Lunch.

– “Os resucitaremos” – dice Ten, que hace una reverencia a hacia las tumbas. – “Lo prometo.”

De repente, el guerrero siente un tenue ki en el horizonte.

– “¿Quién es?” – se pregunta Ten. – “Puedo sentir una energía muy débil.”

El terrícola no tarda en emprender el vuelo.

– “¡Es en esta dirección!” – dice volando hacia el Oeste. – “¡Son dos energías!” – se da cuenta al acercarse al objetivo. – “¡¿Villa Jingle?!”

Mientras tanto, Krilín ha hecho lo mismo con Marron, Lázuli y Dende. Las lágrimas casi no le dejan respirar.

En el planeta de Hit, Koros se abalanza de nuevo contra el asesino, que ahora se pone en guardia.

El sicario propina un puñetazo a Hit, que éste desvía y responde con una patada, pero ésta es detenida por su contrincante. Los dos se enzarzan en un rápido intercambio de golpes sencillos pero muy técnicos y precisos. Si cualquiera de estos golpes alcanzara al rival, mermaría sus capacidades de forma significativa, pero los dos contrarrestan las técnicas de su oponente continuamente.

Dibujado por Pivotts

Los movimientos de Koros son cada vez más agresivos, violentos y poderosos. El sicario parece furioso. Hit, en cambio, sigue sin reflejar ninguna expresión en su rostro. El asesino mantiene la calma.

De repente, las gafas de Koros han terminado su análisis sobre Hit e informan al sicario de que su enemigo tiene ligeramente menos fuerza en su brazo izquierdo, y que por eso al protegerse de los ataques que le llegan en esa dirección tiende a utilizar su otro brazo como apoyo, dejando vulnerable su flanco derecho.

Koros no puede evitar sonreír.

– “¡YA ERES MÍO!” – grita mientras ataca con un poderoso gancho izquierdo al rostro de Hit, obligando a Hit a cubrirse.

Hit deja expuesto su costado derecho y Koros se prepara para sorprenderle con un fuerte golpe por ese flanco, siguiendo las recomendaciones de su visor.

Pero antes de que pueda darse cuenta de lo que ocurre, Koros recibe un puñetazo ascendente en su barbilla que lo lanza por los aires. El sicario pierde sus gafas y cae de espaldas al suelo.

Koros se queda quieto en el suelo; perplejo. No entiende lo que ha pasado. ¿Sus análisis han fallado?

Hit se cruza de brazos.

– “Tu aparato analiza mi estilo de lucha.” – dice el asesino. – “Pero parece que no distingue un farol.”

Koros, humillado, se pone en pie y escupe al suelo dos dientes rotos.

– “Maldito seas…” – refunfuña el sicario.

Aún lejos de allí, Trunks corre a toda velocidad hacia el lugar del combate, ocultando su energía.

– “¿Qué ha pasado?” – piensa el mestizo. – “Siento un ki extraño… ¿Un enemigo? ¿De quién se trata?”

En el planeta Popol, Shiras observa atentamente a Broly, que ha desatado todo su poder.

– “¿Qué clase de demonio eres tú?” – piensa Shiras al ver la transformación de tan monstruoso saiyajín.

Broly salta sobre el patrullero y le propina un golpe con sus manos unidas en un puño, que cae sobre Shiras como un martillo.

El patrullero intenta detener el golpe alzando su vara de hierro katchin con ambas manos, pero esta no resiste y se parte por la mitad.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende Shiras.

El patrullero retrocede y ahora empuña las dos mitades de su bastón como si fueran mazas.

– “No está nada mal, monstruo…” – sonríe burlonamente.

Broly ataca de nuevo a Shiras, pero éste esquiva el puñetazo del saiyajín y contraataca propinándole un golpe en la cara con su maza derecha, seguido de un revés con esa misma arma.

El saiyajín reacciona rápidamente agarrando al patrullero por su coraza y acercándole para estamparle la cabeza contra la suya.

Shiras retrocede aturdido y usa su poder transtemporal para sorprender a Broly con una tormenta de golpes invisibles propinados por una decena de clones invisibles.

Cell asiste asombrado a un duelo muy por encima de sus posibilidades.

– “¿Qué significa esto?” – se pregunta el insecto. – “¿Cómo pueden existir guerreros así? ¿En qué lugar me deja esto?”

El insecto aprieta sus puños con rabia ante tal impotencia.

En Konats, Piccolo se acerca al debilitado Slug.

– “¿Así que sucumbes ante el poder del Rey de los Demonios?” – sonríe Daimaoh.

– “Ofrezco mi ayuda a un hermano.” – dice Slug. – “Usa mi poder, Piccolo.”

El demonio coloca su mano sobre la cabeza de Slug.

– “Que así sea…” – sonríe Piccolo victorioso.

El cuerpo de Slug se ilumina y se convierte en energía que se funde con Daimaoh.

Piccolo observa el resultado y aprieta los puños mientas eleva su ki.

– “Bien…” – sonríe satisfecho. – “¡Este poder es increíble para un mortal!”

De repente, una pequeña jaqueca le aturde.

– “Puede que deba acostumbrarme…” – murmura Daimaoh. – “Demasiados recuerdos…”

El Rey de los Demonios regresa al templo. 

En Monmaas, Goku embiste de nuevo al brujo y le propina un puñetazo directo, pero en un abrir y cerrar de ojos vuelve al centro de la sala, como si los últimos instantes jamás hubieran ocurrido.

– “¿Qué clase de truco es este?” – refunfuña Goku, frustrado, que lleva ya varios intentos.

Arak ríe una vez más.

– “El tiempo y el espacio son conceptos relativos” – dice el brujo. – “Este es mi terreno de juego. Yo pongo las reglas.”

– “Miserable…” – murmura Goku. – “¡Pelea como un hombre!”

– “¿Pelear?” – se burla Arak. – “Los saiyajín sois una raza primitiva; no cabe duda.” – suspira, decepcionado. – “Para ganar una guerra necesitas inteligencia, estrategia…” – dice mientras se señala la sien. – “Jamás habéis tenido ni una oportunidad.”

– “Aún no habéis ganado.” – replica Goku.

– “Ganamos antes de que el conflicto empezara” – responde Arak. – “¿Por qué libraríamos una guerra que podríamos perder?”

– “¿A qué te refieres?” – pregunta Goku, cada vez más frustrado.

– “Cada pieza del tablero se ha movido a nuestro antojo durante eones” – sonríe el kashvar. – “Zeno, como el Dios atroz que demostró ser, jamás lidió con sus problemas. Los encerró en un cajón y tiró la llave.”

– “El Makai…” – murmura Goku.

– “La voluntad de nuestro Maestro era demasiado fuerte.” – explica Arak. – “El Makai se aferró a las raíces de la creación, expandiéndose por todos los universos desde su corazón.”

Son Goku frunce el ceño.

– “Esta terrible presencia…” – murmura Goku, que puede sentir la misma oscuridad que sentía en la dimensión demoníaca y en el interior de Majin Bu.

– “Es él. Es la esencia de nuestro Maestro.”. – dice Arak. – “\”El que vio\””.

DBZ – SAGA BU REWRITE / Capítulo 3: Entrenamiento en el Monte Paoz

DBZ – Saga Bu Rewrite / Capítulo 3: Entrenamiento en el Monte Paoz

Al día siguiente del incendio, sábado, las portadas de los periódicos celebran la hazaña de los héroes de Satán City, pero también se hacen eco de algo más; la pareja de moda: “¡El Ligue de la Justicia!” titula el Daily Orange acompañado de una fotografía de los dos justicieros abrazados; “Videl y el Gran Saiyaman… ¡¿JUNTOS?!” reza la entradilla. 

En la Mansión Satán, el Campeón, vestido con albornoz y zapatillas, se dirige al salón y se sienta en un enorme sillón rojo con sus iniciales bordadas en oro en el respaldo. Satán se acomoda, se enciende un enorme puro y agarra el periódico del día que su mayordomo le ha dejado preparado sobre la mesa.

El Campeón pronto salta de su asiento alarmado.

– “¡¿Qué significa esto?!” – se pregunta. – “¡¿Mi hija con un vigilante enmascarado?!”

Satán corre hacia el piso superior de su mansión; va tan acelerado que casi se tropieza al perder una zapatilla.

– “¡VIDEL!” – exclama el Campeón. – “¡¿Qué significa esto?!” – dice agitando el periódico en la mano mientras abre la puerta de la habitación de su hija.

Pero Videl no está. La cama está desecha y la ventana abierta.

Mientras tanto, en el Monte Paoz, Gohan ya ha desayunado. Una docena de platos sucios están amontonados sobre la mesa y el mestizo se deja caer deslizándose sobre la silla mientras resopla saciado. Viste un pantalón corto azul y una camiseta de tirantes blanca; la ropa con la que suele dormir.

– “¡Estaba riquísimo!” – exclama el mestizo.

– “¡Jeje!” – ríe Chichi. – “Verdaderamente eres hijo de tu padre.” – dice risueña.

Gohan se levanta con decisión.

– “Voy a darme una ducha y empezaré a estudiar para los exámenes de este trimestre.” – dice el chico.

Chichi está encantada con su hijo.

Pasa poco más de una hora y Gohan está trabajando en su habitación cuando oye un zumbido fuera. El viento se levanta al sonido de una turbina.

Gohan abre su ventana y ve el jet de la Corporación Cápsula aterrizando en el jardín.

Chichi recibe a Bulma y Trunks y los invita a un té. Bulma viste un pantalón cargo marrón, una camiseta blanca y una chaqueta vaquera. Trunks viste un pantalón corto verde y una camiseta de tirantes amarilla.

Trunks ya iba caminando disimuladamente hacia el interior de la casa, pensando en ir a ver a Gohan, pero el mestizo sale a su paso.

– “¡Hola, Son Gohan!” – exclama el niño. – “¡¿Vamos a jugar?!”

– “¡Hola!” – saluda Gohan a Trunks y a su madre.

– “¿Cómo va el instituto, Gohan?” – pregunta Bulma.

– “¡Genial!” – exclama Gohan. – “¡Y todo gracias a ti!”

– “He estado leyendo la prensa últimamente…” – añade con una pícara sonrisa.

– “¡Parece que les gusto!” – dice Gohan algo avergonzado.

– “El Gran Saiyaman es un éxito.” – dice Chichi. – “Ya podrían pagarle un sueldo…”

Bulma se da cuenta de que ninguno de los dos no sabe nada.

– “¿No has leído la prensa de hoy?” – pregunta ella.

– “No…” – dice Gohan, algo extrañado. – “¿Por qué?”

– “¡Nada, nada!” – responde Bulma. – “Ve a jugar con Trunks un rato, anda.”

Trunks, ilusionado, agarra de la mano a Gohan. 

– “¡Vamos! ¡Vamos!” – insiste el chico. – “¡Quiero pelear!”

– “¡Espera!” – dice Gohan. – “Si vamos a jugar a peleas, antes tengo que cambiarme…”

Gohan se viste con un gi morado con cinturón, muñequeras y calentadores naranjas.

– “¡Listo!” – exclama Gohan.

Chichi lava los platos mientras habla con Bulma cuando Gohan y Trunks salen de casa.

– “¿Qué te parece si calentamos un poco?” – sugiere Gohan.

– “¡Vale!” – exclama Trunks, animado.

Mientras los dos muchachos corren por el bosque, Bulma y Chichi siguen de cháchara.

– “¿Y qué te trae por aquí?” – pregunta Chichi.

– “He venido a por unas piezas a Satán City y se me ha ocurrido pasar a saludar” – dice Bulma. – “Trunks está entusiasmado con Gohan. ¡Lo admira!” – sonríe. 

– “Gohan también adora a Trunks.” – dice Chichi. – “Es como un hermano pequeño.”

– “Les irá bien pasar un rato juntos” – dice Bulma.

– “¿Qué tal está Vegeta?” – pregunta Chichi.

– “Tan cascarrabias como siempre.” – suspira Bulma. – “Aún no ha superado la muerte de Goku.”

– “Quién lo iba a decir…” – sonríe Chichi nostálgicamente. – “Vegeta…”

– “Desde su enfrentamiento con Cell no ha vuelto a pelear.” – explica Bulma. – “Casi ni entrena. Parece que no tenga ganas de hacer nada.”

– “Vaya…” – dice Chichi.

– “Pero hablemos de cosas más interesantes…” – dice Bulma, que no puede contener su risa mientras hurga en su bolso y saca un ejemplar enrollado del Daily Orange. – “¿Has visto el periódico de hoy?”

En el bosque, Gohan y Trunks ya dan por terminado el calentamiento y se ponen en guardia el uno frente al otro.

– “¿Estás listo, Trunks?” – dice Gohan.

– “¡Por supuesto!” – responde el hijo de Vegeta.

Los dos muchachos cargan contra su contrincante y se enzarzan en un intercambio de golpes.

Gohan deja que Trunks lleve la iniciativa y retrocede lentamente.

– “¡Muy bien!” – le anima el mestizo. – “¡Sigue así!”

Trunks cada vez pone más empeño en sus ataques. Se está esforzando, pero no logra hacer sudar a Gohan.

Finalmente, Trunks se detiene, algo frustrado.

– “¿Qué ocurre?” – le pregunta Gohan.

– “No peleas en serio.” – dice Trunks.

– “Bueno…” – responde Gohan. – “Lo suficiente…”

– “No me trates como a un niño.” – dice el hijo de Vegeta. – “Lucha de verdad. Quiero saber lo lejos que estoy.”

La determinación del muchacho sorprende a Gohan.

– “Está bien.” – asiente el mestizo, cuya mirada se torna seria.

Trunks se concentra y respira hondo. Se siente preparado.

El hijo de Vegeta se abalanza sobre Gohan, pero este desaparece ante sus ojos y aparece a su espalda para darle un empujón con el pie que lo estampa contra el suelo.

Trunks se queda aturdido un instante sin creerse lo que acaba de ocurrir. Ni siquiera lo ha visto. El joven sabía que Gohan le superaba, pero no esperaba tanta diferencia.

Trunks se pone en pie sin decir nada.

– “¿Estás bien?” – pregunta el hijo de Goku.

Trunks responde emocionado. 

– “¡SÍ!” – responde animado. – “¡Solo tengo que entrenar más!” – añade con una sonrisa que demuestra sus ganas.

Gohan sonríe satisfecho.

– “Está bien que tengas tantas ganas de hacerte fuerte” – dice el mestizo.

– “¡Algún día te superaré!” – insiste Trunks.

El mestizo vuelve a ponerse en guardia.

– “Ah, ¿sí?” – le provoca. 

– “No lo dudes” – responde el hijo de Vegeta, que se prepara para atacar.

Trunks ataca de nuevo y Gohan retrocede dando saltos. El chico lo persigue, pero Gohan evita cada golpe y finalmente se eleva.

Trunks se queda en el suelo, mirando a su compañero con indignación.

– “¡Eso no vale!” – dice el niño. – “Yo no sé volar…”

Gohan sonríe.

– “Pues tendré que enseñarte” – dice el mestizo.

Una enorme sonrisa se dibuja en el rostro de Trunks.

– “¡¿En serio?!” – celebra. – “¡¿Vas a enseñarme a volar?!”

Gohan asiente.

– “Pues claro.” – reafirma.  

De repente, un jet amarillo pasa volando cerca de allí en dirección a la casa de Chichi; un vehículo que Gohan reconoce.

– “¡¿Esa es…?!” – exclama el chico sorprendido y un poco asustado.

Gohan y Trunks corren de vuelta a casa y se encuentran con Videl y Chichi charlando en la puerta. Bulma observa desde el interior. El vehículo de la muchacha está aparcado detrás del de la Corporación. 

– “Así que tú eres la buscona de la foto…” – dice Chichi con los brazos en jarra, analizando detenidamente a la chica.

– “¡No soy una buscona!” – responde Videl.

Gohan interrumpe la discusión rápidamente.

– “¡Hola!” – saluda el mestizo. – “¿Cómo has sabido dónde vivo?” – pregunta.

– “Lo he buscado en los archivos de la escuela.” – responde Videl. – “Ventajas de colaborar con la policía.”

Chichi se cruza de brazos, molesta.

– “Ejem…” – se aclara la garganta con una falsa tos para reclamar atención. 

– “¡Ah!” – exclama Gohan. – “Lo siento.” – se disculpa inocentemente. – “Está es mi madre” – presenta a Chichi. – “Y esta es Videl, una compañera del instituto.” – hace lo mismo con su amiga. 

Trunks se acerca.

– “¿Es tu novia?” – pregunta el niño.

– “¡No me estás ayudando!” – protesta Gohan entre dientes.

Chichi, suspicaz, levanta una ceja.

– “¿Compañera del instituto?” – se sorprende Chichi, que solo la había visto en la portada periódico. 

– “Sí, vamos a la misma clase” – explica Gohan. – “¡Pero además es muy fuerte! Es hija del Míster Satán…”

Bulma sale de la casa y sonríe al oír el nombre del Campeón.

– “Pues seguro que es muy fuerte…” – dice en tono burlón.

– “Le he prometido que le enseñaría a volar.” – dice Gohan. – “Es algo muy útil para luchar contra el crimen…”

Bulma pasa por al lado de Gohan y le guiña un ojo.

– “Tienes buen gusto.” – susurra Bulma. – “¡Vámonos, Trunks!”

– “¡¿Qué?!” – protesta el niño. – “¡Yo también quiero aprender a volar!”

– “Otro día…” – insiste Bulma.

De repente, el comunicador de pulsera de Videl recibe una alerta.

– “¡Un vehículo a la fuga en la autopista A-9!” – informa un agente por radio.

Videl y Gohan se miran y asienten.

– “¡¿Puedo ir?!” – pregunta Trunks.

Bulma lo agarra de la oreja.

– “A casa…” – suspira la madre mientras tira de él.

– “¡Ay! ¡Ay!” – se queja el niño.

Videl se sube a su jet-flyer y Gohan activa su dispositivo de pulsera. Los dos parten juntos hacia el lugar de los hechos. 

Unos minutos más tarde, los héroes de Satán City han solucionado el problema.

En los calabozos de la comisaría de policía, un agente se come un donut mientras escucha las noticias en la radio y hace guardia sentado en su escritorio con los pies sobre la mesa.

– “El Gran Saiyaman y Videl vuelven a intervenir con éxito en un caso de atropello y fuga…” – anuncia el aparato.

Cerca de allí, los dos delincuentes detenidos el día anterior en la carretera 81 están sentados en los bancos de sus respectivas celdas.

– “Esos dos idiotas…” – refunfuña el delgaducho.

– “Malnacidos…” – gruñe el grandullón, cuyo orgullo fue herido al ser humillado por la muchacha.

De repente, los dos sienten una extraña presencia invisible.

Los dos maleantes se agarran la cabeza como si estuvieran sufriendo un terrible tormento.

– “¡GGGRRAAAAAHH!” – grita el grandullón, que se arrodilla y se dobla en el suelo.

– “¡AAAAAH!” – chilla su compañero. – “¡BASTAAAA!”

Sus cuerpos se retuercen violentamente. Sus manos se llenan de cabellos caídos.

El agente de policía que vigilaba los calabozos se levanta asustado y pide ayuda a sus compañeros, que pronto entran para asistirle.

– “¡Llamad a un médico!” – insiste el agente, mientras intenta abrir las celdas con la llave que cuelga de su cinturón.

El domingo llega al Monte Paoz. Ha salido el Sol y Gohan está listo. Bulma ya ha dejado a Trunks en la puerta de la residencia Son y se ha marchado de compras a la ciudad.

El chico llega preparado, luciendo un gi verde con botas de color ocre y muñequeras y cinturón naranjas.

– “¿Gi nuevo?” – pregunta Gohan.

– “¿Te gusta?” – responde Trunks, poniendo los brazos en jarra y girando su cabeza hacia un lado, mirando al infinito.

– “¡Estás muy guapo!” – dice Gohan. – “Es una pena que vaya a ensuciarse…”

– “Jeje” – ríe Trunks. – “No pasa nada. Si se ensucia o se rompe, mi madre me comprará otro.”

– “A veces se me olvida el dinero que tenéis…” – suspira Gohan.

– “¿Y tu chica?” – pregunta Trunks.

– “¡No es mi chica!” – responde rápidamente Gohan, avergonzado. – “Pero ahora que lo dices… Ya debería haber llegado…”

En la comisaría de Satán City, Videl ha acudido a una llamada de socorro. El edificio de la policía ha volado parcialmente por los aires. Un gran agujero ha abierto paso en la fachada.

– “¿Qué ha podido provocar tanta destrucción?” – se pregunta Videl. – “¿Una bomba?”

Varios agentes están siendo atendidos por los servicios médicos en las proximidades de la comisaría.

Ajenos a los hechos, Gohan y Trunks siguen esperando para empezar el entrenamiento. Los dos muchachos están tumbados bocarriba sobre la hierba, cerca de un lago, mirando las nubes pasar.

Trunks se incorpora, un poco molesto.

– “¡Esto es un rollo!” – protesta el chico.

– “No seas impaciente…” – responde Gohan, con los ojos cerrados. – “Tenemos que esperar a Videl para poder empezar las clases de vuelo. No quiero tener que explicar las cosas dos veces…”

Trunks se cruza de brazos, poco convencido.

– “Pues vaya…” – refunfuña. – “Yo he venido a entrenar…”

– “No vas a dejarme tranquilo, ¿eh?” – sonríe Gohan, abriendo un ojo y mirando a su amigo.

El niño se pone en pie de un salto.

– “¡Solo me callaré si me lo enseñas!” – dice Trunks con una pícara sonrisa.

– “¿Eh?” – responde un confuso Gohan.

– “¡Enséñame el Súper Saiyajín!” – insiste el hijo de Vegeta.

Gohan suspira y decide ponerse en pie.

– “Está bien…” – dice el mestizo. – “Pero solo una vez… Estate atento, ¿de acuerdo?”

Trunks asiente dos veces con decisión.

Gohan aprieta los puños y cierra los ojos un instante. Cuando los abre de nuevo, éstos son de color verde y una fuerte corriente de aire empuja a Trunks y sacude la zona. El cabello de Gohan se ha erizado y se ha vuelto dorado. El aura del Súper Saiyajín arde a su alrededor.

– “Qué alucinante…” – murmura Trunks, con los ojos como platos.

– “¿A que sí?” – fanfarronea Gohan.

Con un suspiro, el aura desaparece y Gohan vuelve a la normalidad.

– “¿Y yo puedo hacer eso?” – pregunta Trunks.

– “Claro… Con entrenamiento seguro que lo logras.” – dice Gohan. – “Pero tanto a tu padre como al mio les costó mucho… Yo fui el más joven en lograrlo, pero tampoco me fue fácil…”

Trunks aprieta sus puños y los dientes, que rechinan mientras intenta concentrar su energía.

– “¡No te precipites! Jeje…” – ríe Gohan. – “No es tan fácil. Aún te queda mucho por aprender… Además, hace falta un ataque de ira para…”

Pero de repente, el cabello de Trunks se eriza y se torna rubio. Sus ojos brillan de color verde y una llama dorada lo envuelve.

Gohan se queda boquiabierto.

Trunks parece un poco confuso y se mira las manos, después intenta verse la espalda. Se siente extraño y se da cuenta de la expresión en el rostro de su amigo.

– “¿Qué pasa?” – pregunta Trunks. – “¿Por qué me miras así?”

– “Tú… Eres… Eres un Súper Saiyajín…” – titubea Gohan.

– “¡¿EN SERIO?!” – exclama Trunks. – “¡VIVA! ¡VIVA!” – celebra dando brincos de alegría. – “¡SOY UN SÚPER SAIYAJÍN!”

Gohan sigue sin asimilar lo que tiene ante sus ojos.

– “Esto… Esto no está bien…” – balbucea el mestizo. – “Aún no deberías…”

En la Corporación Cápsula, Vegeta esta mirando la televisión, sentado en el sofá, cuando de repente siente la energía de su hijo y se incorpora repentinamente.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende el saiyajín. – “Ese… Ese es… ¡¿TRUNKS?!”

En la Atalaya de Kamisama, Piccolo observa la Tierra desde el borde de la plataforma. Una media sonrisa se dibuja en su rostro.

– “No está nada mal…” – murmura el namekiano.

Gohan se queda contemplando a su pequeño amigo con cierto orgullo.

– “Tan joven y ya es un Súper Saiyajín…” – murmura Gohan. – “Puede que éste nos supere a todos.” – sonríe.

Trunks sigue celebrando su logro. El pequeño salta y brinca por toda la zona, poniendo a prueba sus nuevas habilidades.

– “Oye, Trunks…” – le reclama Gohan. – “¿Quieres que luchemos?”

– “¡¿En serio?!” – dice Trunks emocionado.

– “Claro” – asiente Gohan.

– “¡Vale!” – exclama el chico.

Los dos mestizos se ponen en guarida.

– “Veamos de qué es capaz ahora que…” – piensa Gohan.

Pero su pensamiento es interrumpido por un ataque de Trunks, que se ha abalanzado sobre él a toda velocidad, intentando propinarle una patada. Gohan ha detenido el golpe, pero sin duda no esperaba esa agilidad por parte del chico. 

Trunks insiste en sus ataques y Gohan retrocede. Finalmente, un puñetazo de Trunks obliga a Gohan a cruzar los brazos frente a su pecho para protegerse. El impacto crea una corriente de aire que resquebraja el suelo y hace tambalear los árboles de los alrededores. 

– “Y es la primera vez que se transforma…” – piensa el mestizo. – “¡Increíble!”

Trunks parece que se ha despistado y mira al cielo por encima del hombro de Gohan. 

– “¿Esa no es tu amiga?” – pregunta el chico.

El jet de Videl cruza el cielo hacia el Monte Paoz.

– “Ya ha llegado…” – dice Gohan.

– “¡Voy a enseñarle el Súper Saiyajín!” – exclama el chico, ilusionado.

– “¡NI SE TE OCURRA!” – replica Gohan, rápidamente.

Trunks agacha la cabeza mientras retorna a su estado base, algo asustado por el grito de su amigo.

– “¿Por qué no?” – pregunta con timidez.

– “Pues…” – dice Gohan mientras piensa una excusa. – “¡Porque las chicas piensan que los Súper Saiyajín son unos gamberros!” – responde, acordándose de la reacción de su madre al verle teñido de rubio.

– “Ah, ¿sí?” – se extraña Trunks, no muy convencido.

– “Eso es” – asiente Gohan.

Trunks y Gohan corren de regreso a su casa.

– “Lo cierto es que no puedo dejar que Videl sepa que soy también el Guerrero Dorado…” – piensa el muchacho. – “Podría descubrir la verdad sobre quién derrotó a Cell y eso le rompería el corazón.”

Cuando llegan a casa, Videl espera apoyada en su jet.

– “¡Hola, Videl!” – saluda Gohan.

– “Siento llegar tarde” – se disculpa ella. – “Ha habido un atentado en la comisaría.”

– “¡¿Un atentado?!” – se preocupa Gohan.

– “Cuando he llegado ya era tarde. No había nada que hacer.” – responde la muchacha. – “La policía está investigando. Me mantendrán informada.”

Videl se da cuenta de que Chichi la mira con recelo desde la ventana.

– “Creo que a tu madre no le caigo bien…” – dice Videl.

– “Jeje…” – ríe Gohan incómodamente. – “Es que me tiene muy celoso…”

La muchacha se fija en el pequeño amigo que acompaña a Gohan.

– “¿Y él?” – pregunta Videl.

– “También quiere aprender a volar.” – dice Gohan. – “Os enseñaré a los dos.”

– “¿Tan pequeño?” – se sorprende la muchacha.

– “Oye, que soy un Súp…” responde Trunks, molesto, pero Gohan enseguida se abalanza sobre él y le tapa la boca.

– “¿Un qué…?” – pregunta Videl.

– “¡JAJAJA!” – ríe Gohan nervioso. – “¡Nada! ¡Nada!” – intenta desviar la atención. – “¡Cosas de niños…!”

Gohan, con las prisas, ha tapado la boca y la nariz de Trunks, que aletea nervioso.

– “Vamos a buscar un lugar tranquilo, ¿vale?” – dice Gohan. – “Por allí hay un claro que puede servir.” – señala hacia el bosque.

– “Está bien.” – dice Videl, mientras empieza a caminar.

Finalmente, Gohan suelta Trunks, que puede respirar de nuevo.

– “¡No me metas en líos!” – susurra Gohan.

– “Lo siento…” – se disculpa Trunks.

Videl se detiene y los mira de reojo.

– “¿Qué os traéis entre manos?” – pregunta ella.

– “¡Nada! ¡Nada!” – dicen los dos, agitando las manos.

La chica sigue caminando y los dos mestizos suspiran aliviados.