DBZ – SAGA BU REWRITE / Capítulo 8: Majin Bu

DBZ – Saga Bu Rewrite / Capítulo 8: Majin Bu

El monstruo salido del huevo mira a su alrededor con curiosidad.

Babidí y Dabra no saben qué pensar de la criatura. Ese no era el aspecto que esperaban que tuviera el temible Majin Bu.

– “¿Ese es el monstruo?” – pregunta el demonio.

– “No lo sé…” – responde el brujo. – “Solo el Kaioshin lo ha visto antes…”

El rostro desencajado del Dios confirma el despertar del monstruo. Shin está temblando de miedo.

– “¿Es él?” – pregunta Piccolo.

– “Sí…” – responde Shin. – “Nunca olvidaré esa cara…”

Babidí sonríe.

– “¡Parece que es él!” – exclama el brujo. – “¡Majin Bu!”

– “¿Con esa pinta de bonachón?” – sigue incrédulo Dabra.

Majin Bu empieza a hacer estiramientos sin perder la sonrisa bobalicona de su rostro.

Una gota de sudor frío recorre la frente del namekiano.

– “Puede parecer idiota… Pero su presencia es terrible…” – dice Piccolo.

En las montañas rocosas, Vegeta se abalanzaba sobre Gohan, pero el mestizo le pide que se detenga.

– “¡Espera, Vegeta!” – exclama Gohan, mirando al horizonte. – “¡Ha aparecido una energía muy poderosa! ¡¿Será Majin Bu!”

Vegeta se detiene y mira en la misma dirección.

– “¿Ese es Bu?” – se pregunta Vegeta, poco impresionado. – “¡JAJAJA!” – ríe. – “¡Sabía que sería una decepción! Ese Kaioshin se asusta con facilidad para ser un Dios… Creo que hemos superado todas las expectativas…”

– “No te precipites…” – responde Gohan. – “El ki que siento es algo fuera de lo común…”

– “¡CÁLLATE!” – insiste Vegeta, furioso. – “¡SI LO QUE BUSCAS ES ESCAQUEARTE, NO TE LO PERMITIRÉ!”

Mientras tanto, Babidí se acerca a su monstruo.

– “¡Hola, Bu! Soy Babidí, el hijo de tu creador, Bibidí.” – se presenta el brujo. – “¡Y te he liberado de tu encierro!”

El monstruo le mira con desconfianza.

– “¡Desde hoy, seré tu amo y señor!” – dice el brujo.

Bu lo ignora.

– “¡Escúchame!” – repite el brujo, algo desquiciado. – “¡Soy tu nuevo amo! ¡Tu dueño!”

De repente, el monstruo se sorprende con una mueca sacándole la lengua que hace que Babidí caiga al suelo de espaldas y casi eche el corazón por la boca del susto.

– “¡JAJAJAJA!” – ríe Bu.

Piccolo está confuso ante la extraña actitud del monstruo.

Dabra lo mira s Majin Bu con recelo.

– “Bah… No es más que un payaso.” – murmura el demonio.

El comentario llama la atención de Majin Bu.

El monstruo hace una pose de fortachón y se dirige a Dabra dando saltitos, celebrando cada uno de ellos.

– “¡Hop! ¡Hop! ¡Hop!” – repite él.

Majin Bu se coloca en pose de pugilista delante del demonio.

– “¿Quieres pelear conmigo?” – dice Dabra con retintín. – “¿Ya sabes dónde te metes?” – añade esbozando una chulesca media sonrisa. – “Ya sabía yo que eras solo un idiota.”

Piccolo frunce el ceño.

– “¿De verdad es un peligro?” – le pregunta el namekiano a Shin.

– “Que su apariencia no te confunda…” – dice el Kaioshin. – “Esa criatura es el mal encarnado.”

Bu emite vapor a presión por los orificios de su cabeza y de sus brazos. Su rostro revela de repente una sonrisa aterradora.

El monstruo aplasta la cabeza de Dabra con un aplauso, haciendo sangrar sus oídos, y lo remata con una matada que lanza al demonio a volar hasta estrellarse contra una montaña cercana que se derrumba inmediatamente sobre él.

Piccolo y el mismísimo Babidí se quedan boquiabiertos ante la demonstración del monstruo, que confirma los peores temores de Shin.

– “¡Magnífico, Bu!” – celebra el brujo. – “¡Eres fantástico!”

Piccolo no puede evitar temblar.

– “Su fuerza ha aumentado de una forma descomunal en un solo instante…” – dice el namekiano. – “Jamás había visto nada igual…”

Lejos de allí, Trunks volaba hacia las montañas rocosas cuando ha sentido el terrible ki de Majin Bu.

– “¿Qué demonios es eso?” – se pregunta el chico.

Tras un instante, el chico continúa su camino hacia las energías de su padre y de Gohan.

– “No tengo tiempo…” – piensa el mestizo.

En las montañas rocosas, el ki de Bu ha detenido de nuevo el combate entre los dos saiyajín.

– “Es… es una energía inmensa…” – titubea Gohan.

Vegeta no parece interesado.

– “A mí no me importa…” – gruñe el saiyajín. – “¡Aún no hemos terminado nuestro combate!”

– “¡Ya basta!” – dice Gohan. – “¡Lo hemos despertado nosotros! ¡Si no lo detenemos, mucha gente morirá! ¡También Bulma y Trunks!”

Vegeta frunce el ceño, furioso.

– “¡CÁLLATE DE UNA VEZ!” – grita el saiyajín. – “¡HE VENDIDO MI ALMA A BABIDÍ PARA VOLVER A SER DESPIADADO! ¡NO ME IMPORTA NADA NI NADIE!”

Gohan juzga a su adversario con una mirada severa.

– “Sigue repitiéndote eso, si así te sientes mejor…” – dice el mestizo.

Vegeta se enfada por la acusación de Gohan, pero pronto logra calmarse.

– “Está bien.” – se resigna el saiyajín. – “No podemos pelear si sigues pensando en ese monstruo… Acabaremos con él y luego reanudaremos nuestro combate.”

– “Vegeta…” – sonríe Gohan, aliviado.

El saiyajín mira sobre el hombro de Gohan.

– “¡¿QUÉ?!” – reacciona Vegeta con terror.

Gohan se da la vuelta rápidamente.

– “¡¿QUÉ OCURRE?!” – pregunta el mestizo.

De repente, Vegeta noquea al hijo de Goku con un golpe en la nuca, haciéndole perder su transformación y dejándole inconsciente en el suelo.

– “Tan inocente como tu padre…” – dice el saiyajín. – “Majin Bu ha despertado por mi culpa. Yo lo solucionaré.”

Vegeta mira a Gohan con una sonrisa melancólica.

– “Si todo sale mal, tú eres la mejor opción para salvar la Tierra.” – sentencia el saiyajín.

Vegeta aprieta sus puños con rabia.

– “Maldito seas, Kakarotto…” – gruñe el saiyajín. – “Siempre tienes razón.”

Mientras tanto, Babidí intenta darle órdenes a Majin Bu.

– “¡Salúdame!” – insiste el brujo. – “¡Soy tu amo! ¡Obedece!”

El monstruo responde sacándole la lengua de nuevo.

– “¡¿Es que no piensas acatar mis órdenes?!” – se frustra el brujo. – “Si no me obedeces, puedo usar el hechizo para encerrarte de nuevo…”

Bu responde a la amenaza y hace una reverencia a Babidí.

– “Bien, bien…” – dice el brujo, satisfecho. – “Así me gusta…”

Piccolo estudia a su enemigo.

– “Parece un bebé…” – dice el namekiano. – “Si derrotamos al brujo, creo podríamos detener al monstruo…”

– “¡Te equivocas!” – replica Shin. – “Babidí es el único capaz de detenerlo. Ni siquiera su padre fue capaz de controlar a Majin Bu… Estoy seguro de que Babidí se verá obligado a encerrarlo de nuevo en el huevo… en algún momento.” – explica el Dios, agachando la cabeza, derrotado. – “Tendremos que esperar hasta entonces.”

– “Millones de personas morirán…” – dice Piccolo.

– “Billones.” – responde Shin. – “Planetas enteros.” – sufre el Dios. – “¡Pero no tenemos otra opción! Tenía la esperanza de detener a Babidí antes de que despertara al monstruo… ¡Pero todo ha salido mal! ¡He fracasado! Tenía que haberle hecho caso… ¡No confié lo suficiente en los mortales! ¡Es todo culpa mía! Podríamos haberlo intentado de otra forma…”

– “¿Qué?” – se sorprende el namekiano. – “¿De qué está hablando?”

– “Ya no importa…” – se resigna el Dios. – “…porque vamos a morir.”

Un grito de Babidí interrumpe a nuestros amigos.

– “¡MÁTALOS, BU!” – ordena el brujo. – “¡Liquida a esos dos!”

– “¡BUUUU!” – celebra un entusiasmado monstruo.

Piccolo agarra al Kaioshin por el brazo.

– “¡¡VÁMONOS!!” – exclama el namekiano.

Piccolo sale volando, arrastrando a Shin con él.

Babidí observa nervioso a sus enemigos alejarse.

– “¡¿A QUÉ ESPERAS?!” – le grita a su monstruo. – “¡¡NO DEJES QUE ESCAPEN!!” 

Majin Bu coge impulso y sale volando tras Piccolo a toda velocidad, surcando el cielo como un proyectil. 

En unos segundos el monstruo ha adelantado a nuestros amigos y se detiene frente a ellos, cortándoles el paso.

– “In… increíble…” – tartamudea el namekiano.

Majin Bu machaca a Piccolo sobre la cabeza y lo manda al suelo, dejándolo inconsciente.

Shin intenta rechazar al monstruo con un Kiko-ha, pero casi no tiene efecto en Bu, que responde imitándole y remitiendo al Dios de nuevo a los pies de Babidí.

– “¡Muy bien!” – celebra el brujo.

Majin Bu persigue a Shin y tras dar una voltereta cae sobre él, sentándose sobre el malherido Dios.

– “¡AAAAAHHH!” – grita el Kaioshin.

Bu se pone en pie y le propina una patada a Shin en el abdomen. El Dios se retuerce de dolor.

Babidí se acerca a su enemigo y se mofa de él.

– “¡JAJAJA!” – ríe el brujo. – “¡¿Qué pasa, Kaioshin?! ¿No ibas a detenerme?”

Majin Bu apunta al Dios con su manopla derecha, pero Babidí le detiene.

– “¡Espera, Bu!” – dice el brujo. – “Quiero matarle yo mismo…” – sonríe.

– “¿No me lo puedo comer?” – pregunta Majin Bu.

– “¿Eh? ¿Comer?” – se extraña el mago.

De repente, una lanza atraviesa la panza del monstruo por la espalda.

– “¡¿UH?!” – reacciona confuso Majin Bu.

– “¡¡NOO!!” – exclama Babidí. – “¡MI MONSTRUO!”

Dabra ha sido quién ha atacado a Bu a traición.

– “Amo Babidí…” – dice un ensangrentado demonio. – “Majin Bu es un peligro… No podrá controlarlo eternamente… ¿Es que no se da cuenta?” 

– “¡CÁLLATE!” – responde el brujo. – “¡¿QUÉ LE HAS HECHO A MI QUERIDO BU?!”

Pero el monstruo, sin perder su bobalicona sonrisa, se arranca la lanza fácilmente y la deja caer al suelo. La herida de su barriga se cierra al instante, sorprendiendo a todos los presentes.

– “¡Tú serás mi merienda!” – dice el monstruo.

Dabra, asustado, se pone en guardia, listo para pelear.

Bu se inclina ligeramente hacia delante y apunta a su adversario con la antena de su cabeza.

– “¡CONVIÉRTETE EN GALLETA!” – exclama el monstruo.

Un rayo fucsia zigzagueante nace del apéndice de Bu y sorprende al demonio, transformándolo en una gigantesca galleta.

Bu la sujeta antes de que caiga al suelo y se la mete en la boca. El monstruo la mastica.

– “¡Riquísimo!” – sonríe el monstruo tras engullir a Dabra.

– “¡JAJAJA!” – ríe Babidí. – “¡Muy bien!” – celebra.

El brujo señala a Shin.

– “¡Ahora cómete a este!” – ordena Babidí. – “¡Cómete al Kaioshin!”

Bu se acerca de nuevo a Shin.

– “Te convertiré en algo rico…” – piensa Bu, rascándose la barbilla. – “¿Chocolate? ¿Helado?” – cavila. 

– “¡JAJAJA!” – se burla Babidí. – “¡Qué final tan humillante!”

Shin cierra los ojos, pues sabe que es su final.

– “Maldición…” – lamenta el Dios.

De repente, una gran explosión sorprende al brujo y a su monstruo. La nave de Babidí ha estallado en mil pedazos.

– “Mi… ¡¡MI NAVE!!” – exclama el hechicero.

Majin Vegeta aparece entre la humareda de la explosión.

– “¡¿VEGETA?!” – se sorprende el brujo, que con la emoción ya había olvidado el combate que estaba teniendo lugar en las montañas. – “¡¿Qué haces tú aquí?!”

Muy lejos de allí, Trunks detiene su viaje.

– “¡¿Qué?!” – exclama confuso. – “¡El ki de mi padre ha vuelto a cambiar de posición! ¡Ahora está con ese poder monstruoso que he sentido antes! Y no percibo la energía de Gohan… ¡¿QUÉ ESTÁ PASANDO!?” – sufre el chico. – “¡Tengo que averiguarlo!”

El pequeño Trunks decide variar su rumbo.

Majin Vegeta ignora a Babidí y se fija en el monstruo.

– “Así que esta bola de grasa con cara de tonto es Majin Bu…” – dice el saiyajín. – “Y supongo que has matado a Piccolo.” – añade al no sentir el ki del namekiano.

Majin Bu se agacha para decirle algo a su dueño.

– “¿Qué significa “sebo”?” – pregunta el monstruo.

– “¡Significa “grasa”! ¡Quiere decir estás gordo!” – dice Bu. – “¡Es un insulto!”

El monstruo emite vapor a presión a través de sus orificios, tal y como hizo antes de atacara a Dabar.

– “¡Estoy furioso!” – exclama Bu. – “¡TE MATARÉ!”

Babidí sonríe.

– “¡Mátale!” – dice el brujo. – “Total, no me hace caso…” 

Vegeta se pone en guardia.

– “No creas que te lo pondré fácil…” – dice el saiyajín. – “Te arrastraré conmigo al infierno.”

Shin se sorprende al oír a Vegeta.

– “Vegeta…” – piensa el Dios. – “¿Qué ha cambiado?”

El ki del saiyajín estalla.

– “¡YAAAAAAH!” – grita Vegeta, concentrando su energía antes de atacar.

Vegeta se abalanza sobre Bu y le propina una tremenda tormenta de puñetazos y patadas. El monstruo es un mero saco de boxeo para el saiyajín.

Piccolo recupera la consciencia y, malherido, logra levantarse.

– “¿Vegeta?” – murmura al ver el duelo que está teniendo lugar. – “Eso significa…” – se preocupa por su pupilo.

El saiyajín continúa castigando al monstruo ante la mirada atónita de Babidí.

– “Bu…” – murmura confuso el brujo. – “¡¿Qué está pasando?! ¡DEFIÉNDENTE!”

Finalmente, Vegeta remata a Bu con una fuerte patada que lo lanza contra el suelo a varios metros de distancia. El monstruo rebota varias veces antes de detenerse. 

Bu se levanta de un salto y los golpes impresos en su carne se desvanecen repentinamente como si el monstruo fuera un globo que se ha rehinchado.

Vegeta se coloca de perfil y apunta a Majin Bu con sus dedos índice, corazón y pulgar. El aura del saiyajín se torna esférica, acumulando todo su poder.

De repente, un haz de luz nace de Vegeta y atraviesa el abdomen del monstruo antes de que éste pueda reaccionar, dejando un gigantesco agujero en su horonda panza, abatiéndole y dejándolo tirado en el suelo.

– “Je” – sonríe Vegeta.

– “¡BUUUU!” – grita Babidí, alarmado.

– “¡¿Lo ha logrado?!” – se pregunta Piccolo.

El monstruo se levanta al instante, sorprendiendo a todos.

– “¡¿QUÉ?!” – exclama Vegeta.

La herida del monstruo se regenera al instante.

– “Esta vez… me ha dolido un poco…” – gruñe Bu.

– “¿Es que eres inmortal o qué?” – refunfuña el saiyajín.

– “¡Muy bien! ¡Muy bien!” – celebra Babidí. – “¡Ahora, MÁTALE!”

Un aura esférica fucsia envuelve al monstruo de repente. Bu cruza sus brazos frente a su pecho.

– “¿Sabes una cosa…?” – dice el monstruo.

– “Bu…” – se asusta Babidí. – “¿Qué vas a…?”

El poder devastador de Bu sorprende de nuevo a todos los presentes.

– “¡¡ME CAES FATAAAAAAAL!!” – grita el monstruo a pleno pulmón mientras desata una onda expansiva que arrasa con todo lo que encuentra a su paso.

Babidí alza sus manos enseguida.

– “¡B… BARRERA!” – grita el desesperado brujo mientras se envuelve en una burbuja mágica, intentando protegerse.

Vegeta intenta defenderse del ataque, pero pronto es engullido por la explosión.

Shin y Piccolo salen despedidos por los aires.

La zona se ha convertido en un gigantesco cráter vacío a los pies de Majin Bu. 

Babidí ha sobrevivido gracias a su magia. 

– “Por poco me mata…” – suspira el hechicero.

Más allá del límite del cráter, un malherido Vegeta se pone en pie. Su brazo izquierdo, ensangrentado, ha quedado inutilizado.

– “Imposible…” – refunfuña el saiyajín. – “Es demasiado fuerte… y además parece inmortal… Creo que no podré derrotar a este miserable…”

Babidí lo observa sorprendido.

– “¿Sigue vivo?” – dice el brujo. – “Admito que, si no se hubiese rebelado, habría sido un fantástico gladiador…”

Piccolo también se levanta entre los escombros. Su distancia con la explosión le ha permitido sobrevivir.

– “Ha faltado poco…” – murmura el namekiano, que enseguida se fija en el saiyajín. – “Parece que Vegeta sigue vivo…” – murmura. – “¡¿Y EL KAIOSHIN?!” – se pregunta, asustado, al ver que la zona en la que se encontraba ha sido devastada por el estallido. – “Maldita sea…”

Majin Bu flota hasta Vegeta y desciende frente a él.

– “Me aburres…” – le dice el monstruo.

Vegeta se prepara para seguir peleando.

– “¿Qué puedo hacer…?” – se pregunta el saiyajín. – “¿Cómo puedo derrotar a este monstruo?”

En ese instante, Majin Bu agarra una lorza de su barriga y la estira hasta separar un trozo de su propia carne del resto de su abdomen.

– “¿EH?” – murmura un confuso Vegeta.

Majin Bu estira la masa rosada hasta convertirla en una tira gelatinosa.

– “¿Qué va a hacer con eso?” – se pregunta el saiyajín.

El monstruo dispara un pequeño proyectil de energía con su boca a los pies de Vegeta, que obliga al saiyajín a saltar para esquivarlo.

Bu aprovecha el momento para lanzar su trozo de carne contra el desprevenido saiyajín. La masa rosada se enrolla alrededor de Vegeta y lo apresa.

– “¡Ju, ju, ju!” – ríe Bu.

Vegeta cae al suelo inmovilizado.

– “Maldita sea…” – sufre el saiyajín, cuyos intentos por liberarse son inútiles.

Bu se acerca a Vegeta y le propina una fuerte patada.

– “¡Toma!” – exclama el monstruo.

Majin Bu salta sobre Vegeta y cae sobre él con todo su peso, haciendo que el saiyajín escupa sangre por su boca.

– “¡AAAAAAH!” – grita Vegeta.

El monstruo Bu empieza a golpear el rostro del saiyajín sin descanso.

– “¡Toma! ¡Toma!” – celebra Bu con alegría cada uno de los golpes que propina.

De repente, como un rayo, alguien asesta una patada en la cara a Majin Bu, alejándolo de Vegeta.

Trunks, transformado en Súper Saiyajín, aterriza junto a su padre y se apresura en liberarlo.

– “¡PAPÁ!” – exclama Trunks, preocupado. – “¡¿ESTÁS BIEN?!”

Babidí parece confuso.

– “¿Quién es ese niñato?” – se pregunta el mago. – “¿De donde sale?” – pero pronto sonríe de nuevo. – “Tampoco importa… Bu los matará a todos.”

– “Es posible…” – dice una voz que sorprende al hechicero.

La voz es de Piccolo, que se encuentra detrás de Babidí. 

El brujo se da la vuelta enseguida.

– “¡¿TÚ?!” – exclama Babidí.

– “Aunque no podamos detener a Majin Bu…” – dice Piccolo. – “…podemos detenerte a ti.”

– “No seas estúpido…” – responde el brujo. – “Si muero, nadie podrá encerrar a Bu… ¡Vagará por el universo destruyéndolo todo a su paso!”

– “¿Y en qué se diferencia eso de tu plan?” – replica el namekiano.

Una gota de sudor frío recorre la frente del brujo.

– “¡¡B… BU!!” – grita Babidí desesperado. – “¡¡DATE PRISA!! ¡¡MATA…!!”

Pero antes de que el brujo pueda dar su orden, Piccolo lo parte en dos de un solo golpe.

Las dos mitades de Babidí se precipitan contra el suelo.

– “No… No puede ser…” – piensa el brujo. – “Estaba a punto de ser el Rey del Universo…”

Vegeta, ahora libre, ha visto la escena.

– “Trunks…” – dice el saiyajín. – “Cuida de tu madre.”

– “¿Eh?” – murmura el chico, confuso. – “¿Qué? ¿Por qué dices eso?”

– “Márchate. Vete lejos de aquí.” – dice Vegeta. – “Lucharé con el monstruo Bu a solas.”

– “¡¡NO!!” – replica el mestizo. – “¡Lucharé contigo! ¡Si peleas solo te matará! ¡Pero los dos juntos podemos hacerle frente!”

– “No…” – responde el saiyajín. – “Majin Bu no es un enemigo que podamos derrotar con métodos normales…”

– “¡No es cierto!” – insiste Trunks. – “¡Soy mucho más fuerte de lo que crees! ¡He estado entrenando con Gohan! ¡Puedo ayudarte!”

Vegeta se queda un instante en silencio.

– “Trunks… No te abrazo desde que eras un bebé…” – dice el saiyajín. – “Déjame hacerlo ahora.”

– “¿Eh?” – se sorprende el mestizo.

Vegeta acerca a su hijo hacia él y lo abraza.

– “Papá…” – piensa Trunks.

– “Cuídate mucho, hijo.” – se despide Vegeta, con una sonrisa.

– “¿Qué?” – mira el chico a su padre.

De repente, Vegeta noquea a su hijo con un certero golpe en la nuca, dejándolo inconsciente en el suelo.

Piccolo desciende junto al saiyajín.

– “¿Qué ha pasado, Vegeta?” – pregunta Piccolo. – “¿Dónde está Gohan?”

En ese momento, el monstruo Bu se levanta y hace unos pocos estiramientos antes de decidir continuar. 

– “¡¿Quién me ha pegado?!” – exclama el monstruo. – “¡¿Has sido tú?!” – le pregunta a Piccolo.

Vegeta da un paso al frente.

– “Coge a Trunks y vete. Aléjate todo lo que puedas.” – dice Vegeta. – “Por favor.”

Piccolo se sorprende ante la cortesía con la que el saiyajín ha formulado su petición, así que decide confiar en él.

– “De acuerdo…” – responde el namekiano, que enseguida agarra a Trunks y se lo coloca bajo el brazo.

Vegeta se envuelve de nuevo en el aura de Súper Saiyajín 2.

– “Quiero preguntarte algo…” – le dice el saiyajín a Piccolo. – “Si muero, ¿me encontraré con Kakarotto en el Más Allá?”

Piccolo recapacita un instante su respuesta.

– “No creo en las mentiras piadosas… así que te diré la verdad.” – murmura el namekiano. – “Eso es imposible. Has matado a muchos inocentes. Cuando mueras, tu cuerpo desaparecerá y tu alma irá al purgatorio, donde se purificará, lo olvidará todo, y se reencarnará.”

– “Vaya…” – sonríe melancólicamente Vegeta. – “Qué rabia…”

El saiyajín mira a su adversario de nuevo.

– “Está bien.” – sentencia Vegeta. – “Vete, Piccolo. Date prisa.”

– “Sí…” – responde el namekiano, que enseguida alza el vuelo.

Piccolo, con Trunks en brazos, se alejan rápidamente de la zona de combate.

Bu, malhumorado, alza su mano y apunta al fugitivo.

– “¡EH! ¡No escaparás!” – exclama el monstruo.

– “¡ESPERA, MONSTRUO!” – le interrumpe Vegeta. – “¡Ya te encargarás de ellos cuando me venzas! ¡¿De acuerdo, bola de grasa?!”

– “¡¿Me has vuelto a insultar?!” – gruñe Bu, que de nuevo emana vapor por sus orificios.

– “Creo que empiezo a comprender tus habilidades…” – sonríe el saiyajín.

Piccolo vuela hacia el norte a toda velocidad.

– “Vegeta…” – piensa el namekiano. – “Por primera vez luchas por los demás… aunque te cueste la vida.”

El aura del saiyajín estalla en una gran llama que pronto se retuerce y toma forma esférica. La energía que emana de Vegeta hace que una fuerte corriente de aire alce una gran polvareda.

– “¡Te destrozaré de tal manera que no podrás regenerarte!” – amenaza Vegeta al monstruo.

Majin Bu, por primera vez, parece asustado.

Una sonrisa melancólica se dibuja en el rostro de Vegeta.

– “Adiós, Bulma… Trunks…” – piensa el saiyajín. – “Adiós, Kakarotto.”

Vegeta estalla, liberando toda la energía que había concentrado; poniendo incluso su energía vital en el ataque.

– “¡¡¡YAAAAAAAAAA!!!” – grita el saiyajín a pleno pulmón; un grito desgarrador.

– “¡AAAAH!” – se asusta Bu, que es engullido por la explosión.

Una gigantesca explosión ilumina la Tierra. El contraste de luz hace pensar que ha anochecido en el resto del planeta. La onda expansiva se transmite por el aire a todos los confines del mundo.

En la Corporación Cápsula, Bulma se encuentra trabajando en su taller cuando oye el estruendo del exterior provocado por el viento huracanado que ha alcanzado la Capital del Oeste. El corazón le da un vuelco.

– “¡¿Qué…?! Tengo un mal presentimiento…” – murmura preocupada. – “¡¿Vegeta?!”

En la Kame House, Krilín se encuentra mirando preocupado al horizonte, pues ha seguido los acontecimientos atentamente.

En el interior de la casa, Roshi y Oolong miran la televisión mientras la Número 18 juega con una niña pequeña rubia con coletas.

De repente, un vendaval sacude la isla, obligando a Krilín a cubrirse, y rompe los cristales de la casa, sorprendiendo a todos los presentes y asustando a la niña, a la que la androide enseguida protege. 

En Satán City, Satán se ha quedado sin palabras ante la revelación de su hija.

– “Ese… ese chico… él es…” – titubea el Campeón.

De repente, el viento sacude la ciudad y sorprende a todos sus habitantes. 

La onda expansiva también alcanza el Monte Paoz, sorprendiendo a Chichi, abriendo la puerta de su casa con la corriente.

En la Capital del Norte, Yamcha y Puar no tardan en sufrir el vendaval en plena calle.

Al este de la cordillera de montañas rocosas, Ten Shin Han y Chaoz, que estaban entrenando hasta que han sentido el ki de los saiyajín en acción, ahora también son alcanzados por los efectos de la explosión.

– “¿Qué significa todo esto…?” – se pregunta Ten.

Lo mismo ocurre en la Torre de Karín, donde Yajirobe y Karín tiene que sujetarse a la barandilla para no caer al suelo.

Dende observa la Tierra desde la Atalaya.

– “Vegeta se ha sacrificado… por todos…” – murmura el namekiano, sorprendido.

ESPECIAL DBSNL /// La Bella Durmiente // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte I: Makyo

La Bella Durmiente / Parte I: Makyo

“Este es mi salvoconducto.”

En un planeta remoto y oscuro, cuyo cielo está cubierto por tinieblas y el suelo es de roca y arena rojiza, tres monjes caminan por el desierto.

El primero de ellos, el que lidera la expedición, es un humanoide de piel lila, orejas puntiagudas, y cabello largo, lacio y blanco, viste botas negras, pantalón azul y un gi rojo y naranja. Una cinta negra cubre su frente.

El segundo es una mujer de piel rosada y cabello largo de color fucsia con flequillo, viste un mono azul y botas del mismo color. En su cinturón lleva un kunai adornado con una cinta roja enrollada en el mango.

El tercero es un ser de gran envergadura y piel gris, alto como una montaña, que viste con pantalón azul, un gi verde oscuro en la parte superior, y un casco vikingo. Un gran sable cuelga de su cinturón rojo.

– “¿Falta mucho, Shula?” – pregunta el hombre gris.

– “Paciencia, Gola” – responde el monje al frente. – “Estamos cerca.”

– “Espero que valga la pena…” – suspira la mujer.

– “Se nos ha encomendado esta tarea” – insiste Shula. – “Debemos cumplirla.”

– “Este lugar me da mala espina…” – dice Gola.

– “Tan grande y tan cobarde…” – se burla Melee.

El comentario no es bien recibido por Gola, que gruñe a su compañera.

Shula interviene antes de que la discusión escale.

– “No perdáis el tiempo peleando entre vosotros.” – dice el monje. – “No malgastéis fuerzas.”

De repente, en el horizonte, Shula identifica un gigantesco templo rocambolesco construido con roca negra.

– “Es… es allí…” – dice el monje, sorprendido ante tan extraordinaria pero terrorífica vista.

– “El Templo Makyo…” – dice Melee.

– “Es real…” – añade Gola.

Los tres personajes se acercan a la ominosa estructura.

– “¿Quién pudo construir algo así?” – pregunta Melee.

– “Mi gente” – responde Shula. – “El pueblo de Ira-aru.”

– “Es impresionante…” – sigue fascinado Gola.

Los monjes se topan con la gigantesca puerta de entrada. Gola intenta empujar las puertas fútilmente.

– “¿Y qué hacemos ahora?” – pregunta Melee. – “¿Alguna idea?”

– “Se requiere magia.” – dice Shula. – “Puede que él nos habrá.”

– “¿Quién?” – pregunta Gola.

De repente, un personaje aparece a sus espaldas. Es un hombre de aspecto demoníaco, de tez celeste, ojos rojos y cabello puntiagudo morado; viste muy elegante, con pantalón blanco, chaqueta a juego con su pelo, y una pajarita roja. En su frente luce una \”W\” roja tatuada. Se apoya en un bastón blanco adornado con una pequeña mola de cristal en su pomo.

– “Bienvenidos al Templo Makyo” – les recibe el extraño huésped. – “Me llamo Kerubero y estoy a cargo de este santuario. ¿En qué puedo servirles?”

Gola y Melee se ponen en guardia, nerviosos, pero Shula los calma con un gesto y da un paso al frente.

– “Me llamo Shula” – dice el monje. – “Y ellos son Melee y Gola.” – presenta a sus compañeros. – “He venido aquí para reclamar un sirviente.

– “Me temo que eso no es posible, señor.” – responde Kerubero. – “No tiene las credenciales necesarias. Solo una bruja con el salvoconducto del Rey Enma puede acceder al templo.”

Shula busca bajo sus ropas y revela una gran gema tallada de color rojo sangre.

– “Este es mi salvoconducto.” – dice el monje.

– “Una Bella Durmiente…” – se sorprende Kerubero. – “¿Cómo es posible? Solo las brujas del Más Allá tienen permiso para usarlas en su iniciación.”

– “Muchas muertes han sido necesarias para alimentar esta piedra.” – explica Shula. – “No dejes que sean en vano…” – fanfarronea.

– “Finges agallas…” – responde Kerubero. – “Es una lástima quete ocultes tras tus marionetas, hechicero.” – dice calvando sus ojos en las pupilas de Shula.

A millones de kilómetros de distancia, observando a través de una bola de cristal, Babidí frunce el ceño.

– “Vaya…” – protesta el brujo. – “Creo que lo he subestimado…”

Una \”M\” negra oculta tras la cinta de Shula brilla intensamente de color rojo y hace arder la prenda, revelándose. Los ojos del monje se ponen en blanco y la voz de Babidí sale de su boca.

– “Déjame pasar” – dice el brujo. – “La piedra está lista. ¡Quiero mi demonio!”

Kerubero no responde y sigue desafiando al brujo con su mirada.

– “Ji, ji, ji…” – ríe el brujo. – “Eres un demonio… Tu corazón es oscuro… ¡¡Vas a obedecerme!!” – amenaza. – “¡¡PAPARAPPA!!” – conjura.

El brujo intenta penetrar en la mente de Kerubero, pero el tatuaje de su frente se ilumina y expulsa a Babidí.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende el brujo.

Kerubero sonríe.

– “Una magia más poderosa que la tuya me ata mi deber desde hace eones.” – revela el guardián.

– “Eso ya lo veremos…” – gruñe Babidí.

Gola desenfunda su espada y la levanta sobre su cabeza para luego propinar un espadazo a Kerubero, pero éste lo esquiva dando un simple paso a la izquierda.

Melee agarra su kunai, atado por una cinta a su dedo corazón, y salta por encima de la espada de su compañero para lanzar el cuchillo a su adversario, pero éste lo esquiva agachándose.

Melee usa la cuerda para reclamar el kunai y obliga a Kerubero a evitarlo de nuevo, saltando por los aires y dando una pirueta, escalando así hasta una gárgola de la fachada.

Shula se pone en guardia. Babidí le ha devuelto el control.

El monje usa su poder mental para hacer levitar una columna del templo, arrancándola de la estructura, y la lanza a su enemigo, pero Kerubero la detiene con la punta de su bastón. La columna estalla en mil pedazos.

El guardián desciende, y al aterrizar clava su bastón en el suelo, provocando una onda expansiva destructora que repele a los tres hombres de Babidí.

Kerubero mira desafiante a sus enemigos. La esfera de su bastón se ilumina durante unos segundos.

– “No podréis derrotarme.” – dice el guardián. – “Y ya he avisado a mi Señor.”

Shula, Gola y Melee se levantan de nuevo y se ponen en guardia.

– “Nadie puede detener a nuestro Amo” – dice Shula. – “No siquiera los Kaioshin.”

Kerubero frunce el ceño al oír esas palabras.

– “Si lo que decís es cierto… Lo mejor será que os mate.” – dice el guardián.

Los tres monjes se abalanzan sobre el guardián, que con su vara detiene los golpes de Shula, los espadazos de Gola y repele el kunai volador de Melee.

– “Es inútil.” – dice Kerubero. – “No lograréis pasar.”

De repente, el rostro del guardián se torna diabólico y en su mano derecha se forma una esfera de ki rojo.

– “¡Bombardeo sangriento!” – exclama al disparar a sus adversarios.

Cristales de ki son proyectados contra los hombres de Babidí, provocándoles un centenar de cortes profundos a cada uno.

– “Os lo he advertido.” – dice Kerubero, con voz de ultratumba.

La resistencia de los hombres de Babidí es extraordinaria y logran ponerse de nuevo en pie.

– “Admito que la magia de vuestro señor es fuerte…” – dice el guardián.

Gola gruñe mientras carga contra Kerubero.

– “¡GRRAAAAH!” – grita el grandullón.

El guardián se anticipa a Gola y le golpea con la punta de la vara en el abdomen, provocando que el monje estalle en mil pedazos.

Shula y Melee se quedan boquiabiertos ante el poder de su adversario.

La mujer lanza su kunai y lo enrolla en la vara de Kerubero.

– “¡AHORA!” – exclama ella, tirando con fuerza de la cinta y desarmando al demonio.

Shula ataca al guardián, pero éste detiene el derechazo del monje con su mano izquierda.

– “Puedo canalizar mi energía a través del bastón… pero la técnica es mía.” – sonríe Kerubero.

El guardián golpea el pectoral derecho de Shula con la yema de los dedos índice y corazón de la mano derecha. El hombro del monje estalla, cercenándole el brazo y dejándole moribundo en el suelo.

Melee retrocede asustada, pero Kerubero no está dispuesto a dejarla huir.

El guardián alza su mano y prepara un ataque de energía.

– “Empalador sangriento” – murmura Kerubero, mientras una estaca de energía brota de su mano y atraviesa a la mujer.

El rostro de Kerubero regresa a la normalidad. El guardián reclama su bastón, que vuela hasta su mano.

De repente, un rayo cae sobre el templo Makyo. Las puertas han sido abiertas.

– “¡¿Qué?!” – se sorprende el guardián.

El guardián se acerca al malherido Shula y busca en su gi, pero no encuentra la piedra roja.

– “Maldición…” – gruñe el demonio.

Babidí ha usado su magia para teletransportarse al planeta y se ha colado en el templo. Ha llegado a una gran sala con un pilar central en el que se apresura en colocar la Bella Durmiente, proporcionando energía al santuario.

– “¡QUIERO MI DEMONIO!” – exclama el brujo, contento al ver que el templo responde a su llamada.

Una extraña niebla inunda el lugar. Durante un breve instante, el brujo puede ver el Makai ante sus ojos. Un lugar lleno de odio, dolor y muerte.

Kerubero persigue al brujo hasta la sala y se adentra en la niebla, que empieza a desvanecerse, revelando una silueta en el centro de la sala.

Un ser de piel rosada, cuernos pequeños en la frente y ojos amarillos rasgados, vestido con un mono azul, botas y capa blancas.

– “No… No es posible… ¡¿Dabra?!” – tartamudea Kerubero. – “¿Cuánta energía tenía ese cristal…?”

Babidí celebra su deseo cumplido.

– “¡Bienvenido, demonio!” – dice el brujo.

El recién llegado mira a su alrededor con recelo y luego se fija en el brujo.

– “¿Quién eres tú?” – pregunta Dabra.

– “Soy tu Señor…” – responde el hechicero. – “Babidí.”

– “Un brujo…” – murmura Dabra. – “Ju, ju… ¿Es una broma?”

– “¿Cómo dices?” – se sorprende Babidí.

– “Soy Dabra, el Rey de los Demonios.” – se presenta el diablo. – “No me arrodillaré ante ti.”

– “Cuida tus palabras, Dabra…” – protesta Babidí. – “Debes tu existencia a mi Maestro…”

Esas palabras llaman la atención del demonio.

– “¿Tú? ¿Eres un…?” – responde Dabra.

Pero Kerubero interrumpe la conversación.

– “Bienvenido, señor Dabra” – dice el guardián.

– “Kerubero…” – sonríe Dabra. – “Han pasado miles de años…”

– “¿Cómo está su padre?” – pregunta el huésped.

– “Viejo.” – responde el Rey.

– “Me alegro de verle, señor…” – sonríe Kerubero. – “Pero debo pedirle que regrese a su hogar.”

Dabra se fija en la marca de la frente del guardián.

– “Veo que tienes un nuevo dueño…” – dice el Rey de los Demonios.

– “Es mas bien un trabajo.” – responde Kerubero.

Babidí aprovecha la oportunidad para meter cizaña.

– “¡Mátale, Dabra!” – dice el brujo. – “¡Quiere encerrarte de nuevo!”

Dabra mira con desprecio al hechicero.

– “Cállate.” – le responde.

Babidí aprieta sus puños.

– “Te arrepentirás de esto, demonio…” – protesta el hechicero.

Kerubero sonríe.

– “Por favor, señor Dabra…” – dice el guardián. – “Regrese a su reino.”

– “Un reino de dolor…” – sonríe Dabra. – “Es aburrido… Nadie muere durante mucho tiempo…  Creo que antes de regresar, daré una vuelta entre los mortales…”

Kerubero sonríe con ironía.

– “No puedo permitirlo, señor.” – dice el guardián, transformando su rostro de nuevo.

Dabra abre su mano derecha y materializa una espada.

– “Esto va a ser divertido…” – sonríe el diablo.

El Rey se abalanza sobre Kerubero e intenta propinarle un espadazo, pero el guardián lo detiene con su vara.

– “Muy bien…” – sonríe Dabra.

El Rey de los Demonios insiste con varios ataques rápidos con su arma, pero Kerubero los detiene todos.

Dabra aparta al guardián de una patada.

– “No decepcionas…” – le felicita el Rey. – “Tu forma de pelear sigue siendo elegante y eficiente…”

– “Se ha vuelto muy fuerte, señor.” – responde Kerubero.

– “He seguido tus consejos.” – responde Dabra con cierta nostalgia.

– “Eso me enorgullece…” – sonríe Kerubero. – “Siento tener que matarle.”

– “No te preocupes.” – responde el Rey. – “Eso no va a ocurrir.”

Kerubero alza su mano y dispara un \”Bombardeo sangriento\” a Dabra, que resulta ser un espejismo.

– “¡Estoy aquí!” – exclama el demonio, que aparece detrás del guardián y le escupe una llamarada.

El guardián también resulta ser un espejismo.

Las llamas incendian la sala. Babidí tiene que refugiarse en una burbuja mágica que él mismo invoca.

Kerubero sorprende a Dabra por la espalda y le golpea con la punta de su bastón, repeliéndole y estrellándole contra el suelo.

– “¡AH!” – sufre el brujo.

El Rey cae en las llamas de rodillas y vomita sangre. Sus órganos internos han quedado hechos papilla.

– “Ah… ah…” – intenta respirar el diablo.

Kerubero desciende frente al Rey de los Demonios.

– “Lo siento, Dabra.” – dice el guardián. – “Aún no has superado a tu viejo maestro.”

El Rey de los Demonios se siente impotente. La ira le embarga.

Una sonrisa se dibuja en el rostro de Babidí.

– “Acepta mi poder…” – habla telepáticamente con Dabra. – “Acéptalo y nada podrá detenerte…”

De repente, una “M” negra se dibuja en la frente de Dabra. Su herida ha dejado de doler.

El demonio se levanta. Kerubero retrocede con recelo.

– “No… señor Dabra…” – sufre el guardián al ver que su viejo pupilo ha sucumbido.

Dabra agarra del cuello a Kerubero.

– “No perderé ante un viejo mayordomo.” – dice Dabra.

– “El Rey Abraca estará muy decepcionado…” – susurra Kerubero.

– “¡Yo soy el Rey ahora!” – replica el demonio.

Dabra lanza a Kerubero al fondo de la sala.

Babidí entra en escena.

– “Muy bien, Dabra… Muy bien…” – le felicita el brujo. – “¡Mátalo!”

– “A sus órdenes, amo Babidí.” – responde el demonio.

Dabra invoca una bola de fuego y hace arder al guardián del templo.

Babidí y Dabra salen del templo en llamas. El brujo guarda la Bella Durmiente en su túnica.

– “Vamos a lograr grandes cosas juntos, Dabra…” – sonríe Babidí.

– “Por supuesto, señor” – responde el demonio.

De repente, un moribundo Shula agarra la túnica del brujo.

– “Amo… Amo Babidí…” – dice el monje de Ira-aru. – “Por favor… ayúdeme…”

El brujo da una patada a Shula para que le suelte.

– “Ya no me sirves de nada…” – protesta el hechicero. – “¿Para qué te quiero?”

Dabra se acerca al monje y lo mira con desprecio.

– “Por favor…” – suplica Shula.

El demonio escupe al monje y éste se convierte en una estatua de piedra.

– “¡Buen trabajo!” – celebra Babidí. – “Con tu ayuda, lograré mis objetivos en un periquete.”

– “Le ayudaré en todo lo que pueda, señor.” – responde Dabra.

En unos instantes, el brujo y su demonio han desaparecido.

Un moribundo Kerubero, con su cuerpo quemado, se arrastra por el suelo hasta llegar hasta la estatua de Shula.

El demonio pone todas sus fuerzas en replicar la marca de su frente en la de Shula, sobre la \”M\” de Babidí.

– “Serás el testimonio de mi voluntad…” – dice el demonio. – “Te transmito mi juramento…” – añade antes de exhalar su último aliento.

DBSNL // Capítulo 167: Una tenue luz

DBSNL // Capítulo 167: Una tenue luz

“Eres mi mejor versión.”

En el escondite del kashvar Arak, Son Goku sospecha sobre la extraña ilusión en la que se encuentra atrapado. Frente a él, el brujo sigue sonriente y jugando con la Dragon Ball de cuatro estrellas en su mano.

– “Esto no es Monmaas…” – murmura el saiyajín. – “Pero no nos hemos movido… ¡¿Acaso…?!” 

En la cueva, Arak está solo en la misma sala. No hay rastro de Goku. El brujo ha dibujado un extraño portal con símbolos antiguos en la pared de su cueva y coloca la mano en el centro del umbral, haciéndolo brillar.

De repente, un grito empieza a oírse en la cueva cada vez con más fuerza.

– “¿Eh?” – se sorprende el kashvar.

La voz cada vez se oye con más volumen hasta que la realidad se rompe como un cristal, revelando a Son Goku en el centro de la sala.

– “¡¿Tan pronto?!” – se asusta Arak.

El grito de Son Goku cesa y el saiyajín clava su airada mirada en el malcarado hechicero.

– “Se acabaron los trucos, brujo” – dice Goku. 

– “No cantes victoria…” – refunfuña Arak.

El umbral dibujado en la pared se ha convertido en portal mágico de niebla que conecta la cueva con otro punto a través del universo; es el templo Yahirodono.

Garlick, Shiras y Piccolo Daimaoh cruzan el umbral.

Entre la neblina, Son Goku puede ver una gran estructura en el centro del templo, a Broly aprisionado frente a ella, y a Salabim observando desde una distancia segura.

Son Goku estudia a sus tres enemigos, entre los que identifica enseguida a su amigo namekiano.

– “Piccolo…” – murmura el saiyajín, entristecido al ver a su amigo con un rostro al que se enfrentó hace tantos años. – “¿Qué ha pasado?”

– “Son Goku…” – sonríe el demonio. – “Hoy es el día en que podré vengarme al fin.”

Garlick da un paso al frente.

– “No estamos aquí por vendettas personales.” – le recuerda el diablo a su compañero. – “Necesitamos tu energía, Son Goku.”

El saiyajín mira muy serio a su oponente y tras un lento parpadeo sus ojos se iluminan de color celeste.

– “Venid a por ella.” – dice Goku.

Garlick chilla y su cuerpo se transforma, adoptando su forma musculosa. Él y Shiras se abalanzan sobre el saiyajín.

El cuerpo de Goku se envuelve en la característica aura Genki.

Garlick lleva la delantera y se dispone propinar un puñetazo al saiyajín en la cara, pero Goku lo esquiva simplemente inclinando su cabeza hacia un lado, mientras contraataca con un sencillo puñetazo en el costado del demonio.

Garlick cae de rodillas al suelo, sorprendido por el devastador poder de su adversario.

Shiras salta por encima del diablo, volando directo hacia Son Goku, que se prepara para detener el golpe del patrullero, pero éste utiliza sus habilidades transtemporal para corregir la trayectoria de su puñetazo y alcanzar al saiyajín en la cara.

Goku da un paso atrás, pero enseguida vuelve a clavar sus ojos celestes en el patrullero, sin el menor signo de dolor.

Shiras siente un escalofrío al cruzar su mirada con la del saiyajín y retrocede instintivamente.

Garlick se levanta, y él y Shiras se ponen en guardia, ahora preocupados por las habilidades demostradas por su adversario.

Piccolo sonríe. Él es el único que había sido testigo previamente del verdadero poder de Son Goku.

El endemoniado namekiano hace crujir sus puños y su cuello.

Goku le mira detenidamente, ignorando a los otros dos individuos.

– “¿Por qué, Piccolo?” – le pregunta el saiyajín, ignorando a los demás.

– “Poder… Venganza…” – responde el namekiano. – “¿Necesito más?”

– “Tú no eres así.” – dice Goku. – “Ya no.”

– “¿Con quién crees que estás hablando?” – sonríe su viejo amigo. – “¡Yo soy Piccolo Daimaoh! ¡Rey de los Demonios!”

– “¿Qué debo decirle a Son Gohan?” – pregunta Goku.

Las palabras del saiyajín se clavan en Piccolo como cuchillos.

– “¡¡NO ME IMPORTA!!” – replica el namekiano. – “¡¡LUCHA CONMIGO, SON GOKU!!”

Garlick y Shiras se sorprenden al ver al namekiano movido por la ira.

– “Parece que fue una buena decisión reclutarlo…” – piensa Garlick.

Piccolo se envuelve en su nueva aura demoníaca de color rojo con relámpagos negros que chasquean a su alrededor.

Son Goku frunce el ceño al sentir ese oscuro ki.

Mientras tanto, en un planeta desconocido, Janemba sufre un terrible tormento.

– “¿Qué ocurre?” – se pregunta la fusión metamor. – “¿Es Ub? ¿Está luchando?”

De repente, en el interior del monstruo, Ub se encuentra frente Mr. Bu. El suelo invisible tiembla violentamente. Los dos están en vueltos en una brillante barrera de energía. Las tinieblas chochan contra la pantalla, intentando penetrar en la burbuja.

– “Señor Bu…” – dice Ub. – “¿Qué está pasando?”

– “Estoy muy contento de haberte conocido, Ub” – dice Bu. – “Ha sido toda una aventura.”

– “¿Qué significa eso?” – pregunta el muchacho.

Mr. Bu coloca su manopla sobre el hombro del chico.

– “Cuida del señor Satán y de su familia por mí.” – dice Mr. Bu. – “Yo ya no podré ayudarte.”

– “S… señor Bu…” – titubea Ub, con lágrimas en los ojos.

– “Eres mi mejor versión.” – se despide su compañero.

El cuerpo de Bu se desvanece, dejando a Ub solo.

La barrera se torna rosada y brilla con más intensidad.

Dos tenues voces masculinas que el chico desconoce pero que le resultan extrañamente familiares pueden oírse como susurros en la oscuridad.

– “Un muchacho muy peculiar, ¿no le parece?” – dice una de ellas.

– “Tiene buenos amigos.” – responde la otra, cuyo timbre de voz recuerda mucho al de Mr. Bu, pese a no ser la misma voz. – “Estará bien.”

La barrera estalla, empujando la oscuridad lejos del chico.

De repente, en el exterior, el cuerpo de Janemba se resquebraja y estalla en miles de trozos, revelando a Ub, descalzo y vestido con los pantalones blancos de Isla Papaya, que se desploma en el suelo, inconsciente.

– “¡UB!” – exclaman las chicas fusionadas, que pronto acuden a socorrerle. 

Mientras tanto, en la Tierra, Ten Shin Han, Mai y Baicha ya han llegado a la Corporación Cápsula en el vehículo del difunto Yamcha, donde son recibidos por Krilín y Brief.

– “Me alegro de veros” – dice Brief.

– “Es un alivio que estéis bien.” – suspira Krilín.

Baicha, que aún no es capaz de comprender completamente la situación, no tarda en empezar a juguetear Tama, el gato de la familia Brief, al que persigue por el jardín.

Ten Shin Han agacha la cabeza.

– “Creo que no queda nadie más.” – dice Ten. – “No hemos encontrado ningún rastro de vida en todo nuestro viaje.”

– “Es terrible…” – añade Mai. – “Solo hay horror y destrucción.”

– “Maldita sea…” – gruñe Krilín, que aprieta los puños frustrado.

En ese instante, una presencia en el cielo llama la atención de nuestros amigos. Uranai Baba ha aparecido de la nada, montada en su bola de cristal.

DBZ – SAGA BU REWRITE / Capítulo 7: Majin Vegeta

DBZ – Saga Bu Rewrite / Capítulo 7: Majin Vegeta

En el nivel tres de la nave de Babidí, Vegeta ha sucumbido al control del brujo. Piccolo, Gohan y Shin miran aterrados a su compañero, que les devuelve una mirada despiadada. 

– “Vegeta…” – murmura Gohan.

En el sótano de la nave, Babidí celebra su victoria.

– “¡Muy bien! ¡Ji, ji, ji!” – exclama el brujo. – “Y ahora… ¡Vayamos a un lugar interesante! ¡PAPARAPPA!”

De repente, nuestros amigos aparecen en una ciudad, en mitad de un cruce. 

– “¿Dónde estamos?” – se pregunta Shin.

Los coches frenan a su alrededor y la gente se amontona a ver lo ocurrido, pues unos hombres extraños acaban de aparecer de la nada.

Gohan puede ver un edifico a su izquierda, al final de la calle, que reconoce enseguida; el Instituto Orange Star.

– “¡ESTAMOS EN SATÁN CITY!” – exclama el mestizo.

En la Torre de Karín, Trunks siente la energía de sus amigos.

– “¡Han aparecido en esa dirección!” – señala el chico al horizonte. – “Siento una energía muy poderosa… ¡¿Es mi padre?!” – se sorprende.

El Duende Karín agacha la cabeza, muy preocupado.

– “Tengo un mal presentimiento…” – dice el felino.

Babidí habla a su nuevo soldado.

– “Como se llamaba este… ¡Ah, sí!” – murmura antes de empezar a dirigirse al saiyajín. – “¡Vegeta! ¡Sácales toda la energía! ¡Lucha al máximo! ¡No importa si los matas!”

– “¡Cállate!” – replica el saiyajín. – “A mí solo me interesa el chico.”

– “¿Qué?” – se sorprende el brujo. – “Qué tipo tan raro… ¡Aún no puedo controlarlo por completo! Es la primera vez que me pasa…” – protesta.

Son Gohan y Piccolo se sorprenden al ver que Vegeta está hablando solo. 

De repente, Vegeta apunta a nuestros amigos con su mano derecha e inmediatamente y sin previo aviso dispara un ataque de ki contra ellos.

– “¡¿QUÉ HACES?!” – exclama Gohan.

El ataque pasa entre Gohan y Piccolo, repeliendo a ambos y continuando hasta estallar a varios kilómetros de distancia, llevándose por delante todos los edificios que ha encontrado a su paso.

– “¡VEGETA!” – insiste Gohan, intentando hacer reaccionar a su compañero.

– “Maldita sea…” – murmura Piccolo, que estudia al saiyajín. 

La gente corre despavorida. El caos se apodera de la ciudad.

En la nave, el brujo celebra las acciones de su guerrero.

– “¡Ji, ji, ji! ¡Ha matado a un montón de gente!” – bailotea el brujo.

En la Tierra Sagrada de Karín, Trunks puede sentir lo que ocurre.

– “¡¡AAAAH!!” – exclama el chico, asustado.

En la Atalaya de Kamisama, Dende, que observa la Tierra, cae de rodillas al suelo, acongojado.

– “¿Qué estás haciendo, Vegeta…?” – titubea el namekiano, con lágrimas en los ojos.

Videl, que ya volaba de vuelta a casa, puede ver la explosión en el horizonte.

– “¡¿Qué ha sido eso?!” – se pregunta la muchacha. – “¡¿Una bomba?!”

Vegeta sonríe.

– “¡Venga! ¡Luchemos, Son Gohan!” – le dice al mestizo. – “Si no quieres que aumente el número de cadáveres…”

Una gota de sudor recorre la frente de Gohan.

– “El brujo lo ha poseído…” – piensa el mestizo. – “¡Maldición!”

– “Vegeta…” – interviene Piccolo. – “No me digas que has caído a propósito en el hechizo de Babidí…”

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprenden Gohan y Shin.

Vegeta prepara una nueva esfera de energía en su mano derecha y, sin apartar su mirada de Gohan, dispara hacia un lado, arrasando toda la ciudad y alcanzando finalmente el Instituto Orange Star.

Gohan se queda helado contemplando la escena.

– “¿No eras el héroe de esta ciudad?” – le provoca Vegeta. – “¿No se supone que ibas a defenderles?”

La mirada de Son Gohan, entre furiosa y triste, se clava en Vegeta. El mestizo se transforma en Súper Saiyajín repentinamente.

– “¡Son Gohan!” – interviene Shin. – “¡No lo hagas!”

Mientras tanto, en la Torre Sagrada, Trunks aprieta la barandilla que rodea el lugar.

– “¿Por qué…?” – gruñe el chico. – “Papá…”

– “Trunks…” – intenta calmarle Yajirobe.

El chico no atiende a razones y sale volando rápidamente hacia Satán City.

– “¡HEY!” – exclama Yajirobe.

– “¡NO, CHICO!” – grita Karín. – “¡ESPERA!”

Pero Trunks les ignora.

En la ciudad, Gohan no hace caso a Shin y se transforma en Súper Saiyajín de nivel 2.

– “¡Detente!” – insiste el Dios. – “¡Si luchas contra Vegeta, Babidí logrará su objetivo! ¡Absorberá vuestra energía y resucitará a Majin Bu!”

El mestizo ignora a Shin.

– “¿Es esto lo que quieres, Vegeta?” – pregunta Gohan.

– “¿Un combate?” – interviene Piccolo. – “¿Por eso te has dejado controlar?”

Vegeta responde con una sonrisa.

Shin, incrédulo ante lo que está sucediendo, protesta.

– “¡¿De verdad vas a poner en peligro el Universo por un combate entre vosotros?!” – le increpa el Dios.

El tono empleado por el Kaioshin enfurece a Vegeta.

– “¡TÚ NO ENTIENDES NADA!” – replica el saiyajín. – “¡Esto es lo único que importa!” – continúa. – “¡TIENE UN PODER EXTRAORDINARIO Y LO DESAPROVECHA! ¡UN PODER QUE NO MERECE!” – grita. – “¡YO soy el Príncipe de los saiyajín! ¡YO debería ser el más fuerte!” – gruñe. – “Pero este niñato me ha dejado atrás… Él y su padre… Incluso me han salvado la vida… ¡NO SE LO PERDONARÉ!”

Vegeta se prepara para atacar de nuevo la ciudad.

Gohan ha tomado una decisión. Su mirada es seria; incluso fría.

– “¡¡BABIDÍ!!” – grita a pleno pulmón. – “¡¡LLÉVANOS A UN LUGAR DONDE NO HAYA NADIE!! ¡¡LUCHARÉ CONTRA VEGETA!!”

La petición del mestizo ha sorprendido a Piccolo y Shin.

– “Gohan…” – se preocupa el namekiano.

Shin interviene.

– “¡ESPERA!” – dice el Dios, interponiéndose entre los dos saiyajín. – “¡Si queréis pelear, tendréis que pasar por encima de mí!”

Gohan sigue impertérrito. Su mirada se fija ahora en el Dios. 

Tras un incómodo silencio, el mestizo alza su mano y apunta a Shin, preparando una esfera de energía.

No solo Shin se sorprende, si no que Piccolo y Vegeta tampoco esperaban una acción tan radical por parte de Gohan.

El Dios decide apartase.

– “De… De acuerdo…” – claudica el Kaioshin, con la voz temblorosa. – “Como queráis…”

– “Lo siento, Kaioshin” – dice Gohan.

Babidí celebra en su nave.

– “¡HURRA, HURRA!” – vitorea. – “¡VAN A PELEAR!”

– “Le dije que funcionaría” – presume Dabra.

– “Los cambiaré de lugar si es lo que quieren… ¡A mí no me importa!” – dice el brujo. – “Y gracias a los recuerdos de ese Vegeta ya tengo el lugar ideal… ¡PAPARAPPA!”

Justo en ese instante, Videl estaba llegando al lugar, y puede ver a Gohan rodeado por esos extraños individuos, que de desaparece con ellos de repente.

– “¡GOHAN!” – grita ella, sin éxito.

En un instante, nuestros amigos han sido teletransportados a las montañas rocosas del norte. Una zona desértica que nuestros amigos conocen muy bien.

Shin se acerca a la compuerta del suelo.

– “Nuestros planes han cambiado…” – dice el Dios. – “Piccolo y yo seguiremos adelante e intentaremos detener la resurrección de Majin Bu.”

El Kaioshin apunta a la escotilla.

Babidí escucha las intenciones del Dios e interviene.

– “¡¡Ni lo sueñes!!” – exclama el brujo. – “¡No le dejes escapar, Vegeta! ¡Mátalos a todos!” – ordena. – “¡Hazlo! ¡Hazlo!” – insiste.

Vegeta sufre una fuerte jaqueca.

– “¡AAAH! ¡NO…!” – se resiste con un duro esfuerzo. – “¡No te obedeceré! ¡No me importa lo que haga el Kaioshin! ¡No me importa Majin Bu! ¡Solo me importa este combate!”

Babidí y Dabra se quedan perplejos al oír al guerrero resistirse a las órdenes directas del brujo. 

– “¡¿QUÉ?!” – dice el brujo. – “¡TE HE DICHO QUE LO MATES!”

– “Ya te lo he dicho…” – responde Vegeta. – “Solo me interesa el chico…”

– “¡¿CÓMO OSAS?!” – insiste Babidí.

– “No te obedeceré…” – gruñe Vegeta. – “Soy el Príncipe de los saiyajín… Aunque doblegues mi corazón y mi mente… hay algo que jamás dominarás… ¡MI ORGULLO!” – exclama. – “¡YAAAAAAAH!” – grita a pleno pulmón, intentando librarse del brujo.

Shin se queda sorprendido por la voluntad de Vegeta, capaz de negar las órdenes de mismísimo Babidí.

El brujo retrocede, sorprendido por el ímpetu del saiyajín.

– “Nunca… nunca había visto algo así…” – titubea Babidí.

– “No importa…” – dice Dabra. – “Nos proporcionará la energía que necesitamos.”

– “Sí…” – dice el brujo, con dudas.

– “Además, cuando el Kaioshin y el otro llegan hasta aquí, yo me encargaré de ellos. Puede que sea mejor abrirles la compuerta y evitar que Bu despierte antes de tiempo por accidente.” – sugiere el demonio.

– “Tienes razón…” – recapacita Babidí. – “De acuerdo.”

La compuerta del suelo se abre, invitando a nuestros amigos.

– “¡Han abierto!” – exclama Shin. – “Tendrán miedo de que despertemos al monstruo…”

Piccolo se acerca a su pupilo.

– “¿Estás seguro de esto, Son Gohan?” – le pregunta el namekiano.

– “Tengo que hacerlo” – responde el mestizo. – “Espero que me perdones, Piccolo.”

El namekiano responde con una media sonrisa.

– “Puedes dejar a Dabra y el brujo en nuestras manos” – dice Piccolo. – “Tú concéntrate en Vegeta. Haz que comprenda la realidad.”

 Vegeta sonríe.

– “¿Quieres intentarlo tú?” – le dice a Piccolo. – “Me servirías de calentamiento…”

– “No es propio de ti, presumir de un poder que no te has ganado.” – responde el namekiano.

El saiyajín escupe al suelo en señal de desprecio.

Piccolo se despide de su alumno.

– “Nos vemos luego, Son Gohan”. – dice el namekiano.

Shin y Piccolo se adentran en la nave. Tienen vía libre hasta el sótano.

Mientras tanto, Trunks ha sentido que las energías de sus amigos han cambiado de lugar repentinamente.

– “¡¿Qué diablos está pasando?!” – gruñe el mestizo, mientras cambia de rumbo.

Piccolo y Shin continúan su camino, y al llegar al final les esperan Babidí y Dabra, de pie frente al huevo de Majin Bu.

– “Bienvenidos” – saluda el brujo en tono burlón.

Piccolo se fija en el gran cascarón

– “Supongo que ahí es donde duerme el monstruo…” – dice el namekiano.

– “Sí…” – confirma Shin.

Babidí les interrumpe.

– “Kaioshin…” – murmura el brujo con odio. – “Me alegro de verte… ¡Hoy morirás!”

– “No permitiré que revivas a Majin Bu” – dice Shin. – “Te detendré igual que detuve a tu padre.”

– “Te veo muy confiado…” – sonríe Babidí. – “¿Ya os he presentado a Dabra?” – se burla.

– “Je, je…” – sonríe el demonio.

Piccolo da un paso al frente con decisión.

– “Este es cosa mía.” – dice el namekiano, haciendo crujir sus puños. 

– “Está bien.” – dice Shin. – “Yo me encargaré de Babidí.”

Mientras tanto, en la superficie, Gohan y Vegeta siguen cara a cara.

– “No quiero que nuestra energía despierte a Majin Bu.” – dice Gohan. – “Voy a acabar con esto lo antes posible.”

– “Enséñame todo el poder que ocultas.” – fanfarronea Vegeta.

Gohan aviva su aura y su poder estalla.

– “Asombroso…” – dice Vegeta. – “Debo haber conseguido hacerte enfadar, porque tienes casi tanta fuerza como cuando te enfrentaste a Cell…” – sonríe.

Vegeta también expulsa todo su ki, barriendo el suelo de polvo.

El poder del Príncipe sorprende a Gohan, que se pone en guardia.

– “¡ALLÁ VOY, SON GOHAN!” – avisa Vegeta.

Los dos saiyajín se enzarzan en un violento intercambio de golpes en el que Vegeta lleva la iniciativa. Los golpes del Príncipe son salvajes y buscan provocar a al mestizo.

Ambos guerreros retroceden para coger impulso y embisten el uno contra el otro, chocando sus antebrazos y provocando una onda expansiva que crea un cráter bajo sus pies.

Vegeta aprovecha la situación para sorprender a Gohan con un cabezazo que hace sangrar la frente del mestizo.

Eso hace reaccionar a Gohan, que instintivamente responde con una patada a Vegeta que lo lanza contra una montaña.

Un ataque de ki surge repentinamente de entre los escombros y Gohan se aparta para esquivarlo.

Vegeta se eleva sobre la montaña derrumbada y dispara una ráfaga continua de energía que obliga a Gohan retroceder para esquivar cada impacto.

– “¡JAJAJA!” – ríe Vegeta mientras ataca.

Gohan responde con un Masenko, pero Vegeta lo desvía hacia el cielo de un golpe; momento que el mestizo aprovecha para embestir a su adversario y propinarle un golpe con ambas manos juntas que lo lanza contra el suelo.

Vegeta no tarda en salir de entre la humareda generada por su impacto contra el suelo.

La sonrisa del Príncipe contrasta con el gesto preocupado de Gohan.

Trunks, ahora transformado en Súper Saiyajín, vuela lo más rápido que puede.

– “¡¿Papá y Gohan están peleando?!” – sufre el chico.

En Satán City, Videl ayuda a los heridos cuando la policía llega al lugar de los hechos junto al Campeón.

– “¡HIJA MÍA!” – exclama Satán, con lágrimas en los ojos al ver a su Videl.

El Campeón abraza a la muchacha con fuerza.

– “¿Qué te ha pasado?” – pregunta Satán. – “¡¿Qué ha hecho ese justiciero?!”

– “Nada, estoy bien…” – dice Videl.

– “¡Voy a darle su merecido!” – insiste el Campeón. – “Cuando averigüe quién es…”

Satán mira al jefe de policía.

– “¡¿Cómo va la investigación?!” – pregunta el Campeón.

– “Pues la hemos empezado hace unos minutos…” – se excusa el agente.

– “¡Necesito saber quién se esconde tras esa máscara!” – insiste Sarán.

– “Papá…” – interrumpe Videl. – “Creo que… tú ya lo conoces…”

– “¿Qué?” – se extraña Satán. – “¿Le conozco…?”

Videl asiente.

– “¡¿NO SERÁ ALGÚN PERDEDOR AL QUE HE APALIZADO EN UN TORNEO?!” – replica furioso Satán.

– “No exactamente…” – responde Videl, con cierta timidez.

Mientras tanto, en el sótano de la nave, Babidí parece contento.

– “Falta poco para que Bu despierte, y eso podría poner en peligro la integridad de la nave…” – explica el brujo. – “Será mejor que salgamos fuera. ¡PAPARAPPA!” – conjura.

El brujo, Dabra, Piccolo, Shin y el huevo de Bu aparecen en la superficie.

– “Mucho mejor…” – suspira Babidí, aliviado. – “¿Qué te parece, Dabra? Podrás vencer a ese tipo, ¿verdad?” – le pregunta a su secuaz.

– “Por supuesto” – responde del demonio. – “De los tres terrícolas, éste es el más débil.”

– “Creo que no deberías subestimarme…” – responde Piccolo. – “¡Luchemos! De demonio a demonio.”

– “¿Tú?” – sonríe Dabra en tono burlón. – “¿Un demonio?”

Babidí se prepara para pelear.

– “¡No te será fácil vencerme, Kaioshin!” – se burla de su adversario. – “¡Mi magia es más fuerte que la de mi padre!”

Una alarma interrumpe el encuentro.

– “¡PIPIPIPI!” – suena con vehemencia.

– “¡¿EH?!” – se sorprenden todos. 

Babidí se acerca al cascarón del monstruo.

– “No puede ser… No creo que… tan pronto…” – murmura incrédulo.

Pero cuando el brujo mira el indicador de la base del huevo, su rostro se ilumina como el de un niño el día de Navidad. 

– “¡YA ESTÁ! ¡YA LA TIENE! ¡BU YA TIENE LA ENERGÍA QUE NECESITABA!” – celebra el brujo. – “¡POR FIN MAJIN BU PODRÁ RESUCITAR!”

El terror embarga al Kaioshin.

– “No… no es posible…” – titubea Shin. – “¿Cómo puede haber conseguido la energía tan pronto…?”

– “Esos dos están peleando a un nivel superior al Súper Saiyajín.” – responde Piccolo. – “Espero que Gohan esté bien…”

Shin se derrumba de rodillas al suelo.

– “No… Esto es lo peor que podía pasar…” – sufre el Kaioshin. – “Lo he calculado todo mal… Ha sido culpa mía… Podríamos haberlo hecho de otra forma…”

En las montañas rocosas, el intercambio de golpes entre Gohan y Vegeta es tremendo. Los dos guerreros están magullados y ensangrentados. 

Tras un coque violento, los dos recuperan la distancia. 

– “Creía que no habías entrenado desde que mi padre murió…” – dice Gohan. – “Supongo que lo hiciste en secreto…”

– “Por mucho que entrenara jamás te alcanzaría.” – responde Vegeta, enfadado. – “Tienes una fuerza innata muy superior a la mía. Eso quedó claro cuando peleaste contra Cell.” – explica. – “Tú y tu padre… Los dos me habéis humillado continuamente…” – gruñe. – “Pero cuando vi a los guerreros de Babidí… No podía dejar escapar esa oportunidad…”

– “¡¿Qué?!” – se sorprende el mestizo. – “Así que es cierto… Piccolo tenía razón… Te has dejado controlar por el brujo…”

– “¡Y ha funcionado!” – replica el Príncipe. – “Ahora estamos al mismo nivel…”

– “Con todo tu orgullo… ¿Dejas que una alimaña como Babidí te someta?” – dice Gohan.

Vegeta frunce el ceño y aprieta sus puños con rabia.

– “Yo… yo…” – gruñe el saiyajín. – “¡¡YO QUERÍA SER COMO ANTES!!” – grita a pleno pulmón. – “¡¿NO LO ENTIENDES?! ¡¡QUERÍA SER EL SAIYAJÍN FRÍO Y CRUEL QUE ERA ANTES Y DERROTARTE!!” – exclama. – “Vosotros tratasteis de convertirme en un buen tipo… y durante un tiempo, casi sin darme cuenta, empecé a cambiar… Alguien como yo… con una familia… incluso llegó a gustarme vivir en la Tierra… en paz… ¡Pero ya no lo soportaba más! ¡Ese no era yo! ¡Por eso me he dejado poseer por Babidí! ¡Para volver a ser el Príncipe Saiyajín sanguinario que fui!” – una sonrisa se dibuja en su rostro. – “Ahora lo he conseguido… y me siento mejor que nunca.”

– “¿Lo dices en serio, Vegeta?” – replica Gohan.

Mientras tanto, Majin Bu ha empezado a salir de su hibernación. La plataforma que soporta el huevo ha empezado a emanar vapor a presión que barre toda la zona en la que se encuentran.

– “¡YA SALE!” – celebra el brujo. – “¡DESPIERTA, BU!”

Piccolo se pone en guardia.

– “¡¿Qué hacemos, Kaioshin?!” – pregunta el namekiano.

El Dios está derrotado.

– “No podemos hacer nada… ¡Huyamos!” – dice Shin.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende Piccolo, incrédulo. – “¡¿HUIR?!” 

– “¡¡NO PODEMOS VENCER AL MONSTRUO BU!!” – insiste el Kaioshin. – “¡NADIE EN EL UNIVERSO PUEDE HACERLO! ¡SI NOS QUEDAMOS AQUÍ, SEGURO QUE MORIREMOS!”

– “Me niego…” – refunfuña Piccolo.

– “¡DEPRISA!” – insiste Shin.

– “Así no es cómo hacemos las cosas en la Tierra, Kaioshin.” – dice el namekiano. – “Nosotros no huimos ni nos escondemos…”

Piccolo se envuelve en su aura incolora y junta sus manos, concentrando toda su energía en una esfera de ki que brilla intensamente.

La luz llama la atención de Babidí y Dabra.

– “¿Qué hace?” – se pregunta el brujo.

Piccolo ya está listo.

– “¡¡GRANADA DE LUZ!!” – exclama el namekiano al lanzar su ataque contra el cascarón del monstruo.

Dabra agarra rápidamente a su Amo y lo aparta del ataque.

Una gigantesca explosión tiene lugar y una violenta onda expansiva de aire barre el área.

Babidí se quita a Dabra de encima y busca a su monstruo. La zona ha quedado vacía.

– “¡¿DÓNDE ESTÁ MI MONSTRUO BU?!” – se pregunta el brujo, preocupado.

De repente, el huevo, que había salido despedido, cae al suelo y se abre.

– “¡MI QUERÍDO BU!” – celebra el mago.

Pero el huevo aparentemente está vacío. 

– “No… Esto no puede estar pasando…” – sufre el brujo. – “¿Por qué…? ¿Por qué no está…?”

– “¿Qué ha pasado?” – pregunta Dabra.

– “¡MONSTRUO BU!” – clama Babidí.

La sonrisa regresa al rostro de Shin.

– “Hemos… Hemos tenido suerte…” – dice el Dios.

El Kaioshin apunta con un dedo acusador al brujo.

– “¡Se acabó, Babidí!” – exclama Shin. – “¡Tu monstruo a muerto!”

Babidí se derrumba.

– “No… Majin Bu…” – lamenta el brujo.

– “No se preocupe, señor” – dice Dabra. – “Aún me tiene a mí. Yo acabaré con ellos.”

Babidí no parece satisfecho con esa solución.

Shin se prepara para pelear.

– “¡Piccolo! ¡Podemos vencerles!” – dice el Dios. – “¡Es nuestra oportunidad de detener a Babidí para siempre!”

Pero el namekiano siente una extraña presencia que le inquieta.

– “No… No lo creo…” – dice Piccolo.

– “¿Eh?” – se extraña Shin.

– “Siento… Siento una terrible energía…” – dice el namekiano. – “Y no deja de aumentar…”

De repente, Piccolo alza su vista al cielo y divisa una gigantesca nube de humo rosado que se está concentrando. 

– “Ese humo…” – murmura el namekiano. – “Salió del huevo…”

Babidí y Dabra imitan a Piccolo.

– “¿Qué está mirando?” – se pregunta el brujo.

– “¡¿Puede que sea…?!” – exclama el demonio.

El humo empieza a tomar forma corpórea hasta resultar en un monstruo orondo de color rosado con cara de bonachón, que luce pantalón blanco, chaleco negro, botas y manoplas amarillas y una capa morada atada alrededor del cuello.

– “¡BUUUUUUUUU!” – exclama el monstruo con alegría.