DBSNL // Capítulo 377: Travesía
“Parece un buen chico.”
En la aldea bajo el castillo del Rey Kadan, en una casa construida con barro y decorada con motivos florales en el exterior y con un interior austero, con tan solo una mesa redonda de madera, una silla y una cama, Hybis rebusca debajo de la cama. Tarble espera sentado en la silla, apoyado sobre la mesa, sujetándose la cabeza con ambas manos.
– “Qué frustrante…” – refunfuña el saiyajín.
– “Podrías haber ido con ellos.” – responde Hybis.
– “¿Y dejarte solo con esta responsabilidad?” – responde Tarble, con retintín.
– “Deberías confiar más en la gente.” – insiste Hybis.
– “Tsk…” – protesta el saiyajín.
Finalmente, Hybis logra alcanzar un maletín blanco que luce el logotipo de la Patrulla Galáctica.
Mientras tanto, en el desierto, Lady Gladyola, Broly y el viejo Sambuco cabalgan.
La montura de la comandante de los ejércitos del Rey es una enorme criatura cuadrúpeda de piel naranja parecida a un perro con dos antenas en su redonda cabeza. Gladyola está subida en su lomo.
El saiyajín y Sambuco, en cambio, cabalgan el lomo de dos roedores de color gris azulado, sin cola, parecidos a hámsteres.
El anciano mira la montura de Gladyola.
– “Un bello animal…” – sonríe Sambuco.
El perro lo mira de reojo.
– “Me recuerda a un viejo amigo.” – sonríe Broly.
– “Se llama Torn.” – dice Gladyola. – “Aún es joven, pero es un valiente aliado en batalla.” – explica. – “Cuando crezca, protegerá al Rey.”
– “¿Cuándo crezca?” – se sorprende Broly.
– “Seguro que sí.” – dice el anciano.
– “Pero ahora es solo un cachorro.” – añade Gladyola, acariciándole la cabeza.
El perro sonríe y cierra los ojos, disfrutando el mimo de su jinete.
– “Parece un buen chico.” – añade Sambuco.
Sin aminorar la marcha, Torn acerca su hocico al viejo y lo huele antes de darle un gran lametón en la cara que casi lo hace caerse de su montura.
– “¡Cuidado!” – protesta Sambuco con una sonrisa.
– “Jajaja” – ríe Broly.
En el horizonte, nubes bajas muy parecen indicar que nuestros amigos se acercan a un lugar peligroso.
En la aldea, Hybis ha abierto el maletín y, sentado en el suelo, ya está montando la antena parabólica que contenía mientras tararea.
– “¿Falta mucho?” – pregunta Tarble.
Hybis no responde.
– “¿Es que no me oyes?” – insiste Tarble. – “¡HYBIS!”
– “He decidido que no hablaré contigo hasta que termine.” – responde Hybis. – “No es eficiente.”
– “¿Estás de broma?” – protesta el saiyajín.
– “Eres una persona muy negativa.” – dice Hybis.
– “Tsk…” – gruñe Tarble.
Mientras tanto, en el lejano planeta Gossamu, de noche, un reptil humanoide de más de dos metros de altura y gran envergadura corre por los callejones de su capital cargando con una gran bolsa de deporte a su espalda.
– “¡SE ESCAPA!” – grita Cheelai, que corre tras él sin poder alcanzarlo.
– “¡MIO!” – exclama Gohan Jr, envolviéndose en su aura incolora y adelantando a su madre volando a toda velocidad.
– “¡ESPERA!” – se preocupa ella.
Gohan adelanta al lagarto y se coloca frente a él con los brazos en cruz.
– “¡DETENTE!” – le ordena el joven patrullero.
Pero el lagarto lo aparta de un manotazo, lanzándolo contra una farola.
– “¡GOHAN!” – grita la madre, que desenfunda su arma reglamentaria y dispara al enemigo.
Los proyectiles de energía rebotan en las escamas del monstruoso individuo, que sigue corriendo sin mirar atrás.
Gohan se pone en pie, agarrándose el costado, dolorido.
– “Ahora verás…” – refunfuña.
El mestizo prepara una esfera de energía en su mano y la lanza hacia el fugitivo.
El ataque estalla en la espalda del lagarto, generando una onda expansiva que destruye los cristales de los alrededores.
El lagarto sale propulsado fuera del callejón, cayendo entre el tráfico de una calle principal.
– “¡AAH!” – grita aterrada la gente; alienígenas de distintas razas.
La explosión ha hecho saltar por los aires la bolsa de dinero y llueven billetes.
El reptil, se pone en pie rápidamente, sacude su cabeza para deshacerse del aturdimiento y sigue corriendo, ahora entre los coches, que se apartan a su paso, provocando varios accidentes.
Cheelai alcanza a Gohan.
– “¡¿Estás bien?!” – pregunta ella.
– “Maldito…” – gruñe Gohan.
El muchacho sale volando.
Desde el cielo, puede ver al fugitivo corriendo.
– “¡NO ESCAPARÁS!” – grita, enfadado, antes de salir disparado a por él.
El lagarto sigue corriendo y aparta un coche de su camino de un manotazo.
Pero de repente, sobre él cae Toppo, que con la mano derecha en su espalda lo estampa contra el suelo, incrustándolo en el pavimente.
– “¡GRAAH!” – grita de dolor el fugitivo.
Gohan se detiene rápidamente en el aire al ver que su mentor se ha adelantado.
Bajo el brazo izquierdo de Toppo, el patrullero carga con otro malhechor; un tipo con un traje de dos colores, negro y morado, inconsciente.
El lagarto intenta moverse, pero la mano de Toppo se ilumina.
– “No te muevas.” – advierte el patrullero.
El fugitivo desiste.
Gohan aterriza a su lado.
– “¿Estás bien?” – pregunta Toppo.
– “Sí.” – responde el muchacho. – “Ya casi lo tenía.”
Toppo mira hacia atrás de reojo. Varios coches se han estrellado. Dinero por todas partes. Cristales rotos. Gente asustada.
Unas horas más tarde, en el puerto espacial de la ciudad, varios patrulleros escoltan a los malhechores esposados hacia una de sus naves, para ser transportados a la prisión más cercana.
– “Nos toca escribir el informe.” – suspira Cheelai.
– “Este tipo no es un delincuente común.” – dice Toppo. – “Escoltaré su transporte. Puedo escribir el informe durante el viaje.”
– “¿Estás seguro?” – responde ella.
Toppo asiente.
– “Vosotros podéis volver al Cuartel General.” – dice el grandullón. – “Creo que el muchacho necesita descansar.”
– “¿Eh?” – se extraña Gohan. – “Pero si estoy bien…”
– “Has sido descuidado.” – dice Cheelai, en tono severo.
– “¡Podría haberlo atrapado!” – protesta él, poniéndose a la defensiva.
– “Atrapar al criminal es solo una parte del trabajo.” – dice Toppo. – “Eres fuerte y hábil. Es muy probable que al final hubieras logrado detenerlo…” – admite. – “Pero, ¿has visto cómo ha quedado la ciudad?”
Gohan agacha la cabeza.
– “Tienes que fijarte más en tu entorno para no poner en peligro a inocentes.” – explica Cheelai.
– “Solo quería ayudar.” – suspira él, con los hombros caídos.
Toppo y Cheelai se miran y sonríen.
– “Por eso tienes madera de patrullero.” – dice el grandullón. – “Aprenderás.”
– “Si quieres ayudar a la gente, tienes que esforzarte mucho.” – dice Cheelai, poniéndole la mano en el hombro.
Gohan sonríe.
– “Sí.” – asiente con decisión.
– “Volveremos a la base.” – dice Cheelai. – “Tu padre regresará a casa en unos días, así que podemos planear algo que hacer juntos.”
– “¡Genial!” – celebra el chico.
En el desierto de Erezúant, los tres viajeros se encuentran frente a un valle que se extiende sin fin. Frente a ellos, una inclinada pendiente que se adentra en la bruma.
– “El valle de los sordos…” – murmura Sambuco.
– “Parece no tener fin…” – dice Broly, mirando a izquierda y derecha.
– “Por eso se tarda tanto tiempo en rodearlo.” – dice Gladyola. – “Cruzarlo es demasiado peligroso.”
Gladyola se baja de Torn.
– “Será mejor que vuelvas a casa, pequeño.” – le dice la guerrera.
El perro le da un lametón.
Broly y Sambuco también bajan de sus monturas.
– “Vosotros también.” – dice el anciano.
Torn empuja con el hocico a uno de los roedores, indicándole que hay que volver a casa, y los dos hámsteres se ponen en camino. Torn los sigue.
Los tres viajeros miran el abismo con decisión.
– “En marcha.” – dice Gladyola.
Cuando Broly da un paso al frente, un chillido estremecedor emana del fondo del valle.
El saiyajín se detiene al instante.
Un gigantesco monstruo emerge de entre la niebla batiendo sus alas y con sus gigantescas fauces abiertas.
Nuestros amigos retroceden. Gladyola desenfunda su espadón.
El monstruo, que parece un renacuajo con alas de murciélago, con una larga cola, grandes ojos redondos y amarillos y una enorme boca con afilados dientes por la que asoma una larga lengua azul.
– “¡OOooH!” – exclama Broly, asombrado ante tal criatura.
– “¡Un tragacielos!” – advierte Sambuco, aterrado.
– “Antes volaban por todo el planeta, pero ahora su territorio ha quedado reducido al valle.” – aclara Gladyola.
El monstruo da una pirueta en el aire y se precipita sobre nuestros amigos.
Gladyola empuña su espada con ambas manos.
-“Ahí viene.” – piensa ella, lista para el combate.
Sambuco sale corriendo, lo que llama la atención de la criatura, que se desvía y se dirige hacia él, levantando una ventisca sobre los demás, pues pasa justo por encima de ellos.
– “¡Ay, ay…!” – sufre el anciano, aterrado.
– “¡Anciano!” – se preocupa Broly.
La criatura alcanza a Sambuco y abre sus fauces, listo para engullirlo.
¡ÑAC! Falla por unos centímetros.
El monstruo se ha detenido, pese a seguir batiendo sus alas.
El anciano se cae al suelo.
– “¿Eh?” – se da la vuelta sin comprender cómo sigue vivo.
Broly ha agarrado al tragacielos por su larga cola.
– “Qué muchacho tan fuerte…” – murmura, impresionado.
Cuando el monstruo intenta revolverse, Broly tira de él, levantándolo por los aires y lo estampa contra el suelo, haciendo que se muerda la lengua.
– “¡GRIIIIIICH!” – chirría el animal.
Sin soltarlo, el saiyajín gira sobre sí mismo para coger fuerza, haciéndolo dar varias vueltas y después lo lanza por los aires.
La criatura abre sus alas, logrando estabilizarse en el aire… pero en ese instante se da cuenta de que Broly lo ha adelantado y lo espera con las manos levantadas y juntas en un puño, para propinarle un martillazo que lo devuelve a lo más profundo del valle.
– “¡¡GRIIIiiiich!” – se desvanece el grito lentamente.
El saiyajín desciende lentamente, reuniéndose con los demás.
– “¿Estáis todos bien?” – pregunta el saiyajín.
Gladyola envaina su espada.
Sambuco mira asombrado a los saiyajín.
– “¿De dónde ha salido este chico?” – le pregunta a Gladyola.
– “Hemos tenido suerte…” – suspira Gladyola, aliviada, ignorando al anciano. – “Era solo una cría.”
– “¡OOH!” – se sorprende Broly.
Gladyola se pone en marcha.
– “¿Lo dice en serio?” – le pregunta a Sambuco, susurrando.
– “Muy en serio.” – responde el viejo.
Sambuco puede ver una emoción casi infantil en los ojos del saiyajín.
– “Hmm…” – murmura el anciano, que acaba dibujando una sonrisa en su rostro.
Broly se pone en marcha y sigue a Gladyola con paso firme.
– “¡HEY!” – protesta el viejo. – “¡Pero no me dejéis atrás!” – camina rápido para alcanzarlos.
Mientras tanto, lejos de allí, Toppo y los patrulleros que escoltan a los prisioneros ya han puesto rumbo a la prisión.
Cheelai y Gohan Jr viajan en su nave de regreso al Cuartel General de la Patrulla Galáctica.
Suena un aviso en su radio.
– “Adelante.” – responde Cheelai.
Interferencias.
– “¿Adelante?” – insiste la brench. – “¿Hola?”

Bueno, por ahora vamos tranquilitos, viendo a distintos personajes desnvolverse
Solo queda esperar saber porque glorio hizo lo que hizo y que rayos Moro realizo en ese planeta por siglos
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Todo llegará 😉
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