DBSNL // Capítulo 375: El Profeta

DBSNL // Capítulo 375: El Profeta

“¿Quién es él para ustedes?”

Tarble y Broly palidecen ante la tenebrosa estatua.

– “¿Qué… qué significa esto?” – titubea Tarble.

– “Moro…” – refunfuña Broly, entre dientes.

Gladyola puede percibir como la actitud de sus acompañantes ha cambiado por completo. Lentamente, acerca la mano hacia el espadón en su espalda.

En un instante, Tarble se transforma en Súper Saiyajín, generando una corriente de aire que agita las llamas de los braseros.

La guerrera blande su arma.

– “¡BROLY!” – exclama Tarble.


Sin dudarlo, su compañero de patrulla se abalanza sobre Gladyola, agarrando la empuñadura de su espada con la mano izquierda y empujándola con su antebrazo derecho, desarmándola y lanzándola contra la pared de la cámara en un solo movimiento.

– “¡¿Es una trampa?!” – se pregunta Tarble.

Alertados por el estruendo, una docena de guardias corre hacia la cámara.

Broly empuña el espadón de Gladyola con una mano, apuntando con él hacia el portón por el que irrumpen los guardias, a modo de advertencia.

Hybis se aparta dando pequeños pasos laterales, como si el tema no fuera con él.

Los soldados, armados con lanzas y espadas, rodean a los saiyajín. Los guardias parecen dispuestos a luchar, pero les cuesta esconder cierto miedo al encontrarse con su líder en el suelo.

– “¡ALTO!” – exclama Gladyola, levantando la mano hacia sus hombres.

– “¡¿De qué va todo esto?!” – le pregunta Tarble. – “¡¿Qué tramáis?!”

Gladyola, dolorida, se pone en pie.

– “Qué fuerza tan extraordinaria…” – piensa ella, mirando como Broly sostiene su arma con una sola mano y sin inmutarse. – “¿De dónde han salido estos tipos?”

– “¡RESPONDE!” – insiste Tarble.

Gladyola indica a sus hombres que bajen las armas y éstos obedecen.

– “No sé lo que esta estatua representa para vosotros…” – dice la guerrera. – “Pero os prometo que no os hemos tendido ninguna trampa.”

– “¿Esperas que nos creamos eso?” – protesta Tarble.

De repente, Kadan entra en la sala abriéndose paso entre sus hombres, que al darse cuenta de la presencia de su Rey forman marcialmente dejando un pasillo libre.

– “¡¿Qué ocurre aquí?!” – protesta Kadan. – “¿Qué significa todo este alboroto?” – pregunta al ver a los saiyajín aún en guardia y a la comandante de sus ejércitos dolorida. – “¡HABLAD!”

Gladyola hace una reverencia.

– “Un malentendido, Su Majestad.” – se excusa ella.

– “¿Qué clase de malentendido justifica esto?” – pregunta el Rey, claramente enfadado. – “¡¿Un ataque en tan sagrado lugar?!”

– “Tsk…” – da un paso al frente Tarble, dispuesto a discutir.

– “Cuidado.” – advierte Hybis, interrumpiendo al patrullero sin levantar su tono de voz. – “Representamos a la Patrulla Galáctica.” – le recuerda. – “Un paso en falso puede suponer un grave problema diplomático.”

– “Y ahora me sermonea…” – refunfuña Tarble. – “Pero tiene razón…” – piensa. – “Es mejor ser prudentes.”

Tarble se calma y regresa a su estado base.

– “Su Majestad…” – dice el patrullero. – “Tenemos que hablar. ¿Quién es él para ustedes?” – dice mirando la estatua por encima del hombro.

Kadan frunce el ceño.

– “Todo el mundo fuera.” – dice el Rey. – “Excepto los patrulleros y Lady Gladyola.”

Los guardias se retiran. Hybis los sigue.

– “Os espero en la taberna.” – dice el confidente.

– “Tú también te quedas, Hybis.” – le detiene el Rey.

– “Por supuesto.” – responde él con una reverencia.

Broly entrega el espadón a su dueña, que lo acepta y lo envaina en su espalda.

Una vez a solas, Kadan avanza hacia la estatua, pasando entre los dos saiyajín.

– “El Profeta.” – dice el Rey. – “Un hombre sabio en busca de la verdad.” – revela.. – “Se dice que en su peregrinaje de iluminación se detuvo en este lugar durante 700 años. Esta capilla se construyó para celebrar su senda de conocimiento.” – narra. – “El que ha visto la verdad permanece firme contra la mentira.” – recita el texto que aparece en la estatua.

El Rey señala el ojo en la frente del profeta.

– “El tesoro que nos han robado.” – revela. – “La joya que conformaba la pupila de su tercer ojo, fue un regalo que el profeta otorgó a nuestro pueblo para honrar el tiempo que pasó entre nosotros.”

– “¿Lo llamáis profeta?” – refunfuña Tarble. – “Pero era solo un brujo.” – protesta. – “Un ser cruel y despiadado que puso en jaque al universo de nuevo hace tan solo unos años… y al que pudimos detener con mucho sacrificio.”

El Rey se cruza de brazos, pensativo.

– “¿Cómo es posible?” – se acaricia el mostacho.

– “Dices que nuestro profeta… ¿regresó…?” – pregunta Gladyola, anonadada. – “¿Y peleasteis contra él?”

– “Debéis estar equivocados.” – sentencia el Rey.

– “Creo que tenéis que salir más de esta roca.” – responde Tarble. – “El universo es vasto y está en perpetuo movimiento.”

Escondida detrás del portón, Panzy escucha la conversación.

Mientras tanto, en un lugar desconocido, Glorio camina por un pasillo metálico blanco, con una hilera de luces en su techo que recorre toda su longitud.

En el castillo, todos han salido de la capilla. Gladyola cierra el portón.

– “Deberíamos ponernos en contacto con el Cuartel General.” – dice Tarble.

– “¿Acaso la Patrulla Galáctica va a negarse a ayudarnos?” – pregunta Kadan, poniendo en duda sus intenciones.

– “Si alabáis a ese brujo, tenemos un claro conflicto de intereses…” – protesta el saiyajín. – “Aunque me pregunto por qué no fuimos informados antes.” – añade mirando a Hybis de reojo.

– “Son buena gente.” – responde Hybis.

Tarble se cruza de brazos, pensativo.

– “Tratándose de Moro, dudo que ese tesoro sea una simple piedra preciosa…” – se preocupa. – “Pero si el tesoro ha estado en manos de esta gente durante tanto tiempo sin causar problemas, puede que lo más sensato sea ayudarles…” – suspira aliviado. – “Puede que el ese ladrón no trabaje solo… y si acaba en las manos equivocadas…” – se preocupa de nuevo. – “¡Maldición!”

Kadan abandona el lugar, seguido por la mayoría de su guardia.

– “De momento, sois bienvenidos.” – dice el Rey mientras se marcha, interrumpiendo el diálogo interno de Tarble. – “Y el compromiso sigue vigente.”

– “Como desee, Su Majestad.” – hace una reverencia Gladyola.

Tarble se acerca a Broly.

– “Volvamos a la nave.” – sugiere Tarble. – “Informaremos a Lemon.”

– “Está bien.” – asiente Broly.

Hybis interrumpe.

– “Broly y yo esperaremos en la taberna.” – dice Hybis.

– “¿Por qué tengo que ir solo?” – protesta Tarble.

Gladyola da un paso al frente.

– “Yo te acompañaré.” – dice ella.

– “No te fías, ¿eh?” – replica Tarble.

– “No es eso…” – responde ella, un poco sonrojada. – “Pero si el compromiso sigue en pie… deberíamos conocernos…”

Broly sonríe y da una palmada en la espalda a Tarble, empujándolo hacia Gladyola.

– “¡Claro!” – dice el saiyajín.

– “¿EH?” – se sobresalta Tarble.

Hybis y Broly ya se marchan.

– “¡Nos vamos!” – dice el confidente.

– “¿Qué se bebe aquí?” – pregunta Broly.

– “Cerveza de onibana” – responde Hybis.

– “¿Y eso que es?” – pregunta el saiyajín.

– “Se fermenta la flor del diablo y…” – responde Hybis.

Tarble aprieta los dientes, enfadado.

– “¿Cómo pueden estar tan relajados…?” – refunfuña el saiyajín.

– “¿Nos vamos?” – pregunta Gladyola

– “¡Eh…!” – se sobresalta Tarble. – “Sí… claro…”

Mientras tanto, el Rey Kadan ha regresado la sala del trono.

– “Dejadme solo.” – ordena al mayordomo.

– “Como ordene Su Majestad.” – se despide éste con una reverencia.

El Rey se sienta en el trono, pensativo. Sin duda, la situación le inquieta.

Lady Gladyola y Tarble abandonan el castillo. Los dos caminan manteniendo un silencio incómodo.

– “Sois muy fuertes.” – dice Gladyola, sorprendiendo al saiyajín.

– “¿Eh?” – reacciona Tarble.

– “Vosotros… tú compañero y tú… sois muy fuertes.” – repite ella.

– “Somos saiyajín.” – responde él. – “Venimos de un pueblo guerrero.”

– “Saiyajín…” – repite ella. – “Nunca había oído hablar de esa raza.”

– “Si conocieras nuestro pasado, seguramente te alegrarías de no haber oído hablar de nosotros…” – bromea Tarble.

Gladyola no comprende del todo esas palabras, pero pese al tono bromista del saiyajín, puede captar la oscuridad en el pasado del pueblo de su prometido.

– “Veo que llevas una pistola.” – dice Tarble. – “Desentona un poco con el resto del uniforme.”

– “Era de un forastero.” – responde ella. – “Tenemos poco contacto con gente del exterior… pero parece que siempre traen problemas.” – desenfunda. – “No soy muy hábil con ella.” – admite mientras observa el arma. – “Mi pueblo también es guerrero y me repugna tener que usar estos artilugios… pero todo sea para proteger a mi Rey.”

– “Eres leal.” – dice Tarble. – “Eso es admirable.”

Gladyola enfunda el arma.

– “No es suficiente.” – responde ella. – “Robaron el tesoro delante de mis narices.”

Al llegar a las escaleras que descienden hacia el pueblo, Tarble se eleva en el aire.

Gladyola lo mira sorprendida.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta el saiyajín, confundido.

– “E… estás… volando…” – titubea ella.

– “Con lo fuerte que eres, ¿y no puedes volar?” – se extraña Tarble. – “Sois gente muy extraña…”

Mientras tanto, en la taberna, Hybis y Broly están sentados en una pequeña mesa. A su alrededor, una docena de mesas con gente local variopinta disfrutan de la bebida y la comida del establecimiento.

La mesera les sirve dos jarras de cerveza de onibana. Ella es una mujer oronda de piel verde pastel y cabello rubio alborotado, orejas puntiagudas y ojeras negras, y lleva un austero vestido rojo, mangas negras y un delantal blanco con manchas de comida.

– “Gracias.” – dice Broly.

– “¿No me presentas a tu amigo, Hybis?” – pregunta la mujer con tono sensual.

– “Estamos en una misión secreta.” – responde él.

– “Siempre me han gustado los hombres de uniforme.” – insiste ella.

En la barra, un viejo de demacrado de piel azul, cabello largo desaliñado y barba roja encrespada, observa de reojo a los patrulleros mientras bebe cerveza.

La mujer obsequia a nuestros amigos con un bol lleno de pequeños bichos verdes, aparentemente fritos.

– “Invita la casa, guapo.” – le guiña un ojo a Broly mientras lo deja sobre la mesa. 

Desde otra mesa al otro lado de la taberna, alguien protesta.

– “¡Esos son mis bichos karikari!” – reclama el cliente.

– “¡A CALLAR!” – responde la mesera, sacando su mal genio.

La mesera sonríe a nuestros amigos y se marcha.

Broly agarra uno de los bichos y lo observa con atención.

– “Están muy buenos.” – dice Hybis, comiendo uno de los crujientes insectos. 

El saiyajín sonríe y hace lo mismo.

– “¡No está mal!” – exclama Broly.

Lady Gladyola y Tarble salen de la ciudad.

– “Entonces, ¿os transformáis gracias a vuestra cola?” – pregunta Gladyola, intrigada.

– “Sí, pero para trabajar en la patrulla nos han sugerido que nos las quitemos… por seguridad.” – explica Tarble. – “Por eso mi compañero no tiene.”

– “Pero tú sí tienes…” – señala ella.

– “Soy un caso especial… jaja” – responde él, intentando evadir la pregunta.

Gladyola se da cuenta.

– “¿Por qué habéis dejado la nave tan lejos?” – pregunta ella, cambiando de tema.

– “Pensé que sería mejor pasar desapercibidos…” – se arrepiente el saiyajín.

– “Pero tan lejos del castillo, no me extrañaría que…” – explica la guerrera.

Pero en ese instante, Tarble se sobresalta.

– “¡¿Y NUESTRA NAVE?!” – exclama.

Donde habían dejado el vehículo, solo queda una parte de un tren de aterrizaje, algunas tuercas y el cartel roto con el que los recibió Hybis.

2 thoughts on “DBSNL // Capítulo 375: El Profeta

  1. Bueno, esperemos que tarble y gladyola se lleven bien, porque menudo cambio, aunque con moro es normal que ahora todos esten tensos, con el conocimiento que tiene cada uno desde su perspectiva, pero da curiosidad saber que hizo moro 7 siglos en ese lugar

    Apuesto a que los que robaron la nave son los que robaron la esfera en daima

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