El Campeón // Parte IV: Una salida
“¿Quién crees que es más fuerte, Olibu o CleanGod?”
En la Capital del Este, Mark visita a su esposa en el hospital.
Miguel, una hermosa mujer morena de ojos azules y cabello largo recogido en una coleta que reposa sobre su hombro, está tumbada en la cama. La mujer sonríe, pero parece cansada. Viste el pijama del hospital y está tapada con una manta verde.
Flores frescas en la mesita de noche.
Mark está sentado a su lado y le acaricia la mano para reconfortarla, compartiendo un pequeño momento de ternura.
Mark ha salido del hospital y conduce por una congestionada autopista.
De repente, dos meteoritos sobrevuelan la zona en dirección contraria al tráfico.
– “¡¿Eh?!”- se extraña Mark.
Muchos coches se detienen para observar el fenómeno. Algunos conductores sacan la cabeza por la ventanilla para ver lo que ocurre. Se genera un atasco.
Un gran estruendo sacude la zona tras el paso de esas dos bolas de fuego. Suenan algunas alarmas.
La gente se baja de sus coches para ver qué ha pasado. Mark también.
Una humareda parece emerger de la Capital del Este.
Mark saca su teléfono móvil, pero mientras teclea, un estallido de luz cegadora inunda la carretera.
Un instante después, un estrepitoso estallido y una onda expansiva barren la zona, lanzando por los aires a personas y vehículos hasta alcanzar a Mark.
En su cama, Mark despierta empapado en sudor frío.
Amanece en Orange City. La pequeña Videl abre los ojos. Adormilada, salta de la cama.
Videl camina por el pasillo mientras escucha ruido en la cocina. Huele a gofres.
Al llegar al salón, la niña se detiene. Hay una muchacha durmiendo en el sofá.
Pizza está despeinada, espatarrada y tapada con una manta.
Mark pone un plato de gofres sobre la mesa.
– “¿Quién es?” – pregunta Videl.
– “Una amiga.” – responde Mark.
– “¿No tiene casa?” – pregunta ella, un poco confundida.
Un fuerte bostezo de Pizza, mientras hace un exagerado estiramiento, interrumpe la conversación.
– “¡Qué bien huele!” – exclama ella.
Pizza se levanta del sofá. Viste un albornoz de Mark.
– “He hecho para las dos.” – dice Mark.
– “¡Gracias!” – se le ilumina el rostro a la muchacha.
Pizza se sienta a la mesa.
– “Hola.” – saluda a Videl con una sonrisa.
– “Hola.” – responde la niña, un poco recelosa.
– “Me llamo Pizza.” – se presenta.
– “Yo, Videl.” – dice ella.
Pizza se fija en el pijama de Videl.
– “¿Te gustan las Aventuras de Olibu?” – pregunta ella.
Videl asiente.
– “Es genial, ¿eh?” – sonríe Pizza. – “¿Quién crees que es más fuerte, Olibu o CleanGod?”
– “Hmm…” – piensa Videl. – “CleanGod, ¡porque puede volar!” – responde.
Mark se sienta con ellas.
– “¿A ti también te gustan esas historias?” – suspira el padre.
– “¿A quién no le gustan los héroes?” – pregunta Pizza.
Videl asiente, convencida.
Pizza sonríe al sentir el reconocimiento de la pequeña.
Unos minutos más tarde, Videl se marcha corriendo a clase con el gofre en la boca.
– “¡Hstlego!” – se despide con la boca llena, saliendo por la puerta.
Mark y Pizza se quedan a solas.
Mark se sirve una copa.
– “¿Bourbon de buena mañana?” – pregunta Pizza.
– “Hoy no tengo que trabajar…” – responde Mark.
Pizza se sienta en el sofá, con las piernas recogidas.
– “Siento mucho lo que pasó.” – dice ella, cabizbaja.
– “La gente como Fulov es peligrosa.” – responde Mark.
– “Soy una estúpida.” – dice Pizza. – “Yo solo… quería…” – sus ojos se llenan de lágrimas.
Pizza empieza a llorar.
Mark, incómodo, se sienta a su lado.
– “Lo siento… lo siento mucho…” – dice Pizza, sollozando.
– “No pasa nada.” – dice Mark, acariciándole la espalda. – “Ya está…”
Ella apoya su cabeza en el pecho de Mark.
– “Gracias por ayudarme, Mark…” – dice ella, un poco más tranquila.
De repente, suena el teléfono.
Mark, muy incómodo, aprovecha la oportunidad para levantarse.
Mark mira el teléfono; número oculto. Preocupado por si es Cash, cuelga la llamada.
Tocan a la puerta.
Con recelo, Mark se acerca a la mirilla.
Golpean la puerta de nuevo.
– “¡MARK!” – exclama German. – “¡Soy yo! ¡Abre!”
Mark suspira. Aliviado, pero a la vez molesto.
Abre la puerta.
– “¿Qué ocurre?” – pregunta Mark.
German se abre paso y entra en la casa.
El agente se detiene al ver a Pizza, vestida con el albornoz de Mark, sentada en el sofá.
– “Hola.” – saluda ella.
– “Eh… Mark…” – dice German, descompuesto. – “Creo que… mejor volveré en otro momento…”
Mark cierra la puerta.
– “Es una amiga.” – dice Mark. – “¿Qué ocurre?”
– “He hablado de nuevo con Shota.” – dice German. – “Parece que nuestra querida estrella de cine se está planteando buscar otro contrincante para su homenaje.”
– “Bien.” – responde Mark. – “Ya te dije que no me interesa.”
– “Si aún no han encontrado un contrincante decente es porque los bichos raros que participan en el Torneo Mundial de Artes Marciales son realmente difíciles de localizar.” – suspira German.
Mark se sienta en el sofá.
– “No me interesa.” – insiste el luchador.
– “¿Por qué no?” – pregunta Pizza.
Mark se toma un momento.
– “Me duele la rodilla.” – responde finalmente.
– “Mark…” – suspira German, cansado de sus excusas.
El agente se fija en el puño de Mark, cuyos nudillos muestran claros signos de pelea.
– “¿Qué ha pasado?” – pregunta German, señalándole la mano.
Mark se mira el dorso de la mano.
– “Que me he quedado sin trabajo.” – responde antes de frotarse los ojos como si aún tuviera sueño, pero a la vez revelando cierta vergüenza por su situación.
Pizza frunce el ceño, intentando comprender lo que está pasando.
– “Espera…” – dice ella. – “¿Te están ofreciendo un combate y lo vas a rechazar?”
– “¡Eso digo yo!” – exclama German al sentirse apoyado.
– “Me duele la rodilla.” – responde Mark, con cierto hastío.
Pizza se levanta de un salto.
– “¿Quién es el contrincante?” – pregunta ella.
– “Un actor famoso de la Capital del Sur.” – responde German.
– “Si es famoso, ¿paga bien?” – pregunta Pizza.
– “¡Por supuesto!” – responde el agente. – “¡ZTV patrocinará el combate!”
Pizza mira a Mark confusa, decepcionada e incluso un poco enojada.
– “Gracias por venir, German.” – responde Mark, cortando la conversación y despidiendo a su agente.
German asiente, desilusionado.
El agente se marcha, dejando a Pizza y Mark a solas.
– “Mark…” – dice ella, con cierta ternura, intentando buscar la mano del luchador.
El teléfono suena de nuevo.
Mark aprovecha la excusa para levantarse.
De nuevo, número oculto. Pero esta vez, Mark responde.
– “¿Dígame?” – dice Mark.
Mark escucha la voz al otro lado del teléfono y se queda confundido.
– “¿Quién es?” – pregunta Pizza, curiosa.
Esa misma tarde, Mark se encuentra de compras en el centro comercial, acompañando a la hermosa esposa de Cash.
Los dos caminan por el lugar. Ella va por delante y él la sigue cargando con sus bolsas.
– “¿Te sorprendió mi llamada?” – pregunta ella, en tono juguetón.
– “Imagino que Fulov no sabe nada…” – responde Mark.
– “No te preocupes por mi marido.” – dice ella. – “Solo sabe lo quiero que sepa.” – le guiña un ojo.
Mark aparta la mirada.
Ella se detiene y agarra la mano derecha de Mark y la mira de cerca.
– “Le diste fuerte…” – dice ella. – “¿Qué pasó?”
– “¿No se lo ha contado?” – pregunta Mark, apartando la mano.
– “No hablamos mucho.” – responde ella. – “¿Está bien la muchacha?”
Mark levanta una ceja, un poco confundido por la respuesta contradictoria de la mujer.
– “No me tomes por tonta, Mark.” – dice la mujer.
– “Está bien.” – responde él.
La mujer sigue su camino. Mark detrás.
– “¿Cómo puede aguantar a alguien como Fulov?” – pregunta él.
Ella, sin detenerse, busca en su bolso y saca una tarjeta de crédito dorada a nombre de Fulov Cash.
Mark sonríe.
– “Y deja de tratarme de usted.” – dice ella. – “Mi marido ya no es tu jefe.”
– “¿Cómo prefiere que la llame?” – pregunta Mark.
– “Me llamo Ranfan.” – responde ella.
Al anochecer, Mark regresa a su casa.
Para su sorpresa, es abordado repentinamente por una docena de cámaras y periodistas.
– “¡MARK!” – grita uno. – “¡MARK!”
– “¡¿ESTÁS PREPARADO PARA EL EVENTO?!” – pregunta otro.
– “¡HA PASADO MÁS DE UN AÑO DESDE SU ÚLTIMO COMBATE!” – dice otro. – “¡¿CÓMO VA AFRONTAR ESTA PELEA?!”
Mark acelera el ritmo se escurre entre ellos sin responder a nada, logrando llegar a su casa.
Después de cerrar la puerta, se apoya en ella y suspira aliviado.
– “¿Qué demonios…?” – se pregunta.
La televisión está puesta; KBC News.
Pizza lo recibe.
– “Hola.” – dice ella con tono especialmente inocente.
Mark, suspicaz, levanta una ceja.
– “¿Pizza…?” – responde pidiendo explicaciones.
– “En el bar…” – dice ella. – “Una vez me preguntaste si no tenía mejores salidas que esa, ¿lo recuerdas?”
Mark se pasa la mano por la cara, sobrepasado por la situación.
– “Pizza, no puedes…” – responde él. – “No tienes derecho a…”
En el exterior se escucha a German gritando a los periodistas.
– “¡HOY NO VA A HACER DECLARACIONES!” – dice el agente. – “¡HAREMOS UNA RUEDA DE PRENSA EN UNOS DÍAS!”
Mark abre la puerta y German entra con Videl de la mano.
– “La pobre no podía pasar con todo el alboroto.” – dice German.
– “¡PAPÁ!” – exclama Videl, ilusionada, saltando sobre su padre. – “¡¿Es cierto que vas a volver a pelear?!”
Mark levanta a Videl en brazos, sentándola sobre su brazo, pegada a su pecho.
Mark mira a Pizza con cierto recelo.
Silencio.
German se extraña, mira a Pizza y a Mark. La cara de culpable de ella la delata.
El agente se lleva las manos a la cara pensando en cómo va a salir de esta. Ya se imagina escribiendo un comunicado a todas las cadenas de televisión y teniendo que pedir disculpas al equipo del actor.
Mark mira a su hija. La niña rebosa ilusión.
Finalmente, Mark sonríe.
– “¡Por supuesto!” – responde.
German mira a Mark con sorpresa.
Pizza sonríe aliviada.
A Videl se le ilumina el rostro.
– “¡¿EN SERIO?!” – pregunta ella.
Mark asiente.
En ese instante, en KBC New aparece el contrincante de Mark.
Un hombre de piel morena y cabello rizado vestido con un traje blanco, cortaba roja y gafas de sol responde las preguntas de la prensa a pie de calle.
– “Será una gran noche.” – dice el luchador.
– “¿Qué le parece que se hable tanto del regreso de Dynamite Mark?” – pregunta un periodista.
– “Todo lo que genere atención sobre el evento, es bueno.” – responde el luchador. – “Aunque si lo ven por él, es posible que no les guste el resultado.” – añade en tono chulesco.
– “¿Tiene miedo de que Dynamite Mark le arruine la noche?” – pregunta otro periodista.
– “Para nada.” – responde el luchador, riendo. – “Me han dicho que ha sido difícil convencerle. Supongo que tenía miedo.”
– “¿Tiene algún mensaje para él?” – pregunta un tercero.
El luchador agarra el micro del periodista y mira a cámara.
– “¡MARK!” – exclama el tipo. – “¡DINAMITA MOJADA MARK! ¡Prepárate para pelear contra el Campeón Pamputt! ¡Nos veremos en el viejo estadio de Isla Papaya! Espero que estés preparado, porque sería una pena que el combate durara solo un asalto. ¡No me decepciones!”
Mark, Pizza, Germán y Videl observan al contrincante de Mark en televisión.
German frunce el ceño, molesto.
– “Tsk… Menudo fanfarrón…” – refunfuña el agente.
Mark y Pamputt se miran a los ojos a través de la pantalla.
El evento del año está por venir.
