ESPECIAL DBSNL /// El Campeón // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte II: Fulov Fun

El Campeón // Parte II: Fulov Fun

“No me jodas, Mark.”

El sol ha salido en Orange City. Mark ha preparado el desayuno a su hija; huevos revueltos con beicon.

La pequeña devora el desayuno mientras Mark recoge la mochila de su hija de suelo y comprueba que esté bien cerrada.

En ese instante, suena el teléfono móvil. Mark lo mira desde la distancia, pero decide ignóralo.

Suena el timbre.

Videl apura su desayuno y salta de la silla. Corre hacia la puerta y arrebata la mochila de las manos de su padre por el camino.

– “¡Ten cuidado!” – advierte Mark. – “¡Y pórtate bien!”

– “¡Sí, papá!” – exclama ella, que se estira para llegar al pomo de la puerta.

Mark ya regresa a la cocina, con su vaso de bourbon en mente.

– “¡Hola, tío German!” – exclama Videl.

German es un hombre de 30 años. Cabello corto y oscuro, ojos marrones. Su complexión es delgada. Viste pantalón beige, camisa blanca y chaqueta verde oliva. 

– “¡Hola, pequeñaja!” – lo saluda el agente de Mark. – “¿Cómo estás?”

– “¡Muy bien!” – responde ella. – “¡He estado practicando!”

– “¿En serio?” – dice German.

German se pone en cuclillas. 

– “¡Veamos esa derecha!” – exclama mientras levanta su mano izquierda.


Videl la golpea con gracia.

– “¡Yah! ¡Ha!” – da varios golpes.

– “¡Izquierda!” – dice German cambiando de mano.

– “¡Yeh! ¡Hyo!” – se esfuerza ella.

– “¡Muy bien!” – exclama él.

Mark se acerca a la puerta.

– “Vas a llegar tarde.” – suspira Mark.

Videl se da cuenta de que unos metros detrás de German espera la vecina con su hijo.

– “¡AH!” – exclama ella. – “¡Ya me marcho!”

Videl sale corriendo.

La vecina saluda a German y a Mark y los dos levantan la mano amablemente.

– “¡ADIÓS, PAPÁ!” – grita Videl mientras corre hacia su amigo.

German y Mark se quedan a solas.

Mark da la espalda a su agente y regresa al salón. German lo sigue y cierra la puerta tras él.

Mark se sienta en su sillón con desgana.

German camina por el salón echando un vistazo a su alrededor, intentando analizar así el estado de Mark.

– “Acabemos con esto.” – suspira Mark. – “¿Qué quieres?”

German se detiene y pone su atención en su cliente.

– “Tengo un combate listo para ti.” – dice el agente.

– “Ya te lo he dicho.” – responde Mark. – “No puedo pelear con mi rodilla así.”

– “Escúchame” – insiste German. – “He estado hablando con Shota, ¿sabes quién es?”

– “Sí, sí… el tipo de ZTV.” – responde Mark con desgana.

– “¡El de ZTV!” – exclama German, intentando dar emoción a su historia. – “¿Y sabes qué me ha dicho?”

Mark no responde. Mira molesto a su agente, pues siente que lo está tratando como a un niño.

– “Un antiguo campeón quiere organizar un combate. Cuestiones de ego. Es una estrella de cine, pero últimamente no está teniendo mucho éxito… y quiere su minuto de gloria; volver a ser portada.”

– “¿Y qué pinto yo en esto?” – pregunta Mark.

– “¡Es tu momento!” – exclama German. – “El regreso de Dynamite Mark.”

– “¿Quieres que mi primer combate sea directamente contra un campeón?” – levanta la ceja Mark, desconfiando. 

– “No es un campeón.” – resopla German. – “Es una estrella de cine con nostalgia. Dicen que la última vez que participó en el Torneo Mundial de Artes Marciales perdió contra un crío… Si te pones un poco en forma, te lo meriendas sin despeinarte.”

Mark se cruza de brazos.

– “Aunque quisiera pelear, mi rodilla está hecha polvo.” – protesta Mark. 

– “¡Espera!” – exclama German. – “¡Qué no te he dicho aún dónde se disputaría el combate!”

– “¿Hmm?” – levanta la ceja de nuevo Mark.

– “En las ruinas del viejo estadio. ¡En Isla Papaya! ¡Donde se disputaba el Torneo Mundial de Artes Marciales!” – revela German, intentando dar emoción a su oferta. – “Hay rumores de que quieren reconstruir el lugar, pero parece que no hay mucho consenso… las artes marciales están un poco pasadas de moda… Así que quieren que este combate revitalice la afición por la lucha. ¡Es perfecto!”

Mark se levanta e ignora a German. Camina hasta la concina y se sirve una copa de bourbon.

– “No voy a pelear.” – responde Mark.

El agente levanta los brazos en señal de sorpresa.

– “No me jodas, Mark.” – protesta German.

– “Tendría que ponerme a entrenar. Eso sin contar la rehabilitación de mi rodilla. ¿Quién cuidaría de Videl?” – pregunta Mark.

– “Le encontraremos una niñera…” – responde su agente.

– “¿Con qué dinero?” – protesta el luchador. – “Ya no tengo sponsors.”

– “¡El combate te los dará!” – insiste German. – “¡Será un éxito!”

– “No puedo permitírmelo.” – responde Mark. – “La decisión está tomada.”

Silencio.

German se cruza de brazos. Su semblante se torna serio.

– “Mark…” – dice el agente. – “He oído que te han visto por el Fulov Fun”.

Mark no responde.

– “¿En qué te metes, Mark?” – insiste German.

Mark da un trago a su bourbon.

– “Gracias por venir, German.” – responde Mark, tajante.

El silencio se apodera de nuevo de la escena. 

Se miran a los ojos.

German agacha la cabeza. 

El agente se dirige a la puerta, pero se detiene tras dar unos pocos pasos. Se da la vuelta, pero no llega a decir nada. Vuelve a encarar la puerta y se marcha.

El día transcurre con normalidad. 

La noche ha caído. Videl duerme.

Mark regresa al club para otra noche de trabajo. 

Piroshki lo saluda en la entrada. Mark entra y camina hasta la barra, donde le recibe Pizza con un refresco.

– “¿Cómo se presenta la noche?” – pregunta Mark.

– “Una más.” – responde la muchacha.

En el fondo de la pista de baile, Fulov Cash guía a una de sus mujeres hacia el backstage, agarrándola del trasero.

Mark se bebe el refresco entero.

De repente, un estruendo en el exterior que se cuela en el garito a pesar de la música alta.

Mark deja el botellín vacío.

En el callejón, Piroshki agarra la cara de un tipo y lo estampa contra la pared, noqueándolo.

Otro yace ya en el suelo, inconsciente.

Tres tipos más lo rodean. Uno va armado con una barra de hierro y otro con una cadena de moto. Entre los cinco destaca el chico rubio de la noche anterior, armado con un cuchillo.

– “¡Te voy a rajar, cabrón!” – grita el tipo.

Piroshki tiene un ojo morado y el brazo derecho ensangrentado por un golpe de la cadena.

Piroshki se pone en guardia.

– “Malditos niñatos…” – gruñe el grandullón.

El rubio es el primero en atacar con la intención de apuñalar al portero, pero Mark interviene, agarrándolo del brazo con el que empuña el arma.

– “¡¿EH?!” – se sorprende el muchacho, que no lo vio llegar.

Mark proyecta al chico por encima de su espalda con una llave de judo, estampándolo contra el suelo.

Con el impacto, el chico pierde el cuchillo.

El tipo de la barra de hierro se abalanza sobre Mark, arma en alto, sujetándola con las dos manos, pero Mark se revuelve y le propina una fuerte patada en el abdomen que lo lanza a unos pocos metros de distancia y lo estampa contra una moto, que cae al suelo.

El tipo de la cadena se abalanza sobre Mark por la espalda, pero Pisroshki carga contra él con el hombro y del empujón lo lanza contra una puerta de garaje, abollándola y noqueando al muchacho.

Poco a poco, esos tres se recuperan y no dudan en huir. Uno intenta arrastrar a un compañero inconsciente, pero desiste rápidamente por miedo a otra paliza.

Piroshki se mira el moratón del brazo.

– “¿Estás bien?” – pregunta Mark.

– “No es nada.” – responde el grandullón. 


Mark camina hasta la moto caída y la levanta.

– “Dile a Pizza que llame a una ambulancia para estos.” – dice Mark. – “Y desinféctate eso. Yo me quedo aquí mientras tanto.”

– “Gracias, Mark.” – asiente Piroshki.

La ambulancia no tarda en llegar y dos jóvenes sanitarios atienden a los dos heridos, que con poco ya vuelven en sí.


Con excusas y miedo, los dos muchachos se niegan a ser llevados al hospital y se marchan rápidamente, pese andar tambaleándose. 

– “Siempre igual…” – suspira un sanitario. – “No hay nada bueno a estas horas.”

Su compañero se queda mirando a Mark.

– “Disculpa… ¿eres Dynamite Mark?” – le pregunta.

Mark no responde, incomodo, y eso le delata.

– “¡¡DYNAMITE MARK!!” – exclama el chico.

– “¿Quién?” – pregunta el otro.

– “¡Tío, tienes que hacerme una foto!” – le dice al compañero. – “¡Toma mi teléfono!” – le da su móvil.

Mark no parece convencido, pero acaba aceptando.

– “¡Me has alegrado la noche!” – le dice el sanitario a Mark.

– “Me alegro.” – responde sin mucho entusiasmo el luchador, forzando una sonrisa para la foto.

– “Mis sobrinos van a alucinar cuando les diga que te he conocido.” – dice el joven, ilusionado. – “¡Muchas gracias!”

Los sanitarios se despiden y no tardan en subirse a la ambulancia y marcharse.

Mark se queda solo en el callejón. Se apoya en la pared al lado de la entrada, cruzado de brazos, mientras espera, con la mirada perdida en el suelo.

Pasados unos minutos, Piroshki sale de nuevo. Lleva el brazo vendado.

– “¿Cómo te encuentras?” – pregunta Mark.

– “Ya te dije que no es nada.” – responde el grandullón. – “¿Por quién me tomas?”

Mark choca el puño con Piroshki y regresa al interior del local.

Cuando entra, va directo a la barra. Pizza está preparando un cóctel.

– “¿El moscow mule del jefe?” – pregunta Mark.

– “No bebe otra cosa.” – responde ella, que lo pone en una bandeja y se marcha.

Pizza se acerca al reservado del jefe y deja el cóctel sobre la mesa.

Fulov Cash parece ocupado con su bella acompañante.

Pero cuando Pizza se marcha, Fulov la llama de nuevo, levantando la mano y chasqueando los dedos para reclamar su atención.

La muchacha regresa rápidamente y él le entrega una propina; unos cuantos billetes. Ella lo acepta y cuando se da la vuelta, Fulov le da una palmada en el trasero.

Pizza lo mira de reojo y fuerza una sonrisa antes de regresar al bar.

Mark lo observa todo desde la barra. 

Cuando Pizza pasa por su lado, Mark la mira con gesto de desaprobación.

Pizza levanta las cejas y le enseña los billetes mientras vuelve a su trabajo.

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