Red World / Parte XXVII: El as de Chichi
“Os haré sufrir…”
En la costa, tras recibir la onda expansiva de la gigantesca explosión. El combate continúa.
Watagash se levanta. Con los ojos inyectados en sangre, el monstruo se abalanza sobre el gigante de la Red Ribbon.
El robot de Pino, sin un brazo, es incapaz de detener la embestida del enemigo y es derribado.
Watagash, sentado sobre el robot, empieza a propinarle puñetazos.
Pino intenta cubrirse, pero los golpes superan su defensa. El metal que recubre al gigante empieza a abollarse con cada golpe.
Chichi, minúscula en comparación a los dos titanes, tiene que actuar.
Watagash golpea la cabina de Pino, rompiendo los cristales, que caen sobre él.
El soldado de la Red Ribbon se cubre la cara con sus manos para evitar posibles cortes.
En ese instante, Chichi salta sobre la cabina del robot. Pino puede ver a contraluz la silueta de la guerrera sobre él.
– “¡¿QUÉ ESTÁS HACIENDO?!” – exclama él, preocupado.
Watagash levanta su puño, listo para golpear de nuevo.
– “¡¡SAL DE AHÍ!!” – exclama Pino.
Chichi tiene su lanza preparada.
– “¡YAH!” – exclama ella, que proyecta un corte horizontal con su lanza.
El corte se propaga por el aire hasta alcanzar a Watagash en los ojos, cegándolo por completo.
– “¡¡¡GRAAAAAAGH!!!” – brama el monstruo.
La sangre del monstruo llueve sobre Chichi y Pino.
– “No tardará en recuperarse…” – piensa ella.
Chichi mira a Pino de reojo.
– “¡¡SÁCATELO DE ENCIMA!!” – dice la guerrera. – “¡YO ME ENCARGARÉ DEL RESTO!”
Pino asiente y se pone de nuevo a los mandos.
El robot intenta empujar a Watagash, pero con una sola mano, la disputa es en vano.
– “Maldita sea…” – gruñe Pino. – “Esto me va a salir muy caro… ¡espero que la muchacha no falle!”
Rápidamente, Pino teclea en su consola. La perla en el centro de la barriga del robot se ilumina intensamente.
– “¡¡AHÍ VA!!” – aprieta un botón.
Un torrente de energía es proyectado por la perla y empuja al gigantesco Watagash hacia el cielo.
Los controles de la cabina parpadean. Parece que casi toda la energía que le quedaba al gigante mecánico ha sido desviada hacia el ataque.
Chichi guarda su lanza y recurre a la calabaza de su cinturón.
Con el pulgar, descorcha la botella y ésta desata una violenta ventisca que absorbe todo lo que tiene delante.
Mientras cae, Watagash siente como su cuerpo es atraído por el remolino que lo arrastra hacia el recipiente.
Su cuerpo parece deformarse para poder entrar por la boquilla de la calabaza.
– “¡¡GRAAAAH!!” – brama el monstruo.
La mitad inferior del gigante entre en la botella, pero Watagash sigue peleando. Intenta clavar sus garras en la tierra.
Su cuerpo se retuerce en la entrada de la calabaza.
– “¡¡GRAAAH!!” – intenta gritar, pero el sonido también es engullido por el artefacto mágico.
De repente, los ojos del monstruo se tornan azules. El extraño apéndice en su cabeza, que recuerda a un diente de león, se deshoja, esparciendo sus semillas por la zona durante un instante, pero éstas también son absorbidas por la calabaza.
El pánico se apodera del monstruo, como si de repente fuera consciente de que ése es su final.
Finalmente, el monstruo entra al completo en el recipiente y Chichi se apresura en cerrarlo.
La ventisca se detiene. Calma absoluta.
Pino mira con asombro a la mujer.
– “¿Qué acaba de ocurrir?” – se pregunta el piloto.
La mujer cae de rodillas, agotada.
– “¡¿Estás bien?!” – se preocupa él.
El piloto se quita el cinturón y sale de su cabina trepando por la cubierta de cristal rota.
Pino intenta ayudar a Chichi.
– “¿Qué ha pasado?” – pregunta el soldado. – “¿Estás bien?”
– “Usar estos artefactos tiene un precio…” – responde Chichi, agotada. – “Necesitan mi energía vital… para poder funcionar…”
– “No sé si lo entiendo bien…” – sonríe Pino. – “Pero ahora puedes descansar.”
– “No…” – responde Chichi. – “El combate no ha terminado…” – añade mirando al horizonte.
Mientras tanto, un furioso Chilled clava su mirada airada en Krilín.
– “Os haré sufrir…” – gruñe el demonio del frio. – “¡¡DESCUBRIRÉIS LO TERRIBLE QUE PUEDO SER!!”
Ten Shin Han, agotado pero preocupado por su compañero, intenta agarrar a Chilled, pero el demonio sale volando hacia Krilín a tal velocidad que empuja al debilitado Ten por el páramo desértico.
En un abrir y cerrar de ojos, Chilled se presenta ante Krilín.
El terrícola, aterrado ante la endiablada velocidad que ha demostrado, lo observa.
El demonio propina un coletazo en la cara a Krilín que lo lanza contra el suelo.
– “¿Has visto lo que me has hecho?” – gruñe Chilled.
Krilín intenta levantarse, pero el extraterrestre le pisa la espalda, estampándolo contra el suelo.
Chilled enrolla su cola en el cuello de Krilín y lo levanta del suelo.
– “¡¡Ggghaagh!!” – sufre el terrícola, luchando por respirar.
– “Je…” – sonríe el tirano. – “Podría partirte el cuello… pero quiero que sufras…”
Krilín agarra con fuerza la cola del demonio, intentando liberarse, pero sin éxito. Su rostro se está tornando azul.
Chilled, con una maléfica sonrisa en su rostro, sigue apretando.
Krilín, desesperado, logra morder la cola del demonio del frío.
– “¡AAH!” – grita Chilled.
El tirano sacude su cola y lanza a Krilín contra el suelo.
– “Miserable…” – gruñe Chilled.
Krilín se frota el cuello mientras recupera el aliento.
– “Je, je…” – sonríe aliviado.
Chilled se abalanza sobre él con la intención de decapitarlo de un solo golpe… pero resulta que el terrícola es solo una imagen residual.
– “¡¿Eh?!” – se sorprende Chilled.
Una docena de Krilín danza alrededor del tirano. Algunos le sacan la lengua, otros se palmean el trasero para provocarlo.
– “¿Cómo osas…?” – gruñe Chilled.
El extraterrestre dispara con su rayo ocular a uno de los Krilín, pero lo atraviesa sin hacerle daño; otra imagen residual.
– “Tsk…” – gruñe Chilled.
Con sus ojos, el alienígena dispara a cada una de las figuras danzantes que se mofan de él, pero ninguna es el verdadero terrícola.
– “¡¿DÓNDE ESTÁS?!” – estalla Chilled, furioso.
Ten Shin Han, malherido, observa el combate.
– “Ese tipo no puede sentir el ki…” – piensa Ten. – “No tiene ni idea de dónde está el verdadero…”
En una colina cercana, Krilín prepara un nuevo Kienzan.
Chilled, furioso, se agacha y coloca su mano en el suelo.
– “¿Eh?” – se extraña Ten.
De repente, el suelo tiembla y se resquebraja, brillando intensamente de color fucsia, y después estalla, generando una gran onda expansiva que empuja a Ten Shin Han, a Krilín y a un apático androide 17.
Mientras tanto, en la costa, Pino ha estado coordinando a los navíos supervivientes.
Los marineros se acercan a la costa todo lo que pueden y empiezan a movilizarse para hacer llegar energía al gigantesco robot a través de grandes cables conectados a sus embarcaciones.
El resplandor de la explosión puede verse en el horizonte.
Chichi se pone en pie, apoyada en su lanza, y camina torpemente en esa dirección.
– “¿A dónde crees que vas?” – pregunta Pino.
– “Ya te lo he dicho.” – responde ella. – “Esto no ha terminado.”
– “Casi no puedes mantenerte en pie…” – dice el soldado, con sincera preocupación.
– “Eso no importa…” – replica ella, esforzándose para seguir caminando.
De repente, una voz sobresalta a Pino y a Chichi.
– “Puedo ayudarte.” – dice la voz.
Mr. Popo, sobre su alfombra voladora, ha aparecido.
