Red World / Parte XXII: Shugo
“Voy a abrirte en canal para ver qué podemos aprender de ti…”
En los alrededores de la nave extraterrestre, el Número 17 y Shugo siguen peleando.
El ataque cortante del comandante alienígena ha atravesado parcialmente la barrera protectora del androide y le ha hecho un corte en el pecho.
– “Tsk…” – protesta la creación de Gero.
– “Empiezo a comprender tus puntos débiles.” – sonríe Shugo. – “Diría que vuestro planeta ha dado un gran salto tecnológico gracias a lo que pudisteis rescatar de nuestro encuentro anterior.”
La Número 18 observa la interacción con atención.
– “Puede que os subestimáramos.” – continúa Shugo. – “Pero esta vez es muy distinto.”
– “¿Y eso por qué?” – pregunta el Número 17, con cierta chulería, mientras se arranca la camiseta.
– “Porque yo estoy aquí.” – responde Shugo.
El androide 17 esboza una media sonrisa pícara, intentando desacreditar al enemigo.
– “No me hagas reír.” – responde el Número 17. – “¡Jamás podrás derrotarnos! ¡A nosotros, no!”
El androide se abalanza sobre Shugo, pero éste desvía su zurdazo con su antebrazo izquierdo, con un elegante y técnico gesto, dejando expuesto el costado del androide.
– “Je…” – sonríe Shugo, confiado.
El androide se agacha antes de propulsarse rápidamente como si fuera un resorte y golpear las costillas de su enemigo, que crujen con el impacto.
Shugo controla el brazo del androide y lo proyecta contra el suelo realizando una técnica que parece de judo.
El androide queda incrustado parcialmente en el pavimento, sorprendido con la facilidad con la que ha sido contrarrestada su ofensiva.
Shugo apunta con su mano al androide.
Sin mediar palabra, con un poderoso disparo de ki, Shugo sacude la zona.
El androide ha podido apartarse en el último instante y sale volando de la nube de polvo generada.
– “Maldición…” – refunfuña el Número 17.
En el centro del impacto, Shugo espera con una sonrisa chulesca en su rostro.
– “Y sigue sin emitir ningún tipo de energía…” – confirma el extraterrestre.
El androide 17, frustrado, dispara a discreción contra el enemigo.
Una lluvia de blasts de ki cae sobre el terreno de combate, provocando docenas de explosiones.
La Número 18 se cubre con su barrera de ki.
Pero de repente, un corte invisible, solo perceptible por cómo se abre paso a través del polvo, sorprende al androide 17, que tiene que inclinarse hacia atrás en el último momento para no ser cortado por la mitad.
Cuando se reincorpora, el androide se encuentra con Shugo delante de él.
El extraterrestre empieza a propinar una tormenta de puñetazos al androide que lo pilla por sorpresa.
Casi de forma instintiva, el androide propina un golpe en la cara al enemigo con su mano derecha en forma de garra, deteniendo así ofensiva.
El androide retrocede recuperando la distancia y levanta su mano derecha hacia el cielo, con su dedo índice extendido.
– “¡¡DODONPA!!” – exclama el 17.
Cuando el androide apunta a su enemigo, un rayo de ki amarillo sale proyectado desde la yema de su dedo índice hacia el extraterrestre, sorprendiéndolo con su gran velocidad e impactando de lleno contra su pecho, empujándolo por el cielo varios metros de distancia.
La armadura de chugo está al rojo vivo, humeante, pero parece que el extraterrestre no ha sufrido ningún daño.
– “Que interesante…” – dice Shugo. – “Eres un juguete de lo más curioso…”
El Número 17 se sorprende al ver que Shugo sigue en pie tras la técnica supuestamente letal de la escuela Grulla.
El comandante alienígena abanica su armadura con la mano para enfriarla.
– “Voy a abrirte en canal para ver qué podemos aprender de ti…” – sonríe Shugo.
El extraterrestre se abalanza sobre el androide, pero se ve frenado repentinamente.
La Número 18, detrás de él, lo ha agarrado de la capa.
– “18…” – se sorprende el 17.
La androide gira sobre sí misma rápidamente, haciendo girar a Shugo a su alrededor hasta que se rompe su capa y el enemigo salde disparado contra una montaña rocosa cercana.
– “¡Te dije que no te metieras!” – protesta el 17.
– “Me he hartado de su chulería y de tu incompetencia.” – protesta ella. – “Acabemos con él de una vez.”
– “Tsk…” – protesta el 17, mientras se limpia la sangre de su labio.
Mientras tanto, en el mar, Watagash y el titán de hierro siguen enzarzados en su pelea.
El pulpo extiende dos de sus tentáculos hacia el enorme robot y atrapa así su brazo derecho.
El gigante mecánico hace emerger una gigantesca ametralladora de su antebrazo con la que dispara a discreción contra los tentáculos del pulpo, cercenándolos a balazos, liberándose así de su agarre.
El kraken, furioso, responde proyectando un chorro de tinta contra Pino, cubriendo al robot por completo e imposibilitando la visión de su piloto.
– “Maldición…” – protesta Pino.
El pulpo salta sobre el titán y enrolla sus tentáculos alrededor de él, inmovilizándolo casi por completo. Sus tentáculos se enrollan en sus piernas, tronco y brazos.
Las alarmas suenan en la cabina de Pino.
– “¡No vas a derrotarme tan fácilmente!” – exclama el hijo de Gero. – “¡Estamos preparados para aguantar esto y mucho más!”
De repente, la punta de los tentáculos del pulpo se retrae y revela grandes y afiladas uñas con ligera forma de gancho que se clavan en el fuselaje del robot.
– “¡¿QUÉ?!” – se alarma Pino.
Las garras del kraken desgarran al robot, revelando parte de su estructura interna.
– “Bastardo…” – gruñe Pino.
Rápidamente, Pino activa una secuencia de interruptores a su alrededor.
– “¡AHORA VERÁS!” – exclama.
La compuerta en el centro de la panza del robot se abre, revelando un orbe brillante en su interior.
– “¡TOMA ESTO!” – aprieta un botón el piloto.
Pino aprieta un botón rojo y el orbe emite un disparo de energía verde que empuja al pulpo, haciendo que libere parcialmente al titán de hierro.
El robot da un paso al frente y Pino aprieta el botón de nuevo, haciendo que dispare una vez más.
El pulpo se cubre con cuatro tentáculos, pero el disparo es tan poderoso que los corta por la mitad.
El kraken, con sus dos tentáculos restantes, intenta alejarse del robot, pero Pino no piensa detenerse.
Una vez más, el robot carga su disparo.
Viendo cerca su final, Watagash libera a su huésped y corre por su rostro, buscando refugio en su boca.
Pino dispara. Esta vez el disparo de energía es mucho más amplio y engulle por completo al cefalópodo.
El disparo tiñe de verde toda la zona, cegando temporalmente a los soldados y las embarcaciones presentes.
Cuando el ataque cesa, un gigantesco pulpo asado es todo lo que queda, hundiéndose lentamente en el mar.
Los soldados estallan en júbilo.
Mientras tanto, en los alrededores de la nave, Shugo se pone en pie.
Los androides 17 y 18 aterrizan frente a él.
El comandante extraterrestre sonríe con picardía.
La Número 18 ataca sin dudarlo y el Número 17 la sigue.
Rápidamente flanquean a Shugo y le atacan a la vez.
El alienígena se defiende de los dos androides, pero poco a poco se ve abrumado por los insistentes golpes del puño ametrallador de la escuela Grulla.
Shugo abre su enorme boca y emita un extraño sonido parecido al croar de una rana que sacude a los androides, pues afecta a sus sentidos aumentados.
Aprovechando la situación, Shugo les apunta con las manos y las yemas de sus dedos se iluminan antes de disparar cinco rayos de energía a cada uno, que impactan directamente contra ellos.
Shugo mira rápidamente a los dos androides y decide atacar al Número 17.
– “¡VOY A ACABAR PRIMERO CONTIGO!” – exclama levantando su mano derecha extendida, lista para lanzar uno de sus ataques cortantes.
Pero el 17 pone las manos frente a su rostro.
– “¡¡TAIYOKEN!!” – anuncia, emitiendo un destello de luz que ciega a Shugo.
– “¡¿CÓMO?!” – exclama el alienígena, confuso ante la técnica de su rival.
Shugo, cegado, detiene su ataque y se frota los ojos, intentando recuperar su vista de algún modo.
En ese instante, la Número 18 le ataca por la espalda, lanzándose sobre él con los pies por delante, golpeándole en la espalda y empujándolo hacia delante.
El Número 17 lo intercepta y le propina un fuerte puñetazo en el abdomen que lo dobla sobre sí mismo.
– “¡GHAAA!” – sufre Shugo.
Tras golpear al enemigo, el 17 se aparta, pues la Número 18 ya prepara el golpe de gracia.
La androide apunta a Shugo con las manos juntas y los dedos índices extendidos.
– “¡¡DODON-HO!!” – exclama.
Un poderoso disparo de energía más poderoso que el Dodonpa sale proyectado de sus dedos e impacta en la espalda de Shugo, empujándolo a través del terreno de combate hasta, a través de la barrera protectora de la nave, hasta estrellarse contra la mismísima embarcación extraterrestre, generando una explosión.
Los androides sonríen victoriosos.
– “Misión cumplida.” – dice ella. – “La barrera ha caído.”
Pero Shugo no tarda en salir de entre los escombros.
– “Este tipo es la mar de resistente…” – protesta el 17.
Shugo mira a su alrededor, preocupado al ver que la nave ha sufrido daños.
– “Maldita sea…” – gruñe el extraterrestre. – “Esto me va a salir caro…” – dice mientras mira de reojo una cámara de vigilancia, sintiendo la presencia de su señor. – “Os arrepentiréis… ¡Os lo prometo!” – exclama.
Shugo aprieta los puños con fuerza y su musculatura aumenta. Su envergadura aumenta, volviéndose más musculoso.

Vale, Pino parece que se ha hecho con la victoria, “parece” es la palabra clave
17 y 18 muestran el poder de la tecnología humana y su compenetración
El dodon-ho es simplemente un dodompa más poderoso o es una especie de combinación entre el dodonpa y el kikohu?
Excelente capítulo
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Veremos 😉 jeje
El Dodonho es como un doble Dodonpa, usando los índices de las dos manos juntos.
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