ESPECIAL DBSNL // Red World // Universos 1 y 2 / Parte XVIII: La llegada

Red World / Parte XVIII: La llegada

“¿Quiere que aterricemos, señor?”

En la Atalaya de Kamisama, Ten Shin Han, vestido con un pantalón verde y una camiseta azul, medita sentado en el jardín cuando un escalofrío recorre su cuerpo.

– “¡AH!” – exclama asustado. – “No… no es posible… ¡Es demasiado pronto…!” – añade mientras se pone en pie de un salto, mirando al cielo. – “¡Pero si no han pasado más de seis años!”

Popo, que regaba las plantas, se queda perplejo, dejando caer su regadera al suelo, embargado por el terrible poder que siente.

Kamisama sale del palacio y mira en la misma dirección que Ten Shin Han.

– “Ya están aquí…” – murmura Dios. – “¡Han llegado!”

En el espacio, una gran nave en forma de platillo se aproxima a la Tierra.

En su interior, el demonio del frío Chilled observa el paisaje por un gran ojo de buey.

– “Es un planeta bonito…” – dice el demonio. – “El lugar ideal para mi palacio de verano.”

– “¿Quiere que aterricemos, señor?” – pregunta un soldado de piel morada y cabeza triangular, vestido con una coraza negra que le cubre el pectoral, con hombreras amarillas, de la que sale una capa blanca que cubre su cuerpo hasta las rodillas, dejando entrever el traje de lucha naranja que conforma su uniforme.

– “Por supuesto, Shugo.” – asiente Chilled. – “Busca un lugar tranquilo. No quiero estropear mi nueva adquisición.”

– “Como desee, señor.” – hace una reverencia el soldado.

Ten Shin Han puede ver una diminuta luz en el horizonte, acercándose a la Tierra.

El guerrero aprieta los puños con decisión mientras siente como su cuerpo se estremece. 

– “Maldita sea…” – murmura Ten. – “He entrenado durante seis años para este momento… y no puedo dejar de temblar…”

– “Su poder es abrumador.” – dice Kamisama, que camina hasta el guerrero de tres ojos. – “Es natural que sientas miedo.”

Del palacio de Dios sale Krilín, adormilado, pues la llegada de los extraterrestres le ha despertado de la siesta. Viste un bóxer blanco y una camiseta azul.

– “¿A qué viene tanto alboroto…?” – pregunta el alumno de Gohan. – “¿Y por qué siento tan mal cuerpo?” – aunque aún no sabe lo que ocurre, su cuerpo puede sentir la presencia del terrible enemigo.

En el Palacio Real han saltado las alarmas.

El Comandante Red descuelga el teléfono rápidamente.

– “¡¿QUÉ ESTÁ PASANDO?!” – exige respuestas al Oficial del Estado Mayor Black.

– “El enemigo, señor.” – dice Black. – “Es el momento.”

– “¡¿TAN PRONTO?!” – se preocupa el Comandante. – “Está bien… ¡Manda a nuestros hombres!”

En las desérticas montañas rocosas al norte de la Capital Central, la nave espacial aterriza, posándose sobre la superficie terrestre.

La compuerta principal de la nave no tarda en abrirse y dos escuadrones de soldados de distintas razas desfilan para formar frente a ella. Dos guerreros lideran las tropas, el primero es soldado butir de piel naranja, el segundo es un guerrero sink grandullón de piel aguamarina y cabellera naranja, con dos cuernos cónicos en la cabeza y otros dos más pequeños en la barbilla.

Shugo sale detrás de ellos y todos se ponen firmes.

– “Listos, señor.” – anuncia el butir.

– “Haz los honores, Maringa.” – asiente Shugo.

El butir se da la vuelta y levanta su puño al cielo, animando a sus tropas.

– “¡¿ESTÁIS LISTOS PARA LA CONQUISTA?!” – exclama Maringa.

– “¡¡SÍ!!” – responden sus hombres al unísono.

– “¡¡ESTÁIS LISTOS PARA ANIQUILAR A VUESTRO ENEMIGO?!” – los alienta.

– “¡¡SÍ!!” – responden de nuevo.

El soldado sink mira de reojo al butir con cierta envidia y decide interrumpir a su compañero.

– “¡¿ESTÁIS LISTOS PARA DARLE UNA NUEVA VICTORIA A NUESTRO SEÑOR CHILLED?!” – exclama el sink.

– “¡¡SÍ!!” – responde todos. – “¡¡POR EL SEÑOR CHILLED!!” – celebran todos.

El sink mira de reojo al butir con una media sonrisa, sintiéndose ganador por haber provocado una mayor reacción entre sus hombres.

– “Basin…” – gruñe Maringa, molesto. – “Maldito bastardo…”

Shugo sonríe disimuladamente, satisfecho ante la competitividad de sus hombres.

De repente, un pequeño auricular en el oído de Shugo reclama su atención con un pitido.

– “Fuerzas enemigas aproximándose desde el suroeste.” – le informan.

Shugo mira en esa dirección.

– “Parece que ya saben que estamos aquí…” – sonríe con picardía. – “¿Fuerza de combate?”

– “Insignificante.” – responden por el comunicador.

– “Esto será más fácil de lo esperado…” – murmura Shugo. – “¡Basin! ¡Maringa!” – exclama. – “¡Son vuestros!” – ordena.

– “¡Sí, señor!” – responden los dos.

Basin y Maringa apuntan con el dedo en la dirección del enemigo.

– “¡A POR ELLOS!” – exclaman.

– “¡¡SÍÍÍÍ!!” – celebran los soldados. – “¡VAMOS! ¡ACABEMOS CON ELLOS!” – gritan algunos.

Los soldados vuelan decididos hacia el campo de batalla.

A su vez, el Ejército de la Red RIbbon avanza hacia la nave. Docenas de pelotones de Battle Mechs dirigidos por Battle Jackets, sobrevolados por escuadrones de jets.

Un piloto en su avión de combate es el primero en divisar el ejército alienígena acercándose por el cielo.

– “¡OBJETIVO A LA VISTA!” – exclama el piloto por radio.

Pero su jet estalla repentinamente al recibir el impacto de un blast de ki disparado por un soldado.

La batalla se desata en cielo y tierra.

Los alienígenas no solo disparan a discreción, si no que muchos aterrizan para encarar a los robots de la Red Ribbon cuerpo a cuerpo.

El ejército terrícola causa bajas entre los extraterrestres, pero la proporción no es equilibrada. Por cada soldado alienígena caído, medio centenar de mechs es destruido.

– “¡Informe!” – se impacienta Red en su despacho.

– “Estamos perdiendo efectivos.” – anuncia Black. – “Hemos perdido varios pelotones enteros… en tan solo unos minutos de combate.”

– “La mayoría de nuestro ejército son drones no tripulados, ¿qué importa?” – protesta Red. – “¡¿Estamos avanzando?!” – insiste.

– “Afirmativo, señor.” – asiente el Oficial del Estado Mayor. – “Pero a este ritmo…” – se preocupa.

En el campo de batalla, no solo los drones son destruidos. Los soldados en Battle Jackets que lideran los pelotones autómatas también están muriendo a manos de los invasores.

Mientras tanto, en el colosal hangar de la Red Ribbon, Pino escala por los andamios de su gigantesco robot.

– “¡Ya están aquí!” – refunfuña mientras avanza hacia la escotilla en el centro del pecho de su creación. – “Maldita sea…”

– “¡Señor!” – exclama su ayudante robótico. – “¡El Oficial Black aún no ha…!”

– “¡No me importa!” – replica Pino.

Pino abre la escotilla de la inmensa bestia mecánica.

Desde un submarino, el Capitán Dark observa una imagen satélite de la nave extraterrestre.

– “¡FUEGO!” – exclama el Capitán.

Docenas de submarinos y portaviones disparan. Los ensordecedores cañones de los barcos ensordecen el mar. Los misiles balísticos surcan el cielo.

En la nave extraterrestre saltan las alarmas.

– “Nos atacan, señor.” – exclama un soldado, con una calma sorprendente. – “Un ataque desde larga distancia. Parece armamento explosivo.”

Shugo, que ha regresado a la nave después de lanzar a sus hombres contra las fuerzas de la tierra, mira de reojo el radar.

– “¿Es peligroso?” – pregunta con cierto hastío.

– “No superará nuestra barrera.” – responde el soldado.

Múltiples explosiones retumban en el desierto. Una lluvia de fuego sacude la zona.

Varios extraterrestres que vigilan en el exterior de la nave ven como el armamento terrícola impacta contra una barrera de energía invisible, cubriendo el cielo de fuego.

Las montañas rocosas cercanas se derrumban con las ondas expansivas de cada impacto, allanando el paisaje.

Red, que observa desde su despacho, se pone en pie sobre la silla de un salto.

– “¡¡CHUPAOS ESA!!” – grita agitando su puño. – “¡JAJAJAJA!”

Black mira con recelo a su superior.

En el desierto, la polvareda se disipa lentamente, revelando la nave intacta.

– “Impacto negativo.” – anuncia un soldado de la Red Ribbon por radio. – “Repito: Impacto negativo.”

El silencio se apodera del despacho real.

Red enfurece.

– “¡¡OTRA VEZ!!” – grita el Comandante. – “¡¡FUEGO!!”

Mientras tanto, en la Atalaya de Kamisama, Ten Shin Han se coloca las muñequeras azules, mientras Krilín se ha puesto un pantalón naranja y se ajusta el cinturón.

Ten Shin Han se despide de Dios y de Mr. Popo.

– “Hasta pronto.” – dice Ten, levantando la mano.

– “No os muráis, ¿eh?” – dice Popo.

– “Pero no diga esas cosas…” – dice Krilín sin saber qué cara poner.

– “No os confiéis.” – añade Kamisama. – “El verdadero enemigo aún no ha dado la cara.”

– “Hemos entrenado para esto.” – responde Ten.

Krilín asiente.

– “¿Estás listo?” – pregunta Ten.

Krilín toma aire y lo exhala lentamente. 

Su rostro revela una media sonrisa antes de chocar los puños frente a su pecho.

– “¡Listo!” – asevera.

Ten Shin Han sonríe y asiente.

Los dos luchadores por la Tierra salen volando de la Atalaya, rumbo al campo de batalla.

En la zona de guerra, casi invisible para el ojo humano, Maringa vuela de enemigo en enemigo, derrotando a los Battle Mechs de un solo golpe; docenas caen en un solo segundo gracias a la velocidad suprema de la raza butir.

– “¡JAJAJA!” – sonríe al detenerse para ver caer a sus contrincantes. – “¿Lo has visto bien, Basin?” – intenta provocar a su compañero.

El en cielo, Basin cae sobre un jet y atraviesa la cabina con su mano para sacar de ella al piloto y lanzarlo contra otro jet.

– “¡JAJAJA!” – disfruta el guerrero, ignorando a su compañero.

– “Mira que tiene poca clase…” – refunfuña Basin.

En el hangar de la Red Ribbon, Pino está sentado a los mandos de su titánico robot, activando múltiples interruptores a su alrededor. Los sistemas se ponen en marcha.

– “Activando protocolos.” – anuncia Pino. – “¡Listo para despegar!”

– “Aún no hemos recibido la orden.” – dice su ayudante por radio.

– “Pues solicita el permiso.” – replica el Coronel Green.

– “Denegado.” – responde la voz la Doctora Oli.

– “¿Eh?” – se extraña Pino. – “¿Mamá?”

En el puente de mando, situado en lo alto del hangar, la Doctora Oli ha pasado entre una docena de científicos y mecánicos de la Red Ribbon y ha arrebatado el micrófono al asistente robótico de Pino.

– “No tienes permiso.” – insiste Oli.

– “No quiero sonar como cuando tenía quince años, pero…” – sonríe Pino. – “Tú no me mandas, mamá.”

– “No seas idiota.” – protesta ella. – “Estoy recibiendo informes del campo de batalla… Debemos ser prudentes.”

– “Pero…” – insiste Pino.

Oli aprieta un gran botón rojo en el teclado de comandos y todos los sistemas activados previamente por pino se apagan.

– “¡¿PERO…?!” – protesta el hijo de Gero.

– “Lo siento…” – murmura Oli. – “De momento, te toca esperar en la retaguardia.”

En el desierto, una segunda lluvia de fuego cae sobre la nave extraterrestre con idéntico resultado. La cúpula de energía resiste el impacto.

– “Sin daños.” – confirma un soldado alienígena.

– “Son muy ruidosos…” – suspira Shugo. – “Será mejor que nos libremos de ellos antes que nuestro señor se moleste.”

– “¿Qué sugiere?” – pregunta el soldado.

Shugo sonríe.

En el Palacio Real, el Doctor Gero es recibido por el Comandante Red.

– “Ya era hora…” – sonríe el doctor al entrar al despacho.

– “¿Cuánto tardarán sus androides en llegar al campo de batalla?” – pregunta Red.

– “Mire la pantalla.” – responde Gero.

– “Hmm…” – refunfuña Red.

El Oficial del Estado Mayor es el primero en identificar a los androides en el radar. Los dos están observando el combate desde la distancia.

– “¡¿ESTÁN DEJANDO MORIR A NUSTROS HOMBRES?!” – enfurece Black.

– “Están analizando la batalla.” – responde Gero. – “Recopilando datos de nuestro enemigo.”

Sobre una colina, el Número 17 y la Número 18 observan detenidamente a los soldados enemigos, prestando especial atención a Maringa y a Basin.

– “¡QUE INTERVENGAN YA!” – exclama Black.

– “Aún no.” – responde Gero, calmado.

– “¿Qué trama, Doctor?” – pregunta Red, mucho más tranquilo que Black, pero con claras dudas sobre las intenciones del científico.

Gero se acerca a la mesa del despacho de Red y se sienta en una esquina, lo que sorprende tanto al Comandante como al Oficial, que lo interpretan como un reto a su poder.

– “El enemigo aún no ha detectado a mis androides.” – responde Gero. – “Sería un desperdicio revelar ahora nuestra mejor arma.”

– “¡NUESTROS EFECTIVOS…!” – protesta Black. 

– “Paciencia.” – le interrumpe Gero.

En el campo de batalla, un soldado gatea aterrado, seguido por Maringa. El butir camina hacia él con aterradora calma y una sonrisa de oreja a oreja.

– “Sois una raza bastante patética…” – se mofa Maringa. – “Parece que no sois nada sin vuestras maquinitas…”

En lo alto de la colina, el Número 17 se fija en el soldado.

– “Zendaki…” – murmura el androide.

El soldado, desesperado, desenfunda la pistola que lleva en su cinturón.

– “¡AAAAH!” – grita mientras dispara a discreción contra el enemigo.

Los disparos rebotan en el butir.

– “Aaahhh…” – se queda sin voz el soldado, aterrado.

– “Mi turno.” – sonríe Maringa.

Pero de repente, algo golpea al extraterrestre y lo lanza a través del campo de batalla, rebotando contra todas las rocas que encuentra a su paso.

En el despacho de Red, Gero sonríe.

– “Ya ha llegado.” – dice el Doctor.

– “¿EH?” – se sorprende Red, que se acerca al monitor. – “¡ESE ES…!”

Ten Shin Han aterriza en el campo de batalla frente al asustado soldado.

– “¿Quién…?” – se pregunta el hombrecillo.

Pero el soldado no tarda en reconocer al infame personaje.

– “¡¡ERES EL ASESINO TEN SHIN HAN!!” – exclama el soldado.

Ten ignora al soldado y frunce el ceño con la atención puesta en el enemigo.

De repente, Basin cae del cielo. El grandullón mira sorprendido a su nuevo adversario.

– “¿Ese tipo acaba de noquear a Maringa?” – murmura el sink.

En ese instante, Krilín cae sobre Maringa con los pies por delante, golpeándole en la nuca y haciendo que se estrelle de boca contra el suelo, incrustando su cabeza en el pavimento.

En el despacho Real, Gero sonríe.

– “Y no ha venido solo.” – añade el científico.

– “¡¿Y qué significa eso?!” – protesta Red.

– “Dejaremos que ellos solucionen la papeleta en este campo de batalla.” – dice Gero. – “Mis androides atacaran directamente la nave enemiga.”

– “¿Has usado a nuestros soldados como carnaza?” – refunfuña Black.

– “Lo importante es la victoria, ¿no es así?” – responde Gero, mirando de reojo al Comandante Red.

El Comandante sonríe.

– “Es usted un hombre sorprendente, Doctor.” – dice Red.

En lo alto de la colina, los androides abandonan su análisis para poner rumbo a la nave… pero el Número 17 se retrasa, pues su atención está puesta en el soldado Zendaki, que ya corre despavorido, y en su salvador.

– “Tenemos trabajo que hacer.” – le apresura la Número 18.

Mientras tanto, en la nave, un soldado trae una pequeña jaula esférica de unos 20cm de diámetro y la presenta a Shugo.

– “Aquí está, señor.” – responde el soldado. – “El prisionero S73.”

– “Bien.” – sonríe Shugo, acercando su rostro a la esfera.

Shugo golpea la jaula con el dedo.

– “¿Estás ahí, pequeño granuja?” – pregunta con retintín. – “¿Quieres negociar tu libertad?”

Leave a comment