DBSNL // Capítulo 361: Mi pequeña victoria

DBSNL // Capítulo 361: Mi pequeña victoria

“Creo que me toca.”

Las raíces reclaman los cuerpos de Champa y Zamas, ambos con un hálito de vida aún en ellos. Los apéndices del árbol los envuelven lentamente.

Onisen sonríe, calculando ya la expansión que tal poder representará para su árbol.

Un centenar de raíces de unos pocos metros de altura brotan del suelo a alrededor del androide y se contonean como serpientes encantadas, cubriendo un perímetro entorno al androide y las vainas para evitar que nadie intervenga mientras el árbol consume a sus presas. 

Son Goten, Trunks, Marron e Ikose contemplan la escena desde la distancia.

– “Si el árbol los absorbe…” – murmura el hijo de Vegeta.

Goten se transforma en Súper Saiyajín, dispuesto a intervenir.

– “¡Espera!” – le sujeta Marron del brazo. – “¡No seas imprudente!”

– “¡Tenemos que evitarlo!” – insiste el hijo de Goku.

Dabra se acerca a las raíces, que rápidamente reaccionan al sentir su presencia, intentando atraparlo. El diablo invoca su espada para abrirse paso… pero aunque intenta cortarlas, éstas no dejan de regenerarse e incluso nacen brotes nuevos, abrumándole, enrollándose en sus piernas y brazos hasta que el demonio se ve obligado a invocar las llamas negras para liberarse.

Dabra retrocede, regresando junto a Cell.

– “Eso ha sido una estupidez.” – sonríe el insecto, con cierta burla.

– “¿Es que no te importa nada?” – refunfuña el demonio.

– “Es inútil.” – responde Cell. – “Nosotros solo alimentaríamos el árbol.”

Mientras tanto, Freezer levanta su dedo índice hacia el cielo… cuando Cooler le detiene, agarrándole del brazo.

– “¿Qué crees que estás haciendo?” – gruñe el hermano mayor.

– “No hay otra forma.” – responde el tirano con frialdad.

– “No dejaré que lo hagas.” – insiste Cooler.

– “No seas estúpido, hermano.” – insiste Freezer. – “No podemos permitirnos el lujo de dudar.”

Cooler mira a Champa siendo engullido por las raíces.

– “Tsk…” – sufre Cooler, apretando los dientes, dudando.

Goten aprieta los puños con rabia, mirando como los cuerpos de los Dioses siguen cubriéndose de raíces. 

– “¡No voy a quedarme de brazos cruzados!” – insiste Goten.

– “¡Esas raíces te consumirán!” – exclama Marron, con ojos llorosos. – “¡Ya viste lo que le hicieron a Reitan!”

– “Marron tiene razón.” – interviene Ikose, calmado y solemne. – “Esas raíces se nutren de toda la energía vital que encuentran a su paso.”

Goten percata el tono de voz extraño de su compañero.

– “Ikose…” – murmura el mestizo, con cierta preocupación.

Cuando Trunks, Marron y Goten miran a su compañero, éste los ciega por sorpresa con un Taiyoken.

– “¡AAH!” – exclaman los tres ante tan inesperado movimiento.

Ikose retrocede ante los aspavientos de Goten, que pese a estar cegado intenta llegar hasta él.

El androide sonríe.

– “Creo que me toca.” – dice Ikose. – “Esta vez gano yo, Son Goten.”

– “¡IKOSE!” – exclama su rival, asustado. – “¡NO SEAS ESTÚPIDO!”

Ikose pone su mirada en el cuerpo de Zamas, que está siendo envuelto en una vaina de raíces.

El androide sale volando hacia allí a toda velocidad.

Todos los guerreros se sorprenden al ver al terrícola avanzar solo hacia la muerte.

Ikose se aproxima a las raíces.

– “¡VAMOS!” – exclama el androide, motivándose.

Onisen lo mira levantando una ceja, con cierta curiosidad.

Ikose se adentra en el perímetro de raíces, zigzagueando entre ellas mientras avanza hacia Zamas.

Al rozar las raíces éstas se activan e intentan cazar al androide, que se abre paso activando su barrera intermitentemente para repelerlas y lanzando algún Dodonpa para abrirse camino.

Ikose llega hasta Zamas y empieza a tirar de las raíces que lo aprisionan, arrancándolas como puede.

El androide genera una barrera protectora alrededor de los dos para ganar tiempo.

Goten y los demás ya se han recuperado de la ceguera y ven con horror el esfuerzo de su amigo.

– “¡IKOSE!” – exclama el hijo de Goku, preocupado.

Las raíces se arremolinan alrededor de la bóveda de energía que protege al androide y al Dios.

Goten, transformado en Súper Saiyajín se libera fácilmente del agarre de Marron con intención de ayudar a su amigo… pero ahora es Trunks quien lo detiene, transformándose también y agarrándolo por la espalda, sujetándolo.

– “¡IKOSE!” – insististe el mestizo. – “¡TENEMOS QUE AYUDARLE!”

La presión que ejercen las raíces alrededor de la barrera de ki aumenta, haciendo que encoja unos centímetros.

Ikose oye el eco de los gritos de su amigo y rival.

– “Son Goten…” – piensa el androide, mientras sigue determinado a liberar al Dai Kaioshin. – “Gracias por aceptarme como rival. No tenías porqué ayudarme, pero gracias a vosotros he encontrado otro camino…” – piensa en Goten y Marron. – “He conocido a gente fantástica…” – recuerda a Mai y Lapis. – “Y he superado mis límites…” – recuerda a Ten Shin Han y Chaoz. – “Puede que no sea tan fuerte como tú, Goten… pero esta es mi pequeña victoria.” – sonríe.

La fuerza de las raíces sobre la barrera es insostenible y ésta empieza a resquebrajarse.

El androide entiende que se está quedando sin tiempo.

Desesperado, Ikose apunta al Dios formando un rombo con sus manos.

– “Lo siento…” – se preocupa Ikose. – “¡¡KIKO-HO!!” – dispara.

El interior de la barrera es inundado por la cegadora luz de la técnica.

Tanto Freezer como Cooler se sorprenden ante la decisión del muchacho.

Pero cuando el destello se disipa, Zamas sigue vivo, tumbado en el suelo. Su cuerpo ha sufrido quemaduras por el ataque, pero Ikose ha logrado limitar la mayoría del impacto a las raíces que lo cubrían.

Ikose sonríe satisfecho.

– “¡BIEN HECHO!” – celebra Marron.

Trunks afloja su agarre sobre Goten, que parece más calmado.

Pero la alegría dura poco. De repente, la barrera colapsa y se desvanece.

Las raíces se abalanzan directamente sobre el Dai Kaioshin.

Ikose intenta detenerlas, agarrando varias con las manos y haciendo que todas reaccionen a su presencia y desvíen su atención hacia él, enrollándose en su cuerpo.

Onisen mira a Champa de reojo. Las raíces que intentaban encapsular al Hakaishin parecen adormecidas.

– “Con tanto alboroto ha retrasado también su proceso…” – piensa Raichi, molesto.

Las raíces se enrollan en sus brazos y piernas, pero él no deja de zarandearse.

– “Mientras me siga moviendo…” – piensa Ikose. – “Me detectarán como un peligro… y retrasaré el final. ¡A mí no pueden absorberme!”

Las raíces enrolladas en su brazo derecho tiran cada vez con más fuerza.

– “¡AAH!” – grita Ikose, que siente como su extremidad se disloca y se desgarra su piel.

Su grito hace que más raíces detecten la vibración y reaccionen atacándole.

Las raíces se enrollan en su cuerpo y le tapan la boca.

Lentamente, algunas vuelven a centrar su atención en Zamas.

– “Hmmmf…” – luchaba Ikose, sin poder hablar.

Goten reaviva su aura y sale volando hacia allí.

– “¡GOTEN!” – exclama Marron.

– “¡Maldita sea!” – gruñe Trunks, que sale tras él.

En ese instante, un portal se abre debajo del Dai Kaioshin, haciendo que éste se precipite a través de él. 

– “¡¿EH?!” – se sorprende Goten, que se detiene al instante, y Trunks con él.

Otro se abre detrás de Pan, Bra, Ub y Broly, desde el que cae al suelo Zamas, cerca del malherido Son Gohan.

– “¡AH!” – se sorprenden todos.

– “¡Dai Kaioshin!” – exclama Ub.

Cerca de una montaña de roca y escombros, Ogilvie, magullado y ensangrentado, sonríe. Está tan débil que se está de rodillas, apoyando su mano izquierda en el suelo, solo con la derecha levantada hacia el enemigo.

– “Je…” – sonríe el debilitado erizo.

Onisen clava su airada mirada en él.

– “Maldito…” – gruñe Raichi.

De repente, un nuevo portal aparece sobre la vaina que encierra a Champa… y Gamma 2 cae de él, delante del capullo.

El androide, con una media sonrisa chulesca, dispara a las raíces que rodean a Ikose, haciéndolas estallar por los aires y, con la explosión, lanzando al terrícola fuera del perímetro de raíces.

– “No está mal, chaval.” – dice Gamma. – “Pero esto de hacerse el héroe… deberías dejarlo a los profesionales.” – sonríe.

Marron corre a socorrer a Ikose.

El androide saca un pequeño artilugio esférico de su cinturón y, tras apretar un botón, lo lanza haca atrás, hacia la vaina de Champa.

¡KABOOM! Un estallido sacude la zona. 

Gamma 2 se toma un instante para posar delante de la bola de fuego como si fuera un Power Ranger.

– “Je…” – presume el androide.

La explosión ha destruido el ataúd de madera que encerraba a Champa.

Onisen frunce el ceño, furioso.

– “¡BASTARDO!” – grita Raichi.

Gamma 2 se revuelve y agarra al moribundo Hakaishin, cargándolo sobre su hombro.

– “¡OGILVIE!” – exclama el androide.

El erizo, por desgracia, ha perdido el conocimiento tras su último esfuerzo.

Gamma 2 zigzaguea mientras retrocede, evadiendo las acometidas de las raíces.

El androide tiene problemas para moverse rápido mientras carga con el Dios y decide intentar huir hacia el cielo.

Gamma 2 asciende, casi perdiendo a Champa por el camino y teniendo que agarrarlo de la muñeca mientras es perseguido por las danzantes raíces, que crecen para intentar darles caza.

Un kienzan de Goten corta las raíces que lo persiguen, dándole un segundo de respiro antes de que otras asciendan a por él… pero el androide ya está fuera de su alcance.

Gamma sigue ascendiendo para asegurarse, con Champa sobre su hombro.

– “Ha estado cerca…” – piensa el androide.

Pero de repente, Gamma 2 choca contra algo.

Rápidamente, el androide se revuelve. El temible Onisen está frente a él.

DBSNL // Capítulo 360: Ateo

DBSNL // Capítulo 360: Ateo

“Que la muerte de los Dioses alimente el nuevo mundo.”

El Dai Kaioshin y el Hakaishin asumen el reto de enfrentarse a Onisen.

Los Dioses y el androide se miran fijamente desde lados opuestos del abismo que los separa.

Cooler, Liquir y Freezer contemplan la escena desde la distancia. Los dos alumnos de Champa están preocupados por su maestro, pero han decidido respetar su decisión.

– “Confiemos en nuestro maestro, esta vez.” – dice Cooler, recordando a Sidra.

Champa alza sus manos y materializa sobre él una esfera de ki morado semitransparente dentro de la cual deambulan dos esferas menores, que rebotan entre sí y contra el orbe que las contiene, como si se tratara de un cascabel.

Onisen mira con decepción como el gotokoneko prepara su ataque.

– “Eso no funcionará.” – murmura el androide.

Zamas apunta con una mano al enemigo y materializa un bloque de hierro katchin que instantáneamente sale disparado hacia él.

Onisen es atravesado por el bloque metálico sin recibir ningún daño.

– “Eso tampoco.” – añade el androide.

Pero cuando el metal ha pasado de largo, Onisen se da cuenta de que Zamas le ha lanzado otro.

– “¿Es todo lo que sabes hacer, Kaioshin?” – se burla el androide.

El cubo que había pasado de largo se detiene en el aire un instante antes de regresar sobre sus pasos a toda velocidad.

Los dos bloques chocan el uno contra el otro con la intención de aplastar al enemigo entre ellos.

Zamas mira con atención los cubos, esperando que Onisen los se revele, pues ya imagina que se ha vuelto intangible para salir del apuro.

Pero el androide brota del suelo detrás de Zamas y lo agarra al Kaioshin por la nuca.

– “Os hacéis llamar Dioses…” – dice Raichi. – “Pero sois simples mortales.”

Champa lanza su cascabel de energía directo contra ellos.

Zamas sonríe.

Sin entender lo sucedido, Onisen se encuentra en el corazón del ataque Champa, atrapado entre las dos esferas menores que rebotaban en su interior… sin embargo, su brazo sale del ataque y Zamas se encuentra fuera, libre.

– “Je…” – sonríe el ira-aru.

Zamas utiliza su espada de ki para liberarse del agarre de Onisen y éste es arrastrado por el cascabel hasta el suelo, donde el ataque impacta generando una gran explosión.

El ira-aru se sujeta el cuello, pues se ha hecho un pequeño corte con su propia espada. Zamas mira su mano ensangrentada, pero no le da importancia. Champa se da cuenta.

– “¿Estas bien?” – pregunta el gotokoneko.

– “Es solo un corte.” – responde el ira-aru.

– “¿No te lo curas?” – insiste Champa.

– “No puedo malgastar energía en algo tan insignificante.” – responde Zamas.

El Hakaishin sonríe, pues respeta y comprende la determinación de su compañero, que iguala la suya.

Los Dioses toman tierra.

– “¿Dónde se ha metido?” – pregunta Zamas.

Champa frunce el ceño, se agacha y pone su mano en el suelo.

– “Hakai.” – sentencia.

Un perímetro de más de cincuenta metros a su alrededor se convierte en polvo luminoso, revelando a Onisen bajo sus pies.

Zamas le apunta con su mano derecha y proyecta tres cubos katchin consecutivos que caen sobre el androide, pero éste los atraviesa sin detenerse.

Onisen intenta golpear a Zamas, pero el ira-aru usa su teletransportación para evadir el puñetazo y aparecer en el fondo del cráter creado por Champa, donde espera la caída de sus cubos de hierro para repelerlos y ahora hacerlos ascender.

Champa embiste a Onisen con sus zarpas preparadas, pero el androide le detiene agarrándole de las muñecas.

– “Demasiado lento, Hakaishin.” – dice Onisen.

En ese instante, el primer bloque katchin impacta contra Onisen, haciendo que suelte al gotokoneko.

– “Je.” – sonríe Champa.

Onisen parece resistir el impacto, retrocediendo solo unos metros, pero el segundo cubo choca contra el primero, haciéndolo retroceder más, y finalmente el tercero impacta contra los demás, lanzándolos por los aires.

Piccolo y Granola observan desde la distancia.

– “No soy un admirador de los Dioses…” – dice el cereliano. – “Pero lo están haciendo bien.”

– “Yo mismo he entrenado a Zamas.” – sonríe el namekiano, orgulloso de su pupilo. – “Pero por desgracia, no creo que sea suficiente.”

Broly ha llevado a Gohan con Pan, Bra y Ub. El gigantón deja a nuestro herido amigo en el suelo.

– “¡Papá!” – se preocupa Pan, arrodillándose a su lado. – “¿Estás bien?”

– “He estado mejor…” – fuerza una sonrisa Gohan. 

Ub hace una media reverencia a Broly.

– “Gracias por ayudarle.” – dice el chico de Isla Papaya.

– “Mantenedlo a salvo.” – responde el saiyajín. – “Así no puede pelear.”

Cell y Dabra se han quedado atrás y observan el combate de los Dioses.

– “¿Quieres apostar?” – dice la creación de Gero con tono jocoso.

– “¿Te parece conveniente jugar al azar con el diablo?” – responde Dabra, con una media sonrisa chulesca.

El insecto levanta los hombros, poco preocupado.

– “Tengo células tuyas.” – dice Cell.

– “Eso es asqueroso.” – refunfuña el demonio.

En el interior del núcleo de Raichi, Bulma se encuentra en el centro del mundo virtual, a las puertas de una gigantesca torre desde la que es proyectado al cielo poderoso pilar de luz verde que ilumina todo el mundo.

Bulma se detiene y se poya en sus rodillas, intentando recuperar el aliento tras tal maratón.

– “Ah… ah… No tengo… ah… edad… para esto… aaah” – sufre, agotada.

Cuando Bulma da un paso al frente, las piernas le fallan y cae de rodillas, con la gran suerte de que así esquiva el tridente de Ka, que pasa rozándole el cabello y se clava en el suelo delante de ella.

El alma de Bulma abandona su cuerpo durante un instante, quedando paralizada y aterrada ante la que podría haber sido su muerte.

Lentamente mira hacia atrás, adivinando en la distancia la silueta del tamagami en el cielo, volando hacia allí a toda velocidad.

El enemigo reclama su tridente mientras Bulma se adentra en la torre.

La mujer se encuentra frente a la base del pilar de luz, que parece ser la fuente de energía de todo el mundo virtual. Una escalera en espiral asciende hasta lo más alto de la torre.

– “¡Tienes que estar de broma!” – exclama Bulma.

La mujer suspira resignada antes de emprender el ascenso.

Mientras tanto, en el planeta oscuro, Zamas reclama varios trozos de raíz con su poder mental y los lanza contra Onisen.

El androide los desintegra con un disparo ocular.

De la polvareda sale Champa con las garras por delante imbuidas con ki morado, abalanzándose contra Onisen como felino sobre su presa.

El androide deja pasar de largo al Hakaishin.

El gotokoneko clava sus garras en el suelo.

– “¡Hakai!” – exclama. 

El suelo desaparece bajo sus pies y los de Onisen.

El instante que tarda el androide en empezar a flotar lo aprovecha Zamas, que desde la distancia usa un cañonazo de ki invisible proyectado con sus ojos para empujar al enemigo lo necesario para que el felino para darle una doble patada en la espalda.

Onisen sale empujado hacia el cielo.

Zamas se aparece con la teletransportación frente a él con su sable de ki activado en su mano derecha.

– “¡YAAAH!” – exclama el ira-aru, con su brazo derecho preparado para realizar un corte horizontal de izquierda a derecha.

Pero Onisen deja que el Kaioshin pase de largo sin poder tocarlo, y se vuelve tangible de nuevo a su espalda, revolviéndose y agarrándole el brazo izquierdo, retorciéndoselo en la espalda hasta inmovilizarlo.

Onisen empieza su descenso hacia el suelo con la intención de estampar al ira-aru, pero Zamas se teletransporta directo a la superficie del planeta y chocando contra ella, reduciendo así la fuerza del impacto.

– “Muy astuto.” – sonríe Onisen.

El androide retuerce el brazo de Zamas hasta rompérselo. 

Champa lanza un zarpazo imbuido en ki morado desde la distancia, generando cuatro rayos cortantes de energía que rápidamente vuelan hacia Onisen.

El androide se vuelve intangible, dejando pasar el ataque a través de él y soltando así a Zamas.

Onisen retrocede, poniendo distancia entre él y el malherido ira-aru.

Zamas se levanta dolorido. Champa pronto vuela hasta él.

– “Gracias.” – dice el Kaioshin.

– “¿Puedes seguir peleando?” – pregunta el gotokoneko.

Zamas se sujeta el brazo roto. Su mano brilla con ki verde, sanándolo.

El Kaioshin flexiona su brazo y cierra su puño con fuerza.

– “Sí.” – responde Zamas. – “No te preocupes.”


Los dos comparten una media sonrisa cómplice.

Pero los ojos de Onisen analizan a sus adversarios, realizando cálculos a toda velocidad hasta que un pitido en su cabeza le alerta del resultado.

– “Me toca.” – sonríe Raichi.

El androide dispara con sus ojos un rayo que marca una frontera frente a los Dioses y levanta una cortina de humo.

Champa y Zamas se cubren ante la polvareda.

De repente, los brazos de Onisen brotan del suelo bajo sus pies.

Zamas utiliza la teletransportación, mientras Champa se cubre con los brazos en cruz frente a su pecho.

Los ojos de Onisen analizan su entorno rápidamente mientras analizan una nube de probabilidad, mostrándole finalmente un resultado.

Sin dudarlo, el androide dispara su rayo ocular a ese punto concreto, cazando a Zamas en el instante justo en el que aparecía.

El impacto desintegra la parte superior de los ropajes del Dai Kaioshin, derribándolo y dejando su torso humeante.

Champa embiste a Onisen, pero llega a tan solo unos metros del enemigo cuando se topa con una barrera de energía invisible que lo detiene y después lo repele, lanzándolo a través del campo de batalla.

Onisen se centra de nuevo en Zamas, que sigue tumbado de espaldas en el suelo, con el torso chamuscado. El Dios tiene una mueca de dolor en su rostro, con los ojos cerrados y los dientes apretados.

– “Tsk… Tsah…” – sufre Zamas.

Onisen camina hasta él y sonríe al verlo en ese estado.

– “Tus habilidades te hacen especialmente molesto.” – reconoce el androide.

Zamas abre ligeramente un ojo para ver a su enemigo.

El Dios levanta su mano hacia el cielo y un cubo de hierro katchin se materializa en el aire, sobre sus cabezas, y se desploma sobre ellos.

Pero Onisen, sin apartar la mirada del ira-aru, levanta su mano izquierda y detiene el cubo con la yema de sus cinco dedos.

– “Es inútil.” – dice Raichi.

El androide hace bota ligeramente el bloque de hierro y lo remata con un puñetazo de esa misma mano, quebrándolo y lanzándolo por los aires.

– “Morirás aquí, Dai Kaioshin.” – sentencia Raichi, convirtiendo su brazo derecho en una gran estaca. – “Y nutrirás el nuevo mundo.”

El androide se dispone a clavar la estaca en el corazón de Zamas, pero el ira-aru pone la palma de su mano sobre el suelo y materializa otra pieza de hierro que asciende repentinamente empujando al Kaioshin, sorprendiendo a Onisen.

Zamas, tumbado sobre el cubo de hierro, es elevado hacia el cielo.

– “Tsk…” – protesta Onisen.

El androide hace brillar sus ojos intensamente y dispara un potente rayo ocular contra el bloque, que con el impacto brilla como hierro candente.

Zamas aparece agazapado en el bosque de raíces un breve instante antes de desaparecer de nuevo.

El Dios reaparece detrás de Onisen con su espada de ki activa en su mano derecha, listo para decapitar al androide… pero el enemigo alarga uno de sus afilados tentáculos capilares y atraviesa el brazo de Zamas, clavándolo en su propio pecho, inmovilizándolo.

Onisen se da la vuelta para ver la cara de frustración del Dios.

– “Muy predecible.” – presume Raichi.

Zamas, pese al dolor, intenta propinar un puñetazo con su mano libre al androide, pero otro tentáculo se alarga y enrolla en su brazo, frenando el golpe.

Los ojos de Onisen se iluminan, dispuesto a terminar el combate.

Pero el ira-aru abre su mano izquierda, dejando caer un puñado de tierra.

– “¿Eh?” – lo analiza Onisen.

Zamas, con un empujón de ki invisible proyectado con sus ojos, lanza la tierra contra el androide.


Cuando Onisen puede analizar el contenido ya es demasiado tarde; diminutos fragmentos de madera se clavan en su piel. 

– “Je…” – sonríe Zamas.

Raichi, frustrado, dispara con sus ojos a bocajarro contra Zamas, quemando su pecho de nuevo y su rostro, y empujándolo a través del páramo.

– “Bastardo…” – gruñe el androide.

En ese instante, una ráfaga de ki morado impacta contra la espalda de Onisen, que se revuelve rápidamente, furioso.

Champa está corriendo hacia él.

– “¡Está bien!” – exclama Onisen. – “Acabaré contigo primero.”

La carrera bípeda del gotokoneko se convierte en un galope animal.

El androide intenta interceptar a Champa con un puñetazo, pero Dios se mueve ágilmente, como el felino que es, y se escurre entre los golpes del enemigo logrando asestare un puñetazo ascendente en la barbilla seguido de un zarpazo en el abdomen.

– “Mis cálculos nunca fallan…” – recapacita Onisen. – “¿Ha estado ocultando su estilo de combate hasta ahora?”

Champa se lame las zarpas.

– “Te demostraré como pelea un gotokoneko.” – avisa el felino.

Antes de que Onisen pueda estimar su próximo paso, Champa se abalanza sobre él.

Los movimientos del felino son erráticos pero certeros. Su estilo de combate recuerda a la técnica del borracho del maestro Mutenroshi. Sus golpes varían en ritmo y velocidad continuamente, algunas veces contorsionándose como si sus huesos fueran maleables.

A Onisen le cuesta calcular los movimientos de Champa, que poco a poco está castigando al androide con golpes y arañazos.

Cooler y Liquir, impresionados ante la demostración de su maestro, dan un paso al frente.

– “¡Lo está consiguiendo!” – exclama el demonio del frío, emocionado.

– “Maestro…” – murmura el kurama con admiración.

Onisen intenta disparar su rayo ocular a bocajarro contra el felino, pero Champa se inclina hacia atrás, evadiendo el rayo, usando su cola para apoyarse y, en el instante en el que el androide cesa su ataque, saltar como un resorte sobre él y clavar las garras en su pecho.

– “¡KHYYYY!” – sisea cual gato, enseñándole los dientes.

Onisen empuja al felino con ambas manos hasta quitárselo de encima.

Champa derrapa sobre el suelo y pronto carga de nuevo.

El androide abre su boca, emitiendo un chirrido ultrasónico que sorprende al felino y lo frena repentinamente.

El gotokoneko se tapa los oídos, sufriendo un terrible dolor, cayendo de rodillas al suelo.

– “¡AAAAAH!” – grita Champa.

Liquir y Piccolo también sufren el tormento auditivo.

– “¡AAH!” – se tapan los oídos el namekiano y el kurama.

– “¡¿Qué ocurre?!” – le pregunta Granola a Piccolo.

– “¡Liquir!” – se sorprende Cooler al ver a su compañero caer de rodillas.

Cell y Dabra sufren en menor medida.

– “Qué molesto…” – refunfuña el insecto.

– “¿Es que ellos no lo oyen?” – se pregunta Dabra, mirando como los saiyajín y los terrícolas no parecen afectados.

El Hakaishin se retuerce de dolor en el suelo. Sus oídos sangran.

Onisen aprovecha el punto el punto débil de felino para propinarle un rodillazo en la cara y derribarlo.

El androide reduce su tamaño durante un breve instante y así se libra de los fragmentos de raíz que le había clavado Zamas.


Champa intenta ponerse en pie, pero se tambalea y cae de nuevo.

– “Con tu oído afectado, ya no podrás moverte como antes.” – dice Onisen, ya en su tamaño habitual.

El felino logra levantarse, pero cuando intenta dar un paso al frente se tambalea como si hubiera bebido.

– “Tu sentido del equilibrio no volverá a ser el mismo.” – sonríe el androide.

Champa intenta atacar, pero Onisen se adelanta propinándole un latigazo en la cara con uno de sus tentáculos capilares.


El felino retrocede, manteniéndose a duras penas en pie, pero antes de que pueda reponerse completamente, otro latigazo le atiza de nuevo.

Onisen desata una tormenta de azotes con los tentáculos de su cabeza que generan centenares de heridas al felino.

Champa intenta cubrirse, pero termina cayendo al suelo, lo que no detiene al androide, que sigue sometiéndolo al doloroso castigo.

– “Estás a mi merced, Hakaishin.” – sonríe Raichi.


Llamados por la sangre del Dios, los tentáculos brotan del suelo y reclaman su cuerpo.

Lejos de allí, el cuerpo de Zamas también está siendo engullido por las raíces.

Onisen se detiene y observa con satisfacción como las raíces envuelven a Champa.

– “Que la muerte de los Dioses alimente el nuevo mundo.” – sentencia Raichi.