DBSNL // Capítulo 358: El legado de Bojack

DBSNL // Capítulo 358: El legado de Bojack

“Necesita más tiempo para poder dar frutos.”

En el planeta oscuro, el paisaje ha cambiado una vez más. El bosque de raíces se ha expandido más allá de la superficie del planeta y se expande por el universo.

Onisen sonríe al verse más cerca del mundo que ha soñado.

Los supervivientes observan el paraje, sobre el que se alza el gran árbol, más alto que antes.

– “El árbol sigue creciendo…” – dice Pan, impresionada.

– “No solo eso…” – responde Ub. – “Puedo sentir cómo ha aumentado su poder…”

– “¿Acaso ha absorbido al viejo Kaioshin?” – pregunta Bra.

Onisen alza la vista hacia la copa del árbol, aún poco formada.

– “Necesita más tiempo para poder dar frutos.” – murmura el androide. – “Más nutrientes.”

Onisen mira a los cansados guerreros esparcidos por el bosque.

– “¿Quién puede ser el siguiente?” – sonríe.

Nuestros amigos observan al androide, en silencio en mitad del bosque de raíces, con una calma que los inquieta.

– “¿Cómo podemos detenerlo?” – se pregunta Cooler.

– “Parece inmortal…” – murmura Liquir.

Reitan, magullado, abre los ojos de repente, tirado en el suelo bocarriba.

– “¡Ah!” – reacciona al darse cuenta de lo ocurrido, dándose la vuelta y agazapándose entre raíces.

El herajín se da cuenta de que se encuentra solo a unos pocos metros de distancia de la espalda del enemigo.

– “¿Cómo he llegado hasta aquí…?” – piensa Reitan. – “Perdí el conocimiento…”

El herajín mira al enemigo.

– “¿No se ha dado cuenta?” – se pregunta Reitan.

Onisen escanea el campo de batalla hasta que se detiene en un objetivo.

– “Son Gohan…” – sonríe el androide, centrando su mirada en el malherido mestizo. – “Sin duda es uno de los más problemáticos… Será mejor que acabe con él ahora.”

Reitan mira a su alrededor, entre las raíces, y se da cuenta de que la espada morada de Zahha se encuentra en el suelo, al alcance de su mano.

– “¡Es mi oportunidad!” – entiende el herajín.

Onisen sigue escaneando a sus enemigos.

Reitan se levanta repentinamente, transformándose mientras empuña el arma del espadachín del futuro, y se abalanza sobre el enemigo por la espalda.

– “¡AAH!” – exclama mientras se dispone propinarle una estocada.

Una media sonrisa delata a Onisen. 

Raíces brotan del suelo a su alrededor.

– “¡¿AH?!” – se asusta el herajín. 

Las raíces se enrollan alrededor del cuerpo de Reitan, frenando su avance e inmovilizando sus extremidades.

– “Tsk…” – se esfuerza el guerrero, intentando liberarse. – “Maldición… ¡Maldita sea!” – exclama, frustrado y desesperado.

Onisen se acerca a Reitan mientras alarga ligeramente el dedo índice de su mano derecha y lo transforma en un punzón.

– “Herajín…” – murmura el androide. – “Aprendí mucho de tu raza…”

El androide clava su dedo en el pecho de Reitan, sobre su corazón, haciéndolo sangrar.

– “La ambición de un conquistador… el amor de una madre… el dolor de dos hermanos…” – murmura Raichi mientras marca al herajín, haciéndole una herida que cruza su pecho de lado a lado. – “El origen de una raza superior…”

Las raíces aprietan cada vez más fuerte las muñecas de Reitan, obligándole a soltar la espada, que cae al suelo y queda clavada.

La sangre se derrama por el pecho de Reitan, deslizándose por su abdomen hasta gotear sobre el suelo.

– “Tendrás el honor de alimentar mi nuevo mundo.” – sonríe Raichi.

En ese instante, Okure se abalanza sobre el Onisen por la espalda, transformada en Súper Herajín y furiosa.

– “¡¡YAAAAAAH!!” – grita ella, armada con un trozo de raíz a modo de garrote.

El ataque coge desprevenido a Onisen, que no se esperaba tal artimaña, y recibe un golpe en el costado que, pese a no hacerle daño, lo aleja unos pocos metros de Reitan.

Onisen logra mantenerse en pie, sin perder el equilibrio.

– “Muy inteligente…” – sonríe con burla.

Las raíces empiezan a enrollarse alrededor del cuerpo de Reitan, reclamándolo como alimento.

– “¡OKURE!” – se sorprende y preocupa el herajín al ver intervenir a su compañera.

Ella agarra las raíces que lo aprisionan e intenta arrancarlas, pero su éxito es limitado, pues aunque logra liberarlo parcialmente, las raíces pronto crecen de nuevo, haciendo vanos sus intentos. 

– “¡¡ES DEMASIADO TARDE!!” – advierte Reitan. – “¡ESCAPA!”

Onisen camina hacia ellos.

Pero Okure, lejos de huir, se pone en guardia, garrote en mano.

– “¡¿QUÉ HACES?!” – exclama Reitan. – “¡OKURE!”

– “Es mejor luchar para proteger algo que tener que vengarlo.” – responde Okure, recitándole sus propias palabras.

– “Okure…” – se preocupa el herajín.

La guerrera herajín reclama el poder que el mismísimo Raichi le otorgó antes. Su musculatura aumenta exageradamente y su aura estalla.

– “¡¡OKURE!!” – sufre Reitan.

La asalvajada mujer se abalanza sobre Onisen, cayendo sobre él, intentando atizarlo con el garrote.

El androide retrocede de un salto, evitando el golpe, que impacta contra el suelo y lo resquebraja.

– “¡¡GRAAAAAAH!!” – brama la monstruosa herajín.

La guerrera se abalanza de nuevo contra el enemigo, que una vez más esquiva el golpe.

– “Je…” – sonríe Onisen con prepotencia.

Okure ataca de nuevo, esta vez usando el garrote como un bate de béisbol… pero un disparo ocular de Onisen hace que el arma estalle en mil pedazos.

Furiosa, Okure no se rinde y desata un poderoso torrente de ki con su mano derecha sobre el enemigo, haciendo que los testigos más cercanos tengan que cubrirse ante onda expansiva de la explosión.

Onisen, intacto, aparece detrás de la herajín.

Ella se revuelve e intenta propinarle un puñetazo, pero Onisen, intangible, deja pasar el golpe a través de él para después agarrarle el brazo.

– “Un esfuerzo admirable.” – dice Onisen, que aprieta el brazo de la herajín hasta que se oye el crujido de sus huesos. – “Pero inútil.”

Pese al dolor, Okure intenta golpear de nuevo al enemigo, pero éste detiene el zurdazo y contraataca con un puñetazo directo a su barriga, doblando a la herajín sobre sí misma.

Onisen ahora toma la iniciativa, propinando un rodillazo en la cara de la herajín, lanzándola hacia atrás y luego saltando sobre ella, clavándola al suelo con una fuerte patada en su abdomen.

Onisen retrocede, esperando la respuesta de la herajín.

Dolorida, sujetándose el vientre, ella se levanta de nuevo.

– “Okure…” – piensa Reitan, que está siendo engullido de nuevo por las raíces, que ya forman un capullo a su alrededor. – “¿Qué estás haciendo…? ¿Por qué…?”

Okure hinca la rodilla y perdiendo su transformación.

– “Reitan…” – piensa ella, mirando de reojo la vaina de raíces por la que puede adivinarse aún parte del rostro del herajín.

Una tierna sonrisa se dibuja en el rostro de la muchacha… que pronto es eclipsado por la mano agrandada de Onisen.

Las raíces cubren por completo el rostro de Reitan, impidiéndole ver lo que sucede… pero el quebrantar de huesos revela el destino de su compañera.

– “No… Okure…” – llora en silencio el herajín. – “Okure…”

El ataúd de raíces se cierra por completo.

Dabra observa desde la distancia una escena que hace estremecer al mismísimo diablo.

– “Es… es un monstruo…” – murmura el antiguo Rey de los Demonios.

Onisen observa cómo las raíces del gran árbol ahora reclaman el cuerpo de la muchacha herajín.

– “Otra molestia menos.” – sentencia el androide.

Todos los guerreros que siguen en pie se ponen en guardia… todos con el miedo de ser los siguientes.

El suelo tiembla una vez más. Las raíces empiezan a crecer de nuevo, alimentadas con la energía de los herajín.

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