OLD MAN GOHAN // Capítulo 61: Butterfly

OMG // Capítulo 61: Butterfly
Los días pasan y Trunks ha empezado a entrenar a Gyuma. El hijo de Gohan viste un viejo uniforme de su padre, un gi de color morado con un cinturón rojo a juego con las muñequeras.
Gyuma persigue a Trunks a través del bosque que rodea el Monte Paoz, ante la atenta mirada de Karín. El hijo de Gohan intenta golpearle, pero su maestro es demasiado rápido.

– “¡La mayoría de tus movimientos son inútiles!” – le corrige Trunks mientras le esquiva. – “¡Piensas demasiado!”.

Gyuma insiste en sus ataques, sin éxito, y empieza a frustrarse.

– “¡Estamos perdiendo el tiempo!” – exclama Gyuma. – “¡Deberías enseñarme a pelear!”
– “¿Y como piensas pelear si no logras atraparme?” – se burla Trunks.
– “Maldición…” – refunfuña el mestizo mientras ataca de nuevo.
Mientras tanto, Videl, Shapner, Erasa, y Lupo se han reunido frente a Arale, que proyecta un holograma del Rey Chappa.

– “Hemos asistido a los supervivientes de la Capital del Norte” – anuncia el Rey.
– “¡Bien!” – celebra Videl. – “¡Buenas noticias, al fin!
– “¿Sabemos algo de Majin Bu?” – pregunta Shapner.
– “De momento, no tenemos nada.” – responde Chappa. – “Parece que no ha atacado ninguna ciudad. No hemos recibido señales de socorro.”
– “Qué extraño…” – murmura Lupo. – “¿Por qué no ataca?”
– “Es mejor así…” – suspira Shapner.
En el bosque, Upa e Ikose recogen leña.

– “…y así es como conocí al abuelo de Gyuma.” – termina Upa.
– “¡Increíble!” – exclama Ikose. – “Entonces, ¿es cierto? ¿Las Dragon Balls podían resucitar a los muertos?”
– “Así es.” – responde el indígena. – “Podían conceder cualquier deseo”.
– “Nos irían muy bien ahora…” – suspira Ikose.
En la costa cercana a la antigua Tierra Sagrada de Karín, Majin Bu y Bacterian contemplan el mar.

– “¿Esto es el mar?” – pregunta Bu, mientras se agacha para tocar el agua.
– “¡Eso es!” – responde Bacterian, inspirando profundamente. – “¡Huele a libertad! ¿No es precioso?”
– “Está mojado…” – dice Bu.
– “Bueno… es agua…” – dice el viejo pirata.
Bu parece decepcionado.

– “¡Necesitamos un barco!” – exclama Bacterian.
– “¿Qué es un barco?” – pregunta Bu.
– “Es un vehículo que sirve para navegar” – responde el pirata.
– “¿Qué es un vehículo?” – pregunta el monstruo.
– “Creo que así no llegaremos a ninguna parte…” – suspira Bacterian.
El pirata se agacha y agarra una rama rota en la orilla, con la que garabatea de forma torpe el dibujo de un barco en el suelo.

– “Tiene este aspecto” – dice Bacterian. – “Está hecho de madera, y sirve para viajar por el mar, flotando sobre el agua.” – explica.
Bu mira detenidamente el dibujo.

– “Es fácil.” – murmura el monstruo.
– “¿Fácil?” – repite Bacterian confuso.
Majin Bu se aleja un poco del pirata y alza sus manos frente a un bosque, arrancando un centenar de árboles mediante su poder mental.
Bacterian se queda boquiabierto.
Bu utiliza sus poderes para convertir los árboles en planchas de madera, que termina uniendo y conformando un barco idéntico al garabato de Bacterian.
Al colocarlo en el suelo, el deforme barco empieza a descomponerse a trozos.

– “No funciona” – dice Bu.
– “Es que no es exactamente así…” – responde Bacterian.
– “Es idéntico a tu dibujo.” – responde Bu, que empieza a sulfurarse.
– “¡Tranquilo! ¡Es culpa mía!” – se disculpa Bacterian. – “No sé dibujar…”
Bu se acerca a él y le coloca la mano derecha en la frente.

– “Piensa en un barco.” – le dice el monstruo.
– “¿Eh?” – dice Bacterian confuso. – “¿Qué piense…?”
– “Sí, piensa.” – insiste Bu.
– “Está bien…” – dice el pirata cerrando los ojos. 
Majin Bu, sin apartar su mano de la frente del pirata, extiende la otra hacia el bosque, que reacciona a su voluntad.

En unos minutos, Majin Bu ha terminado.

– “Abre los ojos” – dice Bu.
El pirata le hace caso y se sorprende de lo que ve.

– “¡Es impresionante!” – exclama Bacterian.
Un increíble galeón pirata se encuentra varado en la orilla.

– “¡Eres increíble!” – le felicita Bacterian.
– “Jeje” – presume Bu.
En unas horas, el Sol se pone en el Monte Paoz. Gyuma y Trunks han terminado su día de entrenamiento. Los dos se encuentran sentados en el suelo, descansando y compartiendo un momento de complicidad.

– “Estás mejorando” – le felicita Trunks. – “Pronto podrás atraparme.”
– “Si tú lo dices…” – responde Gyuma, algo desmoralizado.
– “Tienes mucho potencial” – insiste Trunks. – “Confía un poco más en ti mismo.”
– “Tú eres mucho más fuerte que yo…” – suspira Gyuma. 
– “Sí” – responde Trunks. – “Y me ha costado muchos años de entrenamiento, tanto en la Tierra como en el Más Allá. Tu padre fue mi primer maestro
Gyuma agacha la cabeza.

– “¿Cómo era?” – pregunta Gyuma.
– “¿El Más Allá?” – dice Trunks.
– “Mi padre.” – dice el hijo de Gohan.
– “Valiente. Bueno. Severo…” – responde Trunks. – “Pero siempre sabía como hacerme sentir mejor.”
Gyuma suspira.

– “Nos dejó solos a mi madre y a mí.” – dice el mestizo.
– “Intentó protegeros de él mismo.” – responde Trunks. – “Esa no es una decisión fácil.” 
– “Supongo que no…” – admite Gyuma.
Trunks se pone en pie.

– “Es tarde.” – dice Trunks. – “¡Y me muero de hambre!”
Gyuma se pone en pie de forma reticente, y su compañero coloca la mano en su hombro.

– “Cuando hayas mejorado un poco más, te enseñaré unos cuantos movimientos que aprendí de Son Gohan.” – sonríe Trunks. – “¿Qué te parece?”
– “Genial.” – responde Gyuma esbozando una media sonrisa.
Durante la cena, todos hacen un esfuerzo para hacer de la situación lo mejor posible. Karín y Upa se turnan con Trunks, Videl y los demás contando historias sobre las aventuras de Son Goku y Son Gohan, inspiradas en viejos recuerdos encontrados en la casa, como fotografías de la familia Son, el bastón mágico, Kinton o la vieja Dragon Ball de cuatro estrellas, ahora convertida en piedra. Narran el entrenamiento de Goku en la Torre de Karín y su enfrentamiento de Goku con Tao Pai Pai, su combate con Freezer en Namek, el duelo de Gohan en Orange City contra los androides, su transformación frente a Cell, y otras muchas historias impresionantes.
Gyuma escucha atentamente, pues es la primera vez que oye la mayoría de esas narraciones. 
La noche cae sobre el Monte Paoz, y todos se han acostado. La noche es tranquila y silenciosa. La luna creciente adorna el cielo estrellado. 
De repente, un ligero temblor sacude la residencia Son. Parece que solo Trunks lo ha percibido, y se levanta con cuidado, para no despertar a los demás.
El mestizo sale de la casa, y mientras camina, la sacudida se repite, esta vez con mayor intensidad.
El hijo de Vegeta avanza por el bosque, descendiendo por una colina, hasta llegar a un pequeño lago, cuya agua vibra ligeramente.

En la orilla opuesta, Trunks ve a Gyuma, vestido con el gi de su padre, sudando, de rodillas, agotado.


– “Vamos…” – murmura el hijo de Gohan, que intenta recuperar el aliento. – “Otra vez…” – se repite mientras se pone en pie.
El chico aprieta con fuerza los puños.

– “Grrrr…” – gruñe Gyuma.
Pequeñas rocas a su alrededor empieza a levitar, y un ligero temblor sacude de nuevo el Monte Paoz.

– “No pienso rendirme…” – refunfuña Gyuma. – “Ellos no lo hicieron…”
Una tenue aura dorada envuelve al mestizo de forma intermitente, mientras su cabello se ondula como si fuera afectado por una suave brisa.

– “Ahora todo depende de mí…” – dice Gyuma. – “Tengo que dar un paso al frente…”
Sus ojos se tornan de color verde.

– “No te decepcionaré, papá” – piensa Gyuma.
En su mente, la imagen de su padre, despidiéndose antes de sacrificarse en su combate contra Majin Bu.

– “¡¡HAAAAAAAAAA!!” – grita mientras su cabello se eriza por completo y se ilumina con luz dorada.
El suelo se resquebraja y el agua se altera, formando grandes olas.
Pero de repente, su aura se desvanece y Gyuma pierde el conocimiento, desplomándose contra el suelo. En el último instante, Trunks le sujeta.

– “Bien hecho, Gyuma” – sonríe Trunks. – “Pero creo que, de momento, esto es demasiado para ti.”
– “Son…” – murmura el mestizo, esbozando una media sonrisa. – “Son Gyuma.”
En la casa, Karín se encuentra en el tejado, mirando al horizonte. Lupo se ha despertado y ha salido para ir al baño, pero enseguida se fija en el felino.

– “¿Qué haces ahí arriba?” – pregunta Lupo.
– “Contemplar esta bonita noche” – responde Karín, sonriente.

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