ESPECIAL DBSNL /// Emperador Freezer // Universos 3 y 5 / Parte VI: Planeta de metal

Emperador Freezer / Parte VI: Planeta de metal
“Has cometido un error viniendo aquí”


La nave de Freezer, tras varias semanas de viaje, se aproxima al planeta M2, que parece una gran masa metálica resplandeciente.

– “Llegaremos en unos minutos, señor” – anuncia uno de sus hombres.
– “Excelente” – celebra el tirano.
Al acercarse más a la superficie, un soldado irrumpe de nuevo en la cámara del Emperador con un nuevo anuncio.

– “Señor, según nuestros sensores, el planeta no tiene atmósfera” – dice el soldado.
– “No será un problema” – responde el demonio del frío. – “Detened la nave y preparad la escotilla superior. Saldré solo.”
Freezer abandona su nave y desciende hasta la superficie del planeta. 

– “Un desierto de metal…” – murmura el tirano al echar un vistazo a su alrededor. – “Que extraño” – dice algo inquieto. – “Siento un ki muy tenue en esa dirección…”
El tirano sale volando en busca de ese misterioso indicio de vida.
Mientras tanto, en la nave, Tagoma está al mando. Él supervisa las lecturas que la nave toma continuamente del planeta.

– “El señor Freezer está volando hacia el Este” – anuncia un soldado.
– “¿Alguna lectura relevante en esa dirección?” – pregunta Tagoma.
– “De momento no hay rastro de vida en el planeta, pero la corteza metálica podría causar interferencias.” – responde otro de sus hombres.
Freezer, tras unos minutos de vuelo, se topa con una gigantesca metrópolis, en cuyo epicentro se encuentra un gran edifico piramidal.
De repente, un pequeño robot se acerca al tirano. El autómata es de color blanco y forma redondeada, con un gran ojo central.

– “¡Alerta: Intruso! ¡Alerta: Intruso!” – repite el robot.
Freezer observa detenidamente a esos seres.

– “He venido a buscar información” – anuncia el tirano.
– “Forma de vida biológica detectada” – dice el autómata. – “Acceso no permitido.”
– “Jujuju” – ríe Freezer. – “Eso ya lo veremos”.
El tirano alza su mano y apunta con su dedo al robot.

– “¡ALERTA: PELIGRO! ¡ALERTA: PELIGRO!” – repite el pequeño autómata.
Freezer dispara y el robot estalla en mil pedazos. 
El tirano sonríe satisfecho.
Unos segundos después, un zumbido creciente alerta a Freezer.
El tirano mira al suelo y se percata de que un enjambre de cientos de robots se aproxima a él a gran velocidad. Los autómatas tienen un aspecto similar al destruido, pero de color morado y con una larga cola naranja.
Freezer se eleva, perseguido por la turba.
El demonio del frío apunta a la multitud y dispara su Rayo Mortal a discreción, destruyendo decenas con cada ataque. Pero pronto se da cuenta de que más y más robots se unen a la batalla.
Tagoma, en la nave, puede ver las explosiones en el monitor.

– “¿¡Están atacando al señor Freezer!?” – pregunta alarmado.
El tirano se detiene en el cielo y se envuelve por una barrera esférica de energía morada y se lanza en picado contra el enjambre, causando cientos de explosiones a su paso, arrasando con todos los robots que encuentra en su camino, hasta que finalmente choca contra la superficie del planeta.
El demonio del frío mira de nuevo a su alrededor mientras aún lluven trozos de metal.

– “Chatarra…” – murmura con desprecio.
Pero pronto se da cuenta de que nuevos robos le rodean.

– “Se me acaba la paciencia…” – amenaza el tirano.
En ese instante, los autómatas se detienen.

– “¿Os rendís?” – fanfarronea Freezer.
Cuatro nuevos robots aterrizan y rodean al demonio.

– “¿Refuerzos?” – sonríe el Emperador.
Uno de los robots es humanoide, de color rojo, alto y estilizado. El segundo es grande, también antropomórfico, metálico y con detalles púrpuras. El tercero, tiene una estatura similar a Freezer, pero sin cabeza. Y el último es antropoide, pequeño y rechoncho, con partes de color verde.
En la cima de la torre central, otro autómata humanoide de tez azul y detalles dorados observa las cámaras de seguridad, repartidas por todo el planeta.

– “El Emperador Freezer… ¿Qué le trae por aquí?” – dice mientras le observa atentamente. – “Veamos de qué es capaz contra el Escuadrón Sigma”.
El gigantón robótico intenta golpear al tirano por su derecha, pero éste detiene el golpe fácilmente. El azul insiste por su izquierda, pero Freezer también le detiene. El más pequeño de ellos ataca al demonio por la espalda, pero con un golpe de su cola, el tirano lo despacha. En ese instante, el robot rojo intenta sorprender a Freezer atacándole de frente rápidamente, pero el demonio le detiene con un cañonazo de ki proyectado con sus ojos.
Freezer utiliza su poder mental para elevar al robot azul y lanzarlo contra el morado.
El pequeño robot verde vuelve a atacar al demonio, pero lo intercepta con su poder mental y lo estruja hasta convertirlo en una bola de chatarra.
El autómata rojo se eleva y dispara una tormenta de misiles contra Freezer, pero éste usa de nuevo su telekinesis para interponer al robot grandullón en el camino de éstos, haciendo que estalle en mil pedazos.
El robot azul carga de nuevo contra el tirano, pero éste moviliza los residuos metálicos esparcidos por el lugar y los lanza contra su enemigo como si fueran metralla, triturándolo.
El robot rojo embiste a Freezer, pero él alza su mano haciendo que el suelo estalle bajo el enemigo.
El autómata intenta localizar al tirano entre la polvareda, pero un disco cortante aparece por sorpresa. El robot logra evitarlo saltando, pero Freezer le espera en las alturas y le golpea con su cola, haciendo que el robot vuelva al suelo, donde un segundo disco lo rebana por la mitad.
La polvareda se disipa en unos instantes y Freezer desciende. La parte superior del robot rojo intenta gatear hasta el demonio del frío.

– “No sois más que chatarra” – murmura el tirano con desprecio antes de eliminar a su enemigo con un ataque de ki.
En la nave, Tagoma sigue pendiente de lo que sucede.

– “¡Lecturas!” – ordena a sus hombres.
– “El señor Freezer parece que sigue en perfecto estado” – responde un soldado. – “No vemos nada más.” 

Tagoma se acerca al gigantesco ojo de buey y contempla el horizonte, que resplandece por el reflejo de la luz procedente de una estrella cercana.

– “No me gusta este planeta” – murmura el soldado.
Freezer da la espalda a los restos de sus enemigos y se prepara para marcharse, pero un ruido llama su atención.
Unos extraños cables a modo de tentáculos se alzan desde el suelo metálico y se entrelazan entre sí, recogiendo los restos robóticos de sus enemigos caídos y reconectándolos.

– “Pero, ¿qué demonios es esto?” – se sorprende el de el demonio.

En un instante, los cuatro robots se han reconstruido.

– “Nunca había visto algo así…” – piensa Freezer.
Los autómatas se abalanzan sobre el Emperador, pero éste alza una poderosa corriente de aire con un gesto de su mano que barre y destruye de nuevo a sus enemigos.

Pero, en un instante, ellos vuelven a reconstruirse.

– “No pienso aguantar esto todo el día” – refunfuña el tirano.
De repente, una voz interrumpe el combate.

– “No puedes ganar, Freezer” – dice el personaje que antes vigilaba desde la torre y ahora ha decidido mostrarse.
El Emperador le mira con interés.

– “Me has reconocido” – sonríe el tirano. – “¿Tú eres quien manda aquí?”
– “¿Por qué has venido?” – pregunta el nuevo autómata.
– “Busco unas cajas de música robadas” – responde Freezer.
– “¿Y porqué aquí?” – insiste el robot.
– “El golpe solo puedo hacerse utilizando una tecnología incomprensible incluso para mis hombres, entre los que se encuentran los mejores especialistas del Universo” – responde el tirano.
– “¿Para qué querríamos unas cajas de música?” – pregunta el robot.
– “Eso aún no lo sé, chatarra” – dice Freezer.
– “Puedes llamarme Rildo” – responde el autómata.
– “¿Por qué debería poner nombre a un saco de tornillos?” – se mofa el tirano.
Rildo no reacciona ante las burlas.

– “Has cometido un error viniendo aquí” – le advierte el robot.
– “Dame la información que necesito” – insiste Freezer.
– “Estás buscando en el lugar equivocado” – responde Rildo.
– “¿Y dónde debería buscar?” – insiste el demonio del frío.
– “Ya no importa” – sonríe el robot. – “Porque no vas a abandonar este planeta”.
Rildo apunta al tirano con su mano y ésta se deforma revelando un cañón que dispara un poderoso ataque de ki que sorprende a Freezer, obligándole a protegerse.
Una gigantesca explosión barre el lugar. El autómata escanea la nube de humo y en busca de signos vitales.

De pronto, aparece una señal de alerta en el radar de Rildo. Freezer surge de la polvareda y se abalanza sobre su rival, propinándole un puñetazo y lanzándole contra unos edificios cercanos.

– “Tu ataque ha sido extraordinario” – dice el tirano. – “Me has cogido desprevenido. No he podido detectar tu energía. Pero eso no volverá a ocurrir” – añade mientras se eleva en el aire.
Rildo se pone en pie, pero se encuentra con una poderosa Bola Mortal aproximándose a gran velocidad.
El ataque del tirano impacta contra el enemigo y un gran estallido engulle parte de la ciudad.

Freezer desciende y se percata de que los robots que le rodeaban han dejado de funcionar.

– “Qué extraño…” – murmura el tirano. – “Supongo que él controlaba los autómatas de este planeta.”
En ese instante, una montaña de metal, que ahora se comporta como un líquido viscoso, se alza detrás de Freezer.
El tirano se da la vuelta y contempla el extraño fenómeno.
En lo alto de la montaña, una figura humanoide musculosa y brillante surge de su cima y se separa de ésta.

– “Yo soy el planeta” – sonríe Rildo, que ha tomado una nueva forma.

ESPECIAL DBSNL // Universos 3 y 5 / Parte VI: Planeta de metal

Especial DBSNL // U3 y U5 / Parte VI: Planeta de metal
“Has cometido un error viniendo aquí”


La nave de Freezer, tras varias semanas de viaje, se aproxima al planeta M2, que parece una gran masa metálica resplandeciente.

– “Llegaremos en unos minutos, señor” – anuncia uno de sus hombres.
– “Excelente” – celebra el tirano.
Al acercarse más a la superficie, un soldado irrumpe de nuevo en la cámara del Emperador con un nuevo anuncio.

– “Señor, según nuestros sensores, el planeta no tiene atmósfera” – dice el soldado.
– “No será un problema” – responde el demonio del frío. – “Detened la nave y preparad la escotilla superior. Saldré solo.”
Freezer abandona su nave y desciende hasta la superficie del planeta. 

– “Un desierto de metal…” – murmura el tirano al echar un vistazo a su alrededor. – “Que extraño” – dice algo inquieto. – “Siento un ki muy tenue en esa dirección…”
El tirano sale volando en busca de ese misterioso indicio de vida.
Mientras tanto, en la nave, Tagoma está al mando. Él supervisa las lecturas que la nave toma continuamente del planeta.

– “El señor Freezer está volando hacia el Este” – anuncia un soldado.
– “¿Alguna lectura relevante en esa dirección?” – pregunta Tagoma.
– “De momento no hay rastro de vida en el planeta, pero la corteza metálica podría causar interferencias.” – responde otro de sus hombres.
Freezer, tras unos minutos de vuelo, se topa con una gigantesca metrópolis, en cuyo epicentro se encuentra un gran edifico piramidal.
De repente, un pequeño robot se acerca al tirano. El autómata es de color blanco y forma redondeada, con un gran ojo central.

– “¡Alerta: Intruso! ¡Alerta: Intruso!” – repite el robot.
Freezer observa detenidamente a esos seres.

– “He venido a buscar información” – anuncia el tirano.
– “Forma de vida biológica detectada” – dice el autómata. – “Acceso no permitido.”
– “Jujuju” – ríe Freezer. – “Eso ya lo veremos”.
El tirano alza su mano y apunta con su dedo al robot.

– “¡ALERTA: PELIGRO! ¡ALERTA: PELIGRO!” – repite el pequeño autómata.
Freezer dispara y el robot estalla en mil pedazos. 
El tirano sonríe satisfecho.
Unos segundos después, un zumbido creciente alerta a Freezer.
El tirano mira al suelo y se percata de que un enjambre de cientos de robots se aproxima a él a gran velocidad. Los autómatas tienen un aspecto similar al destruido, pero de color morado y con una larga cola naranja.
Freezer se eleva, perseguido por la turba.
El demonio del frío apunta a la multitud y dispara su Rayo Mortal a discreción, destruyendo decenas con cada ataque. Pero pronto se da cuenta de que más y más robots se unen a la batalla.
Tagoma, en la nave, puede ver las explosiones en el monitor.

– “¿¡Están atacando al señor Freezer!?” – pregunta alarmado.
El tirano se detiene en el cielo y se envuelve por una barrera esférica de energía morada y se lanza en picado contra el enjambre, causando cientos de explosiones a su paso, arrasando con todos los robots que encuentra en su camino, hasta que finalmente choca contra la superficie del planeta.
El demonio del frío mira de nuevo a su alrededor mientras aún lluven trozos de metal.

– “Chatarra…” – murmura con desprecio.
Pero pronto se da cuenta de que nuevos robos le rodean.

– “Se me acaba la paciencia…” – amenaza el tirano.
En ese instante, los autómatas se detienen.

– “¿Os rendís?” – fanfarronea Freezer.
Cuatro nuevos robots aterrizan y rodean al demonio.

– “¿Refuerzos?” – sonríe el Emperador.
Uno de los robots es humanoide, de color rojo, alto y estilizado. El segundo es grande, también antropomórfico, metálico y con detalles púrpuras. El tercero, tiene una estatura similar a Freezer, pero sin cabeza. Y el último es antropoide, pequeño y rechoncho, con partes de color verde.
En la cima de la torre central, otro autómata humanoide de tez azul y detalles dorados observa las cámaras de seguridad, repartidas por todo el planeta.

– “El Emperador Freezer… ¿Qué le trae por aquí?” – dice mientras le observa atentamente. – “Veamos de qué es capaz contra el Escuadrón Sigma”.
El gigantón robótico intenta golpear al tirano por su derecha, pero éste detiene el golpe fácilmente. El azul insiste por su izquierda, pero Freezer también le detiene. El más pequeño de ellos ataca al demonio por la espalda, pero con un golpe de su cola, el tirano lo despacha. En ese instante, el robot rojo intenta sorprender a Freezer atacándole de frente rápidamente, pero el demonio le detiene con un cañonazo de ki proyectado con sus ojos.
Freezer utiliza su poder mental para elevar al robot azul y lanzarlo contra el morado.
El pequeño robot verde vuelve a atacar al demonio, pero lo intercepta con su poder mental y lo estruja hasta convertirlo en una bola de chatarra.
El autómata rojo se eleva y dispara una tormenta de misiles contra Freezer, pero éste usa de nuevo su telekinesis para interponer al robot grandullón en el camino de éstos, haciendo que estalle en mil pedazos.
El robot azul carga de nuevo contra el tirano, pero éste moviliza los residuos metálicos esparcidos por el lugar y los lanza contra su enemigo como si fueran metralla, triturándolo.
El robot rojo embiste a Freezer, pero él alza su mano haciendo que el suelo estalle bajo el enemigo.
El autómata intenta localizar al tirano entre la polvareda, pero un disco cortante aparece por sorpresa. El robot logra evitarlo saltando, pero Freezer le espera en las alturas y le golpea con su cola, haciendo que el robot vuelva al suelo, donde un segundo disco lo rebana por la mitad.
La polvareda se disipa en unos instantes y Freezer desciende. La parte superior del robot rojo intenta gatear hasta el demonio del frío.

– “No sois más que chatarra” – murmura el tirano con desprecio antes de eliminar a su enemigo con un ataque de ki.
En la nave, Tagoma sigue pendiente de lo que sucede.

– “¡Lecturas!” – ordena a sus hombres.
– “El señor Freezer parece que sigue en perfecto estado” – responde un soldado. – “No vemos nada más.” 

Tagoma se acerca al gigantesco ojo de buey y contempla el horizonte, que resplandece por el reflejo de la luz procedente de una estrella cercana.

– “No me gusta este planeta” – murmura el soldado.
Freezer da la espalda a los restos de sus enemigos y se prepara para marcharse, pero un ruido llama su atención.
Unos extraños cables a modo de tentáculos se alzan desde el suelo metálico y se entrelazan entre sí, recogiendo los restos robóticos de sus enemigos caídos y reconectándolos.

– “Pero, ¿qué demonios es esto?” – se sorprende el de el demonio.

En un instante, los cuatro robots se han reconstruido.

– “Nunca había visto algo así…” – piensa Freezer.
Los autómatas se abalanzan sobre el Emperador, pero éste alza una poderosa corriente de aire con un gesto de su mano que barre y destruye de nuevo a sus enemigos.

Pero, en un instante, ellos vuelven a reconstruirse.

– “No pienso aguantar esto todo el día” – refunfuña el tirano.
De repente, una voz interrumpe el combate.

– “No puedes ganar, Freezer” – dice el personaje que antes vigilaba desde la torre y ahora ha decidido mostrarse.
El Emperador le mira con interés.

– “Me has reconocido” – sonríe el tirano. – “¿Tú eres quien manda aquí?”
– “¿Por qué has venido?” – pregunta el nuevo autómata.
– “Busco unas cajas de música robadas” – responde Freezer.
– “¿Y porqué aquí?” – insiste el robot.
– “El golpe solo puedo hacerse utilizando una tecnología incomprensible incluso para mis hombres, entre los que se encuentran los mejores especialistas del Universo” – responde el tirano.
– “¿Para qué querríamos unas cajas de música?” – pregunta el robot.
– “Eso aún no lo sé, chatarra” – dice Freezer.
– “Puedes llamarme Rildo” – responde el autómata.
– “¿Por qué debería poner nombre a un saco de tornillos?” – se mofa el tirano.
Rildo no reacciona ante las burlas.

– “Has cometido un error viniendo aquí” – le advierte el robot.
– “Dame la información que necesito” – insiste Freezer.
– “Estás buscando en el lugar equivocado” – responde Rildo.
– “¿Y dónde debería buscar?” – insiste el demonio del frío.
– “Ya no importa” – sonríe el robot. – “Porque no vas a abandonar este planeta”.
Rildo apunta al tirano con su mano y ésta se deforma revelando un cañón que dispara un poderoso ataque de ki que sorprende a Freezer, obligándole a protegerse.
Una gigantesca explosión barre el lugar. El autómata escanea la nube de humo y en busca de signos vitales.

De pronto, aparece una señal de alerta en el radar de Rildo. Freezer surge de la polvareda y se abalanza sobre su rival, propinándole un puñetazo y lanzándole contra unos edificios cercanos.

– “Tu ataque ha sido extraordinario” – dice el tirano. – “Me has cogido desprevenido. No he podido detectar tu energía. Pero eso no volverá a ocurrir” – añade mientras se eleva en el aire.
Rildo se pone en pie, pero se encuentra con una poderosa Bola Mortal aproximándose a gran velocidad.
El ataque del tirano impacta contra el enemigo y un gran estallido engulle parte de la ciudad.

Freezer desciende y se percata de que los robots que le rodeaban han dejado de funcionar.

– “Qué extraño…” – murmura el tirano. – “Supongo que él controlaba los autómatas de este planeta.”
En ese instante, una montaña de metal, que ahora se comporta como un líquido viscoso, se alza detrás de Freezer.
El tirano se da la vuelta y contempla el extraño fenómeno.
En lo alto de la montaña, una figura humanoide musculosa y brillante surge de su cima y se separa de ésta.

– “Yo soy el planeta” – sonríe Rildo, que ha tomado una nueva forma.

DBSNL // Capítulo 84: Dios del Todo

DBSNL // Capítulo 84: Dios del Todo
“Muéstrale a éste Dios de Nada el poder del Todo”

Zeno Zamas aleja a Jiren y Piccolo con una fuerte onda expansiva. En ese instante de descanso, ve algo por el rabillo del ojo que le llama la atención.
Piccolo mira en la misma dirección que Zeno y ve a Goku, por lo que ata cabos rápidamente.

– “¡Se ha dado cuenta!” – exclama Piccolo.
Jiren se prepara para atacar, pero es adelantado por Beerus, que ataca al Dios del Todo sin contenerse.
Zeno esquiva varios golpes del Hakaishin y contraataca rápidamente.
El Dios del Todo activa su espada y apuñala a Beerus en el abdomen.
El Hakasihin del Universo 7 escupe sangre sobre el hombro de Zeno.

– “Estoy harto de juegos” – le susurra Zeno Zamas al oído. – “Un Hakaishin que se opone al poder supremo debe ser castigado con algo peor que la muerte”.
Zeno extrae su hoja de ki y golpea a Beerus, lanzándole contra el suelo ante la mirada temerosa de todos.
Beerus se reincorpora, mareado, agotado, con la vista nublada.

– “No lo entiendes, Zamas” – le dice el Hakaishin. – “Y no te culpo, porque yo tardé en comprenderlo”.
– “¿De qué estás hablando?” – le dice Zeno.
– “Nuestro trabajo va más allá de mantener el orden.” – explica Beerus. – “Nuestro deber es ofrecer las herramientas para que los mortales lo mantengan.”
– “¡Yo soy el orden!” – exclama Zeno.
– “No, Zamas” – le corrige el Hakaishin. – “Tú eres el caos que lo precede.”
Zeno Zamas, ofendido ante el desprecio por parte del Hakaishin, extiende la palma de su mano hacia éste.

– “Desaparece” – susurra sonriendo.
El cuerpo de Beerus empieza a desvanecerse ante la mirada de todos nuestros amigos.

– “¡Señor Beerus!” – exclama Goku a lo lejos.
– “¡Beerus!” – grita Champa a su lado.
Beerus sonríe. Pese a saber que es su final, un sentimiento de paz le embarga.

– “Champa” – dice el Hakaishin. – “El Universo 7 queda en tus manos.”
– “Así no” – le responde Champa. – “No tiene gracia si no puedo presumir ante ti.”
– “Serás un buen Hakaishin” – responde Beerus.
Whis observa la escena desde la distancia.

– “Señor Beerus…” – murmura triste.
Beerus mira a Son Goku a lo lejos, le sonríe y asiente con la cabeza, algo a lo que Son Goku responde del mismo modo.

– “Muéstrale a este Dios de Nada el poder del Todo” – murmura antes de desaparecer por completo.


Dibujado por Ipocrito


El Daishinkan, furioso, avanza hacia Son Goku, pero es interceptado por Whis, que se pone en su camino.

– “Tú…” – murmura el Sacerdote. – “¡Traidor!”
– “Tú eres quien ha traicionado a los mortales” – le corrige Whis.
– “¡Apártate!” – le grita el Sumo Sacerdote.
Whis materializa su vara en su mano derecha.

– “No” – responde con mirada desafiante.
A su lado, el resto de luchadores van llegando, formando una barrera entre el Sacerdote y Goku.
Son Goku sigue acumulando energía. Un aura blanca sinuosa le envuelve, pero no hay ni rastro de la bola de energía.
Zeno Zamas, después de eliminar a Beerus, desciende hasta el suelo.

– “Sois un incordio mayor del que esperaba” – les dice a Piccolo, Jiren, Champa y Zamas.
El cuerpo del Daishinkan empieza a brillar.

– “No… ¡No!” – exclama el Sacerdote asustado. – “¡Zamas! ¡No!” – le grita al Dios del Todo. – “¡No es necesario! ¡NO! ¡IDIOTA!”
El Daishinkan se transforma en una esfera luminosa, al igual que hicieron los otros ángeles, y Zeno Zamas la reclama.
La esfera se une al cuerpo de Zeno, que aumenta su poder y extiende su mano para materializar la vara típica de los ángeles.

– “Ahora os enfrentaréis al poder de un Dios completo” – amenaza al resto mientras sonríe de forma terrorífica.



Dibujado por Ipocrito



OLD MAN GOHAN // Capítulo 59: Retirada

OMG // Capítulo 59: Retirada
Trunks ha logrado escapar de Majin Bu gracias al Shunkanido y ha aparecido ante nuestros amigos.
Shapner, Ikose y Erasa apuntan al mestizo con sus armas.

– “¿Quién eres tú?” – se sorprende Videl.
– “¡Tranquilos! ¡Tranquilos!” – exclama Trunks. – “¡Soy un amigo de Gohan!”
– “¿Un amigo de Gohan?” – se extraña Videl.
– “Su ki no es malvado” – dice Upa, intentando calmar los ánimos y haciendo que los demás bajen las armas.
Lejos de allí, el monstruo Bu ha quedado solo y desconcertado. Bacterian y Punta contemplan la escena nerviosos y asustados.

– “¿A dónde ha ido el chico?” – se pregunta Punta.
– “Ha desaparecido…” – dice Bacterian.
– “¿Y qué hacemos ahora?” – susurra Punta mientras vuelve a ocultarse tras un pedrusco.
– “Tenemos que salir de aquí antes de que el monstruo nos vea” – responde Bacterian, que vuelve a esconderse.
Trunks les cuenta un breve resumen de su historia a los demás, intentando convencerles de que está de su parte.

– “¿Tú eres Trunks?” – dice Videl sorprendida.
– “Me alegra saber que Gohan te habló de mí” – sonríe el mestizo algo avergonzado  – “¿Este es el hijo de Gohan?” – dice al ver a Gyuma inconsciente en brazos de su madre. – “Sin duda se parece a Goku…”
– “Pero… ¿no deberías ser mayor?” – se extraña Erasa.
– “Es que he estado muerto” – responde Trunks.
– “Te mataron los androides…” – murmura Shapner.
– “¿Cómo has resucitado sin Dragon Balls?” – le pregunta Upa.
– “Os lo contaré todo, pero ahora debemos alejarnos de aquí y ocultarnos en algún lugar seguro” – dice Trunks.
En ese momento, una gigantesca nube amarilla desciende del cielo.

– “¿Qué es eso?” – se sorprende Shapner.
– “¡Es como la nube de Gyuma!” – exclama Ikose.
– “Nunca había visto una nube Kinton tan grande…” – añade Upa.
Sobre la nube, el viejo Duende Karín es quien la dirige.

– “¿Necesitáis un transporte?” – sonríe el pequeño felino.
En la arrasada Tierra Sagrada, Majin Bu sigue de pie en el centro de cráter.

– “Con tanta pelea me ha entrado hambre…” – murmura el monstruo, que puede notar como rugen sus tripas.
Mientras tanto, los dos piratas intentan escabullirse gateando entre los escombros.

– “Tenemos que avisar a los demás de todo lo que ha pasado…” – dice Punta.
– “No nos van a creer…” – responde Bacterian.
De repente, notan como una sombra se cierne sobre ellos. Al levantar su mirada lentamente ven que Majin Bu les ha encontrado.

– “Es… el monstruo…” – titubea Punta.
– “Nosotros… solo estábamos de paso…” – se excusa Bacterian.
Majin Bu se fija en Punta.

– “¡Conviértete en galleta!” – exclama el monstruo, que lanza un rayo fucsia con su antena y transforma al pirata en pasta.
Bu agarra la gigantesca galleta y la introduce entera en su boca antes de empezar a masticarla.

– “¡Qué rica!” – exclama Bu contento. – “¡Ahora te toca a ti!” – le dice a Bacterian.
El pirata, aterrorizado, se levanta y echa a correr.

– “¡Conviértete en caramelo de café!” – grita Bu, que con otro rayo de su antena convierte al capitán en dulce.
El caramelo vuela hasta la boca de Bu, que empieza a chuparlo.

– “¡BUAHG!” – exclama asqueado el monstruo escupiendo el caramelo – “¡Sabe a rayos!”
Bu devuelve a Bacterian a su forma original.

– “¿Qué ha pasado?” – dice el pirata confuso.
– “Tienes un sabor horrible” – le dice Bu.
Bacterian no sabe como reaccionar ante el extraño comportamiento del monstruo.

– “¿Has intentado comerme?” – titubea el pirata.
– “Tenía hambre” – responde Bu.
– “Es que… las personas no se comen…” – dice Bacterian.
– “Pues tu amigo estaba bueno” – dice el monstruo.
– “Pero no está bien…” – intenta convencerle el pirata.
Bu parece confuso.

– “No lo entiendo” – dice Bu. – “Pero tú parece que sabes muchas cosas. ¿Es porque eres listo?”
– “Eh… Bueno, tengo mucha experiencia…” – dice Bacterian.
– “Pues vendrás conmigo” – decide el monstruo. – “¿Vale?”
El pirata, con miedo ante las posibles represalias, solo es capaz de asentir.
Nuestros amigos, ahora montados en la gigantesca nube, surcan el cielo.
Videl, con el traje de Arale puesto, Upa e Ikose son aceptados por Kinton. También Gyuma, que sigue inconsciente. Shapner, Erasa y Lupo tienen que agarrarse al bastón mágico que ahora sostiene Trunks.

– “Me he salvado por poco” – explica Karín. – “La torre ha quedado destruída y la Tierra Sagrada arrasada”.
Upa agacha la cabeza afligido al oír las noticias sobre su hogar.

– “No te preocupes, hijo de Bora” – le anima el gato. – “No es un lugar lo que merece la pena proteger.”
– “¿Qué vamos a hacer ahora?” – pregunta Shapner.
– “Supongo que los Kaioshin te han mandado aquí con un plan, ¿no es cierto, Trunks?” – le pregunta el duende. – “Al fin y al cabo, uno ha dado su vida por la tuya.”
– “¿Shin dio su vida?” – se sorprende Videl.
– “Así es como resucitaste…” – murmura Upa.
– “He entrenado duro para poder enfrentarme a Bu, he alcanzado un poder más allá del Súper Saiyajín que ha logrado superar el límite del Súper Saiyajín, el nivel 3;  y he dominado la legendaria Espada Z… Pero no ha sido suficiente.” – explica Trunks muy frustrado. – “La espada se ha resquebrajado y parece que la nueva transformación, en el mundo de los vivos, es muy limitada.”
– “Ya veo…” – reflexiona Karín.
– “No te mortifiques” – intenta animarle Videl. – “Encontraremos una solución”
Trunks mira a Gyuma y esboza una sonrisa.

– “Entrenaremos duro” – dice Trunks. – “No pienso decepcionar a mi maestro”.
Karín parece complacido con la determinación del chico.

– “¿A dónde vamos?” – pregunta el duende.
– “A dónde empezó todo” – responde Trunks. – “Llévanos al Monte Paoz.”