ESPECIAL DBSNL /// Emperador Freezer // Universos 3 y 5 / Parte VII: Fuente de energía

Emperador Freezer / Parte VII: Fuente de energía
“Seguro que puedo extraer mucha energía de ti…”

Freezer se encuentra cara a cara con Rildo, que se ha transformado en un gran ser metálico y musculoso, y ha revelado ser uno con el planeta.
El demonio del frío parece preocupado. Nunca se ha enfrentado a un enemigo de esta magnitud. Su contrincante es extremadamente fuerte, su energía es indetectable y tiene control absoluto sobre el terreno de combate.
El suelo se convierte repentinamente en peligrosas púas que intentan crecen intentando ensartar a Freezer, pero el Emperador huye volando, perseguido por decenas de pinchos.
El demonio se detiene en el aire y lanza un ataque de ki contra las púas, desintegrándolas, pero pronto es sorprendido por una gigantesca ola de metal que le envuelve a traición y le atrapa.
Rildo, con los brazos cruzados y actitud prepotente, se acerca a su enemigo encarcelado.

– “Ha sido muy fácil” – sonríe el planeta antropomorfo. – “Seguro que puedo extraer mucha energía de ti…”
De repente, el cascarón de metal empieza a resquebrajarse, revelando una brillante luz rosada en su interior. 
Rildo parece sorprendido ante el poder de Freezer, que termina liberándose de su cárcel de metal, envuelto en una barrera de energía fucsia y mostrando su apariencia musculosa que indica estar utilizando todo su poder.

– “Eres mucho más fuerte de lo que indicaban mis cálculos…” – dice el autómata.
Freezer sonríe.

– “Deberías actualizarlos” – responde el demonio desafiante.
Rildo se abalanza sobre Freezer e intenta golpearle, pero el demonio detiene el puñetazo protegiéndose con el dorso de ambos antebrazos.
El Emperador sale repelido, pero pronto recupera la estabilidad. 
Rildo, mientras avanza hacia el tirano, lanza un poderoso ataque de ki que la barrera de Freezer repele.
El robot intenta golpear de nuevo al Emperador, pero el demonio del frío le esquiva y conecta un puñetazo en la barbilla de Rildo, haciéndole ascender varios metros de distancia antes de detenerse.
Rildo y Freezer se miran atentamente.

– “No puedes derrotarme” – le dice Rildo.
– “He destruido muchos planetas a lo largo de mi vida” – se burla Freezer. – “Tú serás uno más.”
Ambos guerreros se abalanzan de nuevo el uno contra el otro.
En la nave, uno de los hombres del Emperador parece alarmado al recibir extrañas lecturas en su pantalla.

– “¡¿Qué ocurre?!” – pregunta Tagoma.
– “No lo entiendo…” – responde el analista. – “Estas lecturas no son posibles…”
– “¡Explícate!” – insiste Tagoma nervioso.
– “El planeta… ¡ha cambiando!” – responde el científico.
– “¡¿Qué?!” – se sorprende el soldado al mando.
– “Su comportamiento, su densidad… ¡Todo parece haberse vuelto loco! Es como si estuviera… ¡vivo!” – insiste el analista.
Freezer y Rildo siguen enzarzados en su combate. El intercambio de golpes es cada vez más brutal, y parece que es el planeta quien lleva la iniciativa. Freezer está cada vez más cansado.

Dibujado por dsp27

Finalmente, Rildo logra propinar varios golpes seguidos al tirano, que se ve superado y retrocede malherido, perdiendo su forma de máximo poder.
El planeta se siente triunfador y se prepara para asestar el golpe de gracia al tirano.

– “Esto acaba aquí” – sonríe el Rildo, que apunta al tirando con su mano mientras ésta se convierte en una masa viscosa que se prepara para envolver a Freezer.
– “¿Qué es esto?” – pregunta el tirano.
– “Te convertiré en una batería” – responde Rildo. – “Pronto podré volver a convertirme en el planeta conquistador que fui hace milenios. Volveré a viajar por el Universo absorbiendo la energía de cada planeta con el que me tope. ¡Éste será el fin de la vida biológica, que ha demostrado su continuo fracaso! ¡Repoblaré el Universo con máquinas! ¡Seré la única existencia soberana existente!”
– “Y para eso necesitas las cajas…” – murmura Freezer.
– “Me aseguraron que eran una fuente ilimitada de energía” – reconoce Rildo. – “Así que hice un trato.”
– “¿Qué clase de trato?” – insiste el Emperador.
– “Con mi ayuda tecnológica, ese tal Kamo me traería las cajas y yo me aseguraría de acabar con los saiyajín supervivientes” – responde Rildo.
– “¿Los saiyajín?” – se sorprende Freezer.
– “Si te sirve de consuelo, cumpliré mi palabra y mataré a los saiyajín” – se burla el planeta. – “Gracias a ti tendré la energía suficiente para poder abrir esas cajas y extraer todo su poder”.
De repente, el Emperador sonríe.

– “Jujuju” – ríe Freezer. – “Esta información es muy interesante.”
– “¿Qué?” – se sorprende Rildo, que se da cuenta de que ha sido engañado.
– “Pero los saiyajín… ¡SON MÍOS!” – exclama alzando su mano hacia su enemigo y atrapándole en una esfera de energía. 
Ridldo queda inmovilizado.

– “Ni tú ni nadie va a arrebatarme mi venganza” – explica Freezer. – “¡HAAAAAAA!” – grita al proyectar a su enemigo hacia el cielo. – “¡MUERE!” – exclama mientras aprieta su mano y hace que la prisión de ki estalle en mil pedazos.
Freezer desciende hasta el suelo e inca la rodilla agotado, intentando recuperar el aliento.
En ese instante, a su alrededor, el metal se eleva y toma forma, generando a cinco nuevos Rildo que le rodean.
El Emperador les contempla estupefacto, mientras ellos sonríen.

– “No puedes ganar” – dicen todos al unísono.
Freezer se pone en pie, dispuesto a seguir luchando, pero el metal que le rodea asciende por sus piernas, atrapándole.

– “Eres un ser astuto, Freezer” – admite Rildo. – “Pero la biología tiene muchas limitaciones”.
En la nave, Tagoma y sus hombres siguen investigando el planeta.

– “Algo no va bien…” – dice un soldado preocupado. – “Las constantes de Freezer han disminuido mucho”.
– “Pero, ¡nuestro señor es inmortal!” – exclama otro.
Tagoma se acerca a un gigantesco monitor holográfico que presenta un mapa térmico de la superficie del planeta que la nave ha podido escanear y lo observa atentamente. 

– “¿Qué es esto?” – pregunta señalando una pequeña anomalía térmica humeante.
– “Algún tipo de escape de vapor caliente” – responde un analista. – “En este planeta todo es artificial, así que es difícil decir algo con certeza”.
– “No me refiero a eso…” – responde Tagoma. – “Si no a lo que hay dentro”.
El analista amplia la zona y parece que un punto de menor temperatura está asentado en el centro del orificio del que sale el vapor.

– “Parece… ¡una nave!” – exclama un solado.
Tagoma se da la vuelta y se apresura hacia la escotilla.

– “¡Dadme un casco espacial!” – ordena el soldado de élite. – “¡Voy a salir!”
– “Pero, ¡señor! ¡Es peligroso!” – le dice un soldado.
– “Estad atentos a mi señal” – responde Tagoma.
Mientras tanto, el metal sigue ascendiendo por el cuerpo de Freezer. En ese instante, el tirano siente el ki de su soldado en movimiento.

– “¿Qué está haciendo?” – piensa Freezer. – “Un momento… ¡se dirige hacia el ki que noté al llegar al planeta!”
Cuatro de los cinco Rildo desaparecen fundiéndose de nuevo con el planeta, mientras el quinto sigue frente al Emperador.
Tagoma llega hasta el misterioso lugar en el que descubre un grupo de orificios gigantescos que emanan vapor como si fueran chimeneas.

– “Éste es el sitio…” – piensa Tagoma mientras desciende por uno de los agujeros.
Tras descender unos metros, descubre una extraña nave que parece hecha de chatarra.

– “¿Qué demonios…?” – se sorprende al ver tan bizarro aparato oculto en M2. 
El túnel parece seguir extendiéndose en la oscuridad. De su interior provienen extraños sonidos y susurros, como si hubiera alguien trabajando.
Tagoma se adentra en la penumbra en busca del dueño de la nave.
En la superficie, Freezer cada vez está más cerca de ser cubierto por el metal.

– “Aún te resistes…” – sonríe Rildo. – “¿Es que crees que tu soldado te ayudará?” – se burla.
Freezer se sorprende al escuchar a Rildo revelar su conocimiento sobre el paradero de Tagoma.
En el interior del túnel, dos extraños y diminutos personajes están arrancando porciones metálicas de las paredes.
Cerca de ellos, un extraño aparato reposa en el suelo emitiendo unas extrañas ondas de energía.

– “¡Tengo otra pieza, Pinot!” – exclama uno.
– “¡Eso es estupendo, Merlot!” – celebra el otro.
– “Al neutralizador le quedan catorce minutos” – dice Pinot mientras mira un contador en el misterioso dispositivo. – “Creo que deberíamos irnos ahora y no tentar a la suerte.”
– “Sí, será lo mejor” – responde Merlot.
Al darse la vuelta, los dos personajes se encuentran a Tagoma frente a ellos.

– “¿Quiénes sois vosotros?” – se extraña el soldado. – “Sois… ¿tech-tech?”
– “¡Un soldado del Imperio!” – exclama Merlot.
– “¡Idiota! ¡El planeta te habrá detectado!” – añade Pinot aterrorizado. 
– “¡Quietos!” – les amenaza Tagoma apuntándoles con la mano.
Los dos tech-tech recogen sus cosas y huyen hacia su nave, ignorando a Tagoma.

– “¡Deteneos!” – exclama Tagoma, frustrado al ver que no le hacen caso.
– “¡Huye tú también!” – exclama Merlot.
– “¡Ya debe estar cerca!” – grita Pinot.
– “¡El neutralizador!” – dice Merlot al ver que se han dejado atrás su aparato.
– “¡No ha tiempo!” – le dice Pinot agarrándole del brazo.

En ese instante, la pared del túnel empieza a tomar forma humanoide y surge Rildo.
Mientras tanto, Freezer, envuelto completamente en metal, está siendo transportado por otro autómata al núcleo del planeta
Los dos habitantes del planeta Tech-tech entran en su nave y encienden los motores. Las paredes del túnel intentan atraparles, pero al acercarse a la nave ésta emite una onda parecida a la del dispositivo portátil y el metal se torna líquido y no puede avanzar.
Tagoma lanza un ataque de ki a su enemigo e intenta escapar hacia la salida, pero las paredes del túnel se cierran frente a él y le obligan a retroceder. 
Al hacerlo, Tagoma se acerca al dispositivo y Rildo se detiene. El robot extiende su mano hacia el soldado, pero su brazo se derrite al aproximarse al aparato que han dejado los tech-tech.

– “Parece que es así como lo hacían… ¡Basura carroñera!” – exclama Rildo, que parece no ser ajeno a las incursiones de los alienígenas.
Tagoma agarra el dispositivo y lo acerca al autómata, que retrocede para evitar ser engullido por el rango de acción del aparato.

– “Tu señor ya ha caído” – dice Rildo. – “Tú tampoco lograrás salir de este planeta”.
En el núcleo, Freezer ha sido liberado parcialmente del metal. Sus manos, pies y cola siguen atrapados. El Emperador está inconsciente. Varias agujas y cables han sido insertados en su cuerpo.
La maquinaria que le rodea parece ponerse en marcha y Freezer despierta gritando de dolor.

– “Eso es…” – sonríe Rildo. – “Dame tu energía”.
La superficie del planeta empieza a moverse sinuosamente.
En la nave del Imperio, los soldados se ponen muy nerviosos.

– “¡Tenemos que salir de aquí!” – exclama uno.
– “Tenemos órdenes” – responde otro.
– “¡Si seguimos aquí moriremos!” – insiste el soldado.
– “¡Debemos esperar al señor Freezer y al señor Tagoma!” – exclama otro.
– “¡Al carajo el señ…!” – grita el soldado antes de que un ataque de ki perfore su pecho.
– “Esperaremos” – sentencia el soldado brench que acaba de entrar en la sala de mando y ha realizado el disparo.
– “Sí, señor Curd” – responden los demás soldados.
Cerca de Freezer, las dos cajas de música se encuentran en una máquina que las analiza continuamente.

En el túnel, el soldado de élite aprieta el botón de su visor “scouter”, que detecta la tenue energía de Freezer.

– “Puede que tengas razón…” – sonríe Tagoma.
De repente, el soldado se da la vuelta y echa a volar a través del túnel, haciendo que el metal se derrita a su paso.

– “¡Maldita sea!” – exclama Rildo, que enseguida se da cuenta de que el soldado está avanzando hacia el núcleo.
El autómata intenta disparar al soldado, pero Tagoma logra escabullirse.
Mientras tanto, la nave del Imperio detecta a los tech-tech.

– “¡La nave se mueve!” – exclama un soldado.
– “Tagoma aún no ha respondido” – dice Curd. – “Tendremos que esperar”.
El soldado del Imperio llega hasta el núcleo del planeta, donde se encuentra a su señor siendo torturado.

– “Señor Freezer…” – titubea el fiel soldado al ver al Emperador en tan deplorables condiciones.
En ese instante, ambos son rodeados por múltiples Rildo, que se preparan para lanzarles un ataque de ki.

– “Última oportunidad”– le dice el robot. – “Deja a tu señor y abandona el planeta, o ambos moriréis aquí y ahora”.
Tagoma se siente acorralado. Sabe que no puede enfrentarse a un enemigo así. Sus opciones son limitadas, y sabe que, aún aceptando el trato, Rildo podría matarle de todas formas.
En ese momento, el soldado se fija en las cajas de música. El objeto de deseo del Emperador.
Tagoma envuelve su mano derecha en ki. Parece listo para luchar hasta el final.
Rildo se pone serio.

– “Así que eliges morir…” – dice el robot decepcionado.
Pero Tagoma sorprende a Rildo con su siguiente movimiento. El soldado ataca a su señor, desintegrando su débil cuerpo.
El autómata se queda sin palabras. Nunca se habría esperado que Tagoma matara al Emperador.

– “¡Mi fuente de energía!” – lamenta Rildo.
El autómata dispara a Tagoma, pero el ataque es repelido por una onda de ki fucsia.

– “Pero, ¿cómo es posible…?” – titubea Rildo.
Freezer se encuentra en perfectas condiciones y ha protegido a su soldado.

– “Coge las cajas y ve a la nave” – le dice el demonio del frío.
– “Pero solo contamos con un dispositivo…” – dice Tagoma, mostrándole el aparato de los tech-tech.
El Emperador sonríe confiado.

– “No lo necesitaré” – responde el demonio, que en un instante toma su forma de máximo poder.
Tagoma corre hacia las cajas y las agarra.
Uno de los Rildo se prepara para atacarle.

– “¡No te dejaré huir con ellas!” – grita furioso.
Freezer alza ambas manos.

– “¡HAAAAAAAA!” – grita el Emperador con fuerza, haciendo que la sala estalle.
Tagoma vuela por los túneles a toda velocidad, escapando del fuego que le persigue.
Finalmente, el soldado logra huir y se dirige hacia la nave.
Cientos grietas humeantes han aparecido en la superficie del planeta, y por una de ellas aparece Freezer, que escapa hacia su nave.

El metal de la superficie forma una montaña que pronto toma forma de un gigantesco Rildo que se aproxima al tirano.
El demonio del frío sabe que no tiene fuerza suficiente para enfrentarse a este enemigo.
Tagoma ha llegado a la nave y se quita el casco. En ese momento, el dispositivo emite un extraño pitido que indica que se ha quedado sin energía.

– “Maldición…” – lamenta Tagoma. – “Guardad las cajas en un lugar seguro” – dice entregándolas a otro soldado.
– “¡El señor Freezer se acerca!” – exclama un analiza.
– “¡Preparaos para escapar! ¡Motores al máximo!” – ordena Tagoma. – “¡Abrid la escotilla!”
Freezer se acerca a su nave mientras dispara a discreción a Rildo. 
La nave ha empezado a moverse cuando el tirano llega hasta ella y entra de forma precipitada.

– “¡NOOOOOO!” – grita Rildo al ver como su oportunidad de recuperar su época de esplendor se escurre entre sus dedos.
La nave del Impero se escabulle rápidamente y pronto sale del alcance de Rildo.

– “¡Deteneos!” – ordena Freezer. – “¡Detened la nave!”
Tagoma se acerca a Freezer. Teme que la ira le ciegue.

– “Señor Freezer, tenemos las cajas.” – dice el soldado. – “Deberíamos…”
– “Rildo es un enemigo peligroso” – le interrumpe el demonio. – “Ya he visto de qué es capaz sin energía… Si algún día consiguiera una fuente de energía, sería imparable. No puedo permitir que eso ocurra.”
– “¿Y qué vamos a hacer?” – pregunta Tagoma.
Freezer mira por la escotilla y observa un cinturón de asteroides cercano.

– “M2 se ha quedado sin energía porque está en mitad de la nada” – reflexiona el tirano. – “Se encuentra a una distancia considerable de cualquier fuente de energía. Debemos asegurarnos de que siga así”.
– “Podemos montar un escuadrón de vigilancia continua” – dice Tagoma. – “Podemos asegurar un perímetro y así…”
– “No.” – le interrumpe Freezer. – “Cualquier error podría hacer que alguna de las naves cayera en sus manos.”
– “No se me ocurre nada más, señor…” – dice Tagoma.
– “La única energía que recibe ahora es la tenue luz de esa estrella lejana” – dice Freezer contemplándola. – “Le negaremos esa luz” – sonríe.
El tirano abandona la nave y se acerca al cinturón de asteroides. Freezer adopta de nuevo su forma de máximo poder y extiende sus manos hacia las gigantescas rocas, que empiezan a responder a su poder telequinético.
Los hombres del Imperio observan desde la nave a su señor exhibir un poder nunca visto antes.

– “Impresionante…” – dice Tagoma.
– “Parece un Dios…” – murmura Curd.
Freezer logra cambiar la órbita del cinturón de asteroides e interponerlo entre la luz de la estrella y el planeta M2.
Rildo observa desde M2 como la oscuridad se cierne sobre su hogar.
El demonio del frío agota sus energías realizando esa maniobra y pierde su transformación, quedando suspendido en el espacio.
Varios de sus hombres salen de la nave con trajes espaciales para rescatar al Emperador y le devuelven a la nave.

– “¡Llevadle a la sala de curación!” – exclama Curd.
Horas después, Freezer se encuentra suspendido en el líquido verdoso de la cámara de regeneración. Tagoma le observa a través del cristal junto a uno de los doctores.

– “Es increíble lo que puede aguantar un demonio del frío…” – murmura el médico examinando los datos que muestra una pantalla. – “Tienen un cuerpo privilegiado.”
Tagoma mira atentamente a su señor.

– “Es un cuerpo impresionante…” – murmura el soldado.
Durante un instante, Tagoma siente la llamada natural de su biología, que le pide ocupar el cuerpo de mayor poder a su alcance. Se había sentido de esa forma muchas veces con Cooler, pero su amistad le obligaba a controlarse. Pero con Freezer era distinto. Tagoma había seguido a Freezer en busca de un momento como este, pero poco a poco había aprendido a admirar al nuevo Emperador, que había demostrado ser un guerrero digno de su lealtad.
De repente, una alarma suena en la nave.

– “¿Qué sucede?” – pregunta Tagoma, saliendo de su trance.
– “¡Tenemos intrusos!” – exclama un soldado.
Tagoma corre por los pasillos de la nave, en los que se encuentra a Curd, y ambos continúan hasta llegar al lugar de origen de la alerta. La compuerta se abre y revela a los dos alienígenas tech-tech, que han acoplado su nave a la del Imperio y han perforado su casco para llegar a la cámara de seguridad.

– “¡Date prisa, Merlot!” – grita Pinot.
Merlot agarra las cajas de música y corre hacia su nave, que ya está cargada con material robado y en la que se encuentra su compañero, listo para partir.

– “¡Maldita sea!” – grita Curd, que apunta a los intrusos con su mano, pero Tagoma evita que el brench dispare.
– “Cuida mi cuerpo” – le dice Tagoma.
– “¿De qué estas…?” – responde Curd.
– “¡CHANGE!” – grita Tagoma, que emite una extraña luz que choca contra Merlot, derribándole.
Las compuertas de la nave tech-tech se cierran tras Merlot. Pinot desengancha la nave, causando la despresurización de la sala y haciendo que varios soldados de Freezer se pierdan en el espacio.
Tagoma empieza a actuar de forma extraña.

– “¿Qué ha pasado?” – dice el soldado de élite. – “¿Por qué estoy aquí?”
– “¿Tagoma?” – se extraña Curd.
– “¡No os acerquéis!” – grita Tagoma.
Curd dispara a Tagoma, noqueándole.

– “Confío en ti” – murmura Curd.
En la nave tech-tech, Pinot suelta los mandos y se acerca a su compañero.

– “¿Estás bien?” – le pregunta al verle tirando en el suelo.
Merlot se pone en pie. 

– “Estoy bien…” – responde el tech-tech.
– “Me habías asustado” – sonríe Pinot.
– “Hemos escapado por los pelos” – dice Merlot.
– “Pero tenemos nuestra recompensa” – celebra Pinot. – “Ahora ya no es seguro volver a M2, así que tendremos que encontrar otro modo de conseguir piezas… y todo es culpa del Imperio.”
– “Seguro que nos darán algo por esas cajas” – dice Merlot.
– “No sé qué diablos son” – responde Pinot. – “Pero parecen valiosas”.
– “¿Crees que es por lo que el Imperio estaba en M2?” – pregunta Merlot.
– “Puede que esté relacionado con el tsufur” – responde Pinot.
– “¿El tsufur?” – pregunta Merlot.
– “Esa nave que vimos llegar a M2 hace unos meses” – responde el tech-tech algo confuso. – “¿Es que el golpe te ha afectado la memoria?” – se burla Pinot.
– “Estoy un poco mareado…” – responde Merlot. – “Deberíamos investigar esa nave”.
– “Ya lo hicimos…” – responde Pinot, que mira cada vez de forma más extraña a su compañero.
– “Eso está bien…” – sonríe Merlot. – “El señor Freezer lo agradecerá”.

Pinot se gira lentamente hacia su compañero, confuso y con terror en su mirada al escucharle.
En la nave del Imperio, Freezer sigue recuperándose. Tagoma sigue inconsciente.
Curd supervisa la sala de mando cuando, de repente, uno de los soldados anuncia que una nave se acerca a ellos.

– “¡Es la nave tech-tech!” – exclama el soldado. – “¿La derribamos?”
– “¡Un momento!” – grita otro. – “Está pidiendo permiso para aterrizar… ¡y conoce nuestros códigos!”
Curd sonríe al empezar a comprender lo ocurrido. 

– “Concededle acceso” – responde el brench.
La nave aterriza en un hangar y los hombres de Freezer la rodean.
Merlot baja de la nave arrastrando el cuerpo sin vida de Pinot.

– “La nave tiene información importante” – anuncia el tech-tech. – “Que un equipo la analice. Quiero saberlo todo sobre una nave tsufur que estuvo en M2 hace meses.”
Los soldados parecen confusos al recibir órdenes de un extraño.

– “Ya le habéis oído” – dice Curd, haciendo que todos se pongan en marcha.
– “Espero que mi cuerpo siga en perfectas condiciones…” – sonríe Tagoma.
– “Está un poco magullado” – se burla el brench.
En unas horas, Tagoma ha recuperado su cuerpo y Freezer ya se encuentra pletórico. Ambos se encuentran en la sala de mando.

– “Has actuado bien, Tagoma” – le congratula Freezer. – “Has demostrado ser mi mejor solado. Entiendo que mi hermano te tuviera tanto aprecio.”
– “Gracias, señor” – responde Tagoma.
– “Tus habilidades son extraordinarias…” – sonríe el Emperador. – “Me recuerdas al Capitán de mis Fuerzas Especiales.”
– “Ginyu era un aficionado” – fanfarronea Tagoma.
Curd irrumpe en la sala con información que transmitir.

– “Hemos analizado las cajas, pero no parece que haya ningún modo de abrirlas” – anuncia Curd.
– “Supongo que están cerradas con algún tipo de magia…” – murmura Freezer.
– “¿Alguna novedad sobre la nave tsufur?” – pregunta Tagoma.
– “Seguimos investigando, señor” – responde Curd.
– “Me cuesta creer que aún quede algún tsufur con vida…” – murmura Tagoma.
– “Rildo mencionó a un tipo llamado Kamo que le trajo las cajas y le pidió a cambio la muerte de los saiyajín.” – dice Freezer. – “Todo parece indicar que al menos queda uno con vida.”
– “Le encontraremos, señor” – dice Curd.

Un soldado se acerca al Emperador.

– “¿A dónde vamos, señor?” – le pregunta al tirano.
– “¿Alguna sugerencia, Tagoma?” – pregunta Freezer.
– “Si las cajas están cerradas con magia, solo se me ocurre un individuo al que podríamos acudir…” – dice el soldado.
– “Hace años que el Imperio no recurre a magos y charlatanes” – responde Freezer, algo molesto.
– “Su hermano le visitaba cada vez con más asiduidad” – explica Tagoma.
– “¿Con qué motivo?” – se extraña el Emperador.
– “Nunca quiso decírmelo” – responde Tagoma.
– “¿En qué estabas metido, Cooler?” – murmura el tirano. – “¡Está bien!” – anuncia en voz alta. – “Visitaremos a Salabim”.

ESPECIAL DBSNL // Universos 3 y 5 / Parte VII: Fuente de energía

Especial DBSNL // U3 y U5 / Parte VII: Fuente de energía
“Seguro que puedo extraer mucha energía de ti…”

Freezer se encuentra cara a cara con Rildo, que se ha transformado en un gran ser metálico y musculoso, y ha revelado ser uno con el planeta.
El demonio del frío parece preocupado. Nunca se ha enfrentado a un enemigo de esta magnitud. Su contrincante es extremadamente fuerte, su energía es indetectable y tiene control absoluto sobre el terreno de combate.
El suelo se convierte repentinamente en peligrosas púas que intentan crecen intentando ensartar a Freezer, pero el Emperador huye volando, perseguido por decenas de pinchos.
El demonio se detiene en el aire y lanza un ataque de ki contra las púas, desintegrándolas, pero pronto es sorprendido por una gigantesca ola de metal que le envuelve a traición y le atrapa.
Rildo, con los brazos cruzados y actitud prepotente, se acerca a su enemigo encarcelado.

– “Ha sido muy fácil” – sonríe el planeta antropomorfo. – “Seguro que puedo extraer mucha energía de ti…”
De repente, el cascarón de metal empieza a resquebrajarse, revelando una brillante luz rosada en su interior. 
Rildo parece sorprendido ante el poder de Freezer, que termina liberándose de su cárcel de metal, envuelto en una barrera de energía fucsia y mostrando su apariencia musculosa que indica estar utilizando todo su poder.

– “Eres mucho más fuerte de lo que indicaban mis cálculos…” – dice el autómata.
Freezer sonríe.

– “Deberías actualizarlos” – responde el demonio desafiante.
Rildo se abalanza sobre Freezer e intenta golpearle, pero el demonio detiene el puñetazo protegiéndose con el dorso de ambos antebrazos.
El Emperador sale repelido, pero pronto recupera la estabilidad. 
Rildo, mientras avanza hacia el tirano, lanza un poderoso ataque de ki que la barrera de Freezer repele.
El robot intenta golpear de nuevo al Emperador, pero el demonio del frío le esquiva y conecta un puñetazo en la barbilla de Rildo, haciéndole ascender varios metros de distancia antes de detenerse.
Rildo y Freezer se miran atentamente.

– “No puedes derrotarme” – le dice Rildo.
– “He destruido muchos planetas a lo largo de mi vida” – se burla Freezer. – “Tú serás uno más.”
Ambos guerreros se abalanzan de nuevo el uno contra el otro.
En la nave, uno de los hombres del Emperador parece alarmado al recibir extrañas lecturas en su pantalla.

– “¡¿Qué ocurre?!” – pregunta Tagoma.
– “No lo entiendo…” – responde el analista. – “Estas lecturas no son posibles…”
– “¡Explícate!” – insiste Tagoma nervioso.
– “El planeta… ¡ha cambiando!” – responde el científico.
– “¡¿Qué?!” – se sorprende el soldado al mando.
– “Su comportamiento, su densidad… ¡Todo parece haberse vuelto loco! Es como si estuviera… ¡vivo!” – insiste el analista.
Freezer y Rildo siguen enzarzados en su combate. El intercambio de golpes es cada vez más brutal, y parece que es el planeta quien lleva la iniciativa. Freezer está cada vez más cansado.

Dibujado por dsp27

Finalmente, Rildo logra propinar varios golpes seguidos al tirano, que se ve superado y retrocede malherido, perdiendo su forma de máximo poder.
El planeta se siente triunfador y se prepara para asestar el golpe de gracia al tirano.

– “Esto acaba aquí” – sonríe el Rildo, que apunta al tirando con su mano mientras ésta se convierte en una masa viscosa que se prepara para envolver a Freezer.
– “¿Qué es esto?” – pregunta el tirano.
– “Te convertiré en una batería” – responde Rildo. – “Pronto podré volver a convertirme en el planeta conquistador que fui hace milenios. Volveré a viajar por el Universo absorbiendo la energía de cada planeta con el que me tope. ¡Éste será el fin de la vida biológica, que ha demostrado su continuo fracaso! ¡Repoblaré el Universo con máquinas! ¡Seré la única existencia soberana existente!”
– “Y para eso necesitas las cajas…” – murmura Freezer.
– “Me aseguraron que eran una fuente ilimitada de energía” – reconoce Rildo. – “Así que hice un trato.”
– “¿Qué clase de trato?” – insiste el Emperador.
– “Con mi ayuda tecnológica, ese tal Kamo me traería las cajas y yo me aseguraría de acabar con los saiyajín supervivientes” – responde Rildo.
– “¿Los saiyajín?” – se sorprende Freezer.
– “Si te sirve de consuelo, cumpliré mi palabra y mataré a los saiyajín” – se burla el planeta. – “Gracias a ti tendré la energía suficiente para poder abrir esas cajas y extraer todo su poder”.
De repente, el Emperador sonríe.

– “Jujuju” – ríe Freezer. – “Esta información es muy interesante.”
– “¿Qué?” – se sorprende Rildo, que se da cuenta de que ha sido engañado.
– “Pero los saiyajín… ¡SON MÍOS!” – exclama alzando su mano hacia su enemigo y atrapándole en una esfera de energía. 
Ridldo queda inmovilizado.

– “Ni tú ni nadie va a arrebatarme mi venganza” – explica Freezer. – “¡HAAAAAAA!” – grita al proyectar a su enemigo hacia el cielo. – “¡MUERE!” – exclama mientras aprieta su mano y hace que la prisión de ki estalle en mil pedazos.
Freezer desciende hasta el suelo e inca la rodilla agotado, intentando recuperar el aliento.
En ese instante, a su alrededor, el metal se eleva y toma forma, generando a cinco nuevos Rildo que le rodean.
El Emperador les contempla estupefacto, mientras ellos sonríen.

– “No puedes ganar” – dicen todos al unísono.
Freezer se pone en pie, dispuesto a seguir luchando, pero el metal que le rodea asciende por sus piernas, atrapándole.

– “Eres un ser astuto, Freezer” – admite Rildo. – “Pero la biología tiene muchas limitaciones”.
En la nave, Tagoma y sus hombres siguen investigando el planeta.

– “Algo no va bien…” – dice un soldado preocupado. – “Las constantes de Freezer han disminuido mucho”.
– “Pero, ¡nuestro señor es inmortal!” – exclama otro.
Tagoma se acerca a un gigantesco monitor holográfico que presenta un mapa térmico de la superficie del planeta que la nave ha podido escanear y lo observa atentamente. 

– “¿Qué es esto?” – pregunta señalando una pequeña anomalía térmica humeante.
– “Algún tipo de escape de vapor caliente” – responde un analista. – “En este planeta todo es artificial, así que es difícil decir algo con certeza”.
– “No me refiero a eso…” – responde Tagoma. – “Si no a lo que hay dentro”.
El analista amplia la zona y parece que un punto de menor temperatura está asentado en el centro del orificio del que sale el vapor.

– “Parece… ¡una nave!” – exclama un solado.
Tagoma se da la vuelta y se apresura hacia la escotilla.

– “¡Dadme un casco espacial!” – ordena el soldado de élite. – “¡Voy a salir!”
– “Pero, ¡señor! ¡Es peligroso!” – le dice un soldado.
– “Estad atentos a mi señal” – responde Tagoma.
Mientras tanto, el metal sigue ascendiendo por el cuerpo de Freezer. En ese instante, el tirano siente el ki de su soldado en movimiento.

– “¿Qué está haciendo?” – piensa Freezer. – “Un momento… ¡se dirige hacia el ki que noté al llegar al planeta!”
Cuatro de los cinco Rildo desaparecen fundiéndose de nuevo con el planeta, mientras el quinto sigue frente al Emperador.
Tagoma llega hasta el misterioso lugar en el que descubre un grupo de orificios gigantescos que emanan vapor como si fueran chimeneas.

– “Éste es el sitio…” – piensa Tagoma mientras desciende por uno de los agujeros.
Tras descender unos metros, descubre una extraña nave que parece hecha de chatarra.

– “¿Qué demonios…?” – se sorprende al ver tan bizarro aparato oculto en M2. 
El túnel parece seguir extendiéndose en la oscuridad. De su interior provienen extraños sonidos y susurros, como si hubiera alguien trabajando.
Tagoma se adentra en la penumbra en busca del dueño de la nave.
En la superficie, Freezer cada vez está más cerca de ser cubierto por el metal.

– “Aún te resistes…” – sonríe Rildo. – “¿Es que crees que tu soldado te ayudará?” – se burla.
Freezer se sorprende al escuchar a Rildo revelar su conocimiento sobre el paradero de Tagoma.
En el interior del túnel, dos extraños y diminutos personajes están arrancando porciones metálicas de las paredes.
Cerca de ellos, un extraño aparato reposa en el suelo emitiendo unas extrañas ondas de energía.

– “¡Tengo otra pieza, Pinot!” – exclama uno.
– “¡Eso es estupendo, Merlot!” – celebra el otro.
– “Al neutralizador le quedan catorce minutos” – dice Pinot mientras mira un contador en el misterioso dispositivo. – “Creo que deberíamos irnos ahora y no tentar a la suerte.”
– “Sí, será lo mejor” – responde Merlot.
Al darse la vuelta, los dos personajes se encuentran a Tagoma frente a ellos.

– “¿Quiénes sois vosotros?” – se extraña el soldado. – “Sois… ¿tech-tech?”
– “¡Un soldado del Imperio!” – exclama Merlot.
– “¡Idiota! ¡El planeta te habrá detectado!” – añade Pinot aterrorizado. 
– “¡Quietos!” – les amenaza Tagoma apuntándoles con la mano.
Los dos tech-tech recogen sus cosas y huyen hacia su nave, ignorando a Tagoma.

– “¡Deteneos!” – exclama Tagoma, frustrado al ver que no le hacen caso.
– “¡Huye tú también!” – exclama Merlot.
– “¡Ya debe estar cerca!” – grita Pinot.
– “¡El neutralizador!” – dice Merlot al ver que se han dejado atrás su aparato.
– “¡No ha tiempo!” – le dice Pinot agarrándole del brazo.

En ese instante, la pared del túnel empieza a tomar forma humanoide y surge Rildo.
Mientras tanto, Freezer, envuelto completamente en metal, está siendo transportado por otro autómata al núcleo del planeta
Los dos habitantes del planeta Tech-tech entran en su nave y encienden los motores. Las paredes del túnel intentan atraparles, pero al acercarse a la nave ésta emite una onda parecida a la del dispositivo portátil y el metal se torna líquido y no puede avanzar.
Tagoma lanza un ataque de ki a su enemigo e intenta escapar hacia la salida, pero las paredes del túnel se cierran frente a él y le obligan a retroceder. 
Al hacerlo, Tagoma se acerca al dispositivo y Rildo se detiene. El robot extiende su mano hacia el soldado, pero su brazo se derrite al aproximarse al aparato que han dejado los tech-tech.

– “Parece que es así como lo hacían… ¡Basura carroñera!” – exclama Rildo, que parece no ser ajeno a las incursiones de los alienígenas.
Tagoma agarra el dispositivo y lo acerca al autómata, que retrocede para evitar ser engullido por el rango de acción del aparato.

– “Tu señor ya ha caído” – dice Rildo. – “Tú tampoco lograrás salir de este planeta”.
En el núcleo, Freezer ha sido liberado parcialmente del metal. Sus manos, pies y cola siguen atrapados. El Emperador está inconsciente. Varias agujas y cables han sido insertados en su cuerpo.
La maquinaria que le rodea parece ponerse en marcha y Freezer despierta gritando de dolor.

– “Eso es…” – sonríe Rildo. – “Dame tu energía”.
La superficie del planeta empieza a moverse sinuosamente.
En la nave del Imperio, los soldados se ponen muy nerviosos.

– “¡Tenemos que salir de aquí!” – exclama uno.
– “Tenemos órdenes” – responde otro.
– “¡Si seguimos aquí moriremos!” – insiste el soldado.
– “¡Debemos esperar al señor Freezer y al señor Tagoma!” – exclama otro.
– “¡Al carajo el señ…!” – grita el soldado antes de que un ataque de ki perfore su pecho.
– “Esperaremos” – sentencia el soldado brench que acaba de entrar en la sala de mando y ha realizado el disparo.
– “Sí, señor Curd” – responden los demás soldados.
Cerca de Freezer, las dos cajas de música se encuentran en una máquina que las analiza continuamente.

En el túnel, el soldado de élite aprieta el botón de su visor “scouter”, que detecta la tenue energía de Freezer.

– “Puede que tengas razón…” – sonríe Tagoma.
De repente, el soldado se da la vuelta y echa a volar a través del túnel, haciendo que el metal se derrita a su paso.

– “¡Maldita sea!” – exclama Rildo, que enseguida se da cuenta de que el soldado está avanzando hacia el núcleo.
El autómata intenta disparar al soldado, pero Tagoma logra escabullirse.
Mientras tanto, la nave del Imperio detecta a los tech-tech.

– “¡La nave se mueve!” – exclama un soldado.
– “Tagoma aún no ha respondido” – dice Curd. – “Tendremos que esperar”.
El soldado del Imperio llega hasta el núcleo del planeta, donde se encuentra a su señor siendo torturado.

– “Señor Freezer…” – titubea el fiel soldado al ver al Emperador en tan deplorables condiciones.
En ese instante, ambos son rodeados por múltiples Rildo, que se preparan para lanzarles un ataque de ki.

– “Última oportunidad”– le dice el robot. – “Deja a tu señor y abandona el planeta, o ambos moriréis aquí y ahora”.
Tagoma se siente acorralado. Sabe que no puede enfrentarse a un enemigo así. Sus opciones son limitadas, y sabe que, aún aceptando el trato, Rildo podría matarle de todas formas.
En ese momento, el soldado se fija en las cajas de música. El objeto de deseo del Emperador.
Tagoma envuelve su mano derecha en ki. Parece listo para luchar hasta el final.
Rildo se pone serio.

– “Así que eliges morir…” – dice el robot decepcionado.
Pero Tagoma sorprende a Rildo con su siguiente movimiento. El soldado ataca a su señor, desintegrando su débil cuerpo.
El autómata se queda sin palabras. Nunca se habría esperado que Tagoma matara al Emperador.

– “¡Mi fuente de energía!” – lamenta Rildo.
El autómata dispara a Tagoma, pero el ataque es repelido por una onda de ki fucsia.

– “Pero, ¿cómo es posible…?” – titubea Rildo.
Freezer se encuentra en perfectas condiciones y ha protegido a su soldado.

– “Coge las cajas y ve a la nave” – le dice el demonio del frío.
– “Pero solo contamos con un dispositivo…” – dice Tagoma, mostrándole el aparato de los tech-tech.
El Emperador sonríe confiado.

– “No lo necesitaré” – responde el demonio, que en un instante toma su forma de máximo poder.
Tagoma corre hacia las cajas y las agarra.
Uno de los Rildo se prepara para atacarle.

– “¡No te dejaré huir con ellas!” – grita furioso.
Freezer alza ambas manos.

– “¡HAAAAAAAA!” – grita el Emperador con fuerza, haciendo que la sala estalle.
Tagoma vuela por los túneles a toda velocidad, escapando del fuego que le persigue.
Finalmente, el soldado logra huir y se dirige hacia la nave.
Cientos grietas humeantes han aparecido en la superficie del planeta, y por una de ellas aparece Freezer, que escapa hacia su nave.

El metal de la superficie forma una montaña que pronto toma forma de un gigantesco Rildo que se aproxima al tirano.
El demonio del frío sabe que no tiene fuerza suficiente para enfrentarse a este enemigo.
Tagoma ha llegado a la nave y se quita el casco. En ese momento, el dispositivo emite un extraño pitido que indica que se ha quedado sin energía.

– “Maldición…” – lamenta Tagoma. – “Guardad las cajas en un lugar seguro” – dice entregándolas a otro soldado.
– “¡El señor Freezer se acerca!” – exclama un analiza.
– “¡Preparaos para escapar! ¡Motores al máximo!” – ordena Tagoma. – “¡Abrid la escotilla!”
Freezer se acerca a su nave mientras dispara a discreción a Rildo. 
La nave ha empezado a moverse cuando el tirano llega hasta ella y entra de forma precipitada.

– “¡NOOOOOO!” – grita Rildo al ver como su oportunidad de recuperar su época de esplendor se escurre entre sus dedos.
La nave del Impero se escabulle rápidamente y pronto sale del alcance de Rildo.

– “¡Deteneos!” – ordena Freezer. – “¡Detened la nave!”
Tagoma se acerca a Freezer. Teme que la ira le ciegue.

– “Señor Freezer, tenemos las cajas.” – dice el soldado. – “Deberíamos…”
– “Rildo es un enemigo peligroso” – le interrumpe el demonio. – “Ya he visto de qué es capaz sin energía… Si algún día consiguiera una fuente de energía, sería imparable. No puedo permitir que eso ocurra.”
– “¿Y qué vamos a hacer?” – pregunta Tagoma.
Freezer mira por la escotilla y observa un cinturón de asteroides cercano.

– “M2 se ha quedado sin energía porque está en mitad de la nada” – reflexiona el tirano. – “Se encuentra a una distancia considerable de cualquier fuente de energía. Debemos asegurarnos de que siga así”.
– “Podemos montar un escuadrón de vigilancia continua” – dice Tagoma. – “Podemos asegurar un perímetro y así…”
– “No.” – le interrumpe Freezer. – “Cualquier error podría hacer que alguna de las naves cayera en sus manos.”
– “No se me ocurre nada más, señor…” – dice Tagoma.
– “La única energía que recibe ahora es la tenue luz de esa estrella lejana” – dice Freezer contemplándola. – “Le negaremos esa luz” – sonríe.
El tirano abandona la nave y se acerca al cinturón de asteroides. Freezer adopta de nuevo su forma de máximo poder y extiende sus manos hacia las gigantescas rocas, que empiezan a responder a su poder telequinético.
Los hombres del Imperio observan desde la nave a su señor exhibir un poder nunca visto antes.

– “Impresionante…” – dice Tagoma.
– “Parece un Dios…” – murmura Curd.
Freezer logra cambiar la órbita del cinturón de asteroides e interponerlo entre la luz de la estrella y el planeta M2.
Rildo observa desde M2 como la oscuridad se cierne sobre su hogar.
El demonio del frío agota sus energías realizando esa maniobra y pierde su transformación, quedando suspendido en el espacio.
Varios de sus hombres salen de la nave con trajes espaciales para rescatar al Emperador y le devuelven a la nave.

– “¡Llevadle a la sala de curación!” – exclama Curd.
Horas después, Freezer se encuentra suspendido en el líquido verdoso de la cámara de regeneración. Tagoma le observa a través del cristal junto a uno de los doctores.

– “Es increíble lo que puede aguantar un demonio del frío…” – murmura el médico examinando los datos que muestra una pantalla. – “Tienen un cuerpo privilegiado.”
Tagoma mira atentamente a su señor.

– “Es un cuerpo impresionante…” – murmura el soldado.
Durante un instante, Tagoma siente la llamada natural de su biología, que le pide ocupar el cuerpo de mayor poder a su alcance. Se había sentido de esa forma muchas veces con Cooler, pero su amistad le obligaba a controlarse. Pero con Freezer era distinto. Tagoma había seguido a Freezer en busca de un momento como este, pero poco a poco había aprendido a admirar al nuevo Emperador, que había demostrado ser un guerrero digno de su lealtad.
De repente, una alarma suena en la nave.

– “¿Qué sucede?” – pregunta Tagoma, saliendo de su trance.
– “¡Tenemos intrusos!” – exclama un soldado.
Tagoma corre por los pasillos de la nave, en los que se encuentra a Curd, y ambos continúan hasta llegar al lugar de origen de la alerta. La compuerta se abre y revela a los dos alienígenas tech-tech, que han acoplado su nave a la del Imperio y han perforado su casco para llegar a la cámara de seguridad.

– “¡Date prisa, Merlot!” – grita Pinot.
Merlot agarra las cajas de música y corre hacia su nave, que ya está cargada con material robado y en la que se encuentra su compañero, listo para partir.

– “¡Maldita sea!” – grita Curd, que apunta a los intrusos con su mano, pero Tagoma evita que el brench dispare.
– “Cuida mi cuerpo” – le dice Tagoma.
– “¿De qué estas…?” – responde Curd.
– “¡CHANGE!” – grita Tagoma, que emite una extraña luz que choca contra Merlot, derribándole.
Las compuertas de la nave tech-tech se cierran tras Merlot. Pinot desengancha la nave, causando la despresurización de la sala y haciendo que varios soldados de Freezer se pierdan en el espacio.
Tagoma empieza a actuar de forma extraña.

– “¿Qué ha pasado?” – dice el soldado de élite. – “¿Por qué estoy aquí?”
– “¿Tagoma?” – se extraña Curd.
– “¡No os acerquéis!” – grita Tagoma.
Curd dispara a Tagoma, noqueándole.

– “Confío en ti” – murmura Curd.
En la nave tech-tech, Pinot suelta los mandos y se acerca a su compañero.

– “¿Estás bien?” – le pregunta al verle tirando en el suelo.
Merlot se pone en pie. 

– “Estoy bien…” – responde el tech-tech.
– “Me habías asustado” – sonríe Pinot.
– “Hemos escapado por los pelos” – dice Merlot.
– “Pero tenemos nuestra recompensa” – celebra Pinot. – “Ahora ya no es seguro volver a M2, así que tendremos que encontrar otro modo de conseguir piezas… y todo es culpa del Imperio.”
– “Seguro que nos darán algo por esas cajas” – dice Merlot.
– “No sé qué diablos son” – responde Pinot. – “Pero parecen valiosas”.
– “¿Crees que es por lo que el Imperio estaba en M2?” – pregunta Merlot.
– “Puede que esté relacionado con el tsufur” – responde Pinot.
– “¿El tsufur?” – pregunta Merlot.
– “Esa nave que vimos llegar a M2 hace unos meses” – responde el tech-tech algo confuso. – “¿Es que el golpe te ha afectado la memoria?” – se burla Pinot.
– “Estoy un poco mareado…” – responde Merlot. – “Deberíamos investigar esa nave”.
– “Ya lo hicimos…” – responde Pinot, que mira cada vez de forma más extraña a su compañero.
– “Eso está bien…” – sonríe Merlot. – “El señor Freezer lo agradecerá”.

Pinot se gira lentamente hacia su compañero, confuso y con terror en su mirada al escucharle.
En la nave del Imperio, Freezer sigue recuperándose. Tagoma sigue inconsciente.
Curd supervisa la sala de mando cuando, de repente, uno de los soldados anuncia que una nave se acerca a ellos.

– “¡Es la nave tech-tech!” – exclama el soldado. – “¿La derribamos?”
– “¡Un momento!” – grita otro. – “Está pidiendo permiso para aterrizar… ¡y conoce nuestros códigos!”
Curd sonríe al empezar a comprender lo ocurrido. 

– “Concededle acceso” – responde el brench.
La nave aterriza en un hangar y los hombres de Freezer la rodean.
Merlot baja de la nave arrastrando el cuerpo sin vida de Pinot.

– “La nave tiene información importante” – anuncia el tech-tech. – “Que un equipo la analice. Quiero saberlo todo sobre una nave tsufur que estuvo en M2 hace meses.”
Los soldados parecen confusos al recibir órdenes de un extraño.

– “Ya le habéis oído” – dice Curd, haciendo que todos se pongan en marcha.
– “Espero que mi cuerpo siga en perfectas condiciones…” – sonríe Tagoma.
– “Está un poco magullado” – se burla el brench.
En unas horas, Tagoma ha recuperado su cuerpo y Freezer ya se encuentra pletórico. Ambos se encuentran en la sala de mando.

– “Has actuado bien, Tagoma” – le congratula Freezer. – “Has demostrado ser mi mejor solado. Entiendo que mi hermano te tuviera tanto aprecio.”
– “Gracias, señor” – responde Tagoma.
– “Tus habilidades son extraordinarias…” – sonríe el Emperador. – “Me recuerdas al Capitán de mis Fuerzas Especiales.”
– “Ginyu era un aficionado” – fanfarronea Tagoma.
Curd irrumpe en la sala con información que transmitir.

– “Hemos analizado las cajas, pero no parece que haya ningún modo de abrirlas” – anuncia Curd.
– “Supongo que están cerradas con algún tipo de magia…” – murmura Freezer.
– “¿Alguna novedad sobre la nave tsufur?” – pregunta Tagoma.
– “Seguimos investigando, señor” – responde Curd.
– “Me cuesta creer que aún quede algún tsufur con vida…” – murmura Tagoma.
– “Rildo mencionó a un tipo llamado Kamo que le trajo las cajas y le pidió a cambio la muerte de los saiyajín.” – dice Freezer. – “Todo parece indicar que al menos queda uno con vida.”
– “Le encontraremos, señor” – dice Curd.

Un soldado se acerca al Emperador.

– “¿A dónde vamos, señor?” – le pregunta al tirano.
– “¿Alguna sugerencia, Tagoma?” – pregunta Freezer.
– “Si las cajas están cerradas con magia, solo se me ocurre un individuo al que podríamos acudir…” – dice el soldado.
– “Hace años que el Imperio no recurre a magos y charlatanes” – responde Freezer, algo molesto.
– “Su hermano le visitaba cada vez con más asiduidad” – explica Tagoma.
– “¿Con qué motivo?” – se extraña el Emperador.
– “Nunca quiso decírmelo” – responde Tagoma.
– “¿En qué estabas metido, Cooler?” – murmura el tirano. – “¡Está bien!” – anuncia en voz alta. – “Visitaremos a Salabim”.

DBSNL // Capítulo 85: Dios de Nada

DBSNL // Capítulo 85: Dios de Nada
“No lucho por mí. Ya no estoy solo.”
Zeno Zamas sonríe frente a todos sus adversarios, agrupados frente a él, a los que considera insignificantes.
Champa, furioso por perder a su hermano, se envuelve con su aura de ki morada y densa.

– “Vas a pagar por lo que has hecho” – le amenaza el felino.
– “Tranquilo, Champa” – le advierte Piccolo. – “No seas imprudente”.
Vegeta se acerca a Goku, que sigue acumulando energía.

– “¿Te falta mucho?” – le pregunta el saiyajín.
Son Goku parece preocupado.

– “La cantidad de energía que me llega es demasiada” – responde Goku. – “No sé si podré controlar tanto poder…”
– “Ni se te ocurra fallar, Kakarotto” – le dice Vegeta. – “Esta es la última oportunidad que tenemos”.
Zeno da un paso al frente y parece que simultáneamente haya golpeado a todos los que le rodean, que caen malheridos. Algunos incluso han perdido el conocimiento.
Vegeta, el único en pie, se interpone entre Zeno y Son Goku, y concentra toda la energía que le queda.
El saiyajín aprieta fuerte los puños y los dientes.

– “Bulma, Trunks, Bra…” – piensa Vegeta mientras contempla al resto de guerreros caídos. – “Una vez más me siento impotente ante el poder devastador de un adversario… pero esta vez es distinto. No lucho por mí. Ya no estoy solo.” – dice mientras se relaja y sonríe un instante antes de envolverse en el aura del Súper Saiyajín Blue. – “¡Somos el Universo 7! ¡Soy un saiyajín que ha encontrado la paz en la Tierra! ¡Somos lo que separa el Todo de la Nada! ¡¡SOY EL PRÍNCIPE VEGETA!!” – grita a pleno pulmón, emitiendo una fuerte ráfaga de viento que azota el lugar, tintando su aura azul de un tono morado de forma intermitente al usar el Kaioken sin dominarlo. – “Y tú, Dios de pacotilla, ¡morirás aquí y ahora!”.
– “Parece que no eres consciente del poder que nos separa” – le responde Zeno.
Vegeta se arranca el trozo de armadura que le queda y lo deja caer al suelo.

– “No te mueras, Vegeta” – le dice Goku.
– “Céntrate en tu trabajo” – le responde éste.
El saiyajín sale a toda velocidad hacia Zeno, que detiene su puñetazo con la palma de su mano, con un gesto sencillo y sin ningún esfuerzo.
Vegeta insiste con otro puñetazo, pero se repite el resultado.

– “No te esfuerces. Ríndete y será rápido” – se burla Zeno Zamas.
– “¡Vete al infierno!” – le responde Vegeta, que se prepara para volver a golpearle.
Sin que parezca que Zeno se haya movido, Vegeta siente un terrible golpe en el estómago, que le hacer doblegarse sobre sí mismo y caer al suelo.
Zeno avanza hacia Goku lentamente, dejando atrás al dolorido Vegeta.

– “No hemos terminado…” – dice la voz entrecortada de Vegeta. – “¿Me oyes?” – insiste al ver que el Dios no le hace caso. – “¡No me des la espalda!” – le grita furioso.
Zamas sigue sin hacerle caso.
Vegeta extiende sus brazos a los lados, para realizar su técnica más poderosa.

– “¡Final…!” – pero Zamas aparece frente a él en un abrir y cerrar de ojos, apuñalándole con su hoja de ki.
El príncipe saiyajín escupe sangre por la boca y vuelve a su estado base.

– “Y ahora, deja de molestar” – le susurra Zeno mientras extrae su hoja.
Vegeta cae y choca contra el suelo violentamente.
Zeno vuelve a darle la espalda y mira a Son Goku, a quien apunta con su mano.

– “Es increíble que hayas reunido una cantidad de ki tan gigantesca en tan poco tiempo… pero vuestra historia llega hasta aquí. ¡Desaparece con el resto de la creación!” – exclama Zeno.
En ese instante, algo alcanza al Dios por la espalda causando una explosión.

– “Pero, ¿qué demonios…?” – dice mientras se da la vuelta.  ¡¿Quién me interrumpe ahora?!” – exclama crispado.
Mirai Trunks, que casi no se sostiene en pie, ha sido quien le ha atacado.

– “Insolente” – murmura mientras apunta a Trunks.
– “He visto mi mundo arder demasiadas veces… No dejaré que ocurra de nuevo” – dice Trunks.
Son Gohan, también en un estado deplorable, se levanta como puede.

– “¿Cómo es posible?” – piensa Zamas sorprendido.
– “Si quieres llegar hasta mi padre, primero tendrás que derrotarnos a nosotros”. – insiste Gohan.
Tras Gohan, Piccolo, Goten y Trunks también se ponen en pie.

– “¿Aún os quedan fuerzas?” – dice Zamas.
– “Ja… jaja… ja…” – ríe Vegeta, que se levanta taponándose la herida con su mano.
– “Estúpidos mortales” – dice Zeno con desprecio.
– “No subestimes a alguien por su origen” – le dice Vegeta. – “Hace mucho tiempo, yo cometí ese error… Es una lección que se aprende en la Tierra.”
Son Goku observa preocupado a sus amigos plantar cara al Dios.

– “Si intento concentrar toda esta energía para formar la Genkidama, temo que se desvanezca por completo… incluso puede que falle.” – reflexiona Goku. – “¡Maldita sea!”
Zeno, con un grácil movimiento de su mano, hace que una potente ráfaga de ki haga rodar a nuestros amigos por el ring.
Todos parecen agotados, pero Vegeta vuelve a levantarse, algo que saca de sus casillas al Dios del Todo.
De repente, un poderoso ataque impacta en la espalda de Zeno.
Todos miran el origen del ataque y se sorprenden al ver que el insecto del Universo 6 sigue vivo.

– “Parece que he tenido suerte…” – sonríe Cell. – “Mi núcleo quedó intacto”.
Freezer se levanta de entre los escombros y camina hasta colocarse junto a Vegeta. Cell se une a ellos.

– “Tenemos que aguantar un poco más…” – murmura Vegeta. – “Parece que aún no puede usar el Hakai”.
– “Freezer y yo le atacaremos” – dice Cell. – “Tú no estás en condiciones de hacer nada. Nos estorbarías”.
– “¡No me digas lo que tengo que hacer!” – responde Freezer.
Vegeta se cauteriza la herida y, pese a estar en condiciones deplorables, se transforma en Súper Saiyajín Blue, que parpadea de color amarillo en algunos momentos.

– “A veces se me olvida lo cabezotas que sois los monos” – se burla Freezer.
Los tres guerreros se ponen en guardia y expulsan su ki. Juntos se abalanzan sobre Zeno, que esquiva y detiene sus golpes. Los tres se combinan para poner en aprietos a Zamas, que al sentirse presionado genera una ráfaga de ki y les hace recuperar la distancia.

Dibujado por Ipocrito
– “Vegeta, Freezer y Cell…” – murmura Piccolo. – “¡Están luchando juntos!”
Cell y Freezer insisten en sus ataques. De repente, Freezer se agacha y Vegeta aparece tras él, propinando un rodillazo a Zeno en la cara y haciéndole retroceder.
Cell intenta golpear a Zamas, pero éste le corta el brazo con su espada de ki.
Por la espalda, Freezer golpea con el codo al Dios, mientras Vegeta usa el Shunkanido para aparecer frente a él y lanzarle un Garlick-ho a quemarropa, que impacta de lleno, lanzándole cientos de metros hacia atrás.

– “¡Hay que aguantar un poco más!” – exclama Vegeta, que pierde su transformación agotado y casi se desmaya.
Cell regenera su brazo y se coloca delante de Vegeta, junto a Freezer.

– “Conoces mis técnicas, ¿verdad?” – le dice Freezer al insecto.
Zamas vuelve al ataque.

– “¡Ahora!” – exclama Freezer que, con la ayuda de Cell, encierran a Zamas en una esfera de ki.
Ambos luchadores lanzan la esfera hacia arriba, perdiéndose en el cielo. Freezer junta sus manos y apunta hacia la la prisión de ki, mientras Cell prepara un Kamehameha.

– “¡HAAAAAA!” – gritan mientras lanzan sus ataques hacia Zamas.

Una gran explosión ciega a todos.

– “¿Lo hemos logrado?” – se pregunta Freezer.
De repente, decenas de gigantescos rayos morados impactan contra el suelo, provocando que Freezer y Cell salgan despedidos y caigan noqueados.
Zeno Zamas desciende y agarra a Vegeta del cuello y le levanta, algo que Vegeta ya no puede evitar y se deja hacer.
Sin mediar palabra, Zeno empieza a golpear a Vegeta en la cara con su otra mano, una y otra vez.

– “¡Saiyajín! ¡Terrícolas! ¡Namekianos! ¡Demonios! ¡Todos sois escoria mortal!” – grita el Dios mientras sigue golpeándole, desquiciado.  – “¡Sois una plaga que se ha extendido por la creación y…!” 
Pero algo parece llamar la atención del Dios. Una cálida luz ilumina su espalda. Zamas se gira sorprendido.

Una columna de luz blanca ha aparecido y se pierde en el cielo. Tras un instante, ésta se desvanece y revela a Son Goku, emanando un aura de ki ligera, blanca y pura, que baja los brazos, con los ojos cerrados y suspira profundamente. Su cuerpo se relaja por completo. Su cabello ondula sinuosamente como si una suave brisa ascendente lo acariciara.

– “El poder del Todo…” – murmura Goku, que transmite una sensación de paz absoluta.
Zeno se enfurece al ver al saiyajín y siente que le está retando. El Dios suelta a Vegeta, moribundo, para alzar su mano contra Goku.
Piccolo, tendido en el suelo, consigue abrir los ojos y ve a Son Goku emitiendo esa cálida luz.

– “El poder de la Genkiadama… ¡Lo ha canalizado como si fuera su propio ki!” – piensa el namekiano.
– “Lo ha conseguido…” – sonríe Whis.
De repente, Son Goku abre los ojos y Zamas da un paso atrás instintivamente al sentir el poder de su mirada. Las pupilas del saiyajín brillan con la luz de la Genkidama.
Vegeta mira a su compañero y sonríe.

– “Este es tu final, Zamas… Ahora vas a enfrentarte al mejor de nosotros.” – murmura el saiyajín. – “Acaba con él, Goku”.

OLD MAN GOHAN // Capítulo 60: El legado de Son Gohan

OMG // Capítulo 60: El legado de Son Gohan
En la Capital del Norte, los humanos, ahora libres, intentan entender lo que les ha ocurrido. Los que fueron controlados por Babidí recuerdan una terrible voz en su cabeza, e intentan explicar la situación a los demás.
Son muchos los que han hecho daño a sus seres queridos. Algunos se disculpan apenados y avergonzados ante ellos; otros han despertado demasiado tarde.
Mientras tanto, Trunks y los demás han llegado al Monte Paoz. Shapner e Ikose preparan la vieja casa de la familia Son, mientras el joven Gyuma descansa en la cama de su padre. En la habitación de al lado, Ikose venda el brazo de Lupo, improvisando un cabestrillo.
Fuera de la casa, Videl se sobresalta al escuchar la voz de Norimaki a través de Arale.

– “¡¡QUÉ AL ALGUIEN ME RESPONDA!!” – insiste el Doctor.
– “¡Doctor Norimaki!” – exclama Videl. – “¡Le oigo!”
– “¿Qué ha pasado? ¿Estáis bien?” – pregunta Senbei.
– “¡Las comunicaciones se cortaron durante el combate!” – responde Videl.
– “Me alegro de oíros de nuevo. Eso significa que Arale está bien.”  suspira aliviado el doctor.
– “¡N’cha!” – saluda Arale.
– “¿Y tu muchacho?” – pregunta Senbei.
– “Gyuma está bien” – responde ella.
– “¡Bien! ¡Me alegro!” – celebra Norimaki. – “¿Qué ha pasado con el mago? Ha habido tantas interferencias… ¡Incluso me ha parecido oír a Son Gohan!”
Videl agacha la cabeza entristecida.

– “Son Gohan ha luchado a nuestro lado” – responde Videl con la voz entrecortada. – “Pero el monstruo ha despertado.”
– “¡¿SON GOHAN HA VUELTO?!” – exclama Senbei ilusionado. – “¡Eso son excelentes noticias!”
– “Son Gohan…” – titubea Videl.
Mientras tanto, Upa, Trunks y Karín presentan sus respetos ante la tumba del abuelo Gyuma.

– “Cuando el chico despierte, tendrás que contarle lo que le ha pasado a su padre” – dice el felino.
– “Lo sé” – responde Trunks. – “He entrenado durante muchos años… pero no para algo así. No imagino lo duro que tuvo que ser para Gohan darle la noticia a mi madre.”
– “Son Gohan vivió en un lugar oscuro durante muchos años…”  reflexiona Upa. – “Pero al final se convirtió en la luz que llenaba de esperanza este planeta.”
– “Y ahora ya no está” – suspira Trunks.
– “El legado de una persona no termina con su muerte” – le corrige el duende. – “Son Gohan no ha muerto. Gyuma y tú seguís aquí.”
– “Ojalá hubiera llegado un instante antes” – lamenta Trunks.
– “Son Gohan sabía que venías” – dice Karín. – “Intentar eliminar a Bu antes de que tuvieras que enfrentarte a él fue su modo de pedirte perdón.”
Los ojos de Trunks se tornan vidriosos al escuchar las palabras de Karín.

– “Le dije a Goku que tenía que ser él quien volviera…” – dice Trunks. – “Hace quince años, cuando descubrimos que Babidí había regresado, los Kaioshin vinieron al planeta de Kaiosama a buscar a un guerrero capaz de blandir la Espada Z. Todos estábamos de acuerdo en que tenía que ser Son Goku, pero él se negó. Dijo que su tiempo había pasado y que era yo quien debía prepararme para regresar.”
– “Típico de Goku” – sonríe Upa.
– “Ahora me pregunto si se equivocó…” – suspira Trunks.
– “¿Lo hizo?” – le pregunta el duende.
Trunks se sorprende ante la pregunta directa del sabio Karín.

– “No voy a rendirme” – responde Trunks.
– “Bien” – sonríe Karín. – “Puede que hayas entrenado con Goku, pero vas a necesitar el orgullo de tu padre si quieres derrotar a Majin Bu”.
Senbei y Videl siguen hablando por radio. Ella le ha contado todo lo ocurrido en la Tierra Sagrada de Karín, y el Doctor la ha puesto al día sobre los sucesos en la Capital del Norte.

– “Lo siento mucho, Videl” – dice apenado Norimaki.
– “Ahora tenemos que centrarnos en nuestro siguiente paso” – responde ella. – “Trunks ha vuelto y va a ayudarnos a derrotar a Majin Bu. Aún tenemos esperanza”
– “Al menos no todas las noticias son malas” – responde Senbei. – “El Rey Chapa ha mandado su flota al norte. Silver y Van Zant han muerto. El Ejército Plateado ha llegado a su fin.”
Mientras tanto, Majin Bu y Bacterian caminan por la llanura.

– “¿A dónde vamos?” – pregunta tímidamente el pirata.
– “No lo sé” – responde Bu. – “Este planeta parece aburrido. Puede que lo destruya.”
– “¡No hagas eso!” – exclama Bacterian asustado. – “¡Este planeta no es aburrido!”
– “A mí me lo parece” – insiste el monstruo.
– “¡Hay muchas cosas estupendas!” – dice el pirata.
– “¿Como cuales?” – pregunta Bu.
Bacterian se detiene un instante a pensar.

– “¡El mar!” – responde el pirata.
– “¿Eso qué es?” – pregunta confuso el monstruo.
– “¿No sabes qué es el mar?” – se extraña Bacterian.
– “No” – responde Bu. – “¿Se come?” 
– “No… ¡Pero hay un montón de cosas sabrosas en él!” – dice el pirata. – “Además, cuando surcas el océano en un barco tienes un maravillosa sensación de libertad. Sientes que nadie puede darte órdenes y gobiernas tu propio destino.”
– “Mmmm…” – reflexiona Bu. – “¡Eso me gusta! ¡Llévame al mar!”
En el Monte Paoz, Gyuma abre finalmente los ojos. Aturdido, se pone en pie y sale de la vieja habitación de Gohan, encontrándose con Shapner y Erasa en el comedor.

– “Me alegro de verte en pie, chico” – le dice Shapner.
– “¿Dónde estamos?” – pregunta Gyuma.
De repente, Videl, que ya no lleva la armadura, ha sentido el ki de su hijo y entra corriendo, abalanzándose sobre él, y abrazándole y besándole la mejilla.

– “¿Qué ha pasado? ¿Y papá?” – pregunta el muchacho confuso.
Videl abraza con más fuerza a su hijo.

– “Lo siento, Gyuma…” – llora Videl. – “Lo siento mucho.”
Gyuma se queda sin palabras.

– “No…” – dice casi sin voz. – “No… No…” – repite mientras sus ojos se llenan de lágrimas.
El pobre chico, que había crecido sin su padre y ahora había logrado finalmente conocerle, siente como todas sus expectativas se derrumban de repente, estallando en un sonoro sollozo.
Los presentes agachan la cabeza en señal de respeto. Todos han pasado por situaciones similares en su vida, pues la batalla contra los androides fue ardua.
De repente, la mirada de Gyuma cambia por completo. La ira le embarga y aparta a su madre mientras se dirige a la puerta.

– “¿A dónde vas?” – le pregunta Videl.
– “A buscar a Majin Bu” – responde tajante.
– “¡NO!” – exclama Videl, que le agarra por el brazo.
Gyuma sigue caminando, mientras su madre intenta detenerle.

– “¡Por favor, Gyuma! ¡No lo hagas!” – insiste desesperada.
Shapner e Ikose corren para interponerse entre él y la salida.

– “Tranquilízate, muchacho” – dice Shapner.
– “¡No seas imprudente!” – insiste Ikose.
Gyuma eleva su ki y una corriente de aire empuja a los dos soldados contra la pared.
El mestizo sale al exterior de la casa.

– “¡Suficiente!” – dice una voz que sorprende a Gyuma.
Un chico de su edad se encuentra apoyado en un árbol cercano.

– “¿Quién eres tú?” – pregunta el mestizo.
– “Me llamo Trunks.” – responde el chico. – “Y creo que tenemos muchas cosas de qué hablar.”
– “No me interesa” – dice Gyuma con desprecio mientras se prepara para partir.
– “Tienes que controlar tu temperamento” – responde Trunks. – “Tu ki es extraordinario, pero no sirve de nada si no lo tienes bajo control. Es algo que a tu padre le costó muchos años de entrenamiento.”
Gyuma se detiene.

– “¿Conocías a mi padre?” – le pregunta al muchacho.
– “Él fue mi maestro” – responde Trunks.
– “¿Y dónde has estado todos estos años?” – pregunta Gyuma.
– “Es una larga historia…” – responde Trunks.
– “Si no has luchado debe ser porque eres débil” – dice Gyuma.
Upa intenta acercarse al muchacho.

– “¡Tranquilízate! ¡Él…!” – exclama Upa, pero Karín le hace una señal con su bastón de que no intervenga.
Trunks se acerca a Gyuma.

– “Es posible” – responde Trunks. – “Pero tú también”.
– “Pero yo lucharé. ¡Yo no tengo miedo!” – dice Gyuma. – “Mi padre era un héroe ¡y yo también lo seré!”.
– “No me cabe duda” – sonríe Trunks. – “Llegará el momento en que puedas vengar a Gohan, pero aún no estás listo”.
Gyuma ignora a Trunks.

– “¡NUBE KINTON!” – grita el mestizo al cielo.
La nube desciende del cielo y Gyuma salta sobre ella, pero antes de poder hacerlo, Trunks le agarra del brazo y le estampa contra el suelo.
Gyuma se levanta enrabiado y se limpia la sangre del labio.
El chico se abalanza sobre Trunks, que le esquiva fácilmente. Gyuma se siente frustrado y ataca de nuevo, pero Trunks vuelve a esquivar sus ataques hasta que finalmente contraataca y le derriba de un puñetazo.

– “No vas a detenerme…” – dice Gyuma entre dientes mientras se pone en pie. – “¡Voy a vengar a mi padre! ¡Lucharé porque no tengo miedo! ¡No tengo miedo! ¡Apártate de mi camino!”
Trunks no responde. Simplemente se queda de pie frente al chico.
Gyuma ataca otra vez, pero Trunks le intercepta con un puñetazo en el abdomen y le repele con un codazo en la nariz.
El chico se levanta una vez más.

– “He dicho…” – murmura mientras su cabello se eriza levemente y sus pupilas se tornan de color verdes. – “¡…QUE ME DEJES PASAR!”  grita mientras un aura amarillenta aparece como un torbellino a su alrededor.
Todos contemplan la escena sorprendidos.
Gyuma se abalanza sobre Trunks intentando asestarle un puñetazo, pero el hijo de Vegeta detiene el golpe agarrando su puño.
El chico se detiene, parece confuso al ver los ojos de su rival, que ahora son verdes como los de su padre. De repente, Trunks estalla en una explosión de energía que repele a Gyuma. El hijo de Vegeta se ha transformado en Súper Saiyajín. 
Gyuma ha caído de espaldas al suelo. Sus ojos han vuelto a la normalidad y ha perdido su aura. El muchacho observa a Trunks confuso, viendo reflejada la imagen de su padre en esa transformación.

El chico intenta levantarse una vez más, pero cae de rodillas.

– “¡¡¡AAAAAAAHHHHH!!!” – grita Gyuma a pleno pulmón, intentando aliviar todo su dolor; sobrecogiendo a todos sus amigos. – “Yo… voy luchar…” – titubea mientras las lágrimas caen por su rostro. – “No tengo miedo… No quiero tener miedo.”

Trunks vuelve a su estado base y se acerca al muchacho, ofreciéndole su mano con una sonrisa.

– “Tenemos mucho trabajo que hacer” – dice Trunks.